Rumores
DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko yo solo los tome prestados para realizar esta historia que si es de mi pertenencia
Capitulo cinco: "Acuerdos"
A pesar de llevar años recorriendo el mismo trayecto de su casa al instituto, Akane jamás lo había sentido tan largo como en ese día en particular con un suspiró desganado se detuvo al llegar a la esquina y esperar hasta que el semáforo le señalara que podía avanzar. Sus pensamientos eran un completo caos y el no dormir bien por dos noches seguidas estaba empezando a afectarle.
La paciencia no era alguna de sus virtudes por las cuales se caracterizaba, pero para no levantar sospechas tenía que mantener una fachada ante sus conocidos y era una tarea agotadora, más de una vez se vio tentada a mandar a varios conocidos al diablo.
Ranma Saotome era alguien difícil, comprendía que su carácter fuera difícil, y hasta desconfiada. Había sido ingenuo de su parte creer que sería fácil romper la coraza en la que el pelinegro se envolvía, que equivocada que estaba. Hasta le sorprendía el nivel de testarudez de este, ya que en ese sentido eran muy parecidos.
Bufó por lo bajo al recordar la tensión y el silencio incomodo que se dio entre ellos la noche anterior mientras recorrían las calles que faltaban para llegar a su casa, incomodidad que aumentó al llegar a la habitación que ocuparía, con un simple "Que descanses" se despidió antes de cerrar la puerta.
—¡Grosero, ni las gracias me dio! —gruñó entre dientes—. Y yo que soy tan considerada con él—musitó avergonzada al imaginarse la reacción que tendría su compañero al ingresar a la cocina y notara que le había dejado preparado el desayuno.
—¿Me preguntó si Saotome es el culpable de tu estado?
Akane solo asintió vagamente sin prestarle mucha atención a la persona que estaba parada a su lado.
—Ya no estoy segura de que este plan sea una buena idea —admitió con pesadez.
—¿Por qué lo dices?
—Cada día que pasa, solo confirman mi teoría de que él no sabe nada ¿por qué te hice caso Nabiki? —se giró molesta mirando a la castaña.
—No le hacemos daño a nadie Akane, ni que cometieras la estupidez de llevarlo a vivir contigo —comentó restándole importancia al asunto, pero al ver la palidez en el rostro de la peli azul, temió lo peor— ¿No lo hiciste cierto? —cuestionó con incredulidad.
Akane giró la cabeza para evitar que la mirada escrutadora de la castaña notara el sonrojo en sus mejillas.
—No lo puedo creer, pero me imagino que hubo una buena razón para que actuaras de manera tan… ¿impulsiva?
—Te buscaré y te lo contare en el descanso —interrumpió apresurada al escuchar la campana del instituto, y se echó a correr, dejando atrás a una Nabiki pensativa.
.
.
.
Si había algo que al despertarse Ranma descubrió esa mañana, era que su sueño pesado era algo que debía empezar a resolver si no podría ser problemático a futuro, ser despertado por factores externos no era favorecedor siendo que siempre sus sentidos estaban alertas, indirectamente miró la cama donde dormía por segundo día e indirectamente le echaba la culpa a que esta era demasiada cómoda y si no fuera porque su estomagó le reclamó alimento seguiría durmiendo. Somnoliento descendió los escalones, con destino a la cocina, al ingresar a la habitación el aroma que flotaba hizo que su estomagó protestara, valiéndose de su olfato fue en busca del origen de tan agradable olor.
Al observar la comida para él, nuevamente su corazón se aceleró por la emoción debido a los gestos que su compañera tenia hacia él, sintiendo nuevamente los remordimientos sobre su actitud.
«Tal vez con el tiempo lo logre»pensó al empezar a comer, trataría de ahora en adelante no actuar con tanta desconfianza.
.
.
.
La incredulidad en las facciones de Akane era evidente al ver la cantidad de papeles entre las manos de su compañero Daisuke, como mínimo debía haber unas veinte.
