Los personajes son de S. Meyer, S. Kenyon,
gracias gracias gracias por leerme y dejad comentarios!
Capítulo 40
La Reina Blanca
POV Amanda
Amanece en Kyoto.
Cada vez me parecen más tediosas las subastas en Taiwan. Esta vez me ha acompañado Takeshi. He comprado a un precio irrisorio un papiro que habla de cierto rey en Mesopotamia que me recuerda a Ryodan.
El truco es el siguiente: todos saben de qué eres especialista así que si ven que pujas por algo desde el principio te lo hacen pagar; y, o subes y pagas cifras astronómicas o se lo llevan otros. En cambio, si no muestras interés y cuando se estanca la puja das una cifra redonda te lo llevas.
Siempre llevo conmigo tres tarjetas de crédito. La de Barrons y la de mi padre, de crédito ilimitado. Y una mía un tanto más moderado.
Después de una sopa de miso y un buen salmón a la plancha recupero fuerzas y llamo a Dublín. Allí es la hora perfecta para llamar.
-Pero si es la señorita Mackeltar.
-Hola Ryodan.
-¿A qué debo el honor de su llamada?
-He comprado algo para ti tyaty.
-Jajajajajaja siempre me sorprendes. Hace como unos cuatro mil años que no me llaman así.
-¿Y cómo llegó un papiro de un canciller egipcio a una ciudad estado sumeria?
-¿Se puede saber cómo ha llegado a tus manos? Lo quemé todo.
-Yo he preguntado primero Tyaty.
-¿Cuánto me va a costar?
-Ha pagado Barrons.
-Siempre dije que fue mala idea el que te instruyéramos.
-Esta noche salgo para Londres.
-Allí estaremos mi regina.
El día uno de julio mis padres me dejaron en la librería. Pasaría un mes formándome con Barrons. Mi vestido rosa de flores contrastaba con el traje de cuero negro de Mackayla y la frialdad de Barrons.
Llevaba tiempo preparándome para este mes. Mis tíos, y sobre todo mi padre, se preocuparon de que fuera lo suficientemente preparada para lo que pudiera pasar. De aquellos días recuerdo la resintonización de la televisión buscando canales infantiles, mis compras con Mac en tiendas superpijas de ropa de niñas y los fluorescentes del Chester's. Pero sobre todo, sobre todo, el olor de la cocina de Rainey.
A los dos días se presentó en la librería bien surtida de huevos, harina, leche y fruta asumiendo el control de la diminuta cocina. Descalza y en camisón bajé hasta la cocina para encontrarme a una señora que, ataviada con un delantal de cuadros y volantes, cocinaba alegremente.
-Buenos días, tú debes ser Amanda. Soy Rainey Lane, la mamá de Mac. ¿Quieres desayunar? He hecho tortitas.
-Sí. Gracias señora Lane.
-Puedes llamarme tía Rainey. Ayer me llamó tu madre. ¿Qué cenaste anoche?
-Pizza.
-¿Y qué comiste?
-Sandwiches.
-Me lo temía, tú solo dime tus comidas favoritas y te las haré.
-Mamá no tienes por qué hacer esto – le dijo Mac desde la puerta bostezando.
-Sí que tengo. Anoche me llamó Chloe y al ver tu nevera entiendo por qué. Has aceptado una responsabilidad. Asúmela. Y a ti también te vendrá bien alimentarte correctamente.
Hay que reconocer que Mac + cocina = sandwich.
Cuando me tocaba ir al Chester's, Rainey me hacía una gran tarta de manzana, redonda y con una gran guinda roja en el centro. Guinda que se comía siempre Barrons.
Los domingos, Jack y Rainey me llevaban de paseo al parque. Ese era uno de los puntos innegociables. Debía hacer cosas de niños, jugar, ir al parque...
-Rainey ¿Puedo decir que eres mi abuela? Me lo ha preguntado una niña y le he dicho que sí.
Ese día gané dos abuelos y tal como me dijo mi madre, conquisté mi trocito de Chester's porque los 9 apreciaban en gran manera a los Lane.
Barrons me dio una libreta forrada en cuero con un simple bolígrafo y Mac me lo cambió por un boli de Hello Kitty rosa. Y así todo, Mac intentando que mi vida fuera de color rosa y Barrons de negro, incluso solía llevar una muñeca en la mochila para que nunca olvidara que era una niña.
Un día Dacu la rompió y Mac me compró una Barbie. Nunca han dejado de recordarme ese momento.
-Amanda mira lo que te he comprado – Mac llegó al Chester's superilusionada pero yo al abrirlo no mostré sorpresa ninguna.
-¿Para qué es? - le pregunté.
-Es una Barbie – me dijo toda ofendida.
-Me volví hacia Barrons y le pregunté.
-¿Quieres que le haga magia oscura a Mac?
-¡No! - gritó Mac quitándome la muñeca.
-¿Sabes hacerla? - me preguntó Barrons.
-Todavía no, pero puedo aprender.
-¿Se puede saber qué te ha hecho pensar eso? - Mac sin duda estaba indignada.
