Draco se puso de pie, retirando sus manos y caminó hacia atrás hasta que estuvo a casi cinco pies de distancia. Totalmente fuera del alcance de su mano.
De repente pareció inseguro, como si ya no supiera cómo interactuar con ella. Sus manos a los lados se abrieron y cerraron mientras vacilaba y apartaba la mirada de ella.
La pena y el dolor en medio se habían reafirmado, arrastrándose como un maremoto. Dolía mirarlo, desearlo, desearlo como si fuera oxígeno, pero no sabía cómo reconciliar todo lo que existía entre ellos.
—Deberías dormir. ——dijo después de un momento, mirando hacia abajo y enderezando su túnica—Traeré los libros que quieras mañana por la mañana.
Hermione lo miró, dudando y respirando rápidamente, —¿Quieres quedarte?—forzó la pregunta antes de que pudiera reconsiderarla.
Draco la miró con expresión en blanco, y su corazón comenzó a latir dolorosamente en su pecho.
Sus ojos se desenfocaron y luego se aclararon, —No quieres que lo haga. —dijo después de estudiarla por un segundo más, torciendo la boca en la esquina—No trates de obligarte a hacer algo porque te sientes obligada de alguna manera.
Giró sobre sus talones y se dirigió hacia la puerta.
—No. —dijo, poniéndose de pie, su voz aguda—No te vayas.
Él se congeló.
Ella tragó, apretándose la garganta.
—Quiero que te quedes, enserio quiero. Es sólo que... a veces... a veces... ——se tropezó con las palabras mientras trataba de explicarlo— Mis sirenas están fuera de orden, no siempre puedo recordar... ——ella tragó saliva——Quédate. Yo quiero que lo hagas. No quiero estar sola. ——dió un paso con cuidado hacia él——¿Quieres?
Le temblaban los dedos cuando le rozaron el dorso de la mano. Estaba medio preparada para que él retrocediera o la apartara. Ella tragó y se acercó más, estudiando su rostro. Su expresión era una máscara.
Ella miró hacia abajo y deslizó sus dedos en su mano.
Apenas respiraba y su mano comenzó a temblar visiblemente.
Esto está bien. Sólo respira y todo irá bien.
Obediente.
Tranquila.
No te resistirás.
Cerró los ojos y soltó una respiración corta y rápida. El sonido llenó sus oídos.
—Hermione. —la voz de Draco hizo que sus ojos se abrieran de golpe mientras miraba hacia arriba. Él la estaba mirando con una expresión cerrada—No hagas esto.
Con cuidado la tomó de la muñeca y liberó su mano de la de ella.
—Vendré a verte mañana.
—No. —ella tomó su mano de nuevo—No. No te vayas, no quiero que te vayas. Yo sólo... yo sólo—su mandíbula tembló tanto que luchó por hablar—Yo no... —tragó saliva y lo miró— Solo quiero tomarte de la mano. No quiero... no puedo decir que no si tú... por las... esposas...
Los ojos de Draco parpadearon y su mano en la de ella se apartó.
Ella miró sus manos, su agarre se apretó.
—Sólo quédate. —dijo, inhalando bruscamente— Quiero saber que no estás en otro lugar.
El corazón de Hermione se aceleró hasta que la sangre rugió en sus oídos, pero cuadró los hombros y se obligó a caminar hacia su cama.
Se le pasó por la cabeza que tal vez debería haber aceptado una habitación diferente. Entonces no sería la misma cama.
Se armó de valor, apartando el pensamiento. Todavía era una cama. Ella puede estra acostada sobre él y confiando en que él no la lastimaría.
Ella confiaba en él. Sabía que podía confiar en él. Siempre.
Ella se acostó en el otro lado de la cama y se acurrucó de lado, mirándolo. Se sentó lentamente del otro lado y se veía tan incómodo que parecía que estaba a punto de aparecer directamente fuera de la habitación. Ella se acercó a él.
Sus dedos temblaron antes de extender su mano y entrelazar sus dedos.
Se apoyó contra la cabecera. No parecía tener ninguna intención de dormir. Ella lo estudió, trazando sus ojos sobre su rostro, tratando de memorizarlo de nuevo.
Cuanto más claramente lo recordaba, más abiertamente podía ver las formas en que había cambiado.
Parecía gastado, visiblemente molido hasta el punto que se mostraba en sus rasgos.
