Rumores

DISCLAIMER: Los personajes de Ranma ½ son propiedad de Rumiko yo solo los tome prestados para realizar esta historia que si es de mi pertenencia.


Capitulo Ocho: "No hay peor ciego que el que no quiere ver"

Los silbidos y cumplidos de parte de sus compañeros sacaron a Ranma de su estupor, quien de mala gana deshizo el abrazo. Ese par de orbes azules se encontraban cristalizados a causa de las lágrimas que a duras penas podía controlar, tantos recuerdos que compartieron juntos en su niñez vinieron uno a uno, hasta que el destino y la decisión de sus padres ocasionó su separación.

—¿Cómo me encontraste? —cuestionó con molestia dejando a un lado los sentimentalismos, nadie fuera de su madre sabía de su ubicación, y la comunicación entre ellas no era la mejor por no decir que era prácticamente nula.

—Llevamos cinco años separados y es lo primero que vas a decir —murmuró con una mirada triste.

La campana anunciando la finalización de la jornada escolar retumbo con fuerza, uno a uno de los alumnos empezaron a marcharse entre murmullos.

—La victoria fue mía al final —soltó divertido Mikado a su lado caminando hacia las duchas.

«Maldición, Akane»pensó nervioso antes de empezar a correr, tratando de no escuchar los gritos femeninos que lo seguían de cerca.

Al llegar al salón ignoró las miradas de sus compañeras, que asombradas veían que ni siquiera se había tomado la molestia de cambiarse, todavía portaba el uniforme deportivo, con pasos firmes llegó hasta el puesto que ocupaba la peli azul y maldijo por lo bajo al ver que su maletín no estaba.

—Ranma Saotome —llamaron desde la puerta y todas las miradas de los presentes se dirigieron hacia la fémina de brazos cruzados quien parecía molesta.

Ranma gruñó entre dientes y de un movimiento rápido agarró su mochila, para ir hasta la muchacha y prácticamente llevársela a rastras con él.

—Oye, ¿qué manera es esa de tratarme? –se quejó al soltarse del agarré, su antebrazo estaba rojo y seguramente le iban a quedar marcas.

—Voy a cambiarme, me vas a esperar —ordenó con firmeza, ella iba a rebatir, pero Ranma la detuvo—. No hables con nadie, porque si lo haces va a ser la última vez que me veas.

—Amargado— bufó al cruzarse de brazos y darle la espalda.

Ranma agradeció que al ingresar a los vestidores estos se encontraban vacíos, la reciente visita le causa incomodidad, la cual se desquito al desvestirse con rapidez para meterse en la ducha.

—¡Maldición! —rugió a la vez que estrellaba su puño contra los cerámicos de la pared, la presencia femenina no solo iba a complicar su plan y el estilo de vida que llevaba, inmiscuirse en la vida de los demás era uno de los tantos defectos que esta poseía, sino que además algo le decía que su amistad con la peli azul también terminaría peligrando— ¿Por qué no se quedó dónde estaba?

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Akane sentada sobre el futon, de donde era fiel espectadora de como Nabiki cepillaba con parsimonia sus cabellos y a pesar de haber accedido a permitirle quedarse en su casa cuando se lo solicitó sabía que esta se estaba conteniendo de darle un sermón tan extenso que la biblia en comparación sería un conjunto de simples y cortas oraciones. El silencio en el que se mantenía Nakano desde que le entrego su maletín era tedioso e incomodó, había perdido la cuenta de las veces que intentó sacarle plática, pero esta solo se dedicaba a ignorarla.

El llamado de Tamako avisándole que ese día su nieto iba a atender el negocio, solo lograron empeorar las cosas al saber que tendría que pasar todo el día con ella, tanta era su mala suerte que ni siquiera había surgido algún trabajo, como para que logrará descargar la tensión que sentía.

—Agradezco tu ayuda —admitió al removerse incomoda, la castaña seguía en silencio, pero gracias al reflejo del espejo notó que su ceño se fruncía más—. Está bien lo admitió, soy una cobarde ¿estas feliz?

