NA: Este es mi primer fanfic de Genshin Impact, aún soy un poco nueva en este universo por lo que me tomé cierta libertad respecto al Festival/rito de la Linterna. Estoy abierta a sugerencias o críticas.
Cómo no sé como agregar en la descripción lo de la pareja (todavía soy novata y tengo 4 años aquí jajaja), advierto que este Fic no es Xiangling x Chongyun, sino de otra pareja que se ha vuelto mi otp. Leer bajo su precaución.
Xiangling había esperado por ese día durante mucho tiempo.
Con la puesta de sol, su hora laboral daría fin en unos pocos minutos, por lo que no podía evitar sentirse ansiosa, atendiendo a los pocos clientes que quedaban con una sincera sonrisa decorando su rostro resplandeciente por la alegría.
El Festival de la Linterna iniciaría en breve y la chica sabía que no había ninguna festividad más hermosa que esa, ni oportunidad tan ideal para crear nuevos recuerdos.
Cualquiera que la viera ahora, tan radiante y apasionada en su cocina como de costumbre, sería incapaz de imaginar a una Xiangling más excitada por la emoción, sin estar equivocados. Ese día los suspiros no se hacían esperar, acompañados de su impaciencia que la consumía lentamente, no sólo por la emoción del festival que estaba a punto de iniciar, sino por la fortuna de reunirse con sus amigos luego de tanto tiempo sin verse.
En medio de sus pensamientos y el calor sofocante por los alimentos que cocinaba, su imaginación tan creativa le pintaba todos los escenarios perfectos posibles para esa noche. La idea de pasar el festival con sus mejores amigos, riendo y compartiendo historias luego de varias semanas sin verse, era demasiado llamativa.
Suspiró, limpiando su frente del sudor por el constante calor frente al fuego.
Hoy también sería el día en el que, después de tantos meses de espera, podría confesar sus sentimientos al chico que no dejaba de pasearse por su mente como si ésta fuera su casa.
A Xiangling se le colorearon las mejillas ligeramente mientras continuaba con los preparativos dentro del restaurante al pensar en el chico, tarareando una canción animada. Los aromas que se impregnaban en todo el espacio la tenían embelesada y los últimos platillos que preparaba, con su toque personal, la hacía sonreír con satisfacción por el resultado. Se imaginaba a sí misma sirviendo una de sus nuevas recetas improvisadas a su apreciado amigo, como solían hacerlo cuando eran más jóvenes.
De vez en cuando, se asomaba por la ventana, como un cachorro ansioso por la llegada de sus amos, volviendo su atención al platillo que estaba por terminar, decepcionada al no ver los cabellos azul claro y marino de sus amigos entre el gentío que caminaba entusiasmado por la calle; algunos en pareja, otras en familia y un par en solitario.
Manteniendo su actitud positiva, salió del interior de su restaurante para entregar la orden a sus últimos clientes, orgullosa al escuchar las felicitaciones de una pareja de ancianos que yacía sentados tranquilos, charlando nostálgicos sobre el festival de las linternas en su juventud, degustando del estofado de perca de lomo negro que les había cocinado con dedicación; la especialidad del restaurante.
Si algo le animaba más que preparar sus propios platillos con sus ingredientes especiales (juraba no haber usado condensación de slime esta vez), era ver a los demás disfrutar de sus creaciones.
Fue en medio de ese adorable escenario que distinguió a la lejanía una figura conocida caminando con tranquilidad hacia el restaurante: un chico de cabellos azul mar se desplazaba sonriendo por la calle, avanzando con suavidad.
A Xiangling se le iluminaron los ojos al ver a su amigo, vestido tan elegante como se esperaría del hijo de tan respetada familia en Liyue en esas túnicas azul oscuro con detalles dorados.
—¡Xingqiu! —Llamó, agitando el brazo con alegría para llamar su atención, olvidándose por completo de la pareja que estaban por pagarle. El otro devolvió el saludo a la chica, dirigiéndose hacia ella.
—¡Ya me voy, papá! —dijo la chica con una sonrisa a su padre, que aún estaba en la cocina.
Desató el delantal que usó para evitar ensuciar el conjunto que había elegido para esa noche, alisando su ropa y verificando que todo estuviera en orden.
—¡Volveré luego! Pórtate bien, Gouba —añadió al ver a su peludo amigo oso emocionado, a punto de acompañarla.