Sus dedos temblaron en su mano. Tenía temblores que no se parecían al típico daño del músculo cruciatus. Se sentían psicosomáticos; la consecuencia a largo plazo del cruciatus.
Se habían abusado de la tortura en él que los efectos se habían vuelto permanentes.
Voldemort lo había castigado repetidamente por no haber atrapado al último miembro de la orden; la persona responsable de destruir el medallón que había usado Umbridge.
La garganta de Hermione se cerró y apretó su mano con más fuerza.
—Tú... —su voz se quebró— Destruiste el horrocrux de la forma en que lo hiciste porque esperabas que forzaría a Voldemort a traer a Severus en febrero. ¿No es así?
Él la miró y luego desvió la mirada, moviendo ligeramente la barbilla en reconocimiento.
Había una sensación de vacío en su pecho mientras pensaba en todas las ocasiones en que había notado que había sido torturado.
Todas esas veces se decía a sí misma que no le importaba, que se lo merecía.
Diariamente, durante más de un mes.
—Lo siento mucho, Draco. —dijo.
Se puso rígido como si las palabras lo hubieran golpeado y casi apartó la mano de ella.
—No te disculpes. No tienes nada por lo que disculparte. —soltó las palabras como si estuviera a punto de gruñir.
Hermione lo miró en silencio hasta que él apartó la mirada de ella.
—Estás enojado conmigo, ¿no?—preguntó finalmente.
Draco miró al otro lado de la habitación, su expresión ilegible.
—Eso no significa que tengas alguna razón para disculparte conmigo.
Hermione lo estudió, —¿Por qué no?
—Porque—parpadeó— Tengo que disculparme primero, y yo... —miró el dosel sobre la cama—y... yo...
—Draco...
—Cristo, Granger. —su voz era entrecortada y se pasó una mano por el pelo— No tienes idea de cuánto esperaba que nunca recordaras nada una vez que llegaste aquí. Daría lo que fuera para volver atrás y hacerlo bien. Si no te hubiera dicho que habías echado a perder mi tapadera, si hubiera mentido y no hubiera intentado despedirme, nada de esto te habría pasado.
La garganta de Hermione se apretó, —Me habría matado si me hubieras enviado lejos, me hubiera enterado de que habías muerto porque te pedí que salvaras a Ginny. Nunca lo habría superado. Nunca. Haría todo de nuevo. —ella dijo— Cada segundo. Lo haría todo de nuevo para salvarte.
Hubo un silencio rotundo.
Draco la miró fijamente, una mezcla de sorpresa y rabia recorre su rostro.
—No me salvaste. —dijo cuando finalmente pareció capaz de hablar—Nos metiste en un infierno durante dos años.
Fue como recibir un puñetazo.
Se sintió pálida cuando la sangre brotó de su cabeza.
Todo su cuerpo se curvó hacia adentro.
Draco sujetó su mano con más fuerza, su expresión instantáneamente arrepentida.
—Espera, no quise-
Ella bajó la cabeza y trató de respirar, —Traté de volver. —su voz tembló—Realmente lo hice.
—Lo sé, yo no quise decir-
Ella apartó la mirada, —No deberías haber asumido que estaría dispuesta a perderte. ¿Pensaste que no siento las cosas tanto como tú? ¿Que me importaba menos porque tenía otras obligaciones? No deberías haber pensado que me importaba menos, hice todo lo que pude para mantenerte a salvo. No sabes todas las cosas que hice para mantenerte a salvo.
—Yo sólo-
—Te lo prometí, cada vez que me preguntaste, te prometí que siempre sería tuya. No hay excepciones ni fechas de vencimiento, es para siempre.
Un dolor aplastante en la cabeza la despertó a la mañana siguiente.
Sus dedos todavía estaban entrelazados con los de Draco en el centro de la cama. Estaba dormido, pero sus rasgos estaban tensos.
Encontrarlo en la cama con ella le resultaba familiar. No hubo ningún recuerdo contradictorio al verlo dormido.
Cuando estaba cerca, se sentía como si se deslizara hacia el pasado. Tocarlo y estar con el era tan natural e instintivo como respirar. Se sentía como si no pudiera estar lo suficientemente cerca de él.
Fueron principalmente las distancias intermedias las que ella se encontró abruptamente en un momento en el que él se cernía sobre ella y se abría paso en su mente; cuando se había acercado a ella y la había agarrado del brazo mientras la aparecía; cuando él había dicho algo tan cruel, la sorprendió.
