Los personajes y sus historias originales son de S. Meyer y K.M Moning, ah y de la maravillosa S. Kenyon, yo solo les doy un giro inesperado
AVISO: hay spoiler de ICED y FEVER
Capitulo 34
¿Cenamos?
POV BELLA
El fin de semana ha pasado en un suspiro.
Sé que hice lo correcto con Edward, él debe estar tiempo con su familia al igual que yo con la mía, no me había dado cuenta lo mucho que los echaba de menos hasta que llegué a Aldury. Cada uno vamos tomando nuestros propios caminos pero en cuanto ponemos un pie aquí volvemos a ser los niños que fuimos y me gusta porque todo sigue igual.
Los chicos se encierran en la torre, paseo con Hypatia, bajo al laboratorio con mi madre, juego al ajedrez con mi padre... A veces cierro los ojos y el tiempo parece detenerse aquí en Aldury.
Esta mañana me he levantado muy temprano, de madrugada. Christian nos lleva a Charlie y a mi a Forks. Atrás han quedado las dicusiones de ayer, Chris ha aceptado a mi hermano Ethan como laird. Y de nuevo, Amanda estaba en el centro de la discusión.
Estoy deseando ver a Edward porque mis padres quieren que los Cullen vayan el próximo fin de semana. Por supuesto que Alice ya lo habrá visto. Al salir de Aldury le he mandado un mensaje a Edward y mi héroe vampirico estará esperándome.
-Bella, Bella, hemos llegado a Forks, arreglate un poco antes de entrar al insti.
-Vale – consigo contestar tras un bostezo, me he pasado el viaje durmiendo, vaya una pinta debo tener. ¿Y mis gafas de sol?
-Bella – Christian me mira y sonríe – está nublado.
-Mis ojos opinan lo contrario y mira la pinta que tengo de recién despierta, los tengo hinchados.
En cuanto entramos al aparcamiento me quito el cinturón de seguridad y ahí está ese maravilloso Volvo plateado ¿Cómo pude siquiera alguna vez querer aplastarlo? Chris aparca justo enfrente.
Bostezo, desperezo, otro bostezo y por fin una tímida sonrisa ante la enorme sonrisa de Edward, que apoyado en su coche me observa. Christian se baja del coche y muy galante me ayuda a bajar.
Es en ese mismo instante cuando me convierto en el centro de atención de flashes de moviles. Bueno, Christian y su Aston Martin One-77 plateado. Estoy acostumbrada a que mi familia destaque así que no me afecta mucho.
-Buenos días Bella.
-Buenos días Edward. Christian, este es Edward. Él es mi primo Christian.
-Mucho gusto, y bonito coche, puedo... - Edward está ensimismado.
HOLA, SOY YO, BELLA, TU NOVIA.
-Edward, ya que estás dentro podrías coger mis cosas – ni caso - ¡Cullen!
-¿Qué?
-Mis cosas, por favor.
-¿Te gusta? - Christian empieza a explicarle cosas del coche y los dos se enfrascan en una conversación cuyo idioma ignoro. No hablo cars and drive.
-Se me olvidaba que los dos son unos fans incondicionales del Aston Martin.
-¡Bella! - Alice viene corriendo hacia mí con una enorme sonrisa – Hola, soy Alice Cullen – otra que cae anonadada ante Christian y su coche.
-Christian – mi primo se acerca a mi causando estragos entre las chicas que se han arremolinado en torno nuestro - estos son Alice, Jasper, Emmet y Rosalie, los hermanos de Edward.
-Chicos – Christian los mira de una manera muy extraña pero al final sonríe – sois los primeros que veo con ese color de ojos fuera de mi familia.
-Christian vive en Dublin – les digo.
-¿Qué sabes tú de Dublin? - me pregunta. Ummm, últimamente sale mucho esa palabra en casa, demasiado tal vez, y siempre relacionada con Amanda. No me gusta. Creo que he metido la pata hasta el fondo.
-Nada.
-Mentira – me increpa.
-Bueno, es la capital de Irlanda.
-No me tomes por tonto Bells, pero lo dejaré estar, por esta vez.
-Aunque lo supiera no te lo diría, así que, tú mismo – su mirada se ha convertido en hielo al igual que la mía.
-Christian – le llama Rosalie, puedo subir al coche.
-Claro – su sonrisa ha vuelto junto a sus hoyuelos.
