Las mañanas siempre pasaban rápido en el mes de diciembre, no teníamos tiempo para holgazanear cuando los clientes prácticamente hacían cola para entrar al local. Maz tenía productos de colección para aficionados y famosos juegos de mesas que últimamente se habían puesto muy de moda, venía gente de todas las edades a conseguir su mercancía exclusiva.
Por ello, últimamente con el lanzamiento de la última trilogía de Star Wars, sumergieron nuevos seguidores de la famosa saga, haciendo que los padres fueran nuestros mayores clientes en estas fechas.
-Rose. Rey. Necesito que hoy se turnen para ir almorzar. – Maz estaba de mejor humor ahora, las ventas subían como espuma y casi nos estábamos quedando sin mercancía. -necesito que alguien se encargue del negocio mientras superviso la entrega de una mercadería extra que va a llegar a esa hora. –
Sólo había una persona en el mundo que le haría ese favor a nuestra jefa Maz. Y esa persona era el chofer del camión repartidor Don Chewbacca. Para ella, Chewie.
Antes, era nuestra tarea recibir al camión con las cosas, hasta que la empresa proveedora de la jefa cambio a su planta de repartidores. Aún recordamos con Rose cómo le brillaron los ojos cuando Don Chewie bajó del camión con una planilla de inventario bajo su brazo.
Desde entonces nuestra querida Maz, esos minutos extra que se queda cuando llegan a proveer el negocio los usa exclusivamente para compartir con su querido enamorado.
Maz se había transformado en una mujer viuda hacía ya un tiempo, su esposo había muerto por un cáncer tardíamente diagnosticado que le robó la vida en menos de un año. El único familiar que le quedaba era un hijo que trabaja en el otro hemisferio del planeta que casi nunca veía por lo costoso que era viajar en esta temporada.
Por eso Don Chewie era lo único que tenía en la capital para darle un toque de alegría a su vida. Y bueno, nosotras.
- Yo me quedo el primer turno. – levanté la mano como una colegiala.
- Bien. - desvió su vista a la chica de ojos rasgados -Bueno Rose, ya que tú vas a salir primero pequeña- afirmó con un tono bastante maternal. Realmente estaba de buen humor. - ¿me podrías traer un almuerzo para mí cuando vuelvas, por favor? –
- Por supuesto jefa. -
El almuerzo era una hora del terror, era el único tiempo de algunas personas para salir hacer compras, y era el momento perfecto para los padres con horario de oficina que necesitaban con desesperación los juguetes de sus caprichosos hijos.
- Necesito un prototipo de la nave de…- el señor sacó de su terno un celular y pronunció como pudo lo que decía en la pantalla. - del Líder Supremo ¿Smoke... Snoke?. ¿Supremacy?. – me acercó para que lo pudiera leer – Creo que es de Star Wars. -
- Sí. Creo que queda la última en la bodega. Espéreme, vengo enseguida. –
Teníamos pocas réplicas de esa nave en la tienda, no era muy común vender los accesorios de los bandos "malos" de las películas. Sin embargo, algunos aficionados compulsivos querían tener de todo lo que respectara a sus sagas favoritas para completar sus colecciones.
-Rey, ¿Dónde está Maz?. – apareció sorpresivamente Rose en la bodega, había vuelto de su hora de almuerzo.
-Aún con Don Chewie.- sonreí pícara levantado mis cejas.- ¿Qué le compraste para almorzar?. –
-Pasta y una soda. – me contestó mientras comenzaba a alistarse para comenzar de nuevo su turno. -Lo que le gusta. -
El solo escuchar mi estómago la palabra "pasta", hizo que mis tripas empezaran a rugir como locas para que les entregara algo de comida. Había olvidado que en la mañana no me dio el tiempo para sacar algo de comer en la nevera, y que tampoco entre nosotras nos dimos la oportunidad de comer algo a media mañana por la agitada jornada.
