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Capítulo 19
Candy
Sigue diciendo que necesito comer, pero no puedo encontrar ningún tipo de hambre en mí. Nada, ni remotamente, suena bien. Tampoco quiero levantarme y caminar, la enfermera dijo que, una vez que coma, tendré que levantarme y caminar, así que mi mente lo ha decidido. Si no como, no tengo que caminar.
Tan simple como eso.
—Estás siendo terca, Candy —gruñe Terry prácticamente, lo que hace que una sonrisa muy leve juegue en mis labios. Hay algo que vuelve. Una tenacidad que creí haber perdido. Cuanto más tiempo estoy despierta, más me siento parte de quien era antes del accidente. Siempre me ha gustado jugar con los chicos. Lo único que es diferente ahora es que solo tengo uno para enloquecer.
—No estoy segura de lo qué estás hablando —le digo, sonriendo y mirando a la enfermera—. Simplemente no tengo hambre.
Ella tiene los labios apretados, mirándome como si hubiera perdido la cabeza. Cuando habla es con autoridad y pensando que va salirse con la suya.
—De acuerdo. Voy a hacer mis rondas, puedes pensar en lo hambrienta que estás. Luego, cuando termine, volveré. Si no has encontrado tu hambre para entonces, tendré que ponerte una sonda de alimentación.
Jadeo y ella levanta sus cejas hacia mí.
—Han pasado tres días. Tu cuerpo necesita nutrientes. Tu elección. Volveré. —Ella agarra su carrito y lo saca por la puerta, dándole a Terry una mirada mientras se va, eso me dice que están a punto de unirse en mi contra. Una vez que la puerta se cierra, suspira y se pasa las manos por la cabeza.
—No puedo comer, Terry —comienzo, pero me detiene.
—Vas a hacerlo, Candy. Tienes que hacerlo. No los estoy viendo colocarte una sonda de alimentación porque eres demasiado terca. Vas a comer, incluso si solo son unos pocos bocados, y vas a salir de esa cama y comenzar tu vida. No puedes quedarte en la cama, y necesito sacarte de aquí —suspira y maldice, poniéndose de pie.
—¿Tienes que sacarme de aquí? —¿De verdad? ¡No soy suya! No necesito a alguien que me cuide como si fuera un niño.
—Sí. Necesito poder cuidarte y es ridícula la frecuencia con la que vienen estas enfermeras, te despiertan, te hacen sentir incómoda... solo necesito saber que estás segura, feliz y sana. Estando aquí sé que no estás cómoda. Estando de vuelta en ca...—se calla, con los ojos muy abiertos—. Mierda, me refiero a estar fuera de aquí... —se calla, maldiciendo otra vez por lo bajo.
Casa.
No tengo una casa.
Quiero decir... tengo la casa de Anthony, pero renuncié a la mía hace unos meses y no hay forma de que viva en el apartamento de mi novio muerto. No puedo hacer eso. Eso no es... correcto.
Oh, mierda.
—Mierda —susurro, dándome cuenta que no tengo a dónde ir—. No puedo volver allí. —Intento detener las lágrimas que amenazan de nuevo, pero no puedo. ¡Joder, no puedo parar!—. ¿Qué diablos está mal conmigo? ¿¡Qué hice para merecer esto!?
Terry se detiene y me mira desde el otro lado de la habitación.
—Nada. A veces la vida es solo una perra, Candy —Camina hacia mí, me toma de la mano nuevamente, extiende una mano y seca mis lágrimas mientras caen. No puedo mirarlo. Odio sentirme tan débil e inútil. Odio todas estas lágrimas, pero no puedo detenerlas—. Solo debemos recordar que no estamos solos en esto.
—Lo sé —susurro, aclarándome la garganta—. Sé que no estoy sola... extrañándolo... pero Terry, tu vida no se arruinó. Todavía puedes caminar. Todavía puedes irte a casa. No tienes que volver a su casa sin él. No estás sin trabajo. Tengo que empezar de nuevo, Terry.