Exhaló un suspiró pesado, tenía miedo de encarar a Ranma, maldecía a sus sentimientos y maldecía principalmente a Nabiki por quitarle la venda de los ojos y hacer que estos salieran a la luz. Sentimientos que, al ser nuevos y desconocidos eran como una maldita bomba, una que la amenazaban con explotar en cualquier instante al no saber controlarlos lo suficiente para no delatarse. Oh, sí, prefería que estos hubieran permanecido ocultos en su interior.

—Bien, aceptarlo es el primer paso —habló por primera vez Nabiki—, entiendo que tengas miedo y más ahora que vas a tener competencia. Una muy sensual debo admitir.

—No me estas ayudando —gruñó entre dientes—. Desearía poder deshacerme de esto con rapidez.

—Tsk, te quejas por todo, desde este momento empezaras a alejarte lentamente así podrás enfriar lo que sientes o como mínimo controlarlo.

—¿Crees que funcione? —cuestionó esperanzada.

—Por supuesto—mintió nerviosamente, en realidad Nabiki estaba segura que Saotome sentía lo mismo por Akane—, pero debes recordar que tendrás que encararlo tarde o temprano, no vas a poder huir por siempre.

—¿Cuál es el plan?

—Vas a regresar a tu casa ahora —soltó con suficiencia, al ver que la iban a cuestionar—. Encerrarte en tu habitación es mejor que quedar como una cobarde.

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Aprovechando que la peli azul trabajaba ese día, le dedicó de lleno su tiempo a su visita en ponerse al día contando todo lo que pasaron ese tiempo separados, que le molestara su presencia no opacaba el sentimiento que sentía por ella, escuchar de su boca las razones por las cuales terminaron separarlos, fue como un baldazo de agua fría, principalmente porque él estaba en una situación parecida. No le resultaba extraño que su padre fuera el causante de sus desgracias. La charla se hizo más amena cuando ambos se pidieron a su manera una disculpa, ambos eran inocentes, simples piezas en los planes de una persona egoísta, era difícil estar enojados, el lazo que los unía era demasiado fuerte.

La tarde pasó con rapidez y a la hora de despedirse la acompañó hasta el lugar donde se quedaba, estaba agradecido de que ella encontrara en un lugar seguro, además se las había arreglado para también conseguir un trabajo en un restaurant como mesera, pero sabía que le molestó cuando lo invitó a que se fueran a vivir juntos. No podía hacerlo, le debía mucho a la peli azul y sin mencionar que no quería alejarse de ella en estos momentos.

Al llegar a la residencia se cambió y fue directamente al Dojo a empezar con los ejercicios de calentamiento, así sería más ameno la espera del arribo de su Roomie, era increíble como en poco tiempo estaba acostumbrado a compartir sus entrenamientos a su lado. Akane fácilmente podía seguirle el paso, su agilidad le había impulsado a mejorar sus ataques. El sentimiento de dejavu nuevamente se hacía presente horas después al ver que esta no llegaba.

—¿Dónde estás? —cuestionó en la entrada de la casa a la vez que el reloj de la sala marcaba las diez.

El sonido de una melodía proveniente del interior de la casa atrajo su atención, invadido por la curiosidad ingresó para tratar de dar con el origen, se sorprendió que este parecía provenir del segundo piso, mejor dicho, de la habitación de Akane. Un letrero de "no molestar" colgaba en el picaporte de la puerta, el cual fue ignorado por Ranma quien llamó de todas formas.

Desde el interior Akane acostada sobre su cama repasaba el guion de la obra "Romeo y Julieta "para el ensayo del día siguiente. El sonido de la música a todo volumen desde su estéreo le impedían escuchar los golpes en la puerta, mientras ella usaba unos tapones de oídos para amortiguar el estruendoso sonido.

«Fue una buena idea»pensó al cambiar de página, el plan era fácil ya que no pensaba hablar de sus sentimientos, pero algo en su interior le dictaba que se desquitara de alguna manera la amarga sensación que tuvo que presenciar, así que estaba dispuesta a atormentar a Saotome, y esta noche no iba a dejar que este descansara lo suficiente.

