Tras siglos (?) de haberme salido del fandom de Resident Evil, decidí volver con una pareja de lo más crack que se me pudo haber ocurrido xD el principio, no se dejen llevar por el Heleon que se muestra al principio, la ship central será el WeskerxHelena. Gracias por pasarse y por leer :)
Disclaimer: Los personajes usados en este fic no son de mi propiedad, pertenecen a CAPCOM y a su creador Shinji Mikami. Esta obra es sin fines de lucro, sólo con el fin de entretener.
Tomando decisiones
Mucho había pasado en los últimos años, tras la última y reciente amenaza mundial que presenció y, de la cual, aún se seguía culpando, Helena decidió tomar decisiones para cambiar el rumbo de su vida.
Decidió renunciar a su puesto en la DSO, la carga emocional que le causaba estar ahí fue mucho más fuerte que ella y no encontró mejor remedio que dar fin a esa etapa de su vida. Leon la trató de persuadir
— ¿Por qué eres tan extremista? Esto puede solucionarse
— No Leon, no hay otra solución, estar aquí es un constante desgaste emocional uno que definitivamente no puedo soportar— dejó de guardar sus pertenencias para voltear a ver a su compañero — Agradezco enormemente tu ayuda y preocupación pero hay fantasmas, Leon, que no puedes alejar— concluyó desviando sus ojos al piso para no tener que cruzarse con la mirada consternada del hombre
— Helena por favor, por supuesto que conozco de terrores y fantasmas, podemos salir adelante, si yo lo he hecho tú no debes ser la excepción
— Por favor basta, no intentes hacerme cambiar de opinión— pidió con firmeza, el agente no tuvo opción que dejarla continuar
— Bien, si esa es tu decisión no me queda más que apoyarte. Fue un gusto conocerte, Helena Harper— estiró su mano esperando a que la castaña la estrechara, ella sonrió y le correspondió sin embargo en un ágil movimiento la jaló hacia él atrapando sus labios en un prolongado beso de despedida. Quiso quitarlo y cuando estaba por empujarlo vino a su cabeza el recuerdo de ambos bajando a la alcantarilla escapando del campus, la forma en que la sostuvo y el segundo en que sus miradas se cruzaron reconociendo que aquello lo anheló y deseó por largo tiempo así que mejor lo disfrutó.
— Eres un idiota.
— Lo sé, la dama de rojo me tenía tan obsesionado que no vi lo que tenía frente a mis ojos.
— Bien dicen que nadie sabe lo que tiene en realidad hasta que enfrenta el miedo de perderlo para siempre— agregó con nostalgia
— Así es— acarició su mejilla y volvió a besarla, pero de nada sirvió, Harper terminó con todo lo que tuviera que ver con la Casa Blanca, agencias gubernamentales y bioterrorismo y eso implicaba también buscar otro lugar dónde vivir.
Dejar a Leon luego de lo ocurrido en la oficina fue difícil, finalmente había captado su atención, no obstante debía seguir con el plan, cambió de residencia y de condado encontrando un lugar en un tranquilo barrio familiar de Michigan.
El cambio fue complicado, le costó tiempo asimilarlo y para lograrlo decidió hablar con alguien al respecto tomando por fin el valor para buscar ayuda profesional que le ayudaría a superar su pérdida y apaciguar sus demonios. Encontró un terapeuta en el centro de la ciudad, a tan sólo 45 minutos de su nuevo hogar, su nombre era Albert Williams.
Las consultas eran 2 veces a la semana, tenía mucho que hablar, mucho qué sanar y una hora a la semana no era suficiente.
Pasados 8 meses las pesadillas se calmaron, el dolor cesó y pudo encontrar la paz, sintió alivio cuando entendió y aceptó que no fue la culpable, simplemente fue víctima de las circunstancias.
Una vez cerrado ese capítulo de su vida optó por arreglar su desordenado corazón.
— El sábado pasado una persona… Importante cumplió años, él vive en Washington y aunque siempre tengo presente la fecha no me atreví a llamarlo
— ¿Estás hablando de Leon?— la chica se sorprendió
— ¿Cómo… Cómo lo supo?— preguntó ligeramente avergonzada, el médico soltó una leve risa
— Bueno Helena, hay dos personas a las que mencionas constantemente en tus citas, tus mejores amigos, Ingrid y Leon y sólo Leon es hombre. Aunque tu círculo social se ha acrecentado, y te felicito por eso, ellos dos siguen siendo las personas más importantes.
— Bueno…. Tiene razón. Leon fue el compañero que me ayudó a limpiar mi nombre en el ataque de Tall Oaks— el terapeuta anotaba todo lo que le resultaba importante para archivarlo en su expediente
— ¿Qué sientes por él? El detalle anterior es de suma importancia Helena, debemos aclarar los sentimientos que esa persona importante te genera ¿Es amor o simplemente agradecimiento?
— Eso mismo me pregunté por mucho tiempo, al principio pensé igual, me preguntaba si era verdadero amor o sólo gratitud.
— ¿Y llegaste a alguna conclusión? ¿Pudiste aclararlo?
— Por desgracia sí.
— Sigues siendo algo dura contigo.
— Lo siento… Al final no hubo duda alguna, estoy enamorada— su voz se tornó molesta
— Helena ¿Por qué tu cambio de voz?
— Porque ya es tarde para eso.
— ¿Por qué?
— Porque por mucho tiempo lo esperé y nunca lo entendió, cuando lo hizo fue demasiado tarde.
— Hablas de lo que ocurrió en la oficina antes de marcharte ¿No?
