.
.
Capítulo15
Candy.
—¡Mamá! ¡Eliza me dijo que nunca voy a tener un novio por soy pecosa! — Estúpida Eliza. No sabe nada. Es mala, no me gusta jugar con ella.
—Cariño —dice mamá, arrodillándose junto a mí y limpiándome las lágrimas del rostro—. Eres hermosa, te mereces todo lo bueno de este mundo. Un día, dentro de mucho tiempo, vas a encontrar un hombre que te trate como la princesa que eres. Te amará, te cuidará y, cuando lo encuentres, nunca lo dejarás ir.
Sollozo, porque solo tengo cinco años, pero las palabras de Eliza realmente me entristecieron.
—Oh, nena... lo encontrarás. Y cuando lo hagas, lo sabrás. — Mamá me abraza y me hace sentir mejor.
Por ahora al menos.
—Candy, ¿estás ahí? —Una voz viene a través de la niebla, pero no hay nada.
No siento nada. No hay tristeza, no hay dolor, no hay felicidad. Nada.
—Hola. —Levanto la vista de mi cuaderno y me congelo ante el hombre que me mira fijamente. Hermoso, cabello rubio, ojos radiantes y brillantes, y él me sonríe.
¡A mí!
La vida universitaria no ha sido tan interesante como en las películas, pero solo llevo un mes. Este chico, que me mira fijamente, sonriendo como si fuera su nueva cosa favorita a la que mirar, me hace tener la esperanza de que las cosas están a punto de mejorar.
—Hola —digo, tratando de no dejar que la maldita risita que quiere escapar, salga. Nunca antes había recibido la atención de una persona tan… hermosa… como esta. Es realmente hermoso; le estoy sonriendo como una colegiala.
—¿Este asiento está ocupado? —Señala el asiento a mi lado, en el que actualmente reside mi bolso, y sonríe.
—Oh, um, eh... no, está bien. Déjame solo... mover... —Agarrando demasiado rápido mi bolso, lo suelto y el interior se derrama por todo el suelo.
¡Mierda! Buen movimiento, Candy.
—Aquí, déjame ayudarte. —Se ríe entre dientes mientras me ayuda a recoger los cuadernos y bolígrafos esparcidos por todo el piso.
—Gracias —susurro, metiendo mi cabello detrás de mi oreja mientras toma el lugar a mi lado. Un lugar, justo a mi lado... y comienza a abrirse camino hacia mi corazón.
Bip.
Bip.
Bip.
—Solo está aturdida por las drogas. No debería tomar mucho tiempo. Déjala descansar, hijo... no va a despertar de muy buen humor.
—Terrence Michael Graham, conoce a Candice White. —La introducción de Anthony se siente tan formal, pero el sudoroso músico frente a mí parece que necesita algo más que formal. Parece que necesita una ducha. Y una bebida. Y una chica en su cama junto a él.
Sus ojos suben y bajan por mis jeans y camisa a cuadros, me sonríe. De repente, me noto por qué las otras mujeres en este bar se han estado desmayado con él. Todo el paquete... los músculos, los tatuajes y el cabello forman un paquete sexual como ningún otro. ¿Cómo me meto en estas situaciones, rodeada de personas que están fuera de mi liga?
—Encantado de conocerte, Candy —susurra, tomando mi mano y besándola suavemente, enviando oleadas de sentimientos a los que no estoy acostumbrada por todo mi cuerpo.
Levanto mis cejas hacía Anthony y ladeo mi cabeza, tratando de no reírme del escandaloso comportamiento de este hermoso hombre.
—Amigo —enfatiza Anthony—, sin tocar. Te asesinaré.
La risa que sale de Terrence me hace sonreír. A medida que su risa resuena en mis oídos, nos dirigimos a la barra, no puedo dejar de pensar en la situación en la que me he metido.
Maldita sea, estos chicos van a ser mi final.
—Han pasado dos días. —Ahí está esa voz otra vez. Terry.
¿Por qué está Terry en mi habitación? ¿Y con quién está hablando?
—Cariño —gimo, buscando a Anthony en la cama—. ¿Anthony? — Intento mover mi mano otra vez, pero algo me lo impide—. ¿Qué...? — Abriendo mis ojos, todo se ve borroso. Realmente nublado... y muy mal.
—¿Candy? —La voz de Terry de nuevo. ¿Qué diablos está pasando?
—Anthony —Me duele la garganta y siento que estoy gritando cuando todo lo que sale es un susurro.
Mierda, me duele la cabeza.
Mirando alrededor, mis ojos comienzan a adaptarse a la habitación, es entonces cuando veo dónde estoy realmente.
Una cama de hospital.
Ese es el pitido que he escuchado a través de los sueños que he estado teniendo. El ruido de fondo que no desaparecería.
Santa mierda.
