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Capítulo 31
Terry.
Es una locura saber que, en realidad hoy firmamos con un sello discográfico, pero lo hicimos, y ahora estoy aquí, sentado con mi novia (quien no mencionó la canción de anoche, ni el hecho de que la llamé mi novia hoy, pero que seguramente sucederá), brindando y riendo como si el drama de los últimos ocho meses nunca hubiera sucedido.
—Entonces, Terry —dice ella, colocando su vaso en la isla de la cocina y caminando hacia mí. Este jodido atuendo que lleva está cubriendo demasiada piel y, si pudiera, lo arrancaría y me deleitaría con ella aquí mismo en esta maldita cocina. Verla reír y sonreír así es aún más sexi de lo que pensé que sería. Claro, ha reído y sonreído mucho en los últimos meses, pero algo cambió en ella hoy, y parece que está más abierta a mí que antes.
Sé que solía hacerle pasar un mal rato, pero nunca supe por qué. Ahora creo que era porque amo su faceta luchadora. Me encanta esa parte de ella que no tiene miedo de comenzar una guerra… y veo que esa faceta regresa, lentamente, todos los días desde que regresó a Los Ángeles. Con suerte, conseguirá este trabajo y podrá encontrar esa chispa nuevamente.
—¿A dónde te fuiste? —Golpea mi sien y se ríe cuando aparto su mano.
—Detente. Estoy pensando. —Al verla inclinar su cabeza hacia mí y sonreír, pierdo todo el autocontrol mientras más me arruga la nariz.
—¿Duele? —susurra, reteniendo una sonrisa.
—¿Qué duele?
—Pensar. Levanto mis cejas hacia ella, amando sus bromas, tengo algunas diferentes maneras en que podría responder a ese golpe.
Por supuesto, soy un hombre… así que elijo la que termina conmigo encima de ella.
—Corre. —Una palabra, susurrada en voz baja, con una mirada amenazante en mi rostro es suficiente para que se mueva.
Se va tan rápido como puede hacia la habitación, pero estoy justo detrás de ella. Inmediatamente, se rinde y pide tregua, pero finjo no escuchar. Arrojándola sobre la cama, mis dedos encuentran sus costados y comienzan a hacerle cosquillas, hasta que grita que está a punto de orinar.
—¡Aaaaaalto! —Se ríe y trata de recuperar el aliento, pero, con mi peso encima, puede ser un poco difícil. Apoyándome en mis codos a cada lado de ella, se quita el cabello del rostro y se ríe.
—Imbécil. —Sonríe y saca el labio inferior en un puchero.
—Me dijeron cosas peores. —Sonrío y noto que sus ojos se dirigen a mis labios. Antes de que pueda pronunciar otra palabra, presiono mis labios contra los suyos con vacilación, porque esto es lo más cercano al sexo que tuvimos hasta ahora, y, estando así, encima de ella, en todo lo que puedo pensar es en lo increíble que se sentiría estar dentro de ella… finalmente.
No está retrocediendo, pero tampoco está acelerando el beso. Lo está disfrutando, deleitándose con él, y sus manos lentamente llegan al dobladillo de mi camisa. Ella tira hacia arriba y me sonríe.
—Candy… —Su dedo encuentra mis labios y detiene mis palabras. Sus ojos son brillantes y su rostro, por fin, se ve en paz y verdaderamente feliz. La Candy que conocí por primera vez está comenzando a regresar, y es tan luchadora.
—Shh. No hables, Terry. —La dejo sacar mi camisa, tratando todo el tiempo de no perder la compostura de que esto finalmente está sucediendo. Me llevó mucho tiempo llegar a esta etapa, pero no lo cambiaría por nada del mundo.
Es como si mis labios estuvieran conquistando los suyos mientras comienzan a bajar por su cuello. Sus brazos se envuelven alrededor de mis hombros, sus manos tocan mi cabello y luego gime. Jesucristo, ese gemido.
Sin palabras, lentamente la despojo de su blusa y sujetador, luego me siento. Desnuda solo de cintura para arriba, mi chica es una de las mujeres más sexi que he visto. Me está mirando en silencio, mientras agarro mi celular y tomo una foto de esto… no hay forma de que alguna vez olvide de esa mirada en su rostro. Si pudiera hacer de esto mi fondo de pantalla, lo haría.
—Grosero. —Se ríe, luego toma mi teléfono y lo arroja al suelo antes de que sus manos alcancen el botón de mis pantalones.
—No puedo prometer que voy a poder parar una vez que los quites, Candy… —advierto, pero no se detiene. Al contrario, acelera, y en cuestión de segundos, toda mi ropa se ha ido, así como así, y estoy luciendo una erección muy dura por esta hermosa mujer frente a mí.