—Cuídate, Xiangling. Diviértete —El hombre de cabellos oscuros y facciones endurecidas le dedicó una mirada comprensiva acompañada de una sonrisa amable.
«El restaurante cerrará pronto, no te preocupes ahora por dejarlo solo» se dijo así misma mentalmente, despidiéndose, saliendo al exterior.
El pequeño oso panda sólo observó a su amiga irse con interés, comiendo un bollo lentamente, inclinando la cabeza por la curiosidad.
La joven muchacha caminó para reunirse con su mejor amigo, dándole un abrazo por el sentimiento de dicha por verlo luego de tanto sin encontrarse. Xingqiu, quien era varios centímetros más alto que ella, le acarició juguetonamente sus cabellos trenzados y Xiangling, mientras seguía en el abrazo, pudo sentir los largos cabellos oscuros del chico en su espalda.
Desde que el chico dejó crecer su cabello, debía admitir que su apariencia era aún más delicada, fresca y elegante; le daba aires de serenidad y estatus, propio del segundo hijo del Gremio de Comercio de Feiyun.
—Me alegra verte de nuevo, mi querida amiga — dijo Xingqiu luego de soltar el abrazo de la chica, regalándole una pequeña sonrisa. —Ha pasado tanto tiempo…
—¡Sííí! —añadió entusiasmada la chica, notando la tristeza en las últimas palabras de Xingqiu. Ella era consiente de todas las responsabilidades que recaían en su amigo y por ello, no quería verlo entristecer ese día.— ¡Pero estamos aquí ahora! —añadió para animarlo— ¿Chongyun no viene contigo?
—Seguro debe estar perdido entre la multitud —bromeó Xingqiu restándole importancia, jugando con un abanico con grabados dorados que sujetaba con firmeza— ¿Vamos a buscarlo? —sugirió, desviando su atención para vigilar la multitud que se habría paso en las calles de la ciudad.
Xiangling asintió en afirmación, despidiéndose por última vez de su padre y Gouba, agitando la mano, prometiendo una vez más no regresar muy tarde, antes de alejarse a pasos apresurados para alcanzar a su amigo, que había tomado algo de delantera, esperándola a un par de metros.
El sol ya se había ocultado por completo y el cielo se pintaba en tonalidades grises con azul oscuro. Las estrellas aparecieron esparcidas al azar para completar el lienzo nocturno.
Animada, Xiangling se abría paso entre la multitud charlando con Xingqiu sobre el restaurante, quien la seguía y respondía vagamente algunas preguntas de ingredientes y recetas, compartiendo de vez en cuando alguna anécdota divertida en sus juntas con otros comerciantes en compañía de su padre y hermano, que lo salvaban del aburrimiento en esas largas charlas tediosas.
Xingqiu observaba a su alrededor para encontrar a su amigo de cabellos claros, bastante sereno. En cambio, la chica a su lado lucía ansiosa y emocionada en su paseo por la ciudad. Sonrió divertido, como si encontrara divertida la situación.
Pero Xiangling no notó nada de esto, pues el deseo de ver a su amigo exorcista la carcomía, enfocándose con avidez en las figuras y rostros a su alrededor, procurando no verse muy infantil.
La sola imagen del chico de cabellos claros bajo la iluminación de cientos de linternas y luces del festival, dándole un aspecto encantador, derretía su corazón; sintiendo un reconfortante calor en su pecho.
Cuando lo encontraron, Chongyun estaba en una de las calles menos abarrotadas, como había supuesto desde un principio ambos.
Recargado contra la pared y con los brazos cruzados, destacaba por las tonalidades claras en su ropa y cabello largo sujetado en una coleta alta. Su mirada pronto se encontró con sus dos amigos, curvando ligeramente los labios mientras elevaba una mano a modo de saludo hacia ellos.
—¡Chongyun! —gritó exaltada la joven chef, corriendo en su dirección para abrazarlo en el acto— ¿Por qué no viniste antes?
—Sabes que no me gusta mezclarme entre tanta gente —respondió ante el regaño, rascando ligeramente su cabeza una vez que se soltó del agarre eufórico de la chica.
—No sabes cuánto me alegra verte de nuevo —agregó Xiangling; sus mejillas se habían tornado en un ligero rosa, aún con su atención total en el chico exorcista.
