Epílogo
—¡Saku! ¡El niño ha vuelto a desaparecer! —dijo Shizune exaltada.
Sakura levantó la cabeza de la carta que acababa de recibir de Temari. En ella, su amiga le contaba lo feliz que era en su estado de casada, y de las ganas que tenía de volver a verlos. Aunque Génova era preciosa, estaba deseando que Nara terminara con los negocios que los habían llevado allí para, por fin, establecerse definitivamente en Londres.
—Saku, el niño debe observar un horario —insistió Shizune.
—No te preocupes —respondió Sakura con tranquilidad—. El niño está en buenas manos.
—Eso no lo dudo; pero a este paso, se convertirá en un malcriado.
Sakura rió ante tal comentario. La propia Shizune lo mimaba en exceso, aunque creyera que nadie se daba cuenta de ello. Entre Sasuke y ella tenían al pequeño Shii Sasuke Uchiha hecho un diablillo.
—Iré a ver dónde están.
—Eso —dijo Shizune con la barbilla levantada—, y encárgate de que duerma la siesta; si no, después no dejará a nadie tranquilo.
Sakura bajó a la biblioteca. Sabía que Sasuke estaba allí. Booton se lo había señalado antes de que ella preguntara nada.
Abrió lentamente la puerta.
—Así es, Shii. Ya lo verás. Las mujeres son complicadas, pero son lo mejor del mundo entero.
Sakura se apoyó en el vano de la puerta para contemplar la estampa más hermosa que hubiese visto jamás. Sentado en el sillón, con su hijo en brazos, Sasuke le rozaba la mejilla con los dedos y acunaba al pequeño Shii tiernamente.
—¿Sabes que te quiero con locura? —preguntó.
Shii soltó un suspiro, como si así le diera a entender a su padre que había escuchado y comprendido sus palabras.
—Tú y tu madre sois lo mejor que me ha pasado en la vida.
Sakura sintió que los ojos se le humedecían.
—Y tú eres lo mejor que me ha pasado a mí —le dijo ella a su vez.
Sasuke levantó la cabeza sorprendido.
—Shizune vino a quejarse de que estás malcriando a nuestro hijo.
Sasuke arqueó una ceja en señal de desacuerdo.
—Ya, ella es peor aún.
—Sí, lo sé. A este paso, seré yo quien tenga que imponer disciplina.
—¿Puedes esperar hasta mañana? —le preguntó con una sonrisa que no podía hacer que Sakura dijera lo contrario.
—Por supuesto —dijo Sakura y se acercó a los dos.
Sasuke abrió su brazo izquierdo, y Sakura no lo pensó más. Se incorporó a esa maravillosa escena y abrazó a Sasuke, quien a su vez tenía entre sus brazos a sus tesoros más preciados. Permanecieron así unos instantes que detuvieron el tiempo e hicieron de Sakura la mujer más feliz del mundo. Luego, el pequeño se durmió.
Sasuke, entonces, decidió acostarlo en su cama. Esa noche vendrían su tío Shii y su abuela a cenar, como hacían habitualmente, y querrían mimarlo, ʺmalcriarloʺ como decía Shizune, en especial su tío con el que se tenían mutua adoración. Sí, Sasuke no sólo había salvado a Saku de las pesadillas de su pasado, sino que le había devuelto a su familia. Ella podía cuidar de su hermano y había hecho las paces con su madre. Guardó la carta de Temari y acarició la que su marido le había escrito desde Francia, apenas unos meses antes de que naciera el pequeño Shii Sasuke. No necesitaba releerla, sabía su contenido de memoria:
Amada esposa:
Te dije, casi sin darte tiempo a que pudieras replicar nada, que debía partir a Francia en una última misión. Sé que debes de haberte preocupado, pero era indispensable para mí, para ti y para nuestro hijo que la llevara a cabo. Verás, la noche en que me enfrenté a Hōzuki, Naruto volvió a la guarida del criminal para borrar los rastros de nuestra presencia y encontró allí cartas y documentos. Cuando los leí, se me heló la sangre. Hice algunas averiguaciones, envié a Naruto a Bedlam y presionó al director, lo que corroboró mis inquietudes. Entonces, tuve que partir. Aunque eso implicara distanciarme de ti y no poder darte los motivos en el momento.
Los documentos que poseía Hōzuki daban cuenta de una enorme finca que tu padre poseía en secreto cerca de Lille y que había comprado a nombre de Shii. Tu madre había sido nombrada administradora de la propiedad que daba una renta anual más que interesante. Registrada bajo las leyes francesas, si tu madre moría, tú debías seguir administrando la hacienda en nombre de tu hermano y, si ambos morían, tú serías la heredera. Luego, entre los muchos papeles, había otros documentos que autorizaban a Hōzuki a realizar gestiones para la venta de los productos que allí se cosechaban. Las firmaba tu madre y en una fecha muy posterior a su supuesta muerte.
El corazón de Sakura siempre daba un salto de alegría al recordar aquella parte y continuaba con la carta.
Supuse que, entonces, no habían muerto en realidad. Que, de algún modo, ese monstruo de Mizuki los tenía prisioneros y firmando documentos para llevarse las ganancias de lo que la finca producía. Mis sospechas se confirmaron cuando Naruto me dijo que el corrupto director de Bedlam le había confesado que el certificado de defunción de Shii era falso y que un hombre le había pagado para que lo fraguara y que ese mismo hombre, que respondía a la descripción de Mizuki, lo había llevado a Francia con otros certificados que el director del nosocomio había falsificado para él.
Fue en ese momento en que decidí venir a Francia. Tenía que comprobar mis sospechas, tenía que intentarlo por ti. Pero no podía decirte nada, mi amor, porque no quería crearte falsas expectativas. Los encontré en la finca. Un matrimonio los mantenía ocultos por estrictas órdenes de Mizuki. Pero la prueba de que su antiguo patrón estaba muerto y la tentación de una cuantiosa recompensa hicieron que me llevaran con ellos. Me presenté como tu esposo y tu madre lloró de alegría. Nos abrazamos los tres reunidos por el amor que te tenemos. Tu madre me contó cómo el viaje en barco había sido la forma que Mizuki había tenido para deshacerse de Lavillée. Y que se enfureció cuando supo que habías podido escaparte y habías vuelto a Londres.
Ahora, todo eso ha quedado atrás. Ellos han decidido vender esa finca que tantos malos recuerdos les trae y han decidido regresar a Inglaterra. A tu lado. Los tres partiremos en pocos días, cuando todos los papeles de la venta estén arreglados.
Es hora de que termine esta larga carta. No puedo hacerlo sin antes decirte que te extraño y que te amo.
Atentamente tuyo,
Sasuke
—¿Otra vez estás rememorando la carta? —le preguntó Sasuke en un susurro.
—Recordaba que eres mío, que así me lo escribiste —contestó Sakura y todo dejo de nostalgia desapareció de su rostro—. ¿Acaso piensas que no fue una decisión correcta entregarte a mí? —le preguntó en tono de broma.
—Pienso que fue lo mejor que hice en mi vida.
Fin