—¿Podrías entregárselo a Saotome?
—¿Por qué debería hacerlo? —cuestionó curiosa, ella no era la mensajera de nadie, mucho menos de ese malagradecido. Dio un paso atrás dispuesta a irse hasta que el castaño la detuvo.
—Eres su novia.
Gruñó una maldición entre dientes antes de arrebatarle las hojas para girarse y empezar a caminar con prisa, sin molestarse en despedirse.
—Malditos rumores— musitó a medida que avanzaba por los pasillos, con tantos problemas que tenía en la cabeza se había olvidado el pequeño detalle de que todo el instituto creía que era la pareja del pelinegro. Tendría que hablarlo con su compañero para que la noticia no lo tomara desprevenido y así entre ambos podrían llegar a tomar la mejor decisión cuando regresara a clases.
La vibración de su teléfono la sobresalto, solo para seguir maldiciendo al ver un mensaje de Nabiki, no debía ser una adivina para saber que seguramente quería continuar con la charla de la mañana.
A medida que era bombardeada por las preguntas de la castaña, Akane suspiraba con pesadez, ya estaba empezando a cansarse de la situación como para mandar todo al diablo, para el colmo que su socia viniera a empeorar la situación con sus reclamos, solo aumentaba su molestia.
—Creí que entre nosotras había confianza.
Akane prefirió guardar silencio para no contradecirla, ambas tenían en claro que estaban juntas solo por negocios, por más que compartían más tiempo de lo normal no significaba que existiera una amistad.
— Tampoco me explicó que fueras tan impulsiva.
Bien, en ese punto Akane le daba la razón, sin contar los meses oscuros en el que estuvo descontrolada por la reciente desaparición de su padre, siempre se había caracterizado por ser meticulosa a la hora de realizar y tomar decisiones.
Aunque, sabía que actuar impulsivamente no fue conveniente, la situación lo ameritaba y debía aprovechar la oportunidad, pero ahora con la cabeza en frío estaba segura de haber podido tomar una mejor decisión o una que no fuera tan arriesgada, porque con la presencia del pelinegro bajo su mismo techo tendría que ser muy cuidadosa y que este no fuera a descubrir que la apariencia de niña buena que mantenía en el instituto, era eso solo una apariencia.
— Bien, como sea —Nabiki terminó dándose por vencida ante el silencio de su compañera—. A la a la salida del instituto necesito que me acompañes.
La voz de Nabiki con ese tinte de misterio, erizó la piel de la peli azul.
—¿Negocios? —cuestionó cautelosa.
—Algo así.
A pesar de lo ambigua que fue la respuesta, solo asintió eso le ayudaría a retrasar el regresó a su casa y así podría pensar como encararía la situación.
.
.
.
Ranma siempre estaría agradecido con su madre que desde chico le había impartido a colaborar con las tareas del hogar, esto le facilitó las cosas al empezar a vivir solo. Ignorando las protestas de dolor en su cuerpo se las arregló para hacer algo de limpieza, claro siempre dentro de los ámbitos permitidos, aunque no habían acordado los términos con los cuales manejarían la convivencia, era lo mínimo que podía cumplir por el momento.
Para su sorpresa no había casi nada para hacer, el lugar estaba demasiado limpio y horas más tarde comprendió la razón de que fuera así, el horario de finalización de clases había pasado y la peli azul no hizo acto de presencia.
—¿Qué estará haciendo? — musitó ausente al mirar la olla de donde el vapor de la comida flotaba.
Hizo una mueca al ver la cantidad que quedaba en el recipiente, era más que suficiente para otra persona suspiró con molestia, pues se esmeró en prepararla. Sacudió la cabeza para alejar esa sensación de decepción, era mejor que empezara a lavar lo utilizado.
—¿Por qué tengo el presentimiento de que me estoy olvidando de algo? —gruñó al terminar y salir de la cocina. Caminando directamente al lugar donde estaba el teléfono.