— Se terminó la dulce Akane —murmuró con molestia al rememorar como el pelinegro era abrazado por una mujer—. Ranma eres un completo idiota, pero más idiota soy yo por haber dejado que este sentimiento me atrapara.

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Ranma contuvo a duras penas el bostezo que exigía salir de sus labios, sus parpados en cualquier momento iban a cerrarse gracias al sueño y cansancio que todavía sentía.

—Ingrata —gruñó al sacar del interior del refrigerador los ingredientes necesarios para prepararse el desayuno—. Ni siquiera se molestó en despertarme.

El resentimiento lo inundaba, Akane le había hecho pasar una noche horrible, el sonido de la música a altos decibeles permaneció toda la noche retumbando contra sus oídos. En algún momento debido al cansancio que poseía terminó cediendo al sueño, pero para su mala suerte fue casi al amanecer. En resumen, se había quedado dormido y por ende perdió un día de clases.

—Habrá que aprovechar la mañana —murmuró estirando sus brazos, caminando hacia el Dojo después de lavar los trastes, aprovecharía para entrenar para la pelea de esa noche.

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—¡Alto! —el gritó de Hinako retumbo en el auditorio haciendo temblar a todos los alumnos que estaban presentes, a pesar de su contextura pequeña, poseía un carácter intimidante—. Esto es un completo desastre, salvo Mikado-kun todos lo están haciendo mal.

Akane negó con la cabeza al notar la mirada brillante que resplandecía en el rostro de su compañero, las palabras de Hinako solo aumentaba la arrogancia y el orgullo del castaño. Contuvo la respiración al ver como la profesora se paraba frente suyo.

—Me es extraño que tú, Tendo, estés distraída—admitió con pesadez—. Eres la mejor de tu clase en todo ámbito y esto para ti debería ser como un juego de niños. Además, tu pareja es excelente, deberías poder lucirte con facilidad.

Akane contaba internamente a medida que las palabras de Hinako iban saliendo. Aceptaba que estaba distraída, aunque la palabra correcta sería enojada. A pesar de haberse vengado del pelinegro la molestia en su interior permanecía intacta y el tener que interactuar con Mikado solo empeoraba las cosas. Además, se sentía incomoda, desde que dio el primer paso en el instituto los murmullos no se hicieron esperar. Todos hablaban de cómo había sido desplazada por una desconocida.

—A este paso jamás llegaremos a la escena del beso.

A pesar del berrinche de parte de Hinako. Akane se mordió el labio para evitar decir que prefería la muerte antes que dejar que el castaño la besara.

El sonido de la campana retumbo en todo el establecimiento, Akane se unió a sus compañeros aprovechando que todos se marchaban, dejando atrás a una molesta profesora, quien estaba haciendo un berrinche ante la pérdida de un día de ensayo.

—¿Dónde enterraste el cuerpo? —cuestionó Nabiki cuando la interceptó en el pasillo.

—¡Demonios Nakano! ¿Me quieres matar? —Akane exhalo un suspiró nervioso, a su socia se le estaba haciendo costumbre el preguntarle cosas cuando se encontraba con la guardia baja— ¿De qué estás hablando?

—De la ausencia de tu Roomie —aclaró con diversión—. No puedo creer que tus celos desencadenaran su prematura muerte ¿necesitas una cuartada? ¿con que arma lo atacaste? ¿derramo mucha sangre?

Akane sujeto el brazo de Nabiki y sin decir una palabra se la llevó con ella, no quería que alguien fuera a escuchar las estupideces que salían de la boca de su socia y se esparcieran rumores que destruyeran todo el esfuerzo que llevaba logrando en todos esos años. Su reputación de niña buena se desmoronaría con facilidad.

