KAGOME POV
Ese día estaba inmensamente molesta. Nada salía bien. Me había reunido con mis subordinados, ya que estos debían darme informes; sin embargo las noticias que me dieron habían sido las peores.
"Él" había regresado. El hechor de mis pesadillas en el pasado había vuelto y estaba metido de por medio en la ciudad. Nuevamente se vendrían problemas, estaba segura.
Muchas veces había esperado su regreso, para poder meterlo tras las rejas, al igual que anhelo hacer con mis padrastros. Sin embargo, él es aún más escurridizo que cualquier otra persona, y peor aún, está del lado de mis padrastros, cosa que detesto. ¿Cómo puede estar mi propio hermano de su lado, aún cuando ellos lo detestan? Sencillamente no entiendo. En el pasado, ha logrado romper mi manera de ser, destruyendo mi corazón que de alguna manera buscaba escapar, convirtiéndolo en minúsculos fragmentos de sentimientos dolidos, y nada para mí volvió a ser igual. Me "ayudó" a transformarme en lo que era el día de hoy. Evité rememorar aquello, pues el pensar, me haría golpear demasiado a estas personas.
- ¿Qué mierda les pasa? – Les dije colérica, luego añadí – Les dije que si llegaban a verlo, ¡no lo dejaran entrar en este lugar! – Cogí al líder del grupo de los cabellos, y lo bajé a mi altura, para decirle de manera completamente amenazante – Si algo malo llega a pasar estando él rondando este lugar, todo será culpa de ustedes, y tendrán que responder frente a mi padre ¿Es eso lo que quieren? – Les comenté y se hizo el silencio.
Lo suponía. Todos estos cobardes temían demasiado a mi padrastro, y si lo mencionaba, el terror se hacía y no les permitía ni hablar. Claro, cualquier terrible error él lo castigaba con la muerte. Cuando iba a añadir algo más, antes de darles una merecida paliza, escuché el sonido de una lata. De manera automática, desvié mi mirada hacia afuera del callejón. Frente a nosotros había una persona, y era Inuyasha. No había duda alguna.
Solté a la persona que tenía agarrada fuertemente, y me acerqué un poco hacia él. Cuando estuve lo suficientemente cerca, le pregunté.
- ¿Qué mierda haces en este lugar? – Noté algo en sus ojos. Miedo. Un puro y salvaje miedo que yo detestaba me dedicaran cuando no les hacía nada. Yo no era nigún monstruo, no le había hecho absolutamente nada, e incluso le había ayudado anteriormente, pero ya estaba acostumbrada a que me temieran – Lárgate – Le espeté furibunda y le di la espalda, dirigiéndome nuevamente hacia mis subordinados. Lo miraba de reojo, y noté que él parecía indeciso, hasta que se fue del lugar. Una vez cómoda, me desperecé suavemente y comencé a golpear a cada uno de ellos; después de escuchar esa simple frase "Él llegó hace unos días, burló la seguridad y está ocultándose". Habían sido unos ineptos en este sentido. Eran bastantes los custodios, sin embargo, él había logrado evadirlos. Los insulté lo más que pude, y los golpeé uno por uno. Ninguno me respondió, ya que la vez que habían querido golpearme al verme pequeña, se terminaron arrepintiendo.
Cuando terminé con ellos, y los vi tirados sin poder levantarse les di una orden:
- Han visto al joven que se asomó por aquí ¿verdad? – Y noté en sus miradas la confusión. Suspiré y tomé la pequeña varilla de metal que tenía cerca entre mis manos, y al manejarla de manera temeraria, y obtuve su total atención – Es mi objetivo de investigación, una vez que él se entere que hay alguien en quien tengo puesta mi atención, y ustedes saben que así será, pueden darse cuenta que querrá desaparecerlo – Les espeté. Noté la tensión en sus rostros morados, y el miedo que comenzaban a tener. Luego agregué – Deben protegerlo, y por nada del mundo mencionar quién es ante él. Ahora lárguense, no quiero ver sus caras golpeadas y acobardadas – Terminé de decirles, y se fueron. Una vez que los vi marcharse, pude relajarme.
Estaba dispuesta a marcharme, hasta que escuché un silbido. Sonreí suavemente.
