Los personajes no son míos, yo solo los mezclo, son de S. Meyer, KM Moning, y S. Kenyon

Bueno, bueno, bueno, este hombre es incorregible, se lo hizo a la Moning y ahora mi, y es que Jericó Z Barrons tiene vida propia, y es muy pesado. No había manera de escribir el siguiente capítulo, cada vez que lo intentaba se cruzaba Barrons contandome su charla con Chloe.

Esta conversación tiene lugar en el último libro de FEVER, en Shadowfever. Cuando lleguéis al final sabréis del por qué de algunos hechos en el libro

Capítulo 32

Chloe y Jericó

CHLOE POV

-¿Vais a invitar a los de Dublín?- pregunto a Gwen.

-Sí, Kate ha confirmado su asistencia en representación del Haven.

-¿Y...?

-Los demás vienen a trabajar ¿Qué más quieres?

-Solo digo que si fuera mi hijo me gustaría que él estuviera en la bendición druidica.

-Va a estar aquí, les he contratado – me dice Drustan.

-Esa es la diferencia, que no vienen como invitados y a Barrons le gusta que le especifiquen las condiciones.

-Drustan, mi esposa tiene razón, sería el respaldo definitivo para Ethan, no sabemos si algún día lo podría necesitar. Llámale con la excusa de que no le has mandado la invitación porque no sabes si mandarla junta o separada, que ellos decidan.

-Si Barrons viene querrá que Amanda participe – afirma Drustan.

-¿Y cuál es el problema? - pregunta Cian.

-Está bien, acercame el móvil

Drustan marca y Barrons le contesta al segundo, siempre lo hace, es su forma de decir quien le cae bien y quien no. A mí tampoco me hace esperar, pero no sé si es porque le caigo bien o por fastidiar a Dageus.

-Buenas tardes Barrons, siento haberte dejado el último, pero es que no sé como solventar tu invitación – Jericó le está contestando algo que por la forma de mirarme Drustan algo me dice que me está dando la razón – no, Barrons, sí que lo estábais, pero es que...no sabemos qué nombres poner...

-Dame el teléfono – le pide Gwen -Barrons, soy Gwen. A lo que mi esposo se refiere es si debemos mandar la invitación a nombre de Mac y Barrons, y otra a Ryodan, o mandar tres – a Gwen la romántica no le gusta la contestación – bueno, solo digo que todos lo sabemos, y ha sido un detalle de mi parte hacia tí el hecho de que te haya llamado a ti y no a Mac – mi cuñada suelta una carcajada – vale, de acuerdo, me portaré bien, te lo prometo.

-¿Cómo ha quedado? - pregunta Drustan.

-Enviaremos dos invitaciones, una a Ryodan y otra a la libería a nombre de Señorita Lane y Señor Barrons.

Estos dos no van a cambiar nunca, Jericó es un fanático del protocolo. Mac siempre será para él la señorita Lane. Yo en cambio, desde mi primera conversación con él soy Chloe.

Fue durante nuestra estancia en el Chester, salí una tarde sola (sola en compañía de Fade que siempre nos hacía de escolta) al Trinity y de vuelta me lo encontré. Despachó a mi guardaespaldas y se ofreció a escoltarme él de regreso, dudo mucho que fuese casualidad, porque aquello fue más un interrogatorio velado. Pero lo que Jericó no sabía es que yo tengo más curiosidad que un gato.

-Señor Barrons, qué me diría si le invitara a un café en aquella cafetería, me apetece un capuccino.

-Le diría señora Mackeltar que si quiere el mejor capuccino la llevaré a donde realmente lo hacen delicioso.

-Muy bien, pero yo invito.

-En ese caso le concederé el privilegio de ser la primera mujer que me invita a un café.

-¡Venga ya! ¿En toda su vida?

-En toda mi vida.

-Que ha sido muy larga, y por ello me siento doblemente privilegiada.

-Tenía razón, era el mejor capuccino que me he tomado en mi vida. Siempre que vuelvo a Dublín, voy a esa cafetería.

-¿Como es que habla gaélico antiguo?

-Por mi abuelo. Era profesor de mitología europea en una pequeña universidad de Kansas. Y escocés. Cuando mis padres murieron me fui a vivir con él, y en casa lo hablábamos, de hecho, crecí hablando latín y griego antiguo, creyendo historias de Faes, banshee, Shide -seer...para él hasta los dioses griegos eran reales.

-Debió de ser un hombre excepcional.

-Lo era, de hecho, si Evan Macgregor no hubiera creído tan firmemente todas esas historias hubiera acabado en Harvard o en cualquiera de las grandes, haciendome a mi un gran favor ya de paso.

-Suele pasarle a los mejores, los toman por locos, pero a usted no le fue tan mal, acabó en el MET.

-¿Cómo sabe usted eso? - Barrons solo se encoge de hombros.

