El pasillo en el que residía Voldemort estaba húmedo y cálido como una jaula de reptiles. En algún lugar subterráneo.

Las paredes que podía ver en la oscuridad eran de piedra sin ventanas. Lejos bajo tierra.

El aire estaba espeso y agrio. Duro. Pútrido con magia oscura.

Hermione comenzó a sudar frío y Malfoy la arrastró hacia adelante mientras luchaba por escapar. No fue una elección consciente. Cada célula de su cuerpo le gritaba que se fuera.

La mano de Malfoy sobre ella era como un vicio. No podía liberarse. Apenas pareció darse cuenta de que ella estaba retorciéndose en su agarre.

—Mi señor. —dijo con un tono respetuoso mientras se inclinaba—He traído a la sangre sucia, tal como pediste.

Sus palabras fueron puntuadas por la respiración entrecortada y aterrorizada de Hermione mientras trataba de sofocar su pánico. Un peso aplastante cayó de repente sobre su espalda y la obligó a postrarse sobre el húmedo suelo de piedra.

Apenas podía respirar bajo la presión y luchó por arrastrar un poco de oxígeno por su garganta mientras su mandíbula estaba aplastada contra el suelo duro. El sonido traqueteó en sus oídos.

—Oh, sí... —murmuró Voldemort en un susurro cariñoso— Stroud mencionó que aún no estaba gestando.

Hermione tenía los ojos llenos de pánico, los llevó hacia arriba para poder ver a Voldemlrt desde donde estaba inmovilizada en el suelo.

Estaba reclinado en un gran trono de piedra mirándola con indolencia.

Agitó una mano, tenía escamas sin brillo.

—Tráela adelante—ordenó Voldemort.

El peso que aplastaba a Hermione contra el suelo se liberó y dos asistentes la levantaron del suelo y la arrastraron por los escalones del estrado, obligándola a arrodillarse a los pies de Voldemort.

Voldemort no se sentó. Giró levemente la cabeza y se secó la comisura de la boca. Hermione apretó su ojo para cerrarlo pero él condujo a su mente.

Su mente dentro de la de ella se sentía como un hierro caliente. La estaba quemando. Estaba dañándola.

Ella estaba gritando y gritando hasta que sus pulmones y garganta fallaron y ella tembló de agonía.

No recordaba que le doliera tanto. O quizás

Voldemort se sentía vengativo debido a su falta de embarazo.

Fue como si le hubieran desollado la conciencia.

Ella no supo cuánto duró, pero sintió que debería haber muerto varias veces en el camino.

Voldemort intentó romper la magia que rodeaba sus recuerdos cerrados y cuando finalmente se rindió, procedió a destrozar todos sus recuerdos recientes.

Su llegada a mansion Malfoy, la primera vez que Malfoy la violó en su habitación. Y la segunda vez, y la tercera y la cuarta y la quinta y la sexta.

La hizo revivir las diez veces como si sintiera curiosidad por ver cómo lo hacía Malfoy.

Sus ataques de pánico. Sus conversaciones con Malfoy.

Sus limitadas interacciones con Astoria. Sus preguntas, sospechas y planes. Estudió minuciosamente los meses con excesiva crueldad y curiosidad.

Él arrasó con su mente hasta que quedó flácida. Sus músculos estaban demasiado desgastados para siquiera temblar. Finalmente se retiró y las manos que agarraban a Hermione le permitieron caer al suelo, con espasmos.

—Conocías a los sangre sucia en la escuela. — escuchó Hermione que Voldemort dijo después de un minuto.

—De hecho, mi señor... —dijo Malfoy con un leve tono de burla—Era una de las favoritas de Potter.

—Ella sueña con tu muerte bastante. Más que la mía. —dijo Voldemort divertido.

—Una señal de que tiene un sentido de lo que es posible. —Malfoy arrastró las palabras.

Voldemort le dio un golpe a Hermione con el dedo del pie. Su visión seguía vacilando y luego se desvanecía intermitentemente cuando intentaba concentrarse. No era oscuridad. Era como si sus ojos ya no supieran ver.