- Se puede saber ¿Qué haces tú aquí? – Pregunté al aire, sin voltear a la dirección de dónde provenía el sonido. Sabía perfectamente quién era, y lo travieso que era; así que decidí no caer en su juego.
- Te has pasado esta vez, ¿tanto te frustró su cara de miedo? – Terminó espetándome sin ninguna clase de tapujos, pues me conocía perfectamente. Sonreí y me agaché, y comencé a dibujar una silueta en el suelo, con mi pequeña vara.
- Sabes perfectamente que odio a los cobardes – Le dije seria, pero sabía que él me entendería, sin necesidad de explicarle todo. Escuché el sonido de unos pies, y supuse que había saltado. Luego, sentí unos brazos rodeándome la espalda. Se hizo un silencio tranquilo, y era la única persona que podía tocarme sin recibir ni un solo golpe, era algo muy extraño.
- Debes enamorarte, Kagome – Espetó con voz calmada, me tensé mucho ante su comentario, pero me abrazó más fuerte y continuó – Te ayudará a olvidar ese pasado que tienes, así que enamórate de mí, anda – Y me dio un beso en la mejilla. Sonreí un poco por este travieso adolescente. Era un par de años menor que yo, pero me había ayudado a sobrellevar muchos de los sucesos pasados que había tenido en mi vida.
Por algo lo quería y detestaba a la vez. Era una persona muy inteligente, y por algo lo había hecho traer a mi casa, y había impuesto su presencia a mis padrastros. Había sido algo complicado, pero logré convencerlos al hacerlos notar lo inteligente que era. Ahora se movía libremente y estaba siempre cerca de mí. Sabía qué pensaba, qué sentía; y leía mis pensamientos como si él mismo los hubiera tenido. Era una lástima que no lo quisiera de la manera que él me quería a mí, pero era la única persona a la que permitía estar cerca, tal vez sea el único al que dejara estar a mi alrededor.
Decidí volver a casa, y lo tomé de la mano. Era extraño que hiciera algo así con él sin ninguna clase de tapujos ni miedos, pues era la única persona a la que élno había hecho daño hasta ahora. Volvimos a casa, y pensaba pasar de largo hasta mi habitación, si no fuera por un llamado desde el despacho de mi padrastro.
- Kagome – Expresó sin lugar a negaciones. Sé que él estaba esperando que le hablara acerca de Taisho, así que sólo le daría datos concretos, nada específico. Me dirigí tranquilamente hacia su oficina, y abrí la puerta calmadamente. Su mirada sobre mi persona, me hacía sentir escalofríos, cosa que detestaba. Yo no era una miedosa para con nadie, pero este hombre era de las pocas personas que me causaban algo de temor, sólo un poco – Dame todos sus datos, horarios de salida, y retorno a casa. Los caminos que toma, y si está acompañado – Me pareció demasiado extraño esto, así que antes de contestar sus preguntas, entendí qué pensaba hacer. La familia esa era enemiga a la mía, y probablemente quisiera hacerle daño. Inmediatamente creé un plan en mi cabeza, así que le expliqué detalladamente su itinerario, y cuando terminé, estuvo satisfecho.
Mis siguientes pasos fueron por demás cautelosos. Tenía que ir a la casa de Taisho, a avisarle a su madre de los planes de mi padrastro, y mandara a alguien a seguir a su hijo. Tenía que ser hoy mismo, si no quería que le sucediera nada malo. Aparte de ello, tenía que escapar de la vigilancia de mi padrastro, cosa que no era difícil. La vigilancia difícil de evadir, era la de él para que no sospechara absolutamente nada. Tendría difícil el escapar de su vigilancia, y poder ir a la casa del Taisho. No me quedaría de otra más que estar a su alrededor, y meterme en su casa cuando pudiera.
No sé qué de malo podría tener esa familia, aunque sé que por sólo pertenecer a la mafia decía bastante. Hice todas mis tareas de hoy, que eran cosas demasiado sencillas. Así que decidí salir a caminar a un parque cercano. Sabía que cuanto antes me cruzara con esa persona, más rápido se iría de la ciudad y causaría menos incidentes. Lo malo era el terror que le tenía. Fui al parque con calma, y vi algo que me dejó un poco inquieta. Allí estaba él, sentado en una banca, coqueteando tranquilamente con una chica. Me quedé de piedra, y la impresión me hizo huir.
