Disclaimer: Sword Art Online (SAO) es propiedad de Reki Kawahara y sus asociados. Esta obra fue hecha sin fines de lucro.

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Calor

Hacía mucho frío, tanto como para congelar el agua nieve que cayó en las aceras de las calles, logrando que se vieran brillantes, húmedas y peligrosas. Incluso el sol parecía no querer salir por lo helado del ambiente.

Asuna tiritó, el frío lograba colarse de alguna manera por el hermético auto negro y ni con su grueso abrigo lograba calmar las sacudidas de sus brazos. O quizás temblaba de nervios, era difícil identificarlo. Acercó sus manos a su boca, dándole calor con su aliento con un efecto medianamente satisfactorio debido a que la argolla en su dedo seguía fría.

Un escalofrió le recorrió la espalda ante el alud de sentimientos que le vinieron de improvisto, llenos de recuerdos con promesas y anhelos. Carraspeó varias veces, tragándose el nudo que comenzaba a formarse en su garganta. El chófer del auto la miraba por el retrovisor de tanto en tanto, ella era una señorita y no se podía permitir llorar por todos lados.

La fachada del aeropuerto de Tokio se reflejó en la ventana del auto haciendo que el estómago de la muchacha se comprimiera en un nudo ansioso. Mientras el auto zigzagueaba para poder encontrar un lugar en el estacionamiento, Asuna se permitió suspirar y morderse los labios mientras se colocaba un grueso gorro blanco para protegerse de las heladas ventiscas.

—Llegamos señorita, esperare aquí hasta su regreso. — el chófer le lanzó una pequeña sonrisa amistosa.

—Gracias Yoshida-san, prometo no tardar.

Asuna bajó del auto y con paso apurado comenzó a cruzar el extenso estacionamiento. Desafortunadamente, cuando salió de su casa con aquellas ligeras medias de algodón en lugar de un par más grueso no previó que las diminutas gotitas de agua azotarían con fuerza sus piernas. El sonido del tacón de sus botines hacía eco en el desolado lugar, había poca concurrencia de personas a pesar de ser las seis de la mañana.

Cuando la travesía de cruzar el estacionamiento terminó y las puertas corredizas del aeropuerto se abrieron ante ella, un delicado y tierno sonido escapó de su garganta, ganándose varias miradas de las pocas personas que había ahí.

También de una persona en especial.

—Asuna.

Las notas graves de esa voz le provocaron un choque eléctrico en la parte superior de su cráneo. Un muchacho alto, un poco delgado y de negros cabellos se le acercaba sonriente, enfundado en una gruesa chamarra gris y una bufanda roja con rayas, regalo de la pelirroja cabe destacar.

—Kirito-kun... — intentó sonreír, pero sus mejillas estaban frías al igual que la punta de su nariz y en cierta manera se sentía doloroso mover sus facciones.

En un intento de recuperar la movilidad de su cara, agachó la cabeza mientras daba suaves palmadas en sus pómulos y pellizcaba su nariz. No quería parecer un zombi friolento frente a su novio.

—¿Qué haces aquí? Creí que estarías en clases — preguntó Kazuto.

—Tenía un par de horas libres — mintió. —Quería despedirme.

Ciertamente, Asuna no tenía horas libres y probablemente cuando su madre se enterará que había faltado a la universidad probablemente le daría un sermón de los mil demonios, pero poco le importaba.

Dos días antes a ese frío lunes de finales de noviembre, todos sus amigos se habían reunido en el Dicey Café para tener un momento ameno más allá de sus ya no tan constantes encuentros virtuales. A mitad de la velada, Kazuto anunció y sorprendió a todos, incluyéndola, sobre su decisión de aceptar la invitación de pasar una temporada en una prestigiosa universidad americana que le habían ofrecido hace un par de meses.

Kazuto había estado dándole vueltas al asunto durante todo ese tiempo, pero debido a que aparentemente su decisión ya había sido tomada cuando ambos despertaron de aquel sueño profundo en Underworld, donde el decidido quedarse en Japón a seguir tratando de unificar las dos realidades que regían sus mundos, Asuna trató de no presionar mucho en el asunto y cuando platico con él y recibió un rechazo a la idea por parte del chico, ella le fue restando importancia poco a poco.