Pero cuando estaba cerca, era Draco.
El era de ella.
Él había sido vulnerable con ella.
La amaba, el nunca esperó que fueran otra algo pero ahora estaban condenados. Él la había amado de todos modos.
Tenía frío y quería acercarse, pero temía que él pudiera despertarse si ella se movía. Ella se quedó donde estaba y lo miró.
—Voy a cuidar de ti. —murmuró las palabras en silencio— Voy a encontrar una manera de cuidarte.
Lo sintió en el instante en que despertó. La tensión se disparó por todo su cuerpo tan pronto como estuvo consciente. Sus ojos se abrieron de golpe y la miró fijamente.
Sus ojos se entrecerraron inmediatamente.
—¿Estás bien?
Ella movió su hombro, —Mi cabeza duele. Siempre es peor después de un buen día.
Soltó su mano y le tocó la frente, —Tienes fiebre de nuevo—ella no hizo el esfuerzo de mover la cabeza en reconocimiento—¿Puedes comer?
El estómago de Hermione se retorció, revolviéndose ante la idea, —Quizas mas tarde.
Sus cejas se fruncieron y se veía visiblemente preocupado, —Estoy requerido en Bélgica hoy. Volveré mañana. Quédate en la cama.
Se puso de pie, todavía estudiándola.
Hermione se movió y levantó la cabeza, —Dijiste que me conseguirías libros.
Hubo un destello de irritación en sus ojos, sus labios se tensaron.
—Mañana.
—No. Dijiste hoy. Todavía puedo leer. —trató de incorporarse—De lo contrario, me quedaré aquí, preocupándome.
Suspiró entre dientes, —Bien. Deja de levantarte. Le pediré a Topsy que te traiga libros, plumas y pergaminos después de que hayas comido.
Hermione se recostó y apretó los brazos con más fuerza contra su cuerpo mientras se acurrucaba, tratando de sentirse más cálida.
Ella tragó.
—Sólo necesito los libros. No puedo tocar las plumas, así que no usaré para nada el pergamino.
Los músculos de la mandíbula de Draco se tensaron.
—Bien. —dijo, mientras rodeaba la cama—Entonces sólo los libros. —el conjuró una manta extra y la cubrió con ella—Cuenta con Topsy si quieres algo. Regresaré mañana.
—Ten cuidado, Draco. No.. no... —su voz falló, y se quedó callada—Tienes que volver. —dijo finalmente.
—Lo haré.
Una vez que se fue, Hermione se dejó caer más flácida en la cama. Sintió como si su cráneo estuviera a punto de romperse.
Se sentía miserablemente nauseabunda, pero Draco le había dicho que Topsy no le llevaría los libros hasta que hubiera comido. No sabía si contaba si vomitaba todo.
Al mediodía se las arregló para tomar una poción y una pequeña taza de caldo. Topsy entregó una pila de libros y un folio de páginas escritas a mano que Hermione reconoció como la letra de Draco; todas sus notas de sus intentos de eliminar su marca oscura.
Topsy apoyó a Hermione con almohadas para que pudiera acostarse de lado y leer.
Hermione trató de revisar las notas clínicamente y no pensar en el hecho de que Draco había estado experimentando con sujetos reacios que habían muerto en el proceso.
Todos eran mortífagos y varios habían ayudado a torturar a Narcissa.
Draco había sido minucioso. Su investigación y análisis habían sido exhaustivos. Tenía que haberse enseñado a sí mismo una cantidad considerable de magia-biología y teoría de la curación además de su investigación de maldiciones.
Lo había intentado nueve veces. Dos veces más desde que terminó la guerra.
Hermione sabía por su investigación que Voldemort había sido un estudiante brillante en Hogwarts. Siempre que había creado la marca tenebrosa, había invertido un tiempo y esfuerzo considerables para convertirlo en un collar ineludible para encerrar las gargantas de sus seguidores. Fue simple, directo y letal.
Al final del folio había un juego de notas con una letra nítida y puntiaguda. Severus, se dio cuenta, también había analizado la marca.
Hermione leyó las notas dos veces y luego se acurrucó en una bola apretada, agarrando su cabeza palpitante y tratando de pensar, tratando de analizar.
Siguió rechinando los dientes mientras luchaba por sobrellevar el dolor.