-Mírate y mírala – le contesté señalando la muñeca – eres tú.
-¡Oye!
-Si no quisieras que la confundiera contigo haber comprado una Barbie científica.
-Esa no existe mocosa.
-Pues no quiero esa muñeca, no quiero una Barbie, estereotipan a las mujeres, las hacen rubias tontas, dásela a Lor, le gustan.
Las bromas no se hicieron esperar.
-Joder con la niña.
-El otro día te oí decir Lor que te gustaba jugar con ellas – le informé encogiéndome los hombros.
Lor se quedó con la muñeca y todavía la conserva. Cuando Barrons nos pilló en la cama me obligó a ir de rubia una temporada.
Pasaba bastante tiempo con ellos a pesar de que fuera Barrons el que me enseñaba bajo la atenta mirada de Ryodan. Y Mac, que siempre iba de sabelotodo quiso aportar su granito de arena iniciándome en la Voz. Y yo me dejé hacer.
-SALTA A LA PATA COJA – me dijo usando la Voz.
Me puse a saltar pero a los 2 minutos ya estaba cansada. Ryodan salió y me trajo una chocolatina.
-¿Quieres Amanda? - me preguntó agitándola.
-¡Sí!
Inmediatamente dejé de saltar y me fui hacia Ryodan.
-Pero...- Mac estaba estupefacta.
-No te enfades Mac, es que estaba cansada.
-Pero...la Voz...
-Eso no es la Voz, la Voz es esto – la miré – TRAEME UN HELADO – y se fue a buscarlo.
-LOR TRAEME LOS COLORES.
-FADE TRAE UN CUADERNO.
-KASTEO PON DIBUJOS EN LA TELE.
-RYODAN – me miró levantando la ceja retandome a usar la Voz en él - ¿Te importaría que use tu mesa? - le pedí con mi mejor sonrisa.
Todos corrían por el pasillo cuando Barrons llegó.
-Se puede saber qué pasa – preguntó Barrons al ver entrar a todos con el pedido.
-Aquí la niña que ha utilizado la Voz en todos – le contestó Ryodan.
-¿Contigo también? Está en tu sillón.
-Mi sillón se lo ha ganado – le contestó Ryodan haciéndole ver que con él la Voz no iba.
-¡Joder Barrons! - dijo Lor – la enana esta ha utilizado la Voz en nosotros ¡en nosotros!
Yo estaba tranquilamente pintando y comiendo helado, ajena al revuelo.
-¿Qué ha pasado con su Voz srta. Lane?
-Se la ha pasado por el forro. Esta niña ha venido enseñada.
-Amanda – Barrons me miró muy serio y se cruzó de brazos – lo que has hecho no está bien, no se debe utilizar la Voz para tus caprichos, las cosas se piden por favor. No vuelvas a hacerlo.
-Es que Mac me ha tenido dos minutos saltando a la pata coja, estaba cansada.
-Y si no ha sentido efecto en ti la Voz ¿por qué lo has hecho?- me preguntó Mac.
-Porque mis padres me dijeron que fuera una niña obediente para aprender más, pero como eso sea todo lo que sabes me parece que no vas a enseñar nada Mac.
-Amanda – Barrons hacía esfuerzos por no delatar una sonrisa – no debes mostrar todas tus armas en el primer enfrentamiento.
-No lo he hecho.
-No entiendo como una niña puede tener más potencia que yo en la Voz- furruñaba Mac.
-Porque srta. Lane, ella lo tiene de nacimiento, solo ha tenido que desarrollarlo mientras que usted srta. Lane lo tuvo que aprender.
-Era cuestión de supervivencia – dije mientras buscaba un color como si tal cosa no fuera conmigo – el primer día se comieron mis natillas; el segundo, mi flan. El tercero fui yo quien se comió los helados. Ese día todos aprendimos una lección.
-Me temo Mac – le dijo Ryodan con una sonrisa de satisfacción – que tú te quedarías sin postre.
-¿Quién te quitaba el postre? - preguntó Lor.
-Pues todos. Mis primos y mis hermanos – puse carita de lástima – el tío Drustan les amonestó pero volvieron a hacerlo, a todos. No era justo – dije con énfasis.
-¿Y qué lección fue esa? - preguntó Mac.
-No vuelvas a comerte mis natillas – le contesté cruzando los brazos y girando el sillón tal y como hacía Ryodan.
-¿Y tú qué aprendiste?
-Que si comes mucho helado te duele la tripita.
-Respeto Mac – le contestó Ryodan – respeto y consideración. Bien hecho Amanda – me felicitó chocando su puño con el mío – puedes sentarte en mi sillón siempre que quieras y yo no esté.
-¿Es tu trono? Papá me dijo que una vez fuiste rey.
-Cierto, y si yo fuera rey, tú serías mi regina – me contestó acariciándome la barbilla.
-Ahora solo falta saber lo principal – concluyó Lor – si será la reina blanca o la reina negra.
-Sea lo que sea – me abrazó Mac – estaremos en la misma página ¿verdad cariño?
-Y en la misma línea – le contesté.