Grande fue su asombro cuando finalmente anunció su decisión. Ella boqueó como pez y con jadeos extasiados lo abrazó antes que nadie bajo las voces alegres de todos sus amigos. Cuando su contacto terminó y ella regresó a su silla, dejando espacio para que todos le dieran las respectivas felicitaciones, el peso de la situación le cayó como piedras.

Él se iba ir a América y ella... ella no podría acompañarlo.

Aunque peleara con uñas y dientes, su destino ya estaba fijado por lo que serían aproximadamente unos seis años en Japón. La promesa que Kazuto y ella habían hecho frente sus padres de completar su formación académica antes de hacer cualquier viaje o iniciar cualquier otra aventura entre mundos había atado su futuro, al menos para ella que ya había logrado entrar en la prestigiosa universidad que su madre quería.

La mirada perdida que mantuvo toda la velada fue lo suficientemente evidente como para que el despistado de Kazuto captara rápido el motivo de aquel rostro alicaído.

No tienes nada de qué preocuparte — le había dicho mientras caminaban a su casa. —Sé que por el momento no puedes acompañarme y no es mi objetivo quedarme allá, solo me iré por un par de meses y volveré a continuar la universidad aquí.

Asuna no supo por qué, pero en ese momento, cuando él beso sus manos tratando de aliviar sus pesares ella se soltó a llorar como una niña pequeña. La sola idea de estar sin aquel muchacho pelinegro con tendencia a meterse en problemas por una temporada le generaba una opresión dolorosa en su pecho por las experiencias pasadas.

Los días siguientes se habían ido volando y con eso de que partía a primera hora de lunes, habiendo anunciado su decisión un viernes, entre arreglar equipajes, permisos de universidad y la fiesta de despedida donde habían estado la mayoría de amigos y conocidos que habían acumulado en su largo trayecto de aventuras, el momento idóneo para despedirse como debía se había escapado de las manos de Asuna.

Por eso había decidido sacrificar sus primeras clases, rogarle al chófer que la trajera hasta el aeropuerto y poderse despedir del objeto de su amor.

—Bueno... —el pelinegro ladeó la cabeza. —Uhm, ¿adiós?

Asuna alzó una ceja, ¿se sacrificaba y arriesgaba a morir de una hipotermia para recibir una respuesta así? Cruzó sus brazos bajo su pecho mientras le lanzaba una mirada de muerte al chico que divertido soltó una risita mientras enredaba sus dedos en la espesa cabellera negra.

—Ven, aun me queda un poco de tiempo antes de que salga el avión.

La tomó de la mano y una sensación cálida se extendió por todo su brazo, calmando el incesante piqueteo en las puntas de sus dedos por el frío del lugar.

El murmullo de las actividades en el aeropuerto paso a segundo plano cuando fijó sus ojos en el chico que la jalaba, repasando en una rápida película los cambios físicos y mentales que ambos habían experimentado a lo largo de todos esos años. Ambos pasaron de ser dos adolescentes ansiosos de ver el mundo a jóvenes adultos que vivían un día a la vez.

Concentró sus pensamientos en aquella mano más grande que la suya, aquella que había sostenido incontables veces, en cómo esa sería posiblemente la última vez que la tomaría en un tiempo y apretando más el agarre dejo de ser jalada para colocarse a la par, caminando hasta las sillas plateadas donde la maleta del chico estaba.

Kazuto la volteaba a ver de tanto en tanto, el semblante melancólico seguía presente y esperaba de todo corazón lograr eliminar ese pesar antes de marcharse. Ciertamente se había sentido un poco desolado cuando al irse a dormir la noche anterior se dio cuenta del poco tiempo a solas que había pasado con su preciosa novia. Y cuando la vio trotar por el estacionamiento usando ese conjunto de inverno que tan bien le quedaba, su corazón bailó con alegría por poder ver la presencia angelical de la muchacha.

Cuando se sentaron en la hilera de sillas, el comentario que había picado su garganta desde que se acercó salió sin pena ni gloria.

—Sigues estornudando como gatito, es tierno. —la volteó a ver con una sonrisa.

En respuesta, Asuna se ruborizó y pellizcó con sus uñas la cara interna de la mano del chico, ganándose un chillido poco masculino.

—Yo no estornudo así. El hecho de que al estornudar parezcas una trompeta no quiere decir que todos lo hagamos.

