ENTERRANDO EL PASADO By: Darla Asakura CAPITULO III Y ES MI VOLUNTAD...

Anna miraba a todos desde el umbral, observó con disimulo a todos los presentes, pero luego de un minuto se echó a andar con esa seguridad tan característica suya, no le cabía la menor duda de que ninguno de ellos sabía quién era, así que era cuestión de tiempo para que comenzarán a reclamar por su presencia en esa sala. "Así son los ricos", pensó, "Siempre mirando a los demás como bichos raros, como seres inferiores"; sus pensamientos se reflejaron poco a poco en la realidad, en esas miradas desdeñosas e inquisitivas de las que era blanco en ese preciso momento, y casi predijeron el futuro cuando escuchó la voz de la señora Asakura, dirigirse a ella con la extrañeza de quién está siendo asaltado en su buena fé.

¿Usted quién es, ¿Qué hace aquí?

La señora Keiko no recibió respuesta alguna de la joven rubia, qué siguió caminando en dirección al hombre alto, que se encontraba en la parte delantera del salón. Así que Yoh, recogió las palabras de su madre, en una nueva oración.

Señorita, ¿Sabe qué esta es una reunión privada?

Anna continúo su camino, sin detenerse siquiera a mirar al chico castaño que le hablaba, tenía muy claro que si quería mantener cierta autoridad ante ellos, debía empezar por hacerles ver, quién mandaba o ... mandaría, de ahora en adelante; en cualquier caso, debía sacarle provecho al máximo a la ventaja que poseía, al conocer de antemano, el contenido de aquél papel.

Oye tú, ¿Quién te crees que eres para ignorar así... a MI YOH?

Una chica de hermoso cabello plateado y ojos rojos, a quién al parecer le disgustó su actitud, le salió al paso; la forma como le miraba,... Ja, y como recalcó las dos últimas palabras hicieron que Anna reprimiera una risita sarcástica, que empezaba a formarse en su garganta. Le miró con un destello de desprecio, en sus hermosos ojos color azabache; suyo... que tontería, nadie le pertenece a nadie, se dijo para sus adentros, ¡qué estúpida y diminuta es, pero claro todos los enamorados piensan igual, se creen dueños del mundo y del corazón de la persona a quién aman o creen amar... pronto aprendería, la vida le enseñaría, como lo hizo con ella. Volvió su mirada al frente, y dirigió toda su atención al rubio abogado, quién se acercó presurosamente al lugar donde se hallaba.

¿Es usted la Señorita Kyouyamma?

Si.

Sígame, por favor. Puede sentarse aquí.

Dijo Marco, guiándola hacia una silla que se encontraba un tanto apartada, de aquellas que ocupaban los honorables miembros de la familia Asakura.

La estábamos esperando para dar inicio a la reunión...

Tenía otro compromiso.

Lo interrumpió Anna bruscamente, dejando claro que tenía otras cosas más importantes qué hacer. Jun se levantó de su silla, con aire de ofendida...

La estábamos esperando ... a ella!

Su voz fue secundada por la de su tía, qué miraba incrédula al abogado.

Señor Marco, ¿Podría explicarnos esto?

Si, por primera vez estoy de acuerdo con mi tía, ¿Quién es esta Señorita y qué clase de relación tenía con Yohmei?

Unos ojos muy verdes con destellos dorados, se clavaron en los suyos, Anna no se sintió capaz de alejarse de esa fría mirada, que realmente no reflejaba nada, por lo que le perturbaba un poco sentirse el blanco de ella.

Ella, es la Señorita Anna Kyouyamma, y de lo único que tengo certeza es que su abuelo insistió, que su presencia era fundamental en la reunión y que si por alguna razón la Srta. Llegara a faltar, ésta debería ser suspendida... incluso lo dejó por escrito.

El abogado contestó a la pregunta de Len, de la mejor forma que pudo y en ese momento agitaba el papel del que había hablado, con la mano derecha. Jun le arrebató el papel de las manos, y sus ojos verdes, se abrieron desmesuradamente al comprobar que lo que Marco afirmó era cierto.

Pero esto es ridículo... me niego rotundamente a tener que depender de una aparecida.

Anna conservó su mirada impenetrable y el helado tono en su voz, ante el fallido intento de la chica por ofenderla, pues obviamente lo dijo a propósito.

Podrías dejar el escándalo... ya me empiezan a zumbar los oídos, pareces una guacamaya.

Jun se puso roja de la ira, ¿quién demonios se creía que era esa... intrusa, para tratarla de esa forma?

Eres una altanera. Tú no eres nadie, para hablarme de ese modo.

Jun...

Su hermano la interrumpió sin alzar la voz, pero con una amenaza latente en ella. Jun hizo caso omiso a esta y se dispuso a enfrentar a Anna por su atrevimiento.