Finalmente se desmayó.
Cuando se despertó de nuevo, Draco estaba sentado al borde de la cama. Tenía su guía de embarazo abierta, sus ojos recorriendo las páginas. Ella lo miró por un momento.
—Has vuelto. —dijo.
Inmediatamente cerró el libro y la miró.
Su dolor de cabeza se había convertido de nuevo en algo menos debilitante. Se sentó con cuidado y tomó el folio.
—Leí tus notas, pero no he leido los libros aún. Tengo algunos títulos de libros que creo que podrían ser útiles.
—Bien. —su boca se curvó en la esquina mientras la miraba.
Enderezó las páginas y arregló la esquina de una que había sido doblada.
—Parte de la maldición interfiere con la coagulación de la sangre. Es una maldición tipo hemofilia que puede ser un efecto secundario a largo plazo. Necesitaré crear una poción; una variación de lo que se usa para contrarrestar las mordeduras de vampiros. Requerirá una nueva dosis regular , pero una vez que Voldemort muera, es posible que no tengas que seguir tomándolo. —ella se mordió el labio— No abordaría el problema inmediato de cerrar la herida. Intentaste todos los métodos normales, incluso los viejos y muggles como cauterizar y... alquitrán, pero acabo de empezar. Encontraré algo.
Draco asintió de nuevo y desvió la mirada.
La conversación era dolorosamente forzada.
Draco no advirtió hablar de sus intentos con más detalles que las notas que le había proporcionado. Estaba distraído y seguía mirando hacia el reloj. Su expresión estaba apropiadamente comprometida, pero sus ojos estaban planos cuando ella mencionó las teorías que quería explorar.
Se dio cuenta, mientras lo miraba, que él la estaba complaciendo; las notas y los libros debían apaciguarla, la biblioteca también. Algo que la despreocupara mientras el continuaba con sus propios planes. Dejó de hablar y se quedó mirando su regazo.
Hubo una larga pausa y se puso de pie.
—Tengo los libros que mencionaste, serán enviados hoy más tarde.
Cuando se estaba yendo, de repente se detuvo y se volvió.
Se quedó mirándola y su boca se movió levemente varias veces antes de hablar.
—Granger... tu no... —e detuvo, y ella vio su mano apretarse en un puño a su lado antes de desaparecer detrás de su espalda. Apretó los labios en una línea dura y parpadeó antes de mirar más allá de ella—Nunca asumí que mantendrías un embarazo. —estaba casi inexpresivo mientras hablaba, pero su nuez se hundió brevemente—Puedo enviarte una poción para que puedas… resolverlo una vez que estés fuera de Europa. Solo dime… —se interrumpió y miró hacia abajo, apretando la mandíbula—No, no importa eso, no es necesario. La enviaré de todos modos. No hay razón para que tengas que decirme lo que eliges.
Giró sobre sus talones y se fue antes de que ella pudiera hablar.
Hermione yacía en la cama, pasando los dedos por la parte inferior del abdomen. Si buscaba pacientemente, podía sentir la pequeña pero firme hinchazón inicial de su útero justo por encima de la pelvis.
No se le había ocurrido tener un aborto si escapaba, o que sería la suposición bajo la que Draco estaría operando.
Se le habría ocurrido tirarse por una ventana o se habría envenenado a sí misma para evitar que naciera un bebé en la mansión Malfoy o lo hubiera dejado al cuidado de Astoria, pero no se le había ocurrido abortarlo si escapaba.
Era un bebé.
Para Hermione, había sido un bebé desde el momento en que Stroud anunció que Hermione estaba embarazada.
No es un feto. No es un heredero. Era un bebé, y uno del que ya se sentía intensamente protectora.
Cuando vio la luz parpadeante de los latidos del corazón, sintió como si le hubieran robado el corazón.
Pero Draco estaba asegurando que no se lo quedaría una vez que tuviera alguna opción en el asunto.
La había violado. Ella estaba embarazada. Esperaba que ella quisiera un aborto tan pronto como estuviera libre.
Estaba asumiendo que él se quedaría para morir, y ella se iría y trataría de olvidar todo lo que había sucedido borrándolo.
Topsy vino con una pila de libros por la noche, varios eran nuevos.
—¿Está Draco aquí?—preguntó Hermione mientras le daba la vuelta a uno de los libros en sus manos.
—Acaba de regresar.
