Si cierro los ojos probablemente en mis sueños te vea, pero cuidado; que esto no debe ser...
Kagome POV
Este día estaba terriblemente seria y molesta. Había tenido un sueño demasiado extraño, y no gustaba de él en lo absoluto. En ese sueño me veía como una niña pequeña, siendo mimada y acariciada por adultos. Después veía a un niño, mirándome feliz, y yo sentía una gran alegría. No me interesa ya, pero imagino que los adultos eran mis padres. En todo esto, lo que detestaba era el hecho de ver muestras de cariño, actualmente las odiaba. No podía ver a alguien siendo amoroso o cariñoso, pues sé perfectamente que me lastimaría. Pues sí, mi exterior es una fachada ¿Y qué? Me costó varios años poder construir una fachada así de fuerte, y que no evidenciara ni una mínima muestra de fragilidad, y eso era algo difícil de lograr. La única ocasión que me enamoré, todo fue terrible, y las consecuencias desastrosas. "olvida". Esas palabras resuenan en mi mente cuando llega a mí estos recuerdos. Suspiré.
Recordé que hace un momento había recibido una llamada. Mis fuentes me habían informado, como cada día en el último tiempo, si el Taisho iba solo o acompañado a estudiar. Los días anteriores, pude ver que lo acompañaban, y al fin iba a dejar de hacer que lo sigan; hasta que llegó el día de hoy. Este día se le había ocurrido a su familia mandarlo solo, y no sé qué les pasaba por la mente para hacer tal cosa cuando yo ya le había advertido a su madre acerca de lo que podría pasarle. Al ver esto, me di cuenta que no podría ser de otra manera, yo misma tendría que ver por él. ¿Yo, ver por él?
Instantáneamente detuve el rumbo de mis pensamientos. ¿Yo? no, yo no tenía nada que ver en este asunto, y no tendría nada que ver en él, pues no tenía ninguna clase de relación con él.
¿Te gusta mi hijo?
Todavía tenía grabadas esas palabras en mi mente, y lejos de molestarme como me habían molestado en ese momento, les encontré algo de gracia, pues yo no podría gustar de ese chico de ninguna manera.
Me dirigí a mi ducha, y me comencé a bañar. Traté de despejar mi mente, pero esa frase me hacía querer reír. ¿Cómo podría gustarme ese debilucho? Con solo mirarlo, uno se daba cuenta. No era tan alto, pese que me llevaba unos centímetros. No tenia muchos músculos, y estaba más delgado que yo... En conclusión, era un flacucho que no servía para este mundo en el que estamos metidos hasta el fondo, pero no había elección. Me resultaba irónico que a esa mujer (su madre) le hiciera ilusión que me gustara él, pero a mí no me hacía ninguna clase de ilusión. Supongo que le ilusionaba que hubiera alguien para defenderlo.
Me alisté de la misma manera que siempre para ir a la escuela, y comencé a mandar a los subordinados a varias partes de la pequeña ciudad. Mi padrastro me había dejado hacer estas cosas, y era él quien controlaba el resto. A paso veloz me dirigí a la preparatoria, siendo seguida por el pequeño Shippo. Juro que si algún día me quedo sola, lo elegiría a él para casarse conmigo, pues no hay nadie en quien confíe más. Sonrío. Su presencia, pese a todo, es como un bálsamo para mi doliente corazón.
Casi nadie sabía exactamente nada de mi vida; y si la supieran, supongo que sentirían una gran lástima. El único que tenía casi claro todo era Shippo. No me creo una mártir del dolor, pero sé perfectamente que lo que he vivido, no se lo desearía a nadie jamás. Mientras estaba pensando, sentí un brazo delgado abrazarme y atraerme en su dirección. rodé los ojos.
- Kagome, ¿Otra vez recordando? - Me expresó Shippo con un pequeño toque inocente - Deja de hacerlo, sabes que sólo te dañas. Olvida eso y sé feliz - Dijo él, como casi siempre hacía. Sentí después su agarre más fuerte, y se acercó a mi oído a susurrarme algo que ya sabía de sobra - sabes que te quiero, ¿No quieres ser mi novia? - para luego soltarme e irse riendo suavemente.
Era extraña la clase de relación que llevaba con este adolescente.
En hora de clase no paraba de sentirme algo incómoda. Los profesores este día habían sido más molestosos de lo usual. Me hacían preguntas de las cuales sus respuestas ya conocía de sobra. Al llegar al primer receso, me sentí por fin en libertad. Aquí todos me ven como la chica seria y de mirada amenazante que pone orden en todos los niveles. Todos me tenían miedo, pues sabían que si los pescaba peleando o armando algún barullo, inmediatamente los mandaba con el director; y a los matones, yo los castigaba físicamente.
