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Capítulo 22
Terry
Me siento como un idiota. No debería haber hecho eso antes, pero sentado aquí en la cama con ella, con sus suaves ronquidos en mi hombro, me doy cuenta que lo que hice no fue tan malo. No, no puedo tenerla, pero eso no significa que besarla estuviera mal. Ella es tan increíblemente hermosa, desde el accidente su luz se apagó. Necesito devolvérsela, tal vez, pensé que besarla se la devolvería.
Y lo hizo. Solo por un momento, pero lo hizo.
Esperando el su papeleo de alta, me dirijo abajo para llamar al bar.
—Ha pasado bastante tiempo, hombre. —Charlie se ríe entre dientes después de contarle de la noche anterior. Me siento como una maldita adolescente con todas estas emociones, pero no puedo evitarlo. Nunca he tenido nada tan complejo en mi mente, no sé qué hacer con ello. Normalmente, Charlie es bueno con esta mierda, pero hoy no puede dejar de reírse de mí—. Amigo, la has deseado desde siempre. No es como si Andrew regresara para perseguirte. He visto la forma en que te mira; no es que no haya tenido también esos pensamientos en su mente. —Se ríe de nuevo, haciéndome querer alcanzar el teléfono y ahogarlo el ruido.
Imbécil.
—Sí, de todos modos... esa mierda no está sucediendo. Me estoy tomando el día para llevarla a Santa Bárbara. Esta noche no estaré, pero abriré en la mañana por ti. Tómate un par de días de descanso, amigo, no tendré nada más que hacer que sentarme en ese solitario lugar —suspiro, sabiendo muy bien lo aburrida que será la vida sin ella aquí.
—¡¿Santa Bárbara?!
—Sí, amigo. A dos jodidas horas de distancia y no quiero hablar de eso.
—¿Quién carajos está allí para que no pueda quedarse aquí?
—Sus padres —gruño, sonriendo mientras estacionan el auto frente a la entrada para ella—. Tengo que irme, hombre.
—¡Oye, espera! —Me detengo en seco, dejándole que diga su última palabra—. ¿Planeas hacer esto, Terry? ¿Hablas en serio sobre todo esto?
—¿Sobre qué? —gruño, no me gusta el tono de su voz.
—Ayudarla. Estar ahí para ella. Dos horas es un largo viaje solo para salir con un amigo —se burla.
—No soy solo... ella no es... joder, lo estoy haciendo por ella, ¿de acuerdo? Es Candy, y la necesito tanto como ella necesita un amigo. Cállate y tómate unos días de descanso. Te llamaré por la mañana. — Golpeo finalizar más fuerte de lo que probablemente tenía que hacerlo, pero me molestó.
Estoy molesto por el comentario de Charlie y la insinuación de que no debería estar ayudando a Candy, pero en el momento en que los veo llevarla hacia las puertas, toda la ira se desvanece. Se ve tan pequeña y frágil. Siempre ha estado en forma, pero desde que tuvo el accidente y está en el hospital no ha comido bien.
Probablemente ha perdido cuatro kilos y medios solo por falta de nutrientes. Sé que está comiendo, pero está comiendo lo mínimo para mantener felices a las enfermeras. Solo espero que vivir aquí con sus padres y lejos de todo lo que ha sabido conocer y amar, la vuelva a curar.
Sé que podría hacerlo si me diera la oportunidad, pero estoy de acuerdo con esto porque está decidida a no depender de mí. Por alguna razón, parece pensar que no me gustaría que viviera conmigo. Está muy equivocada, nunca ha estado más equivocada, pero no puedo decirle eso. Solo necesita ver que no estoy planeando rendirme. Me necesita, lo sabe, simplemente es terca.
A mitad del camino, suspira y echa la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos. Cuando habla, suena como si estuviera en un mundo completamente diferente.
—¿Recuerdas aquella vez que los tres fuimos a la costa al atardecer? ¿Y la playa estaba cerrada al atardecer, y la patrulla nos persiguió y amenazó con llamar a nuestros padres? —Sonríe, con los ojos todavía cerrados probablemente recordando esa noche. Sonríe, su cabello descansa sobre su cabeza y las gafas que solo usa cuando sus lentes de contacto la molestan, descansando suavemente sobre su adorable nariz pecosa.