—Ella es inteligente. Confío en que la mantengas bien controlada, High Reeve.

—Por supuesto, señor. Sabes que tengo éxito en lo que sea que me pidas.

—De hecho—dijo Voldemort—Ha pasado mucho tiempo desde que me has causado alguna decepción.

—Te lo prometí, mi señor. Tú sabes que jamas te decepcionaría.

—Ella es peligrosa. —dijo Voldemort y Hermione sintió que la magia de repente la levantaba del suelo y colgaba suspendida mientras él la miraba, su rostro se contrajo con disgusto—Ella está esperando para encontrar una debilidad para explotarla.

—La han enjaulado cuidadosamente. Sabes que no te fallaré. —dijo Malfoy respetuosamente.

—La quiero embarazada. —dijo Voldemort con un fuerte siseo. Luego, como si fuera una ocurrencia tardía, agregó—Me preocupa que la línea Malfoy no tenga heredero.

—Por supuesto, mi señor, Astoria y yo hemos tenido cuidado de seguir todas las instrucciones de Stroud. — dijo Malfoy.

—Muy bien. —dijo Voldemort, hundiéndose más en su trono y frotando la comisura de su boca de nuevo—Regrésala a la mansión entonces.

Malfoy hizo una reverencia y luego agarró a Hermione por su brazo de donde estaba colgada. La magia que la sostenía se soltó y ella cayó contra él. Hizo una mueca de evidente disgusto y procedió a arrastrarla fuera del pasillo y lejos del empalagoso y opresivo nido de magia oscura.

Cuando estaban a la mitad de un pasillo, Malfoy la empujó contra una pared y la soltó. Se deslizó hasta la mitad y levantó las manos temblorosas para secarse las lágrimas que formaban costras en sus mejillas. Apenas podía ver a través del dolor cegador en su mente.

—Bebe esto. —le ordenó, deslizando un frasco de una poción común para aliviar el dolor en su mano—De lo contrario, te desmayarás cuando te aparezca y esto aumentará considerablemente tu tiempo de recuperación.

Ella se lo tragó, bastante segura de que él no la iba a envenenar.

—¿Te ha pasado eso alguna vez?—se encontró preguntando, cuando el dolor comenzó a aliviarse para poder hablar de nuevo y su rostro se enfocó lentamente.

Malfoy la miró por un momento, —Más de una vez. — dijo—Mi entrenamiento fue riguroso.

Ella asintió, —¿Eso fue después del quinto año?— Preguntó ella mirándolo.

El dolor pareció desvanecerse un poco cuando se centró en la pregunta, —Sí. —dijo en un tono entrecortado.

—¿Con tu tía?

—Hmm... —tarareó en confirmación, con los ojos entrecerrados.

Ambos se miraban fijamente el uno al otro. Se sintió como lo único que podía ver.

—No es lo único que aprendiste ese verano. — señaló.

Sus ojos se agrandaron gradualmente, —¿Necesitas una confesión para algo? ¿Debería contarte todo lo que he hecho?— preguntó con cautela. Se acercó más y se elevó por encima de ella.

Se obligó a no encogerse ni encogerse más de lo que ya estaba hundida. Ella lo miró a los ojos.

Una pregunta surgió de sus labios y sintió de alguna manera que era vital que la hiciera, —¿Eso quieres?—ella dijo.

La miró como si estuviera considerando algo. Luego sus ojos se volvieron pedernales y dio un paso atrás.

—¿Por qué querría hablar contigo de algo? Sangre sucia. —Dijo él con frialdad, agarrándola del brazo y arrastrándola por el pasillo hasta el punto de aparición.

El cerebro de Hermione todavía se sentía aplastado y dañado. Cuando Malfoy volvió a aparecer en su habitación, la sensación de opresión en su cabeza la hizo gritar y colapsar, vomitando tan pronto como reapareció.

Él se quedó rígido, mirándola y desterró el desorden del suelo mientras ella trataba de combatir las interminables oleadas de náuseas.

—Vete a la cama. Tienes dos días para recuperarte antes de que espere que vuelvas a caminar. — dijo antes de volverse para irse. Ella lo habría fulminado con la mirada si hubiera podido interrumpir el compulsivo y seco jadeo de su cuerpo.

