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Capítulo 20
Terry
Es la chica más fuerte que he conocido; creo que me estoy convirtiendo en el mayor imbécil por querer que se mude conmigo. Anthony me dijo que lo hiciera, lo prometí, pero no estoy seguro de que "cuidarla" signifique enamorarse de ella.
Ha estado levantada y caminando lo mejor que ha podido este último día con las muletas que le han proporcionado.
He aprendido una tonelada de cosas sobre los amputados en las últimas cuarenta y ocho horas. Tiene lo que se llama una amputación transtibial, justo debajo de la rodilla. Nunca he pensado en la ciencia detrás de esto, pero por lo que parece, va a pasar por diferentes prótesis y extremidades antes de obtener la correcta. Ha sido examinada, parece que su nivel K está en cuatro ahora, eso es porque ha sido sana y activa toda su vida, pero odiaría que disminuyera si se siente menos motivada para moverse. Lo necesita para mantenerse en forma, para poder obtener una buena prótesis, tener cobertura de seguro y tener éxito en seguir adelante con un nuevo estilo de vida.
Mañana por la tarde comienza la fisioterapia y se reúne con un terapeuta para asegurarse de que está mentalmente estable después de pasar por lo que pasó. Se ha hablado de irse a casa, pero siempre lo pasa por alto y cambia de tema. No la he presionado, pero sus padres viven a horas de aquí... No puedo dejar que se mude tan lejos. Ella ha sido mi vida esta última semana, y antes de eso, fue la mitad de mi vida. Es una de las pocas personas a las que llamo "mejor" amiga. Incluso los miembros de la banda no obtienen ese título. No puedo ser dominado porque no es ese tipo de relación, pero estoy muy cerca... no estoy seguro de cómo sería mi vida sin ella aquí.
—¿Seguro que no tienes nada más que hacer esta noche, Terry?—pregunta desde la silla. Ha estado tratando de que me vaya por unos días, afirmando que no es tan importante, pero la conozco mejor que eso. Cada vez que me dice que la deje, sus ojos se vuelven opacos, pero cada vez que me niego y me quedo, se iluminan. Sé que le gusta tenerme aquí; espero que le guste que esté aquí y no solo por la compañía.
—Tú eres mi "algo más", Pecas. Aceptalo. —Tomando una baraja de cartas, deslizo la mesa hacia donde está sentada y comienzo a repartir un juego de gin.
—¿Cuándo fue la última vez que estuviste en casa, Terry? — susurra, probablemente porque está hablando de un tema del que no hablamos. Ya no hay nada de qué hablar. No va a volver.
Necesitamos seguir adelante.
—Comencé la última vez —respondo, ignorando completamente su pregunta—. Tu turno.
—Terry, ¿has estado en casa desde entonces? —Sus hermosos ojos verdes caen sobre los míos, siento que ahora mismo tengo que aclararme la garganta y mirar hacia otro lado. No, no he vuelto a entrar en ese lugar, pero no necesita saber eso. He estado quedándome aquí cada maldita noche, duchándome en casa de Charlie y sin hacer nada más.
No puedo volver allí todavía.
—Estoy bien, Pecas.
—No lo has hecho, ¿cierto? —su susurro se torna en un fuerte gemido mientras sus manos van a su rostro—. Mierda, Terry, lo siento. No sé por qué no puedo posponer esto para siempre —dice sollozando—. Quiero decir, su funeral es mañana y ni siquiera estoy segura de poder ir.
—No —gimo. Joder—. No digas eso, Candy. Irás y estaré allí contigo en todo momento.
Casi me salte el de mi madre, pero mi abuela me obligó a ir. No sé qué habría hecho si no hubiera ido. No habría conseguido ningún cierre. No habría podido decir mi último adiós. Tiene que ir, porque lo necesita más que cualquiera de nosotros.
—Sin embargo, no creo que pueda —susurra, sus dedos jugando con las cartas en su mano.
