.
.
Capítulo 21
Candy.
No puedo mirarlo. Me siento tan mal por decepcionarlo, pero ¿qué esperaba? No puedo caminar sin ayuda. Incluso cuando me pongo la prótesis, todavía necesito ayuda hasta que me acostumbre a estar sola con ella. No puedo pedirle que haga eso.
Pasarán meses antes de que pueda moverme completamente otra vez... No puedo ser esa carga para él.
Mi primera sesión de terapia fue la cosa más difícil que he tenido que soportar, porque intentar mover una pierna que no está realmente allí, o parte de ella, es emocionalmente la cosa más difícil de la historia. Mirar hacia abajo y no ver nada. Sentir dolores y picazón fantasma, luego agacharse a rascarse y levantarse con las manos vacías. Cosas como esas juegan con la mente de una persona. Solía ser una persona completa, y ahora no lo soy. Lloro por las noches después que Terry cree que estoy dormida y se duerme. Me miro en el espejo y no conozco a la chica que veo. Necesito superar esto, pero necesito estar conectada a tierra para hacer eso. Vivir en la casa de Terry hará que me guarde rencor, porque no traerá chicas con la mejor amiga inválida allí. No saldrá con sus amigos porque estará muy preocupado de que intenté algo y me haga daño. Lo conozco.
Mantiene cerca a los que ama, y después de perder a Anthony como lo hicimos, sé que no me dejaría ir fácilmente si estuviera bajo su cuidado.
Es por eso que mudarme a casa, por el momento, es la única opción que considero adecuada. No puedo volver a la de Anthony. No puedo vivir allí sin él. No puedo volver a mi apartamento desde que rompí el contrato de arrendamiento, y no hay manera de que pueda pagar otra cosa en esta ciudad sin un trabajo ahora. No, no puedo hacer nada de eso, estoy de vuelta al principio.
Viviendo en la casa de mis padres, aprendiendo cómo vivir con esta nueva vida que lamentablemente me han entregado.
—No tienes que hacer eso, ¿sabes? —Su voz es cruda, llena de lágrimas no derramadas, me rompe el corazón. Le estoy haciendo esto, pero no puedo retroceder. Tiene que vivir. No va a hacer eso conmigo allí—. Soy plenamente capaz y estoy dispuesto a tomar... para cuidarte... —Se aclara la garganta y sacude su cabeza, su actitud entera grita tristeza, me está rompiendo el corazón—. Puedo hacerlo, Candy.
—Lo sé, Terry. Lo hago. Pero... —comienzo y cometo el error de mirarlo, sintiendo tantas emociones que no estoy segura de qué hacer con ellas, una es la que me hace brillar y la que más temo.
Jó. De. Me.
—Pero nada, Candy. Sabes que te cuidaría.
Mierda. No... esto es por qué tengo que alejarme de él. No puedo sentirme así por él. ¡Mi cerebro toma su amabilidad y amistad y la convierte en algo que cree que necesito! ¡Mierda!
—Lo sé, Terry. Sé eso... pero necesito algo de tiempo para concentrarme en aprender a vivir dentro de mis posibilidades. No puedo... no estoy... estoy... —Mierda. ¿Sus ojos siempre han sido tan hermosos? Oh Dios mío, no puedo dejar de temblar. Y sudar. La ventana está abierta, pero se siente caluroso aquí.
Creo que podría desmayarme.
—¿Qué es, Candy? ¿Te duele? ¿Puedo conseguirte algo? —Su mano descansa sobre la mía, de repente la habitación deja de dar vueltas, todo lo que puedo ver son nuestras manos conectadas y todo lo que siento es paz. Paz de que, ahora mismo, en este momento, las cosas están bien, voy a mejorar y algún día tal vez tenga la felicidad por la que siempre me he esforzado. La felicidad que tenía, y me fue quitada bruscamente. Tal vez algún día, pero primero, necesito encontrarme otra vez.
—Lo siento Terry, pero no puedo hacer eso. —Tomando una respiración, aparto mi mano de la suya y miro por la ventana, tratando de reenfocarme.
Tengo que hacer esto. No puedo depender de él. Tiene demasiadas cosas como para que un adulto necesitado lo espere para hacer las cosas por él.
—Candy, yo... no puedes... esta es tu casa. —Su mano se acerca a mi mejilla, girando mi rostro suavemente hacia él. Sus ojos son tan hermosos, sus cejas oscuras... ese cabello. Dios, no es de extrañar que no tenga problemas en encontrar chicas para pasar la noche. Es hermoso y robusto y todo lo que una chica querría en un hombre.
Aunque no puedo sentirme como ellas. No está bien.
—No puedo, Terry. Tú, de todas las personas deberías entender eso. ¿Incluso has vuelto allí?—No puedo decir su nombre, no quiero hablar de eso, pero por lo que parece, tampoco ha estado en casa.
—No, pero no tienes que volver a su casa, Candy. Tengo un dormitorio libre... Tengo un baño extra. Sería como si ni siquiera estuviera allí. —Sus ojos están suplicando, pero no puedo. No puedo hacerle eso, no entiende porqué.