Sé que el próximo paso será el más difícil para ella, pero necesita superarlo, para que podamos llegar a la mierda divertida. Su pierna no la define; es simplemente una extensión de su belleza.
Mis dedos van a la cintura de sus pantalones, mis ojos nunca dejan los suyos y, en el momento en que los desabrocho y empiezo a quitárselos, respira hondo y cierra los ojos. Apretando la mandíbula, la veo contener la respiración, así que me detengo, asustado de haber hecho algo mal.
—¿Candy? —susurro, acostado de lado, esperando que abra esos hermosos ojos verdes. Cuando lo hace, no son tan brillantes como antes, pero puedo decir que lo está intentando—. ¿Estás bien?—Mi mano va a su estómago instintivamente, trazando círculos perezosos. Parece que no puedo quitarle las manos de encima.
—Es… sí. Sí, estoy bien. —Sacude la cabeza y se ríe con nerviosismo, luego se gira hacia un lado y apoya su mano en mi rostro. Mirándome a los ojos, sonríe, luego se inclina y me besa suavemente—. Está todo bien —dice contra mi boca, luego su mano toma la mía y me lleva a sus jeans nuevamente mientras se recuesta sobre su espalda.
Sin apartar mi mirada de la suya, voy tan despacio como puedo porque, de verdad, no quiero que se asuste. Su cuerpo es tan hermoso y no puedo evitar besar cada maldito centímetro de su piel perfecta solo para hacerle saber eso.
Adoraría a esta mujer si pudiera.
—Levanta —susurro, luego deslizo sus pantalones sobre su trasero y besos alrededor de los bordes de sus bragas de encaje a juego. La escucho soltar un suspiro cuando coloco suaves besos en el ápice de su pierna, pero no se mueve. Hay un temblor en sus piernas cuando se deja caer en la cama.
Yo también lo siento, Candy. Lo hago, y estoy igual de nervioso.
Con mis ojos todavía clavados en los suyos, empujo sus pantalones un poco más abajo antes de besar los muslos hacia arriba y hacia abajo. Cuando sus jeans llegan hasta las rodillas, tengo que cerrar los ojos y deleitarme con su aroma por un momento. Jódeme. Las bragas de encaje que lleva puesta no están haciendo nada para mi autocontrol en este momento; eso, y el hecho de que puedo ver cuán excitada está por la humedad del encaje…
Jó. .
—Está bien, Terry… puedo… —Comienza a alejarse de mí.
—Detente. —Es la voz más dominante que pude conjurar, porque sé que, si fuera menos, no cedería. Con mi mano plana sobre su estómago, empujándola muy suavemente, la miro a los ojos y espero a que se recueste—. Bien. Quédate. Este es mi trabajo y solo mi trabajo.
—¿Cuál es tu trabajo? ¿Luchar para ver en qué me convertí? — Sus labios están planos, y sé que la estoy perdiendo, así que saco lo único que sé hacer; lo único que convertirá a mi obstinada Candy en masilla en mis manos.
—No, Candy. Recordarle a una mujer inteligente, fuerte y hermosa lo perfecta que es. Mostrarle que el hombre frente a ella la ama no solo por su actitud tan luchadora, sino también por su cuerpo asombrosamente sexi. Enseñarle a dicha mujer que una lesión no la define.
La palabra con A se desliza, y no estoy seguro de si no la captó
o si está demasiado excitada como para preocuparse, pero la mirada en sus ojos está excitada y está de nuevo a mi nivel. El nivel de querer follar hasta el cansancio.
—Bien, ahora que tenemos eso solucionado… —le digo, luego vuelvo mi atención a sus pantalones. Lentamente quitándolos de encima, todo lo que le queda son sus bragas.
—Tan. Condenadamente. Hermosa. —Esparzo besos arriba y abajo en su cuerpo, luego dejo que mis manos tengan mente propia, deslizándose bajo el encaje de sus bragas mientras mis labios se estrellan con los suyos. Gime, arqueándose contra mí, y mis dedos se deslizan dentro de ella fácilmente.
Está tan malditamente mojada.
Mis labios encuentran su camino hacia sus suaves pezones rosados, y ella gime, sus manos van hacia mi cabello. Tirando suavemente, encuentra mis ojos con sus hermosos iris verdes y sonríe, luego asiente suavemente. Una invitación silenciosa.
Está lista.
Quitando la barrera de encaje y arrojándola al piso, dejo la cama solo por un momento para agarrar un condón, y luego vuelvo a estar encima de ella. Solo ese breve segundo de estar lejos me hizo sentir ansioso de que cambiara de opinión. Gracias a Dios, no lo hizo. Está acostada aquí, esperándome; una hermosa diosa, dispuesta sobre sábanas gris oscuro, simplemente esperándome. Tan perfecta, tan humilde; quiero pasar el resto de mi vida mostrándole lo perfecta que es para mí.