Jesús, siento que la estoy dejando ir hoy. Siento que esto es todo, pero jugaré su juego. Traer recuerdos de él... de nosotros tres... antes que la vida se llevara todo lo que conocíamos y amábamos... duele. Duele, apesta, pero está hablando. Quiero mantenerla hablando.
Tengo qué.
—Sí. —Me rio entre dientes, recordando la expresión de su rostro cuando amenazaron con llevarnos a la estación. Anthony y yo conocíamos a los muchachos, sabíamos que solo estaban jugando con nosotros, pero se dieron cuenta de inmediato y se aprovecharon de su horror. — Estabas tan asustada —digo riendo. Le doy un codazo cuando no se ríe, cuando su mano aprieta la mía, la miro y noto que no está sonriendo. En cambio, hay una lágrima corriendo por su mejilla, me maldigo a mí mismo. Tal vez esta mudanza sea buena para ella. Tal vez alejarse de los recuerdos por un tiempo la ayude a sobrellevar y aceptar mejor las cosas. Dios, no lo sé, pero verla herida por lo que una vez fue un recuerdo feliz es profundamente desbastador.
—Nunca volveremos a tener momentos así, Terry. —Respira hondo y se pasa la punta de los dedos por debajo de los ojos hinchados, secando las lágrimas derramadas—. Quiero superarlo... quiero dejar de llorar... pero luego pienso en momentos como ese y me siento tan triste. Triste porque nunca volveré a tener ese tipo de felicidad.
—No estás muer... —me callo, dándome cuenta de lo que voy a decir y noto que su mano se aprieta alrededor de la mía.
—Lo sé. No estoy muerta. Puedes decirlo, no es una mentira. Estoy viva, y tengo que aprender a lidiar con... con todo esto. —Hace un gesto hacia su pierna y apoya su mano en su rodilla, justo encima de donde tuvieron que cortar para sacarla del auto—. No puedo hacer eso en Los Ángeles, con todos los recuerdos que teníamos allí. No puedo hacer eso con las miradas atentas, la falsa simpatía de personas que apenas nos conocían. Lo siento. Tal vez algún día pueda regresar, pero ahora mismo necesito encontrarme y no puedo hacer eso allí.
Y eso es justo. No quiero que se vaya, pero no soy el imbécil egoísta que la mayoría de las chicas en el área me hacen ser. No quiero que esté triste, por ella no estoy luchando contra esta mudanza. Tendré que trabajar diez veces más duro para que acepte que no voy a ninguna parte.
—Lo sé, Pecas. Sin embargo, no creas que esta mudanza me mantendrá alejado. No te vas a deshacer de mí tan fácilmente.—Llevo sus manos a mis labios, algo que probablemente no debería hacer, pero la veo relajarse tan pronto como mis labios tocan su piel. Me sonrío a mí mismo, sabiendo que de alguna manera está completamente de acuerdo con esto.
Sea lo que esto sea.
Llegamos a la casa de sus padres a la hora del almuerzo, paso tiempo ayudando a que se instale en su habitación, sus padres me ofrecen que me quede a cenar antes de regresar. Pasamos el día holgazaneando en la casa, hablando de Candy cuando era niña y aprendiendo cosas sobre ella que nunca nos contó. Como el hecho de que se chupó el pulgar hasta que estaba en tercer grado o el hecho de que vomitó sobre su maestro de preescolar el primer día de clases. También me informaron que no importa lo que haya intentado decirnos en el pasado, sus años de escuela secundaria fueron todo menos inocentes. Ser atrapada en el techo del gimnasio la noche antes de la graduación, completamente borracha con el resto del equipo de fútbol, me hace preguntarme cuánto de esta vida dejó atrás para comenzar de nuevo en Los Ángeles y cuánto más nos ha ocultado. No me molesta, en realidad es agradable pasar tiempo con su familia. Demonios, hasta hace un año ni siquiera creía que tuviera familia. Lo que puedo recordar de cuando fueron a visitarla por primera vez, es que fueron amables y educados, pero parecía que no los quería allí.
