Capítulo 12

Sasuke había llegado temprano al baile y no pensaba quedarse mucho tiempo. Sus planes hacían que le fuera imposible permanecer durante toda la velada en casa de los Norfolk. Una de las cosas que iba a hacer esa noche era poner fin a su relación con Ino. Después de haberla recogido unas horas antes, y haber permanecido en el baile, sin que nada durante la velada hubiese delatado su intención, tenía planeado que aquella vez fuera la última que habrían de pasar juntos.

Con un vestido dorado y un escote que dejaba poco a la imaginación, su amante estaba realmente magnífica. Lástima que su ambición hubiese sido mayor que su deseo de disfrutar de su mutuo acuerdo.

La presentación de Hotaru había reunido a los más grandes baluartes de la aristocracia, atraídos más por la influencia del Conde que por la presentación en sí; aunque para ser justos, los encantos de Hotaru tampoco eran escasos. La había visto rodeada de numerosos pretendientes, deseosos de ser los destinatarios de una de sus sonrisas. Estaba preciosa y, sin duda, iba a ser el objeto de los quebraderos de cabeza de más de uno. Tras haber bailado con varias damas, había buscado una copa de champán, se había retirado a un rincón y se había apoyado en una de las columnas que apuntalaban los extremos del fastuoso salón.

Desde allí podía observar a Ino, que reía y bailaba con el joven Sai. El pobre estaba embelesado y era, en las manos de su amante, tan maleable como la mantequilla.

—Buenas noches, amigo. Ya pensé que te habías arrepentido de asistir a la presentación de la mocosa.

Sasuke miró a Naruto con sonrisa burlona.

—Y yo que pensaba que eras una persona puntual. Llevo aquí más de una hora.

—¿Y la estás pasando bien?

—Oh, sí, no está nada mal —dijo Sasuke con un dejo irónico que hizo que Naruto alzara su ceja izquierda—. Dos caballeros, que ni siquiera conozco, me han pedido opinión sobre sus inversiones; cuatro madres me han perseguido para presentarme a sus bienamadas hijas; he bailado dos valses y cuatro contradanzas con amigas de tu abuela; y estoy esperando ansioso el momento en que salga de aquí y rompa la relación con mi amante. Como ves, todo lo que un caballero puede desear: juerga y perversión a mares.

—¿Así que estamos irónicos esta noche, eh?

—No lo suficiente —dijo Sasuke y tomó un sorbo de champán.

Sintió que las burbujas de esa exquisita bebida se le atragantaban y le obstruían las vías respiratorias porque, junto a las parejas que danzaban las notas de un vals de Strauss, se encontraba Sakura. Podría haberla reconocido entre un millón de personas.

Estaba aún más hermosa de lo que recordaba, con un vestido azul zafiro, cuyo escote se destacaba como la corona en un rey y dejaba entrever el nacimiento de sus pechos.

Estaba sonriendo lo suficiente para iluminar la habitación, y esa sonrisa, llena de todo su candor, iba dirigida a un sólo hombre: lord Nara. ¡Pobre diablo!, no sabía que quien tenía entre sus brazos no era un ángel, sino una mujer fría y calculadora, que se divertía jugando con los simples mortales. Seguramente, la naturaleza le había concedido tan exquisita belleza para compensar el bloque de hielo que portaba en su interior.

—Ya la has visto, ¿verdad?

No hacía falta que le dijera a quién se estaba refiriendo.

—Sí, la he visto —le dijo, en un tono que denotaba cuánto le disgustaba el hecho.

—No sabía que iba a venir, Sasuke; pero debí de haberlo adivinado. Temari y ella han vuelto a hacerse inseparables.

—Tu prima debería tener más cuidado a la hora de retomar viejas amistades.

—Lo sé, y no creas que me hace gracia que esté en su compañía; pero cualquiera que conozca a Temari sabe que, cuando toma una decisión, nadie la hace cambiar de idea. Y en este caso, se ha propuesto, con firmeza, disfrutar de la compañía de Sakura hasta que se vaya. Siempre he pensado que mi prima era inteligente y sensible, pero creo que esas cualidades desaparecen en lo que conciernen a su amistad con ella.

—¿Le has comentado tu parecer? —le preguntó Sasuke.

