.
.
Capítulo 18
Terry
Nunca pensé que mi corazón podría volver a romperse como lo hizo la noche del accidente.
Estaba equivocado.
Esa fue la conversación más larga y más difícil que he tenido alguna vez. Con cualquiera. Y perdí a mi madre cuando tenía nueve años. Tal vez sea porque los niños pueden compartimentar las cosas más fácilmente que los adultos. Tal vez sea porque sabía que mi madre iba a morir eventualmente y todas las señales apuntaban a que era su momento cuando lo hizo. Eso no fue lo que pasó con Anthony. Anthony estaba mejorando. Tenía una posibilidad de luchar para tener una vida normal. Iba a proponerse a Candy, podía sentirlo. Iba a intensificar su trabajo de modelaje. Iba a conectarse con su familia y recuperar el tiempo perdido. En cualquier caso, siento que pude regresar de la muerte de mi madre mucho más fácilmente de lo que voy a regresar de esto.
Ahora todo esto simplemente se ha... ido.
Todo lo que me queda es una mujer muy frágil y hermosamente triste que no puede dejar de llorar por más de un minuto antes de que algo la vuelva hacer llorar. Tampoco estoy diciendo que este mucho mejor en este momento. Tampoco estoy diciendo que realmente me importe. Ambos estamos con el corazón roto y necesitamos llorar. Lloré frente a tantas personas últimamente que si me importara lo suficiente me preocuparía que mi reputación como el chico malo de la banda de Los Ángeles se viera empañada, pero no es así. No puedo. Vi morir a mi mejor amigo. Vi casi morir a la única mujer en esta tierra que amo con todo mi corazón. Observé cómo tuvieron que cortarla literalmente del auto, destrozando su mundo.
Pasará un tiempo antes de que me importe nuevamente. Espero poder recomponerme antes que la banda se reúna, pero no están presionando nada. Han sido un gran sistema de apoyo estos últimos días, y los otros gerentes en el bar se han ofrecido para cubrirme en mi ausencia. Simplemente no puedo entender el hecho de que no regresará. Que ya no voy a escuchar su televisor desde mi apartamento. Nunca me voy a acostumbrar.
Nunca.
Ha pasado como media hora desde que se durmió sobre mí, ni siquiera intentaría moverme si las enfermeras entraran ahora y me lo pidieran. La he visto dormir con ayuda durante los últimos tres días. Los he visto tener que calmarla solo para que descanse. He visto su inquietud incluso en medio de un sueño profundo. Sé que está luchando mucho más de lo que estoy viendo. Se durmió conmigo sin ayuda. Finalmente se siente cómoda y necesita descansar.
Entonces no voy a ir a ningún lado.
Para que el tiempo pase, recuesto mi cabeza sobre la almohada y cierro los ojos, me duermo en un instante.
—¿La ves? —pregunta Anthony, empujando mi brazo—. Esa chica. ¿La ves?.
Está mirando a una rubia a través de la abarrotada cafetería de la universidad. Ella es como cualquier otra chica aquí. Nada sobresaliente sobre ella. Buen cuerpo, buen estilo, ríe con sus amigas como cualquier otra chica universitaria... nada que no haya tenido ya. Al menos no de lejos.
—Sí —murmuro, metiéndome papas fritas en la boca, preocupado por la reunión de esta noche. Finalmente tomé la decisión cuando me mudé aquí y puse un anuncio para comenzar una banda. Sé que es lo que quiero hacer. Realmente no necesito un título en Administración de empresas. Mi familia quiere que lo tenga, y supongo que es una buena idea tenerlo si la música falla alguna vez, a pesar de que no planeo que falle.
—¿Sabes quién es? —Toma un trago de su refresco, sin dejar de mirarla.
—No. —Metiendo más papas en mi boca, tomo la bebida y bebo un trago, mirando finalmente a la chica que tiene la atención de mi mejor amigo. Su cabello es largo y ondulado, fluye por su espalda. Sus curvas son bastante típicas de cualquier chica atlética. Parece familiar. Creo que tengo clase con ella. ¡La tengo! ¡Está en mi clase de negocios 101!
—Amigo —le digo, pateando su pie, de repente recordando por qué se ve familiar—. ¡Esa es Candice, la novia de Eric Decker ! — Eric es el atleta más grande de la escuela, el supremo del fútbol, y podría tener cualquier chica que eligiera.
Hace un año, en la orientación de primer año, eligió a Candice. Todavía recuerdo los montones de chicos deprimidos durante las semanas siguientes. Lo que no me di cuenta, hasta ahora, era lo realmente hermosa que es.