-Bella! - Alice me zarandea por los hombros – cuando te cuente una cosa te vas a morir.
-Pues... no me la cuentes – esta Alice.
-Es que no me puedo aguantar, llevo todo el fin de semana con los nervios de punta.
-Bueno, cuentame, aun a riesgo de morir.
-He conocido a Yoda.
-¿Cuando? - demanda Christian.
-En la fiesta del museo, estuvo con Amanda y conmigo.
-¿Lo llamó Amanda?
-¿Era eso? Sí que voy a morir, pero de aburrimiento – suspiro.
-No, se presentó sin avisar, Amanda incluso estaba molesta al principio.
-¿Al principio? ¿Quieres decir que permitió que se quedase? Él nunca aparece así sin más ¿Quién lo llamó?
-Nadie, se presentó en la fiesta por su cuenta.
-Alice Cullen, mirame esto – señalándose su cerebro – es un detector de mentiras. ¿Estás segura que Amanda no sabía quien lo había llamado?
-Adiós, Chris – le doy dos besos y lo despido – di a Madison que la quiero un montón y gracias por traerme.
-Bells esto es serio.
-¿Qué pasa con Yoda? - pregunto justo cuando suena el timbre.
-Que no es bueno para Amanda.
-Acabaramos, ahora somos los Capuleto – le doy un fuerte abrazo a Christian – nos vemos el viernes, tenemos que entrar. Chris mírame – le tomo el rostro entre mis manos – dale un poco de cancha a Amy. No quiero que se vuelva a ir.
-¿Cancha dices? Es ella la que me la tiene que dar a mi. Y soy yo el que no vive en Escocia. No estaría mal que la próxima vez que la vieras le preguntaras por qué pasó tres días en Dublín y no se dignó ni a llamarme. Es ella la que tiene que decidir con quien tiene sus lealtades.
-¿Acaso dudas de su lealtad? Tengo entendido que hizo el juramento.
Es ahora cuando me doy cuenta de todos los Cullen nos miran intrigados.
-¿Y fue ese su primer juramento?
-Bella – me llama Edward – tenemos que entrar.
-Sí ya voy. Escucha Chris, realmente no sé lo que está pasando pero anoche subí a buscarla a las almenas y estaba fumando. Otra vez. Y no me gusta.
-Vale Pitigüini, me rindo. Siempre os habéis protegido y sigo diciendo que tú eres la última alma pura que queda en esta familia y por ello mereces toda mi consideración. Dame un beso anda– le doy uno muy grande – te quiero.
-Pues yo a ti no.
-Adoro la sonrisa de mi primo Christian.
-La de Emmet la adoro menos y se lo hago saber con la mirada.
-Per secula seculorum – me responde Emmet anunciandome la tortura que me espera con el nombrecito.
-Bella – Edward solicito me ayuda con mis cosas y a entrar a clase. Biología. Bien! - perdoname, no he podido evitarlo. Es la cosa más bonita que he visto nunca. Después de ti, por supuesto.
-No te preocupes – le doy un ligero beso en los labios – esto ha sido cosa de Amanda por el interrogatorio del viernes, es su forma de vengarse de mi.
-Me he fijado que andas perfectamente.
-¿A que sí? - le sonrío – Ethan me aplicó una pomada y mírame.
-Te lo dije – le confirma Alice.
-Bueno Alice, ahora sí que estoy intrigada ¿Qué pasa con Yoda?
-Será la pareja de Amanda en la boda y creeme, el verde no es su color.
-Pero es un vejestorio. Vale, retiro eso, mi novio es de la misma edad.
-Touché – me dice Emmet – nos vemos en el almuerzo.
-Hasta luego!
-No lo creo Bella, a no ser que esté entre los 25 -30 años.
-Frunzo el ceño y mi mente vuela atando cabos sobre los comentarios de este fin de semana. ¿Qué pasa con Amanda y sus novios?
-Mi Yoda es bajito- le informo.
-El mío mide 1'90.
-Bella , debemos entrar el profesor acaba de salir de la sala de profesores y viene hacia aquí – me informa Edward.
-Shssss – le digo intrigada – el mío es feo.
-Guapísimo – añade Alice con una sonrisa triunfal para luego irse tan fresca.