—Tú puedes. Tengo fe. —Le sonrío y tomo su mano en la mía—. Eres la perra fuerte que echó a esa chica fuera del escenario durante mi espectáculo en la universidad. Fuiste quien evitó que nos multaran cuando claramente íbamos a exceso de velocidad. Demonios, no tienes miedo, Pecas. Nos encargaremos de esto. Juntos, ¿de acuerdo?
Ella me sonríe débilmente, mi corazón se rompe por ella. ¿Volverá a ser esa chica otra vez, o es esto lo que queda? Necesito ayudarla a encontrar... a ella... otra vez.
—Está bien —susurra, poniendo las cartas sobre la mesa—. Estoy cansada, Terry. Creo que voy a tomar una siesta.
Utilizando la silla para ayudarla a levantarse, me levanto inmediatamente para ayudarla a volver a la mesa. Al principio se detiene y me mira. Es posible que esté cansada de sentirse impotente, pero no estoy retrocediendo. Cuando mi mano se envuelve alrededor de sus fríos dedos y mi brazo la rodea para estabilizarla, una gran cantidad de emociones comienzan a rodar a través de mí.
No debería estar haciendo esto.
Debería dejar que las enfermeras la ayuden.
Debería ir a casa. Debería llamar a mis compañeros de banda.
Debería ir al bar.
Debería. Pero no lo hago. Me necesita y yo la necesito. Necesito asegurarme de que la última persona en este mundo que tengo cerca de mi corazón este a salvo. Siempre.
Esa noche, sus padres vienen a visitarla, así que me escapo, subo a mi auto, sin saber a dónde me dirijo, empiezo a conducir. Necesito llamar a la banda. Necesito hablar al bar para asegurarme de que sigue funcionando bien. Necesito comenzar a vivir de nuevo, pero me siento muy culpable por no estar con ella.
Decidiendo saltarme el apartamento, me dirijo directamente al bar y estaciono en la parte de atrás. Entrando por la cocina, me doy cuenta que está bastante muerto para un lunes por la noche.
—Oye —le digo a Charlie quien está dirigiendo la barra.
—Vaya. —Levanta sus cejas hacia mí cuando me siento en un taburete y cruzo los brazos, inclinándome hacia atrás—. Santa mierda hombre, te ves terrible. —Tampoco está bromeando. Me veo terrible, me siento terrible, y no puedo hacer nada al respecto—. Aquí —dice, deslizándome un vaso con dos dedos de whisky y un solitario cubo de hielo.
—Gracias, hombre. —Me lo tomo de un trago, dejando que la quemadura inicie cualquier tipo de sentimiento, pero todo lo que viene es un vacío.
—¿Cómo estás? —Charlie me observa mientras vuelve a llenar el vaso.
—Yo solo... El funeral es mañana finalmente. En realidad, Candy me lo recordó hoy. ¿Puedes creer que lo olvidé? Me olvidé del funeral de mi mejor amigo, porque no he dormido mucho en semanas y en todo lo que puedo pensar es en sacar a su chica del hospital y llevarla a casa a salvo. —Tomo un sorbo de la bebida y siseo cuando lo siento esta vez. Charlie me está mirando con ojos pensativos, pero no dice nada. Es listo—. Simplemente no puedo, Charlie. Ella cuenta conmigo, y tengo que ser fuerte, pero joder—jadeo, mirando alrededor del bar vacío—. ¿Dónde carajos están todos?
—Las cosas han estado lentas últimamente, desde que la banda dejó de tocar regularmente —suspira y tira su trapo sobre la barra—. Tenemos que volver a eso, hombre.
—Joder, lo sé —gimo, mirando el escenario. Algo me sobreviene, por primera vez desde el accidente, quiero subir y sentir algo. La música siempre lo ha hecho por mí. Me ha permitido compartir, sentir, seguir a lo largo del día como una forma de expresarme.
Últimamente he estado escribiendo cosas, garabatos y tonterías en el periódico del hospital porque me niego a ir a casa a buscar mi cuaderno. Letras que tocan mi corazón últimamente. Mierda, si alguna vez lo compartiera, probablemente me internarían.
—Pasado mañana. Regresaremos al ritmo después de mañana. — Escogió sus palabras cuidadosamente y lo odio. No quiero que estos imbéciles actúen de manera diferente a mí alrededor.