—Se lo he insinuado en alguna ocasión y, cada vez que lo he hecho, me ha dicho que me calle, que no entiendo nada, que no conozco ni la mitad, y luego, cortésmente, me manda al infierno.

—¡Vaya! Qué elegancia en sus formas.

—Ni que lo digas. La última vez me sentí como si me clavara un cuchillo, así que he desistido. Sólo espero que se dé cuenta por sí sola.

—¿Y qué es eso de que no sabes ni la mitad?

—No lo sé, amigo; aunque, seguramente, es alguna estúpida historia que le habrá contado Sakura.

Sasuke miró de nuevo a la pareja que se deslizaba por las baldosas de color crema como si fueran humo. Sintió que la mano en que sostenía la copa se contraía tanto que temió quebrar el cristal.

Por lo visto y, muy a pesar suyo, después de un año y medio, Sakura no lo dejaba tan indiferente como hubiese querido.

De pronto, sintió que el ambiente se estaba volviendo sofocante; se disculpó ante Naruto y salió a la terraza en busca de aire fresco. Sacó un cigarro de su pitillera y lo encendió, en un intento por retomar las riendas de su traicionero cuerpo que había respondido, a pesar de su renuencia, a la esplendorosa sensualidad de Sakura.

¡Maldita sea! Ninguna mujer había tenido nunca poder sobre él, excepto aquella. Se negaba a ver esa verdad que clamaba a gritos: que todavía la deseaba; y la deseaba más que nunca.

Un leve sonido de pasos lo rescató de sus pensamientos. Parecía que alguien no estaba dispuesto a dejarlo disfrutar de ese momento de soledad. Era una mujer, y no una mujer cualquiera, sino el objeto de su rencor, la destinataria de su deseo. Ella se había detenido cerca de la balaustrada y había levantado su cabeza hacia el firmamento para mirar las estrellas. Un extraño sentimiento le hizo permanecer unos instantes entre las sombras, mientras la observaba. Por lo que podía ver, todavía tenía, quizás más que nunca, ese aire angelical y dulce que la hacía parecer un ser etéreo. Sus formas, a pesar de estar más delgada de lo que recordaba, habían adquirido una mayor madurez y le conferían una plenitud exquisita. Su grácil cuello, en el que se acunaban un par de rizos dispuestos al azar, se movió hacia la izquierda, a la vez que fruncía levemente la frente. Era como si hubiese sentido su presencia en mitad de aquel edén ficticio.

Ya no pudo permanecer allí y, guiado por un imperioso impulso, salió a la luz para enfrentar la vulnerabilidad que parecía apoderarse de él cada vez que posaba sus ojos en ella. Quería sentir la rabia en sus venas cuando hablaran y ver la mentira en su rostro, para desterrarla, de una vez por todas, de su vida.

Tiró el cigarrillo a un lado y, con una calma extrema, dijo las palabras que parecían quemarlo por dentro: ʺBuenas noches, lady Haruno".

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Sakura sentía su pulso palpitar en la garganta. Tenía a Sasuke a sólo dos metros, y estaba tal y como lo recordaba. Vestido todo de negro, salvo por la camisa y el pañuelo blanco de la más fina seda, parecía una estatua de Miguel Ángel.

Instintivamente avanzó hacia él, pero algo en su mirada la dejó clavada en su sitio cuando sólo había alcanzado a dar un paso. Una vez que la sorpresa desapareció y su mente puso en contexto lo que le había dicho, notó que esa mirada era fría como el mármol, al igual que lo había sido el tono de sus palabras. Se había dirigido a ella como si fuese una desconocida. Su voz estaba desprovista de todo tipo de emoción y retumbaba, en sus oídos como un látigo en el silencio de la noche.

—Buenas noches, milord —respondió Sakura cuando se calmó lo suficiente como para que su voz sonara clara y alta.

—Veo que ha decidido honrarnos con su presencia después de tanto tiempo.

—Sí, pero sólo será por unas pocas semanas. Después, tengo la intención de dejar Londres por una larga temporada.

Sasuke apoyó su cadera en la balaustrada mientras cruzaba los brazos sobre su pecho.