La misma mirada, la misma sonrisa inocentemente falsa; sus ojos cubiertos de una locura oculta. Todo en él era igual. Definitivamente no podría encontrarme con él a las buenas. Supongo que sería como la última vez.
Escapé de manera rápida por una calle cercana, y me dirigí sin pensar a la dirección de la casa de mi trabajo actual. Sí, por casa de Inuyasha Taisho. Tal vez pudiera llamarlo por su nombre en mi mente, pero pensar en llamar a alguien por su nombre, me indicaba peligro; y eso era algo que no volvería a hacer jamás, ni aunque quisieran obligarme. El hecho de pensar tener cercanía hacia alguien me causaba miedo, pues él lo notaría inmediatamente y lo desaparecería. Según él yo no necesitaba ataduras a ningún lugar, si luego iba a tener que marcharme con él.
Estuve cerca de esa casa, y quise entrar; ya que tenía que conversar con la madre del chico. He notado perfectamente que esa mujer es demasiado inteligente, y sabe a ciencia cierta quién soy, pero tal vez; no me considera un enemigo, así que le devolvería el favor de la confianza. Logré ocultarme en la penumbra de la noche, sin nadie vigilándome en ningún lugar. Aparte de ello, busqué una manera de entrar, y cuando pensaba hacerlo, noté que alguien abría la puerta. Sonreí. Sin duda su vigilancia era excelente, tanto como la de mi casa.
Levemente me acerqué a la entrada, pues suponía que quien estaba allí era la madre de Taisho y no me equivocaba. Al acercarme suavemente la noté allí, con su porte elegante, sobrio. Pero con una mirada suave y amable que me hacía recordar cosas que prefería olvidar. Me acerqué con soberbia, como solía hacer con todas las personas, pero ella sólo sonreía; y eso me molestaba. Me molestaba demasiado. Sin palabras me invitó a ingresar a su casa, me dirigió hacia adentro. Con otras personas inmediatamente hubiera levantado mis murallas sin dudar, pero esta persona no me inspiraba ninguna clase de desconfianza, cosa rara.
Una vez dentro, me dirigió hacia su estudio, y la diferencia con el de mi casa era demasiado notoria. Aquí sí había vida, y quizá cariño. Pero no me pondría melancólica o triste por algo así. No era mi estilo. La señora se dirigió hacia la ventana, y comenzó a mirar hacia fuera, me sentí un poco perdida, hasta que comprendí. Ella estaba esperando que le dijera qué hacía aquí. Suspiré, y tomé asiento.
- Me alegra que hayas venido a visitarme – Se adelantó en expresar la señora, luego añadió con algo de severidad – sin embargo, para que hayas venido, imagino que no es nada bueno, ¿verdad? – Terminó esta vez, volteando nuevamente a mirarme. Suspiré. Le dirigí la mirada y comencé.
- No siquiera sé por qué he venido – Confesé tranquilamente, pero con un dejo de amenaza. Después de unos segundos de duelo de miradas, desvié la mía y agregué – No me interesan las razones por las cuales ha traído a su familia a este lugar. Sin embargo, mi familia no pasa a la suya; y sospecho que están planeando algo contra su hijo – Solté de tirón. Me quedé mirando hacia abajo, pues su mirada analíticamente cálida era demasiado extraña, y se acerca, me abraza y me deja sin aire. No supe qué hacer.
- ¿Te gusta mi hijo? – Preguntó la mujer directamente. Quise sonreír. ¿Nada peor se le podía ocurrir? Con esas palabras recuperé el sentido, me solté bruscamente y le dije – A mí su hijo no me interesa en lo más mínimo. Sólo intento no tener más culpas sobre muertes en mi conciencia, pudiendo evitarlas – Expresé fríamente. Me dirigí hacia la puerta y agregué sin mirar atrás – No le diga nada a su hijo de mi visita. No quiero que tenga ideas erróneas tal y como usted – Y me fui. Si hubiera sido como otras adolescentes, juro que me hubiera sonrojado a más no poder, pero yo había perdido esa capacidad hace años. La sensibilidad.
