Capítulo 23

—¡Sakura! ¡Dios! ¡No!

Un rugido lleno de rabia surgió del pecho de Sasuke y cruzó el aire de la noche.

Había regresado con el vaso de limonada lo antes posible para encontrar la silla en la que había dejado a Sakura, vacía. Después de mirar alrededor en busca de alguna señal que le dijera dónde estaba, la señora Reading le comentó que la había visto salir a la terraza.

Luego de buscarla por los jardines durante un buen rato sin poder encontrarla, empezó a sentirse cada vez más nervioso. Un miedo atroz, como nunca antes había sentido, se fue instalando en su interior y lo volvió loco y desesperado a medida que pasaba el tiempo y ella no aparecía.

Por fin, entre los árboles, vislumbró una tela dorada. Echó a correr en su dirección y se quedó inmóvil ante la horrible visión. Se agachó para girar a Sakura, mientras rezaba para que estuviera viva. Hasta que no escuchó su respiración creyó morir cien veces.

Cuando vio en qué estado se encontraba, una ira ingobernable le corrió por sus venas y asaltó todos sus sentidos. Juró matar sin piedad al maldito bastardo que había osado tocarla. De algo estaba seguro: no pararía hasta encontrarlo y acabar con él con sus propias manos.

La tomó en sus brazos con el máximo cuidado. A pesar de ello, Sakura soltó un quejido que le rompió el corazón. ¿Qué monstruo podía hacer aquello? Y lo que era más importante: ¿por qué? La cara estaba magullada e hinchada. Del labio inferior corría un hilo de sangre que, poco a poco, se iba secando.

La apretó contra él, como si así pudiera aliviar su dolor y cruzó la parte de atrás de los jardines en dirección a la entrada lateral donde permanecía su carruaje.

Naruto apareció entre las sombras con un cigarrillo en sus labios.

—Sasuke, ¿qué haces por...? ¡Dios mío! ¿Es Sakura? ¿Qué ha pasado?

—No tengo tiempo para hablar. Por favor, busca al doctor Merrick y llévalo a casa. ¡Rápido, Naruto!

—Inmediatamente.

Naruto tiró el cigarrillo y salió a toda prisa.

El cochero de Sasuke le abrió la puerta del carruaje en cuanto lo vio llegar.

No hizo ninguna pregunta, aunque su cara reflejaba que era muy consciente de la gravedad de la situación.

Las calles de Londres parecían parajes desérticos, sin vida, que nunca terminaban. Las ruedas resonaban en la noche, al igual que los cascos de los caballos contra los adoquines de la carretera y provocaban un martilleo incesante que el eco imitaba.

Sasuke no podía dejar de abrazarla cada vez más fuerte y la acunaba como a una niña pequeña. Había estado a punto de perderla. El instante que pasó desde que la vio hasta que escuchó su respiración se le había hecho eterno. Habían sido siglos de tortura.

—¿Sasuke?

—Shh, mi amor, tranquila. Ya estás a salvo.

—He... he tenido tanto miedo.

—Lo sé, lo sé. Ahora descansa, estamos llegando a casa.

—Esta vez no he fallado... No... No... como con mi madre y con mi hermano. Lo he protegido, Sasuke.

—¿A quién has protegido, amor? —le dijo y la besó con suavidad en la frente.

Sakura tosió y se retorció de dolor.

—¡Maldita sea! Tranquila, cariño, tranquila.

A Sasuke le temblaron las manos cuando le apartó varios mechones de su cara para besarla en una zona que no estaba maltratada. Cerró los ojos, ocultó la cara entre sus largos y sedosos rizos y suplicó que ella estuviera bien. Rogó a Dios para que no le pasara nada, para que siempre permaneciera a su lado. Sin Sakura se moriría, no podría seguir viviendo.

Sasuke ya ni siquiera se acordaba de la pregunta que le había hecho, cuando de los labios de Sakura surgieron tres palabras que lo dejaron sin aliento.

—A nuestro hijo.

Sintió que se desgarraba por dentro y miró a Sakura que, de nuevo, había caído en la inconsciencia.

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Booton abrió la puerta y lo dejó entrar con su preciada carga.

Sasuke dio órdenes a todo el mundo, desde el anciano mayordomo hasta Shizune, quien al ver a Sakura en tal estado, sofocó un grito y se tapó la boca con ambas manos. Subió tras Sasuke quien, con paso firme, se dirigió a su habitación. Traspasó el umbral, atravesó la estancia y, con sumo cuidado, acomodó a Sakura en ella.

—Ayúdame, Shizune —le dijo con una urgencia que desmentía su aparente calma.

Entre los dos la desvistieron. No dijeron una sola palabra en todo el proceso, pero las miradas de ambos, que se cruzaron en varias ocasiones, reflejaban una misma preocupación, una misma inquietud.

Cuando Sakura se quedó sólo con la camisola puesta, Sasuke, con manos temblorosas, la examinó de arriba abajo por si había algún golpe o herida que no hubiesen visto.
Booton abrió la puerta.