Sus manos temblaron al levantar la bocina y con un suspiró fuerte empezó a marcar el número que se conocía de memoria, pero al ver que demoraban en contestar empezó a cuestionarse su decisión.
—¡Hola!
La voz femenina del otro lado ocasionó que la añoranza recorriera el corazón del pelinegro.
.
.
.
Con el tiempo que llevaba trabajando junto a Nakano Nabiki, era difícil saber cuándo iba a salir con alguna idea descabellada. Akane siempre trataba que estas no la agarraran desprevenida, una misión difícil ya que su socia era como una maldita caja de Pandora que arrasaba con todo a su paso.
No había alcanzado a dar el primer paso para salir del salón cuando prácticamente fue arrastrada por la castaña, quien la llevó consigo sin decirle una palabra. A Akane le molestaba el silencio de su socia, no es que desconfiara de ella, pero el tener que ir a un lugar desconocido sin información previa, le provocaba cierta ansiedad.
Realmente se lamentaba el haber estado distraída cuando la dirección fue informada al taxista, tal vez así no se sentiría tan desorientada, para cuando el vehículo frenó no pudo evitar contemplar con extrañeza la fachada del edificio, ya que este no poseía ningún letrero o algo que lo identificara.
—¡Sígueme! — habló Nabiki quien ya había descendido.
—¿Qué es este lugar? —cuestionó al llegar a su lado—. Por lo menos hubieras dejado que me cambiara— señaló con una mueca su uniforme escolar.
Si tenía que enfrentarse contra alguien la comodidad era una prioridad y portar falda no era la mejor opción.
—No te preocupes, así estas perfecta —comentó con un guiño antes de empujar las puertas de cristal edificio.
«Esto no va a terminar bien» pensó abatida al seguirla, el cosquilleo molesto que recorría su espalda se lo decía, este solo aparecía como una señal, la cual hasta la fecha no la defraudaba.
Minutos más tarde Akane miraba con desesperación la papelera de la oficina deseando tenerla entre sus manos y poder dejar adentro el poco alimento que su estómago poseía. La imagen de Nabiki coqueta sentada en las piernas del hijo del dueño de la empresa permanecería grabada en su retina lo que restaba de vida.
—Kuno, baby, sé que alguien tan caballeroso como tú, no le negaras tú ayuda a este par de jovencitas ¿cierto?
«Ni lo sueñes»pensó Akane al lanzarle una mirada molesta, si Nabiki esperaba que se fuera a unir a ellos estaba muy equivocada.
Akane giró la cabeza para que ninguno de ese par descubriera la mueca de asco en su rostro, las arcadas no cesaban, al contrario solo aumentaban con solo escuchar la melosidad en el tono empleado por la pareja, pero el rostro embobado del sujeto era lo que más la desesperaba. No quería seguir como espectadora de tan bizarra imagen, estaba claro que el tipo se estaba haciendo el difícil solo para aumentar su ego, para al final negarles la ayuda.
—Está bien, mi reina de hielo —concedió con arrogancia—. Tendrás solo quince minutos, es lo que demoraré en ir a los sanitarios.
—Son más que suficientes —mencionó emocionada antes de darle un beso.
«¡Que me lleve el diablo!»pensó mirando la puerta esperando que se abriera y un ser apareciera para llevársela.
Akane se vio obligada a forzar una sonrisa cuando el sujeto pasó a su lado, pero cuando este le guiñó un ojo su cuerpo tembló involuntariamente a tal punto que tuvo que obligarse a empuñar sus manos para no ceder ante el impulso de golpearlo.
—Tendo despabila, no tenemos mucho tiempo —la voz de Nakano le recordó a la peli azul el por qué estaban en ese lugar.
El padre de Kuno Tatewaki era el dueño de una empresa de seguridad, por lo poco que le logró sacar a Nabiki, aunque esta no era más que una táctica que empleaban para tener participación en peleas clandestinas, en las cuales utilizaban las cámaras de filmación como una clase soporte, por no decir que la consideraban como la fuente fiable para controlar todo lo que sucedía dentro de las instalaciones de dichos antros.
