Hola nuevamente! Les he traído un nuevo capítulo de esta historia, espero que les guste.


CAPITULO 2

Estos días habían sido muy monótonos. Había pasado tres días desde que me encontrara con esa chica de quien ni conocía en nombre y seguía metida en mis pensamientos. Pero ¿de qué manera? Había estado deseando ir a la cocina, tomar un cuchillo y cortarme las venas como un depresivo con tendencia suicida, pero el sólo recordar su mirada tenebrosa me hacía retroceder.

Sé que me había prometido superar este dolor y dejarlo atrás, pero no es nada fácil ponerlo en hechos, sobre todo cuando tu familia te presiona a hacer cosas que detestas. Y yo detestaba demasiado la vida que llevaba.

Es un desastre tener que levantarte todos los días (sin excepción) a las cinco de la mañana, para salir a correr. Luego la sesión de defensa personal, uso de armas… detestable. No me agrada la vida de mi familia, pero tampoco puedo escapar de ella. Sé que mi hermana era quien se iba a encargar del "negocio" familiar para dejarme libre, pero al fallecer ya no fue posible. Es por ello, que pese a detestar todo esto, sigo levantándome cada día a cumplir con la rutina.

Mis padres dicen que hemos cambiado de domicilio porque están buscando a alguien, que dicen es de mi edad. No me han dicho nombre, ni edad; pero sé que es una chica y ellos mencionan que estudia en esta ciudad, así que mi "misión" es encontrarla; es por ello que me han traído aquí y me han matriculado en la escuela de los "chicos malos". Me da escalofríos solo pensarlo, pues soy demasiado malo para defenderme.

Sigo ensimismado en mi caminata diaria, que luego se convierte en una "persecución", y a que la idea es escapar del entrenador, ya que si me alcanza; me hará hacer muchos abdominales. Al menos en esto soy demasiado bueno. Al retornar a casa, nuevamente comienza la sesión de defensa personal. Me enseñan a bloquear golpes, responder; dejar indefenso al otro, pero no me interesa. Y ellos lo saben. Sé que últimamente estos desgraciados me están dando de golpes, pues mi padre ha ordenado que si no pongo ganas por aprender defensa, seré severamente golpeado y no podré cumplir absolutamente nada.

Lo raro es que siempre mencionan a esa persona, y sé que me guardan muchos secretos. Lo que me duele, es que estuve viviendo una bonita vida, sin saber nada de lo que hacían ellos o mi hermana. Ese día que retorné a casa después de haber escapado, mamá se me echó al cuello, y lloró sobre mi delgado cuerpo. Cuando papá llegó, me dio el bofetón más fuerte que haya sentido, luego me abrazó. Ambos decidieron hablar conmigo, y revelarme algo que me hizo sentir mal.

FLASH BACK

- Hijo hay algo que debes saber – Dijo mi madre, Izayoi – No puedes salir de esta manera, no sabemos si aquí tendremos aliados o enemigos, y pueden lastimarte – Terminó con la emoción en la garganta. La miré arrepentido, y las palabras de esa chica resonaron en mi mente: "No hay mal más grande, que el que se hace uno a sí mismo, y daña a los que ama con sus irresponsables pensamientos" y me quedé de piedra al darme cuenta que llevaba mucha razón. Nos quedamos callados, hasta que mi padre decidió hablar.

- Inuyasha; tú, al igual que nosotros, sabes perfectamente que no fuiste elegido para ser el sucesor. Lo fue tu hermana – Dijo con emoción contenida tras su mirada fría, luego continuó – Sabíamos que para mantenerte alejado, no debías seguir rigurosos entrenamientos como tu hermana; así que para nosotros la solución fue poner a alguien que cuidara de ti – Dijo esta vez impasible, y piezas de un pequeño, pero dificultoso rompecabezas se fueron armando en mi mente, pero antes de armarlo, papá siguió hablando – Kikyo era tu guardaespaldas – Soltó sin más. Ella fue contratada originalmente para serlo, por eso se hizo tu amiga en un comienzo – Dijo papá metido en sus recuerdos.