-Sí, a los 19 años me quedé sola y comprendí que no podía acabar como mi abuelo, así que...dejé todo eso a un lado aludiendo a que todo era leyendas y cuentos de viejas. Hice mi tesis doctoral sobre lenguas antiguas, que no muertas.

-Y por eso puedes leer ciertos textos y hacer comentarios en acádico con mis hombres.

-No quisieron hablar conmigo en sumerio – le miro inocentemente.

-No se parece a ninguna de las esposas keltar.

-Ja ja ja. No lo sé, supongo que porque soy medio escocesa, las demás no lo son.

-Ni han pasado lo que usted.

-Bueno...no fue para tanto. Y me siento muy agradecida por mi abuelo. Nos necesitabamos mutuamente. Yo lo tuve todo con él y mi abuelo me dio la educación que hubiera querido dar a su hija.

-¿Qué edad tenía?

-Cuatro años.

-Déjeme decirle que su abuelo hizo un trabajo excelente. Dageus es muy afortunado por tenerle a usted.

-Oiga Barrons...quería comentarle una cosa, ya sé que no me importa, pero sea amable con esa chica, creo que nadie lo es y no se lo merece.

-Tiene razón, no le importa.

-Entonces cuando quiera, nos vamos, ya me he tomado mi café.

-Oiga señora Mackeltar...

-¿Sí?

-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Por supuesto.

-¿Por qué esa chica no me ve?

-He ahí el problema señor Barrons, que le ve.

-¿Cómo dice?

-Que le ve y le escucha alto y claro, es solo que ella se encuentra en lo que podriamos denominar...un apagón.

-No la sigo.

-Verá, hubo un momento en mi relación con Dageus en la que me negaba a abrir los ojos. Le veía, le sentía...pero yo no abría los ojos porque no quería. Mi mente necesitaba tiempo para procesar todo: él, la maldición, el viaje en el tiempo...Él intentaba contarme que le ocurría y yo lo único que hacía era fingir que todo estaba bien y que no ocurría nada. Si él me sacaba el tema, yo lo cambiaba, si no podía le besaba, se colaba en mis sueños e incluso allí le rehuía. Es como si...me desconectara del modo pensar y estuviera en stand by. No quería que esa sensación acabase porque era realmente felíz en mi rinconcito y tenía miedo de que si preguntaba, si abría los ojos...la magia se esfumara.

-Hasta que no tienes más remedio que abrirlos.

-Exacto. Y entonces te cabreas con el mundo, porque te ha despertado del letargo y lo que has encontrado ha sido una bofetada en vez de un beso.

-Entiendo...estar dormido y tener un buen sueño y no querer despertar porque en ese sueño todo es perfecto.

-Mac ha sufrido mucho, demasiado, más de lo que su mente puede procesar.

-¿Quiere otro? A este le invito yo.

-Sí, por favor, pero a este le sigo invitando yo, aunque le acepto un trozo de tarta.

-Que sean dos. Oiga...no comente nada con sus padres.

-No lo he hecho, no es algo agradable. Dageus tampoco ha dicho nada, no es algo que sea de buen gusto comentar.

-¿Y usted cómo lo ha sabido?

-El que sus hombres no quieran hablar conmigo no significa que no los entienda. Ha de saber señor Barrons que sus hombres son unos cotillas, y más cuando Mac subió desnuda las escaleras.

-No me lo recuerde – Barrons se aprieta las sienes, es el primer gesto humano que le veo.

-Mac solo está asustada.

-Pues no lo parece.

-No le da miedo el mundo, le da miedo usted y todo lo que representa.

-¿Para ella?

-Síp. ¿Me permite un consejo?

-Por favor.

-Dígale que se va, que lo deja todo y que no volverá a esta ciudad. A Dageus le funcionó.

-Hábleme de ello.

-Muy bien. Sé que lo está haciendo para sonsacar información y es posible que yo le esté diciendo más sobre nosotros de lo que soy consciente, pero usted me cae bien – su sonrisa se ensancha y acaba riendo a carcajadas – Mi gran defecto siempre ha sido la curiosidad...

-No me diga...

-Le digo. Solo sé que estaba dejandole en su ático un manuscrito antiguo y valioso y al final acabé debajo de la cama de Dageus leyendo otros manuscritos. Resumiendo, pasé la noche atada y secuestrada en su cama.

-¿Debajo de su cama? - de tanto reir comenzó a toser.

-Pasé tres días con él y le ayudé a traducir unos textos. Cuando me dijo que se iba fue el día que comencé a sentir miedo, miedo de perderle, y eso me hizo reaccionar. Una parte de mi quería seguirle y otra me decía lo peligroso que era.

-La maldición.

-Por más muros que ponía, él lo derrumbaba todos y cada uno. Una estupidez, porque desde el primer momento que le vi, que aspiré su aroma supe que yo le pertenecía.

-¿Puedo llamarte Chloe?

-Por supuesto Jericó.