—¿Puedes decirle que lo quiero ver?
Topsy hizo una reverencia y se alejó.
Hermione se acercó al retrato de la pared.
Narcissa Malfoy miró a Hermione.
Hermione solo había visto a Narcissa una vez, en la Copa del Mundo de Quidditch más de una década atrás.
Narcissa tenía dieciséis años en la pintura, la misma edad que tenía Draco cuando recibió la marca tenebrosa.
—Quiero salvar a tu hijo. —dijo Hermione— Pero no sé cómo.
Narcissa no dijo nada. Ella solo se sentó en su silla, estudiandola.
Hermione se quedó en silencio. Finalmente, Hermione se rindió y se alejó.
Estaba hojeando los libros que había traído Topsy cuando se abrió la puerta.
Draco estaba en la puerta.
Hermione cerró el libro. Su garganta se apretó. Siempre estaba tan lejos y cada centímetro del espacio se sentía pesado.
—El retrato de tu madre no me habla. —dijo.
Draco lo miró. El retrato se quedó de pie, mirando a Draco por un momento antes de girarse y desaparecer del marco.
—No es por ti. Ella no habla con nadie más que conmigo. Mi padre se ha pasado horas rogándole que solo lo mire. El marco solía estar en el salón del ala sur, el retrato vio todo lo que le pasó a mi madre. Dejó de hablar durante mucho tiempo después. Cuando mi madre fue liberada, se llevó el retrato a su habitación. —sus ojos eran planos e ilegibles— Solía pararse frente a él durante horas, tocando la mano del retrato en el lienzo, como si intentara alcanzarla. La una a la otra.
Hermione miró el marco vacío.
La influencia de Voldemort era como un veneno en la familia Malfoy. Como si se hubiera marcado a sí mismo a si mismo en todo su legado, no solo en los brazos de Lucius y Draco.
Había destruido a Narcissa y corrompido su hogar. Incluso el retrato, una sombra de la memoria de Narcissa, estaba en silencio y cicatrizado.
Draco volvió a mirar a Hermione.
—Ella pidió cuidarte. Quería estar segura de que estuvieras bien mientras estés aquí.
Hermione forzó una débil sonrisa antes de mirar hacia abajo, dudando por varios segundos.
Sus manos se deslizaron hacia su estómago mientras miraba hacia arriba.
—Quería hablar sobre lo que dijiste antes, antes de irte.
La expresión de Draco se cerró instantáneamente y su mirada se afiló como una espada.
El pecho de Hermione se apretó. Draco de repente se cernió sobre ella, con la misma expresión fría en su rostro.
—¿Quieres que te mire, Granger? Bien. Estoy mirando. Debo decir, que es delicioso ver toda la culpa en tus ojos. Sabes, solía pensar que las circunstancias de mi servidumbre al señor oscuro eran una esclavitud tan cruel como cualquiera podría concebir. Pero lo admito, palidece un poco a tu lado.
Su corazón se detuvo y parpadeó repetidamente tratando de volver a concentrarse en el presente.
—¿Puedes acercarte?—tenía la boca seca—Es más fácil hablar contigo cuando no estás tan lejos.
Se acercó y su ritmo cardíaco aumentaba con cada paso.
Su expresión era cautelosa.
Ella se mordió el labio inferior. Ella miró hacia arriba cuando él estaba parado a solo un pie de distancia.
Si ella lo tocaba, no estaría tan fría.
No parecía que quisiera que ella lo tocara.
Se obligó a no pensar en ello, levantó la barbilla y se encontró con su mirada.
—No me di cuenta de que esperabas que interrumpiera el embarazo si me escapaba. Entiendo por qué pensaste que podría hacerlo... antes, pero no quiero. No lo haré.
Su expresión no cambió. Sus ojos no parpadearon ni con una ligera reacción.
—Puedes cambiar de opinión una vez que estés libre.
Hermione negó con la cabeza, —No lo haré.
Sus ojos permanecieron planos, pero ella pudo ver la tensión en las comisuras de ellos. Él se enderezó de modo que se cernió sobre ella y ella sintió como si la estuvieran estrangulando.
Su labio se curvó de modo que sus dientes brillaron, —No hay razón para comprometerte conmigo con respecto a lo que harás una vez que estés libre. Haz lo que quieras.
