By: Darla Asakura
CAPITULO XI
CADA QUIÉN, CON SUS PROBLEMAS
El filo de la navaja brilló bajo los escasos rayos de sol, que se aventuraban en aquel callejón abandonado y al ver el movimiento, Horo-Horo entrecerró los ojos para esperar el lance, el cual temía sería certero que aseguraba con ser el final... el alivio a todo su dolor y sufrimiento, pero este no llegó.
Abrió los ojos, al escuchar el quejido lastimero del hombre que antes pretendía atacarlo, en el momento indicado para verlo caer aparatosamente sobre unos botes de basura; la navaja que el sujeto en cuestión sostuvo, yacía ahora a sus pies. La observó un instante anonadado, mas el sonido familiar de cosas chocando con otras y de golpes secos, acompañados de gritos y alaridos de dolor y pánico; captaron por completo su atención haciéndole levantar la vista.
Entonces la vio, una figura al parecer humana, contextura delgada y como de un 1.60 metros, era todo lo que lograba distinguir. El desconocido intervino dominando la pelea, se movía con una agilidad casi felina, poseía además una gran fuerza, suficiente por lo menos para masacrar a golpes a los supuestos asaltantes.; a quienes, atacaba con brutalidad y fiereza, pero al tiempo con una tranquilidad innata, se notaba que disfrutaba poniéndolos en sus lugares.
Los gigantes mal encarados que atacaron a Horo, poco a poco cayeron como moscas, uno a uno ante aquel desconocido que le había salvado la vida; a quien a simple vista superaban en fuerza y tamaño. Cada golpe que asestaba, cada uno de sus movimientos, eran realizados con una seguridad increíble y daba la impresión de ser fría y supremamente calculados por lo efectivos... en menos de 10 minutos, todos se encontraban ya, inconscientes.
Horo no daba crédito a sus ojos, ese sujeto "quien quiera que fuese", tenía que ser mínimo experto en artes marciales, pues era un hombre muy fuerte.
El amable extraño se acercó despacio al ainu de los cabellos celestes, que se hallaba sentado en el piso, con la espalda apoyada contra la pared del bar, en el que horas antes había intentado sin éxito ahogar su llanto en licor.
Tenía la mirada lejana, pero aun clavada en la silueta que a él se acercaba... el extraño llevaba zapatos deportivos de tela, rojos con los cordones sueltos, unos jeans con rotos en las rodillas, bastante desgastados y descoloridos, algo ajustados, la figura que aun no distinguía del todo, se detuvo justo frente a él... agachándose, recogió la navaja que se encontraba cerca de los pies del joven, al que le dolían todos los músculos del cuerpo, gracias al agotamiento físico que sentía.
El joven ainu hizo un intento sobrehumano al tratar de levantarse... pero no pudo moverse, unas manos lo detuvieron manteniéndolo en la misma posición. Los ojos oscuros del muchacho, quedaron fijos en las manos, que le presionaban suavemente por los hombros; podría jurar que eran las manos de una chica, pues eran pequeñas, finas y delicadas...
No te muevas, podrías tener algo roto.
La sonora voz femenina le comprobó su hipótesis, él, el fuerte y rudo: Horokeu Usui, fue rescatado de manos de unos truhancitos de barrio por una mujer... ¡eso era imposible, no lo aceptaba.
Alejó de él, los brazos que aun lo mantenían en aquella posición, poniéndose en pie... sólo para ver como su vista ennegreció repentinamente, precipitándose pesadamente hacia el suelo.
Hao no podía dejar de mirar a su hermano gemelo, esa proposición era por demás obtusa...
¿Estás loco?
¿Tendría que estarlo?
Le respondió Yoh, como si aquello fuese lo más natural del mundo.
¿Para proponerme algo así, déjame pensar... sí.
No es nada del otro mundo.
Es tu esposa, Yoh.
Repuso Hao, aun no creía que su hermano, su inocente hermano, le propusiera seducir a su propia esposa...
y?
¿Cómo qué y..., porqué mejor no te das una ducha de agua helada, a ver si se te quitan esas ideas maquiavélicas de la cabeza.