— Sí, esa mujer de rasgos asiáticos lo domó de tal manera que no quiso a ninguna otra mujer que no fuera ella. No tiene ojos para nadie más.
— Las personas cambian, tú eres un ejemplo de ello, decías que jamás lograrías perdonarte por dejar a Deborah y lo lograste, los humanos son seres cambiantes, nunca se mantienen igual y la muestra la encuentras en todos, los niños crecen, los adultos envejecen, el ser vivo muere, la muerte es lo único inerte, lo inamovible.
— ¿Cree que de verdad Leon haya olvidado a su mujer de rojo?
— ¿Por qué no lo averiguas? Las respuestas no llegarán por sí solas, tienes que salir a buscarlas— la chica se quedó pensativa por unos segundos
— Supongo que no pierdo nada.
— Eso lo tendrás que descubrir, será tu tarea para la siguiente sesión— el hombre se levantó de su sofá cerrando la carpeta de su expediente.
— Gracias doctor, lo veo la próxima sesión— se despidió, tomó su chaqueta y salió del consultorio.
Ya era un poco tarde y el estacionamiento estaba algo vacío, no fue difícil ubicar su auto, desactivó la alarma, lo abrió y subió
— Vaya…. — dijo soltando un pesado suspiro recostando su cabeza en el asiento, vio su celular colocado en el tripié de su tablero — ¿Debería llamarlo?— torció su boca — ¿Por qué eres tan indecisa, Lena?
El camino a casa fue un poco largo, el tráfico fue lo de menos, hizo mucho tiempo haciendo las compras de la despensa, por otro lado, todo ese tiempo "de sobra" le ayudó a pensar mejor lo que habló con el Dr. Williams, subiendo al auto tenía tomada una decisión.
— Llamar a Kennedy— ordenó al asistente de su celular y la llamada empezó, en su estómago sentía mariposas revoloteando y sus dedos tamborileando inquietos en el volante.
— Diga.
— Buenas noches agente Kennedy.
— ¿Helena?
— Ha pasado tiempo— contestó dibujando una pequeña sonrisa en sus labios
— ¿De verdad eres tú? Vaya es cierto, ha pasado tiempo ¿Cómo has estado?— se colocó el celular en el hombro para sostenerlo y buscar sus audífonos
— Sobreviviendo, igual que tú.
— Me aprendiste bien.
— ¿Qué puedo decirte? Aprendí del mejor, por cierto… Feliz cumpleaños atrasado.
— Lo recordaste….
— Nunca lo olvido, sólo que tuve percances que me impidieron llamar o mandarte un e-mail.
— Descuida, la intención es lo que cuenta.
— ¿Sigues trabajando en la DSO?
— ¿Tengo otro lugar dónde estar?
— Bueno puedes hacer algo más.
— Buscar trabajo no es una de mis especialidades y aquí aseguro mi pensión— la risa de Harper se escuchó al otro lado del teléfono, Kennedy sonrió enternecido — Extraño tu voz ¿Sabes?
— ¿Qué?— tal declaración le hizo frenar de golpe, por suerte le había tocado un semáforo en luz roja
— Lo que escuchaste linda, te he echado de menos pero me intimidas y por ello no he tenido el valor de marcarte.
— Wow, el veterano Kennedy intimidado por una chica de 26 años.
— Lo sé, es algo… Inusual, pero es verdad, a pesar de tu juventud fuiste una excelente agente, la mejor a mi parecer— presionó sus manos sobre el volante, estaba a pocas calles de su casa, mordió sus labios con nerviosismo ¿Era aquello un coqueteo? Giró a la izquierda en la esquina y llegó a casa, durante ese corto trayecto ambos permanecieron en silencio
— Dame unos segundos, voy a bajar del auto.
— Adelante— entró a la cochera, apagó el motor y descendió bajando también las bolsas de su despensa
Abrió la puerta y de inmediato agudos maullidos rompieron el silencio.
— Hola, pequeños, si, he llegado.
— ¿Maullidos? ¿Tienes gatos?
— Sí, 3 mininos. Los adopté no hace mucho— dejó las bolsas en la barra del desayunador, los gatitos la seguían a donde quiera que iba exigiendo comida, sacó la bolsa de croquetas y les sirvió.
Entre tanto siguió conversando con el agente, se acercaba su hora de salida de la agencia.
— ¿Ahora dónde vives?
— En Michigan.
— Wow, vaya que colocaste una distancia considerable entre nosotros ¿Tanto te querías alejar de mí?
— Jaja no digas tonterías, fue lo que logré encontrar en poco tiempo, es la casa de verano de mi abuela, ella vive con una prima y debido a su enfermedad prefiere el campo, pregunté si podía venir y pues aquí estoy.
— Mis vacaciones están próximas, podríamos vernos un día.
— Me parece bien, puedo tomar un vuelo…
— No Lena— le interrumpió — Yo quiero ir allá, claro, si no tienes inconveniente— su corazón aceleró de golpe, tartamudeó un poco antes de poder responder
— Bueno… Si así lo quieres.
— ¡Perfecto! Entonces estamos en contacto ¿Te parece? Nos vemos Helena, cuídate.
— Nos vemos, cuídate también, saluda a Ingrid de mi parte— se despidió para cortar la llamada.
Sentada en su cama observaba inmóvil la pantalla iluminada de su móvil que mostraba su lista de llamadas recientes. Se fijó en el tiempo que conversó con el rubio, una hora y 27 minutos, suspiró tirándose a su cama y cerrando los ojos