—¿Estás loca? —preguntó molesta cuando llegaron a la azotea. La risa tintineante de Nakano la molestó, ella no le veía el lado divertido de su accionar, principalmente cuando en el pasado en más de una ocasión durante una pelea tuvo graves problemas para contener los deseos de cometer homicidio que dictaban sus instintos nublados por el resentimiento que sentía por la repentina desaparición de su padre.

—Veo que tu característico sentido del humor sigue intacto —comentó con aburrimiento— ¿Cómo te fue con Saotome? —preguntó cambiando de tema. Las mejillas de Akane se colorearon antes de narrar lo que hizo la noche anterior como venganza.

—Fue algo inmaduro, pero por lo menos no huiste, eso es un gran avance —la voz de Nabiki sonaba aburrida ante la travesura que hizo su socia, porque eso era una simple travesura de un niño haciendo berrinche. A pesar de todo no podía juzgarla con dureza ya que Akane era una novata en ese campo, mucho menos cuando ella misma hizo cosas peores en el pasado.

—No estoy de humor para tus sermones, ya suficiente tengo con los de Hinako me brindo hace rato —bufó con molestia—. Además, entre la obra y los próximos entrenamientos para las competiciones mi paciencia ya no existirá.

Nabiki solo asintió, las competencias serían dentro de un mes, se desarrollarían una semana antes de que la dichosa obra se llevara a cabo.

—Esta noche necesitó de tus servicios, pasaré por ti cuando salgas del trabajo.

Akane solo asintió, justo cuando la campana que anunciaba el final del receso. Con suspicacia comprobó como Nakano se marchaba tratando de ignorar el presentimiento de que la cita que tendría esa noche no sería de su completo agrado.

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La noche por fin había llegado y Ranma con su bolso en mano avanzaba con paso tranquilo por las calles, su humor no era el mejor, el entrenamiento no le había brindado los resultados que esperaba, ya que irónicamente terminó extrañando la participación de la peli azul que, aunque solo se dedicaba a esquivar sus golpes le ayudaron a mejorar su agilidad. Practicar solo catas no le daría la efectividad que necesitaba en esos momentos.

—Debo dejar mi mente en blanco —murmuró al doblar en una esquina y ver cómo la gente empezaba amontonarse a las afueras de la fábrica abandonada la cual era utilizada como sede de peleas clandestinas. Esta estaba situada a las afueras de la ciudad para no llamar la atención y era improbable que la policía pisara por allí. Happosai le había contado que uno de los organizadores tenia lazos fuertes con ellos. Cuando se trataba de dinero, se podía obtener de todo con jugosos sobornos.

—Niño creí que no llegarías —la voz de Happosai desde la entrada que utilizaban los peleadores llamó su atención—. Vamos que la pelea comenzará pronto.

El aroma a encierro golpeaba sus fosas nasales a medida que avanzaba siguiendo de cerca al anciano hasta la zona que utilizaban de vestidores.

—¿Contra quién tengo el enfrentamiento? —preguntó al bajarse la capucha de la campera que llevaba, dejando a la vista como su pelo se encontraba suelto, sin su característica trenza.

—Zafron Himura. El premio es el doble de lo normal para el ganador.

Las manos de Ranma se empuñaron con molestia, aprovecharía la oportunidad para vengarse del ataque que sufrió semanas atrás. La pelea se acababa de convertir en algo personal para él.

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La tensión que recorría por todo el cuerpo de Akane, era algo que la incomodaba. Cuando vio a Nabiki esperándola al finalizar su turno, las palabras no eran necesarias, ambas adquirían un semblante serio, como lo ameritaba las veces que tenían que representar los papeles que le correspondían, el de una negociadora implacable y ella el de guardaespaldas.

Hizo una mueca cuando los gritos retumbaron atrayendo su atención, odiaba la situación, el ambiente, pero se odiaba más a si misma porque en el pasado había pisado ese lugar en varias ocasiones. Con cuidado acomodó la capucha del suéter negro tres talles más grandes lo cual ocultaba con facilidad su figura curvilínea. Su cabello estaba recogido con cuidado en una trenza baja para que no le estorbara en el caso de que tuviera que enfrentarse a alguien. El coro de silbidos se unió a los gritos, Akane contuvo la respiración cuando una persona que conocía ingresaba a la rudimentaria jaula que estaba situada en medio de la inmensa habitación. A pesar de que su cabello estaba suelto fue fácil reconocer a su Roomie.