Era algo doloroso no tener muchos amigos, pero era lo mejor, pues así no habría personas especiales a las cuales quedar atada el día que me vaya. Pues sí, me iría de este lugar que sólo me hacía sentir presa de un mar de desesperación y dolor que ocultaba en el fondo de mi alma.
Me paseé calmadamente por toda la escuela, viendo en algunos lugares barullo, algunos chicos jugando. Otros queriéndose pasar de acaramelados; y yo como siempre, arruinándoles la diversión. Han habido varias personas en estos años queriendo golpearme, pero ninguno ha logrado hacerme algún rasguño físico, conmigo no sirven los golpes, pues soy bastante fuerte e inteligente a la hora de pelear.
Estuve divagando un poco, hasta que vi a mi "protegido", era raro pensar en cosas así. Lo vi hablando con Sagara Miroku, y pude darme cuenta de algo. Hasta ese idiota es capaz de hacerse amigos, y aparte de ello, Sagara podría ayudarme con su protección. Sonreí para mis adentros, pues dentro de poco no tendría que preocuparme de velar por su seguridad. Era raro que me preocupara por su seguridad, antes que la mía.
Me subí con calma a un árbol cercano, y sólo los miraba sin mirarlos. En lugar de estar observándolo,yo debería estar viendo la manera de alejar la pesadilla mía y por ello había colocado más seguridad, ya que no podía dejarlo acercarse. Mi venganza contra él tendría que esperar un poco; para poder ser más fuerte y vencerlo, pues era alguien muy poderoso en el bajo mundo y eso a mí me dejaba en malas condiciones.
De sólo pensarlo me daba miedo; pero no podía dejarme vencer, había estado buscando hacerme más fuerte para vengarme de todo lo que él me hizo, y que hasta el día de hoy no he logrado superar. Me concentré nuevamente en ese par de idiotas sentados en el pasto, y noté como Inuyasha le daba un coscorrón en la cabeza a Sagara.
"Inuyasha", sin duda esta persona estaba dándome dolores de cabeza, pero tenía que protegerlo a él y a su familia, pues de ellos dependía mi boleto de salida de este lugar.
Horas más tarde, me encontraba totalmente aburrida escuchando una aburrida clase de historia. No era mi materia favorita, pero podía responder muy bien si me hicieran alguna pregunta. Me perdí en mis pensamientos, mientras notaba que algunos varones me miraban. Era raro que hubiera gente así, pero qué se va a hacer. Sin querer me quedé dormida, y fui transportada a un lugar que no reconocía en ese instante.
Me hallaba parada frente a un conjunto habitacional de color claro, casi blanco; con puertas en tonos oscuros. Veía que las escaleras estaban en la parte de afuera; supongo que era para los cuartos que se encontraban en la parte delantera. Donde yo me encontraba, había una gran vereda de cemento, y algunas florecillas al medio. Sin pensar mucho, comencé a acercarme a las escaleras. Una sensación de desosiego comenzó a quemarme la garganta. No entendía la causa con exactitud, pero cuando llegué al tercer piso, mi mente parecía no querer avanzar más ¿Por qué? no lo entendía.
Mi cuerpo, sin poder evitarlo, comenzó a avanzar por el pasillo; hasta que llegué a una puerta. y comencé a sentir que ya no podía respirar. Dios, no podía estar en este lugar. Mi mano sola comenzó a temblar, y a acercarse a la puerta, y girar el pomo lentamente.
"Es un sueño" comenzó a gritar mi subconsciente.
Mi mano había parado por un segundo, y luego escuché el clic de la puerta al abrir.
"Aléjate y despierta" grité en mi mente, sabía perfectamente que no podía estar viviendo esto otra vez.
Cuando ingresé, la poca luz del exterior me mostró lo de que había dentro. En el lugar donde estaba parada, había sangre fresca.
"Despierta", "despierta" gritaba en mi mente totalmente desesperada.
Comencé a levantar los ojos, y vi un cuerpo, con una herida mortal en el pecho.
"Vete" grité esta vez más débil. Avancé lentamente, y caí de rodillas delante de la persona. Tenía la cara totalmente ensangrentada, el labio partido e hinchado. Su hermoso traje de vestir estaba hecho trizas, y la herida de su pecho, había hecho un gran charco de sangre en la sala, pero estaba vivo y con ese gesto amable que lo caracterizaba. En el segundo que me despabilé, me tiré sobre él y comencé a llorar. Podía escuchar de esa persona unas palabras que no capté bien. Sin embargo sentí algo que me causó un escalofrío.