Se aclara la garganta y se aleja, pasándose las manos por el rostro.
—No estoy seguro de que entiendas lo que perdí esa noche, Candy— dice, dándome la espalda—. No fue solo un amigo lo que perdí. Era mi mejor amigo. Mi hermano. Que vi morir. Justo frente a mí. —Se da vuelta, con el rostro sonrojado y los puños a su lado—. No quiero escuchar que no estamos juntos en esto, porque lo estamos. Te desmayaste cuando te sacaron del auto, Candy. ¡TÚ! No cortaron el auto a tu alrededor... tuvieron que sacarte a TI del auto, literalmente. —Sacude la cabeza y comienza a pasear—. Escuché a Anthony morir. Vi su cuerpo sin vida. No puedo cerrar mis ojos sin verlo. Jesús, la sangre, Candy. No lo sabes porque estabas desmayada, pero había mucha sangre. —Se aclara la garganta, comienza a alterarse y trata de calmarse—. No, no perdí una pierna, pero perdí igual. Nadie es un ganador en esto, Candy. Y la única manera de superar esto es si lo superamos juntos.
Me está mirando, todo lo que puedo hacer es mirar hacia atrás mientras proceso lo que me acaba de decir.
—¿Lo viste todo? —Bajo la mirada a la sábana plana donde debería estar la parte inferior de mi pierna, luego levanto la mirada, con los ojos fijos en ese mismo lugar—. ¿Tú… los viste tomar esto? —pregunto, señalando con la cabeza hacia mi pierna—. ¡¿Los VISTE cortar esto y no los detuviste?! —¿Por qué estoy tan enojada? Debería estar feliz, estoy viva, pero si estaba allí, debería haber podido ayudar de alguna manera, ¿verdad?
—Candy, no fue así. Yo no... no pude... ellos... —Empieza a sollozar, con las manos sobre el rostro—. Lo siento, ¿de acuerdo? —grita, empezando a pasear por la habitación—. Lo intenté, Candy. Tiré y tiré. Miré el auto. Demonios, todo el frente del auto se había ido, Candy. No había... nada. ¡Nada que pudiera hacer!
—¿Y Anthony? —susurro, mirándolo fijamente, esperando escuchar lo que realmente sucedió.
—No quieres detalles, Candy.
—No, no los quiero, pero los necesito, Terry. No recuerdo nada de esa noche. Despertar sin una pierna es la cosa más horrible que me haya pasado, que recuerdo. Necesito saber lo que sucedió realmente. ¿Cómo murió, Terry? ¿Qué le sucedió? Dijiste empalado... ¿Lo sacaron? Jesús, Terry, no puedo vivir sin saber lo que sucedió. —Las lágrimas corren de nuevo por mi rostro. Están empezando a sentirse normales mientras bajan por mis mejillas y aterrizan en mi bata de hospital.
—Él... Había metal. Algunas... alguna pieza del auto. Tal vez fue la camioneta, no estoy seguro... —maldice y baja la mirada a su pecho. Su puño sube y golpea justo entre sus pectorales—. Simplemente... estaba atascado. —Se aclara la garganta y sus ojos miran los míos—. No logré moverla. No logré moverlo, Candy. Él... Me hizo prometer que cuidaría de ti, y Jesucristo, me dejarás, Candy.
Su mano aprieta la mía, sus ojos me suplican. Las lágrimas corren por nuestros rostros mientras nos sentamos y miramos perdidamente a los ojos del otro.
juntos. Ambos hemos perdido tanto estos últimos días. Estamos en esto.
—Tengo hambre —le susurro, retirando mi mano para secarme el rostro finalmente—. Necesito comer algo, necesito beber algo que no sea agua helada. Supongo que necesito sacar mi trasero de esta cama y descubrir cómo me voy a mover, ¿eh?
Me sonríe y me atrae en un abrazo que dura más que cualquiera de nuestros abrazos en el pasado.
Aunque no me importa. La conexión humana se siente perfecta en este momento.
