ENTERRANDO EL PASADO

By: Darla Asakura


CAPITULO VI

"LA EMBOSCADA"

¿Puedo pasar?

Anna sonrió cínicamente, y luego se hizo a un lado, cerrando la puerta tras Tamao.

Ahora... es Tamao Tao.

Es cierto, ahora... eres la esposa de Len.

Anna la miró fijamente, al tiempo qué preguntó.

Y dime Tamao... ¿a qué debo el honor de tu visita?

Tamao abrió la boca para contestar, pero Anna lo miró con desdén y dijo..

No, espera... déjame adivinar, viniste a exigirme que deje en paz... a Yoh. ¿No, es así?.

La hermosa chica la observó por un instante, antes de responder a la acusación de Anna.

No, no vine a exigirte nada... sólo a pedirte, qué por favor, lo reconsideres... Hao...

¿HAO?, y él... ¿Qué tiene que ver en todo esto?

Nada, sólo... es qué...

Mira Tamao, cuando coordines tus ideas hablamos; porque realmente, no estoy de ánimos hoy. Con Jeanne tuve suficiente...

El rostro de Tamao reflejó sorpresa.

¿Jeanne, estuvo aquí?

Sí. Vino hace un rato... y como todos supongo... al parecer se sorprendió con mi elección de marido. ¿No lo sabías?

Anna le habló con sarcasmo, estaba insinuando que Jeanne y ella...

No me pongo de acuerdo con ella. ¿Si es eso, lo que piensas?

Pero vienes por YOH, ¿o Me equivoco?

No. Pero no vine a exigirte nada. Sólo querías que tomarás en cuenta que Yoh está enamorado de alguien más... que le harías daño, si insistes en casarte con él.

La mirada de Anna, estaba vacía. Amor...ya se estaba cansando de esa palabra, cada vez, era más fastidiosa para la preciosa rubia.

El amor... nada tiene que ver con esto, y como aparentemente no pretendes irte, te escucho. Pero una cosa si te digo: ME VOY A CASAR CON YOH ASAKURA.

Le aseguró a Tamao, con vehemencia y seguridad. Quién no lograba entender a la mujer que tenía enfrente. Anna se dio media vuelta y ocupó un sillón, cruzando las piernas con despreocupación. Esperaba que el teléfono sonara, en algún momento.

¿Cómo que el amor no tiene nada que ver?. Anna, el amor es la base de todo matrimonio.

No de todos. El amor si existe, eso lo acepto. Tú y yo lo sabemos, ¡Mala suerte!, nos enamoramos del mismo hombre. Pero ese es el pasado y el pasado ya pasó. Supéralo.

Anna guardó silencio por un minuto, y luego continúo, mirando a Tamao. Estaba ya cansada, ese día parecía no tener fin.

Sin embargo... el presente es algo diferente, mi matrimonio seguiría siendo por pura conveniencia, independientemente de qué escogiera a Hao, en vez de a Yoh.

Sí, tal vez. Pero si hay una diferencia... Hao no ama a nadie, al contrario de Yoh, qué está enamorado de Jeanne.

Él no está enamorado de ella, sólo piensa que lo está.

Replicó Anna, de inmediato, con mucha tranquilidad. Tamao, no lo podía creer, como podía asegurar eso...

¿De qué hablas?, ¿Quién eres tú para juzgar eso?

Nadie. Pero es fácil creerse enamorado, sobre todo, si se piensa qué se es correspondido. Pero ella no lo quiere, y para cuando se dé cuenta... será muy tarde.

Anna habló con un dejo de ... quizá nostalgia, melancolía; si, eso era... melancolía.

¿Ella te dijo que no lo quería?

No... con esas palabras.

Tamao, siguió adelante y se sentó con desgano y cansancio, frente al sillón ocupado por su anfitriona.

Aunque así fuera, igual sufrirá.

Pero el golpe, será menos doloroso... qué después.

Entonces... Todo lo haces por él.

Exacto.

Anna sonrió triunfante, por lo menos, su antigua rival lo había entendido; pero una palabra llegó de repente a sus oídos, penetrando en su mente.

Mientes.

¿Cómo?

Anna se sorprendió, nunca antes había sido acusada de algo, con tanta seguridad. Y viniendo de Tamao, la sorpresa fue mayor.

Estás mintiendo. No lo haces por Yoh, lo haces por ti... le temes al amor y Hao te gusta.

¿Perdón?

Fue lo único que salió de la boca de la rubia, quién no daba crédito a todo aquello.

Lo qué escuchaste, tienes miedo. Tienes miedo... de qué si te casas con Hao, podrías terminar enamorándote de él.

Eso es ridículo.

Estás usándolo.

