Tras la comida Helena siguió a Leon a su hotel donde pasaría su estancia los días que estaría en Michigan. Entró únicamente para dejar sus maletas y poder pasar el día con Helena sin que el equipaje le estorbara.

Pasaron el día juntos, hablaron de cómo eran sus vidas ahora que estaban separados, del nuevo empleo de Helena y otras banalidades.

Sin decir la pregunta clásica ambos formalizaron su relación, Helena explotaba de la felicidad, por mucho tiempo deseó e incluso fantaseaba con estar con él, si bien sabía que siendo agentes aquello sería un poco difícil por las reglas de no fraternización entre los empleados, estaba dispuesta a romperlas con tal de estar con él. Leon por su parte se sentía extraño, hacía mucho que no tenía una relación formal con alguna mujer, su vida sentimental se había limitado únicamente a encuentros de una sola noche o simplemente sexo sin compromisos, ahora era diferente, tener a alguien sin sexo de por medio era agradable, podía decirse que se sentía completo.

El ocaso llegó, había una pequeña feria en el condado y decidieron ir para pasar la noche.

— Vamos Leon, no seas un aguafiestas.

— No soy aguafiestas pero no me agradan las ruedas de la fortuna.

— Peleas contra amenazas internacionales, sobreviviste a zombies y otros monstruos comehumanos ¿Y le temes a un pequeño juego mecánico?— preguntó con incredulidad colocando las manos a ambos lados de su cadera, él simplemente se encogió de hombros

— Incongruente, lo sé, pero así es.

— Vamos, no seas cobarde— sin dejarse convencer lo jaló del brazo llevándolo casi arrastrando a la atracción, el agente no tuvo más opción que seguirla y aceptar, sería la primera vez, después de sus años de adolescencia que se subiría a una atracción mecánica.

Se formaron en la fila esperando su turno, delante de ellos había una familia que también esperaba subir donde el padre discutía temerle a la atracción, Helena sonrió enternecida

— ¿Sucede algo?

— Esa familia me recordó un momento de mi infancia.

— ¿A sí? Me gustaría escucharlo.

— Teniamos com años, fuimos a ver a nuestra abuela y en el pueblo había un festival regional, un pequeño parque de diversiones se instaló para diversión de las familias y mi madre nos llevó, papá nos alcanzó más tarde porque trabajo horas extras, nos encontró en la rueda de la fortuna y lo notamos extraño, dijo que los juegos mecánicos le daban mucho miedo por culpa de una película de terror, Deborah lo escuchó y lo tomó de la mano diciendo que no le pasaría nada malo porque ella estaba con él, cuando era niña era muy animada, sonriente, como esa pequeña de ahí— señaló con la cabeza a la niña de enfrente, Leon la vio con ternura

— Una linda anécdota, pero el que hables de tu hermana sin una lágrima de dolor o culpa lo hace todavía mejor.

— Lo sé, nunca creí que podría hacerlo.

— Te dije que lo lograrías, pero eres un tanto obstinada.

— Déjame— refunfuñó jalandolo del brazo para besarlo

Llegó su turno, subieron a la atracción y esperaron que se llenara, la rueda comenzó a subir poco a poco haciéndola reír divertida.

La observaba con cuidado ¿Cómo es que nunca se dio cuenta de lo que tenía a su lado? Por supuesto que varias fueron las noches en las que la escena de las alcantarillas bajo el campus asaltaban su pensamiento, fueron pocos los segundos en el que sus miradas se cruzaron pero los suficientes para que esos ojos marrones se quedaron plasmados en su memoria, tal vez no fue que no se haya dado cuenta de la bella mujer y excelente agente que tenía a su lado, tal vez menospreció su capacidad de amar.

Encerrado en una burbuja donde tener a Ada era un deseo caprichoso comenzó a creer que no podía ni tenía la capacidad de amar a alguien más, las migajas que esta mujer siempre le dio lo volvieron conformista acostumbrándose a sólo recibir y hasta agradecer las veces que llegaron a compartir la cama de algún hotel de paso dejando en las sábanas y entre las piernas de la fémina los restos fragmentados de su corazón. Pensó que gracias a ese conformismo el amor verdadero no podría llegar a él y cuando llegó puestos en la persona y momento menos esperados se creyó indigno de ello y simplemente lo rechazó.

— ¿Qué ocurre?

— Nada especial, recordaba lo estúpido que fui.

— ¿Por qué?

— Por haber sido tan imbécil y dejar ir a la persona más maravillosa que he conocido.

— Es cierto, eres imbécil pero ya me tienes— respondió acostándose en su hombro

Cuando consideraron que era tarde tomaron un taxi para dirigirse a casa donde Leon la dejaría y después partiría al hotel.

Veían por la ventana, de pronto el silencio se rompió ante el tarareo de la chica.

Llegaron a su casa, bajó esperando a su novio que pagaba la cuenta

— Gracias, fue un día maravilloso.