– Cuando le conté a tu padre que ustedes se habían hecho novios, a tu padre se le formó una cólera dentro, pues pensó que ella estaba aprovechando la cercanía contigo, pero ella vino y me dijo que te quería, y demasiado – expresó mi madre, continuando el relato de papá, pues había notado mis dedos crispados por la cólera y confusión. ¿Kikyo era un guardaespaldas? ¿Mi novia era mi guardaespaldas? ¿Quién era realmente? ¿Tendría mi misma edad? Todas esas preguntas estaban en mi mente, pero la respuesta llegó sola ¿Eso ya no importa, verdad? Sentí su mano tomar la mía con cariño y después decir – Ella realmente te amaba, cariño. Nosotros vinimos aquí y ella se quedó allá, después de decirnos que te querían asesinar. Se quedó para verificar si las cosas mejorarían, y después de terminarlo vendría aquí, y te diría la verdad. Pero nada se dio como quisimos – Expresó con melancolía.

- Inuyasha – Dijo con seriedad mi padre – Las personas que te querían muerto están en este lugar – Indicó él, y con ello logró obtener toda mi atención – son nuestros enemigos, hijo; y hemos venido aquí, a librarnos de las cadenas del pasado – Dijo con mucha convicción, luego continuó – Cuando vea que estés listo, te contaré lo que sucedió y porque tu madre y yo seguimos en este mundo, pues como verás no lo necesitamos – Terminada su plática, me fui a descansar.

FIN FLASH BACK

No es bonito saber esta clase de cosas, pero ellos no tienen razón alguna para mentirme. Suspiré. Una vez terminada mi práctica, noto como el instructor me mira con desapruebo, como siempre, pero no me interesa. El querer pelear, golpear no estaba en mi sangre, no me gusta. Sólo peleo cuando estoy en peligro, y si puedo evitarlo, lo hago. Me dirijo a mi habitación a preparar mis cosas, pues hoy comienzan las clases. Tomo una ducha rápida, me cambio y pierdo tiempo pensando.

Hay muchos secretos que rodean a mi familia, lo sé. Odio tener que ser distinto a los jóvenes libres, pero eso es lo que hay. A mi padre no le gusta que sea así, él quiere un espíritu luchador; pero yo sólo soy competitivo para ciertas cosas. Kikyo me enseñó a pelear, y he notado que papá no lo sabe. Una vez vuelvo a la realidad, bajo a desayunar. Sólo veo a mi madre sentada en ese gran comedor.

Mi casa podría considerarse una mansión, es linda, muy linda. Según los gustos de mi madre. Tiene enormes jardines delanteros, con una vista espectacular por las flores que están en ella. Una hermosa pileta con un delfín que le da un toque mágico; pero que a mí no me provoca nada, ya no. La casa en sí tenía un hermoso color y desde fuera se veía imponente, con unos detalles en madera fenomenales. Por dentro, era otra historia. Si bien por fuera era pura sofisticación, mi madre se había encargado que pro dentro se viera colorido y se vea "que es habitado" y no parezca una casa impersonal, o sea que sólo se está ahí de paso.

Tomé un desayuno en silencio, cosa que era muy común en mí y cosa que mi madre respetaba mucho. Una vez acabado, salí con mi entrenador y actual guardaespaldas rumbo al instituto. ¿Qué iba a hacer allí? Ya tengo 17 años y estoy a punto de acabarlo, pero mis padres no quieren que me quede en casa, ellos insisten en que asista; y madre dice que no puedo estar encerrado en casa, tengo que conocer mundo y enamorarme nuevamente. En ese momento renegué contra ella, pero no puedo reprocharle nada, ella se preocupa por mí. Sé que lo malo de mí es mi apariencia. Un cabello platino que me llega hasta la cintura, una espalda ancha, pero brazos delgados. Una estatura algo baja, ligeramente baja. Siempre busqué no llamar la atención, pues en el pasado los niños gustaban pegándome, ya que las chicas gustaban de mí; así que me volví "antisocial", y logré librarme de ese problema. Solo espero que en este lugar no pase así.