Hermione apretó la mandíbula, —Voy a hacerlo. Y es por eso que no usaré esa poción. Quiero que sepas que no lo haré. Estaría arrepentida toda mi vida. Siempre me hubiera preguntado si el bebé habría tenido tus ojos, pensaría en la edad que tendríamos y me preguntaría qué estaría haciendo. Trataría de adivinar qué tipo de varita habría obtenido, y qué temas le hubieran gustado, y si hubiera nacido con el talento natural de ser un occlumen como tú y yo. —hablaba rápido porque su garganta se estaba volviendo más apretada, sus pómulos comenzaban a doler– Me preguntaría si gusta leer tanto como a mi, si tendría un cabello como el mío. Si tu... si tu mueres me gustaría contarle todo sobre ti... todo sobre ti. Y-yo... nunca he tenido la oportunidad de contarle a nadie sobre ti. — su pecho tuvo un espasmo— La gente debería saber cómo eres.
Draco se burló desde el fondo de su garganta y miró hacia el techo.
—¿Cómo soy? ¿Cómo crees que soy exactamente?—el soltó una breve carcajada— Tienes la oportunidad de tener una nueva vida. No arrastres mi memoria contigo.
Hermione negó con la cabeza.
Él la miró fijamente, su mirada dura.
—¿Quieres caminar por tu vida, encadenada con un bastardo hijo de un mortífago? El mundo entero sabe que estás aquí y lo que te hice en esta casa. Fue bastante publicitado, como recordarás. No importa qué color de ojos que tenga, o la edad que tenga, será hijo de un asesino, concebido porque te violé mientras eras mi prisionera, y todos lo sabrán. —su pecho se sacudió mientras hablaba, y apartó la mirada de ella— Déjalo todo atrás, Granger. —el inhaló— Tendrás hijos con otra persona algún día.
Hermione lo miró fijamente, —¿Es eso lo que crees que voy a hacer? ¿Huir, esconderme, y fingir que eres un monstruo del que tuve la suerte de escapar?
Él la miró fijamente, con expresión ilegible, —No sería mentira.
Hermione encontró sus ojos plateados y vio la resignación plana y vacía en ellos.
Te odio. Te considero parcialmente responsable de cada persona que ha muerto hasta ahora en esta guerra y de cada persona que va a morir. No necesitas convencerme de que eres un monstruo, ya lo sé.
Su garganta se apretó tanto que fue difícil de tragar mientras se acercaba a él.
—Draco, no eres un monstruo. No tenías elección. ¿Pensaste que te seguiría odiando una vez que lo recordara? —ella se acercó y tomó su rostro entre sus manos— Incluso antes de recordar, eras con la única persona con la que me se sentía segura. —ella lo miró a los ojos— Dejé una nota. ¿Recibiste mi nota? Te amo.
Él se estremeció como si lo hubieran golpeado y ella sintió que su mandíbula temblaba contra sus dedos. Él comenzó a negar con la cabeza y ella lo detuvo, acercándolo más.
—Te amo. —dijo con más firmeza, su voz temblando con intensidad— Te amo. Siempre te amaré. Siempre. Hasta que no quede nada de mí.
Ella se puso de puntillas, inclinó la barbilla hacia adelante y lo besó.
Estaba helado cuando sus labios tocaron los suyos.
—Te amo. Te amo. Te amo. —dijo las palabras contra su boca. Sus dedos se deslizaron a lo largo de la curva de su mandíbula mientras sus labios seguían moviéndose contra los de él.
Seguía sin moverse. Ella se apretó más contra él.
Luego se estremeció. Su mano se levantó para capturar su rostro y la atrajo hacia sí.
Sus dedos se enredaron en su cabello mientras sus palmas acunaban sus mejillas. Su boca estaba ardiendo. La besó y la besó.
La besó como si se muriera de hambre, como si se hubiera ahogado. Su lengua, sus dientes y sus labios apretados contra los de ella.
Su boca rozó la de él y lo mordió. Su lengua se movió contra su labio inferior y se deslizó contra el de ella. Era como si intentara verterse en ella o consumirla.
Sus dedos se deslizaron por la curva de sus orejas y sus pulgares acariciaron el arco de sus pómulos. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello mientras se encontraba con cada movimiento de sus labios. Él soltó un grito entrecortado contra su boca y ella lo sintió estremecerse.
La besó hasta que ella pudo sentir la desesperación en su sangre.
Luego se echó hacia atrás, apoyando su frente contra la de ella. Le temblaban las manos mientras la sostenía.