Cuando su cuerpo finalmente se convenció de que no quedaba absolutamente nada en su estómago para expulsar, Hermione se metió en la cama y acunó su cabeza entre sus brazos.

No estaba segura de cuándo pasaron dos días. Dormía como muerta y no podía decir si habían pasado horas o días cuando finalmente se despertó sin migraña.

Mientras ella picaba el desayuno, Malfoy entró.

Ella lo miró hoscamente desde la cama.

—Saludo de las estaciones, sangre sucia. — dijo arrastrando las palabras, mirándola

Ella lo miró con leve sorpresa, —Como regalo de Navidad, he decidido terminar con el ritual semanal de tirar todos tus zapatos. Los nuevos deberían llegar mañana. Por favor, no lo interpretes como una muestra de cariño. —dijo y se rió entre dientes por un momento. Luego, su rostro se enfrió mientras se acercaba— Han pasado tres días y no has salido de tu habitación. Espero que no me vayas a molestar.

Hermione se sintió demasiado enferma para tener miedo de Malfoy.

—No tengo forma de saber qué fecha es. —dijo con voz plana—Quizás deberias darme un calendario, podría ser un regalo adicional.

Él la miró fijamente, —¿No se te ocurrió preguntarle a un elfo? —preguntó después de un momento.

Hermione lo miró fijamente y sintió lágrimas de humillación no deseadas en el rabillo de sus ojos. Su boca se torció mientras luchaba por no gruñir o llorar.

—No puedo hablar a menos que me hablen. — dijo con rigidez.

Malfoy se congeló y permaneció en silencio durante un tiempo sorprendentemente largo. Una expresión indescifrable cruzó su rostro antes de parpadear y reír en voz baja.

—Y pensé que era una cuestión de los derechos de los elfos. —dijo con una sonrisa. Sus ojos todavía parecían algo congelados— Enviaré un elfo más tarde y veré si puedes hablarle si el inicia la charla.

Giró sobre sus talones y salió sin decir una palabra más.

Cuando Hermione terminó de picar su comida, apareció un elfo para llevarse los platos.

—La maestra quiere saber si necesitas algo. —dijo, evitando su mirada.

—Un calendario que indique la fecha, si es posible. Y... un libro, sobre cualquier cosa.

El elfo doméstico parecía incómodo, —Puedo conseguirte un calendario. Pero la señora estaba diciendo que la sangre sucia no mancillaría ningún libro de Malfoy y los tiene hechizados para que te quemen a ti y a tu sangre sucia.

Hermione miró hacia otro lado mientras su pecho se apretaba, mordiéndose el labio para que no temblar. Por supuesto que Malfoy o Astoria harían algo rencoroso como restringirle específicamente la lectura.

—No importa entonces... — dijo en voz baja.

Hubo una pausa.

—Podría traerte "El Profeta" si asi lo quieres. —dijo el elfo.

—Eso me gustaria. —dijo Hermione sin mirar hacia arriba, sin ganas de sentirse esperanzada al respecto.

—¿La sangre sucia quiere algo más?

La boca de Hermione se torció. Casi le pidió al elfo que la llamara Hermione. Ella no había tenido nadie que la llamara Hermione desde... desde...

Fue difícil de recordar.

Pero no estaba segura de querer saber si el elfo tenía instrucciones específicas sobre llamarla sangre sucia.

Probablemente, si. Era más fácil no preguntar.

—Nada más. —dijo, mirando por la ventana.

El elfo se alejó.

En la pared había aparecido un calendario y una copia del duario, estaba en su cama esa tarde cuando regresó, temblando, de su paseo.

25 de Diciembre.

Verlo en la pared la dejó congelada durante varios minutos. La copia del diario corroboró la fecha. Tenía miedo de estirar la mano y tocarlo, medio esperando que la quemara. Un toque extra de despecho.

Vacilante, apoyó la yema de un dedo sobre él. No pasó nada.

Ella se sentó y lo leyó de adelante hacia atrás.

