Capítulo 2

Sasuke tenía ganas de matar a alguien. Era la cuarta madre que los había interceptado para, de forma descarada y nada sutil, presentarles a sus queridísimas hijas, todas ellas paradigmas de la buena educación.

Miró a Naruto sin poder comprender cómo su amigo podía hacer gala de esa diplomacia. Sin duda, se movía mejor que él en sociedad porque, en ese momento, si tenía que ser sincero consigo mismo, en lo único que podía pensar era en ponerle el chal en la boca a esa mujer, encerrarla en una torre y tirar la llave.

Cuando empezaba a temer que su paciencia estallase en mil pedazos, dos damas que se encontraban al otro lado del salón llamaron su atención. Estaban mirando fijamente a Naruto, lo que hizo que, por primera vez en su vida, tuviera envidia de no ser el centro de atención.

Una de ellas, la más alta, era preciosa, casi etérea, con el cabello rubio, esbelta y enérgica por lo que podía deducir de sus continuos gestos. Sin embargo, la que le nubló literalmente los sentidos, fue la mujer que estaba a su lado, y que parecía escucharla con atención.

De estatura media, cabellos rosáceos, boca sensual y curvas generosas, era la mujer más bella y atractiva que había visto en mucho tiempo. En su vida había conocido a muchas mujeres, pero nunca se había enamorado de ninguna y, aunque había tenido numerosas amantes, jamás había mantenido una relación duradera con ninguna. Para ser sinceros, era mucho mejor así. Lo más sensato era no crear ningún tipo de vínculo.

Casi siempre, sus amantes habían sido mujeres casadas, que encontraban el placer fuera del matrimonio, o viudas que después de un tiempo prudencial buscaban las atenciones de un hombre. Siempre había sido un buen acuerdo para ambas partes.

Sin embargo, hasta ese momento, ninguna mujer le había causado esa primera impresión, y había conocido a muchas que habrían podido rivalizar con la propia Afrodita. Ninguna había azotado sus sentidos de aquella manera y con tal intensidad.

De pronto, como si sus pensamientos hubieran puesto en marcha algún tipo de mecanismo, ambas empezaron a cruzar el salón y se aproximaron, cada vez más, a ellos. Al acercarse pudo ver sus ojos con total claridad. Unos ojos color esmeralda, resplandecientes, hipnóticos, que iluminaban su cara y hacían que fuera imposible apartar la mirada de ellos. Pensó cómo sería perderse en esas aguas verdes, mientras le hacía el amor lentamente.

Supo de inmediato el instante en que ella leyó en sus ojos el deseo, porque un intenso rubor tiñó sus tersas mejillas y la hizo más terrenal que etérea. Sasuke, que no sabía cómo interpretar aquel rubor, se preguntó si esa reacción era fingida inocencia o la respuesta espontánea de una dama sin experiencia. Sin embargo, lo único que sabía era que lo había fascinado, y más aún, cuando, haciendo acopio de fuerzas, ella levantó la mirada y la posó en la suya en un claro intento por dejar bien claro que no se dejaría intimidar. Entonces, supo que el rubor no era fingido y sintió cómo una sonrisa acudía a sus labios.

Su mirada, que intentaba mantener fija en la de él, era transparente, tan limpia como las aguas de un arroyo. ¡Maldita sea! Había sentido un tirón en la entrepierna y, para colmo, estaba recitando mentalmente, como uno de esos cursis jovencitos pimpollos que se creían lord Byron. ¡Por Dios, él no seducía a jovencitas inocentes!

—Hola, primo, ¿cuánto tiempo hace...?

—¡Dios bendito! ¿Temari? ¿Eres tú, pequeña? ¡Estás increíble! —dijo Naruto, sin poder evitar que la sorpresa se reflejara en su cara.

—Gracias, primo, pero sé, a ciencia cierta, que eres un adulador incurable, aunque en mi caso, tus palabras sean ciertas —le dijo Temari mientras se acercaba a ellos y bajaba, con sutileza, el tono de voz, como si lo dicho hubiese sido un secreto inconfesable.

—Granuja... —le contestó Naruto mientras besaba a su prima en la mejilla.

—Naruto, te presento a mi buena amiga, lady Sakura Haruno.

—Encantado de conocerla.

—Igualmente —contestó Sakura y miró al primo de Temari, mientras se embarcaba en la tarea, casi imposible, de no prestar atención al hombre que lo acompañaba y que parecía devorarla con la mirada. Recordaba haber visto esa mirada antes. En los ojos de su difunta tía Mei, cuando le traían los pastelillos con el té. Un escalofrío le recorrió la espalda. ¡Ella no era ningún rollito relleno!