Los dedos de Nabiki se desplazaban con rapidez por las teclas del computador, eso confirmaba las sospechas de Akane de que no era la primera vez de la castaña en ese lugar.
—Este es el sujeto que se hace llamar Caballo Salvaje —mencionó emocionada señalando la pantalla del computador— ¿Te parece conocido?
Akane palideció al observar la figura masculina en la pantalla, aunque su peinado era diferente, ya que estaba suelto no había dudas de que se trataba de su compañero de clases y roomie "Ranma Saotome".
.
.
.
El ruido proveniente de la puerta de la entrada, le avisó a Ranma la llegada de su compañera. Tras mantener una extensa conversación telefónica que resultó ser lo suficientemente esclarecedora para determinar cuál sería la mejor decisión, por lo menos hasta conseguir algo de tiempo hasta lograr recaudar la información necesaria, trataría de sacar provecho de las circunstancias y el primer paso era empezar a llevarse bien con la chica.
Al ingresar a la cocina se encontró con la imagen de la peli azul ingiriendo la comida con deleite. Sus mejillas se sonrojaron cuando los iris chocolates lo miraron.
—¡Esto esta delicioso! —lo felicitó, antes de seguir comiendo.
—No es la gran cosa —respondió tratando de restarle importancia al asunto—. Es lo mínimo que puedo hacer por las molestias ocasionadas.
Akane solo negó con la cabeza y le brindó una sonrisa radiante y siguió comiendo. Ranma suspiró con fuerza para darse ánimos antes de proseguir con lo siguiente que quería decir.
—Gracias… —musitó avergonzado— Cuando termines quisiera hablar contigo de algo importante —solicitó antes de abandonar la cocina.
Ranma avanzó unos cuantos pasos y apoyó su cabeza contra una de las paredes del pasillo, se llevó una mano al pecho tratando de calmar los latidos de su corazón.
.
.
.
Akane trataba de ser rápida a la hora de lavar los trastes, pero por alguna razón esta vez se estaba tomando su tiempo para hacerlo, el enterarse de la manera de como el pelinegro conseguía el dinero para sobrevivir, respondía varias interrogantes que tenía, como por ejemplo el por qué era tan bueno en la parte deportiva. La destreza en sus movimientos a la hora de pelear era limpios, rápidos y hasta letales, un trabajo demasiado peligroso por no decir ilegal.
«Tenemos mucho más en común de lo que imagine»pensó asombrada al recordar que varios de los movimientos de pelea eran parecidos a los que ella solía utilizar, los cuales provenían de la enseñanza impartida por su padre. Además, el reciente comportamiento del pelinegro la confundía, esta había sido tan inesperada como tierna, sus mejillas empezaron a calentarse solo de recordarlo.
—No debo bajar la guardia —se regañó al secarse las manos cuando terminó —, ya no puedo cometer esa clase de errores.
Akane salió de la cocina llevando consigo una bandeja con dos tazas de té, para encubrir su demora mientras buscaba diversas posibilidades para lograr retenerlo en el caso si Saotome le notificara que se marcharía.
.
.
.
Los pensamientos de Ranma se fueron de paseo, cuando Akane entró a la sala. Siguió con cuidado cada uno de los movimientos que ella hacía.
—Gracias —musitó al agarrar y beber de la taza de té.
—Ten cuidado…— advirtió apresurada, pero la mueca en la cara del pelinegro la asustó— está caliente.
El ardor en su garganta, ocasionó que varias lagrimas se deslizaran por sus mejillas, mientras que con su mano intentaba aliviar la sensación.
Al ver el comportamiento de su compañero, le causó gracia y sin poder contenerse empezó a reír.
Ranma la miró sorprendido, en el tiempo que llevaba conociéndola era la primera vez que presenciaba tal suceso, esa risa era tan natural y real, que por un momento deseo verla siempre de esa manera.
