El Hechizo
Prólogo
Algunos hombres nacen con buena estrella.
Colmado de atenciones femeninas desde el esperado momento de su nacimiento en el seno de una familia de siete hermosas muchachas, pero, ay, ningún varón su padre había muerto en un accidente de caza dos semanas antes, al llegar al mundo Naruto MacNamikaze pesaba cinco kilos y ya era laird del castillo. Es fácil que algo así se le suba a la cabeza a un bebé.
Al madurar y hacerse hombre, Naruto heredó los rasgos físicos típicos de los Namikaze: corpulento y de hombros muy anchos, sus músculos ondulaban en un cuerpo magnífico coronado por el rostro salvajemente hermoso de un ángel vengador. Sus nobles antepasados celtas, con su agresiva herencia de guerreros aristócratas, también le legaron una tremenda sexualidad; un intenso erotismo que sólo esperaba la ocasión de ser liberado daba forma a sus andares, y estaba presente en cada uno de sus movimientos.
A los treinta años, Naruto MacNamikaze era el Sol, la Luna, y las estrellas. Y lo sabía.
Por si esto fuera poco, además era un druida.
Y, a diferencia de la inmensa mayoría de sus ancestros, siempre serios y meditabundos (algo en lo que luego superados por la plétora de realmente figuras sombrías que aún tenían que nacer), a él le gustaba serlo.
Le gustaba todo lo que llevaba aparejado ser un druida.
Le gustaba el poder que sintió latir en sus venas. Le gustaba pasar largas horas en la biblioteca de la cámara subterránea del castillo Namikaze, en compañía de un buen whisky y la gran colección de artefactos y textos de la antigua sabiduría, para estudiar el conocimiento arcano, combinar un hechizo de resultados imprevisibles con una arriesgada poción, y así ser cada vez más fuerte y poderoso.
Le gustaba recorrer las colinas cubiertas de brezo después de una tormenta mientras pronunciaba las antiguas palabras que curaban a la tierra ya las pequeñas criaturas salvajes. Le gustaba celebrar los ritos de las estaciones, esas noches en que cantaba bajo la gran luna anaranjada de las cosechas mientras el viento de las Highlands le enredaba los largos cabellos rubios y convertía en pilares de fuego las hogueras sagradas que había encendido, porque sabía que los todopoderosos Tuatha dé danaan dependían de él.
Le gustaba seducir a las mujeres hermosas y hacerlas suyas bajo su cuerpo firme como la roca, y en esos instantes siempre recurría a sus artes druídicas para hacerles sentir la clase de placer ilimitado que se murmuraba sólo un exótico amante del pueblo mágico podía dar.
Incluso le gustaba que una gran parte de su mundo no podría evitar tenerle un poco de miedo, al ser él un druida Namikaze y haber heredado la vieja y aterradora magia de los Antiguos.
El laird responsable de la continuación del sagrado legado Namikaze a finales del siglo IX era oscuramente seductor y nadie podía resistirse a su encanto, y no había existido un druida más poderoso que él.
Naruto MacNamikaze no había tenido que hacer frente a ninguna clase de oposición o desafío, y nadie le había superado. En honor a la verdad, ni siquiera se le había pasado por la cabeza la posibilidad de que un día algo o alguien pudiera hacerla.
Hasta aquel maldito Samhain de su trigésimo año. Algunos hombres nacen con buena estrella.
Naruto MacNamikaze no.
Poco después de aquello, la cámara subterránea que contenía la biblioteca quedó sellada para no volver a ser mencionadoda nunca, y todas las referencias a Naruto MacNamikaze fueron borradas de los anales escritos de los Namikaze.
Los Namikaze de la actualidad suelen enzarzarse en apasionados debates sobre si ese ancestro tan controvertido existió en realidad.
Y nadie sabe que ahora más de mil cien años después—, Naruto MacNamikaze aún vive.
Si a la existencia infernal que lleva ahora se la puede llamar vida.
¡Hola! Bueno después de tanto tiempo les traigo esta adaptación que me borraron hace tiempo para que puedan leerla :3