Saboreando palabras. Leyendo. La última vez que había leído el diario había sido tan apresurado.

Lo leyó lentamente una vez. Y luego otra vez. Y otra vez. Cada palabra.

Era sobre todo basura. Propaganda finamente velada. La noticia política era casi ininteligible en medio de todo el giro.

A Hermione nunca le había parecido interesante el quidditch, pero leyó con avidez los resúmenes del juego, ya que parecían ser lo único que se informaba con precisión. Las páginas de sociedad seguían y seguían sobre Astoria. Su nombre fue incluido en cada pieza de la sociedad.

Hermione leyó el periódico hacia adelante y hacia atrás. Ella buscó algún patrón. O códigos, solo por si acaso.

A la mañana siguiente encontró un par de botas en el armario entre sus zapatos.

El "presente" de Malfoy.

Ella había estado usando las suelas de sus endebles pantuflas cada pocos días y caminar en la nieve tenía los dedos de los pies casi congelados en varias ocasiones.

Las botas eran de piel de dragón. Cuando se los puso, se ajustaron perfectamente a su tamaño. Se dio cuenta de que tenían encantamientos entretejidos para mantener sus pies a la temperatura perfecta. Podía caminar cien millas en ellos y nunca tener una ampolla. Ella los miró confundida, fue un regalo excesivo.

Muy parecido a la capa que le había proporcionado.

Quizás Malfoy ni siquiera sabía cómo comprar zapatos normales. Simplemente asumió que se suponía que todas las botas vendrían en piel de dragón con control de temperatura y amuletos de amortiguación.

Se quedó mirando las botas durante varios minutos más.

Ella descartó la idea de que Draco se preocupaba por ella. Si Astoria tuviera un perro faldero, seguramente estaría equipado con un collar con joyas.

Ella era solo una mascota sustituta bien calzada y cubierta para que él la follara.

Probablemente estaba preocupado de que si ella se congelaba tendría que interactuar con ella de nuevo.

Y, dado que supuestamente tenía la intención de tener tres hijos antes de dejar la propiedad, se esperaba que viviera en la mansión Malfoy durante al menos cuatro años. Posiblemente cinco o seis.

Considerando lo espartana que parecía ser la mansión Malfoy. Malfoy aparentemente se adhirió a una estricta filosofía de "cómpralo una vez, cómpralo de por vida". El hecho de que hubiera tenido que comprarle veinte pares de zapatos en dos meses probablemente fue algo que encontró moralmente ofensivo.

Si las botas le hubieran sido entregadas antes, podría haberse sentido esperanzada de usarlas para escapar. Pero cuando se miró los pies, no sintió ni el más mínimo atisbo de optimismo.

Aunque sería bueno que no le dolieran los pies durante horas. Las cosas por las que se sentía agradecida eran realmente horribles.

El elfo doméstico volvió a aparecer para quitarle los platos y le preguntó si quería algo.

—¿Puedo quedarme con los periódicos después de haberlos leído?—Preguntó Hermione con cautela.

Aparentemente, la pregunta no era una que el elfo estuviera dispuesto a responder. Arrastró los pies y pareció estar considerando.

—Topsy cree que si. —dijo el elfo después de varios minutos— ¿Por qué los quiere la sangre sucia?

Hermione se encogió de hombros, —No hay nada que hacer. Sería bueno tener papel que pudiera usar. Supongo que me rechazarán si pido un ovillo de hilo o estambre.

El elfo asintió que la suposición de Hermione era correcta, —Topsy debe mantener limpia esta habitación. Pero la sangre sucia puede estar usando el papel hasta que llegue el siguiente. —dijo el elfo.

—Es justo. —dijo Hermione de acuerdo. No es que tuviera otra opción en el asunto.

Hermione leyó el periódico del día doce veces antes de dividirlo en cuadrados. Había pasado la noche anterior revisando una lista de cosas que pensaba que se le permitirían tener.

Había asumido que no podía tener agujas de tejer. Ser restringido del hilo había sido una suposición, aunque lo que a Malfoy le preocupaba de que ella se ahorcara sin que un retrato la atrapara parecía cuestionable. Quizás afuera. Tendría que mirar más detenidamente los árboles de la finca...