—Nunca he hablado con ella, está en una de mis clases de conferencias, así que nos hemos visto de pasaba, pero definitivamente sé que no hay que meterse con su chica.
Anthony es un chico guapo que se está especializando en educación, pero sé que nunca planea usarlo. Se mudó aquí para perseguir su sueño, pero también está en el medio de crear una red de seguridad para él. Ha tenido algunos contratos de modelaje para compañías súper pequeñas, pero todavía no ha alcanzado un gran éxito.
Un día lo hará. Entonces obtendrá todo el sexo que quiera.
—Sí —suspira—. Supongo que tienes razón. —Se pone de pie y arroja su basura, volviendo a la mesa para recoger su bolsa—. Vamos a salir de aquí.
—Terry —su gemido me despierta, tengo que dejar de sacudirme, recordando a último momento que está encima de mí. Nunca me perdonaría si la lastimo.
—¿Estás bien, Pecas? —susurro, llevo mi mano instintivamente a su cabello, alisándolo. No me importa que no haya sido lavado en días. Solo necesito que se mantenga calmada. Las cosas no van a ser más fáciles en los días y semanas por venir. Necesita mantenerse fuerte y tranquila. No estoy acostumbrado a que sea frágil, odio que mi corazón se rompa un poco más cada vez que veo que se le escapa la fuerza y la verdadera devastación por el accidente se apodera de ella.
No responde y pronto su respiración se estabiliza de nuevo, dejándome completamente despierto en una habitación oscura.
No puedo alcanzar mi teléfono, lo único que me permite mantener mi mente activa, y no volver a ver esa noche, es el control del televisor en la baranda lateral de la cama. Al presionar el botón de encendido, encuentro el canal de noticias de las celebridades locales y lo dejo encendido, mirándolo fijamente.
Me gustaba ver estos canales para estar al día con las tendencias de los artistas y los músicos en crecimiento. En cierta ocasión mi banda se presentó en este programa como un artista prometedor, pero eso se siente como hace años. Eso fue justo antes del cáncer. Las cosas no han sido demasiado buenas desde entonces, pero aun nos mantenemos fuertes... simplemente no avanzamos.
—El auto de Anthony Andrew, modelo local bien conocido por su trabajo con Calvin Klein y Tommy Hilfiger, fue remolcado esta mañana desde el garaje donde estaba siendo retenido para una mayor investigación a un depósito de chatarra cercano. Andrew murió en el accidente causado por Thomas Route, de treinta y cinco años, el martes por la noche.
Jesucristo. No queda nada de su auto. Yo... no debería estar viendo esto. Sin embargo, es como un choque de trenes. No puedo mirar hacia otro lado. Estaba oscuro esa noche. Tan oscuro. Todavía no he visto el daño... y verlo a primera hora cuando enciendo la televisión me da ganas de vomitar.
—La novia de Andrew, Candice White, era pasajera en el auto y todavía se encuentra en estado crítico en el hospital Allmands de Los Ángeles. Se está planeando una visita privada para familiares y amigos, y se están haciendo arreglos públicos. Vamos a actualizar nuestro sitio web tan pronto...
No puedo escuchar más. No debería haber escuchado eso. No debería haber visto eso. Especialmente con Candy en la habitación. ¿Qué pasa si ella...?
—¿Quién está haciendo esos planes? —Su voz es débil, pero suena más como la Candy profesional que conocemos y amamos.
Pero eso significa que acaba de ver todo eso. Mierda.
—No estoy seguro. Lo siento... No pensé que estuvieras despierta...—Me siento como un maldito idiota.
—Está bien. No puedes protegerme de eso, Terry. —Lucha por sentarse, así que gentilmente la tomo del codo y la ayudo a enderezarse mientras suspira pesadamente—. Soy completamente inútil. —Niega con la cabeza y respira hondo.
Siempre hace eso cuando se molesta o se enoja.
—Sin embargo, no lo eres. Eres tan increíblemente fuerte, Candy.— Bufa y aparta la mirada, la dejo, pero no dejo de hablar. No puedo dejar que sienta que algo de esto es su culpa, o que es inútil. No puedo. Porque no lo es—. Pecas, vas a salir de esto más fuerte de lo que crees que eres. Vas a tener éxito el resto de tu vida, lo que sea que elijas hacer, y siempre vas a tener el recuerdo del mejor amigo que te amó tanto que dolió.