Tamao, agregó lo anterior, cómo si acabara de descubrir la pieza faltante del rompecabezas.

Estás usando a Yoh cómo escudo... para mantener alejado al amor, de tu vida.

Anna no lo asimilaba; pero ¿Qué diablos pasaba por la cabeza de esa chica?. Ella no lo estaba usando, o sí?.

Me dices qué deje atrás el pasado, qué lo supere. Pero tú, no lo has hecho.

Anna recuperó el control de sí misma, dejó la sorpresa aparte y volvió a su mirada de hielo. No dejaría que Tamao, volviera a pasar por encima de ella.

¿Y tú si?, porque Len no parece muy feliz. Ese hombre es maravilloso, Tamao. ¡Y tú lo has hecho... miserable!

¿Qué?

Cómo se atrevía, como podía Anna asegurar aquello...

¿Por qué te volviste a casar?, ¿Por qué?. Si aun amabas a Liserg... ¿Por qué casarte con Len?.

Tú no tienes ni idea... Anna.

Dijo Tamao, un poco atolondrada por las acusaciones que aquella mujer, no dejaba de formular.

Yo lo único qué sé, es que debe de ser...pecado, tener un esposo así, y no aprovecharlo.

Yo nunca me separé Anna, siempre he estado casada con Len.

Al fin, Tamao reunió la fuerza para interrumpir la lluvia de recriminaciones que caían sobre ella, en forma de cascada. Anna se sintió incapaz de seguir con estas...

¿Qué...?, entonces... él es...

El bastardo desgraciado y ruin... que le robó la novia a su mejor amigo. No encaja, en la descripción, ah?

Tamao le sonrió cínicamente, imitando a su querido esposo, sin querer.

No.

Anna articuló esto, de una forma seca y cortante.

Liserg... tiende a exagerar.

Sí, lo sé... creo que deberías irte. ¿Qué pensaría tu maridito si se da cuenta que te le volviste... a volar?, como lo hiciste hace cinco años.

Tamao quedó atónita ante aquel comentario, emitido de labios de la rubia.

¿C.. Cómo sabes eso?, Liserg te contó...

Yo, lo averigüé solita... ¿o cómo crees que te reconocí?.

Le preguntó Anna a la sorprendida de Tamao.

Creí que a lo mejor.... Liserg, te había enseñado una foto u algo. Porque yo vi tu fotografía en los diarios, mi madre me la mostró, cuando hicieron publico su compromiso.

Pues no, yo te vi en vivo y en directo. En la cita que le pusiste a Liserg... el día de nuestra boda.

Tamao, se puso rígida y su seguridad desapareció de inmediato.

Anna... yo...

¿Por qué crees que no me casé....?

Volvió a preguntar Anna, pero la pregunta dejaba entrever que la respuesta era obvia, por ti.

PERO ÉL NO TE IBA A DEJAR... él no...

La voz de Tamao, bajó bastante pronunciar estas últimas palabras.

Por eso mismo. Liserg es ante todo un caballero... jamás me hubiese dejado a esas alturas, aunque su felicidad dependiera de ello.

Anna prácticamente murmuraba, estaba como en otro mundo, los recuerdos dolorosos volvían una y otra vez.

Pero su felicidad, eras TÚ!

Estas palabras le supieron a hiel, porque tenía que ser ella tan hipócrita...

Ya no quiero hablar más, de eso; lo hecho, hecho está. Mejor vete... si Len, te descubre. Tendrás problemas... ¿te llamo un taxi?.

Tamao, entendió por el tono que Anna había utilizado, qué de su boca no saldría una sola palabra más acerca de su pasado en común.

No te molestes, yo lo llamo desde el lobby. Sé que no me debes NADA... pero por favor, por lo que más quieras, no le digas a Len... que fui a ver a Liserg.

Si len, llegaba a saber aquello, no dudaría un segundo en cumplir su amenaza, el divorcio sería inevitable.

No te preocupes, no pienso hacerlo.

Tamao se levantó y lentamente fue hacia la puerta, se detuvo un instante con la mano en el picaporte, sin voltear.

Aun pienso que debes casarte con Hao.

Y yo, aun pienso... que Len es maravilloso.

Respondió Anna, observando a la chica y sin moverse de su sitio. Tamao sonrió débilmente.

Yo también.

- SK -

Hao estaba sentado desayunando en la mesa con Jun, Tamao se encontraba comprando víveres en el centro comercial, le gustaba encargarse personalmente de aquella tarea. Len, obviamente ya estaba en la oficina, pero ¿dónde estaba keiko?.

¿Dónde está Mamá...?

Tu madre se siente mal, amaneció enferma.

Respondió su prima, con tranquilidad.

Llama a Fausto.