Ella hizo a un lado esos esquemas para guardarlos para una fecha posterior.

Ella no estaba pensando en el suicidio. No estaba pensando en la forma en que todavía le palpitaba la cabeza; como si Voldemort le hubiera hecho un daño permanente a su mente.

No pensaba en cómo dolían los sonidos. O cómo sus manos habían comenzado a tener espasmos debido al reloj nuevamente.

O que la forma en que Voldemort la había obligado a revivir la violación se había sentido aún más traumática que los momentos en que sucedió. No pensaba en cómo nunca iba a escapar.

No pensaba en nada más que en romper con cuidado El Profeta con tanta firmeza como le permitían sus dedos espásticos.

Eso fue todo.

Era lo único en lo que estaba pensando.

Cuando hubo hecho varios cuadrados perfectos, se dispuso a doblarlos. Comenzó con grullas de origami.

No podía recordar exactamente dónde había aprendido a hacerlos. La habilidad se sintió como una memoria muscular, creando los pliegues precisos en un orden específico que no recordaba haber memorizado.

¿Su padre? ¿Tal vez?

Alguien con dedos ágiles y precisos. En una mesa de la cocina guiándola por los escalones.

Si pliegas mil grullas en un año, obtendrás un desei. —dijo una voz masculina.

—No, tienes buena suerte y felicidad. —dijo una voz de mujer desde la habitación contigua.

—En realidad no. Un deseo asume que una persona sabe lo que es mejor para ellos. La buena suerte y la felicidad se dejan en manos del destino para llevarlo al lugar correcto. Preferiría tener buena suerte y felicidad que un solo deseo.

—Esta bien, confucius. Voy a deferir a su comprensión superior de lo místico.

—Ahora estás tratando de provocarme a propósito. El confucianismo y la mitología japonesa es una ofensa ante los dioses de la pedagogía. No dejaré que le llenes la cabeza a nuestra hija con tanta desinformación.

—Quizás lo estoy haciendo para estimular su pensamiento crítico... Bien, me disculpo sinceramente por lo horriblemente mal educada que estará ahora. Aceptaré toda la responsabilidad cuando eso haga que sea expulsada de la sociedad civil y forzada a vagar por la tierra como nómada. En el futuro, me aseguraré de hacer una referencia cruzada de todo lo que digo en la biblioteca primero.

—Si, gracias. Eso sería genial.

—El problema de casarse con alguien que nunca te aburre es que ni siquiera dejan a un hombre en paz para enseñarle a su hija su pasatiempo favorito. Aquí, te mostraré cómo hacer teselados en origami. Tu madre no sabe nada de eso. Acabo de leer un artículo de un astrofísico que propone utilizar la técnica para almacenar grandes membranas en satélites.

Hermione dobló grullas de origami hasta que sintió las yemas de los dedos en carne viva. Luego los colocó en el suelo para que estuvieran de pie, con las alas extendidas.

El periódico no era una fortaleza ideal para el origami, pero era algo que hacer. Hermione no había tenido nada que hacer en tanto tiempo. Era una lástima que la mitología japonesa no fuera realmente magia real. Doblaría cien mil grullas si eso le diera un poco de suerte.

Recogió las grullas y las aplastó todas.

Dejándolos en una pila ordenada para que los elfos lo limpien.

Se preguntó cómo habrían sido sus padres. Qué tipo de trabajos tenían.

Esperaba que su incapacidad para recordarlos significara que estaban a salvo en algún lugar. Que los había protegido antes de que comenzara la guerra.

Esperaba que no supieran qué había sido de ella.

Bueno. Esto es un mensaje que considero importante. Como ustedes saben, Manacled es una historia con muchísimos detalles, bien redactada y larga, tiene alrededor de 40 capitulos, más otros detalles. Es totalmente injusto que la roben o traduzcan sin autorización, ya que esta historia merece reconocimiento y también la autora.

No lean traducciones sin autorizar.

Y es totalmente injusto que se roben el trabajo de SenLinYu. Ella no merece eso.