No quería ser maleducada porque, al estar al lado del primo de Temari, estaba claro que debía de ser amigo suyo, aunque la diferencia de comportamiento de ambos fuera tan notoria.

El primo de Temari, como bien había dicho su prima, era un adulador, y en sus ojos se destacaba un brillo pícaro que a Sakura le agradó; sin embargo, su amigo era duro y posesivo en su mirada. No era que antes no hubiera leído en otros hombres el deseo, pero nunca tan abiertamente como en ese. Era como si él hubiera tejido una telaraña y ella hubiera quedado atrapada sin remedio en ella y sin posibilidad de escapar.

—Siento interrumpir, Naruto, pero ¿no estarás ignorándome para tener para ti sólo la atención de estas dos bellas damas, no? —dijo Sasuke, mientras esbozaba una seductora sonrisa.

—Creo que me has descubierto, pero como ya no tengo más remedio...

Naruto miraba con ojos burlones a su querido amigo.

—Os presento a lord Sasuke Uchiha. Somos amigos desde que éramos unos niños, aunque aún no sepa cómo.

—Encantada, lord Uchiha, aunque para mí es como si ya lo conociese. Verá, he crecido escuchando las travesuras que hacían mi primo y usted.

—Espero que su primo no haya sido muy explícito en sus narraciones —dijo Sasuke mientras arqueaba una ceja.

—No se preocupe. No me contaba nada que pudiera escandalizarme, y eso es justo lo que me hace pensar que, en realidad, había mucho más que decir de usted —contestó Temari, mientras la sonrisa picarona, tan propia de la familia Sabaku, hizo que dos hoyuelos tímidos hicieran acto de presencia en sus suaves mejillas.

En ese momento, sonaron las primeras notas de un vals.

—Prima, hace tanto tiempo que no bailo contigo. ¿Cuándo fue la última vez? Déjame pensar, ah, ya recuerdo —dijo Naruto con una sonrisa enigmática como si acabase de recordar algo divertido—. Creo que tú tenías ocho años, estabas escondida detrás de una maceta e intentabas participar de la fiesta que habían celebrado tus padres por el cumpleaños de tu madre.

Temari se puso un poco colorada al recordar aquello, aunque una auténtica sonrisa de añoranza y su mirada perdida en el pasado denotó con qué cariño atesoraba aquel recuerdo.

—Así que, queridísima prima, ¿me concedes el honor? —le preguntó Naruto mientras ofrecía su brazo en un gesto caballeroso—. Esta vez, prometo no subirte en mis zapatos para poder bailar mejor.

Temari sonrió al recordar aquello. En esa época, había tanta diferencia en la altura de ambos que su primo la había subido en sus zapatos y la había hecho girar y girar hasta que ella apenas distinguió lo que había a su alrededor.

—Por supuesto, si a Sakura no le importa —dijo Temari y miró a su amiga con intensidad.

Sakura tuvo que morderse la lengua. ¿Cómo que si no le importaba? ¡Pues claro que le importaba! ¿O Temari se había quedado ciega? Sin embargo, antes de que pudiera siquiera decir la primera palabra, lord Uchiha le pidió que bailara con él. En ese momento, los tres la estaban mirando y esperaban su respuesta. Ser el centro de atención no le gustaba nada, y menos cuando parecía que, si daba la respuesta equivocada, quedaría ya grabada en el libro de ʺlo que nunca debe hacer una damaʺ por los albores de la eternidad.

Si decía que no y aducía la excusa de que lo tenía comprometido, Temari sospecharía, ya que había mirado su carné de baile momentos antes. Y si decía que no le apetecía, también sospecharía, además de ser descortés; así que respiró hondo y, con resignación, dijo lo único que podía decir, aunque esas palabras se le atravesaron en la garganta mientras las pronunciaba.

—Será un placer, lord Uchiha.

Cuando Sasuke le ofreció su brazo, sintió su pequeña mano que se apoyaba en él, lo que provocó que una sonrisa de satisfacción acudiera a sus labios. La condujo hasta el centro del salón, donde ya otras parejas giraban seducidas por el embrujo de la música, la tomó entre sus brazos y comenzó a bailar, con el deleite de la dulce sensación de sentirla cerca. Mientras bailaban la acercó un poco más a sí, y se embriagó con el dulce aroma que desprendía su pelo, una mezcla de flores que no podía reconocer, pero que era tan seductor como su propia dueña. Sin embargo, el hecho de que ella temblara un poco y rehusara su mirada lo irritó. Parecía que no le era indiferente, aunque no de la manera que él deseaba.