Cuando llegamos, noté algo inmediatamente. El lugar era enorme, y eso me gustó. Nos dirigimos a dirección para recoger mis horarios y el aula donde me correspondía, y mi entrenador iba en calidad de "tutor". En el camino noté varias cosas, los adolescentes de este lugar me miraban pro demás como si fuera carne.

- El precio de ser nuevo - Me susurró mi entrenador al oído – No temas y muéstrate como siempre, me dijo.

- no tengo miedo, anciano Mioga – Le dije altaneramente y me crucé de brazos. Sólo pude advertir su mirada burlona.

Cuando llegamos ahí, me dieron una especie de sermón sobre las reglas, la conducta, el uso de celulares, etc. Cosa que me aburrió. Después me dejaron salir. En ese momento me despedí de ese anciano, pero antes de ir a mi aula, éste me dijo algo, cosa que me desconcertó.

- Aquí tienes que cuidar incluso hasta tu sombra – Expresó seriamente – Cuídate, sobre todo de las mujeres – y se fue.

Traté de no prestarle atención, y me encaminé a mi aula. Si bien en un primer momento pensé que este lugar era enorme y bonito, en este momento me estaba entrando el sentido contrario. Parecía un infierno condenadamente grande. Cuando llegué al aula, las clases habían ya comenzado, así que fui lo más educado posible e ingresé al salón. Me agradó el hecho que sólo me presentara el profesor y no pidiera que lo hiciera yo mismo. Me mandó aun puesto que estaba casi al final del aula, y no pude estar más feliz. La pesadilla comenzó después. Cuando me dirigía a mi sitio, me tropecé contra algo y por poco caigo al suelo. Inmediatamente noté que alguien había intentado hacerme caer. Cuando busqué a la persona con la mirada más fiera que tuviera, este me miraba divertido.

- Lo siento, no ha sido a propósito, es sólo que tengo piernas muy largas – Exclamó serio. Iba a contestarle, pero noté que todos se habían quedado en silencio, incluso el profesor. Sin embargo no me contuve y le dije.

- Ten cuidado, y si tus piernas "largas" van hacia un costado ¿no será porque están chuecas? – Expresé irónicamente, cosa que hizo a todos reír. Seguí caminando y lo escuché decir.

- Ten cuidado con quién te metes, nuevo – Expresó de manera escalofriante, pero sólo sonreí con ironía "un enemigo, perfecto" pensé seriamente. Las próximas horas de clase pasaron lentas, y la hora de descanso me quedé en el aula, y fui rodeado de chicas. Todas preguntaban ¿Ese es el color natural de cabello? ¿Te lo decoloras? ¿Por qué tienes ese nombre tan raro? En un momento no pude más y salí de esta aula asfixiante. Cuando iba saliendo, choqué contra alguien, quien volteó inmediatamente. Me causó extrañeza ver su cara triste, pero solo le dije "permiso" para poder salir.

- Oye, nuevo – Lo escuché decir. No le hice caso, así que lo escuché llamarme por mi nombre – Inuyasha espérame – Dijo él. Lo esperé tranquilamente, y le pregunte con prepotencia.

- ¿Qué quieres? No te considero amigo para llamarme por mi nombre – Le espeté, pero noté que él sonrió feliz.

- Ven, quiero hablar contigo, nuevo amigo – Y me jaló del brazo. Yo estaba reventando en ira, pero no le dije nada. En un momento, noté que estábamos en un lugar apartado, y luego volteó hacia mí.

- Te diré algo rápido – Dijo ahora con mueca seria – Ten cuidado con quién te metes, y más Naraku – Indicó con más seriedad que antes.

Me sentí furioso, yo no era una chica que tenía que cuidarse de todos y o se me debí "avisar", yo solito me daba cuenta, esto me incomodaba tremendamente.

- No te metas donde no te importa, me meteré con quien se me dé la gana – Le dije serio y noté que él me miró con una mirada analítica. Fruncí el ceño.

- Naraku es el capitán del equipo de fútbol aquí, además del que tiene la peor fama de todos – Suspiró y agregó con aire cansino – Le encanta molestar a los nuevos, y ya te echó ojo como presa – concluyó.

