Tarde como siempre al cumple de Obito. Ya es tradición. Pobre bobito... ¡Feliz cumpleaños! En un mundo ideal, habría habido lemon- No alcancé a escribirlo, pero se lo pueden imaginar. :D Este fic es un AU basado vagamente en Intruso. El AU sería algo así como "¿Cuánto tardaría Deidara en ligarse a Obito si no estuviera amargado?" La respuesta es un oneshot.
—Vas a adorarme.
Suigetsu dejó su almuerzo en la mesa y se sentó frente a él, mirándolo expectante. Deidara esperó a que siguiera hablando pero sólo se quedó mirándolo con esa sonrisa dentífrica suya.
—¿Qué hiciste ahora?
—Te conseguí el cumpleaños de Obito.
Deidara alzó las cejas, inclinándose sobre la mesa. Su día acababa de mejorar.
—Ya puedes estar soltándolo, hm.
Suigetsu se acercó más a él.
—Pues, qué casualidad, es una semana antes que el mío. Vas a tener que hacer regalo doble, Dei.
Deidara empezaba a impacientarse un poco.
—¿Y cuando es el tuyo?
Los ojos de Suigetsu se desviaron a la derecha.
—No mires —susurró Suigetsu—. Pero Obito acaba de pasar a la cafetería.
Deidara se volteó y cuando la mirada de su jefe se encontró con la suya, su corazón dio un brinco. Ambos se sonrieron, saludándose brevemente. Suigetsu se dio un golpe en la frente, rodando los ojos.
—Te dije que no mires. ¿No sabes lo que significa ser disimulado?
—¡Sólo lo estaba saludando! ¿Qué tiene eso de sospechoso?
—Obito tiene que ser muy bobo si no se ha dado cuenta a estas alturas de que te la pone como una tubería de gas —los ojos de Suigetsu se abren mucho—. Mierda, ha mirado otra vez.
Deidara notaba como se empezaba a sonrojar y tuvo que recordarse que no debía verse demasiado interesado. No ahí delante de todo el mundo.
—¿Por qué mira tanto? —preguntó Deidara, entre bocado y bocado de su bento.
—Tengo unas teorías.
—Estás equivocado con lo de que es el tipo más hetero de Akatsuki. Quizá soy yo quien se la pone a él como una tubería de gas, hm.
Suigetsu se frotó la barbilla.
—Puede ser porque ya ha mirado tres veces desde que entró —dice y hace una mueca—. Mierda, ahora me ha pillado a mí mirando.
—Tú tampoco eres muy disimulado. ¿No?
—Dei, escucha, esta es lo mejor que puedes hacer. Sácate unas cuantas fotos sexys y se las envías. Entonces cuando las vea, te llamará para darte las gracias con lágrimas en los ojos y tú le dices que te gustaría felicitarle el cumpleaños en persona. Noventa y nueve por cien a que no va a decirte que no.
Deidara asintió considerándolo.
—Sabes... Esa es una buena idea. Lo voy a hacer.
Suigetsu puso cara de susto.
—¡Y yo que pensé que ibas a decir que era una tontería!
—¿Una tontería? Es la mejor idea que has tenido nunca, hm.
La mente de Deidara ya estaba dando vueltas, pensando en la ropa que se iba a poner, en si esa era la excusa perfecta para comprarse al fin ese tanga y pezoneras comestibles que últimamente se le antojaban probar con su jefe.
—Vaya, estoy siendo todo un cupido sin querer. Recuerda agradecérmelo cuando estés atragantándote con su leche.
Deidara se imaginó eso y le entró calor por todo el cuerpo. Necesitaba sacarle hasta la última gota ya. Miró a Obito de reojo justo cuando él se dio la vuelta. Sus ojos se encontraron y Deidara volvió a sentir esa pequeña explosión en su interior. Obito sin embargo, acabó con café derramado en su camisa y corbata. Rió mirándolo mientras Obito se frotaba la nuca y se iba a por unas servilletas.
—Te lo limpiaba a lengüetazos —dijo en voz baja.
—Ve ahí y díselo. A lo mejor acepta —respondió Suigetsu y le quitó el precinto a su batido de proteínas.
Obito estaba de perfil junto a las encimeras, frotándose con fuerza la mancha de café. Sus ojos lo repasaron varias veces de arriba a abajo.
—Mierda. Qué largos se me van a hacer estos días —murmuró Deidara meneando la cabeza.