Como siempre, mi tiempo con Edward pasa en un suspiro. Su gesto de incomodidad solo se relajaba cuando me miraba y me sonreía. Al parecer no lleva muy bien lo que los otros chicos piensan sobre mí, en especial Newton, y por mucho que yo le diga que lo único que tiene interesante ese niño es el apellido, entiendo que debe ser una tortura para él ver en sus mentes lo bueno y lo malo sobre mí y mi familia.
Por supuesto, he sido acosada por mis compañeras.
Los chicos Keltar destacan allá donde van.
Nota mental: que no se me olvide llamar a Charlie. Mejor se lo digo a Edward para que me lo recuerde.
A la hora del almuerzo Edward así lo hace y se queda en la cola para comprarme la comida mientras que yo me dirijo a la mesa llamando a Charlie.
-Charlie, acuerdate que esta noche cenamos juntos – excusas, excusas – no, no, no, cuando salga de clase iré a hacer la compra, con comida de la de verdad – bla bla bla - ¿y si te hago un delicioso tiramisú? - ay, no puede contenerse este hombre ante el chocolate.
-Aquí tienes Bella – Edward pone la bandeja delante de mi – comida sana y nutritiva, proteíanas, vitaminas A, B, riboflamina, y de postre fruta.
-Gracias Edward, sé que lo haces con buena intención. Bien, familia, traigo noticias.
-Ya las sabemos – me contesta entusiasmada Alice – pero Bella no deberías ser tan dura con Charlie.
-¿Crees que a mi me gusta serlo? ¿Sabes que tuve que hacer el primer día que estuve aquí? - bajé la voz – rebuscarle entre los cajones en busca de preservativos ¿sabes lo que había debajo de su cama?
-¿Charlie? - pregunta muy interesado Emmet.
-Por eso vine a Forks, Emmet. Me mandaron a controlar a Charlie.
-Con lo serio que parece.
-¿Serio? Para nada Emmet, lo que pasa es que somos los reponsables el uno del otro, él en modo padre y yo en hermana controladora.
-Y conmigo le toca ser el malo de la película – dice un demasiado serio Edward entre risas de sus hermanos.
-Bella...- el que Jasper me hable es raro - ¿A qué juramento de lealtad os referíais?
-A un juramento de lealtad, como su nombre bien indica. Este fin de semana mi hermano Ethan ha sido elegido Laird de los Keltar. Antes lo ostentaba oficialmente Christian, pero en realidad era mi padre. Todos los hombres Keltar han de hacer el juramento en las piedras.
-¿En qué piedras? - me pregunta Jasper.
-En el Ban Drochaid, un circulo de piedras megaliticas.
-¿Y podremos verlas el domingo?
-Pues no lo sé, están en el viejo castillo Keltar. Siempre le podrás preguntar al nuevo amo y señor del castillo.
-Lo haré. ¿Y en qué se basa ese juramento?
-No lo sé. No nos dejan a las mujeres ni mirar ni participar.
-Pero Amanda al parecer juró.
-A Amanda practicamente la obligaron.
-¿Christian? - me pregunta ahora Edward – no parece que tengan una buena relación.
-Sí que la tienen, es solo que...a veces no soportan estar en una misma habitación.
-Sigo diciendo que sois una familia muy rarita Bella – me dice Alice – y eso me gusta.
-Vamos a lo que me interesa. Alice, cuentame con todo detalle quien es Yoda, porque Christian no quiere ni que se acerque a Amanda.
-Es un encanto con mayúsculas, y mira de una forma a tu prima...
Alice nos cuenta la fiesta y llegamos a la conclusión de que Takeshi en cierto modo ha sido impuesto por mis tíos pero que ella en realidad prefiere a Lor. Y tal vez, el chico misterioso de Venecia sea el japonés. Les hablo de la llamada en Londres y que ese hombre tenía acento, pero que no sabría decir si era él o no.
¿Takeshi igual a Venecia?
Ethan ha comido en casa de los Cullen. Y de repente, Alice mirando al vacío... marca un número.
-Esme – dice tristemente – sí, ve, dile adiós de mi parte, la veré por skipe.
-¿Qué es Alice?
-Hanna le ha pedido a Esme que la acompañe al aeropuerto a despedir a Amanda, quería saber si todo iba a ir bien.
-¿Y por eso estás triste? - la abrazo ante el asombro de todos – piensa en el viernes.
-Estoy un poco preocupada Bella, este fin de semana hará sol.
-No hará falta que salgas, el castillo es grande para no tener que salir y la piscina está cubierta. Se encuentra en el solarium pero tiene estores que si hacen falta se pueden bajar. Lo malo es la cúpula de cristal, pero solo da el sol al mediodía.