Ya lo hice, está en una convención o seminario... algo así; En Hokkaido. Pero ya llamé a un médico local, está por venir.

Hao miró a su prima, su mamá rara vez se enfermaba, aunque... era mejor no arriesgarse.

Bien. Cualquier cosa me llamas... estaré en la oficina.

Está bien, primito. No debe ser nada grave... quizá sea sólo estrés.

Hao se levantó de la mesa y salió de la casa, sin más. Jun lo miró, y sonrió para sí, tanto talento desperdiciado. Vaya. Corrió escaleras arriba apenas escuchó los neumáticos del auto último modelo de su primito, y entró al cuarto de su tía.

Estás lista.

Jun... no creo poder hacer esto.

Keiko la observó, Jun era increíble... tenía cada idea, pero esta las superaba a todas; los remordimientos empezaron a atacarla.

No te preocupes, tía. Ya llamé al médico... él nos ayudará.

¿Médico?

Se espantó keiko, como iba a actuar frente a un médico; se darían cuenta de todo, enseguida. Jun adivinó los pensamientos de su tía y la tranquilizó.

No es un médico de verdad, es un amigo mío... me debe un favor.

¿Uno de tus 'amiguitos'?... no creo que pueda engañar a nadie, menos a Hao y a Len.

Los amoríos que sostenía su sobrina, a diestra y siniestra... eran memorables. Y sus amigos... eran medio papanatas, no podrían engañar ni a una mosca.

Él es actor, tía. Y de los buenos... hará lo que yo diga, está loco por mí.

No lo sé, Jun... no quiero engañar a Yoh.

Jun notó la duda en la voz de su tía, no iba permitir que se arrepintiera.

Será por su bien y él de todos tía. Prometiste que me ayudarías, ahora no te puedes echar para atrás.

Está bien.

Muy bien, porque 'mi amiguito' no tarda en venir.

- SK -

El apartamento de Jeanne era sumamente lujoso, ella era rica y se notaba, porque todo lo que allí se encontraba, no costaba tres pesos. Yoh se dirigió a la habitación con una mesita portátil en las manos, "esto le va a encantar". Desayuno en la cama.

Buenos días, bella durmiente.

Exclamó el castaño con voz de príncipe azul, se había sentado en el borde de la cama, observándola; y esperó a que ella se despertara, tranquilamente. Con la mesita apoyada en las piernas.

Buenos días, Yoh.

Respondió Jeanne, con voz dormilona, y sonriéndole al percatarse del detalle de su novio.

No te molestaste anoche, por qué me vine a vivir acá. Verdad?

Por supuesto que no, amor.

Es que Hao... dijo que era lo mejor.

Jeanne, quedó pasmada.

HAO, él te dijo eso.

Sí, dice que me apoya en mi decisión.

La mirada de la chica se nubló, él no haría una cosa como esa, sin una razón.... era un calculador. Buscó en su mente, hasta que la halló.

Ja!, al parecer lo trae loco, ah?

Quién?

Pues quien va a ser, la rubia oxigenada, esa.

El dice que no lo hace por ella.

Jeanne desaprobó la ingenuidad de su noviecito.

Y tú le creíste? Por dios, es Hao. El nunca se preocupa por ti, no le importas.

No digas eso, él es mi hermano, claro que se preocupa, por mi.

Afirmó el joven con dolor en la voz.

No, mi amor. Es que tu eres muy bueno y no te das cuenta... tu hermano es un egoísta, le gustó la regalada esa y sólo te quiere quitar de en medio. Pero no importa, que se quede con ella; tú me tienes a mi.

Yoh negó con la cabeza... no creía a su hermano mayor capaz de aquello, pero...

No lo creo... no puede ser, pero sería una buena explicación.

¿Para qué?

Jeanne le miró extrañada...

Pues para su comportamiento, ayer se portó como el clásico hermano mayor, sobreprotector. Y él no es así.

Ves... no te lo dije, ellos son el uno para el otro, igual de despreciables.

La chica de cabello plateado no perdió esa oportunidad, para hablar mal de su cuñadito.

Si eso es cierto, y si ella lo trae loco,... puedo aprovecharlo a mi favor.

Jeanne lo observó con detenimiento, esas palabras habían salido de su boca... aprovechar, Yoh?.

¿Cómo?

Preguntó con gran curiosidad.

Haciéndole que me ayude a quitármela de encima.

Yoh tenía una mirada, que nunca antes vio en él, pero extrañamente familiar... por un instante podría jurar que aquél apuesto chico, no era su novio... sino su hermano; frío, distante, calculador... igual que Hao.

Yoh... no te conocía esa faceta.

No te sorprendas... después de todo, soy su hermano, no?