Ahora lo veo, como que quería mantener sus dos vidas separadas, lo respeto completamente. No tiendo a hablar mucho sobre mi educación por múltiples razones.
Cuando el sol comienza a ponerse, los padres de Candy se han acomodado en la sala de estar y ella está sentada en la mesa de la cocina esperando que salga del baño. Cenamos, nos reímos y hablamos del pasado, pero ni una sola vez hemos hablado de lo que nos depara el futuro. Abriendo la puerta del baño, me detengo y la miro. Está mirando su pierna, moviendo su mano sobre su rodilla, sintiendo suavemente donde su pierna termina.
Trajo a casa una prótesis para usar hasta que llegue su prótesis personalizada, pero se niega a usarla a menos que tenga que hacerlo porque la herida aún está sanando y no le gusta el dolor que le causa. No habla mucho sobre eso, pero sé que está sufriendo por todo el cambio que tuvo que pasar recientemente.
Suspira pesadamente, con la mano apoyada en su rodilla, me aclaro la garganta antes de empezar a llorar por ella. Odio que no esté hablando de esto con nadie. Odio que esté conteniendo esta mierda. Odio que no pueda ayudarla más de lo que estoy intentando.
—Oye —digo, caminando hacia ella y apoyando mi mano en su hombro, necesitando tocarla de alguna manera—. Tengo que regresar. Charlie se está tomando un par de días libres y tengo que manejar el bar. —Veo la forma en que me mira, como si acabara de matar la esperanza que tenía de que estuviera aquí para ella, pero lo descarto rápidamente—. Te veré en tres días, Pecas. Creo que puedes vivir sin mí durante tanto tiempo.—Sonriendo, guiño un ojo y la ayudo a levantarse—. Vamos, acompáñame hasta el auto.
Suspira y toma sus muletas, siguiéndome lentamente hacia la puerta después que me despido de sus padres. Puede que sea grosero que la haga levantarse y moverse tanto, pero necesita seguir moviéndose. Necesita acostumbrarse a su nueva forma de vida si alguna vez va a estar lo suficientemente cómoda como para volver otra vez a Los Ángeles.
—Gracias por todo, Terry... —comienza tan pronto como la puerta se cierra detrás de ella y estamos solos en el porche, pero no la dejo terminar. Golpeo mis labios contra los suyos, rechazando la sensación de que es un beso de despedida, y sostengo su cadera con mi mano, tirando suavemente hacia atrás, apoyando mi frente sobre la suya mientras suspira.
—Dios, Terry —suspira de nuevo y sacude la cabeza, poniendo su mano sobre mi brazo. Ese toque me dice todo lo que necesito saber.
—Yo también lo siento, Pecas. Tampoco sé qué diablos hacer al respecto, aparte de estar contigo y ayudarte a volver a la normalidad de cualquier manera que pueda.
—Te diría que no es necesario y que estaré bien, pero sé que solo me gritarás por ello. —Sonríe y se encoge de hombros—. Así que supongo que voy a decir... gracias. Por todo. —Respira hondo y veo sus nervios atravesarla ella.
—No está mal, Pecas. Sea lo que sea esto.
—Lo sé. Yo solo... es muy pronto y no es correcto, Terry —susurra y luego mira hacia la puerta—. Probablemente debería entrar. —Sonríe y asiente suavemente hacia mí, tomo eso como una invitación para salir a la carretera. Después de un pequeño abrazo, me subo al auto y me voy, mirándola por el espejo retrovisor hasta que ya no la puedo ver. Hasta que estoy tan lejos que todo lo que veo son los arbustos frente a la casa de sus padres.
Alejándome de la única cosa que me hace más feliz. De vuelta a una vida de mujeres, música y alcohol. Entrar en mi edificio se siente surrealista. No he dormido aquí desde el accidente. Una vez vine a buscar ropa, pero fue lo más rápido humanamente posible, así que no pensé en el apartamento vacío debajo de mí.