Le ordenó su hermano mayor.
Pero él tenía razón.
Hao parecía confundido ante las palabras de Yoh... ¿De quién rayos hablaba?.
¿Quién?
Maquiavelo, ahora lo entiendo. Nunca antes lo pensé, pero tenía razón en todo... "El fin justifica los medios", o si no; pregúntale a ella...
El mayor de los Asakura, miró a su hermano como si se tratase de un desconocido...
Yoh... me estás asustando; estás trastornado. Ahora me dirás, que la asesinarías... con tal de no soportarla.
El joven de cabello corto, quedó pensativo por un momento, sólo para añadir después.
No había pensado en eso... es bueno tener opciones.
Hao lo miró, horrorizado por sus palabras.
Tú no eres mi hermano, te desconozco.
Ay, por favor, Hao; claro que lo soy. Sólo digo que no hay contemplado esa posibilidad, es todo.
Afirmó Yoh con una tranquilidad supremamente asombrante.
Llegarías a tanto, sólo para deshacerte de ella... para poder estar con Jeanne.
Le dijo Hao a su hermanito, con algo de aprehensión. La mirada de Yoh se cubrió de sombras, como jamás la había visto, bueno... exceptuando el día de su boda, por supuesto.
¿Jeanne¿Quién es Jeanne?; no conozco a nadie con ese nombre.
Yoh habló como si aquello fuese cierto, como si jamás en la vida hubiera escuchado ese nombre, lo que sorprendió aun más a su hermano.
Aun no me has contestado.
En serio necesitaba una respuesta, Yoh de verdad que estaba loco... Hao hizo ademán de marcharse, pero su hermano menor lo sujeto del brazo.
Suéltame.
Le dijo Hao, quién ya sentía hervir la sangre en sus venas, soltándose en un solo movimiento.
No puedo creer que hayas caído tan bajo, como para utilizar esos recursos... tan sucios.
Le espetó a su hermanito, a lo que este respondió con total convencimiento y orgullo.
He aprendido del mejor.
Al escuchar esas palabras de boca de su hermano, Hao terminó perdiendo por completo la cabeza, golpeó a Yoh directamente en la mandíbula, provocando la pérdida del equilibrio del muchacho... que cayó de inmediato al suelo.
No lo vuelvas a repetir..
Le advirtió, dándose la vuelta para alejarse; mientras escuchaba las recriminaciones que su hermano le hacía.
Eres un estúpido, Hao... ya sabía yo que no podía contar contigo; eres un mal hermano, el peor de todos. No te estoy pidiendo que te quedes con ella... por toda la eternidad, sólo que me la quites de encima y de paso, que la disfrutes...
Hao ya no podía pensar con claridad, olvido todo lo que iba a hacer aquél día... las palabras de Yoh, aun le daban vueltas en la cabeza. Él seguía gritando, sin levantarse y con la vista clavada en la figura de su hermano alejándose.
Vamos Hao, tú no eres ningún santo y yo sé... qué lo que más deseas, desde que Anna apareció... es hacerla aullar.
Hao tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano, para no dar marcha atrás y regresar donde estaba su hermano tirado, para darle una buena tunda; la tunda que se había ganado con su último comentario, pero en vez de eso continuo su camino sin detenerse, empuñando las manos, con fuerza excesiva... estaba perdiendo el control.
Hao!... HAO!
Los gritos de su hermano, seguían llegando a sus oídos... debía estar muy desesperado, para actuar de ese modo; Hao estaba furioso. Una puerta se abrió... y la pelirrosada fue la persona, que salió a su encuentro.
Buenos días, Hao.
Buenos días.
Contestó él, tratando de disimular su mal humor.
Ese que grita¿No es Yoh?
Preguntó Tamao, al oír los gritos del muchacho que el día anterior había contraído matrimonio.
Ignóralo¿quieres?; al parecer no le sentó bien el matrimonio...
Al parecer a ti, tampoco.
Dijo la chica dulcemente.