Ella sonrió, su ángel se estaba convirtiendo en demonio... y le gustaba.

Eres muy malo.

Se acercó a él, y le dio un beso.

- SK -

El timbre de la residencia Asakura, volvió a sonar. Tamao levantó el rostro para ver entrar a Kanna y a un hombre alto de cabello negro.

Señora Tamao

Dime Kanna

El señor busca a la señorita Jun.

A Jun?

Preguntó la joven, mirándolo un poco reticente.

Si, señora.

Fue la respuesta del ama de llaves, antes de retirarse, después de un ademán que le hiciera Tamao.

Buenas tardes... Señor. ¿En qué puedo ayudarlo?

Buenas tardes, yo soy el doctor Ryu; la señorita Jun me llamó para que atendiera a alguien.

Tamao lo miró, extrañada.

Nadie me avisó, sobre su visita.

Le dijo a Ryu, pero inmediatamente escuchó una voz a su espalda, contestar por él.

No creí qué fuera necesario.

Jun apareció en las escaleras, apoyada en el barandal y mirando a su cuñadita cómo si no existiera o no contara.

¿Estás enferma, Jun?

Tamao ignoró la venenosa mirada de Jun Tao.

Yo no... pero mi tía Keiko, no se siente bien.

Y por qué no llamaste a Fausto?

Lo hice. Está en Hokkaido, en una convención. Pero el doctor... aquí presente, es muy bueno en lo qué hace. Está muy recomendado.

Tamao insistió.

Porque no me dijiste que la señora Keiko, estaba enferma.

Pues... porque tú, estabas ocupada. y yo me puedo encargar de todo.

Como quieras, Jun.

Terminó por aceptar, Tamao. Lo que menos quería era entablar una discusión con su cuñadita, menos después de Len pronunciara la palabra divorcio.

Gracias.

Le dijo la chica de ojos verdes, con un sarcasmo pronunciado.

Por aquí, doctor...

Permiso.

Ryu se dirigió a Tamao, haciendo una breve reverencia con la cabeza, antes de seguir a Jun.

Adelante.

Jun y Ryu, entraron a la habitación de Keiko. Ella al escuchar abrirse la puerta volvió a la cama, lentamente.

Buenas..

es él?

Si, tía.

Ella miró al médico y luego habló nuevamente a su sobrina.

Y si no hay nadie... ¿a quién vamos a engañar?

Tranquila tía, con que Tamao lo haya visto, tenemos... por el momento. Ryu, tú ya sabes qué hacer, cuando bajemos.

Por supuesto, princesa... tengo que hacerle ver a la chiquilla bonita, qué la señora... aquí presente, está pasando por un período de total depresión...y todo debido a...

Las situaciones críticas de estrés... por las que atraviesa, entendido?

Ryu la miró, con una sonrisita diabólica formada en sus labios.

Claro... Jun, pero si no me dejaste terminar..

Confío en ti, más te vale no fallar... o te retiraré mis afectos.

Eso nunca, Colibrí. Déjalo todo en mis manos, ya veras como se la cree todita.

Y.. yo qué tengo que hacer?

Lo interrumpió Keiko, con incredulidad.

Usted mi señora, debe descansar...y no moverse para nada de este cuarto. Sin arreglarse, peinarse, ni salir de la cama.

A Keiko no pareció gustarle, esto último, pues hizo un gesto de desagrado. Al notarlo su sobrina le advirtió.

Debes parecer bien depre...porque si no Yoh, no se la tragará.

Además... cuando él la venga a ver, no vaya a mencionar el asunto ese... en lo absoluto.

Si. Es importante qué sea él.... quién llegué a su propia conclusión, conclusión que será la correcta... y la más beneficiosa, para todos.

Cuando Jun terminó de hablar vio el arrepentimiento, cruzar por los ojos de su tía.

Esto, no me gusta. Lo estamos empujando a los brazos de esa mujer.

No se trata de qué te guste, se trata de salvar a nuestra familia de la ruina. Así qué, tía por favor...

Lo voy a hacer. Dije que lo haría y lo haré, Jun.

Bien... entonces no se diga más. Depende de ti ahora... Ryu.

Manos a la obra.

Dijo el hombre, mirándola con malicia.

- SK -

Len y Hao, se encontraban en la oficina de éste último; intentando arreglar algunos detalles para el cierre de un negocio. Cuando hubieron terminado, Hao le comentó a Len que Yoh se había mudado a casa de su novia.

Tú, le dijiste que se fuera de la casa.

Sí. ¿No crees que hice bien?

Bien o mal. Él te hizo caso.

Era extraño, porque haría algo así, no era que Hao fuese... mal hermano, pero nunca había tratado de proteger a Yoh, ni nada... dejaba que se defendiera solo. Decía que eso lo haría más fuerte.