Esta vez, sin embargo... esta vez no me apresuro. Me propongo detenerme en su piso. Mirar su puerta. Entonces, como soy un masoquista, tomo la llave extra que me dio cuando me mudé y abro la puerta.
Solo entra. No va a cambiar nada. Solo entra al maldito apartamento, maldito cobarde.
Sin embargo, no puedo. Con la puerta abierta, veo la oscuridad... veo la luz que brilla desde su habitación... pero no puedo entrar.
Maldita sea.
¿Por qué no puedo entrar?
No estoy seguro de cuánto tiempo estoy allí, pero cuando escucho el timbre de mi teléfono, me saca de mi trance. Suspiro, cerrando de golpe la puerta y cerrándola con llave, saco mi celular del bolsillo mientras subo las escaleras hacia mi casa, dos a la vez, incapaz de alejarme de su puerta lo suficientemente rápido.
Candy: ¿Llegaste seguro a casa?
Sonrío mientras respondo.
YO: En casa y encerrado de forma segura. Buenas noches, Pecas.
Apago mi teléfono antes de ver si envía una respuesta. No puedo pensar en ella ahora mismo. Estoy en casa. Tengo un montón de correo y correos electrónicos esperándome. Son las diez de la noche, todo lo que quiero hacer es dormir.
¿A quién estoy engañando? Todo lo que realmente quiero hacer es volver a encender el teléfono y ver si me respondió. Mejor todavía, ver si contestaría si llamara. Últimamente escuché tanto su voz que el ruido de mi máquina de hielo zumbando en mis oídos es deprimente. ¿Así es como vivo realmente? ¿Solo, en un edificio de apartamentos sin otros inquilinos, porque mi mejor amigo pensó que sería genial ser dueño de todo? Joder, ¿cuándo las cosas se pusieron tan turbias?
Necesito dormir. Necesito irme a dormir, levantarme por la mañana, ir al gimnasio y luego ir al bar.
Todo eso suena como un gran plan.
Pero aquí me acuesto. A las Tres de la mañana, bien despierto, porque no puedo dejar de preocuparme si está bien. No puedo dejar de preocuparme si el bar se está hundiendo. No quiero revisar mi correo electrónico, porque no quiero ver la gran cantidad de correos enojados de mis compañeros de banda. Prefiero dormir, pero ni siquiera puedo hacer eso.
Así que no lo hago.
Sacando mi lamentable trasero de la cama, estoy abajo y frente a la puerta de Anthony, en un abrir y cerrar de ojos. En serio, realmente no recuerdo cómo llegué aquí. Esta oscuro. Huele a él. Esa maldita luz en el dormitorio todavía está encendida.
Y sigo sin poder entrar.
—Vamos, hijo de puta. No seas un cobarde, solo entra —me susurro.
Mierda. ¿Por qué es tan difícil?
Un pie frente al otro, doy los primeros pasos hacia el apartamento de mi mejor amigo en el que no ha vivido desde esa trágica noche. Respirando, cierro mis ojos y aspiro el olor consolador que siempre parece descansar en el aire aquí. Mi casa esta solo un piso más arriba, pero nunca huele ni se siente tan reconfortante.
Esto... esto es mi hogar. Esto se siente más como en casa que mi apartamento. Aquí es donde nos quedábamos despiertos hasta altas horas de la noche, bebiendo y pasando el rato cuando ninguno de los dos sentía ganas de vivir el estilo de vida de Los Ángeles; cuando los dos queríamos solo no tener que ser modelos o músicos ocupados nunca más. Era la única persona con la que podía hacer eso, ahora se ha ido y no tengo nada. Nadie.
Necesito traer a Candy de vuelta aquí. Necesito mostrarle que está mejor aquí, conmigo y con el resto de nuestros amigos.
Respirando profundamente, empiezo a caminar por su apartamento, pasando mi mano distraídamente por las superficies, sintiendo que su vida se borra como el polvo se acumula en la superficie.
Realmente se ha ido.
Esa noche no vuelvo arriba. Esa noche, después de horas de estar sentado y mirando su apartamento, me duermo en el sofá una última vez.
CONTINUARA