—Entonces, ¿ustedes decidieron qué hay para cenar? —pregunta la enfermera, entrometiéndose en nuestro momento. Cualquier que fuera el momento, fue la mejor sensación que he tenido desde que me desperté. El solo hecho de saber que alguien más está sufriendo tanto como yo, tal vez no de la misma manera, hace que el dolor sea más fácil de soportar.
¿Qué tan mal está eso?
—¿Qué es lo mejor en tu menú? —pregunta Terry, sus ojos buscando los míos. Sonrío y recuerdo la vez que él y Anthony ordenaron por mí. La primera y única vez que lo hicieron. Intentaron que la camarera les dijera lo más delicioso que tenían, pero resultó que tenía un gusto terrible, terminaron pidiéndome un plato de pescado que me dio ganas de vomitar.
Está sonriendo ahora, una sonrisa contagiosa que me hace sonreír a cambio.
—Las hamburguesas están bien —le digo a ella, sonriéndole—. Y estoy lista para intentar moverme. Así que... —me callo, ella me sonríe con orgullo.
—Estoy feliz de escucharlo. Vamos a darte algo de comer y haremos precisamente eso. —Saliendo de la habitación, mi madre entra por la puerta antes de que se cierre por completo.
—Hola, cariño —dice, corriendo hacia mí. Terry nos da espacio, pero no se va. Él y mi madre solo se han visto una vez anteriormente, pero parecían llevarse bien. Por lo que parece, no le está mirando mal por estar aquí, no parece molesta, así que espero que se hayan llevado bien.
—Hola mamá —respiro su aroma, calmándome inmediatamente.
Lavanda.
Dicen que el olor puede llevarte de vuelta a lugares donde no has estado en años. Eso es lo que el aroma de mi mamá hace por mí. El aroma de la lavanda me recuerda las historias nocturnas con ella y papá, las tardes en el parque y el viaje de regreso a casa con las ventanas abiertas. De niña nunca supe cómo olía tan bien siempre, incluso ahora como adulto todavía está ahí. No demasiado abrumador, pero lo suficientemente sutil como para ser lindo.
—¿Cómo te va? —Ella toma mi rostro, acaricia mi cabeza, se preocupa como cualquier madre lo haría con un hijo que acaba de despertar después de un evento trágico. Tomo sus manos, le sonrío, la sonrisa más genuina que puedo reunir, y suspiro.
—Estaré bien. Lo prometo.
—Bueno. Estoy feliz. Cielos, Candy, nos diste un susto a todos—dice, mirando a Terry—. Este joven no ha dejado tu lado desde que llegó aquí. Por suerte, tu padre y él se han llevado bien o de lo contrario estaría usando ropa de tres días en este momento. —Ella se ríe entre dientes y veo a Terry moverse en su asiento.
Ropa de varios días, probablemente cubierta de sangre. Por supuesto que mi papá le consiguió ropa nueva. Probablemente es por eso que los jeans y la camiseta que Terry lleva hoy no es su estilo habitual. Pensar en lo que mi papá hizo por él me hace sonreír.
—Entonces... ¿Cena? ¿Vas a comer algo? ¿Cuándo te tendrán levantada y en movimiento? He contactado con el mejor médico de prótesis del país para que venga a atenderte, pero puede que pase un tiempo antes de que pueda colocarse. Dijeron que la hinchazón tiene que bajar, tienes mucho músculo...
—Mamá —suelto, sin querer hablar de todo esto ahora—. Ahora no. ¿Bien?
—Nos estábamos preparando para cenar, señora —dice Terry detrás de ella—. Van a darle algo de comida, la van a levantar un poco después de eso, entonces veremos a dónde va. Pasos de bebé. Así es como vamos a tener que tomar esto.