Sakura sentía las manos de lord Uchiha que le quemaban la piel; una en su cintura y otra enredada en su mano. La miraba fijo mientras la desplazaba, con gran maestría, por el salón de baile. No cabía duda de que era un gran bailarín. Se reprendió mentalmente por ser tan tonta y se obligó a mirarlo a los ojos, unos ojos tan hermosos como penetrantes, que parecían querer descubrir sus más íntimos pensamientos, y hasta por un momento, Saku llegó a pensar que era capaz de adivinarlos. Sasuke dedujo que, si continuaba fijando su mirada en ella, podría leerla como un libro abierto. La sentía debatirse consigo misma y disfrutó con ello. Las numerosas emociones que acababa de ver en su cara no lo habían dejado indiferente. Por el contrario, le habían hecho sentir curiosidad, le habían recordado, vagamente, qué era la inocencia, y le habían despertado un sentimiento que hacía mucho tiempo no sentía: la ternura.

Para ser sinceros, siempre le habían gustado las mujeres maduras, que sabían lo que querían; pero, esa vez, se encontró fascinado por las reacciones de una muchacha que era, a todas luces, inocente e inexperta; y eso, en cierta medida, lo hizo sentirse incómodo y asombrado de sí mismo.

—¿Es su primera temporada? —le preguntó, en un intento porque la señorita Haruno se relajara y dejara de mirarlo como si él fuera el gato y ella un indefenso pajarillo, atento a la primera señal para salir volando.

—Sí —le contestó Sakura sin apenas mirarlo.

—¿Y le gusta?

—Sí.

—Imagino que habrá venido con su familia.

—Sí.

—¿Me toma por tonto, señorita Haruno?

—Sí, quiero decir no, lord Uchiha —le contestó Sakura y reprimió las ganas de decirle lo que realmente pensaba de él.

—¿Sólo habla con monosílabos o es que yo la intimido? —le preguntó Sasuke, que ya pensaba que la señorita Haruno era muda o sufría de algún tipo de trastorno en el habla.

Sakura se tensó en dos segundos. Ese presuntuoso estaba intentando hacerse el gracioso a su costa. ¡Hombres! ¿No podía imaginarse que, quizá, la estaba aburriendo con su perorata? ¿O que su compañía podría no resultarle agradable? No, por supuesto que no se le habrían pasado esas posibilidades por la cabeza a aquel prepotente; la única solución a que no estuviera babeando ante sus encantos era que fuera idiota o que estuviera asustada como un pajarillo indefenso.

Sasuke estaba encantado por el cambio que estaba presenciando en la señorita Haruno. Esa mujer era una caja de sorpresas. Tan hermosa como enfadada estaba en ese instante que no podía disimular el fuego que ardía en su interior y, ¡Dios mío!, ¡qué hermosos eran esos ojos cuando brillaban de furia!

Sakura sentía que su interior se dividía en dos. No sabía si atender a la buena educación que desde pequeña habían tratado de inculcarle o dejarse arrastrar por la furia que la invadía. ¿Qué se creía ese mequetrefe? ¿Le estaba dando a entender que era una de esas cabezas huecas que no tenían nada en el cerebro y que estarían deseando caer rendidas a sus pies? Nada más alejado de la realidad.

Sasuke sabía que la señorita Haruno ardía en deseos de ponerlo en su sitio, y no quedó decepcionado.

—Ninguna de las dos cosas, milord. No hablo con monosílabos y no me intimida; pero si tiene interés en saber, le diré que en el caso que nos ocupa, no vi la necesidad de contestar a sus ʺinteresantesʺ y, desde luego, ʺtrascendentalesʺ preguntas con más palabras —dijo Sakura con cierto tono irónico.

—¿Está burlándose de mí, señorita Haruno? —le preguntó Sasuke divertido.

—No, por favor, no osaría hacer eso, milord.

Sasuke soltó una carcajada y Sakura se quedó maravillada ante su transformación.

Sus rasgos que, momentos antes, le habían parecido demasiado duros, se suavizaron de golpe y le dieron el aspecto de un niño travieso y encantador.

En ese instante, recordó que estaba furiosa con ese hombre, aunque tenía algo de razón al reprocharle sus evasivas respuestas. Pero si tenía que ser sincera consigo misma, la verdad era que no podía pensar de forma coherente en su presencia. No sabía por qué lord Uchiha tenía ese efecto sobre sus nervios; sentía un nudo en el estómago y su respiración algo agitada.