Me posiciono y le sostengo la mirada, un asentimiento silencioso me dice que no retrocederá ante esto.
Gracias a Dios.
Deslizándome suavemente en ella, me doy cuenta de lo cerca que estoy de correrme después del primer toque, pero no puedo. No puedo terminar esto. Se siente demasiado perfecto. Los gemidos escapando de sus labios mientras bombeo dentro de ella, son el sonido más caliente que escuché salir de su boca. Sus ojos se clavan en los míos mientras sigo moviéndome.
—Más fuerte, Terry. Por favor. —Me sonríe. ¡Sonríe! Como si supiera que estoy muy cerca de correrme ahora mismo. ¡Más fuerte solo va a hacer que sea más difícil contenerme!
—Joder —gruño, llevando su pierna a mi hombro y besando su espinilla. Acelerando, me agacho y encuentro su clítoris con mi pulgar, sonriendo cuando comienza a reaccionar. Y, chico, hay que ver cómo reacciona. Todo su cuerpo se ilumina. Sus manos se extienden por encima de ella y se agarran a todo lo que puede alcanzar, sus tetas rebotan en perfecto ritmo para mis empujes, y su maldito coño comienza a apretarse a mi alrededor en cuestión de segundos después de acelerar el ritmo.
—Mierda, Terry. Oh, joder. —Se mueve conmigo, encontrando mis empujes a la mitad, permitiéndome profundizar más de lo que nunca antes había estado con nadie y se siente tan divino. Siento que comienza el orgasmo, todo mi cuerpo comienza a hormiguear, y su coño se tensa todavía más a medida que sus gemidos se hacen cada vez más fuertes. De repente, todo parece tensarse y luego explotar a mi alrededor. Veo estrellas cuando la liberación me atraviesa.
—¡Santo Dios! —Me inclino mientras nuestros orgasmos se apoderan de nosotros al mismo tiempo, y golpeo mis labios con los de ella, silenciando sus gritos.
Sudorosos, sin aliento, completa y absolutamente satisfechos… nos acostamos.
—Vaya —digo entre jadeos, apoyando mi frente sobre la de ella.
—Sí. Un gran vaya.
Me rio, y, aunque odio dejar su lado tan rápido, salgo y me deshago del condón rápidamente.
Lo último que cualquiera de nosotros necesita en este momento es un bebé no planificado.
No es que no me encantaría con todo mi corazón, pero hay muchas cosas sucediendo en nuestras vidas en este momento, para ambos.
Una vez que vuelvo a la cama, me doy cuenta que se quitó la prótesis mientras estaba en el baño. Debe haber notado que la veo en la silla al lado de su cama, porque se encoge de hombros y sonríe.
—Si te molesta, puedo volver a ponérmela.
—¿Cuánto tiempo te llevará darte cuenta de que no me importa eso? Honestamente, creo que es un poco patea trasero. ¿Cuántas personas pueden quitarse la pierna cuando se cansan de ella? — Sonriendo, la beso y la envuelvo en mis brazos—. Eres hermosa, Candy. Punto.
—Gracias —susurra, luego me acaricia el cuello. Es tan cálida y suave. No soy de acurrucarme, pero con ella, descubro que soy un tipo de hombre más tranquilo de lo que pensaba.
—¿Por qué me estas agradeciendo? —Perezosamente juego con su cabello, girándolo entre mis dedos. Suspira y se estira antes de levantarse sobre su codo y sonreírme.
—Eres realmente bueno para hacerme sentir que no estoy rota, Terry, y no creo que lo sepas.
—No estás rota, Candy. Eres perfecta.
Sin palabras, se acurruca de nuevo contra mí y suspira mientras su mano traza círculos sobre mi pecho desnudo. Luego, de la nada, a través del silencio, dice las palabras más dulces que escuché salir de su boca:
—Creo que me podría estar enamorando de ti, Terrence Graham.— Su voz es suave y, en cuestión de segundos, su respiración se calma y los suaves ronquidos que me dicen que está profundamente dormida llenan el silencio.
Ella podría estar enamorándose de mí.
A la mañana siguiente me despierto con una cama vacía y agua corriendo en el baño de Candy. Saliendo furtivamente del departamento, me dirijo a la panadería de la esquina para comprar bagels y café… y una rosa color roja.
Nunca fui un hombre cursi, pero, desde anoche, no puedo evitar la sensación de que todo mi mundo está a punto de cambiar. ¡La mujer de la que me enamoré en los últimos seis meses realmente siente lo mismo por mí!
—Oye, tú —me saluda Candy con una sonrisa mientras se sienta a la mesa leyendo algo en su tableta. Inclinándome para besarla, el olor a vainilla flota sobre ella, y me lleva un minuto dejar sus labios. Son demasiado suaves, y huele tan deliciosamente.