¿A qué te refieres?
Murmuró Hao, casi entre dientes.
Estás... eh,... ¿Peleaste con Yoh?
No.
Hao contestó apresuradamente, lo que lo delató.
Hao?
Está bien,... discutimos. ¿Por qué será que nunca te puedo mentir?.
La respuesta hizo sonreír a la hermosa chica de largos cabellos rosados.
No tengo idea... pero me halagas; él está extraño, actúa diferente... y luego ese matrimonio.
Hao suspiró.
Sí. ¿Len dónde estÿ
Abajo, me imagino... ¿y Anna?.
¿Qué pasa con ella?
Preguntó Hao, algo fastidiado¿Por qué siempre se la mencionaban?... entonces recordó la llamada que pretendía hacer, cuando se encontró a su hermano.
¿Bajará a desayunar?
La pregunta de Tamao, lo sacó de sus pensamientos...
No lo sé... y francamente no me importa, al fin de cuentas, ella es la nueva dueña, puede hacer lo que le plazca.
Aquello no era del todo cierto, si le importaba; era por eso... que debía hacer esa llamada, aunque no estaría mal, volver a ver a su ex.
sigue tú, Tam... me acordé que debo llamar a alguien.
No deberías ser tan quisquilloso, en cuanto a Anna... aunque no sepamos que planes tiene, no creo que sea tan malo.
Le indicó la chica rosa, a quién la aparente indiferencia de Hao hacia su nueva cuñada, no la engañaba. Él estaba más interesado en ella, de lo que pensaba.
Lo intentaré.
Volvió a suspirar Hao.
Te espero abajo.
Dijo Tamao antes de proseguir con su camino.
Jun lucía algo abatida, mientras se aferraba a la bocina del teléfono, como si esta se le pudiera escapar de las manos, en cualquier momento...
Entonces... no vendrás.
Hablaba en un hilito de voz, como queriendo esconder el dolor que se apoderaba de ella, lentamente; su hermano la observaba con el rabillo del ojo, desde el sillón que ocupaba, en su mirada se adivinaba cierta lástima. Sostenía un periódico entre sus manos, y de vez en vez, pretendía que lo leía.
Pero dijiste que volvías en un mes.
La dulce y melancólica voz de la chica de cabellos verdes, se volvió a escuchar con algo que se asemejaba mucho a la tristeza.
Jun nada. Eso dijiste hace seis meses...
Su tono de voz se elevó más de lo normal y entonces prosiguió prácticamente gritando, estaba muy alterada.
Sabes qué... Lee; por qué mejor no te olvidas de la boda, de una buena vez.
Volvió a callar por un segundo, pues de seguro se encontraba escuchando, lo que su interlocutor le decía.
Bien, has lo que se te dé, la regalada gana.
Terminó de decir, azotando el auricular con fuerza, al colgar.
Los ojos de Len brillaron con intensidad, al ver a su bella hermana, realizar aquel acto de crueldad para con el teléfono... y salir apresuradamente de la habitación. Saliendo Jun Tao tropezó con Tamao, quién al verla en ese estado le preguntó si no iba a desayunar...
Se me quitó el hambre.
Fue su respuesta, la pelirrosada observó a su cuñada, quién subía los escalones de dos en dos, y luego desapareció de su vista; después la chica retomó su camino, entró en el salón donde se hallaba su esposo, qué al escucharla entrar levantó la mirada del periódico que tenía en las manos y miró a su esposa.
¿Qué le sucede a Jun, por poco y me tumba..
Lee llamó, otra vez.
Eso lo explica todo.
Su esposa habló con tristeza marcada.
¿Por qué tu familia sigue insistiendo en arreglar, así las uniones?; el amor es algo que no se puede anticipar, mucho menos improvisar.
Dijo ella tomando asiento, frente a él.
Quizàporque nadie se ha opuesto todavía; ni han tratado de romper esa ridícula tradición... que no ha sido buena, para nadie...
Tamao sospechó hacia donde iba esa charla, había caído en una trampa que se tendió ella misma; sus sospechas fueron confirmadas cuando escuchó las siguientes palabras, de boca de Len.