—Señor, el doctor ha llegado.

El doctor Merrick pasó la siguiente media hora examinándola bajo la atenta mirada de Sasuke que se negó a apartarse de su lado.

Cuando pensó que no soportaría un segundo más sin que le dijera cómo se encontraba Sakura, el doctor la tapó con cuidado antes de dirigirse a él.

—Tranquilo, Sasuke, no tiene nada de importancia.

Sasuke sintió en ese momento como si todo el aire que había estado conteniendo hubiese salido impetuosamente de sus pulmones y los hubiese dejado vacíos.

—Entonces, ¿está bien? —le preguntó ansioso.

—Dentro de lo que cabe, sí. Tiene evidentes hematomas, la mano derecha fracturada en varios sitios, y el hombro izquierdo dislocado, pero nada que el tiempo y unos mimos no puedan curar.

—Gracias a Dios.

—Sí, ha tenido suerte. Alguno de esos golpes pudo haber sido fatal; pero afortunadamente no ha sido así. El niño aparentemente también está bien, pero no lo sabremos con seguridad hasta que pasen unos días. Mañana por la mañana vendré a verla. Por ahora, que guarde mucho descanso. He dejado unos polvos para que se relaje en caso de que se queje por el dolor. Son inocuos para el embarazo. Puedes dárselos con tranquilidad. Si,ocurriera cualquier otra cosa, llámame.

—Gracias —dijo Sasuke con gratitud.

—De nada. Es mi trabajo —contestó el doctor con una sonrisa.

Merrick se tocó la barbilla, lentamente, como si estuviera meditando sus próximas palabras.

—Imagino que quien haya hecho esto tendrá las horas contadas. Ten cuidado, amigo mío.

—No soy yo quien debe tener cuidado.

El doctor asintió con la cabeza mientras le daba la mano, se despidió y salió de la habitación convencido de que no habría lugar en la Tierra en donde el culpable de aquello pudiese librarse de la ira de Uchiha.

Shizune entró de nuevo, visiblemente nerviosa.

—¿Qué ha dicho el médico?

Sasuke se acercó a ella.

—Tranquila, Shizune. Ha dicho que está bien. Ahora, lo que debemos hacer es cuidar bien de ella, para que se recupere pronto.

—Jamás pensé que volvería a verla así —le dijo Shizune con los ojos húmedos.

Sasuke se maldijo por dentro. Se sentía responsable de lo que había ocurrido. Nunca debería haber pasado. Se suponía que él debía protegerla, y había fracasado. Bien sabía Dios que daría su vida antes de que ella sufriera algún daño y, sin embargo, el daño estaba hecho. Ya sólo le quedaba atrapar al culpable; ese canalla desearía no haberse acercado nunca a Sakura.

—Shizune, mírame.

La que, durante muchos años, había sido una segunda madre para Sakura posó su mirada en Sasuke.

—Juro que atraparé al bastardo que le ha hecho esto. Jamás tendrás que volver a verla así.

Shizune asintió, mientras una lágrima rodaba por su mejilla, la misma que ella se apresuró a borrar con manos temblorosas.

—Gracias. Sé que lo hará. Ahora me voy abajo. Prepararé una sabrosa sopa para cuando despierte. Debe recuperar fuerzas.

—Esa es una buena idea. Yo me quedaré aquí con ella.

Cuando Shizune se fue, Sasuke volvió junto a Sakura que, acurrucada en su cama, parecía muy pequeña. ¡Dios mío! ¿Qué animal podía hacer algo así?

La rabia que sentía no tenía límites, pero debía apartarla, debía mantener la calma para pensar con claridad qué iba a hacer. Necesitaba sentir a Sakura en sus brazos, escuchar su respiración firme y regular hasta conseguir acallar los temores que, una y otra vez, lo asaltaban, hasta convencerse de que estaba sana y salva.

En ese momento, un ruido casi inexistente lo sacó de sus pensamientos. Alguien había llamado a la puerta de la habitación.

—¿Señor? —dijo el anciano mayordomo y asomó la cabeza por el vano de la puerta.

—¿Sí, Booton?

—No lo molestaría ni osaría interrumpir su intimidad de esta forma si no creyera firmemente que debo informarle de algo que podría ser de suma importancia, señor.

Sasuke se alejó de Sakura sólo lo justo para acercarse al mayordomo.

—¿De qué habla, Booton?

—Verá, señor; esta noche, poco después de que usted y milady se fueran a la fiesta, llegó un tipo extraño a la puerta de servicio. Lilly lo despidió, pero se negó a irse. Adujo que debía verlo por un asunto de suma importancia. Como rehusó a irse, Lilly me avisó y fui a ver qué ocurría. El tipo tenía un aspecto poco elegante, por decirlo de alguna manera. Le dije que se fuera a molestar a otra parte, pero entonces me dijo que, si en algo valoraba la seguridad de milady, debía escucharlo.