—Lo siento, lo siento, lo siento mucho. Lo siento por todo lo que te hice. —dijo, con la voz ronca y rota— Te amo. Te fuiste, y nunca te lo dije.
Ella le pidió que se quedara todas las noches.
Nunca hicieron más que besarse. Las manos de Draco rara vez se movían por debajo de sus hombros cuando la besaba.
Ella se acurrucaba en sus brazos y se dormía escuchándolo respirar.
Durante el día él se iba a "trabajar" y ella investigaba, dándole a Topsy listas cada vez más largas de los libros que quería.
Romper maldiciones. Artes Oscuras. Maldiciones letales. Enciclopedias de pociones e índices de ingredientes. Análisis de maldiciones. Libros de texto de medicina muggle.
Tenía la esperanza de que, si la maldición se rompía, eso pudiera desviar la marca. Pero después de ejecutar una simulación mental del procedimiento de cuatro formas diferentes, concluyó que era imposible.
La maldición en la marca no era dérmica, era como sus runas, incluso si ella cortaba todo el tejido muscular de su antebrazo, lo extraía y reconstruía sus huesos, asumiendo que podía mantener su mano en estasis lo suficiente para preservar el tejido y nervios durante veinticuatro horas, la marca tenebrosa simplemente volvería a crecer junto con los huesos, los músculos y la piel.
Draco estimó que tendrían unas pocas horas como máximo una vez que le quitaran las esposas. Era posible que
Voldemort se enterara de inmediato; estaba intensamente interesado en Hermione.
Si Hermione estuviera tratando de hacer que Draco huyera con ella, no habría tiempo para un elaborado procedimiento de curación.
La remoción tendría que ser rápida.
Tendría que cortarse el brazo izquierdo, justo debajo del codo.
El pensamiento dejó un nudo doloroso en la boca del estómago cada vez que pedía más recursos sobre técnicas de amputación.
No estaba segura de si siquiera la amputación tendría éxito.
La herida estaba maldita para no sanar jamás; junto con una hemorragia mágicamente acelerada, el resultado fue rápidamente letal.
No era como la letalidad gradual de la maldición que Dumbledore había recibido en su mano. El daño se negaba a ser contenido o ralentizado, mágicamente o de otra manera.
Torniquetes. Esencia de Dittany. Cauterización. Hechizos curativos. Severus y Draco habían intentado sin éxito detener el sangrado; era como si la maldición estuviera decidida a expulsar toda la sangre del cuerpo.
Ella siguió reduciendo y reduciendo las opciones. Cada día se sentía como un tornillo que se apretaba más.
Sus dolores de cabeza dejaron de ser debilitantes, pero fueron reemplazados constantemente por una ansiedad que se marchitaba. La fecha en la pared se sentía como una sentencia de muerte diaria.
Investigó hasta que no podía ver para leer. Era la única forma en que sabía cómo hacerse sentir útil.
Sentirse útil era todo lo que estaba haciendo.
Sabía que Draco la estaba dejando sentir que estaba contribuyendo. La estaba dejando intentar, para que sintiera que había hecho algo. Era solo una salida, como hacer abdominales en su habitación o registrar la mansión desde la buhardilla en la mazmorra con la esperanza de encontrar un arma. Era algo que debía hacer.
Cuando Draco estaba con ella, la trataba como si fuera un adiós. La miraba como si se estuviera despidiendo.
La tocaba como si estuviera diciendo adiós. Él envolvía sus brazos alrededor de sus hombros y descansaba su cabeza sobre la de ella, y ella podía sentirlo.
Una mañana regresó de la ducha y descubrió que todos sus libros habían desaparecido. Topsy estaba de pie junto a la cama.
—La sanadora viene hoy. El maestro dice que es necesario guardar todos los libros.
Hermione asintió con resignación, fue y miró por la ventana. Era verano, exuberante y hermoso. No había estado afuera en más de un mes.
Se sentía como un gran esfuerzo; ir hasta el exterior, tratar de mantener la calma bajo el cielo abierto. Perdería tiempo y energía que podría estar gastando tratando de encontrar una manera de quitar la marca de Draco.
Hubo un suave crujido, miró por encima del hombro y descubrió que Draco había aparecido.
—Stroud llegará pronto.
Hermione asintió, —Topsy lo mencionó.