Y... tú, que piensas?

¿En serio, quieres saber mi opinión?

Si.

Pues, yo pienso que hiciste lo correcto. Pero... lo que me intriga son los motivos.

Qué? Me crees tan ruin, cómo para no preocuparme por mi hermanito.

Yo no he dicho eso, Hao. Pero no me dirás... qué la hermosa Anna, no tuvo nada que ver.

Lo estaba instigando, pronto lo haría perder la paciencia, Hao explotaba con facilidad, y además estaba acostumbrado a decir, todo lo que pensaba, sin vacilar.

Pues no.

Anda reconócelo, no tiene nada de malo.

No voy a negarte, qué ella me atrae.... me parece muy guapa e inteligente...

Y misteriosa, y orgullosa, con pose de reina, y bastante autoritaria y altanera; en pocas palabras... es tu tipo.

Hao no lo podía negar que todo lo que su primo decía era cierto, si alguien valoraba la opinión de Len Tao, ese era Hao Asakura.

Quizá.

Ay Hao. Por favor...

Pero no es para mí. Por algo, escogió a Yoh... y se me hace qué no va a cambiar de opinión. Pero me agradó la actitud de mi hermano... ustedes piensan qué es débil de carácter, pero yo no lo creo.

"De hecho, en el fondo, muuuy en el fondo; nos parecemos", reconoció el muchacho.

Yo no pienso que Yoh... sea débil, sólo es pacifico, es todo.

De igual forma, decida lo que decida, yo lo apoyo. Es mi hermano.

Me alegro por ti, ustedes se habían alejado mucho. Los hermanos deben ser unidos.

Dijo Len, con convicción.

Ajá.

Y, ¿qué tiene, la tía?

No lo sé. Está mañana no bajó a desayunar y Jun me comentó, que se sentía indispuesta.

¿La viste?.

No, no pude.

Esperemos, que no se enferme. Sería lo último, como para rematar... y cerrar con broche de oro.

Le dijo Len a su primo.

Ojalá que no.

- SK -

En su oficina el señor Oyamada, repasaba lentamente los papeles que su secretaria le dio para firmar; el teléfono comenzó a sonar... levantó el auricular.

¿Señor Oyamada?

La voz del otro lado del auricular, era la de una mujer... al parecer joven.

Si, con él.

Le tengo información, que creo que debe interesarle.

El hombre observó el teléfono con interés.

¿Quién habla?

Eso no es importante, lo único que importa es ...

Yo no recibo sugerencias, de alguien que no se identifica.

Aclaró ese orgulloso hombre.

Es sobre su hija, Jeanne... ¿aun no le interesa?

Hable.

Sabía que era un hombre inteligente... pongámoslo así: si se casa con Yoh Asakura... tendrá toda una familia más, que mantener.

¿Qué quiere decir con eso?

Dijo el hombre con interés disfrazado de apatía.

Los Asakura están en la ruina... su cuenta bancaria estará en ceros, en menos de lo que canta un gallo.

Volvió a hablar la voz no identificada.

Pero... como es posible eso?

El viejo Yohmei, los dejó sin cinco. No creo que sea conveniente, que su hija se case con un desarrapado... imagínese que dirá su circulo social al enterarse.

La mujer habló con cinismo bien marcado.

No puede ser cierto. ¿Como sabe usted, quien quiera que sea... eso?

Sino me cree, compruébelo. Yo qué usted comenzaría... ahora.

Y se oyó colgar inmediatamente la bocina.

Aló... aló.

A eso de las siete de la noche Hao y Len llegaron juntos, de la oficina. Jun estaba en la sala hablando con su cuñada.

¿Cómo la dejaste?

Preguntó Jun a su cuñada, con algo de preocupación en la voz.

Aun no quiere comer. La veo mal.

Está mal, ya escuchaste lo que dijo el doctor... es mejor dejarla descansar, sin presiones.

Esto está mal, ella nunca se comporta así, ya debería estar con sus amigas... o en el club, pero cuando la llamaron ni siquiera atendió el teléfono.

Tamao estaba de verdad preocupada, Keiko se veía decaída... y no comía.

Sólo está estresada.. ya sabes las preocupaciones. No le contaste lo de Yoh, ¿verdad?

Como se te ocurre, le digo que se fue de la casa y empeoro la situación. ¿Pero que vamos a hacer... cuando pida hablar con él?.

Pues tendremos que llamarlo.

Dijo la aludida, con un indefinido brillo en sus ojos verdes, que la rosada no supo identificar.

No hay de otra.

Respondió.

En ese momento, entraron Hao Y Len.

Buenas noches. ¿Mamá está mejor?