—¿Terry? —Mis ojos no se enfocan todavía, pero necesito algo familiar. ¡Nada aquí es familiar! ¿Qué diablos estoy haciendo aquí?—. ¡Terry! —Su mano descansa sobre la mía, me estremezco por el dolor que irradia de mi brazo.
—Mierda, lo siento —murmura, apartando la mano. Ahí es cuando mis ojos finalmente lo notan sentado junto a mi cama. Se ve horrible. Ojos rojos, sin afeitar, ropas arrugadas. Parece que no ha dormido en días.
—¿Qué está pasando? —Levantando mi mano veo la intravenosa, veo las sábanas blancas que me rozan la piel. Jesús, me duele cada parte de mi cuerpo. Necesito sentarme un poco. Necesito quitarme estas sábanas. ¡Oh Dios mío, duele!—. ¡Terrence, ayúdame! — empiezo a gritar, ni siquiera estoy segura de lo que estoy haciendo, pero necesito estas sábanas lejos. ¡Duelen! ¡Todo duele!
—¿Qué? ¿Qué pasa? ¡Enfermera! —Sus manos tratan de ayudarme con mi búsqueda, rasgando la sábana y allí es cuando lo veo.
—No —gimo—. No.
—Candy. —La voz de Terry corta a través de mis sollozos, pero no puedo parar.
—¡¿Qué pasó?! —le grito, bajando la mano frenéticamente para tocar la cama vacía donde debería estar mi pierna—. ¡Qué pasó, Terry!
Sus ojos comienzan a llorar cuando la enfermera llega a mi cama con una aguja en la mano.
—Está bien, Candice. Estás bien. Estás en el hospital Allmands. Te estamos cuidando bien.
—¡¿Qué pasó?! ¡¿Dónde diablos está mi pierna?!
—Voy a darte esto para que te relajes hasta que el médico llegue, cariño.
—No... ¡no, necesito que alguien me diga lo que pasó!
—Candy —suspira Terry y se inclina, besando mi frente—. Solo descansa, Pecas. Vas a estar bien. Lo prometo.
Cuando el frío líquido comienza a fluir por mis venas, lucho por mantenerme despierta, pero me sumerjo mientras la mano de Terry acaricia mi mejilla.
¿Dónde diablos está Anthony?
—¿Estás lista para ir? —Está de pie en mi puerta, con la mano en el marco de la puerta, dominando a todos los demás en la habitación. Hay alrededor de ocho chicas aquí, pero él me mira expectante mientras termino de ponerme el rímel.
—Solo tengo que asegurarme de verme lo suficientemente bien — le digo, sonriendo. Lo miro mientras me paso mi brillo labial con sabor a cereza que me compró la semana pasada como una broma.
—Eso es una mierda de niños, Candy. No necesitas todo eso para verte bien —resopla, poniendo los ojos en blanco. Las otras chicas en la habitación se desmayan por su comentario, pero solo me dan ganas de intentar molestarlo más. Me gusta la bestia verde de los celos que sale de él. Incluso si nunca sabrá lo que siento por él, al menos puedo fingir que está celoso de que otros chicos estén conmigo.
—Es parte del trabajo, Anthony. —Sonrío, palmeándole el trasero mientras salgo por la puerta de mi dormitorio—. ¿Vienes? —Me volví para mirar detrás de mí, no puedo descifrar la mirada que me está dando, pero pronto se sacude para seguir mi ejemplo.
Esta noche celebramos. Esta noche salimos de fiesta. Esta noche, nos olvidamos.
—Todavía recuerdo la primera vez que te conocí, Candy —el susurro de Terry se abre paso a través de la niebla. Intento moverme, pero todo duele—. Te veías tan fuera de lugar, Candy. Jeans, tu camisa de franela... demonios, casi esperaba que estuvieras usando botas vaqueras. —Se ríe entre dientes y dejo mis ojos cerrados, dejando que su suave voz resuene a través de mi cuerpo, tratando de recomponer las piezas rotas. Su voz es algo con lo que puedo dormirme fácilmente. Profunda, suave, áspera cuando quiere. Es... pacífica... ahora mismo—. Los Chuck te salvaron —susurra, luego suspira. Siento su frente apoyada en la cama y su mano toma mi mano—. Lo siento mucho, Candy.—Su voz es débil y siento el primer estremecimiento de sus sollozos—. Lo siento mucho.
Tengo tantas ganas de consolarlo, pero no sé por qué lo siente. No sé por qué estoy aquí... y estoy teniendo dificultades para preocuparme ahora mismo. Las drogas que la enfermera me dio hace unas horas son demasiado fuertes, comienzan a adormilarme, tan pronto como intento despertarme.
Lo escuché. Simplemente no lo entiendo.
Para cuando vuelvo a abrir los ojos, hay luz en la habitación y no hay nadie aquí conmigo.
Vacía. Como la parte baja de mi pierna.