Porque tengo mucho miedo de que, después que todo esté dicho y hecho, termine enamorándome de un hombre que no debería. Del mejor amigo de mi novio muerto.
¿Qué tan jodido es eso?
— Lo siento —susurro, sintiendo las lágrimas amenazadoras. Odio que, desde el accidente, no puedo dejar de llorar, pero es lo que es. Sé que mudarme con él sería divertido y asombroso, pero primero tengo que encontrarme a mí misma—. Tal vez en unos meses pueda intentarlo, pero voy a necesitar mucho, Terry. Simplemente no puedo esperar que dejes todo por mí.
—Quiero, Candy. Quiero ayudarte de cualquier manera que pueda — resopla, se pone de pie y se pasa las manos por el rostro, con los rasgos tensos—. Joder —murmura.
—Lo siento, Terry. —Es todo lo que puedo decir. Sabe que no voy a volver con él. Sabe que mañana, cuando me den el alta, me iré a casi dos horas. Sabe que nunca volverá a ser lo mismo. Demonios, incluso si me quedara, nunca sería lo mismo. El único hombre que nos unió... el hombre del que fui y me enamoré... ya ni siquiera está vivo. Nada va a ser lo mismo.
Sacude la cabeza, luego se da vuelta y sale de la habitación, dejándome sola con mis pensamientos.
Me siento como una perra. Sé que ayudaría. Sé que no se quejaría del alquiler mientras me recupero. Pero también sé que no quiero sentirme como si dependiera de alguien así. Nunca lo he hecho, nunca lo haré. Tengo que hacerlo por mi cuenta, luego podemos hablar sobre mi regreso a la ciudad.
El tiempo pasa... ni siquiera estoy segura de cuánto tiempo, no puedo concentrarme en nada hoy, pero antes de darme cuenta es la hora de la cena y mi mamá está aquí. No estoy segura de cuando llegó aquí. Probablemente me quedé dormida un poco, pero honestamente no puedo mantenerme concentrada en nada ya que se fue así. Tengo esta terrible sensación de que nunca volveré a verlo. Siento que acabo de romper con él, pero ni siquiera estábamos juntos.
—Te traje ropa para mañana, cariño.—Ella deja la bolsa en la mesa frente a mi cama y suspira— ¿Has decidido lo que vas a hacer? —Mencionó algunas veces que vaya a casa con ellos. También mencionó el hecho de que Terry es una gran persona para tener cerca, pero sé que espera que pueda volver con ella. Es mi madre, después de todo.
—Voy a casa, mamá. Contigo y papá. —No puedo encontrar mi voz completamente, así que sale un susurro. Solo las palabras me dan ganas de llorar. Trabajé muy duro para quedarme aquí en Los Ángeles, pero ya no es posible. No hasta que pueda encontrar otro trabajo y aprender a vivir con mi nuevo estilo de vida.
—Oh, cariño —susurra mi mamá, luego se acerca y me envuelve en sus brazos. Siempre ha dado los mejores abrazos.
Y los más emotivos.
—Mamá, estaré bien. Estoy bien. Solo necesito que me ayudes a avanzar nuevamente —sollozo, odiando que me haya hecho llorar solo por un maldito abrazo.
—Lo sé, Candy. Todo está bien. Encontrarás un trabajo en la ciudad. Los padres de Tom todavía están tres puertas más abajo y él los visita mucho, así que tendrás cerca personas que conoces.—Ella me observa cuando se da cuenta de lo que realmente significa regresar con ellos—. Terry —susurra.
—Lo sé. Está bien. Tiene una vida. Tiene un trabajo y un trabajo extra y demasiadas cosas. Esto es lo mejor, mamá. —Tiene que serlo.
—Es un chico tan bueno, Candy. Eres su mundo... no ha dejado tu lado en todo este tiempo. Va a estar destrozado... —se detiene, observando sus dedos mientras juegan con la sábana en mi cama.
—No está tan lejos. Todavía nos veremos. —Tengo que mantenerme positiva acerca de todo o simplemente me voy a convertir en un desastre deprimido. Estoy dejando atrás todo lo que he conocido durante años para regresar a casa y vivir con mis padres. Hay muchas cosas deprimentes sobre mi vida en este momento, pero no puedo concentrarme en eso.
Estoy viva. Tengo que vivir para mí.
—Bueno —resopla mi madre—. Estoy deseando tenerte en casa, Candy. Ha pasado demasiado tiempo. —Me abraza de nuevo y luego comienza a preocuparse por mis sábanas y ropa, asegurándose de que todo esté bien. Es una hora entera de mi madre. Algo que no estoy acostumbrada a soportar. Algo que me perdí.
—¿Cómo está mi niña? —pregunta mi papá, caminando con una bolsa de comida para llevar en sus manos.
