.

.

Capítulo 16

Terry

Hace tres días.

—¿Así que entonces está bien para mañana en la noche?

—Charlie ya he contestado eso —resoplo. Maldita banda de mierda, maldito bar de mierda… maldito cáncer de mierda. ¡Joder!

Últimamente no he tenido suficiente tiempo en el día para ser el mejor amigo que puedo para Anthony y Candy, ser el mejor dueño del bar (aunque tras bastidores, pero sigue siendo un montón de trabajo) y ser el gran líder de la banda que todos esperan que sea. Ha sido estresante, por decir lo menos.

—Sí, lo has hecho. Pero las últimas dos sesiones te has retirado. Tenemos que practicar si alguna vez planeamos hacer algo más grande que estos bares locales.

—No te preocupes por mí —refunfuño, enojándome mientras veo a Anthony conducir como un idiota solo para impresionar a Candy. No debería necesitar impresionarla. Él la tiene. Es el afortunado. Debería tratarla como a una jodida princesa, no conducir como si tuviera nueve vidas. Estas malditas carreteras son resbaladizas, probablemente está demasiado ocupado follándola con los dedos como para prestar atención.

—Mierda —resopla Charlie en el teléfono—. No quiero hacerte pasar un mal rato, Terry. Sé que esta mierda con Anthony no es buena... pero no podemos dejarlo todo. Necesitamos practicar y seguir tocando.

—Lo sé. —Es la verdad también, lo sé. Simplemente no puedo preocuparme demasiado en este momento, porque mis pensamientos están en mi mejor amigo y su vida acortada. Mis pensamientos están en su novia y lo devastada que estará cuando muera. Mis pensamientos AHORA están en el hecho de que él podría no estar muriendo, podría vivir una vida plena, y voy a tener que seguir con la mía, tratando de encontrar algún tipo de significado en ella—. Joder, tienes razón, hombre. —Tengo que empezar a avanzar. Han pasado demasiados meses sin hacer nada—. Estaré allí. Asegúrate de que todos estén listos, tengo algo nuevo. —Cuelgo y tiro mi teléfono, odiando usarlo mientras conduzco. Lo último que necesitamos es un miembro de la banda roto.

Últimamente he estado escribiendo en mi tiempo libre. No son las canciones más felices, pero me ayudan a pasar las noches. Cuando Anthony está tan enfermo, que puedo escucharlo vomitar desde mi departamento. En las que escucho a Candy sollozando en el pasillo, porque es demasiado fuerte para llorar delante de los demás. Aquellas noches.

—¡Qué demonios, idiota! —Un auto viene directamente de la nada. Estas malditas carreteras oscuras y la niebla realmente ponen a todos en riesgo. Tirando del volante hacia la derecha, apenas fallo la barrera lateral, girando alrededor de un poste y deteniéndome justo antes de golpear un poste de luz—. Hijo de puta.

Allí es cuando lo escucho.

El crujido. La colisión justo donde hace un segundo estaba el auto de Anthony y Candy. Las chispas comienzan a volar, hay humo saliendo desde la camioneta. Oh Dios. Joder, está tan nublado.

—¡No! —Salgo de mi auto, no tan seguro, sin ver bien. La explosión me envía sobre mi trasero, sin embargo. Una explosión. Dos autos. Al menos tres personas. Probablemente todos muertos—. ¡Joder, joder, joder, joder no! —Corro hacia el auto, notando de inmediato la matrícula de Anthony que yace en la carretera—. ¡No, joder!

Por ahora hay otros autos deteniéndose, les estoy gritando que llamen al 911. Llamen a la policía. ¡Hagan algo! Estoy gritando por agua o un extintor de incendios. Hay lágrimas corriendo por mi rostro, sin duda cubierto de hollín por la camioneta en llamas. No escucho nada desde el interior del auto de Anthony, tengo tanto miedo de acercarme, pero tengo que hacerlo. Si están vivos, es apenas, y tengo que ser quien los ayude.

—Señor, necesita alejarse —grita un hombre mayor desde el costado.

—¡Vete a la mierda! ¡Son mis mejores amigos! —Tropiezo con el auto, notando que la parte delantera del auto desapareció por completo, la puerta del lado del conductor está destrozada—. Mierda, mierda. —Estoy murmurando, llorando, y tratando de abrir la puerta del pasajero, porque la camioneta está en llamas y todavía unida al lado del conductor del auto de Anthony. No puedo ver dentro de las ventanas destrozadas, pero no veo ningún movimiento; ni sombras, ni gritos. Mi mano en el mango de la puerta, tira de ella; ¡la jodida puerta no se mueve!

Allí es cuando lo escucho. El gemido que me dice que Candy todavía está viva.