-Bella, por favor, aunque ayer te quitara Ethan los puntos no creo que sea buena idea.
-Edward apenas tengo ya nada, solo la contusión.
-He de velar por tu seguridad, ya que tú nunca lo haces.
-¿Qué haces esta tarde?
-No me cambies de tema.
-Necesito que alguien me proteja de un tiramisú asesino.
Mascarpone más chocolate es igual a Edward apoyado en la encimera...
En décimas de segundo tengo a Jasper tieso mirando a otro lado, a Alice haciendome señas y a Edward tan tenso que podría romperse.
Emmet y Rosalie se levantan y se van de la cafetería.
-¿Qué pasa? ¿Qué he hecho?
-No es lo que has hecho – me dice Alice – es lo que vas a hacer.
Upssss. Siempre se me olvida.
-Bella – Jasper me sonríe – solo es práctica. Ya sabes como funciona Alice.
-Oh sí claro – y es entonces cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer – yo...solo...lo siento.
-Es hora de irnos – Edward me toma la mano y me saca de la cafetería.
-Edward lo siento – le digo ya en su coche- no sabía que la intensidad era tan fuerte yo solo...
-Bella, nunca vuelvas a pedirme perdirme perdón por desearme – su mano me acaricia el rostro – el problema no has sido tu deseo, si no el mío al ver el tuyo.
-Charlie no viene hasta las seis.
-Tienes que ir al supermercado primero.
-Dará tiempo – le miro humedeciendome los labios.
-No sé hacer un tiramisú.
-No importa, yo sí.
-Podrías convencerme para que sea tu héroe esta tarde – me pierdo en su pícara mirada y paso mi mano por su nuca.
-Cullen, me temo que ya estás convencido.
Mi boca se acerca a la suya despacio, con cuidado. A los dos segundos mis labios quieren más y se entreabren pidiendo paso. Los suyos responden a la vez que sus manos se posan en mis muslos, su frío tacto me gusta.
-Bella no, aquí no – intenta decir.
-Podríamos ganar tiempo.
-No, le prometí a tu madre que no te saltarías ninguna clase – de nuevo ese odioso timbre
-Definitivamente Cullen, eres único rompiendo el encanto.
-Sí, definitivamente lo es – Ahhhh, joder que susto me ha dado Emmet tras el cristal – Romeo, Romeo.
-Emmet, por favor no vuelvas a hacer eso, joder qué susto – le digo saliendo del coche.
-No me has dicho que había debajo de la cama de Charlie.
-Nada, tonterías – le digo mirando a otro lado para que no note mi sonrojo.
-Bella, Bella, Bella...
-Emmet, por favor, no creo que sea buena idea.
-Y? - su brazo se pasa por mis hombros. No tengo escapatoria.
-Braguitas sucias y preservativos usados.
-Jajajajajaja me parece que me va a caer muy bien Charlie.
-Ese es el miedo que tengo – le digo muy seria mientras finjo un escalofrío.
Después de una buena ración de besos llenos de mascarpone y cacao termino de preparar la cena justo a tiempo para cenar y despedirme por un rato de Edward. Alice nos ha dicho que sus padres están cenando en el ático de Ethan.
Edward me ha dado intimidad para hablar con Charlie a solas. Él y yo tenemos una conversación pendiente y necesitamos aclarar unos cuantos puntos.
Hablamos de mi relación con Edward, de que si paso demasiado tiempo con él, que lo primero son mis estudios, y todo ese rollo que ya me habían nuestros padres.
Pero ha habido un cambio.
Quiere verme feliz a toda costa y para él mi sonrisa es su prioridad.
Abrazados en el sofá compartiendo confidencias me doy cuenta de que no conozco en absoluto a mi hermano. Me cuenta sus cuitas y sus deseos en esta vida, y de por qué está en Forks. Solo quiere una vida sencilla, que le amen por lo que es no por su nombre o su dinero. En eso nos parecemos bastante, él, Amanda y yo somos los más parecidos en ese sentido. Nos gusta la sencillez de la vida.
-Charlie, ¿Qué pasa con Amanda?
-Que no saben dejarla en paz. Puedes irte a la otra punta del mundo y eso poco importa. La hacen venir.
-¿Por qué cabrea tanto a Christian que vaya a Dublín?