Pero eso está a punto de acabarse, por que nosotros..
Pobre Jun¿Crees que lo quiera?
Tamao interrumpió de manera deliberada, la oración de su esposo. Len parpadeó un par de veces y aunque no pasó por alto el cambio de tema, respondió.
Tamao... tal vez, ella tiene una forma rara de querer; quería decirte que nosotros podemos ser los primeros en...
¿Anna... no ha bajado?
Tamao lo volvió a interrumpir, a propósito; quería evitar a como diera lugar el tener esa conversación con Len.
Creo que no; Tam, debemos hablar...
Voy a ver si todo está listo, para el desayuno.
Dijo la chica, levantándose rápidamente y dirigiéndose hacia el comedor, para zafarse de aquella conversación... sabía de sobra que Len quería hablar sobre el divorcio, pero ella no; había desterrado esa palabra de su vocabulario, hace mucho.
Cuando pretendía cruzar el umbral que daba con la otra habitación, un brazo muy fuerte la detuvo, posándose sobre su hombro...
¿Por qué me interrumpes?
Len la hizo voltear, para quedar frente a frente... la miraba directamente a los ojos; ella no podía ni quería, dejar de mirar los maravillosos ojos gateados de su esposo.
No sé de que hablas...
Mintió Tamao, algo nerviosa por la cercanía de su esposo y el escrutinio de esos hermosos ojos verdes.
Claro que lo sabes, cada vez que toco el tema del divorcio... tú, o me interrumpes, o cambias el tema... o huyes.
Insistió Len, con aire cansado.
No es cierto. No estoy huyendo, tengo que ir a ver el desayuno...
Tamao no hallaba una excusa válida, ese hombre era demasiado inteligente y se daba cuenta hasta de lo mínimo; por lo que, no entendía por qué era tan ciego con respecto a sus sentimientos...
De eso se encarga Kanna, tú no tienes que hacerlo...
Le aseguró Len Tao, a su esposa.
Pero quiero.
Len no le estaba dejando salida.
Vamos a hablar.
No.
Él la miró con extrañeza, no lograba digerir... la renuencia de su esposa.
¿Por qué?
Es qué... es qué..., no estoy de ánimos, no quiero hablar de eso, hoy.
Resolvió Tamao, tratando de soltarse de len, quién aun la mantenía sujeta.
Ni hoy, ni mañana, ni nunca. Si me dejo llevar de ti... no vamos a hablar de eso, jamás.
Dijo un ya exasperado, Len Tao.
Bien...
Fue la respuesta de la chica rosa, ante el comentario de Len.
Bien?
Repitió él, sin entender del todo la respuesta.
Sí. No hablemos de eso... nunca.
¿Qué dices?
Ella mantuvo su fría mirada, y por primera vez, en mucho... mucho tiempo; se le enfrentó, exponiendo libremente todas sus ideas.
Qué no quiero... no quiero hablar de eso, ni hoy ni nunca, y que si de mí depende, jamás obtendrás el divorcio.
Len pronunció su nombre con lentitud, para luego quedarse totalmente mudo...
Tamao... ah...
Tengo que ir a ver el desayuno.
Dijo por último la chica, soltándose del chino de los ojos verdes... a quién las palabras salidas de boca de su mujer, habían dejado atónito...
¿Por qué?
Emitió él, medio confundido, al ver como su pelirrosada esposa salía al fin, de la habitación.
Ella por su lado, respondió en un murmullo inaudible, la pregunta que Len pensaba no había alcanzado a oír.
Porque te amo.
Un suspiro se le escapó, al pensar en la respuesta que no atrevió, a pronunciar en voz alta, "hubiese sido tan fácil", se dijo a sí misma la bella chica.
¿Problemas?
Len estaba tan sorprendido por la actitud de Tamao, que apenas y escuchó la voz de su tía, le tomó varios segundos más percatarse de quién se trataba.
ah... tía. Los de siempre.
Dijo el joven, encogiéndose de hombros, restándole importancia al asunto.