—¡Ayúdenme! ¡Está viva! ¡Hay alguien aquí! ¡Tenemos que sacarla! —Estoy tirando de la puerta con cada músculo de mi cuerpo y no se está moviendo, así que hago lo único que puedo. Rompo el resto de la ventana tan cuidadosa y rápidamente como puedo para poder verla.

—Dios mío, Candy—lloro. Mi mano se dirige a su rostro ensangrentado, sus ojos se abren, pero vuelven a cerrarse. Su cabeza rueda en mi mano—. Está bien, está bien, está bien, vamos a sacarte de aquí. — Empiezo a tirar frenéticamente de la puerta, los fragmentos de vidrio me cortan las manos, pero no me importa. La necesito fuera. Necesito a Anthony fuera. Necesito a mis amigos a salvo antes que todo esto explote.

Algunos curiosos ayudan, y finalmente abrimos la puerta lo suficiente para encontrar el cinturón de seguridad de Candy. Para desabrocharlo. Para ponerla a salvo.

—No irá a ninguna parte, hasta que llegue la ambulancia —dice uno de los hombres que ayuda, asintiendo hacia su pierna. Y ahí es cuando lo veo. El auto se derrumbó alrededor de su pierna. Parece que su pie está completamente aplastado, ni siquiera estoy seguro de que la parte inferior de su pierna esté conectada todavía.

—Oh, Dios mío —digo antes que los sollozos comiencen—. ¡Anthony! Anthony, vamos hombre, tienes que levantarte. —Si no puedo sacarla ahora, puedo ayudarlo. No puedo permanecer inútil cuando las dos personas que amo en este mundo están muriendo. Eso no está sucediendo.

Besando la frente de Candy, está oscuro, pero puedo ver una mueca cuando me inclino sobre ella.

—Joder, Candy, lo siento —le digo, buscando frenéticamente soltar el cinturón de Anthony. Su mano se acerca a la mía, lo que me hace saltar, y cuando miro su rostro ensangrentado y gris, sonríe suavemente. Sangre saliendo por su boca, parece algo de una película de terror.

—Jesucristo, Tony. —Mis manos intentan ayudarlo, pero niega con la cabeza. Luego, sin palabras, asiente hacia su abdomen.

—Hijo de puta —me quejo, como un niño de diez años—. ¡No, no, no, no, Anthony no!

El metal alojado en su estómago es probablemente del tamaño de un bate de béisbol. Está tan oscuro que no puedo ver de dónde viene. Por instinto, empiezo a tirar hasta que lo oigo gemir.

—¡Mierda, Anthony, tengo que sacarte de aquí!

Su cabeza se mueve otra vez. Con los ojos cerrados, inhala y abre los ojos. Mirándome directamente, sus brillantes ojos se dirigen a Candy y luego a mí.

—Cui… —trata de decir, con voz dolorida—, da. —Escupe y tose sangre, tomando otra respiración lenta y trabajosa.

—Maldito imbécil, no te mueras sobre mí. —Estoy llorando, tratando de aplicar presión, pero no tengo ni idea de por dónde empezar. ¡Todo está empapado de sangre, está tan oscuro y no sé qué hacer! ¿Dónde carajos están los paramédicos?

—De ella —gime y niega con la cabeza cuando empiezo a llorar más fuerte. Se supone que los hombres no lloran, pero lo hago, no me avergüenzo de ello—. Promételo —dice, la sangre comienza a gotear de su nariz.

—No. No te estás muriendo, Anthony. Esta mierda no está sucediendo. Tienes que cuidar de ella. ¡Eres su amor, la amas, ustedes envejecerán juntos y no pueden dejarme aquí solo! ¡No te mueras, Anthony!

Tose y gime, sacudiendo la cabeza más rápido.

—Promételo, Terry. —Se las arregla para hacer que su voz suene más fuerte y es entonces cuando veo que todo el color se ha ido.

—Dios mío, lo prometo, pero no vas a ir a ninguna parte, hombre.—Soy un desastre y apenas escucho las sirenas acercarse—. No te mueras, Anthony Andrew —lloro, pero no lucho cuando los paramédicos y los bomberos comienzan a hacer su trabajo.

Un trabajo para el que han sido entrenados. Salvar vidas es lo que hacen para ganarse la vida. Salvar vidas es lo que harán esta noche.

Tienen que hacerlo.

En la actualidad.

—Señor, ella está despierta. —He estado esperando días para este momento, ahora que está aquí, creo que voy a vomitar. Su madre se apresura delante de mí, les doy tiempo para reconectar antes de irrumpir... porque una vez que entre allí, no me iré otra vez de su lado.