—No es gracioso—gruñó tratando de sonar molesto, tratando de cubrir la vergüenza del suceso.
—Lo siento —se disculpó, aunque la sonrisa no desvanecía— ¿De que querías hablar?
La pregunta tomó por sorpresa a Ranma, quien la miró confundido hasta que recordó lo que dijo en la cocina, pero para su mala suerte las palabras se rehusaban a salir de sus labios.
—¿Cuándo vas te vas a ir? —soltó de golpe Akane, ante el silencio del muchacho— ¿Tan malo es vivir aquí?
—¿De dónde sacaste eso? —rebatió confundido. Aunque, si lo pensaba bien el comportamiento que mantenía el último tiempo, era comprensible que ella sacara esa conclusión—. Q-quiero quedarme aquí—musitó avergonzado.
Akane solo asintió pensativa, aunque la noticia la tranquilizaba una nueva interrogante nacía, y para la mala suerte del pelinegro ella no descansaría hasta saber por qué había cambiado de parecer.
—Mañana a la salida del instituto iré a buscar el resto de mis pertenencias —mencionó, aunque estas no eran muchas, no era la verdadera razón por la que iba sino a buscar el dinero ganado en las peleas ya que eran los únicos ahorros que poseía.
—Todavía no estas recuperado del todo, además, ayer presente un certificado en el instituto que te cubre por varios días.
El remordimiento lo recorrió, Akane siendo una desconocida se estaba tomando demasiadas molestias para ayudarlo. Las únicas personas que hacían ese tipo cosas por el estaban a kilómetros de distancia. Y como le retribuía el aprovechándose de la oportunidad hasta lograr solucionar el lio en que terminó involucrado por culpa de su padre.
—Después le agradeceré a Tofu.
Akane sonrió y aprovechando que el ambiente era tranquilo sacó del bolsillo de la chaqueta escolar las notas que guardó desde la mañana.
«Tal vez no sea conveniente que se las entregue» pensó al ver el rostro del pelinegro lleno de curiosidad en las hojas entre sus manos. Al ver que no las recibía iba a guardarlas, cuando de un rápido movimiento estas desaparecieron.
—Más desafíos —suspiró con pesadez al leer la cantidad de disciplinas que tendría que realizar.
Akane se removió incomoda en su lugar, era obvio que los retadores la mayoría habían sido rechazados por ella y solo buscaban llamar su atención. Estaba por decirle que no era necesario que hiciera tal cosa, cuando el pelinegro nuevamente habló.
—Todo esto por una obra de teatro —molesto tiró los papeles en la mesa—, ni que fuera tu verdadero novio—acotó con burla. La palidez en el rostro de la peli azul lo alertó— ¿Pasa algo?
—Sobre eso, sabes hay algo que no te conté —comentó con una sonrisa nerviosa—. Es algo muy gracioso, pero antes tengo un trato que ofrecerte.
.
.
.
En un pueblo ubicado a varios kilómetros de la ciudad de Tokio, se podía apreciar una antigua residencia en donde los padres internaban a sus hijos problemáticos hasta que mejoraran o en su defecto cumplieran la mayoría de edad para ser independientes.
Mientras que sus compañeras dormían una de las tres mujeres que compartían la habitación contemplaba emocionada el reloj de la pared.
—Diez, nueve, ocho— contaba los segundos emocionada, sus iris brillaban con anticipación— ¡Por fin, mañana saldré de este lugar!
Una sonrisa curvó en sus carnosos labios, ya tenía decidido a qué lugar iría.
Continuara…
Despues de varios meses pude actualizar. Voy a dedicarle más tiempo a esta historia este mes ya que el capítulo seis ya casi está listo y el siete está hecho a mano en unas hojas esperando a ser pasado a Word.
Mil disculpas por demorar tanto, pero como dije en T.O.C. no voy a dejar ninguna abandonada.
Ya saben cualquier duda o consulta me lo dicen aquí o por privado y yo con gusto les responderé