Obito salió de su oficina con el ramo de flores en una mano y la atrapamoscas de Zetsu en la otra. Bajo tenía las tarjetas que le habían enviado el resto de mánagers. Mientras el ascensor bajaba al garaje, pensó en Deidara y en lo mucho que le hubiera gustado que él supiera qué día era. Obito había estado esperando toda la mañana por una oportunidad para hacérselo saber. Una que sonase natural y no como si la hubiera metido con calzador sólo para que el chico en el que se pasaba el día pensando le hiciese algo de caso.
Obito recordó que a veces se encontraba con él en el garaje y se miró al espejo del ascensor. Frunció el ceño a su reflejo cuando vio que aún tenía en el pelo confetti de esa flor de origami explosiva que le hizo Konan, pero con tantas cosas encima no iba a ser capaz de quitarlo a tiempo. Suspiró y esperó que si Deidara estaba ahí, no le importase.
Deidara estaba ahí, poniéndose el abrigo junto a su moto. Si hubiera sido un perro, Obito habría movido la cola mientras iba hacia él. A veces no sabía cómo actuar con respecto a las miradas que ambos se lanzaban el uno al otro en la cafetería o los pasillos del edificio. Lo único que sabía era que se había vuelto adicto al momento en que aquellos ojos azules se clavaban en los suyos.
—Hey —Obito se acercó.
Deidara lo repasó de arriba a abajo.
—Qué popular, hm. ¿Regalo de San Valentín adelantado?
—¡No, nada de eso! Hace tantos años que no me regalan nada para San Valentín que hasta me había olvidado que era el domingo —Obito rió.
—No me creo nada —respondió Deidara—. ¿Ni un mísero chocolate?
Las mejillas de Obito ardían. Si Deidara le regalaba un chocolate por el Día Blanco se iba a desmayar.
—Ni uno. Debo ser el menos popular de la familia.
Deidara dio un paso hacia él, el corazón de Obito casi se salió de su pecho.
—Tienes algo en el pelo, hm —dijo estirando la mano.
—Oh, d-debe ser la pequeña broma que me gastó Konan cuando vinieron a darme las tarjetas.
Obito gritó internamente cuando los dedos de Deidara entraron en contacto con su cuero cabelludo. Estaba tan cerca que podría contar sus pestañas.
—Creo que ya está. Déjame asegurarme —Obito no se atrevió a moverse mientras Deidara buscaba confeti en su pelo—. ¿Entonces, a qué se debe tanto festejo?
—Mi cumpleaños —contestó. Ningún regalo que había recibido nunca le había gustado tanto como lo que le estaba haciendo Deidara—. Llega un momento en la vida en que no sabes si te gusta el día o no.
—Feliz cumpleaños —dijo Deidara dando un paso atrás—. ¿Vas a hacer algo en especial?
Obito negó con la cabeza.
—Nadie puede quedar hoy, en mitad de la semana —dijo con un suspiro—. Tendrá que ser otro día.
—Yo quiero quedar, hm.
Su mandíbula cayó unos centímetros.
—¿Uh?
—¿Vas a pasar tu cumpleaños solo? —preguntó Deidara—. Seguro podemos pensar en un buen plan.
La mente de Obito se quedó en blanco un par de segundos y después varias ideas la asaltaron a la vez. Incluido su desenlace. Obito estaba seguro de que su sonrojo ya era bastante perceptible. Antes de hablar, se aseguró que no se le notara.
—Me gusta la idea. ¿Algún plan en especial?
—Hmm —Deidara se dio golpecitos en la mejilla con el dedo—. Debo ir a casa a ponerme presentable. Podemos decidirlo mientras.
—Yo te veo más que presentable —dijo Obito sin pensar y Deidara soltó una carcajada.
—Puede. Pero no estoy cumpleaños-de-mi-jefe-favorito presentable —Deidara le guiñó un ojo—. Luego te mando un mensaje para concretar más.
—Lo espero —respondió, intentando no verse más nervioso. Aquel guiño lo había dejado como si se hubiera inyectado felicidad pura en vena.
Obito dejó sus regalos en el asiento atrás de su auto antes de sentarse al volante. Observó como Deidara se ponía el casco y se montaba. Cuando la moto arrancó, se le quedó mirando el trasero y pensando en ese encuentro con él y en cómo podría acabar. Obito recordó que las citas no estaban permitidas en la empresa entre subordinados directos pero ese detalle lo hacía querer encontrarse con él con más ganas. Cuando Deidara desapareció arriba de la rampa, Obito metió la llave en el contacto y arrancó.