—¿No encuentra suficiente atractivo en esta decadente ciudad? —preguntó y le confirió un matiz inequívocamente irónico a sus palabras.

Sakura, que sentía un nudo cada vez más fuerte en el estómago, frunció el ceño. Al mirarlo tan de cerca, podía ver, tras la indiferencia, un sentimiento mucho más fuerte, más peligroso, que le produjo escalofríos que recorrieron su espalda.

—¿A qué se refiere?

Sasuke sonrió a desgano.

—Me refiero a que sé, por experiencia, que le gusta pujar fuerte. Aquí en Londres es donde están el dinero y los hombres con poder e influencias, y me parece muy sospechoso que haya decidido irse a otro sitio con las manos vacías. ¿Sabe? Pensé que la próxima vez que la vería, estaría casada con ese francés estirado; pero, al parecer, él también resultó ser demasiado poco para usted. ¿Qué descubrió? ¿Que no podía llenarla de joyas y pieles? ¿O que quizá su posición en la sociedad no era lo suficientemente relevante para sus elevadas expectativas? Bueno, sea como fuese, es una pena, porque sinceramente creo que erais tal para cual.

Sakura apretó un pliegue del vestido entre sus dedos. Sabía que todavía le guardaba rencor, e incluso odio por lo que le había hecho. Desde el punto de vista de Sasuke, era lo que se merecía; pero estar allí, de pie, enfrentada a su desdén y a su rechazo, era más de lo que podía soportar.

—¿Le ha comido la lengua el gato, Sakura? Creo recordar que nunca antes tuvo problemas para decir lo que pensaba o, por lo menos, lo que le convenía —le dijo mientras giraba hacia ella para mirarla más de cerca.

Sakura estaba extrañamente cansada, como si hubiese llevado, durante mucho tiempo, un lastre sobre sus espaldas.

—No —le dijo con un tono de voz tan calmado que hasta ella se asombró.

—¿No, qué? —le preguntó Sasuke mientras se acercaba aún más y enarcaba una ceja.

—Que no encuentro el suficiente aliciente en Londres, y que si usted es lo máximo que esta decadente sociedad me puede ofrecer, creo, con sinceridad, que las próximas semanas hasta que me vaya, serán un auténtico desperdicio —le espetó Sakura y levantó bien la cabeza, orgullosa y desafiante.

Sasuke contrajo un músculo de su mejilla con una expresión que no hacía presagiar nada bueno. Antes de que Sakura pudiera reaccionar, él salvó la escasa distancia que los separaba, la tomó de los brazos y la besó. No era un beso tierno sino carnal. Quería castigarla y humillarla por volverlo loco de deseo, una y otra vez, incluso en ese instante que estaba lleno de rabia por su descaro.

Sakura se tensó entre sus brazos, para sólo un instante después, posar su pequeña y delicada mano en su nuca y enredar sus dedos entre su pelo, mientras acercaba su cuerpo más a él, y abría sus labios para recibir la totalidad de la pasión que le exigía.

¡Esa mujer acabaría con él! Su lengua rozaba la suya en una danza carente de pudor, y su exquisita calidez lo estaba desarmando.

Sakura estaba viviendo un sueño. Lo que la había mantenido viva durante el último año y medio, la tonta esperanza de volver a estar entre sus brazos, se estaba haciendo realidad en ese mismo instante. Se encontraba en una nube, se sentía feliz por primera vez en mucho tiempo. Sin embargo, ese sueño era efímero, y se esfumó con la misma rapidez con la que había comenzado.

Sasuke terminó el beso de forma tan abrupta que Sakura perdió un poco el equilibrio. Su mirada, más letal que antes, se posó de nuevo en ella y provocó que diera un paso hacia atrás.

Sasuke sonrió irónicamente y dejó entrever sus blancos dientes.

—Vaya, enhorabuena, ha mejorado de manera espectacular. Vaticino que tendrá éxito en sus planes. Con ese despliegue de encantos, seguro que llegará a duquesa.

Aquellas palabras fueron como un cubo de agua fría para Sakura. Había intentado, con su beso, transmitirle toda su pasión, todo lo que sentía por él. Quería hacerle entender que sus sentimientos, a pesar de las apariencias, nunca habían sido falsos; pero era demasiado tarde. La frialdad de aquel hombre al que amaba, a pesar de la embriaguez en la que la sumía cuando la besaba, estaba esculpida con el más profundo desprecio.