Me temo que no... no ha querido salir de su habitación.

Declaró Tamao. Mirando a Hao

Ya me estoy preocupando.

A Jun se le ensombreció la mirada. Dando pie a la pregunta de su hermano.

¿Y qué dijo el médico?

Que era el efecto del estrés y las presiones, nos preguntó si estaba todo bien... en la casa.

Tamao fue quién respondió a la pregunta de su esposo, observando a un pensativo Hao.

¿Y qué le dijeron?

Volvió a preguntar, secamente.

Qué atravesamos por una pequeña crisis familiar... qué más.

Esta vez fue Jun, la que respondió con candidez.

Es un completo desconocido, no podíamos dar detalles.

Aclaró la chica de cabello verde.

Voy a verla.

Hao habló, al fin.

Se acaba de dormir, Hao...

Le dijo Tamao, mirándolo con cierto interés... se veía mortificado y Dios!, era Hao.

Aun no sabe lo de Yoh... no lo creímos conveniente.

Dijo ésta cuando hubo llamado la atención del chico de cabello castaño.

Hicieron bien, eso complicaría las cosas.

Hao apoyo aquella decisión. Luego, agregó.

Bien, me voy a dormir.

No vas a cenar.

Jun miró a su primo, cuando éste hizo ademán de marcharse.

No tengo hambre, hasta mañana.

Fue su respuesta.

-SK-

El señor Oyamada se dirigía a su hijo mayor, Manta. Él era un muchacho rubio, que lo miraba con algo de malicia brillando en sus grandes ojos.

¿Hiciste la tarea asignada, hijo?

Voy a obtener créditos, padre.

Cuéntame.

Dijo el hombre, mirándolo.

Tenías razón. bueno, 'la voz' ... tenía razón.

En la ruina, ¿estás seguro?

Completamente. Cuando te he fallado.

Nunca....

El joven se sentó frente a su padre y cruzó las piernas, con mucha seguridad.

Difícil de creer... pero mis fuentes son las mejores, jamás se equivocan.

¿Cómo?

El viejo les dejó sin cinco... aparentemente, todo pasará a manos de una tal, Anna Kyouyamma.

Kyouyamma?, no me suena.

No tiene porqué... hace años se fue de Japón, inició una compañía inversora en el extranjero,... Italia.

No es una arribista.

El hombre alzó una ceja mostrando la curiosidad, que lo acechaba.

No, el dinero no le hace falta. Tiene mucho éxito en lo que hace.

Entonces... ¿qué tipo de relación sostenía con Yohmei?

Al parecer ninguna.... No dejarás que mi hermana, se case con Yoh, ¿verdad?

No... ya no me sirve ese matrimonio.

El joven sonrió, así era su padre. Tal vez, si fuese Hao y no Yoh, la cosa sería diferente, el mayor de los Asakura tenía agallas... pero era Yoh.

¿Cuando se lo dirás?

Cuando venga a pedir ayuda, para mantener su relación con el menor de los Asakura... la necesitará.

- SK -

Al día siguiente... Hao visitó a su madre en la habitación, le dio un beso en la frente mientras se sentaba a su lado, en la cama.

¿Cómo te sientes, hoy... Madre?

Mejor hijo. ¿Dónde está tu hermano?, no lo he visto...

Hao puso cara de no saber que decir.

Yoh... él está con Jeanne.

Acertó a decir, el castaño.

Cuando regrese, le dices que pase a verme... por favor, querido.

Por supuesto, madre... se lo diré. Qué te mejores, mami...

Keiko lo vio con ensoñación... mami!

Mami?... gracias, bebé.

Cuídate. Adiós.

Hao le dedicó una de sus bellas sonrisas, luego salió de la habitación y bajó las escaleras, parecía preocupado...

¿Ocurre algo, primo?

Me preocupa, mamá. Ella siempre está pendiente a verse bien, a salir con sus amigas, pero ahora...

Su mirada cambió, pareció perderse por un momento y luego continúo.

Además...

Sí?

Preguntó por Yoh..

No le dijiste, nada. ¿Verdad?

No.

Él respondió casi con un gruñido a la pregunta de su hermosa prima, cuyos ojos verdes parecían encendidos.

La veo mal, Jun...

Lo sé. Subiré a verla... a ver si se anima a salir, para ver si se entretiene.

Gracias, Jun.

Hola, eres una excelente actriz...tía. Felicitaciones!

Esto no está bien.

Keiko habló con una gran tristeza en su voz, ya no sabía ni que hacer... si dejaba las cosas de ese tamaño y luego la descubrían, sus hijos la odiarían... ya no podía hacer nada, sólo tenía una opción.