Hora de estrenar el suéter que se compró la semana anterior. Obito sacó su mejor pantalón y lo dejó en la cama. Después se quitó la toalla y abrió el cajón de la ropa interior. Obvio, si pasaba algo esa noche, no podía ponerse cualquier cosa. Del fondo del cajón de la ropa interior sacó unos calzoncillos sin estrenar, aún con la etiqueta colgando.
Aunque en realidad, lo más posible fuera que no hicieran nada.
Obito se encogió de hombros, cortó la etiqueta y se los puso. Nunca estaba de más de previsor y si al final acababan en la cama no tendría que pasar vergüenza.
Su teléfono vibró con un mensaje y Obito sonrió cuando vio que era de Deidara. Enarcó una ceja cuando vio que lo único que ponía era «Feliz cumpleaños ❤».
Entonces llegó un archivo. Era una carpeta de casi trescientos megas. Obito la descargó formulando teorías en su mente sobre lo que sería. Los segundos que tardó en bajarse le parecieron eternos. Cuando la carpeta estuvo disponible, Obito hizo click y una foto de Deidara sosteniendo cuadrado grande de cartulina blanca apareció.
«¡Feliz cumpleaños!»
Obito sonrió e hizo zoom en la cara de Deidara. Tenía una sonrisa tan bonita que siempre que la veía le sacaba un suspiro. Tras mirarlo hasta memorizar todo, pasó el dedo por la pantalla hacia la izquierda.
Era otra foto de Deidara con otra cartulina idéntica pero con diferente pose y mensaje.
«Últimamente me has estado mirando mucho.»
Obito se puso rojo y sintió la tentación de replicarle que él también lo había estado mirando.
«Y me preguntaba la razón.»
La sonrisa de Deidara denotaba suficiencia en esa foto.
«Supongo que quieres algo conmigo y no te has atrevido aún a decirme nada por las estúpidas reglas de la empresa.»
El corazón de Obito no iba a aguantar aquello, su dueño pensó. Al pasar a la siguiente foto, algo se encendió abajo en su ingle. Deidara tenía el cartel más bajo, su camiseta de cuello barca estaba torcida, mostrando un hombro.
«Se me ocurren algunas ideas de como romper esas reglas.»
Obito tuvo que tomarse un descanso. El frío se había ensañado con Amegakure en lo que iba de año y estaba en ropa interior pero él tenía calor y una erección en formación. Deidara ni siquiera le había mostrado tanto.
La siguiente foto casi lo hizo dejar caer el teléfono. Deidara se había quitado el suéter, aunque la cartulina aún tapaba su cuerpo.
«Si te gusta lo que ves ❤...»
Obito aprendió que si seguía pasando fotos, Deidara se seguiría quitando más y más ropa. No se equivocó.
«Te voy a hacer un regalo que no se te va a olvidar en diez (10) vidas.»
Deidara chupaba una piruleta a pecho descubierto, mostrando dos pezoneras hechas con caramelitos de colores. La verga de Obito dio un empujón apremiándolo para que pasase a la siguiente.
«Si no estoy despedido...»
La cartulina ahora aparecía a su lado en el sofá mientras Deidara, sentado con las piernas abiertas, se bajaba la cremallera.
«Y quieres clavarle el diente a este culo superior a cualquier pastel de cumpleaños...»
De espaldas y arrodillado en el sofá, Deidara miraba a la cámara vestido con tan sólo un tanga. Obito hizo zoom. Era uno de esos tangas comestibles que siempre había querido probar.
«Envíame tu dirección y en un rato estoy ahí con tu regalo.»
En la siguiente, Deidara estaba tirado en el sofá. Una cinta roja subiendo en espiral por sus piernas y su cuerpo y que terminaba en un lazo justo en su cuello.
Obito se decepcionó al ver que era la última. Miró el bulto estirando sus calzoncillos y la manchita húmeda justo en la punta. Abrió el chat con Deidara y con dedos temblorosos le escribió la dirección.
Deidara lo leyó al acto y sólo le envió un corazón antes de desconectarse. Sin pensar si quiera en vestirse de nuevo, Obito se fue a ordenar el baño y cambiar las sábanas. El súeter se iba a quedar sin estrenar un poco más.
Con regalos así, sumar un año más no sonaba tan mal.
