-No. Ni en sueños. Me niego rotundamente. -Senkuu alzó la voz, algo desconcertado, cuando al primer juego de girar la botella, luego de que Gen lo arrastrara hasta ahí intentando convencerlo de intentar hacer un poco más de vida social con los aldeanos, el objeto terminó apuntando hacia él.
Lo que era más terrible, sin embargo, era que quién había girado la botella no era nadie menos que Kohaku.
-¿No estarás hablando en serio, Senkuu? -Gen sonrió sin que la expresión alcanzara sus ojos, mirando a Kohaku y a él intermitentemente.
-Claro que hablo en serio, mentalista. No besaré a Kohaku. -el científico declaró, mirando con escepticismo el gesto dolido de Gen.
-¿Qué hay de malo en mí? -la guerrera interrumpió, parándose al frente de Senkuu con una mirada desafiante.
No lo haría. Ya lo había dicho. ¿Por qué armar tanto escándalo?
-¿Tengo que recordarte que tú misma dijiste que estabas "enamorada" de mí? ¿Qué harás si te beso?
Kohaku se encogió de hombros, mientras todos los participantes exclamaron con asombro.
-Jamás dije eso. Tú lo interpretaste mal. ¿Y qué más da? Es un beso y ya.
Eso de "un beso y ya" le sonaba a pura mierda. ¿Cómo podía ella, con un padre tan conservador, no saber que "un beso" prácticamente el matrimonio en la aldea?
-Sí, Senkuu. Ni siquiera tiene que ser en los labios. -Gen agregó.
-¿Ves? -Kohaku lo secundó, acercándose a él y poniéndose en cuclillas. -¿O eres muy miedoso para aceptar el desafío?
-No me convencerás con eso, leona. No lo haré. Jamás.
-No puedes negarte a jugar en la primera oportunidad, Senkuu. Acabas de decir que "un juego y ya". Pues cumple tu promesa. -Kinro comentó, muy fuera de su lugar, haciéndolo reparar en que quizás era él mismo quien estaba haciendo el ridículo al no querer participar en algo como esto. -Estamos jugando. Nada de lo que suceda acá será por voluntad propia. Si a mí me tocara besar a Kohaku, lo haría porque son las reglas del juego.
-Pues yo soy el jefe de la aldea. Puedo decidir lo que quiera. -Senkuu se excusó, sabiendo bien lo ilógico que era ponerse a hablar de su poder cuando siempre había desconocido su posición como líder.
-Bueno, bueno. -Gen alzó la voz, intentando levantar las tensiones que se habían formado.
Kohaku volvió a sentarse donde estaba en un principio. No pasó desapercibido para Senkuu su respiro de desaprobación y algo de… ¿dolor?
-Si Senkuu no quiere besar a Kohaku, solo sigamos con el juego. ¿Les parece?
Los participantes concordaron con Gen de manera unánime, y Kohaku le pasó la botella a Ruri, que se encontraba a su lado.
Para alivio de Senkuu, por lo que duró el estúpido juego de girar la botella, esta no volvió a apuntar hacia él. Sin embargo, Kohaku había dado y recibido besos en la mejilla y en la mano de parte de muchos aldeanos y se veía completamente relajada al respecto.
Todos parecieron disfrutar tal estúpida demostración de amor, completamente gratuita, excepto por Senkuu, que se sentía completamente molesto. ¿Se había perdido de algo?
¿Acaso para Kohaku significaba lo mismo besarlo a él que besar a todo el resto?
El científico apretó sus puños, viendo cómo Gen se había arrodillado ante la leona para besarle la mano con tal escándalo, que dejó a todo el resto chillando o escandalizado.
¿Dónde estaba el límite entre lo socialmente aceptable y lo extraño?
¿En qué punto su molestia comenzó a convertirse en celos?