Hao... me llamó mami, no me dice así, desde que aprendió a amarrarse los cordones, él solito.

Jun sonrió, era cierto, su primo parecía errante y eso no era normal.

Quieres más pruebas?, eres buena!. Si lograste preocupar al insensible de Hao... imagínate a Yoh.

¿Dónde está él?, es raro que no haya venido aun, a verme.

Preguntó Keiko, ignorante de la determinación de su hijo.

Yoh se mudó.

¿Qué?, pero ¿Por qué?, ¿Adónde?..

Madre confundida... Keiko adoraba a Yoh.

Se encuentra refugiándose en los brazos de su amada, por supuesto.

Pero... ya vendrá.

Aseguró la peliverde, qué miraba a su tía.... todo estaba saliendo a pedir de boca.

- SK -

En la oficina de Len, entró una hermosa rubia, llevaba una camisa blanca y una falda negra, más o menos ajustada... que dejaba ver una buena parte de sus hermosas y bien proporcionadas piernas.

Buenos días, ¿se puede?

Adelante.

¿Cómo vas?

Bien.

Dijo el chico con naturalidad, como si eso fuera, algo de todos los días.

Len...quisiera seguir viniendo, para aprender más sobre el manejo de la empresa.

Claro, Anna. Te asignaré una oficina, y personal a cargo... cualquier duda, aquí estoy yo.

Presionó el botón del intercomunicador, y dio órdenes a su asistente de preparar una oficina para Anna.

Gracias, Len. ¿Y cómo está todo, por allá?, ¿como tomaron mi decisión?

El chico sonrió antes de responder a su pregunta.

¿Como crees?. Pusieron el grito en el cielo.

Supongo que Yoh, se negó.

Aseguró la chica, sonriéndole a su vez.

Rotundamente. ¿No te preocupa?...

En lo absoluto, tengo el presentimiento de qué cambiara de opinión.

Anna no dejó ver duda alguna, habló con seriedad y firmeza... ella estaba completamente complacida con la decisión tomada, por lo que Len no objetó nada. Y sólo se limitó a decir, cambiando el tema...

Déjame mostrarte, tu oficina.

Ok.

- SK -

A la oficina del señor Oyamada, entró la niña de sus ojos... casi corriendo. Le dio un sonoro beso a su papá en una mejilla, alegremente.

Hola, papi.

¿Como estás , nena?

La saludó el hombre con dulzura... medio falsa, puesto que tenía una idea de lo que su hija venía a pedirle.

Bien... yo siempre estoy bien.

Te ves muy alegre, ... pasa algo?

Yoh y yo, queremos adelantar nuestra boda.

Comentó Jeanne, sentándose.

Me temo, mi amor. Qué eso no se va a poder...

Le dijo su padre a Jeanne, que no parecía en nada preocupada.

Yo sé que eso, de las bodas de sociedad... llevan su tiempo, papi. Pero Yoh y yo no queremos esperar más.

Y dime... princesita, esto no tiene nada que ver con... la quiebra incipiente de la gran familia Asakura.

Jeanne abrió mucho los ojos, pero luego fingió no entender.

¿Qué?

No pensabas decírmelo... Jeanne?

¿No sé de que hablas?

Le dijo poniendo cara de niña buena. La cual, su padre ignoró... prosiguiendo.

Claro que lo sabes. No te puedes casar con él... yo no voy a mantener los caprichos de los Asakura, para que tú guardes las apariencias.

Ante esto, la bella joven se paró casi inconscientemente, y le aseveró.

No...papi, no. Yo quiero a Yoh!

Si, como no. Lo quieres porque tenías mi apoyo, pero ya no lo tienes... Jeanne. Y debes olvidarte... de ese matrimonio, porque no va a suceder.

Su padre habló con firmeza, no había duda de que esa boda no se llevaría a cabo, si de él dependía.

Tú, no puedes decirme que HACER.

Le increpó Jeanne, roja de la ira y apretando los puños tanto, que sus nudillos se pusieron blancos.

No?, pero si puedo mantenerte, o me equivoco?.

Fue duro, como nunca antes lo fue... con su pequeña princesa.

Pero papi...

He dicho que no, Jeanne. NO TE VAS A CASAR CON ÉL.

Y si lo hago, qué?

Lo desafió Jeanne, sosteniéndole la mirada, herida en su orgullo.

Atente a las consecuencias.

Fue lo último que escuchó de su padre, antes de salir de aquella oficina, con lágrimas de cocodrilo en los ojos... y llevándose por delante, a todo el que se atravesaba en su camino.

Comunícame con mi hijo.

¿Querías hablar conmigo?

La voz al otro lado del auricular... era la de Manta.

Tú hermana, cree que puede hacer lo que le pega la gana. Bien,... entonces que lo haga. Encárgate, Manta.