—Si… Ha pasado tiempo. Te ves estupenda hoy.
Las palabras de Chongyun eran honestas, pues la vestimenta naranja de la chica y su cabello trenzado con varios mechones sueltos cayendo libres sobre su rostro le daban una apariencia adorable a Xiangling. Aunque la atención de Chongyun estuvo varios segundos sobre la chica, quien se ruborizó apenada, pronto sus ojos se clavados en los del chico detrás de ella, quien los observaba en silencio con los ojos entrecerrados, cubriendo la mitad de su rostro con el abanico extendido.
—Estoy tan agradecido por reunirnos nuevamente, mis queridos amigos—intervino Xingqiu, rompiendo el silencio, conservando su compostura y sonrisa grácil tras el abanico que la ocultaba, a pesar de la intensa mirada de su compañero.
—¡No saben cuántas recetas nuevas he creado! Cómo quisiera que las probaran… —soltó entusiasmada Xiangling de repente.
Ante tal declaración, ambos chicos se dirigieron una mirada; una risueña y otra en pánico. Por unos instantes, los tres se sintieron como en sus tiempos de adolescencia y compartieron algunas risas al recordar aquellos años, aunque Chongyun no parecía tan entusiasmado por la mención de las comidas experimentales de su apreciada amiga.
—Espero que hayas dejado de usar partes de monstruos para tus recetas… —dijo Chongyun cuando cesaron las risas de sus amigos, un poco inquieto ante la idea de ser nuevamente el conejillo de indias de la chef de Wanmin.
—He aprendido a usarlas mejor, ¡ya no hay efectos secundarios! —aseguró asintiendo animadamente.
—Si tú lo dices…
—¿Has tenido buenos resultados en tus viajes por Liyue?
—¡Qué va! Todavía huyen de mí la mayoría de los fantasmas, es más fácil encontrarme un monstruo perdido en cualquier caso —respondió Chongyun—Pero juraría haber visto un espíritu por unos segundos hace una semana…
—¿En serio? ¡Eso es fantástico!
Xingqiu no intervino en la conversación, sumido en silencio, vigilando a sus dos amigos mientras al caminaba a su lado, abandonando la calle solitaria.
Verlos tan animados, bajo las tonalidades cálidas de las linternas, charlando como solían hacerlo en los viejos tiempos, le provocaba un sentimiento muy agridulce, añorando esos días. Sonreía de vez en cuando, animado por los gestos y entusiasmo de sus dos amigos, grabando esas sonrisas en su memoria como un tesoro.
Esa era la magia de ese día, que se repetía todos los años en la misma fecha, como si el espíritu juvenil e infantil de los niños entusiasmados en esa noche los contagiara y regresaran al tiempo, olvidándose de sus preocupaciones por una noche.
Xingqiu conservó el decoro en todo momento a pesar de la confianza entre sus mejores amigos, pues no olvidaba dónde se encontraba en esos instantes, rodeados por los ciudadanos de Liyue.
Soltó un largo suspiro cansado cuando distinguió unas figuras pomposas bastante conocidas abriéndose paso por la calle abarrotada, destacando por sus refinadas vestimentas y joyería de alto valor. No lograría librarse tan fácil de ellos esta vez, por lo que plegó su abanico y se aclaró la garganta para llamar la atención de los chicos.
—Ejem… Mis queridos amigos, realmente ha sido todo disfrute compartir parte de mi tiempo con ustedes esta noche, pero me temo que debo retirarme ahora, mis más sinceras disculpas —intervino a la animada charla del par de jóvenes, sonriendo con culpabilidad al tener que abandonarlos.
—Ohh, es una pena… ¿nos veremos después? —preguntó Xiangling decepcionada, obteniendo una negación por parte del chico interrogado.
—Haré lo que esté a mi alcance. —Prometió, despidiéndose de ambos, alejándose para reunirse con un grupo de comerciantes de renombre.
Chongyun no separó la vista de Xingqiu, frunciendo ligeramente el ceño cuando el chico sonrió a los otros individuos con los que se reunió en unos segundos.
—Es una lástima… Cada año pasa lo mismo —comentó Xiangling con pena, observando a Xingiu junto a su compañero a lado.
Chongyun asintió completamente de acuerdo, liberando un suspiro antes de que ambos retomaran su camino, dejando a su amigo con pesadez.