Inuyasha pov
Había tenido que estar tirado en cama unos días después de llegar de la escuela, ya que después de lo del viejo Mioga no quería ni recordar. Actualmente, habían dicho que vendría el viejo Toutosai y esa sería la peor cosa que podría pasarme. Ya que si bien Mioga amaba golpearme, el viejo Toutosai amaba "Cortarme", ya que él me enseñaba el uso de armas. No podía evitar el hecho de pensar que tendría días difíciles y me encantaría tener a Kikyo aquí. Sería hermoso, pero como muchas cosas, imposible de realizar.
Había intentado seguirle el ritmo a Mioga, pero no podía. Además, últimamente estaba acompañándome a la escuela. Y ME MOLESTABA DEMASIADO. Si estaban tomándose el trabajo de entrenarme, para qué tendrían que mandarme ¿"guardaespaldas"? Lo detestaba. A veces me sentía depresivo y extrañaba demasiado a Kikyo. Sé que por ella no me exigían demasiado entrenamiento físico, pues ella me defendería. Aparte de ello, no había nadie rondándome por eso mismo. Y ahora lo entendía. Pero por más que quisiera esforzarme, y muchas veces lograr lo que ellos deseaban, simplemente se me hacía difícil ya que sabía que no era lo mío. Y eso me molestaba de sobremanera.
Trataba de evitar ver en la escuela a la tal Kagome, pues había quedado en total vergüenza ante ella. Solía divisarla a lo lejos, calmando ánimos entre los alumnos y se me creaba un gran nudo en la garganta. No podía evitar pensar que me gustaría ser así de decidido, y sólo lo era para los estudios. ¿Qué hacía un nerd como yo tratando de ser un heredero de mafiosos? Simplemente la vida no me sonreía. Ya había logrado ocupar el primer lugar y ser admirado por las chicas que antes me miraban de menos, pero por el contrario los chicos me detestaban, pero nada es perfecto.
Naraku había estado rondándome, intentando provocarme; pero simplemente lo ignoraba. Al único que permitía estar cerca era a Miroku, ya que pese a sus ideas, era una persona muy inteligente; y actualmente lo consideraba un amigo. Sin embargo el día de hoy las cosas habían estado demasiado raras. En la mañana, Mioga dijo que no me recogería, y era bastante raro que me lo dijera él y no mi madre. Sin embargo, al fin veía algo de libertad. Me alisté con el uniforme de física. Cuando llegué a la escuela, todo estaba tranquilo, y el día pintaba bien. Para la hora de la salida, me dirigí a la biblioteca, pues tendría que pedir algo prestado para elaborar un trabajo. Cosa que hice. Estuve ahí unas horas, pero terminé aburriéndome y me dormí.
- ¡Mierda! – Expresé al levantarme de golpe. Me había dormido un par de horas más de la cuenta, y cuando revisé mi celular; tenía llamadas de mi madre. La suerte es que no eran muchas. Le devolví la llamada, y cuando contestó, parecía molesta – Madre, estoy yendo camino a casa. Me quedé dormido en la biblioteca. Nos vemos en casa – Y corté la llamada.
Salí volando del colegio, y fui corriendo a mi hogar. Pude sentir cosas raras, pero no presté atención. Comencé a prestar atención cuando noté que me seguían. Pero, ¿a mí? ¿Qué había hecho ahora? Me molesté y traté de irme, pues si me seguían obviamente eran varios y quizá tenían armas. Cuando llegué a una calle algo oscura y cerrada presentí lo malo. Sentí un empujón, tropecé y caí.
- ¡Miren nada más a quién tenemos aquí!, ku ku ku – Escuché una voz sarcástica – El día de hoy al fin te encontramos solito, Sin tu maldito guardaespaldas de siempre – Escuché que continuaba. Luego sentí que apoyaba su pie sobre mi hombro, y comenzaba a ejercer presión – Tampoco está la linda Kagome para defenderte. Al fin habrá diversión ¿No crees? – Terminó de decir el odioso Naraku.
Analicé la situación detalladamente. Tenían varas de metal, una actitud odiosa, y eran varios. Definitivamente, debía escapar. Cogí su pie, lo doblé y lo hice caer. Luego me reincorporé rápidamente, pero sin demasiada fuerza. Logré apoderarme de la vara que él tenía y comencé a luchar contra su manada. Al comienzo estuve bien, pero uno logró golpearme por la espalda y caí. A partir de allí vino la paliza. Venían golpes de todos lados, y sin poder evitarlos; caí nuevamente al suelo. Sentí que probablemente me había roto una costilla, pero intenté pro todos los medios proteger mi cabeza. De un momento a otro, sentí que habían parado y miraban a un punto totalmente asustados.