Sasuke dio un paso al frente y quedó a escasos centímetros de Booton con los puños fuertemente cerrados.

—¿Qué te dijo ese hombre? —preguntó entre dientes.

—Pues que sabía que había alguien que quería hacer daño a la señora, y que estaba dispuesto a hablar con usted. Yo le dije que había salido; entonces, él le escribió una nota.

—¿Dónde está esa nota?

—La tengo aquí mismo, milord.

Las manos nada firmes del anciano mayordomo, debido a una avanzada artritis, rebuscaron en su bolsillo izquierdo.

Sasuke, con sumo interés, leyó el mensaje que aquel misterioso hombre le había dejado. En él le daba una dirección, más específicamente, el nombre de una taberna y una hora. Allí estaría; y que Dios protegiera a ese hombre si en algo había contribuido a dejar en aquel estado a Sakura.

—Está bien, Booton. Has hecho lo correcto. Gracias, amigo.

Booton abrió los ojos de par en par ante la muestra de confianza de Sasuke.

—De nada, milord.

Antes de que el mayordomo pudiera cerrar la puerta de la habitación y lo dejara de nuevo a solas con su esposa, unas voces familiares empezaron a oírse en el vestíbulo. A continuación, se escucharon los pasos apresurados de alguien que parecía subir las escaleras a la carrera.

—¿Dónde está? —preguntó Temari mientras se acercaba a Booton que había ido a su encuentro al escuchar que alguien subía.

—¿Señorita Sabaku?

—¿Dónde está Sakura?

La inquietud de Temari saltaba a la vista. No paraba de retorcer el pequeño bolso que llevaba entre sus manos.

Sasuke salió al pasillo.

—¿Temari?

—Oh, Sasuke. ¿Dónde está Sakura? ¿Está bien? Naruto me dejó un mensaje diciendo que Sakura estaba indispuesta, pero yo sé que nunca se hubiese ido de mi fiesta de compromiso sin despedirse antes. Por eso he venido, y al llegar me encuentro con mi primo abajo claramente preocupado, así que no ha podido seguir mintiéndome. Me ha dicho que la han atacado.

—Sí, así es. Todavía no sabemos qué ha ocurrido, pero lo más importante es que el médico ha estado aquí y ha dicho que se pondrá bien.

—¿Puedo verla, por favor?

—Claro, ven —le dijo Sasuke mientras se apartaba para que pasara ella primero.

Sasuke condujo a Temari hasta su dormitorio que permanecía en penumbras para no perturbar el descanso de Sakura.

—¡Oh, Dios mío! —exclamó Temari cuando al acercase a la cama vio el maltrato sufrido por su amiga—. ¿Quién ha podido hacer esto?

Sasuke apretó la mandíbula de tal forma que sus dientes rechinaron al chocar los unos contra los otros.

—¿Me has dicho que Naruto está abajo? —le preguntó y atrajo la atención de Temari por un momento.

—Sí, por lo que sé, vino con el médico. Nara también está, me acompañó hasta aquí.

—Debo ir a hablar con ellos. ¿Cuidarás de ella?

—Por supuesto —dijo Temari con lágrimas en los ojos.

Podía ver lo que estaba sufriendo Sasuke y cómo se esforzaba por ocultarlo, por parecer sereno y calmado. Estaba claro que aquel hombre amaba a Sakura con toda su alma, y eso era más que suficiente para ella. Había visto a su amiga recuperar la sonrisa y la alegría de vivir y, en gran parte, era obra de Sasuke Uchiha. Por ello lo respetaba y lo estimaba.

Sasuke asintió con la cabeza y se acercó a Sakura que seguía inconsciente. Con ternura la besó en los labios, le acarició la mejilla y le colocó unos pequeños rizos detrás de la oreja.

—Volveré pronto, amor mío. Tú descansa, recupera fuerzas y cuida de nuestro tesoro.

Se dirigió hacia la puerta y la voz de Temari lo detuvo.

—Sasuke.

—¿Sí?

—Que ese malnacido no pueda volver a hacer daño a nadie.

Las lágrimas empezaron a caer y corrieron por sus mejillas como si tuvieran voluntad propia.

Sasuke volvió sobre sus pasos y se acercó a ella. Cuando estuvo a su lado, abrió los brazos e invitó a Temari a llorar entre ellos. Temari no lo dudó, y con un hipido muy poco femenino, se arrojó a los brazos del que, desde hacía ya un tiempo, podía considerar un amigo.

—Tranquila. Te juro que, quien sea el responsable, deseará no haber nacido. Ahora, ¿te quedarás con ella?

—Sí, nada puede haber que me mueva de aquí.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por ser la mejor amiga que podríamos imaginar.

Temari aguantó sólo unos segundos antes de volver a llorar. Giró para que no pudiera verla y volvió junto a Sakura. Escuchó irse a Sasuke y rogó para que todo saliera bien, para que la felicidad, que los había envuelto durante los últimos tiempos, no se desvaneciera.


Solo nos queda un capítulo y el epílogo para finalizar esta historia.