Como el festival aún no terminaba, decidieron comprar unas linternas para poder participar en el rito de la linterna.
Cada uno ya tenía su deseo en mente y, aunque sabían que nada aseguraba que se cumplirían, la esperanza y entusiasmo del festival los hizo participar animadamente.
Chongyun y Xiangling pasaron un par de horas al lado del otro, charlando de trivialidades, compartiendo anécdotas de su día a día o jugando en algunos de los puestos en los que lograban abrirse espacio.
Para la joven chef, ver a su compañero usualmente tranquilo divertirse en esa noche, animado, era un deleite total. Para ella, verlo sonreír era una de las maravillas más hermosas que podía contemplar.
Disfrutaba la compañía de Chongyun en esa tradición tan esperanzadora y feliz, como casi todos
los años que estaban juntos, sintiendo la tranquilidad y paz al estar con él.
Ambos se dirigieron a un punto más alto en la ciudad para encender las velas de sus linternas de papel cuando llegó la hora de pedir sus deseos. Cientos de velas se encendieron en un corto tiempo, espantando las sombras que cubrían a las paredes y suelos.
Xiangling le dirigió una mirada expectante a su amigo Chongyun, regalándole una sonrisa genuina.
Estar tan cerca de su amado amigo, compartiendo un momento especial para los dos, siempre enternecía su pobre corazón. Sujetó con ambas manos su linterna, pensando en su deseo para esa noche, recordando todos los momentos junto a Chongyun.
¿Sería un poco injusto de su parte desear estar a su lado todos los años, a pesar de lo ocurrido hace unas horas con Xingqiu? No lo sabía, pero si de algo estaba segura, es que valoraba demasiado a sus dos amigos como para dedicar su deseo a un simple sentimiento por su amigo, por lo que cerró los ojos con fuerza y recitó en su mente:
«Que Chongyun, Xingqiu y yo sigamos siendo amigos siempre».
Cuando abrió los ojos, lo primero que vio fue exorcista frente a ella; mantenía los párpados cerrados, sereno, sujetando su linterna de papel con ambas manos. El reflejo de la luz y sombras causadas por las velas danzaron en su rostro, en formas indistinguibles que le dieron un encanto especial. Xiangling se perdió en las blancas pestañas temblorosas y delicadas que adornaban llamativamente el rostro del chico. ¿En qué estaría pensando Chongyun? ¿Cuál sería su deseo de esta noche? Esas preguntas pasaron por su cabeza con rapidez, pero Xiangling era consciente de que el deseo de cada uno era un secreto para todos.
No estaba segura de si era por la iluminación que jugó con su mente, pero juró haber visto enrojecer tenuemente las orejas del joven exorcista.
Cuando Chongyun abrió los párpados por fin, la joven chef todavía lo observaba, pero rápido giró la cabeza, avergonzada.
—¿Lista? —preguntó el exorcista, preparándose para liberar su linterna. Xiangling asintió, todavía apenada por la excesiva atención con la que analizó el rostro de su amigo.
Ambos arrojaron sus linternas al cielo juntos, observando cómo se elevaban entre la infinidad de las linternas que otros ciudadanos de Liyue habían liberado con antelación. Cada linterna se elevaba a su propia velocidad, con sus propios diseños únicos, girando juntas.
Cientos de deseos volaron hechizando el oscuro cielo, bailando con el viento en diferente sincronía, rebosantes de esperanza.
Los dos observaron las linternas, maravillados. No importa cuántas veces vieron el mismo escenario iluminado por las linternas, seguía siendo un espectáculo digno de ver.
Xiangling despegó la vista del cielo primero, cuando perdió de vista su propia linterna, fijándose en la sonrisa dulce pintada de colores cálidos de su querido amigo: una sonrisa tan hermosa que la cautivó, segura de haberla visto antes...
Secretamente había deseado por él.
Su rostro se acaloró en ese instante; siempre que se daba cuenta de que lo observaba demasiado era inevitable pensar que lo bastante obvia que era y la incomodidad que le causaría exorcista… Pero ¿cómo podría evitarlo? Si los rasgos agraciados de Chongyun no pasaban desapercibidos para sus ojos y cualquiera que caminara a su lado se daría cuenta de lo atractivo que era el chico.