Una risa burbujeante salió de los labios del chico. Para Asuna ese era uno de sus sonidos favoritos en el mundo.

Sin soltar sus manos, la muchacha recargó su cabeza en el hombro de Kazuto, este respondió besando la coronilla de ella. Ambos sentían esa presión y nervios en el pecho, ambos trataban de reconfortarse a su manera, pero siempre dejando claro el mismo mensaje.

Un murmullo débil escapó de los labios de cereza de la pelirroja, a lo que Kazuto movió su cabeza para mirarla con duda.

—¿Qué dijiste? —uso su mano libre para acomodar un mechón castaño detrás de su oreja.

—¡Dije que te extrañare! —Asuna frunció el ceño. —¡Tal vez si controlaras esa maraña de pelos me escucharías mejor!

Kazuto se río a carcajada limpia, llenando el aire alrededor de su cara con una nube de aliento haciendo que las maripositas revoltosas en el estómago de Asuna se despertaran.

—Bueno... a una chica especial para mi le gusta mi mata de pelos, así que la dejaremos como está por ahora. —bromeó, despeinándose con los dedos para enfatizar su punto.

Una sonrisa relajada se instaló en las facciones de la chica. El ambiente cómodo que se formaba entre ambos era la mejor medicina para sus corazones afligidos.

—También te voy a extrañar —deshizo el agarre de sus manos para rodear el cuerpo de la pelirroja por los hombros. —Voy a extrañar que alguien me grite todos los días, los sándwiches picantes y tus explosiones de humor.

—Mou Kirito-kun, parece que solo extrañaras cosas malas de mi... —un puchero acompañado de mejillas ruborizadas le calentó el corazón a Kazuto de una manera que definitivamente extrañaría.

—¿Quién dijo que eran malas? — él pellizcó tiernamente su mejilla. —Nada que venga de parte de la subcomandante es malo, de hecho, es muy sexy.

Sonrió con orgullo haciendo que Asuna se riera mientras sacudía su cabeza en negación. A veces podía llegar a ser muy ocurrente.

La voz robótica que salió por los altoparlantes anunciando la salida del vuelo que viajaría hasta el lejano continente rompió su burbuja. Un nuevo suspiro escapó de los finos labios de la pelirroja, desencadenando la misma acción en el muchacho que tenía al lado.

—Es hora, si no quieres quedar atrapado entre una larga fila es mejor que vayas ya. —Asuna se puso de pie mientras extendía su mano hacia el muchacho.

Kazuto estaba pasmado viéndola, primero el brillo tenue que arrancaba el anillo en su dedo y después su solo presencia que tenía luz propia, encandilando a cualquiera que se detuviera para apreciarla.

Sonrió y con ese gesto plasmado se levantó tomando su maleta de rueditas. Ambos estaban frente a frente, querían decirse muchas cosas, pero el tiempo se escurría como agua entre rocas y la ansiedad del momento entorpecía sus mentes.

—Te portaras bien, ¿verdad? —Asuna se cacheteó mentalmente por no haber hilado una mejor oración.

Kazuto tomó sus manos y las llevó hacia su boca, plantando un beso firme en sus dedos. Un aleteo rápido se sacudió en el pecho de la pelirroja.

—Por supuesto que lo haré, es una orden de mi superior.

La manera en que él la miraba era suficiente para transmitirle toda la tranquilidad que necesitaba, olvidaba la cualidad que tenía de expresar todo con una mirada o un simple gesto. Asuna zafó sus manos de entre las del chico para envolver ella las de él, las apretó durante unos segundos bajo la atenta mirada del pelinegro y con lentitud depositó un suave beso.

Kazuto sintió un leve rubor cubrir sus mejillas, pero la sonrisa brillante que tenía opacaba cualquier otra muestra de sus emociones. La pelirroja dio un leve asentimiento y soltando sus manos para dar palmaditas en el aire le regaló una de sus mejores sonrisas.

—¡Mucha suerte Kirito-kun! Sé que todo lo que haga Kirito-kun le saldrá bien porque mi Kirito-kun es asombroso.

Él acarició su cabeza tiernamente.

—Si te tengo a ti es porque algo debí haber hecho bien.

Cuando besó la frente de la pelirroja, el segundo llamado a los pasajeros se dejó escuchar.

—Debes irte ya Kirito-kun, llegarás tarde.