—Correcto. Pasos de bebé. Hasta que salga de aquí y pueda volver a casa y luego los médicos de Regional pueden ayudarla y yo podré llevarla, su padre puede ayudarla, incluso Tom puede ayudar un poco, todo va a estar bien, Ca…
—¡Mamá, detente! —grito de repente. No puedo aceptar esto. ¡Va a mil kilómetros por minuto!—. Mamá, no sé si me voy a mudar a casa todavía. —Trato de decírselo a la ligera, pero por la expresión de su rostro parece que acabo de dispararle a un ciervo o algo así—. Quiero decir... no he tenido la oportunidad de pensar en nada de esto. ¿Puedes... puedes darme tiempo? Espacio, tal vez... ¿para pensar en esto? —Dirijo mi mirada a Terry, cuyos puños están cerrados y la mandíbula apretada, de inmediato sé que algo no está bien—. Mamá, mi comida estará aquí pronto. ¿Podemos simplemente dejar las conversaciones futuras hasta mañana o pasado mañana?
—Oh —dice, mirando de mí a Terry, luego de vuelta a mí con una nueva mirada en su rostro—. Sí, claro, cariño. Eso es... eso está bien. Totalmente bien. Estoy segura de que hay muchas cosas en tu mente que debes procesar. Tal vez una vez que el resto de la niebla se levante y puedas pensar mejor, podemos hablar de eso—solloza y me abraza de nuevo—. Solo te amo, Candy. Más que la vida misma y estoy tan feliz de que estás bien.
—Yo también te amo, mamá —susurro, devolviéndole el abrazo.
—Voy a volver al hotel ahora. Ustedes dos... —Mira a Terry y asiente, sonriéndole con fuerza—. Ustedes estarán bien.
Abrazándome una última vez, sale de la habitación y nos deja a los dos solos en el silencio.
—Entonces... ¿quieres decirme de qué se trata esto? —le digo, asintiendo ante su repentino comportamiento.
Mira sus manos y maldice en voz baja.
—Lo siento —dice, levantándose y comenzando a caminar de nuevo—. Simplemente... no puedo soportar cuando las personas intentan planificar la vida de los demás. —Me mira, sus ojos tristes otra vez—. Entonces, Tom, ¿eh? —Tiene una leve sonrisa en su rostro, pero nunca ha podido ocultar sus emociones tan bien de mí. Sé que está preocupado, y por una buena razón. Nunca le mencioné a Tom a los chicos porque, bueno, nos hemos distanciado un poco.
—Sí, Tom. —Levanto un poco la sábana y suspiro—. Era mi mejor amigo de la infancia. Cuando se dio cuenta que era gay fue cuando comenzó a alejarse de todos. Nos escribimos de vez en cuando, pero no lo he visto en años. Creo que mi madre está estancada en el pasado. —Me encojo de hombros y le doy una sonrisa débil, sintiéndome repentinamente culpable por mantener gran parte de mi pasado alejado de mi vida aquí. No tuve una mala educación, solo quería un nuevo comienzo en Los Ángeles.
—Bueno, tu mamá... definitivamente es uh... algo más. —Sacude la cabeza y suspira de nuevo, mirando la televisión, pero sin prestar atención a lo que está en la pantalla.
—¿Qué? Es mi madre, se supone que tiene que preocuparse, Terry. —Me rio porque no tengo la energía para estar enojada en este momento. Todo ha sido drenado; estoy a punto de dejarme llevar.
—Lo sé... pero... Pecas, no te vas a ir realmente, ¿verdad? —Esas palabras me hacen sentir como si me hubieran golpeado en el estómago, no sé por qué. ¿Por qué quiere tanto que me quede... por qué me siento culpable por pensar en irme?
—Yo... no sé qué voy a hacer, Terry —le susurro, mirando mis sábanas—. No puedo vivir exactamente por mi cuenta en este momento.
Resopla y maldice en voz baja, pasándose las manos por el rostro.
En el momento en que la enfermera entra, parece que está a punto de decirme algo más, pero no lo hace. En cambio, comemos en silencio, viendo el canal infantil en la televisión, porque es el único canal seguro, donde no veremos las imágenes de esa horrible noche.
CONTINUARA