Lo leía en sus ojos, como si se tratase de un libro abierto. Se sintió una tonta; por un momento, se había dejado llevar por una ilusión, una quimera, ansiosa de creer que era verdad. Quiso haber visto, en el brillo de sus ojos y en el ardor de sus caricias, algo más que una profunda aversión y una voluntad intensa de castigarla. Había deseado que la besara más que nada en el mundo, pero la indiferencia de sus palabras, teñidas del más letal desprecio, habían dejado clara la imposibilidad de arrojar la más mínima luz a sus infantiles esperanzas.

Con una tranquilidad mayor de la que sentía, lo miró directamente a los ojos.

—Lamento, de veras, lord Uchiha, que piense así de mí; pero de ninguna manera voy a permitir que siga castigándome por algo que ocurrió hace mucho tiempo. ¿Sabe? Las personas no se definen por una sola acción, milord. Hay veces que la vida no les otorga otra salida.

Sasuke mantuvo su mirada inquisidora en la de ella, casi como un insulto.

—Siempre hay otra salida, aunque uno tenga que fabricarla y, en contra de lo que usted piensa, hay ocasiones en que una sola acción es suficiente para descubrir la naturaleza de una persona. Su caso es un ejemplo de ello. Pero descuide, no sufra, porque eso sería llevar una carga demasiado pesada. No me ha producido ningún daño, ni siquiera llegó a perturbar mis sueños; digamos que sólo fue una gran decepción. Creí que era alguien especial, pero descubrí que resultó igual a muchas de las damas que hay ahí dentro. Mujeres que se contonean en los bailes, con fingido aire de vulnerabilidad, y hacen creer al tonto de turno que es el destinatario de sus afectos, cuando la verdad es que, en su calculadora alma, sólo están estableciendo a cuánto asciende su fortuna.

Sakura sabía que tenía que salir de allí. El hecho de que a él no lo perturbara su presencia ni sintiera nada por ella, sólo aquella especie de repulsión, no significaba que ella no sufriera cada uno de sus hirientes ataques verbales. Con un control que superaba al del más extraordinario actor, Sasuke proclamaba la repugnancia que sentía por el género femenino, en el que incluía a su persona; y cada vez que sus mortíferas palabras hacían eco en su cabeza, el vacío que, minutos antes, se había saciado con su ardor, se volvía frío y oscuro. Ya nada le quedaba de él, sólo los recuerdos.

Todo había sido culpa de ella; sus palabras habían marcado el fin de sus anhelos más profundos. Sasuke le había dicho, sin ningún tipo de diplomacia, parte de lo que sentía por ella; y su respuesta no había sido la que esperaba.

Había reaccionado, ofendida ante sus reproches, y en su rostro se habían dibujado los signos de una tristeza fingida, que en nada parecía ficticia. Eso lo había puesto furioso como a un gato salvaje. ¿Cómo se atrevía a negar que era una víbora calculadora? Por eso la había besado, se dijo a sí mismo, para cerrar esos malditos labios que querían volver a mentir. La habría respetado más si se hubiera quitado la máscara, pero el haber montado esa escena y el haber negado lo que era evidente, le habían hecho sentir pena por ella. Como en ese momento, que estaba con la cabeza baja, callada, como si en verdad sus palabras la hubieran afectado. Era, sin lugar a dudas, una actriz consumada.

Sakura sintió que el silencio le hacía daño a los oídos, así que, sin detenerse ni un momento más, lo miró a los ojos y se acercó a él. En respuesta, Sasuke endureció su mirada como un aviso, sin que eso sirviera para detenerla. Era la última vez que le pediría perdón, era la última vez que se permitiría sentirse vulnerable frente a él. Salvando el poco espacio que se interponía entre los dos, apoyó su mano sobre su mejilla. Sasuke no estaba dispuesto a permitírselo, le impidió ese último gesto y le apartó la mano sin ninguna ceremonia.

Con las lágrimas a punto de devorar su garganta y con el corazón en un puño, le susurró ʺlo sientoʺ antes de volver al salón sin echar la vista atrás.