Te voy a poner en tu lugar

Dijo furiosa, pero...

Basta Jun.

La voz de su hermano, bastante por encima de su tono normal, hizo a ésta detenerse a mirar a su interlocutor, observando que los ojos de su hermano tenían un brillo más amenazador que su propia voz.

Pero Len...

Qué te sientes, Jun.

Fue la cortante respuesta del menor de los Tao, ante el ruego en la voz de su hermana.

Jeanne, sintió pena ajena, pues se identificaba plenamente con Jun, eran muy amigas, pues eran igual de caprichosas. La aversión que sintió contra Anna, en el momento en que aquella, apareciera en la puerta de aquella sala, que en realidad era un estudio; aumentó inmensamente.

Viste amor,... como le habló a tu prima. En el lenguaje, se le nota lo arrabalera.

Si tú lo dices, Muñequita. Yo no conozco a ninguna arrabalera.

Le dijo su novio, tranquilamente.

Hao, quién se mantuvo al margen de la situación hasta el momento, se le plantó en frente a Anna, colocando su rostro muy cerca al suyo y le susurró con voz seductora.

¿Quién eres... eh?

Anna Kyouyamma. ¿Qué, no oíste?. Señor abogado, ¿Podría por favor, iniciar la lectura?

Agregó dejando de mirar a Hao, para dirigirle toda su atención al abogado, a quién hacía la petición.

De inmediato.

¿y ahora se cree con derecho a dar órdenes?

Exclamó Jun, aun molesta.

¿Por qué no lo dejan leer... de una buena vez, Jeanne y yo tenemos planes que no podemos posponer. Mamá...

La voz de Yoh, llenó la estancia, haciéndose escuchar.

Dime, cielo.

Di algo, necesito salir de aquí. No soporto estar encerrado por mucho tiempo... recuerdas?

La Señora Asakura accedió a la petición de su hijo favorito.

Señor Marco, no tengo el más mínimo interés en saber quién es esa chica, pero por favor, continúe.

Sería más fácil, si dejarán de interrumpirlo. ¿No lo creen?

Hao habló de nuevo, mientras se sentaba en una silla cercana a la de Anna.

Marco se preparó para leer el documento, que tenía en las manos.

Yo Yohmei Asakura, en...

¿Podría ir directo al grano, por favor?

Mamá!

La regañó Hao, porque eso si le pareció una total falta de respeto, para con la memoria de su difunto abuelo.

¿Qué.., yo sólo quería acelerar esto...

Lo lamento, señora Keiko, pero hay que leerlo completo.

Está bien, está bien. Sólo lea rápido, el bendito documento. ¿quiere?

Tamao se encontraba como ausente, con la cabeza baja y la mirada en el piso; aun no podía creer lo que sus ojos le estaban mostrando, era ella... era Anna. No podía encontrarse más nerviosa, ¿la reconocería, no, no era posible. Ellas nunca... jamás se conocieron personalmente, por lo menos. Porque ella, ella siempre estuvo presente, desde que se enteró del compromiso y su madre le enseñó la fotografía donde estaban juntos. Su esposo la miró detenidamente, parecía una hoja de papel, de lo pálida que estaba y no pronunció palabra alguna desde que Anna, hizo acto de presencia. Tamao no escuchaba las palabras que el abogado se empeñaba en leer, pero si, sintió los ojos de Len taladrándola. ¿Por qué tenía que sufrir de esa forma, ¿Por qué no podía simplemente, ser feliz?.

Dejo la totalidad de mis bienes, en dinero y en especie, así como todas mis propiedades a...

Las palabras de Marco hicieron eco en el estudio, el silencio era insoportable.

Anna Kyouyamma.

Buena jugada, abuelo.

Murmuró Hao, mientras que su madre se perdió en medio de su propia confusión.

¿Qué?

Keiko se desmayó al escuchar el nombre de la heredera, Yoh fue el primero en correr o más bien, saltar las sillas que se interponían entre su madre y él.

Mamá!

Gritó el muchacho.

¿No es posible... todo?

Jun se encontraba demasiado sorprendida como para atender a su tía que yacía a su lado, desmayada.

¿Quién rayos es ella, ¿una hija ilegitima o qué?

Decía Jeanne, quién comprendía a la perfección la frustración de su 'suegrita' y el porqué de su desmayo, llegando al lugar donde Keiko se encontraba en los brazos de su hijo menor, quién no sabía qué hacer. Tamao, estaba hincada a su lado, abanicando con las manos a la señora Asakura, en compañía de len y Hao.

Señor Yohmei,... ¿Por qué?

Tamao formuló esta pregunta en su mente, al tiempo que realizaba vanos intentos por que Keiko reaccionara. Yoh, estaba intrigado, si. Pero para él, lo más importante era su madre. Intercambió una mirada de preocupación con su hermano.

ya sabía yo, que haría algo por el estilo...