Llaman a la puerta.
Abro y son Barrons y Ryodan.
-Amanda – Barrons hace su ritual de siempre, me abraza, aspira mi aroma y me besa la frente.
-Regina - Ryodan me besa la mejilla y me abraza.
-Estoy preparando café. El papiro está en la mesa.
-No sabía que te movías por el mercado oriental – comenta Barrons desde la puerta de la cocina.
-Oh no lo hago – le contesto – Silvan está en Nueva York.
-Por lo que veo los Cullen tienen prioridad ahora – me dice.
-Sí, es increíble lo que ha hecho Carlisle, en casa estamos fascinados. Entregaba sus trabajos a otros médicos y se llevaban la gloria y la fortuna.
-¿Tienes algo dulce?
-Me temo que no Jericó. ¿Puedo salir? - le pregunto con la bandeja en la mano.
Barrons se aparta lentamente y al entrar al salón veo a Ryodan con lo que queda del papiro. Lo había quemado.
-Os lo iba a dar.
-Lo sé Amanda – me contesta Ryodan – pero nadie ha de saber de nosotros. Un fallo el que se quedara esto atrás.
-Pero... era un papiro de 5.000 años lo podríais haber conservado.
-Solo conservamos lo que es realmente útil – me contesta Ryodan - algún día lo entenderás.
-Jericó...
-Son las normas.
-Bueno, decidme al menos quien es Hemaka y quien Udimu. Si no me lo decís me lo dirá Lor.
-No creo que él lo sepa – me dice Ryodan cogiendo la botella de whisky - apuesto algo a que no sabe ni donde estaba él mismo.
-No sabía que el mercado de Oriente fuera tan interesante – dice Barrons tomando el vaso que le ofrece Ryodan – la próxima vez quiero ir contigo.
-Será en Hong Kong para el otoño.
-Y como va la Reina Blanca – Barrons se sienta a mi lado en el sofá – tengo entendido que ultimamente está actuando mucho.
-Cansada y aburrida. Estoy pensando en dejarlo, en serio, hacer como Cristopher. Quiero algo de estabilidad, un novio normal, una familia, niños, no levantarme por la mañana pensando a ver qué bicho aparece hoy, sin hechizos. No quiero esto Jericó. Me agota física y mentalmente.
-No será que te lo pasas mejor siendo la Reina Negra...
-Lor nos lo cuenta todo – me confirma Ryodan - y lo sabes.
-Me siento más libre, sin límites. Supongo que cada vez os entiendo mejor.
-Lo importante es que sabes diferenciarlas y esconderlas, sacar de ellas lo mejor y lo peor en el momento oportuno.
-No quiero ser la Reina Roja, no quiero acabar encerrada en un libro, condenada por los suyos.
-Y no lo harás – me promete Ryodan – no te dejaré.
-Desde que los Cullen están en la vida de Bella no dejo de hacer hechizos de protección. Y Drustan quiere que sea el Caballo de Troya. Y el caso es que estoy cómoda con ellos. Con Alice, la que tiene las visiones, sentí que tenía que protegerla. Con Esme igual, me da mucha paz esa mujer. El que me saca de mis casillas es Emmet, desconfía de mi.
-No puedes reprochárselo – dice Barrons – ellos tienen que guardar su secreto tanto como tú. Vosotros les habéis analizado y estáis buscando su pasado.
-Otros en cambio lo queman – le reprocho.
-Te lo compensaré. ¿A qué hora tienes el vuelo?
-Dentro de un par de horas.
-Desde que ya no estás con nosotros solo nos das migajas – me dice Ryodan sentándose al otro lado del sofá.
-Me temo hermano que ahora le va el shushi.
-Oh, ¿en serio? ¡no me lo puedo creer! Vosotros dos estáis celosos ¿por qué?
-Quizás no sería tan mala idea que aceptaras esa plaza de profesora en el Trinity – la petición de Barrons no debería de pillarme por sorpresa.
-Mac no debió decirte nada.
-Me lo ha contado - hoy, siempre le lleva tiempo contarme las cosas importantes.
-Jericó, seguís siendo sagrados para mi – me siento en la mesita de café para mirarlos cara a cara - y no os voy a dejar, es solo que necesito un poco de perspectiva, sé con lo que puedo y lo que no puedo vivir. Voy a seguir en Inverness pero un tanto alejada de este mundo, necesito mi propio espacio vital.
-En Dublin nunca te presionaríamos – me asegura Ryodan.
-Lo sé. Pero se trata de lo que yo quiero, y de lo que puedo elegir con mi propia moneda, todo o nada.
-Sangriento infierno Ryodan, sigue estando en la misma linea.
-Y en la misma palabra. Debimos comernosla cuando pudimos. O encerrarla con Lor.
-Jajajajaja – mi carcajada suena en el salón – ¿acaso no sabéis que he escrito un libro?
-¿Otro Amanda? - me pregunta Jericó - ¿cómo se llama?
-"Cómo Dictar a un Dictador y Evadir a un Evasor. O cómo manejar a Jericó Barrons".
-Touché.