-Digamos que en casa no gustan las amistades que Amanda hizo en Dublín porque Christian tiene sus propios pleitos con esas amistades. Amanda le ignora y eso enfuerece a Christian que a su vez provoca dolores de cabeza a papá.
-Y esas amistades son las que se ocuparan de la seguridad de la boda.
-Me parece que sabes demasiado.
-No, que va, pero no me gusta ver llorar a Amanda, y sabía que Christian tenía algo que ver porque cuando se fueron hacia las piedras él se negó a que ella fuera.
-Pero fue y juró lealtad.
-Creía que las mujeres no lo hacían y en cierta manera parece que papá y los tíos obligaron a Christian a aceptarla.
-Amanda es especial. Escuchame Bells, si alguna vez te pasara algo, de esas cosas que no puedes confiar en nadie, buscala. Ella te ayudará sin preguntas. Y ahora buenas noches pitigüini.
-No sé en qué podría yo necesitar ayuda en algo así.
-Oh, ya lo creo que sí, o tengo que recordarte Londres.
POV ETHAN
Mi vida va tomando un giro inesperado. Ahora no solo soy el laird de los Keltar, soy el jefazo, y mi palabra es la ley. Christian ha comprendido que su rama se ha extinguido. Él se pasa la vida en su loft de Dublin y sus hermanos no quieren saber nada de toda esta locura. Está bien que hayan tantos Keltar, pero la línea que debe agrupar toda la sabiduría ha de ser una.
Y yo he sido el elegido.
Los demás no deben saber de la existencia del estudio de la biblioteca, pero Silvan, Amanda, Malcom y yo hemos pasado demasiadas horas allí como para que los "ancianos" les impidan saber. Han jurado guardar el secreto y no transmitirlo pero... hemos ingeniado un sofisticado juego para poder descifrarlo en caso de que en posteriores generaciones se pierda el secreto.
No es la primera vez que pasa.
Hanna y yo hemos pasado nuestra primera noche en Keltar Hall.
Por un lado está decepcionada, tanto trabajo en la casa de Port Angeles para nada; pero por otro...está demasiado excitada con su castillo.
Desde lo alto de la colina se divisa el valle donde se encuentra Forks. El paisaje de Escocia es mágico y apoyado al capó del coche respiro esa magia, se adentra por mis venas y por cada poro de mi piel. Y me dejo llevar...
Mis poderes druidas me transportan como su fuera un ente etéreo hacia las nubes y allí en la quietud del silencio observo la vida cotidiana de Forks, las ovejas pastando, los coches circulando (hay que señalizar mejor el puente de la vieja carretera), a lo lejos veo el resplandor de las luces de Port Angeles y en lo alto de aquel risco está...¿Carlisle y Esme?
Son rápidos, apenas fotogramas. Les sigo. Por la hora que es no sé si están con el almuerzo o es un brunch. Que aproveche. Cuando terminan con los dos ciervos los llevan cerca de otros depredadores y carroñeros. Se les ve felices y satisfechos en lo alto de la montaña, y según los cálculos que hemos hecho llevan casi 100 años de casados, todavía se abrazan y se besan con la ternura y la pasión de unos recién casados.
Les observo. Vale, soy un voyeur. Pocas personas son testigos de la afectividad de Carlisle Cullen, del amor que lleva dentro. Puede parecer tranquilo y lleno de paz pero por dentro es un hervidero de sentimientos.
Carlisle Cullen...
He debido decir su nombre en voz alta porque de pronto le dice algo a su esposa y le señala la pequeña cumbre en la que estoy sentado. En segundos vienen hacia mi...
Gafas de sol puestas para que no vean mis ojos brillantes, respiración controlada...
-Ethan!
-Hola pareja! - cogidos de la mano vienen hacia mi por un camino forestal como si de un paseo se tratase.
-¿Se puede saber que haces aquí solo? Puede ser peligroso, hay animales salvajes.
Les sonrío y me encojo de hombros.
-¿Estás bien? - Carlisle se acerca a mi y me pone la mano en el hombro – Ethan...
-Milord, ahora puedes llamarme milord.
-Eso no responde a mi pregunta.
-Sí, sí, estoy bien. Solo estaba alejándome del ruido, necesitaba aclarar ideas y tomar decisiones. Mira, desde aquí se ve la casa de Charlie. ¿Y vosotros? ¿Qué haciais?
-Dar un paseo – me dice Esme - ¿Has desayunado o comido algo? - niego con la cabeza.
