ENTERRANDO EL PASADO

By: Darla Asakura


CAPITULO II

"DE VUELTA EN JAPÓN"

Anna miraba la negra noche que se extendía como un manto, encima de la gran ciudad de Tokio; se encontraba afuera, en el balcón de la hermosa suite del hotel 5 estrellas, en el cual se hallaba hospedada. Había llegado hace pocas horas a esa ciudad, pero su destino final era Izumo, donde por cosas del destino y ciertas circunstancias especiales, su presencia era necesaria.

Lo más difícil que había hecho en los días que antecedieron a aquella noche, era suspender su vida para dar comienzo a una nueva, una nueva vida que daría comienzo allí... en Japón. Hace tanto tiempo que había dejado Tokio, sus padres habían muerto en un accidente cuando tenía diecisiete, y aunque le dejaron dinero suficiente para terminar sus estudios en Administración y Finanzas, vivir en esa casa, en esa ciudad repleta de hermosos y felices recuerdos se convirtió para ella, en una horrible tortura; Tortura de la que decidió escapar... fue entonces que se trasladó a Inglaterra. No pudo evitar que se le escapara un suspiro, Inglaterra fue una mala idea desde el principio, recordó las trabas e impedimentos de todo tipo, que salieron a su encuentro cuando tomó la decisión de terminar sus estudios en aquel país, y lo terca que fue al ignorar todas las señales que el cielo tan amablemente le envío, ahora todo estaba muy claro, inició una carrera contra el dolor, creyendo fervientemente que tenía la oportunidad de ganarle y cuando pensó que llevaba la ventaja, que lo había dejado atrás, por fin, éste regresó con más fuerza, representado en la figura de un hombre... "¿pero que diablos sucede contigo? Se regaño a sí misma, el pasado es eso, pasado.

Sin embargo, la vida da muchas vueltas y en una de esas... se encontró de nuevo en Japón, su país natal.

Buenos días.- Anna saludó a la mujer que se encontraba tras un escritorio color caoba, la mujer en cuestión era una hermosa rubia de ojos azules, que vestía un traje de enfermera.

Muy buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarle?

Quisiera ver al doctor Fausto.- Dijo Anna con tranquilidad.

¿Tiene cita?

No, es ... personal.- Ante la respuesta de Anna, la enfermera apartó los ojos del computador, y clavó en ésta su azul mirada.

¿Personal...?- El gesto no pasó desapercibido para Anna, quién no dudó en responder de inmediato.

Usted debe ser Eliza... su esposa, ¿Cierto?

Efectivamente, ¿Y usted es...?

Ahh... lo siento, debe pensar que soy una mal educada. Mi nombre es Anna... Anna Kyouyamma, mucho gusto.- Tendió su mano a una Eliza que le sonreía amablemente. Y empezó a explicarle a ésta la razón de su visita.

Vine a ver al doctor, porque sé que es el medico de cabecera de la familia Asakura.

Sí, así es.

Y necesito tratar con él, un asunto referente al señor Yohmei... me enteré hace poco de su muerte.

Sí, es algo lamentable....- Anunció Eliza con un dejo de tristeza en la voz.

El señor Asakura era una persona muy buena, ¿Es usted familiar suyo?

No, pero le tenía mucho aprecio.

Fausto, se encuentra con un cliente ahora, pero la atenderá apenas se desocupe. ¿Puede esperarlo?

Por supuesto, tiempo tengo de sobra. Muchas gracias.

Anna se sentó en una de las sillas vacías, frente al escritorio de Eliza; tranquilamente hojeó unas revistas, que se encontraban sobre una mesita a su izquierda. Luego, de al menos 15 minutos de estar esperando, salió el paciente que atendía el Doctor Fausto, y entonces ella, se dispuso a hablar con éste.

Señorita Kyouyamma, esta sí es una sorpresa.- Fausto estaba realmente sorprendido, pues él sabía que Anna vivía en el extranjero., desde hacía tiempo ya. Con un gesto le invitó a sentarse, mostrándole una silla frente a él.

Y dígame... ¿Qué la trae por aquí?- Le preguntó con interés.

Quería hablar con usted...

¿Sobre Yohmei?

Sí, me enteré de su muerte hace poco.... por una carta que me envió su abogado.- Ahora, el rostro del doctor Fausto reflejaba mucho más interés, del que se notó al inicio de la conversación. Anna, era una mujer supremamente observadora, por lo que el cambio captó su total atención.

¿Marco, le envió una carta?

Sí, quiere que esté presente en la lectura del testamento.- Al juzgar por su rostro, la respuesta de Anna, bastó para disipar sus dudas.

Ya veo, ... ¿Usted dirá?

Necesito saber la causa de la muerte del señor Yohmei.- Fausto la miró fijamente, muy serio, por largo rato; para luego empezar a hablar.

Bueno, yo no suelo revelar ese tipo de información a personas ajenas al paciente... pero en su caso haré un excepción, debido a que no sólo fui el doctor de Yohmei, también fui su amigo. Por lo que sé del cariño que éste le profesaba.

Se lo agradezco, doctor.

Él sufría una enfermedad muy rara, casi sin precedentes en la historia; imperceptible incluso para lo exámenes generales y los chequeos que se realizaba cada mes.- Anna lo miró, pensativa.

¿Acaso, no aparecía nada extraño en los resultados?

No, nada. Aparentemente todo estaba en orden. Verá Srta. Kyouyamma, el virus que causa tal enfermedad, prácticamente se mimetiza, invadiendo poco a poco, todas las células del cuerpo.- Anna, continúo aun reacia a aceptar la verdad.

Pero en algún momento, debía manifestarse.