—¿Pero que tenemos aquí? —cuestionaron a su lado. Akane murmuró una maldición al reconocer la voz de su interlocutor. Al girarse sintió nauseas al notar el brillo en la mirada del castaño, quien no hacia ni el mínimo intento por disimularlo. De tantas personas que podían llegar a reconocerla tenía que ser la única a la cual ella odiaba con todo su ser— ¿Has venido a ver el espectáculo? o ¿quieres recordar viejos tiempos?

Akane sintió como su estómago se retorcía ante el tonó lascivo que destilaba la última oración. Zafron Himura le había hecho vivir literalmente en carne propia lo que era estar en el infierno.

—Terminare rápido con el Caballo salvaje y seré completamente tuyo después—soltó con una sonrisa, antes de encaminarse al cuadrilátero, siendo recibido por alabanzas y gritos de victoria a su trayecto.

—¡Maldición! —gruñó entre dientes Akane sintiéndose culpable por lo hecho la noche anterior. Zafron era un buen peleador, pero el nivel que Ranma poseía podría vencerlo sin problemas, pero ¿podría lograrlo ahora sin haber descansado correctamente?

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Su pecho se movía con fuerza, tratando de recuperar algo del aire que le quitó la patada que Zafron le propinó a su zona costal, desde que el enfrentamiento dio comienzo los ataques de su oponente iban dirigidos al mismo lugar al que lo hizo cuando lo acorralo junto a sus secuaces semanas atrás.

—Vamos Caballo, no tengo tiempo que perder —Zafron hablaba con aburrimiento a medida que avanzaba—. Cuando termine contigo tengo una cita importante a la cual asistir.

Ranma a duras penas logró esquivar el puño que iba directo a su rostro, su cuerpo protestaba ante cada movimiento que hacía, la falta de una noche de sueño le estaba trayendo verdaderas complicaciones a su desempeño. Sus manos se empuñaron de impotencia, no estaba dispuesto a rendirse, la suma de dinero que obtendría con ganar era suficiente para llevar unos cuantos meses sin problemas económicos.

Un nuevo golpe lo tomó desprevino haciendo que su cuerpo se doblara de dolor, los ecos de los gritos alegres de los espectadores se convirtieron en un eco lejano debido al zumbido que se instaló en sus oídos. Con las manos apoyadas en el piso su vista escaneó la alegría en el rostro de las personas que disfrutaban el espectáculo, pero sus ojos se abrieron al toparse con una mirada castaña que lo observaba desde la parte más atrás, la cual se encontraba cristalizada, cerró sus parpados unos segundos y al enfocarse nuevamente su vista en el mismo lugar esta no estaba allí.

«¿Akane?»pensó asombrado, pero al momento lo descartó, era imposible, su compañera no podría pisar esa clase de lugares. Aun sabiendo que era así, prefirió aferrarse a la mentira para que su cuerpo reaccionara así lograr ponerse de pie y se obligó a esforzarse como si estuviera frente a ella, para no quedar como alguien débil.

—Este es tu fin, Caballo —el gritó de Zafron opaco en pleno salto junto a su puño en alto dispuesto a terminar con el encuentro de una vez. Un silencio abrumador inundo de golpe— Pero ¿qué? –cuestionó cuando el antebrazo de Ranma rechazó el impacto.

—No te dejaré ir con la victoria—su voz era firme, llena de determinación a la vez que una sonrisa curvaba en sus labios.

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Apoyada contra una de las paredes de afuera de la fábrica. Akane maldecía a los cuatro vientos su suerte, el momento que la mirada de Ranma se encontró con la suya fue como un latigazo para su acelerado corazón, que de por sí ya se encontraba abrumado por la culpa.