-Bien -Carlisle me mira serio – sube al coche, te llevaré a mi casa y Esme te hará algo de comer.
-Carlisle estoy bien.
-De acuerdo milord – me impera Esme – suba al coche si a vos le parece bien – me toma por los hombros y me introduce en el asiento del copiloto.
-Recuerdeme señora Cullen que no la deje acercarse a Hanna. - la sonrisa de Esme me dice que esto solo es el principio – solo el hecho de imaginarme a vosotras tres juntas me da escalofríos.
-Exagerado – dice Carlisle al arrancar el lexus.
-¿Exagerado? Cuando las veas hacer un aquelarre intenta no quemarlas – Carlisle se ríe - Solo estoy dandote un buen consejo. Harías bien en recordar mis palabras, no estaré siempre cerca de ti para rescatarte.
-Jajajajajaja ¿Acaso planeas irte a algún sitio?
-A Alborath, Carlisle. Voy a pedir examinarme de la residencia y a dejar el hospital.
-¿Cuando?
-En un mes o dos, eso era lo que estaba tratando de decidir. He de vivir en Keltar Hall lo antes posible, soy el nuevo Laird.
-¿Y tu nuevo cargo te impide dedicarte a la medicina? Creía que todo eso era una reminiscencia del pasado.
-En mi clan no, y creeme, tendré el día completito. Mi familia es agotadora.
-No digas tonterías, tu familia es maravillosa.
-¿Sabes cual es tu problema Carlisle? Que miras pero no ves.
Llegamos a su casa por un camino que ignoraba que existiera. Sin quitarme las gafas de sol empleo la Escucha Profunda. Carlisle está preocupado por mí, al parecer no se le escapa mi propia preocupación. Debo proyectar otra imagen para tranquilizarle.
-De veras Carlisle, estoy bien, es solo que estoy preocupado por los cambios que se avecinan. No me gustan los cambios, ¿vale? Y eso es todo.
-Ethan... - la voz de Carlisle me transmite paz – a veces los cambios aunque parezcan malos, son necesarios. A veces el dolor previo trae consigo la alegría, como los nacimientos. Solo tienes que mirar hacia delante, nunca atrás e imaginarte lo maravilloso que sería fundar una familia, tu propia familia.
-¿Eso lo dices por mí o por ti? - le digo a Carlisle bajandome un poco las gafas y por un momento Carlisle me ve tal como soy. Por un momento le he visto asustado.
-Por los dos – dice Esme.
-Dime una cosa Esme, ¿la bruja de mi prima te ha presentado ya a José Cuervo?
-¿A quién?
-Jajajajajaja, a nadie, a nadie.
Al entrar a una carretera asfaltada me doy cuenta de la vegetación tan espesa que hay en esta parte del bosque. Y escondida en el bosque, la mansión Cullen. Nunca había estado aquí.
Después de un suculento magret de pato con pasas y un buen vino nos salimos a la terraza a disfrutar del paisaje.
-¿Qué ocurre Ethan?
-Y dale, en serio Carlisle, no pasa nada extraño.
-Ethan... - su mirada sigue fija en su taza de café – has de saber que me puedes contar cualquier cosa, por muy difícil que sea, me considero tu amigo y te ayudaría en cualquier clase de problema.
-Ya me estás ayudando Carlisle, de más maneras de las que eres consciente.
-Entonces ¿por qué sigues teniendo esa sonrisa tan triste?
-Sonrío porque soy todo lo que he querido ser en mi vida. Tengo a Hanna, por la que agradezco cada día, sin ella estaría demasiado perdido. Mis padres son los mejores, ver a mi padre orgulloso de mi es el mejor regalo, siempre fue un ejemplo para mi. Mi familia es maravillosa, a veces me gustaría no verlos pero no puedo estar sin ellos más de un día o dos. Pero si es cierto que estoy un poco triste, porque ha habido sacrificios para que yo fuera laird. Y algunos han sacrificado más que otros.
-En Londres me percaté de que eras indispensable para muchos. Para Amanda eres algo así como el "jefazo" y todos acatan tus órdenes sin cuestionarlas siquiera. Y Bella...bueno, para Bella tengo entendido que tu opinión de Edward ha pesado mucho, por lo que te estoy muy agradecido.
-Tu hijo es perfecto para mi hermana, en todos y cada uno de los aspectos, aunque él piense lo contrario. Como dice Amanda, "es la chica la que siempre salva al chico".