Estos últimos días han sido un infierno. He visto a mi mejor amiga ser cortada, cosida nuevamente, y entrar y salir de la inconciencia por días. Vi a mi otro mejor amigo... bueno...

—Mierda —resoplo, comenzando a caminar por el pasillo frente a su puerta.

—Tendrás que controlar eso —dice el enfermero que ha estado ayudando a Candy desde que llegó aquí, sacudiendo la cabeza.

—Hice una promesa —gruño—. Cumplo mis malditas promesas.

—¿Bien, y qué? Vas a entrar allí, a anunciarle a la chica que ya está rota que…

—Está lista —dice su madre, asomándose por la puerta. Ha estado llorando y no está tratando de ocultarlo. No sirve de nada.

Lloramos tanto estos últimos días que ni siquiera intento esconderlo.

Hay algo sobre la tragedia que envía a las personas al modo de autoconservación. La mía consiste en apoyarse en otras personas y no cuidar de mí mismo. Por lo tanto, entro a la habitación de mi mejor amiga sin afeitarme, sin ducharme. Solo llevo ropa limpia porque el padre de Candy, Robert, fue lo suficientemente amable de traerme algo para que no tuviera que usar ropa ensangrentada mientras estoy sentado aquí.

Tanta sangre.

Al entrar en su habitación, el olor familiar del hospital ya no quema mi nariz. La veo, mirando frenéticamente a la puerta, y sé a quién está esperando. Sé que no soy a quien quiere ver en este momento. Lo sé, porque estoy de acuerdo con ella. Ambos estamos decepcionados por el hecho de que solo soy yo.

Créeme.

Ha estado despierta antes, conoce su estado, pero tuvieron que drogarla para evitar que se alterara. Entonces no sabe nada más. Sus padres acordaron que tengo que ser quien se lo diga, pero viéndola ahora, con su madre mirándome con ojos suplicantes para hacerla sentir mejor, solo quiero envolverla en mis brazos y nunca dejarla ir. Ella es mi Pecas, y la rompí.

—¿Dónde está Anthony?

Mierda. Solo el sonido de su nombre me da ganas de vomitar.

—¡Solo necesito a mi novio! —Está llorando, sollozando, pero no puedo ayudarla. Todo lo que puedo hacer es ir con ella.

Quedarme con ella. Jesucristo, esto duele mucho—. Yo... yo... ¡¿qué me pasó?! —Su llanto atraviesa mi corazón, directo a mi centro, y lo pierdo. Toda la compostura que pensé que tenía cuando entré en esta habitación se ha ido. Me quedo con pura emoción.

Así que hago lo único que puede ayudarnos en este momento. Me aferro a ella. Envuelvo mis brazos a su alrededor mientras llora sobre mí, deslizándome a su lado en la cama, recuesto mi cabeza sobre la almohada. Dejando caer las lágrimas, nos quedamos allí y lloramos juntos. Lloramos por toda la pena, la agonía y el dolor que hemos sufrido, por lo que vamos a pasar en los próximos días, semanas, meses... años infernales. No estoy seguro de que pueda superar esa noche. Las pesadillas me persiguen cada vez que cierro los ojos. Las sirenas me perforan los oídos cada vez que comienzo a dormirme.

Nunca lo superaré.

—¿Terry? —Su gemido me calma. Solo escuchar su voz me calma... incluso si está rodeada de jadeos e hipo.

—¿Mmm?

—¿Dónde está Anthony?

A la mierda ese nombre. Hijo de puta, solo su nombre me hace querer vomitar. No he comido en días, así que no sería nada, pero no puedo. No puedo escucharlo. Qué pensaba que iba a suceder, no estoy seguro, pero no me preparé para esto. No escribí un discurso, ni recibí notas sobre cómo decirle malas noticias a una chica... pero estoy seguro de que realmente no hay una buena manera de hacerlo.

¿Es como una bandita? ¿Solo tiro y sigo adelante? ¿O necesito ser ligeramente cuidadoso y tirar sin rasgar?

No tengo ni puta idea. Nadie te enseña esta mierda en la escuela.

—Él eh... —me detengo, tratando de retrasarlo—. ¿Qué recuerdas, Candy?

Quizás sí sé lo que sabe, será más fácil para ella saber lo que sé.

Tiene mucho sentido. ¿Cierto?

—La cena. Estábamos cenando. —Ella mueve su cabeza hacia mí, sus brillantes ojos verdes golpean los míos, y de repente no quiero decírselo. No quiero quitarle el brillo de los ojos—. Eso es todo. Dejamos la cena y allí es donde todo termina. —Ella frunce las cejas y niega con la cabeza—. Por favor, Terry. Solo dime qué sucedió.

CONTINUARA