Él se había burlado de ella, y Sakura no había podido contenerse. Su madre siempre le había dicho que controlara ese mal genio y, a menudo, la comparaba con la calma que precede a las tormentas. Dulce y serena para, en un instante, convertirse en una fuerza de la naturaleza. Siempre había pensado que su madre exageraba sobremanera, pero la realidad era que, a veces, le costaba controlar su lengua; sobre todo si alguien la sacaba de sus casillas.

Aquella noche se había puesto el vestido de raso verde encargado, expresamente, para esa velada. El escote dejaba al descubierto parte de sus hombros y, según su parecer, demasiado de sus senos. Así se lo había dicho a madame Lorraine, la semana anterior, cuando había estado en su tienda para efectuar las pruebas de su atuendo.

Madame Lorraine, la modista más solicitada en Londres, le había asegurado, una y otra vez, que era la moda y que era incuestionable poner el escote más arriba. En esos momentos, deseaba haber discutido ese aspecto con más ahínco, al notar cómo se desviaba, a veces, la mirada de lord Uchiha sobre su escote. Si hubiera tenido una manta con la que rodearse entera, habría sido la mujer más feliz del mundo. De esa forma, no se habría sentido desnuda ante el deseo que veía en los ojos de lord Uchiha.

Al terminar el vals, Sakura estaba más que furiosa y avergonzada de la reacción que él le provocaba, y que hacía que sus sentidos se volviesen locos.

Ese hombre sabía lo que hacía, y no estaba dispuesta a que jugaran con ella. Había oído rumores acerca de él y de su relación con las mujeres. En los días anteriores, lord Uchiha había sido objeto de habladurías y chismorreos que no paraban de circular por los salones. En aquel momento, le hubiese gustado haber puesto oídos a esos comentarios, pero claro, lo que no imaginaba era que el hombre de quien no paraban de hablar, sería el amigo del primo de Temari; ni tampoco que bailaría con él el vals, o que sería observada como un bicho raro mientras se sentía hechizada por el calor de la mano de un hombre en su espalda y el cosquilleo, fascinante y tentador, que la había sacudido al estar junto a él.

En ese momento, la música dejó de sonar y sacó a Sakura de sus pensamientos.

—Bien, señorita Haruno, he disfrutado mucho del baile, aunque más aún de su brillante conversación —le susurró Sasuke, mientras la acompañaba al lugar del salón en que se hallaban Temari y Naruto.

Al cabo de unos momentos, ambos caballeros se alejaron, no sin antes confirmar que volverían a verse ese mismo fin de semana.

Sakura había sido invitada por Temari a pasar un par de días en Crossover Manor, la casa de campo que la tía de su amiga, lady Tsunade Katō, poseía en las afueras de Londres.

Temari le había dicho que sería divertido y la había convencido. No habría muchos invitados; la mayoría de ellos, familias que vivían en las cercanías y alguno que otro de la capital. El rostro entusiasmado de Temari, al enumerarle las bellezas del lugar, la había decidido. También le había comentado sobre las actividades de las que podrían disfrutar, los largos paseos en ese hermoso paisaje, y la tranquilidad y el aire fresco, que tan bien les harían. Por las noches, después de cenar, se divertirían con juegos y música, o con algún que otro baile que su tía se encargaría de organizar. Y como si eso fuera poco, después, Temari la había mirado con ese mohín de perrito abandonado y el labio a punto de temblar mientras le suplicaba...

—Vamos, Saku, hazlo por tu amiga, tu amiga que te adora. Ya verás lo bien que lo pasaremos; conocerás a la gente del lugar, y a los caballeros que se esconden en el campo.

Al final, y con una sonrisa en la boca, tuvo que darse por vencida y aceptar; aunque eso había sido antes de saber que lord Uchiha también iría: el destino tenía, sin duda, un pésimo sentido del humor.

.

.

.

Al empezar la velada, a Sasuke ni se le había pasado por la cabeza ir a ninguna parte ese fin de semana. No porque no le apeteciera ver a lady Tsunade, la tía de Naruto, a la que adoraba desde niño, sino porque, desde su regreso a Inglaterra, lo que en otro tiempo le había parecido divertido e incluso desafiante, en ese momento, se le antojaba banal y superficial.

Por eso Naruto lo estaba mirando, en ese preciso instante, con total desconcierto.