Las sábanas han vuelto a cubrirme, pero eso está bien ahora. Ahora que sé lo que hay debajo de ellas... más bien... no debajo de ellas... estoy bien si no lo veo. Estoy bien estando sola. Soy inútil ahora. Y para empeorar las cosas, ni siquiera recuerdo qué me puso aquí.
Lo último que recuerdo es que Anthony, Terry y yo estábamos cenando. Recuerdo las buenas noticias para Anthony y mi corazón se hincha... luego se rompe cuando me doy cuenta que una vez que me vea así no me va a quererme más. Es un maldito modelo. Claro, me ama, pero no estoy segura de que le vaya a encantar la idea de tener una novia lisiada.
Mierda.
Me va a dejar. Yo me dejaría. ¡Mírame! Soy lamentable, inútil, con muerte cerebral prácticamente porque no puedo recordar nada. ¡Estoy completamente sola! Mi corazón se rompe porque sé que voy a tener que romper con él... es por su propio bien. Lo amo con todo mi ser. Saber que seré quien lo aleje del éxito no funcionara. Prefiero ser miserable sola que ser miserable y arrastrarlo conmigo.
Dios mío, ¿cómo sucedió todo esto? Siento que una lágrima se desliza por mi mejilla, pero no me molesto en limpiarla. Siguen más, pero no tengo la energía para mover mi brazo y secarme el rostro. ¿A quién le importa ya? Nunca podré hacer más cosas por mi cuenta, ningún hombre querrá estar conmigo... esto lo cambia todo. Joder.
—¿Candice? —Escucho la voz de mi mamá y me giro para mirar hacia la puerta, con hipo por las lágrimas y los sollozos—. Oh, cariño. — Ella se apresura y me envuelve en sus brazos, como solía hacer cuando era una niña—. Lo sé, cariño.
—¡Estoy rota, mamá! —sollozo, empujando mi cabeza contra su cuello para tratar de esconderme del gran mundo malo—. Yo... no sé lo que pasó, me despierto sin una pierna, no he visto a mi novio y va a odiarme... ¡Todo está arruinado! —Sé que estoy divagando y sollozando, pero no puedo detenerme. Todo comienza a derramarse una vez que sus brazos me envuelven, no retengo nada.
Cuando termino, puedo decir que ha estado llorando conmigo. Mi ropa está mojada, su camisa está mojada y ambas somos un maldito desastre. Trato de reírme del desafortunado estado en el que se encuentran nuestros rostros hinchados, pero solo sacude la cabeza, extiende la mano y me seca el rostro.
—Está bien, Candy. Superarás esto —dice, luego se aclara la garganta y mira a la puerta—. Todos tendremos que hacerlo—susurra, inclinándose y besando mi frente. Con las cejas fruncidas, la veo caminar hacia la puerta, deteniéndose cuando finalmente digo:
—No entiendo, mamá. ¿Qué sucedió? —Instintivamente hago un movimiento para cruzar los tobillos, un movimiento que solía hacer todo el tiempo, pero cuando me quedo corta me detengo para mirar las sábanas.
Y mi muñón.
Ahí es cuando las lágrimas comienzan a fluir de nuevo. Ahí es cuando me doy cuenta que nunca volveré a ser realmente yo.
Cuando la puerta se abre, veo la figura de Terry allí, sus ojos miran a mi madre y luego a mí, lloro más fuerte. Estoy tan feliz de que esté aquí, pero necesito a mi otro amigo ahora mismo.
Necesito a Anthony.
Necesito asegurarme que no está disgustado conmigo. Necesito asegurarme que todavía me ama.
Oh Dios, no puedo soportarlo si ya no me ama.
—¿Dónde está Anthony?
Creo que lo grité, pero con el llanto y los temblores realmente no tengo control de ninguna otra cosa en mi cuerpo.
—¡Solo necesito a mi novio! —lloro.
Se acerca a mí rápidamente, pero todavía no me toca. Mi mamá suspira y sacude la cabeza, dejándonos solos en la habitación.
Cuando los ojos de Terry me miran, veo que su hermoso rostro se transforma en dolor. Sé que obviamente no estoy recordando las cosas claramente. Lo último que recuerdo es que los tres tuvimos una gran cena y nos dirigíamos a casa para celebrar las buenas noticias de Anthony. Entonces, ¿por qué no está aquí? ¿Por qué soy la única en una cama de hospital?
—Yo... yo... ¡¿Qué me pasó? —Poniendo mi rostro en mis manos, me permito llorar... porque esa es la única emoción que conozco en este momento.
Cuando los brazos de Terry se envuelven alrededor de mí, me derrito en él. Cuando se sienta en la cama, hago todo lo posible para darle espacio, pero no sirve de nada. ¡Voy a tener que aprender a moverme de nuevo! La realización me golpea duro, de nuevo, y los sollozos comienzan nuevamente.
Nunca voy a superar esto.
CONTINUARA