Unos ojos oscuros y fríos cruzaron mi mente, y cuando levanté la mirada; me encontré con él.
Finalmente... desperté.
Me levanté de golpe, y pude apreciar que no había nadie en el aula. Era un beneficio para mí, pues no quería que nadie me viera con este gesto de terror que sé que tengo en este momento. Maldición. ¿Por qué justamente en estos momentos tenía que recordar eso? pues sabía la respuesta, aunque no me gustara en lo absoluto.
Todo se debía a que él estaba en la ciudad. Comencé a abrazarme inconscientemente y a refregar mis brazos, intentando calmar ese hormigueo incesante que tenía en ellos. No pude hacerlo. Cada vez que él volvía me pasaba esto. Mi hermano era mi pesadilla. No podía evitar temerle, después de lo que hizo aquella vez. Estaba loco, y mis padrastros lo sabían; precisamente por ello, no le hacían daño ya que era lo único que yo temía. Y si él desaparecía, yo podría largarme, pues no habría nada que me asustara nunca más.
Salí del aula, y estaba dispuesta a saltarme todas las horas necesarias hasta calmarme. Me fui a mi salón individual, y me encontré con la sorpresa de que Naraku estaba allí.
- Querida Kagome, sabía que vendrías aquí - Espetó con cinismo - ¿No quieres algo de sexo? - Me preguntó a bocajarro. Sonreí con autosufiiencia.
Una vez (Sólo una), estuve lo suficientemente furiosa, como para querer desquitarme de todos; y me vino la etapa de ser sexualmente activa. Me acosté con unos cuántos, entre ellos Naraku, y sé que desde ello ansía estar nuevamente conmigo.
- Naraku, Naraku - Dije con una mirada algo divertida, mientras me le acercaba con movimientos felinos, y me hallé frente a él. Lo detestaba, pues sé que se excitaba viéndome golpear a su grupo; y era algo que no vi antes. Cuando estuve a unos centímetros de su rostro, le susurré suavemente - puede ser - Y sentí que bajó sus defensas. En ese instante, le pegué semejante rodillazo en sus partes nobles. Comenzó a aullar de dolor y se tiró al suelo maldiciéndome. Volví a colocar mi mirada seria y le dije - Escúchame claramente, nunca volveremos a acostarnos; eso se acabó - Y salí tranquilamente y lo dejé tirado allí.
"Este día no podía ir para peor", pensé con cólera. Terminé yéndome a la parte trasera de la escuela, y me subía a uno de los árboles más grandes. Luego me acomodé, puse mis audífonos y dormí. No soñé nada esta vez. Después de unas horas, (que me parecieron minutos) me desperté.
"Mierda", grité en mi mente. No debía haber dormido tanto, ya que eran aproximadamente las 5 de la tarde. Así que con rapidez bajé del árbol y me dirigí hacia la entrada. Salí tranquilamente, y fui camino a casa de Inuyasha Taisho. No podía permitir que le pasara nada, hasta que mi plan estuviera completo; a partir de allí su seguridad ya no me interesaría. Caminé lentamente, hasta que escuché un sonido de metal.
¿Metal?, seguramente habría una pelea. Me sentí feliz, pues podría descargar la frustración que traigo encima. Me acerqué con cautela a la zona, y noté algo claramente. No era una pelea, era una paliza. Y número dos, era a Inuyasha Taisho que se protegía patéticamente. Renegué mentalmente. Eran aproximadamente seis personas incluido Naraku. ¿Tanto odiaban a este idiota?
Hice un ligero ruido que ellos no notaron. Luego hice uno más fuerte, que notaron inmediatamente. Allí voltearon a verme. Parecían totalmente asustados. Miré a uno por uno. y comencé a hablar.
- Peleen conmigo – Dije con una voz prepotente – No sean cobardes y luchen contra alguien con sus mismas condiciones – Terminé de decir. Fui muy hostil, y vi que el efecto había ido para Taisho. Quise rodar los ojos. Uno lo ayuda, y el idiota quiere seguir peleando. Siquiera tiene algo de huevos. Me molesté de sobremanera y le di un fuerte golpe en la espalda. - No te entrometas, idiota - Dije con seriedad. Lo agarré suavemente de los hombros y lo puse en un costado.
Después de hecho eso, volteé hacia ellos y escuché la voz de Naraku.
- Querida, no te ensucies la manos por alguien como él. No vale la pena – Le escuché decir a Naraku. Su ironía era un desastre. Hace unas horas me pedía sexo, y ahora hablaba de esta manera. Sin duda era alguien desagradable, pero tenía que darle una lección. Miré a todos como un animal buscando su presa, pues sabía que eso les causaría terror, y luego comenté:
- ¿Me tienen miedo? – Y todos callaron. Luego miré en dirección a Naraku y le espeté – Hoy me has hecho enfurecer, así que te daré el honor de pelear contra mí.