—Sí —resopla, lágrimas corriendo por su rostro—. Tendré ese recordatorio siempre, Terry. ¿Me has visto? —Aparta la sábana, recordándome lo que tuve que ver que le hicieron para salvarla—. Estoy destrozada por el resto de mi vida, Terry. Puedes alejarte de esto con tus propios pies. Ni siquiera puedo caminar.
—Puedes aprender, Candy—susurro, sintiendo que mi alma se hace añicos al ver cómo está su pierna. La han cubierto con una sábana desde que llegó aquí. No la he visto... así. Envuelta en vendas. Es solo que... se ha ido—. Jesús —resoplo, poniendo mis manos sobre mi rostro— . Joder, Candy, lo lamento mucho.—Levantando mi cabeza, sus ojos me miran inexpresivos.
Sin emoción.
—Estoy rota, Terry. Nunca seré la misma chica. Estoy triste, deprimida, enojada, y rota.
—No estás rota para mí, Candy. El hecho de que tenga que empujar tu culo en una silla de ruedas no significa que seas menos impresionante.
—No es gracioso, Terry —resopla y comienza a jugar distraídamente con la esquina de la sábana.
—¿Demasiado pronto para bromear? —Trato de sonreír, de aligerar el estado de ánimo, y le saco una sonrisa. Eso es lo que estoy buscando. Una pequeña astilla de esperanza de que vaya a superar esto.
Necesito que lo haga. Ella es mi roca, simplemente no lo sabe. Es la única constante que tengo. No puedo dejar que se desmorone.
Nos quedamos sentados en silencio un rato más, sus dedos nunca dejan de tocar la pequeña rasgadura en la sábana. Está sumida en sus pensamientos cuando la enfermera entra a revisar sus signos vitales.
—¿Cómo te va hoy, Candice? —Haciendo girar su carrito hacia la cama, me deslizo y me siento en la silla cuando la enfermera me mira como si estuviera cometiendo un crimen. Quiero decirle algo sobre cómo necesitaba consolar a mi amiga, pero parece una enfermera "sin tonterías". Lo mejor es sentarse, sostener la mano de Candy mientras la enfermera comienza a empujar, pinchar, deslizar y escribir. Jesús, me alegraré cuando esté en casa conmigo, así puedo ser quien la ayude.
—Estoy bien. —Candy intenta sonreír, pero falla. Sé que es fuerte, y esto de aquí es solo un brillante ejemplo. La enfermera tiene que revisar el vendaje de su pierna, cuando lo hace, Candy no comienza a llorar. No cierra los ojos. Gira su cabeza hacia mí y me mira a los ojos, mi mano sobre la suya todo el tiempo que la enfermera le cambia la gasa y vuelve a aplicar los vendajes.
Tengo ganas de decirle que la amo; para hacerla sentir un poco menos triste. No es que esté enamorado de ella, pero es tan cercana a mí que de alguna forma la amo. No es un amor fraternal, sino el amor de un mejor amigo. Un amor que es más fuerte que el amor de un hermano, pero no tan complicado como el amor de parejas.
Eso tiene sentido, ¿cierto?
Mientras revisa el resto de los signos vitales de Candy, la enfermera hace las mismas preguntas que probablemente le hace a los demás pacientes cuando ingresa a una habitación. Candy las responde con facilidad y sin arrebatos. No ha llorado una lágrima desde que entró la enfermera. No es hasta que menciona algo sobre levantarse y moverse, que veo la máscara deslizarse y el miedo destellar.
—¿Qué? —el susurro de Candy me parte el corazón, porque sé que va a ser una batalla más grande de lo que la enfermera espera.
—Tienes que moverte, cariño. Has estado acostado en esta cama por un par de días. Ahora que estás despierta, una vez que consigamos que comas algo, te conseguiremos unas muletas y podrás comenzar a moverte por la habitación.
—No puedo... no puedo... no, no sé...
—Está bien. Comencemos con la comida. Necesitas tu fuerza primero. —Sonríe tan amablemente como Bertha la enfermera, como la he apodado, puede.
—No tengo hambre.
—Pecas—le advierto—. Han pasado días desde que comiste.
—No tengo hambre.
—Necesitas comer, Candy —Necesito que sea fuerte. Necesito que salga de este hospital.
—No tengo hambre —dice otra vez, esta vez con más fuerza. Es tan terca como una mula cuando quiere serlo. Cuando quiere salirse con la suya.
Estoy bastante seguro que esta es una batalla perdida.
CONTINUARA