— No hay de qué, también lo pasé bien— mientras caminaba echaba un rápido vistazo al barrio, varios niños aún jugaban en sus patios, algunos eran vigilados por sus padres, era un sitio bastante tranquilo, al regresar la vista al frente vio 3 sombras negras asomándose por la ventana, conforme se acercó fueron tomando forma — Alguien te espera con ansias

— ¿Quién?— volteó cuando le señaló al frente — Oh jajaja ya voy traviesos— eran sus gatitos que maullaban ansiosos mirando por la ventana

— Son muy pequeños.

— Sí, los encontré en la calle cuando venía de vuelta del trabajo, no tuve corazón para dejarlos ahí.

— Eres adorable— se detuvieron en el pórtico de la puerta, Lena dio media vuelta para verle de frente

— Gracias por el día de hoy, mañana nos vemos de nuevo ¿A las 10 está bien?

— Estaba pensando algo mejor.

— ¿Qué?— la abrazó de su cintura atrayéndola a él para susurrar a su oído.

— Pasa la noche conmigo, por favor.

— ¿Qué?— la sorpresa envolvió por completo la pregunta y su rostro también

— Ven conmigo al hotel querida, quisiera recuperar el tiempo perdido, pasar contigo el mayor tiempo posible.

— Leon….

— No quiero que me recibas en tu casa, no quiero verme invasivo, ven conmigo al hotel, por mi trabajo no sabemos cuándo nos podremos volver a ver— todo lo que decía era cierto, su empleo era completamente diferente y le absorbía bastante tiempo, aprovechar los días que estaría en la ciudad sonaba bien.

— Acepto, sólo déjame atender a mis gatos.

— Adelante— luego de un beso rápido Helena sacó sus llaves y entró a la casa, las bolitas de pelo se abalanzaron sobre sus pies en una sonoro coro de exigentes maullidos

— Sí, sí, ya llegué, déjenme pasar para darles de comer— explicaba mientras trataba de abrirse paso con cuidado de no pisarlos, Leon veía la escena divertido y riendo — Pasa, demorare un poco porque también les limpiaré su caja de arena— uno de los gatitos vio al hombre parado en el quicio y fue a investigarlo, olfateó con curiosidad sus zapatos y luego su pantalón, Leon se quedó inmóvil para no asustarlo

— Hola minino.

— Nala, deja a nuestro invitado en paz, ven a comer— agitó la bolsa de croquetas para llamar su atención y de inmediato corrió al comedor — Pásate, toma asiento.

— Gracias— cerró la puerta tras de sí y entró tomando asiento en el comedor — Es muy linda y acogedora.

— Lo sé, intenté dejarla lo más intacta posible, es de mi abuela pero lleva mucho tiempo sin venir, tiene asma y el doctor le pidió estar lo más lejos posible del smog y contaminación de los autos. Por eso está en Arizona con mi prima.

— Tiene un aire familiar y cálido.

— Aquí pasé todas mis vacaciones de verano junto a Deborah y mis primas.

— ¿Todas son mujeres?

— No, somos 7 mujeres, los otros 8 son hombres.

— Wow ¿Y todas convivían aquí? ¿Dónde dormían?

— En la sala, hacíamos una especie de campamento.

— Siempre quise tener a alguien con quien jugar así, fui hijo único y mi mamá también lo fue, no tengo tíos ni tampoco primos.

— ¿Y tu padre?

— Jamás lo conocí.

— … Lo lamento, no sabía.

— Descuida, seguramente es un infeliz bueno para nada, por eso dejó a mi madre.

— Nunca hablas de tu vida privada ¿Eres muy reservado?

— No hay mucho que hablar de ello cariño, fui un niño más, calificaciones promedio, un adolescente promedio, supongo que lo normal, sin alguien con quien hablar, hacer travesuras o incluso pelear en casa, no hay mucho que recordar— explicó con indiferencia

— Supongo… Terminé, iré por un abrigo y nos vamos— salió del cuarto de lavado y subió a su habitación, buscó su abrigo, metió en su bolso una muda pequeña de ropa — Listo.

— De acuerdo.

— Nala, Garfield, Figaro, llego mañana, por favor no hagan travesuras— dijo cerrando la puerta del cuarto de lavado donde dormían.

Debía admitir que estaba nerviosa, nunca antes había pasado la noche con un hombre así que sería la primera vez.

Caminaron a la esquina para esperar un taxi, al encontrarlo lo abordaron y se dirigieron al hotel.

— Adelante— le invitó a pasar cuando llegaron a la habitación

— Gracias— entró y esperó a que cerrara la puerta, estando dentro y completamente solos sintió en su estómago una sensación que no supo identificar, los nervios la estaban gobernando y ganando la pelea contra su compostura, caminó dejando su bolso y abrigo en el pequeño sillón a un lado de la puerta buscando la forma de calmarse

— Tranquila linda, no te haré nada si no quieres. Conozco esas miradas nerviosas, dormiremos juntos si es lo único que quieres— al parecer se dio cuenta de su estado pero confundió las razones

— No soy primeriza Leon y mucho menos virgen si es lo que tratas de decir, sólo es la primera vez que paso la noche con alguien.