—Estupenda, papi. —Sonrío, extrañando su rostro sonriente—. ¿Traes la cena de mamá? Se negó a comer la comida del hospital cuando se la ofrecieron y sé que está hambrienta.
—Hambrienta es un eufemismo. —Se ríe—. Sé cómo puedo alegrarla. Y traje refuerzos. —Asiente hacia la puerta cuando se abre y Terry entra, haciendo que el latido de mi corazón se dispare de inmediato. ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo puede una persona entrando en una habitación hacer que mi estado de ánimo cambie y sentirse tan... diferente?
—Hola —le digo, sonriéndole. Me sonríe con los labios apretados y asiente.
—Señora White, si pudiera tener un par de minutos con Candy...— se calla, todavía de pie junto a la puerta. Mi padre se aclara la garganta, asiente a mi madre hacia la puerta y la seduce con la bolsa de comida que lleva. Ella nos sonríe a los dos antes de seguir a mi papá a la sala de espera.
Dejándonos solos.
—Te vas a casa —dice, caminando hacia mí. ¿Por qué tengo ganas de volver a llorar?
—Lo hago —le susurro, sintiéndome culpable por dejarlo aquí en Los Ángeles solo.
—Te llevaré. —Simple y llanamente. Ninguna petición, más bien una demanda.
—¿Hasta Santa Bárbara? Terry, mis padres no viven cerca. No es como si fuéramos a una ciudad vecina... sería un largo viaje para ti y estoy segura de que estás ocupado...
—Escucha —me interrumpe—, vas a dejar que te ayude, Candy. Soy plenamente consciente de dónde viven tus padres, y tu padre ya aceptó que me una a ustedes mañana. Deja de intentar alejar mi ayuda, porque no voy a ninguna parte. —Sus ojos azul zafiros se clavan en los míos, me siento culpable porque eso es exactamente lo que estaba tratando de hacer.
—Simplemente no quiero que te desvíes del camino por mí. —Me siento como una niña despreciada por la forma en que me está mirando.
—Quiero salir de mi camino por ti, Candy. Lo mereces. Trata con ello. — Y luego, sin ninguna advertencia, se inclina, presiona sus labios contra los míos tan suave y gentilmente que es como si temiera lastimarme. El toque de sus labios en los míos hace que mis sentidos cobren vida, provocando sentimientos que se supone que no debo tener por él. Queriendo sus labios en más de mí que solo mis labios. Queriendo sus manos vagando sobre mí. Quiero mucho más de lo que debería, pero amo todo lo que estoy obteniendo. Sus manos cubren mi rostro, el beso permanece en mis labios antes de que se aleje, los ojos aun cerrados y suspira.
—Mierda —resopla, retrocediendo—. Lo siento, Pecas. Yo solo, no...
—Está bien —le susurro, mis dedos van a mi boca, extrañando el toque de sus labios en los míos.
Tan malditamente suaves.
—No, no lo está. Ahora no es el momento para nada de eso, y la jodí, y lo siento mucho. —Sacude la cabeza y parece asustado, como si se fuera a escapar de aquí o algo así.
—Está bien, Terry. Todos estamos... confundidos... últimamente. Está bien. Por favor no te disculpes. Fue agradable. —Mis ojos se cruzan con los suyos, todo a nuestro alrededor parece detenerse. Está sufriendo tanto en este momento que no sabe cómo arreglarlo. Yo tampoco.
—Sí —murmura—. Confundidos. —Sacudiendo la cabeza, enciende el televisor y se sienta en la silla, acercándose a la cama lo suficiente para poder tomar el control remoto.
Aproximadamente una hora de película después, se acerca a la cama, quejándose de la incómoda silla. Media hora después, su brazo me rodea. Es tan cálido... tan lleno. Tan completo. Es un pilar de fuerza cuando siento que puedo desmoronarme.
Es todo lo que quiero, pero nada de lo que necesito.
—¿Cuándo planeas obtener el resto de tus cosas de Los Ángeles?—susurra, su mano jugando distraídamente con mi cabello. Suspiro, porque preferiría no tener que pensar en eso ahora, pero creo que nunca será más fácil pensar en eso. Nunca superaré la pérdida, nunca dejará de doler... solo tengo que aprender a vivir con ella.
—No estoy segura. Tal vez la próxima semana. Quizás este fin de semana. Tengo suficiente ropa para durar unos días antes que tenga que lavar la ropa, y no pienso ir a ningún lado pronto, no hasta que pueda moverme más fácilmente, por lo que no es necesario que tenga un gran guardarropa ahora mismo…
—Quiero ayudarte cuando lo hagas.
—Lo sé —suspiro—. Lo necesitaré.
Suavemente me besa en la cabeza, haciendo que una pequeña sonrisa llegue a mis labios, luego envuelve sus brazos alrededor de mí un poco más fuerte que antes mientras los dos miramos la televisión, ninguno de los dos presta atención a lo que se reproduce. Eso es lo último que recuerdo hasta que me despierto por la mañana en una cama vacía, con el sol brillando a través de las persianas abiertas.
CONTINUARA