Me alegra que hayas bajado¿Nos acompañarás en la mesa?
sí, hoy me siento un poco mejor... y quise bajar...
Repuso tranquilamente Keiko, la verdad era que desde que comenzó con su "enfermedad" casi no comía y moría de hambre. Además la curiosidad era insoportable... no podría quedarse tranquilamente en su cuarto, como si nada.
Espero que comas algo, te ves pálida y has perdido mucho peso...
Ya, estás igualito a Yoh... a propósito¿ya bajaron los recién casados?.
No, que yo sepa.
Len habló con tranquilidad, pero lo que en realidad sentía era fastidio.
Tengo curiosidad por saber, como les fue en su primera noche... juntos.
Yo me conformo con cerciorarme, que aun siguen con vida.
Le indicó Len, calmadamente.
Vamos al comedor.
Horo-Horo, empezó abrir sus ojos lentamente... no sabía donde estaba parado, bueno realmente acostado, era la palabra exacta; miró a su alrededor, se encontraba en una habitación bastante sencilla, pero aun así espaciosa.
Escuchó entonces una voz y buscó con la mirada a la dueña de ésta, la chica en cuestión, estaba recostada al marco de una ventana y observaba uno de sus zapatos con tranquilidad... al parecer, hablaba por teléfono con alguien.
Lo perdí... así como lo oyes.
Pues porque tengo un invitado.
Sólo digamos... que fue una visita inesperada.
Dejó de hablar por un segundo, sonrió y luego continúo hablando.
Eso no te interesa, o si?
Le preguntó la chica a su interlocutor... los rayos de sol, no le dejaban ver con claridad el rostro de la chica, de hecho el aun mantenía los ojos entrecerrados.
Bueno, entonces en media hora... no allí no; no querrás que te vean conmigo en ese lugar.
Pues porque tengo mi propio estilo y no pienso cambiarlo...
La escuchó explicarse.
En el parque, donde nos solíamos citar... Claro, viejos tiempos. Como olvidarlos!
Ella expuso alegremente. Luego dejo de mirar su zapato y fijó su vista en la cama, donde se hallaba Horo.
Está despertando... nos vemos luego.
Hizo ademán de colgar, pero otra vez, algo captó su atención en el auricular...
Ay, ya!... después te explico, adiós.
La mujer colgó el auricular y se acercó a la cama, donde estaba Horo.
Bienvenido de nuevo a la tierra, empezaba a creer... que no ibas a despertar.
¿Dónde estoy¿Quién eres tú¿Cómo llegué aquí?...
Ella se acercó un poco más y él pudo verla con claridad, era pelirroja, joven y en ese momento un brillo burlón bailaba en sus ojos... le sonrió tranquilamente.
Hey, hey, hey... hey, una pregunta a la vez, o si no, no podré responderte.
Él entendió a lo que ella se refería.
¿Por qué no estoy...?
¿Muerto?; pues por mala o buena suerte, depende de si querías morirte o no...
¿Tú me salvaste la vida?
Podría decirse, iba pasando por allí, por pura casualidad... porque nunca lo hago.
Le explicó ella, en un tono casi cantarino. Horo recordó entonces sus deseos innegables de morir... y dijo amargamente, mirando hacia un lado.
Debiste dejar que me matarán.
A lo que la chica respondió tranquilamente...
Yo no suelo hacer eso, pero aun tienes tiempo... ten.
Esta última palabra, hizo que Horo volviera a mirarla... la desconocida, de quién no conocía ni el nombre, le tendía la navaja, con la que fue atacado, más temprano esa mañana.
Hazlo tu mismo, yo no me quedaré a observarte... tengo que salir de inmediato, o llegaré tarde a mi cita.
Dijo ella, entregándole la navaja en las manos al joven de los cabellos celestes.
¿Cita?
Repitió él instintivamente, tomando la navaja que ella tan "amablemente" le tendía.
Sí..., y Horokeu...
El apuesto ainu, se sorprendió al escuchar su nombre; que fue pronunciado para sacarlo de su letargo... ella se hallaba cerca de la puerta.