—¿Qué haces aquí? —la pregunta hecha por Nabiki, le ocasionó un susto al verse desprevenida— Te perderás el final de la pelea —Akane negó con la cabeza, no se sentía con la fuerza para ver el desenlace del enfrentamiento.

—¿Has hecho alguna apuesta? —cuestionó en cambio. Nabiki respondió negando con la cabeza. Akane molesta iba a recriminarle, cuando una tercera voz se escuchó.

—Mi bella princesa de hielo, te estaba buscando —Akane arrugó el ceño al reconocer la voz de Kuno.

—Me iré a casa—avisó al meter sus manos en los bolsillos del suéter que llevaba. Nabiki iba a rebatirle, pero Akane la interrumpió de golpe—. No me necesitas, estas en buenas manos.

Los ecos de los silbidos del interior llegaron hasta donde estaba Akane, quien solo movió su cabeza en una muda despedida y empezó a correr, no quería tener la mala suerte de toparse con alguien más, pero sobretodo no quería que Ranma la descubriera.

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En algún momento del trayecto de regreso a la residencia donde vivía actualmente, el cielo se había encapotado de nubarrones grises y la lluvia no se hizo esperar. La sensación de las gotas frías impactando contra su cuerpo fueron el único compañero que tuvo. La victoria había sido suya, el que su mente le trajera la imagen de la mujer que anhelaba su corazón le dieron la fuerza necesaria para no rendirse.

Eran demasiadas emociones y para Ranma era casi una misión imposible batallar y lidiar con estas. Siempre escucho sobre las sensaciones que surgen cuando una persona se enamora, pero vivirlo en carne propia era mil veces más abrumador. Suspiró aliviado al divisar la casa que compartía con Akane, dejando que la sensación de que pertenecía a un lugar inundara su corazón.

Al abrir el portón fue recibido por gritos de pelea femeninos conocidos, ignorando la apariencia que cargaba camino directo al Dojo. Apoyado contra el marco de la entrada del recinto se deleitó de ver como Akane practicaba algunos movimientos que le enseñó hace unos días. Exhaló un profundo suspiró al comprobar que lo acontecido en la fábrica abandonada, si había sido un producto de su imaginación. Iba a girarse cuando la voz de Akane lo detuvo.

—¿Qué fue lo que te pasó?

Ranma maldijo al verse descubierto justo cuando estaba ansioso por darse una ducha caliente y meterse a la cama para dormir todo el día, aprovechando que el fin de semana por fin había comenzado.

—Nada —soltó con brusquedad, sonando más frio de lo que quería, todavía sentía algo de resentimiento por el comportamiento que la peli azul tuvo contra él— ¿Vas a poner la música a todo volumen esta noche también?

Akane se removió incomoda en su lugar. Ranma estaba molestó y eso solo aumentaba la culpa que sentía. Con una sonrisa triste camino hasta el pelinegro y sujeto su mano para hacerlo ingresar y sentarlo en la duela del Dojo.

Ranma miraba confundido como Akane sacaba del armario algunas toallas y un botiquín. Ver como se arrodillaba frente a él y empezaba a sacar varias cosas.

—¿Qué haces? —cuestionó alejando su cabeza, cuando intentó bajarle la capucha de la campera deportiva, pero la mirada castaña de Akane lo enmudeció, esta transmitía tantas emociones silenciosas, desarmando sus barreras.

—Lo siento —soltó y al fin logró bajarle la capucha, el cabello azabache de Ranma estaba nuevamente trenzado—, creí que no estabas en casa — murmuró sin mirarlo evitando así que descubriera que era una mentira.

Que se sintiera culpable no significaba que debía decirle la verdad, no quería exponer sus sentimientos a la primera. Además, se contuvo de decir que creía que estaba con esa chica que lo abrazó en plena cancha frente a todos. Aceptar que le gustaba Ranma era importante, pero primero que todo estaba su orgullo y no dejaría que este fuera pisoteado por sus sentimientos.