Si seguía ahí un minuto más, me robaría la pasta de Maz y le echaría la culpa a la asiática por no traerle la comida. Por lo que salí de ahí lo más rápido que pude y fui corriendo donde el señor que me estaba esperando para llevar el regalo de su hijo.
- ¿Para regalo? - pregunté por inercia al cliente, por supuesto que era para regalo.
-Sí por favor. -
Tanteé bajo mi puesto para sacar los envoltorios navideños, encontrándome con la sorpresa que no me quedaba ni uno de ningún tamaño. No tenía ganas de ocupar mi tiempo de colación para buscar atrás papeles de regalo, de modo que fui al puesto de Rose y le pedí algunos.
-Los grandes están abajo Rey. – Me tuve que agachar para tomar el último envoltorio tamaño extra grande para el regalo del señor la nave que estaba cerca de los pies de Rose.
-Hola... emm. ¿aquí es donde trabaja Rey Palpatine? – Aquella voz me era familiar, era del chico que fue a mi rescate en la mañana. Era la voz de Ben.
- ¡Sí! – le contestó al pelinegro mirándome desde arriba. - Está justo aquí. –
Al parecer, siempre nuestros encuentros con el piloto serían mientras estuviera batallando contra mi enemigo mortal que era el día de hoy el suelo.
-¡Hola! -me levanté tan rápido como pude .- ¿Qué tal?. Dime, ¿en qué te puedo ayudar? –
-Yo… .- lo interrumpí .- Espera, dame un momento. Termino con el señor que estaba atendiendo y vuelvo a ver lo que necesites. –Sin embargo, la asiática se me adelantó a la jugada y me quitó de las manos el envoltorio.
-Yo me encargo. - me guiñó el ojo. -Recuerda que es tu hora de tu almuerzo. –
Tendría que prepararme para el bombardeo de preguntas que me haría mi compañera cuando regresara de almorzar por esta sorpresiva visita de Ben.
-Bueno. Dime Ben ¿Qué necesitas? – Realmente estaba curiosa de su visita por acá, ¿De qué sería fanático el piloto? ¿Cuál de todo el contenido que había en este santuario de aficionados sería su placer culpable?
- ¿Cómo está tu nariz? – no me esperaba esa pregunta, hasta había olvidado por completo el golpe que me di contra el poste.
- ¡Bien! No tiene nada. – la tanteé con la punta de mi dedo, juguetona- Como si nunca hubiera pasado esa vergüenza. –
Pero, al parecer, Ben no había venido sólo a ver cómo me encontraba por mi incidente y tampoco por productos de la tienda, ya que segundos después de contestar que estaba bien, movió rápido su muñeca para buscar en su chaqueta un aparato que sospechosamente se parecía a mi celular.
- Mi hermano se olvidó dártelo. -Estiró su brazo medio tímido para que lo tomara. – se dio cuenta a mitad de camino a casa que lo tenía. –
Demonios, mi mañana fue tan desastrosa que no me di cuenta de que se había vuelto a caer el teléfono con mi golpe contra el poste, y que tampoco me percaté en toda la movida jornada matutina que no lo tenía en mi poder.
Otra vez, Ben se transformaba en mi héroe el día de hoy.
- ¡Gracias! – se lo quité de sus dedos abrazando mi teléfono como si fuera mi bebé BB8.- Otra vez salvándome el día Ben…- ¿Cuál era su apellido?
- Solo. – me leyó la mente- Ben Solo. – se sonrojó un poco por percatarse que me había dado cuenta de que adivinó mis pensamientos.
- Bueno Ben Solo . – remarqué su nombre con un falso coqueteo -creo que te debo dos deseos por salvarme dos veces la vida hoy. – guarde mi celular en mi bolsillo. – que tal… si, ¿los piensas mientras me arreglo para salir?. – pregunté con entusiasmo al muchacho.
- Me parece genial. -
Corrí directo a buscar mi chaqueta para salir a la helada ciudad capital. Ben estaba esperándome fuera, por lo que me apresuré para no se muriera de frio por mi demora.