—Traje el desayuno. —Poniendo su café frente a ella, el gemido por su bebida matutina ya me tiene excitado, necesitando sentarme antes de que note cuánto puede excitarme con un pequeño ruido.
—Gracias. —Rasgando la bolsa como si no hubiera comido en días, se ríe cuando una porción de queso crema cae sobre la mesa, pero la recoge despiadadamente y la extiende sobre su bagel—. ¡Qué, la mesa está limpia!
—Eres adorable.
De repente, los fuertes golpes fuera del apartamento rompen el cómodo silencio en nuestra mesa.
—¿Qué demonios es eso? —Las cejas de Candy se fruncen, y agarra sus muletas para levantarse, pero la detengo.
—Yo atiendo esto —digo, asegurándome de que se quede en su lugar en caso de que algo esté mal por ahí. No la necesito en más peligro del que ya estuvo.
Al abrir la puerta, miro hacia la puerta exterior que conduce al vestíbulo… la puerta que normalmente dejamos cerrada, ya que solo vivimos Candy y yo aquí, y veo a la última persona en la faz de la tierra que quisiera ver de nuevo.
—¿Sushy?
—¡Tú! ¡Abre, imbécil! —Está golpeando la puerta con tanta fuerza que me sorprende que no esté llorando por una posible uña rota. Siempre fue dramática, pero este es un nuevo récord para ella.
Desbloqueo la puerta, la abro e inmediatamente me defiendo de los puños y las palabras que me escupe.
—Maldito. Mujeriego. Hijo de puta. —Está enojada, y es todo lo que puedo hacer para no reírme porque, incluso enojada, todavía lucha como una niña de cinco años—. ¡No puedo creer que me hayas hecho esto!
—Calma, calma. —Retrocedo hacia la puerta del apartamento y la mantengo a raya— ¿Hacerte qué, Sus? ¡No te he visto en meses! —
Me horroriza que incluso tenga las agallas para volver aquí después de la mierda que dijo sobre Candy después del accidente, pero aquí está en la entrada de mi casa, gritándome sobre algo de lo que ni siquiera estoy seguro.
—¡Esto! —Cuando sus manos van a su vientre, bajo la mirada e inmediatamente siento que me voy a desmayar.
La barriga… esa que típicamente es plana y tonificada por lo que recuerdo, está llena, redonda y estirada.
Y solo hay una explicación de por qué.
—No —susurro, retrocediendo al departamento y encontrando una pared en la que apoyarme—. No, eso no es posible.—Negando con la cabeza, mis manos van a mi cabello y la miro fijamente.
Esta basura de mujer con la que dormí demasiadas noches de borrachera porque estaba triste y solo, ¿ahora está embarazada?—. Esa cosa… eso… eso no es mío.
—Y una mierda que no, Terrence Graham. Eres el único hombre con el que dormía hace seis meses. Si esto no es tuyo, es un jodido milagro. —Está mascando su chicle, con los ojos entrecerrados, mira por encima de mi hombro a Candy Mierda. Candy. —Parece que tu hombre aquí va a ser papá… Al menos su mami no va a ser una lisiada.
El gruñido que escucho de Candy me hace querer sonreír, pero no puedo encontrar los músculos para moverme. Estoy en shock y siento que me voy a desmayar.
—¿Cómo no lo supiste hasta ahora, Sus…? —intento hablar de esto, pero no puedo. No puedo entender cómo está tan grande, ¡y ahora es que me cuenta sobre esto!
—Oh, por favor. Sabes que no le presto atención a esa mierda. Supuse que el vómito era solo por el alcohol y el aumento de peso también.
Siento que voy a vomitar. ¿Alcohol? ¡Mierda! Me paso las manos por el rostro y trato de pensar en algo que decir, pero no puedo.
No puedo.
—Vete. —La voz de Candy es baja y exigente desde su lugar en la mesa. Está mirando a Sushy, mirando más allá de mí.
Miro a Candy y de regreso a Sushy. La mirada engreída en su rostro me hace querer abofetearla, y nunca en toda mi vida quise golpear a una mujer.
—Necesitas irte, Sus. —Sale como un gruñido, pero eso es solo porque estoy tratando de no gritarle. Hay tantas cosas corriendo por mi cabeza, y no puedo procesar nada en este momento... Solo la necesito fuera.
—Los dejaré con la pequeña discusión que está por suceder. Terry, cariño, estaré en contacto. Cuando esto salga, no vas a escaparte de tus obligaciones. —Me guiña y gira sobre sus talones, se dirige hacia afuera y cierra las puertas detrás de ella.
Santa. Mierda.
CONTINUARA