Expresó Len, sin el más mínimo de asombro en la voz al ver a su hermana, discutiendo con el abogado.

Esto no es posible, ¿tuvo que habernos dejado algo?. Revise bien.

Exigía Jun al abogado, casi gritando y zarandeando el papel que éste sostenía, en intentos fallidos por ver lo que contenía. Anna no se movió de su silla, no parecía sorprendida con lo que ocurría, con el caos en medio del cual, se encontraba. Es más parecía disfrutarlo, ¿Qué se traía esa chica, no parecía haberse sorprendido con la última voluntad de Yohmei?

Señora Keiko, despierte, por favor.

La voz de Tamao, captó por completo la atención de su esposo.

Jeanne, ve por las sales.

¿Quién yooo?

¿Qué... no puedes hacer ni eso?

Hao la miró con fuego en los ojos, no soportaba a esa hipócrita criatura.

Eres un imbécil.

Replicó la chica de ojos rojos, sin moverse todavía.

Jeanne, rápido!

Yoh la apresuró y ella inmediatamente salió a buscar las sales.

Anna no perdía detalle alguno de la situación y Marco aun trataba de convencer a Jun de qué todo eso si estaba pasando, cuando apareció Jeanne con un pequeño frasquito en la mano.

Aquí están las sales.

Dijo Jeanne, dándoselas a Tamao, quién inmediatamente intentó reanimar a Keiko con ellas.

Ya está reaccionando.

Informó la pelirrosada.

¿Qué me pasó?

Keiko habló medio mareada.

Te desmayaste, ¿estás bien, madre?

Le preguntó su hijo mayor acercándose un poco a ella.

Si, si... estoy bien.

¿Seguro, mami?

Si, mi vida. Aunque tuve un sueño bastante raro.

Todos se miraron extrañados.

Soñé que tu abuelo nos había dejado sin un centavo, por dejarle todo a una mujer... que nunca en mi vida había visto.

Un silencio sepulcral se apoderó de la sala, hasta Jun dejó de parlotear con el abogado y miró por primera vez, a su tía que aun estaba tendida en el suelo, apoyada en su hijo, quién cambió sospechosas miradas con su hermano.

Me temo que no fue un sueño, tía.

Len rompió el silencio que ya se estaba alargando demasiado.

¿Cómo?

Preguntó una confundida Keiko, que ya se incorporaba con ayuda de su hijo.

El señor Yohmei le dejó todo, a esa tal Anna.

Jeanne le explicó a su querida 'Suegrita', con una fingida ingenuidad.

Pero, no puede ser... nosotros somos su familia. ¿Quién es esa Anna... que nos arrebató lo que por derecho nos pertenece?

Ven mami, siéntate.

Yoh le acercó una silla a su madre, con mucha dulzura y una tierna sonrisa en sus labios. Hao por su parte, se acercó a Anna que comentaba lo ocurrido con el abogado.

Marco, ¿cree que es posible posponer el resto de la lectura para mañana en la mañana?

Hao habló claro y firme, pero al ver que el abogado dudaba en su respuesta y miraba a Anna en busca de aprobación. Se dirigió entonces a ella.

¿Está usted de acuerdo, Señorita Kyouyamma?

Si su madre, no se siente bien. Por mi parte no hay problema.

Marco los miró a ambos, era bastante razonable, así que accedió.

Bien, entonces será mañana a las 10:00 AM. Haga el favor de comunicarle... al resto de la familia. Me retiro, que tengan buena noche.

Que le vaya bien, Marco.

Hao y Anna, aun se miraban, parecían ajenos a todo lo demás. Ella era muy hermosa, tenía un carácter fuerte al parecer, nada que él no pudiera manejar... su piel blanca contrastaba perfectamente con el negro insondable de sus ojos y sus rojos labios, entreabiertos, como una rosa esperando al rocío,... y su cabello, tan sedoso que luchaba contra las ganas que sentía de acariciarlo. Era muy bella y podía apostar su vida a que también era muy inteligente. Anna se perdió en el marrón intenso de sus ojos, aquellos ojos que la estudiaban con atención, él era mucho más alto que ella y atlético, estaba en muy buena forma, ¿Qué haría para mantenerse tan bien, era fuerte se notaba, pero también se notaba lo dominante que era. Sin embargo no iba a negar que le atraía muchísimo, igual que la pequeña aura de misterio y masculinidad que le rodeaba. Mas no se sometería a un hombre como ese, no si podía evitarlo.

Con permiso... Hasta mañana.

Fue ella la primera en romper el contacto visual, que los unía. Si no lo hacía, terminaría enredada en sus emociones que se encontraban ya, a flor de piel.

Hasta mañana... Anna.

La última palabra quedó colgada en su mente...hasta qué...

Hermano, me ayudas?

Voy...