—Dime, amigo mío, ¿has sufrido algún tipo de enajenación mental que yo desconozca o es que te has golpeado la cabeza? —le preguntó.

—No sé de qué me hablas —le dijo Sasuke y miró la manga de su traje con una atención inusual, como si, de repente, comprobar que estaba correctamente ajustada y sin arruga alguna fuera lo más importante del mundo.

—No te hagas el desentendido que sabes muy bien a lo que me refiero. Te comenté lo de la invitación de mi tía y, un poco más, me mandas al infierno. Luego, de pronto, con la mejor de tus sonrisas, aceptas ir; no me engañas ni por un segundo.

Sasuke arqueó una ceja mientras miraba a Naruto con cara de inocencia, lo que hizo que su amigo arqueara a su vez las dos cejas mientras lo señalaba con el dedo.

—¡Tú, granuja!, ¿crees que no me he dado cuenta de lo que pasa?

Sasuke se maldijo mentalmente; era un fastidio tener un amigo que lo conociera tanto.

—No sé de qué hablas, porque, la verdad, lo único que deseo es ver a tu tía, a la que tengo en la mayor estima.

Y en eso, Sasuke no mentía. Cuando eran niños, Naruto lo había invitado un verano a pasar unos días en casa de su tía; algo que, desde ese momento, se había convertido en un ritual.

Lady Tsunade era cariñosa e intuitiva y, sin preguntar nada, siempre parecía comprender lo que pasaba a su alrededor y a quienes estaban con ella.

Lady Tsunade lo había tratado siempre como a su propio sobrino. No había tenido hijos y se volcaba con ellos de manera maternal y afectuosa, con una paciencia, a veces, infinita. Sonrió al recordar cómo los regañaba cuando volvían demasiado tarde para cenar, manchados de barro hasta los ojos; y cómo sonreía a escondidas por sus travesuras.

No era por ella que no había aceptado la invitación de su amigo en un primer momento, sino por las madres con hijas en edad casadera, que tomarían esa invitación como una excelente oportunidad para promocionar a sus jovencitas.

Parecía que el hecho de haber heredado un título y de poseer una considerable fortuna lo hacía digno a los ojos de la sociedad, y los rumores acerca de su persona desaparecían por arte de magia.

Por primera vez, quería que esos rumores le hubieran servido para algo, como por ejemplo, para desalentar a las madres con sus hijas. Sin embargo, en la fiesta de los condes de Norfolk, había comprobado que sus esperanzas habían sido en vano y que se encontraba a la cabeza de la lista de los solteros más deseados de Londres. Naruto se reía al ver cómo le cambiaba la expresión; muchas veces había tenido que dominar su impulso y las ganas de mandar, a más de una, a la Torre de Londres.

Días antes, Naruto lo había invitado y, como era de esperar, se había negado; prefería quedarse tranquilo en Londres y atender sus asuntos. Su amigo no paraba de mirarlo, estaba desconcertado e intentaba deducir qué lo había hecho cambiar de opinión.

—Si quieres que te diga la verdad, cuando te dije que no iría, subestimé los placeres que puede brindar relacionarse en sociedad —le contestó con una sonrisa en los labios.

—Y esos placeres, ¿no tendrán que ver con una joven dama, de hermoso pelo rosa y grandes ojos verdes, verdad? Porque he visto cómo la mirabas. —Naruto cruzó los brazos sobre el pecho y esperó una respuesta.

—¿Y puede saberse cómo la miraba?

—Como un lobo hambriento. Nunca te he juzgado. Pero siempre te has dedicado a otro tipo de mujeres, aquellas que tienen cierta experiencia y saben qué es lo que quieren; y esta es una joven en su primera temporada. Sé que es muy hermosa, pero debes tener cuidado. Ese nunca ha sido tu estilo porque, aunque te esfuerces en ocultarlo, siempre has sido un auténtico caballero.

—Viejo amigo, ¿qué has bebido? No voy a comprometer a la señorita Haruno, por muy deseable que sea, pero no veo nada de malo en coquetear un rato. Además, a decir verdad, Sakura Haruno me intriga.

—¡No puedo creerlo! ¿Te gusta, eh? Puede que, al final, el lobo se convierta en cordero —agregó Naruto, con una sonrisa socarrona que a Sasuke le dieron ganas de borrar en un instante.

—Naruto, antes de que ocurra eso, las ranas surcarán los cielos.

—Y quién sabe, cosas más extrañas se han visto —dijo Naruto mientras soltaba una carcajada.