-Nos vemos Rose. – me despedí sin mirarla. Por el momento no quería hacer contacto visual con ella, para que no me hiciera incómodos gestos alentadores.
-Ya sé cuál será mi primer deseo. – me confirmó con un tono convencido mientras empezamos a caminar.
- ¿Ah sí?. – me abracé a mí misma, estaba helando acá afuera, y con el cambio de temperatura se sentía el doble la sensación térmica. – y ¿cuál es el primer deseo que le debo cumplir al Señor Ben Solo? .- me sentí como la genio de una lámpara.
- Que me dejes invitarte a salir hoy. – me quedé muda con la propuesta que salió de la boca de Ben, sus palabras verdaderamente me atraparon desprevenida – Lo siento. – y lo notó el muchacho porque al breve segundo se arrepintió en preguntármelo. -No debí… -
- No, no. -lo interrumpí. -Es sólo que… es víspera de navidad y … -
-Si. Lo siento. - me hizo gestos con la mano un tanto avergonzado. – Debes ir con tu familia. Arreglar las cosas para la cena de navidad y todo eso… Qué tonto. – dijo cabizbajo.
- No, no. – sonreí. - por mi parte no tengo problema con eso. - ojalá no me pregunte el por qué. -lo decía más que nada por ti…-
- Bueno… La verdad…Yo – titubeaba. Era dulce el moreno cuando se ponía nervioso. -Quería proponer ir a recogerte después de tu jornada e invitarte a un café y… conversar un rato. –
Vaya, su proposición de verdad me tomaba por sorpresa, incluso se asomaron unos revoloteos locos en mi estómago, como una quinceañera.
Aun así, la propuesta que me ofrecía mi excompañero sonaba increíblemente tentadora, hace mucho no tenía salidas así por la ciudad acompañada por alguien, y se estaba ganando los puntos a favor al "sí" solo por el simple hecho que sería una "pre-cena" muy distinta a los otros años. Me dejaría el recuerdo que salí con un chico en una fecha tan interesante como es la víspera de navidad.
Sin embargo, aunque que quisiera aceptar, tenía que hacer las compras para preparar una cena para mí y BB8, ya que lo había dejado para última hora como siempre. Pero, algo me decía que me diera un tiempo para salir con él. Mejor compartir un breve instante, a no hacerlo.
- Salgo a las seis. – me hizo un gesto exageradamente de triunfante por mi casi aceptación. -Pero… - le corté toda la inspiración al pobre muchacho cuando dije ese "pero". – antes, debo ir hacer las compras para la cena de navidad. Si quieres me recoges en mi edificio… -
- Te acompaño. - Se apresuró en contestar - Quiero decir. Tengo camioneta, te podría ayudar a llevar tus cosas al departamento y luego salir a conseguir ese café pre navideño. – terminó de mencionarme su propuesta con una sonrisa.
Esos gestos que sutilmente se le salían al piloto me estaban empezando a poner nerviosa, y gustándome a la vez. Incluso, me estaba comenzando a agradar la atmósfera que se generaba entre nosotros. Era como recordar la secundaria.
Y creo que por un instante sentí que todo alrededor desapareció cuando hice contacto visual con los profundos ojos negros del joven Solo, olvidando el por qué me había detenido en ese lugar. Porque si no fuera por mis pies que estaban desconectados de mi cerebro en ese momento, hubiera pasado de largo de mi lugar favorito para comer tacos.
¿Qué estaba pasando?
-Te invito un almuerzo. – maté todo el momento.
- Me encantaría. – y ahí venía el decepcionante "pero" - Pero no puedo. Tengo que volver a casa. Me están esperando. -
-Qué pena. Preparan los mejores tacos aquí, te los perderás. – traté de persuadirlo con mi mejor cara.
-Será para una próxima. -Volvió retomar esos gestos tímidos que se estaban volviendo mis favoritos. -Si tú quieres… -
-Entonces… ¿a las seis? –
-A las seis. -
Muchas gracias por la gente que se da la oportunidad de leer este humilde fic.
Los personajes no me pertenecen.