— ¿En serio?... Vaya, honestamente creí que eras primeriza— se disculpó ligeramente avergonzado sobando un poco su nuca, la pelirroja rió como respuesta

— Por favor cariño ¿Por quién me tomas? Soy joven pero no por ello soy santa, ya tengo algo de experiencia— una sonrisa ladina se dibujó en su rostro

— ¿De verdad?

—. Ponme a prueba— lo retó

— No pidas algo que no puedas cumplir.

— Como te dije, ponme a prueba— las palabras fueron adquiriendo tonos de voz más bajos y sensuales desatando poco a poco el deseo. El agente fue avanzando lento y seguro hacia su novia hasta que no hubo más espacio que tomar, su espalda se chocó contra la pared detrás de ella, no desperdició la oportunidad de bloquear toda salida acorralandola con sus brazos, sin embargo no mostró miedo ni timidez.

El mayor reconoció para sí la fortaleza de su chica, era la primera vez que una mujer se mostraba inmutable ante su presencia pues todas las demás eran intimidadas por él de alguna u otra forma tomando fácilmente el control.

— Olvídalo Leon, no vas a intimidarme— inquirió burlona leyendo las claras intenciones del mayor, para entrar a su juego le regaló una sonrisa retadora lo que fue suficiente para enloquecerlo. En un abrir y cerrar de ojos Helena lo tenía encima besándola con desesperación, sus manos inquietas se dirigieron al borde de la playera subiéndola y quitándola con maestría, por supuesto él no se quedó atrás, sus manos descendieron hasta su trasero donde las colocó alzándola y recargandola en la pared, de inmediato enredó las piernas en su cadera aferrándose con mayor fuerza.

— Leon….

— ¿Qué?

— Haz lo que tengas que hacer.

— Estaba esperando que lo dijeras— se separó y sin soltarla se dio media vuelta caminando hacia la cama donde la depositó, se colocó arriba quitándole la ropa prenda por prenda.

Harper se dejaba desnudar sin problemas, mucho había desaprovechado en el pasado como para dejar ir también esta oportunidad

— Ahora es mi turno— quedando únicamente en ropa interior detuvo a Leon de su labor para terminar de desnudarlo también. Desabrochó el cinturón, lo jaló sacándolo de su lugar, arrojándolo a algún lado de la habitación, debía seguir con el pantalón no obstante se detuvo unos instantes con un semblante pensativo

— ¿Te estás arrepintiendo?

— No, recordé que te pedí ponerme a prueba. Así que te demostraré lo que puedo hacer— acarició el notorio bulto entre sus piernas disfrutando de las reacciones y contados jadeos que con ello le provocaba, luego de torturarlo un poco se deshizo de la ropa liberando el palpitante miembro del agente. Se tomó su tiempo para jugar, despertar más el deseo, cuando lo creyó prudente lo introdujo a su boca.

Tal acción lo sorprendió enormemente, supo dejar en claro que a pesar de lo joven que era tenía suficiente experiencia.

Aquello fue sólo el inicio de una larga y muy esperada noche entre ambos, palabras cariñosas, toques lascivos, momentos de salvajismo acompañaron su encuentro.

Mientras tanto en otro lugar de la ciudad, un grupo de cuatro personas salían del elevador que se detuvo en el penthouse de uno de los hoteles más lujosos de una ciudad vecina, en el recibidor del mismo yacía un hombre leyendo un libro acompañado de una copa de vino,

— Señor, lo localizamos— sus labios se curvaron en una sonrisa victoriosa

— Perfecto. Eres muy buena tal y como dijeron.

— Cumplí con mi parte, ahora cumple la tuya— agregó una chica, aquel hombre que parecía ser el jefe de esos sujetos dejó a un lado su copa, se levantó y caminó hacia ella

— Aún no pequeña. Necesitaré de tu experiencia en telecomunicaciones un poco más— agregó

— Prometiste dejarme ir si te ayudaba a encontrarlo.

— Es una verdadera lástima que nunca cumplo mis promesas.

— Pero...— el reclamo de la joven fue silenciado abruptamente cuando su estómago fue atravesado, se dobló manchando de sangre la costosa alfombra bajo sus pies, su atacante sacó la mano viendo con una fría indiferencia como el cuerpo ya sin vida de la jefa de telecomunicaciones de la DSO cayó pesadamente.

— Ejecuten el plan y desháganse de ella.

— ¿Qué hacemos si está con Helena?

— ¡No quiero que les ocurra tocarla! Su trabajo es quitar a Kennedy, de ella me encargo yo.

— Pero señor Wesker…

— ¿¡Acaso no fue claro!?— preguntó furioso intimidando al tipo que se atrevió a cuestionarlo con su brazo rodeado de sus huesos que salieron y lo envolvieron como espinas, el sujeto mojó sus pantalones por el miedo que lo invadió arrepintiéndose y obedeciendo lo que Wesker dijo

— S...Sí señor.

— Eso creí, ahora limpien esto.