Sus cabellos casi blancos y desordenados sobre flequillo le daban una apariencia juvenil, meneándose libres con el suave viento que los acariciaba con cuidado. Debía admitir que se veía bastante atractivo con sus largos cabellos recogidos en una coleta alta, meciéndose hacia un lado por viento travieso…
«Demonios, ¿por qué Chongyun es tan malditamente guapo?»
Sus túnicas blancas con bordados azul claro le quedaban tan perfectas, acentuando su figura; su rostro agraciado con facciones finas la hacía suspirar constantemente, su nariz recta y sus labios tentativos que la llamaban sin descaro y por últimos sus ojos, tan magnéticos que le impedían separar la vista de ellos…
Sintió un escalofrío en todo el cuerpo cuando conectaron la mirada.
Los ojos de Chongyun eran helados.
Decir que eran como hielo, era poco: azules, cortantes y amenazadores, fríos como el propio invierno. Pocos conocían otra mirada y la calidez que podía ocultarse en ellos.
Entonces, si ella era parte de esos privilegiados, ¿por qué sus ojos ahora lucían tan gélidos y distantes?
—Xiangling, ¡Xiangling!
Las llamadas a su nombre la sacaron de su ensimismamiento, alejando esa oleada helada que la abrazaba por la gélida de la mirada del chico. Tragó saliva, nerviosa, sintiendo el rostro arder en ese momento. Esto no se suponía que debía ser así, pero sus emociones la estaban controlando.
—¿Qué te ocurre? Me has estado mirando demasiado hace unos minutos… —continuó el chico que la estaba volviendo loca.
—¡Oh! Y-Yo lo siento. —Xiangling cubrió su rostro inmediatamente, sabía que no serviría de nada y que se veía como una niña estúpida enamorada, pero podía hacer otra cosa.
«Tranquilízate, Xiangling, ya no tienes 15 años» se riñó así misma.
—Dime la verdad, Xiangling —insistió Chongyun, con la mirada congelada sobre ella.
«Tierra, trágame y no dejes que escape nunca», pensó Xiangling en ese instante, siendo incapaz de ocultar su vergüenza tras sus manos temblorosas, sin lograr controlar los nervios y el calor que la envolvía.
—E-Es sólo que hoy t-te ves especialmente bien —respondió, tímida. No era mentira, pero tampoco la verdad absoluta.
Era un hecho que estaba enamorada de su mejor amigo. No podía engañarse a sí misma ahora, ni a él.
Durante los últimos pares de años, así fue. Estuvo esperando tanto para poder declararse de la manera más especial y romántica posible, en el lugar y momento indicado, soltando indirectas muy pequeñas en momentos donde estuvieran solos los dos. Esperaba a sentir el ambiente ideal para confesarse a su amigo, pero en todas sus oportunidades con el chico (que realmente no fueron muchas), no tuvo el valor necesario.
—¿Es sólo eso? —una pizca de alivio se disfrazó en la pregunta del exorcista que parecía tenso, dedicándole una sonrisa nerviosa a su amiga, aunque para Xiangling se sitió como una acusación.
Está bien, era un par de años menor que Chongyun y quizás bastante torpe e inexperta en esto, eso debía admitirlo.
No era tan buena con las palabras como su amigo Xingqiu, ni talentosa en las artes marciales, pero había planeado aprovechar cualquier oportunidad de esa noche para hablarle de sus sentimientos. No podía esperar más.
Entonces… ¿qué significaba ese torrente de emociones contenidas en una frágil presa en su corazón, amenazando por estallar en cualquier momento? ¿Por qué dudaba tanto ahora? ¿Qué era lo que le aterraba tanto?
«El rechazo», susurró una voz interna.
Respiró hondo varias veces, tranquilizándose. No era una niña, ya era una adulta, debía comportarse como tal, no temer a un posible rechazo. Tomando el valor que le faltaba, juntó sus manos sobre su pecho, sintiendo los latidos rápidos de su corazón, que parecía querer salir disparado en cualquier momento, y soltó un largo suspiro, cerrando los ojos para relajarse.
«Ohh, Xingqiu, ¡tantos consejos que me diste y no puedo hacerlo tan bien como tú!»
Al abrirlos, sintió como la presa que contenía sus emociones se desmoronaba, inundando sus pensamientos mientras veía directo a los hermosos ojos helados de su amigo sobre su rostro ahora sereno y, sin titubear, se sinceró de una vez por todas:
—Me he enamorado de ti, Chongyun. Te amo.