Mirándolo, noto que tampoco está luciendo su mejor rostro esta noche, todos nos estamos desmoronando. Algo tiene que cambiar.
Sin palabras, me levanto y me dirijo al escenario, tomando mi guitarra del estante; me toma un segundo moverme de mi lugar. Tengo una extraña conexión con mi guitarra... tal vez es porque esto fue lo que me ayudó a superar la muerte de mi madre. No estoy seguro, pero sé que la he echado de menos. Sin mirar a Charlie, sabiendo que me mira, pero que necesito sacar esto, tomo el taburete.
Mis dedos comienzan a tocar los acordes que he estado tocando en mi cabeza los últimos días. No he tocado el instrumento en mucho tiempo, pero se siente tan natural, la forma en que la dureza de las cuerdas se desliza a través de mis dedos. Las reverberaciones de los altavoces cuando las notas bajas se mantienen más tiempo del que quieren golpear mi centro. La música sola me puede calmar, pero soy un narrador. Siempre lo he sido. La música solo puede contar media historia, son las letras las que la completan. Cerrando los ojos, vuelvo a esa noche, invoco las letras que se han grabado en mi alma esta última semana. Sin escribir y de forma inesperada, toco y canto hasta que las palabras dejan de fluir.
Con los ojos cerrados, dejando fuera el mundo que me rodea, finalmente saco algo del infierno que me recorre últimamente, se siente tan bien.
Estoy perdiendo el tiempo, sé que es verdad.
Todos dijeron que no hay nada que pueda hacer.
Nada va a traerte de vuelta, nada que me haga entero.
Cuando las luces se apagan, nada permanece igual.
Ya no estamos juntos en esto.
No juntos, mundos separados, te fuiste.
Abandonado aquí para colgar de un hilo.
Un hilo que tanto amabas.
Y se ha deshilachado y roto con cada segundo que pasa.
Dejo que la música fluya a través de mí y cuando me detengo, hago una pausa, sin querer abrir mis ojos a la realidad que es mi vida. Con un mejor amigo muerto y otra mejor amiga de la que estoy seguro, me estoy enamorando, porque ¿qué tipo de idiota me hace eso? No quiero ser ese chico. No quiero tener estos jodidos sentimientos.
—Maldición. —Escucho la voz de Charlie desde el bar y sacudo la cabeza, bajando la guitarra antes de saltar del escenario. Todavía no lo he mirado. No puedo.
Él lo sabe.
—Me voy —gruño al pasar junto a él. Echándole una mirada de reojo, me está dando una mirada que dice exactamente lo que piensa. Es una mirada de sorpresa. Hago una pausa y lo miro, con las cejas levantadas, los labios apretados, asiente lentamente.
—¿Estás bien, hombre? —Sus ojos se entrecierran mientras sacudo mi cabeza hacia él.
—Nah —le digo—. Aunque estoy trabajando en eso.
Antes de que él pueda decir algo más, salgo por la puerta y estoy en mi auto, miro las llaves en el asiento del pasajero. Llaves del apartamento en el que no he estado en más de una semana.
Llaves que arranqué de mi llavero, porque estoy tan cansado de recordar que nunca va a ser lo mismo. Amé mi vida antes de que esta pérdida golpeara y estallara cualquier forma de felicidad que tenía. ¿Volver allí? Regresar allí... Todavía no estoy listo para eso.
Así que vuelvo al hospital, listo para pasar otra noche durmiendo en un catre al lado de la única cosa que más quiero en mi vida.
El funeral es una de las cosas más difíciles que he tenido que soportar alguna vez. Candy es capaz de acompañarme después de mover algunos hilos en el hospital, pero no había forma de que no la dejara venir. Nos sentamos al frente, justo al lado de los padres y el hermano de Anthony. La rabia que me recorre me hace querer golpear a toda su familia en el rostro por estar aquí. No merecen estar aquí. Ellos no lo conocían. Pensaban que lo hacían, pero no lo hacen.