Naraku se acercó y no me moví ni un milímetro. Sé que él no quería pelear contra mí y era algo obvio. Yo le había enseñado a pelear. Leí sus movimientos, y cuando quiso golpearme; con destreza lo mandé al suelo. Después de ello, llamó a sus compañeros, y yo me apoderé de una vara. Comencé a golpear uno por uno, y los iba dejando indefensos.
Por un instante, desvié mi mirada hacia Taisho, para ver como estaba. Eso me costó caro. Uno de estos idiotas logró golpearme la cabeza. Con una de mis manos, toqué la sangre que allí había, que no era poca.
Comencé a temblar. Yo no le temía a los hilillos de sangre, pues sabía cómo controlarlos; pero esta cantidad no podía. Una furia inmensa me recorrió el cuerpo, pues un recuerdo flash pasó por mi mente. Después de un rato, cuando pude salir de mi estado aletargado.
- Te mataré - Le dije a Naraku, y no sólo parecía haberlo dicho mi boca, sino que también todo mi cuerpo. El cobarde pareció darse cuenta, e hizo huir a todos. Volteé hacia Taisho instintivamente, pues mi cabeza me dolía a horrores. Me acerqué a él suavemente y estaba planeando curar sus heridas; hasta que reparé en su mirada.
En sus ojos no podía evitar ver el más absoluto terror. Cuando acerqué mi mano para ayudarle a pararse, él se hizo instintivamente hacia atrás. Con cólera le solté "¿Me temes?" no debería ni preguntarlo, pero lo hice, para mortificarme a mí misma.
No respondió. Lo miré unos segundos y le dije: "Andando, te acompañaré a casa" con una seriedad propia de mi persona. Pasé uno de sus brazos por encima de mis hombros, y coloqué mi mano en su cintura, haciendo que se paoyara en mí para caminar. En un momento, saqué mi pañuelo y comencé a limpiarme con la mano derecha. Pude notar que prácticamente había oscurecido.
- ¿Por qué no mandaron a nadie hoy por ti? – Expresé la pregunta sin poder contenerme. Esperé su respuesta, (que no llegó) y luego suspiré – No sabes pelear correctamente, aquí hay gente queriendo matarte; y aún así hoy te mandan sin ninguna protección. ¿En qué piensa tu familia? – Terminé de expresar con desdén, sin voltear a verlo y tratar de adelantarme y no vea mi rostro.
Pude notar el pesado silencio que se cernía sobre ambos, y sabía que él no estaba totalmente consciente. Cuando llegamos a su casa - mansión lo solté suavemente y lo dejé parado frente a su puerta. Cuando ya iba a marcharme, me soltó "Entra y te invito algo" con mucha tranquilidad.
Si yo fuera otra clase de persona hubiera aceptado. Si no fuera quien soy me hubiera aprovechado y entrado a buscar información a su casa, pero no debía. No cuando "él" estaba tan cerca.
– No es necesario, si te ayudé, es porque tengo mis propios motivos. Así que largo, métete en tu casa – Le dije totalmente fría. Metí las manos en mis bolsillos, y emprendí mi camino de ida. Pude notar que no se había movido.
– No te tengo miedo – Escuché a lo lejos. Sonreí un poco, cosa que nadie vería. ¿No me tenía miedo? Eso ya lo veríamos después. Alcé mi mano en señal de que lo había escuchado, pues suponía que se carcomería la cabeza si no le daba alguna respuesta.
Me fui por el parque, y vi que había algo de agua en el estanque. Suspiré. Debía limpiar mi herida allí; pues si notaban esta herida en casa vendrían las preguntas; y eso debía evitarlo. Me acerqué con calma, me senté al borde y comencé a mojar mi pañuelo. Cuando comencé a limpiarme, sentí que el dolor no me dejaba en paz.
- arg, maldito imbécil - Solté sin cuidado - por tu culpa estoy en un estanque, limpiando una herida por defenderte - farfullé con ira.
- Así es, no debiste defenderlo. Mira cómo estás, tu bello rostro cubierto de sangre - Me quedé paralizada por el miedo. No podía ser. Sentí que su mano había tomado la mano mía que estaba con el pañuelo, me lo quitó y se puso serio; mirándolo - ¿Todavía lo tienes?, debiste tirarlo hace demasiado tiempo - Comenzó a limpiarme y me miró con una dulzura totalmente falsa. Era él, Bankotsu Higurashi, mi hermano.