Se acercó y se puso de pie, mirando por la ventana junto a ella, —¿Cuándo fue la última vez que saliste?
Hermione siguió mirando hacia el laberinto. Extendió la mano y apoyó el dedo en la rejilla de la ventana.
—No lo recuerdo. Principios de mayo.
—Deberías salir.
Sus dedos se deslizaron lejos del cristal y cayeron a su lado, —Es demasiado abierto. No quiero.
Draco guardó silencio, —El aire fresco sería bueno para ti. Podría ayudarte a comer más.
Hermione miró hacia abajo, —No tengo tiempo."
—Lee abajo, siéntate junto a una ventana abierta. Solías salir siempre.
Su mandíbula amenazaba con temblar. La tensó y se encogió de hombros.
—Bueno... —su voz era cautelosa—Era diferente entonces.
—No estoy hablando de hace años. Solías salir a la propiedad. Solías salir de esta habitación. Ahora casi no haces eso.
Ella se encogió de hombros y siguió mirando por la ventana, —No tenía nada más que hacer.
Dio un suspiro agudo, —Granger... ¿por qué no sales?
Hermione se quedó callada por un momento. Apoyó la yema del dedo en el cristal y dibujó a Kenaz en busca de conocimiento, creatividad e inspiración. Nunca se había imaginado cuánto podía extrañar la escritura, cómo había dado por sentada la capacidad de poner sus pensamientos en un papel para organizarlos y volver a ellos.
Echaba de menos la escritura casi tanto como la lectura. A menudo se encontraba dibujando en las ventanas para tratar de procesar todo lo que tenía en la mente.
Junto a Kenaz, dibujó a Sowilo, por el éxito y la integridad, y a Dagaz por el avance, el poder del cambio y la esperanza.
Luego suspiró y atrajo a Isa sobre todos ellos y lo tocó antes de mirar hacia abajo.
—Me siento más segura y más tranquila en esta habitación. Todavía hay mucho que estoy procesando y me afecta más cuando estoy en otras partes de la casa. — ella tragó y su hombro se contrajo— Podría entrar en pánico, y entonces no me dejarás investigar más.
Draco se quedó quieto.
—Granger... —su voz se desvaneció brevemente— No te encierres en una jaula por mi culpa.
Hermione lo miró rápidamente, —No lo hago. Es sólo que no quiero correr riesgos. Hay cosas más importantes que salir.
Draco iba a responder pero se detuvo, su expresión se volvió fría.
—Stroud está aquí.
Hermione sintió que su estómago se hundía.
—Bien.
Se fue para traer a Stroud, y Hermione se sentó en el borde de su cama, deseando que su corazón latiera más lento.
La puerta se abrió y la sanadora entró, Draco estaba a solo unos pasos detrás de ella, su máscara de indiferencia completamente en su lugar.
—Estás consciente esta vez. —dijo Stroud, mirando a Hermione mientras conjuraba una mesa en el medio de la habitación.
El estómago de Hermione dio un vuelco cuando se puso de pie y se acercó lentamente, sentándose en el borde antes de que se lo ordenaran.
Ella y Draco habían discutido la eventualidad de la llegada de Stroud, pero estar preparada para eso no hizo que su corazón latiera menos dolorosamente en su pecho.
Stroud agitó su varita y lanzó varios diagnósticos, —Bueno, ya no estás en coma o al borde de la hambruna. Te hubiera visitado antes para este examen, pero High Reeve temía que estuvieras demasiado delicada. Estarás entrando en el segundo trimestre esta semana. —Stroud miró a Hermione con ojo crítico—Tienes un aspecto bastante enfermizo. Deberías estar al aire libre al menos una hora. No querrás perjudicar a un niño al descuidar tu salud.
El pecho de Hermione se apretó y sus dedos se deslizaron protectoramente hacia su estómago. Stroud agitó su varita y apareció el orbe brillante.
Más grande que nunca, del tamaño del puño de Hermione.
La luz rápida y ondulante llenó la habitación como una estrella.
Hermione lo miró fijamente y se olvidó de respirar.
Stroud inspeccionó el orbe y le lanzó varios hechizos antes de escribir en su archivo.
—Todavía está sano. No parece que el coma o las convulsiones hayan causado ningún daño en el desarrollo. —Stroud lanzó otro hechizo de diagnóstico y, tal como se manifestó, su rostro decayó—Es mujer. Qué lástima.