No puedo mirar el ataúd. No puedo escuchar el servicio. Mis oídos zumban, lo único que puedo escuchar son los hipos de Candy cuando llora en su pañuelo tan silenciosamente como puede. Mi mano aprieta la suya cuando comienzan a bajar el ataúd de acero negro y plateado al suelo, siento sus pesadas respiraciones tratando de calmar sus lágrimas.
Ahí va parte de mi vida. Eso es todo. Esto lo hace real. Soy un maldito imbécil, porque debería haber sido real esa noche, o todas las noches desde entonces, pero no ha sido así. Sin embargo, esto es todo. Se ha ido y... y... y se ha ido... mierda.
—Ayúdame, Terry —me susurra, con los ojos llenos de lágrimas, empieza a ponerse de pie, así que hago lo que me pide y la sostengo, ayudándola mientras se mantiene fuerte y avanza hacia el ataúd, totalmente enterrado. Honestamente aun no puedo creer que esta sea mi vida en este momento.
Mierda.
Sacando la rosa roja de su bolsa, la aprieta, una lágrima se desliza por su rostro y la arroja al foso.
—Te amo, Anthony Andrew —su susurro me arruina. Dios, soy un maldito idiota. Dejando que una lágrima se deslice por mi mejilla, ya no me importan si alguien en esta multitud me ve llorar. Aquí estoy, el hombre que se supone que debe estar aquí por ella, y ella está siendo mucho más fuerte que yo.
—Estoy lista para irme. —Su mano aprieta la mía suavemente, mientras sus ojos caen sobre los míos. Joder, es tan hermosa; quiero vomitar todos estos sentimientos. Yo no tengo sentimientos. Tengo sexo, tengo amistades, pero nunca he sido bueno expresando mis sentimientos, así que simplemente no lo hago. Santa mierda.
Regresamos al hospital justo a tiempo para su primera sesión de fisioterapia, así que mientras entra para eso, busco comida para nosotros. La italiana siempre fue una de sus favoritas, así que elijo uno de casi todo lo que hay en el menú y regreso al hospital para esperarla. Una enfermera entra, me sonríe gentilmente mientras rehace su cama. Ya no intentan hacer una pequeña charla conmigo. He sido una bestia desde que Candy llegó aquí, aunque le están tomando cariño ahora que está despierta, hubo un momento en el que pensé que nunca obtendría una sonrisa de ellas.
Aunque, eso no es sorprendente, ya que recibieron un regaño de mi parte cuando no iban a dejarme entrar en la habitación con ella.
Tenía que hacerlo. Tengo que hacerlo. Necesito estar con ella.
—Oye —la voz de Candy es alegre, pero cansada mientras la enfermera la lleva a la habitación. Saltando, no le doy la oportunidad de ayudarla a salir de la silla antes de precipitarme y guiarla hacia la silla en la esquina de su habitación—. Gracias—dice con cansancio—. Eso fue un dolor en el culo —dice, sonriendo.
—¿Cuándo obtienes la prótesis? —Le entrego la caja para llevar y ella la abre, tomando una gran bocanada de la comida frente a ella, gimiendo en respuesta.
Un sonido sexy que deseo no fuera dirigido a la comida.
Jódeme.
—Me están enviando a casa con una temporal. Pasará un tiempo antes de que consiga la final —responde, metiéndose un palito de pan en la boca—. Mierda, he echado de menos la comida de verdad. —Si gime de nuevo, tendré que ajustarme antes de que mi maldito pene se estrangule. Imbécil—. Me dijeron que mientras todo salga bien, me darán de alta mañana o pasado mañana.—Ella está hablando con cuidado, tomando un bocado justo después que las palabras se escapan silenciosamente de su boca.
Me voy a casa.
—¿Casa? Te vas a casa —le susurro, sintiéndome mareado de repente. No puedo ayudarla. Estoy fallando completamente; no sé cómo arreglarlo.
—Yo... Terry... —Ella me mira, quiero llorar y abrazarla y nunca dejarla ir.
CONTINUARA
Nivel K: Nivel de actividad. Es un valor que representa un estimado de actividad que las prótesis están diseñadas para soportar.