Senkuu se retiró en silencio del lugar donde estaban todos reunidos, que había comenzado a convertirse en un espacio de celebración cuando los más viejos de la aldea llegaron con barriles de vino y sake. Jamás había disfrutado de los eventos sociales, y siempre desaparecía cuando se le presentaba la oportunidad.
Hoy no era la excepción. Aún había mucho trabajo que hacer para restaurar la civilización, y no había que desaprovechar oportunidades únicas para trabajar en proyectos que requerían que estuviera solo.
-Ya era hora de que te escaparas. -la voz de Kohaku lo sorprendió mientras iba camino a su laboratorio.
No supo en qué momento pudo haber llegado ahí, pero tampoco le sorprendía.
-¿Estás siguiéndome? -Senkuu rio, deteniéndose y esperando que la leona se acercara a él.
A veces, hacían esto: caminar de vuelta a sus respectivos hogares mientras todos los demás celebraban. En el caso de Senkuu, para trabajar; en el caso de Kohaku, para dormir y despertar a primera hora para salir a cazar.
-Siempre dices lo mismo. -Kohaku sonrió de lado, guardando una expresión distinta en su rostro. -Me gusta la compañía cuando camino de vuelta a mi casa después de un largo día.
-Lo sé. Para una leona tan fuerte como tú, me parece una actitud bastante patética. -bromeó el científico, ganándose un codazo de la rubia.
-¡Ja! Si no te acompañara en estas caminatas, ya habrías caído por el puente hace años.
Senkuu la miró con fingida molestia mientras ambos cruzaban el puente, él por delante y ella vigilando sus espaldas y balanceando la construcción.
-Recuérdame hacer un puente más estable, por favor. -el científico comentó, mirando hacia el oscuro abismo debajo de ellos.
-Este puente es perfecto contra los enemigos, Senkuu. -la leona le recordó.
-Sí, sí… solo espero que algún día ya no tengamos más.
El científico sonrió ante la silenciosa respuesta de Kohaku, que probablemente estaba haciendo esa expresión pensativa que la hacía ver tan…
Ugh.
Ese estúpido palpitar de su pecho nuevamente, junto con las náuseas.
-Oye, Senkuu. -Kohaku volvió a hablar cuando ya estuvieron al otro lado del puente, colocándose nuevamente a su lado.
-¿Mm?
-¿Por qué no quisiste besarme?
Senkuu se detuvo repentinamente, tomado por sorpresa.
-¿Por qué te importa lo que haga o no? -el científico replicó, mirándola con diversión.
-Eres cruel. -Kohaku bufó, provocando que Senkuu riera. -Otros lo hicieron, ¿por qué tú no?
-¿Qué harás si te beso? -el científico se acercó a ella, acortando la distancia.
-Pues… -la leona lo miró con sorpresa, sin poder articular nada más.
Senkuu nunca la había visto entrar en ese tipo de estupor, del que te deja sin habla.
-¿Te han besado en los labios, Kohaku?
El científico rio con malicia al ver la expresión de Kohaku, aun cuando decir el nombre de su amiga lo hacían sentir a punto de combustionar, tanto como la visión de ella mordiéndose los labios.
-No… -la leona miró hacia sus pies, incapaz de mantenerle la mirada por más tiempo.
-Porque si te beso, te besaré en los labios. Y no será dentro de un juego: será porque quiero. -Senkuu murmuró sus últimas palabras, sorprendiéndose a sí mismo por su desfachatez.
Cuando Kohaku se inclinó hacia él, el científico no supo si fue algún error de cálculo o una invitación de su parte. Había pensado tanto en besarla en la última hora, que no pudo evitar mirar sin vergüenza los labios semiabiertos de la leona ni acortar la distancia entre ellos, guiándola de espaldas a uno de los pilares que sostenía el puente.
"¿Qué harás si te beso?" le había preguntado Senkuu antes, sin pensar que la misma noche comprobaría una de sus hipótesis: Kohaku lo besaría de vuelta y con creces, colgándose de su cuello e incitándolo a prolongar el contacto que él mismo había comenzado.