- Peleen conmigo – Escuché la voz de ella – No sean cobardes y luchen contra alguien con sus mismas condiciones – Terminó de decir. Noté su hostilidad, y cuando dirigió su mirada hacia mí, noté el gesto de desaprobación que pasaba por su cara. Seguramente pensaba que era un cobarde. Sentí la sangre hervir, y como sea (en un arranque de locura) traté de ponerme en pie. Craso error. Sentí un fuerte golpe en la espalda y un – No te entrometas, idiota – Espetó ella. Me acomodó en un costado, y se dirigió a unos pasos de ellos.
- Querida, no te ensucies la manos por alguien como él. No vale la pena – Le escuché decir a Naraku. Odié su modo de hablar, y sobre todo la risita irónica que ella soltó.
- ¿Me tienen miedo? – Comentó seria – Hoy me has hecho enfurecer, así que te daré el honor de pelear contra mí – Espetó ella, y todo se hizo un mutismo total.
Naraku se aproximó hacia ella, y ella no parecía moverse. Luego lo entendí. Ella leía el movimiento del otro, para atacar y devolver el golpe. Cuando ella lo mandó al suelo, él requirió de sus compañeros, y Kagome se apoderó de otra vara. Comenzó a desarmar a uno por uno, y dejarlos totalmente indefensos.
Después de un buen rato, uno de ellos logró asestarle un golpe en la cabeza. Ahí noté como comenzó a temblar al ver la sangre bullir. Comenzó a tocarse la cabeza, como si fuera una herida mortal, y después de unos segundos (Que parecieron horas), expresó – Te mataré – Siseó mortalmente. Naraku notó lo que pasaría, así que mandó a todos a marchar. Y se fueron corriendo. La miré y cuando ella volteó la mirada hacia mí. Estaba manchada de sangre, y mirando con una mirada totalmente fría, tal como la primera vez que nos encontramos. Sentí encogerme de miedo. Su mirada decía muchas cosas. Cuando la sentí aproximarse hacia mí, me tensé e instintivamente me hice hacia atrás.
- ¿Me temes? – Preguntó en un tono que no pude identificar. No pude contestar. No pareció importarle mi respuesta y se puso en camino – Andando, te acompañaré a casa – Expresó fríamente y no pude negarme. En el camino, ella sacó un pañuelo, que me pareció extraño. Lo vi demasiado envejecido, pero no pregunté nada. Luego la vi limpiarse la sangre con él.
- ¿Por qué no mandaron a nadie hoy por ti? – Expresó con seriedad. No supe qué contestar y ella suspiró – No sabes pelear correctamente, aquí hay gente queriendo matarte; y aún así hoy te mandan sin ninguna protección. ¿En qué piensa tu familia? – Terminó con desdén, pero sin voltear a verme en ningún instante, mientras caminaba por delante de mí.
Cuando estuvimos próximos a llegar a casa, no podía evitar pensar que tenía que agradecerle, pero mi orgullo jamás me permitiría agradecerle nada. Así que sólo pensé en algo - Entra y te invito algo – Ofrecí tranquilamente. En ese instante ella volteó hacia mí y negó seriamente.
– No es necesario, si te ayudé, es porque tengo mis propios motivos. Así que largo, métete en tu casa – Se dio la vuelta, comenzando a marcharse y metió las manos en los bolsillos de su buzo. Sentí la necesidad de decirle algo, y estaba desesperándome.
El agradecimiento no expresado me carcomería la cabeza, así que sólo se me ocurrió mencionarle algo antes de alejarse demasiado – No te tengo miedo – Y sentí que era lo correcto. Ella sólo levantó una mano en señal de haberme escuchado y despedirse. Después de verla desaparecer, me metí a casa, esperando el regaño que me caería por haberme demorado tanto, y llegar con golpes encima.
Holaaa! Lamento la demora. Espero que les guste este capítulo, y saludos a las personas que comentaron los anteriores.
Nos vemos a la próxima!