-No sabes hasta qué punto lo ha salvado – Carlisle me mira fijamente a los ojos.
-A lo mejor sí lo sé – le devuelvo la mirada.
Suena mi movil.
-Dime. Sí, estoy bien. En casa de Carlisle, he comido aquí. No Hanna, no, no me gusta que deambules sola de noche. Luego te llamo – a ella le da igual – pero es a mi a quien no le da igual, por favor Hanna, te prometo que esta noche lo solucionaré. Luego te llamo, vale luaidh? 'S tusa gràdh mo bheatha.
-Ves como no soy el único que lo está.
-Debería ir a verla, ya me inventaré alguna excusa en el hospital.
-¡Ethan! - me llama Esme – tengo a Hanna al teléfono, quiere que la acompañe a llevar al aeropuerto a Amanda, ¿no te importa verdad?
-Jajajajajaja- Carlisle me palmea la rodilla - aprende a claudicar Ethan, jajajajajaja.
-Todos me obedecen. Todos. Salvo ella.
Ya es de noche y por fin termina el turno en el hospital. El que Esme acompañe a Hanna me ha servido de mucho. Por un lado me ha dejado la mente libre para entrar en el laboratorio con Carlisle y adelantar trabajo para mi examen final; y por otro, les he demostrado a mi familia que si dejo a mi bien más preciado sola con Esme Cullen es porque confío en ella. Aunque he de reconocer que el hecho de que me llamara diciéndome que cenaríamos en el ático me ha hecho soltar ese suspiro de tranquilidad que ignoraba que tenía.
Así que ahora me toca a mi ser el anfitrión. Al poco se ha presentado Alice con ropa para Carlisle. Qué atenta. Le he preguntado por Bella y ojala no lo hubiera hecho porque me he quedado más preocupado y no sé si ha sido por la sonrisa inocente que ha puesto o por la contestación.
Nada abrir la puerta Carlisle y yo nos miramos ante el aroma a cena que desprende el ático y la conversación tan personal que están teniendo las dos cocineras. Al ser de concepto abierto, el apartamento ofrece una visión panorámica y la visión de ellas se me queda retenida en la retina y desde Carlisle me vienen olas de admiración y felicidad, de sueños cumplidos.
Una hora más tarde y ante una cena exquisita ya no aguanto más y saco el tema de Bella y Edward. Y Hanna me mira con cara de pocos amigos.
-No me mires así, es solo que la frasecita de Alice me ha dejado pensando y quiero pensar bien. Solo quiero saberlo Carlisle, tú solo dime sí o no.
-Ethan... - Hanna me hace señas con los ojos.
-En honor a la verdad no sé a qué te refieres exactamente – dice Carlisle.
-A la frasecita que ha soltado Alice.
-Pero qué frasecita ha dicho – me reclama Hanna
-Ha dicho que Edward la está defendiendo de un tiramisú asesino.
-¿Y quien crees que necesita un rescate? ¿Edward o Bella? Oh tal vez el tiramisú
-¿Y qué tengo yo que ver en esto para decirte sí o no? - pregunta intrigado Carlisle.
-Carlisle qué cortito eres a veces.
-Cariño, todos somos cortitos, no estamos dentro de tu cabeza, explicate de una vez.
-¿Sabe Edward ponerse un preservativo?
Hanna se atraganta y Esme deja de respirar.
Y Carlisle escancia más vino en nuestras copas tranquilamente.
-Para que descanse tu cabecita te diré que mi hijo sabe la teoría de sobra, de hecho, incluso podría asegurarte que sabe más sobre el cuerpo humano que muchos médicos.
-Eso no responde a mi pregunta.
-Ethan, por favor – ¿has sondeado a Alice? me reclama Hanna con su mirada, - ¿a qué viene eso? Edward le estará ayudando a cocinar, eso es todo – su cara cambia de repente – ups, se me olvidaba la fijación de los Keltar sobre la comida.
-A lo mejor soy yo la que debería estar preocupada – me interpela Esme – mi hijo es todo un caballero. Yo no me cuestiono si Bella es una señorita.
-Ethan, hablaré con mi hijo si así te quedas más tranquilo.
-Brindemos – dice Hanna al instante – para que nunca tenga hijas.
-Ni hablar – se niega Esme – yo no pienso brindar por eso, pero sí para que Ethan sea más tolerante.