—Si, si, si, voy enseguida. — Kazuto usó su mano libre para sujetar a Asuna por la cintura y acercando sus rostros la besó profundo, tratando de que en ese contacto de contados segundos las palabras no dichas quedaran plasmadas en los labios del otro.

Asuna sujetó el cuello del chico en un ademan de no querer soltarlo, de no querer terminar ese precioso momento. Usando todo su autocontrol, ambos pudieron separar sus imantados labios, perdiéndose en los pozos profundos que eran los ojos del otro. Ella dejó una caricia en el rostro del chico mientras se separaban lentamente.

La mano que sostenía la cintura de Asuna fue moviéndose lentamente por su brazo mientras él se alejaba, tratando de nunca dejar de tocarse hasta el momento que fuera inevitable. Cuando sus manos se juntaron y un fuerte apretón fue lo último que sintió, el brazo extendido de Asuna cayó laxo a su costado.

De repente sintió frío, mucho frío. Tanto que se vio obligada a abrazarse a si misma por los espasmos que recorrían sus miembros.

Entonces fue consciente del calor que Kazuto desprendía... no, se dio cuenta del calor que ambos desprendían cuando estaban juntos y que desapareciera al separarse lastimó más su delicado corazón. Al parecer, Kazuto pensó lo mismo pues estaba estático frente a ella con una expresión de tristeza que le partió el alma.

Él dejó su maleta quieta y dando grandes zancadas cruzó la distancia que lo separaba de ese cuerpo que tanto amaba, con desesperación y ahínco rodeó sus brazos por todo el menudo ser apretando con fuerza la fuente de su calor. Asuna lo rodeaba de igual manera, con su cara escondida en el hueco de su cuello mientras tragaba grueso para evitar las lágrimas.

—Volveré —susurró — volveré, lo prometo. — acarició con delicadeza la cabeza castaña, enterrando los dedos en esas hebras de miel.

—Lo sé. —la voz de Asuna sonaba afectada, pero feliz. —Te esperare todo lo necesario.

Alejó su cabeza del cuello del chico y juntando sus frentes susurró un par de mudas palabras que Kazuto entendió a la perfección haciendo que una nueva sonrisa se quedara en sus labios.

Esta vez, al separarse la sensación de frío y soledad no volvió, en cambio un calor agradable se había alojado en el pecho de ambos, mitigando cualquier emoción que no fuera amor o felicidad que provocaba la presencia, el recuerdo y el saberse amado por parte del otro.

Antes de entrar al túnel que conectaba con el avión, Kazuto volteó hacia atrás donde su preciosa novia agitaba la mano en gesto de despedida en su dirección. Él ensancho más su sonrisa y llevando la palma hasta sus labios lanzó un beso en su dirección que logró hacer reír a la pelirroja y un par de azafatas que lo veían enternecidas.

Apenado y con la cara roja caminó a paso rápido hasta el avión con las risitas de las mujeres detrás.

Asuna negaba suavemente mientras se colgaba su bolso al hombro y caminaba despacio en dirección a la salida. Unos pequeños y débiles rayos del sol de colaban entre los nubarrones grises, aunque el frío clima continuara ella ya no lo sentiría más pues tenía el calor de su ser amado acompañándola siempre.

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Jai

Aquí yo reportándome con una colección super cute. Siempre tuve el deseo de hacer una colección así, pero soy muy vaga y se me olvidaba.

Planeo hacer de esta colección algo especialmente kiriasu, seguiré subiendo fics individuales que sean cortos pero que tengan un poco más de trama. Esta colección es para momentos cortitos sin necesidad de una línea de eventos super pensada y chalala, es para saciar mi vena kiriasu, es una necesidad XD

Los capítulos serán super randoms, así como puede que tengan continuación o no, tener +18 o no (en todo caso, en ese momento habrá una advertencia antes de iniciar el capítulo y cambiara la clasificación del fic) ser kilométricos o ser super cortitos, AU, Semi AU, Canon, de todo un poco. Pero que el kiriasu nunca falte :3

Sin más, espero les haya gustado el inicio de esta colección. Review? Review!

Cuídense mucho, a ustedes y a sus seres queridos :c ¡El Covid aun no desaparece!

Errores de ortografía y gramaticales déjalo en los comentarios o escríbeme por privado y yo lo arreglo! ;D

Saludos!

Kuronojinsei