Lo miré intensamente. Yo ¿presa?, nunca había escuchado algo semejante. Cuando estaba por irme, me abrazó del cuello y lo escuché decir esta vez con voz animada.

- ¿De verdad no quieres ser mi amigo? – Dijo a tono de broma – Puedo conseguirte a la mejor chica de aquí, tú solo dime de qué clase te gustan y la tendrás para ti. Recuerda, eres y las volverás locas – Exclamó confiado – Por cierto, soy Miroku, un gusto.

Me sentí abrumado. Este idiota había cambiado de carácter en segundos. Me costó librarme de su presencia y palabas libidinosas, y cuando me escabullí, nuevamente choqué contra alguien. El karma. Para mi suerte (o mala suerte) me encontré con ese, de quién ahora conocía el nombre, Naraku.

- ¡Miren a quién tenemos aquí! Si es el nuevo muchacho – Exclamó falsamente, y todo su séquito rió falsamente – ¿Cómo vas platinado? – y noté que observó detrás de mí, luego exclamó – así que haciendo amigos, no? – Y noté que acercó su cara a mi oreja y susurró – Pues tu vida aquí, será un infierno – Y se fue riendo junto a su grupo. Me quedé callado. Yo no quería problemas.

Cuando retornamos a aulas, un "lloroso" Miroku se me prendió al hombro, y noté que estando él cerca de mí, Naraku se mantenía alejado. Noté además, que este chico, le pedía a mi compañero de asiento cambiarse de sitio y así quedé junto a esta "lapa". Al concluir las clases, esperé al último, y Miroku se fue murmurando un "aburrido", cosa que me hizo reír un poco. Hasta yo mismo me sorprendí.

Cuando salí, quise investigar algo más de la escuela, para conocerla; así que fui caminando y perdiendo de vista a los demás. En un momento mi instinto me dijo que me fuera, pero no me importó. Me perdí en mis pensamientos. Este día había sido demasiado raro, sobre todo por el actuar del imbécil, las chicas y el libidinoso Miroku. Quizá sí podría aceptar su amistad, ya que noto que algunos se intimidan ante su presencia y eso me evitaría problemas. En medio de mi caminata, noto que me he alejado bastante, y decido tomar el camino de regreso. Al voltear, noto que Naraku y amigos estaban ahí. Ese idiota quería darme una "cálida bienvenida".

- Inuyasha, te estuve buscando, ku ku ku – ríe con falsedad.

- ¿Serás acaso acosador? – Exclamé petulante - ¿Por qué alguien como tú me buscaría? – Y supe que esas palabras serían mi maldición.

- El día de hoy has sido muy altanero, nuevo – Dijo esta vez con una mueca – Y me toca enseñarte que conmigo no se mete nadie – Terminó malévolamente.

Se acercó lentamente, y yo supe que tendría que buscar por dónde escapar. No era la mejor decisión, pero ellos eran varios, y se notaban experimentados en la materia de peleas. Cuando encontré una apertura, supe que me había equivocado. Uno de ellos me agarró del brazo. Si no puedes con el enemigo, hay que unírsele ¿No? Y comencé a repartir golpes. Estaba bastante bien, hasta que en un descuido, Naraku me asestó un golpe en el estómago. Desde allí vino el suplicio. Él y sus monstruosos compañeros, se encargaron de golpearme en el cuerpo, evitaron tocar mi cara.

Cuando sentía que iba a perder la consciencia, noté algo extraño. De un momento a otro ellos se alejaron de mí. Quise enfocar bien a la persona que me había defendido, pero sólo logré entender.

- ¿Así que dando la bienvenida al nuevo, no? – Pues yo les daré su lección, aquí saben quién manda – Escuché decir. No supe identificar si era mujer u hombre, sólo noté cómo de manera contundente iba derribando uno por uno, pero dejando de lado a Naraku. Traté lo más posible de estar consciente y noté cuando todos se fueron y esa persona se acercó a mí.

- "Kikyo" – Musité al ver a mi defensor. Después todo fue oscuridad.


¿Comentarios? Inuyasha ha sufrido un ataque y ha tenido alguien que lo ayude. ¿Será realmente la novia que creía fallecida?

¡Nos vemos a la próxima!