Un incómodo silencio los rodeó. Ranma seguía cada uno de los movimientos que desarrollaba Akane para curar las heridas de sus manos. Sentir la calidez que desprendía el roce de sus dedos contra su piel era tranquilizante. El haber aceptado las disculpas, le hicieron darse cuenta que estaba en completa desventaja, en el poco tiempo que llevaban tratándose ella le había demostrado que confiaba en cierta forma. Le brindó información de su vida y aunque no quiso indagar a fondo, notó que de alguna manera la afectaba, su miraba demostraba inquietud al hablar.

Estaba en deuda, y odiaba sentirse así, siempre fue independiente y hermético en lo que respecta a su vida privada, el sentirse vulnerable y expuesto no era una opción cuando después de años le inculcaron que no debía dejarse llevar por estos. Pero Akane Tendo le estaba haciendo dudar de todo eso, ¿acaso estaba preparado para confiar en ella?

—Ayer te busqué a la salida —mencionó midiendo con cuidado las palabras que decía, no quería incomodarla, por eso esperó hasta que la última de las heridas de sus manos fueron desinfectadas—. Creí que Mikado te podría estar molestando.

Akane se tensó, no creía que Saotome quisiera tocar ese tema, principalmente cuando no se sentía preparada. Empezó a contar mentalmente para lograr calmar los latidos de su corazón al saber que él estaba preocupado por su paradero.

—Mi jefa me llamó, tenía que llegar rápido a cubrir el turno —mintió al abrir un sobre nuevo de gasas—. Salí apenas la campana sonó— agradecía que su voz no la pusiera en evidencia, observó el rostro masculino con tristeza al ver el corte en su ceja derecha.

Ranma dejó que su mirada se perdiera delineando cada facción del rostro de Akane y exhaló un profundo suspiro de alivio y eso lo convenció de que debía confiar en ella.

—Me gustaría que conocieras a … ¡Auch, eso duele!

Akane se imaginaba como iba terminar la oración, y si era sincera no quería escuchar el nombre, por eso hizo más presión de la requerida sobre la herida.

—Joder, eres igual a mi hermana Ranko—gruñó entre dientes al soportar a duras penas el ardor.

—¿Tienes una hermana? —cuestionó sorprendida.

—Todos creen que somos pareja en la escuela, y no quiero que la farsa se desplome por culpa de la muestra de afecto que tuvo conmigo frente a nuestros compañeros de clase.

Akane quiso decirle que era demasiado tarde, pues el rumor ya circulaba por cada maldito pasillo de la institución. Pero principalmente sintió como al sentimiento de culpa lo acompañó el de la vergüenza, en un arrebato había actuado impulsivamente, sus celos la habían cegado al grado de no detenerse a pensar en esa posibilidad.

Cuando sus miradas se cruzaron, Akane descubrió dos cosas al verse reflejada en esos iris grises. La primera que Ranma era sincero y la segunda y más aterradora, que a este paso terminaría perdidamente enamorada de él.

Continuara…


N/A:

Primero que todo quiero agradecerles a las personas que comentaron el capítulo anterior. Lamento no haber dejado nota al final, pero mis ánimos andan por el suelo, este 2021 no comenzó como esperaba, todavía sigo afectada por la pérdida de un ser querido, que a pesar de que pasan los días no terminó de asimilar la noticia.

Como siempre mencioné, utilizó esta plataforma para escapar de la realidad y esta no fue la excepción, escribir y sumergirme en los capítulos me ayudo a no terminar colapsando al final, es increíble como por momentos mis pensamientos regresaron a la normalidad, principalmente cuando no puedo bajar los brazos, ya que tengo dos personas que dependen de mí.

Sobre esta historia con el siguiente capítulo, estaríamos recién llegando a la mitad, así que falta mucho todavía. En cambio, TOC está en la recta final, solo dos capítulos más y un epilogo.

Desde ya quiero pedir disculpas por mi prolongada ausencia, pero prometo que las historias no serán abandonadas, además tengo varios proyectos en los que estoy trabajando, que verán la luz más adelante.

Sin nada más que decir, paso a despedirme y les deseo que tengan un lindo día.