Tiene razón. Pero sus manifestaciones son parecidas en todo, a aquellos síntomas que se sienten, cuando se pesca un resfriado común y corriente.

Entonces, ¿Esa enfermedad no tiene cura?

Sólo, si se descubre en las fases iniciales; desgraciadamente Yohmei se encontraba en la tercera fase, para cuando la detectamos.

Y ... ¿No existe un tratamiento alternativo, u algo para contrarrestarla?

Existen tratamientos, sí. Pero en su caso, la enfermedad se hallaba ya, muy avanzada; el virus había invadido su cuerpo casi por completo y los tratamientos sólo alargarían su vida unos pocos meses.... el desenlace sería inevitable.- La voz del doctor sonó algo triste al decir las últimas palabras, Anna compartió la tristeza de éste.

Entiendo.

Él no quería prolongar más su sufrimiento, y realmente lo único que le interesaba era el bienestar de su familia, que estuvieran protegidos después de su muerte. Pues como me imagino, que usted ya sabe, esa familia es muy poco convencional.

Claro, que estaba enterada de las excentricidades de la Familia Asakura, el mismo Yohmei Asakura la había puesto al tanto; sabía perfectamente sobre la pasividad de uno de los nietos del hombre y de la creciente ambición del otro; del matrimonio extraño y por conveniencia de Len, otro muchacho que hacía parte de la familia, y a quién él quería tanto o más, que a sus verdaderos nietos; de la volubilidad de la hermana de éste, y de los gastos desmedidos que realizaba su nuera, con tal de complacer todos y cada uno de sus caprichos.

Así que...- Las palabras del doctor irrumpieron de forma rápida, en sus pensamientos.

Fue su decisión.- Habló con firmeza completando la oración del buen doctor.

Y no podíamos hacer otra cosa, que respetarla.

Está bien, muchas gracias por su tiempo, doctor.

Fue un placer, Srta. Espero haber aclarado sus dudas.

Créame, ha sido de gran ayuda.- Anna se puso de pie, pero antes de marcharse una última pregunta llegó a su mente...

Sólo una pregunta más...

¿Cuál es?

¿Hace cuánto murió Yohmei Asakura?

Mes y medio, aproximadamente.

Otra vez, muchas gracias Doctor Fausto y.... lamento la molestia.- Anna estrechó nuevamente la mano del médico, que le miraba y le dedicaba una sonrisa.

No ha sido ninguna molestia Srta. Kyouyamma, al contrario ha sido todo un placer.

Bien, tengo que irme o llegaré tarde a la lectura del testamento.

Buena suerte.- Anna salió del consultorio, e inmediatamente el doctor agregó casi en un susurro...

La va a necesitar.

¿Qué rayos está esperando, para leer ese bendito testamento?- Jun Tao, prima de los gemelos y herederos Asakura, Hao e Yoh; miraba ya exasperada a su hermano Len, quién ya se encontraba más que acostumbrado a las constantes quejas de ésta, cuando no se hacía lo que ella quería, de inmediato.

Al parecer falta alguien.- Fue la cortante respuesta, que el chino le dirigió a su hermana mayor.

¿Alguien...? pero si estamos todos.

Su primo habló con su tranquilidad innata, a él nada parecía preocuparle.... mucho menos si a su lado estaba Jeanne, su novia desde hacía varios años; Jeanne era una chica muy bonita, pero lo que tenía de bonita también lo tenía de superficial y tonta. Lo único que le importaba a ella, era pasársela de fiesta en fiesta o comprando cosas que a la hora de la verdad, no servían para nada. Len jamás entendió esa relación, pues en común no tenían mucho, salvo quizá que su primo también era un consentido, que obtenía lo que quería sin mover un solo dedo.

Len observó a su tía acercarse al abogado, presionándolo para que empezara la reunión cuanto antes. A lo mejor tenía una de sus renombradas citas importantes, de seguro, había quedado con sus amigas de la alta, para pintarse las uñas o jugar canastas, derrochando el dinero en tonterías... como siempre.

Señor Marco, ¿Por qué no inicia la lectura de una buena vez?

Aquí falta una persona, y sin ella presente... me temo que no puedo hacerlo, Señora Keiko.

¿Qué?

Fue la única palabra, que la sorpresa le permitió emitir a Keiko Asakura. Mientras que al escuchar estas palabras, un joven muy apuesto, de castaños cabellos y ojos color café, que se encontraba apoyado en una de las paredes del cuarto, un poco alejado de los demás; salió del silencio en el que se había sumido, hacía ya un buen rato. Captando con esto, la atención de todos los presentes.

Pero toda la familia esta presente,... incluso hay gente, que no debería estar aquí.

No te metas con mi Jeanne, Hao!

Replicó Yoh, pues sabía que su hermano mayor se refería a su novia. A él nunca le terminó de caer bien, y había dicho aquellas palabras mirándola de una forma despectiva. Yoh lo conocía bien, físicamente eran idénticos y sólo los diferenciaba el cabello, que su hermano gemelo insistía en llevar largo; pero sus personalidades no podían ser más distintas.

Yo sólo digo la verdad.

Lo siento por ti, Hao... pero te aguantas. Yo sólo estoy aquí por Yoh, para darle mi apoyo.

¿Sí, como no?- Fue la tajante y sarcástica respuesta de Hao al comentario, de su futura cuñada. En ese momento, la voz cansada de Len, se hizo escuchar.

Y a todas estas, ¿A quién esperamos?

Por lo visto, a mí.- Anna apareció en el umbral de la puerta con expresión desafiante y una mirada tan fría y dura como lo había sido su voz, en el momento que emitiera esas palabras.


Continuara...