Ordenó, el Jefe de la familia Oyamada.

Será un placer, papá.

- SK -

Anna estaba recorriendo su nueva oficina, era grande, bellamente amueblada y con una hermosa vista, que en ese momento contemplaba absorta. Escuchó tras ella el sonido de alguien que tocaba su puerta.

¿Estás cómoda?

Anna miró al chico que se apoyaba en el marco de la puerta abierta, y la miraba con interés, llevaba una camisa negra con los tres primeros botones de ésta si abotonar, y uno pantalones también negros, con corte clásico que le quedaban perfectos en su esbelta figura; por alguna razón, su corazón comenzó a bailar un tango al observarlo, muy varonil... buscó en un recorrido mental una palabra, con la que definirlo, una sola.... y encontró perfecto. Tamao no podía tener razón, o sí?

No me quejo.

Len me informó, que eras nuestra nueva compañera de trabajo.

Exclamó el chico entrando, y cerrando la puerta tras él.

Eso espero.

Contestó la chica aspirando la colonia de él, que invadió de repente, toda su oficina... ¿Por qué demonios era tan consciente de su presencia?; era guapo, sí. Pero no era el único hombre guapo... al que ella conocía y trataba.

Bueno, bienvenida a bordo.

Agregó con una sonrisa seductora, ¿Seductora?... pero no la estaba seduciendo, sólo estaba dándole la bienvenida. Anna, Anna... no seas estúpida.

Gracias.

Murmuró ella, en el momento que un teléfono comenzó a timbrar. Era el celular de Hao y él contestó ávidamente.

Aló.. dime.

Su rostro se volvió una máscara sin emoción.

¿Cómo?

Llámalo.

Dijo el apuesto chico moreno, con voz más grave.

Hablamos.

Se despidió de la persona, que lo llamaba y luego volvió a guardar el móvil.

Pasa algo?

Anna estaba intrigada, Hao cambió por completo su actitud.

No. Bueno... es mamá, se está comportando extraño.

Puedo hacer algo.

No.

Fue cortante y seco, con su respuesta. Anna lo miró, era raro... podría haber jurado que nada podía inquietar a aquel joven. Pero se equivocó.

Si necesitas ...

Lo sé.

Adiós.

Adiós.

Anna se quedó pensativa, tanto habrá afectado todo eso a Keiko, o cabía la posibilidad de qué todo aquello fuera una vil mentira... una actuación magistral para presionar al menor de sus hijos.

- SK -

El teléfono del apartamento de Jeanne, sonó 3 veces, antes que Yoh contestará.

hola.

Yoh... tienes que volver.

Reconoció de inmediato la voz de Jun y no dudó en dar su respuesta.

No.

Tu mamá, no está bien.

La voz del muchacho antes tranquila, se apagó inmediatamente.

¿Qué tiene?

Preguntó preocupado.

Está algo enferma... y quiere verte.

Voy para allá.

Colgó el auricular y salió, sin pensarlo dos veces.

Tras media hora de camino, por fin llegó a su casa. Entró corriendo a toda prisa, y encontró a Tamao en la sala.

Buenas, Yoh.

Tamao, ¿Dónde está?

Arriba con Jun.

Tamao miró al pobre de Yoh, como no tenía suficientes problemas ya.... Keiko tenía que enfermarse. Por su mente jamás pasó la idea de que la madre del chico, pudiera jugar con algo tan delicado como es la salud.

Yoh... ten cuidado con lo que dices, está muy susceptible.

Lo tendré en cuenta.

El chico subió las escaleras con rapidez, al llegar a la habitación de su madre encontró la puerta entreabierta.

Mamá?

Yoh...

Respondió su madre, que estaba en la cama. Jun alzó la vista y miró al muchacho que estaba hasta despeinado por la carrera.

Los dejo para que hablen.

Gracias, Jun.

La chica salió de la habitación, enseguida y cerró la puerta.

¿Cómo te sientes?

Yoh se sentó a su lado y la miraba fijamente.

Yo, estoy bien. ¿ Por qué te fuiste?

Yoh... la vio, no podía dejarla, su mamá lo necesitaba y mucho.

Eso no importa, lo importante es que estoy aquí.

Gracias por venir... ven, dale un beso a mamá.

Keiko alzó los brazos, para recibir a su hijo.

Yoh... yo te quiero, hijo.

Dijo mientras lo abrazaba, y él le daba un beso en la mejilla.

Ya, mami. Te vas a poner bien.

Si, sólo quiero que te quedes conmigo. ¿Te quedarás?

Le rogó, su madre.

Me quedaré.

Dijo dulcemente el chico castaño a su madre.


Continuará...