Trata de no dejar un reguero de sangre, esa mancha es difícil de sacar... créeme.
Espera... ¿Cómo es que sabes mi nombre?
Revisé tu billetera.
Repuso ella, con una calma que ya la identificaba, pero que lograba impacientarlo... como nadie.
¿Sabes qué eso... es privado?
Sip. Ta Ta.
A la chica pareció no importarle, este último comentario... se disponía a salir, cuando... se detuvo con la mano en la manija, al escuchar nuevamente la voz del muchacho.
Oye... espera, me vas a dejar aquí solito; soy un total desconocido y... ¿Si te desocupo el apartamento?...
Yo no me preocuparía por eso... igual, no puedes moverte.
Le dedicó una sonrisita, algo maligna... al enterarlo de la situación que él había ignorado hasta ese momento, se hallaba muy golpeado... tenía razón, no podría moverse ni que quisiera.
Antes que pudiera recuperarse de la sorpresa, la chica pelirroja ya había desaparecido.
Notas de la Autora
Gothic-Punki: Como te puedes dar cuenta, no maté a Horokeu... él es buen chico, me cae muy bien. Siento que hayas llegado tarde al colegio, pero eso sí no lo puedo arreglar, y bueno aquí va el otro cap.; espero que te guste.. escucho opiniones, como siempre. Cuídate Hermanita y sayonara.
Annaangel: En realidad Horo está vivo y lo seguirá estando, yo y mis locas ideas, pero es que él quiere mucho a Anna, y por eso, siente que no tiene motivos para vivir... pero creo que eso está a punto de cambiar. Bueno... espero que te guste éste capitulo, gracias por tu review. Cuídate y sayonara.
Maeda Ai: Ya me había dicho Priss, que intentaría convencerte de que leyeras el fic... espero realmente que sea de tu agrado; a petición tuya y de todos los que me dejaron un review Horo-Horo sigue con vida... aunque debo confesarte que jamás pasó por mi mente, realmente, el matarlo. Así, no tendría chiste, quiero que sea muy feliz... si no es con Anna, pues será con otra...
Gracias, de verdad te agradezco este review... igual yo sabía que si era cierto que leías este fic, la cercanía de la muerte de Horo, te obligaría a hacerme saber tu opinión... igual espero que te guste, pero si no es así, no importa. Antes de que se me olvidé, déjame decirte que eres una excelente escritora, por lo que me halaga que te guste mi fic. Cuídate, besos...
Priss: Gracias por todo, siempre puedo contar contigo y tus magnificas opiniones. Bueno, tus ideas no están del todo equivocadas... esa si fue la proposición de Yoh, pero a Hao le pareció descabellada, y no es porque no la haya encontrado atractiva sino porque fue precisamente su hermano, quien se la hizo. Vamos a ver como termina todo, a Horo lo dejé en una pieza, bastante maltrecho sí, pero en una pieza... y ya se me están ocurriendo un par de alocadas ideas, que plasmaré en los siguientes capitulaos... cuídate y sayonara. Muchos pero muchos beshos...
Hanna Asakura: No, no lo maté... viste. Espera... no hagas juicios apresurados acerca del pobre de Yoh, lo que pasa es que está que no lo calienta ni el sol, Jeanne le hizo mucho daño y ya hasta perdió la fé en los seres humanos, que ahora le parecen falsos... por eso todos andan asustados con su nueva actitud, pero a lo mejor cambia, es que si no es así, esto pierde el chiste... se supone que Anna se debe ver enredada y yo facilitare eso. Gracias por todo... cuídate, nos leemos...
May SK: Que lástima que tu computador, no guste de mí, porque me gustan mucho los reviews... pero bueno, nadie es perfecto, por lo menos este me llegó, me alegro que te siga gustando el fic, siempre es bien recibida tu opinión... Gracias, cuídate y sayonara.
A todos aquellos que leen y leerán este fic... Mil gracias y espero sinceramente que les guste.
Cuidense y sayonara...
Darla Asakura.