-Brindo por ello – Hanna le choca su copa – creo que voy lo suficiente bebida para contarte lo que mis hermanos piensan de ti querido.
-Voy a por el postre.
-Déjame adivinar – dice Esme – algo parecido a lo que Ethan piensa de mi Edward.
-Qué va, peor, mucho peor.
A Hanna se le queda un poco de nata en el labio superior y al lamerselo me viene a la cabeza imágenes de sus pechos cubiertos de nata. La miro. Me mira. Promesas de nocturnidad, premeditación y alevosía.
Está preciosa cuando sonríe toda tímida ella.
-Piensa el ladrón que todos son de su condición – me acusa.
-Noooo, para nada.
-Tenéis que perdonarle – les pide a nuestros invitados – Bella es algo muy especial para él, es la joya de la corona, la joya que corona la familia.
-Y es la menor – dice Esme con una sonrisa – no te preocupes, nosotros sentimos lo mismo con Edward, es especial para nosotros también.
-Disculpadme, no quiero ser el típico hermano pretencioso y protector es que...
-Creí que ese era el papel de Charlie – me dice con una amplia sonrisa.
-Y lo es, lo es.
-Tranquilo laird – me dice Hanna – solo están saliendo, tienen 17 años y toda una vida por delante, dejales vivirla.
-Eso -dice Esme - ¿es que ya no te acuerdas cuando tenías 17?
-Gracias Esme, me acabas de dar unas imágenes que me tranquilizan. Carlisle, esta misma noche quiero que hables con él.
-Se me acaba de ocurrir una idea. ¿Por qué no encierras a Bella y a Amanda en una torre en lo más oscuro y profundo del bosque y tiras la llave? Y ya de paso, lo llenas todo de hechizos para que nadie se le ocurra cruzar las zarzas.
-Vaya, por lo visto ha sido fructifera la tarde con mi prima.
-Ah, y que no se te olvide cortarles el pelo, no vaya a ser que les de por ser Rapunzel.
-Sabes Esme, si fueras lista y consecuente no harías mucha amistad con este par de brujas.
-Jo jo jo, te recuerdo que el uno de agosto te casarás con una de estas brujas y la otra te ha jurado lealtad, así que no sé de que vas.
-Voy de que dais miedo.
-¿Te ha jurado lealtad? ¿Todavía se sigue haciendo eso? - me pregunta intrigado Carlisle.
-Sí claro.
-Pero creía que las mujeres no hacían eso.
-Amanda lo ha hecho por deferencia a mi.
-¿Y en qué consiste ese juramento? - pregunta Esme.
Hanna y yo nos tensamos y nos miramos. Ella no sabe todavía que son vampiros, pero sabe que nuestros rituales no son muy ortodoxos que digamos.
-Pues – Carlisle intenta explicarlo – más o menos como una boda ¿no? - me mira y yo asiento – hay una declaraciónd e fidelidad y lealtad entre el señor y el vasallo, un anillo y un osculo que sella el juramento.
-Sí bueno, básicamente eso fue lo que hicimos ayer, solo que nosotros le damos un punto pagano.
-Hace un tiempo leí sobre rituales paganos practicados en las Highlands desde la Edad Media y que fueron perseguidos por religiosos, sobre todo a mediados del XVII
-De ahí la fama que tenemos los salvajes highlanders. Y para que descanse tu concienca te puedo decir que esos religiosos lo único que consiguieron fue que perduraran todavía más si cabe esos ritos, porque al hacerlos secretos pasaron a la privacidad familiar.
-Pero ahora estamos en el siglo XXI – dice Esme – y no creo que haya sacrificios humanos.
-No nos hemos comido a nadie si es lo que quieres saber – Hanna me mira nerviosa – pero...y si te dijera que he bebido sangre de los miembros de mi clan, ¿lo considerarías como un sacrificio humano?
-Por supuesto – dice Carlisle ante el silencio de Esme.
-Esme – Hanna la toma de la mano y se la frota con el pulgar – tranquila, se está quedando contigo.
-Ethan vas a conseguir que Esme no duerma esta noche.
-Estoy seguro que Esme no le teme a nada ni a nadie.
-Cierto. Sobre todo cuando protejo a mi familia.
-Qué suerte tiene Bella entonces. Brindo por ello.
Los cuatro brindamos por ello, solo espero que nunca tengamos que enfrentarnos precisamente por ello, por la protección de nuestra familia.
