ENTERRANDO EL PASADO

By: Darla Asakura


CAPITULO XVII

"ACERCAMIENTOS"

Los ojos castaños que antes estaban fijos en la pantalla del portátil, dejaron su tarea de revisión para encontrarse con otro par de ojos idénticos. Hao Asakura sonreía mientras no dejaba de mirar a su gemelo, quién entró a su oficina sin previo aviso, reclamándole el hecho de haber visitado a su bellísima esposa; Yoh parecía decidido a obtener una respuesta, lo que hacía mucho mayor el interés, del muchacho sentado tras el escritorio de cedro.

Hola hermano.

Se animó a decir finalmente Hao, de una forma muy natural, como si aquellas furtivas visitas se realizaran todos los días, ese comportamiento era lo que siempre mortificaba a Yoh, al parecer nada ni nadie, jamás, podría quitarle esa arrogancia tan arraigada en el espíritu indomable, que poseía su hermano.

¿Qué hacías en la oficina de Anna?

Repitió Yoh, ya molesto por la sonrisa de suficiencia que aun mantenía su hermano. El otro castaño suspiró y se mantuvo en su posición, hablándole a su gemelo como si le estuviera enseñando una lección básica y sobreentendida.

Primero se toca y luego al entrar, cuando te permiten pasar... se saluda, pensé que seguías con buenos modales.

¿Me vas a responder?

Le demandó el muchacho frente a él, sin tomar en cuenta las anteriores palabras emitidas por el pelilargo, pero regalándole una mirada fría e intensa que el otro sostuvo tranquilamente, como si no fuera nada del otro mundo, pero que de inmediato se encargó de borrar la sonrisa sarcástica que insistía en mostrar hasta ese momento. El ambiente de aquella oficina se hizo más tenso en el mismo instante en que Hao se decidió a responder el interrogante de su hermano menor.

Fui a hablar con ella¿por qué¿me vas a prohibir verla?

Habló el moreno pelilargo con su seguridad de costumbre, acompañada de una ironía inquietante, al mismo tiempo que el desafío se reflejaba en sus ojos castaños.

No, por supuesto que no... pero todos la vieron salir alterada y...

Comenzó Yoh, encogiéndose de hombros, para así restarle importancia a las últimas frases de su hermano. Conocía a Hao como a sí mismo, sabía que parecía no estar enojado, pero que sin duda el atrevimiento que tuvo la noche anterior, de ir hasta su recamara sólo para ajustar cuentas, no se lo iba a dejar pasar. Por alguna razón cuando le comentaron sobre el estado en que su esposa había llegado a la oficina y del golpe seco que se escuchó en el interior de ésta, antes de que vieran salir a su hermano, no pudo evitar que aquello le provocara un extraño sentimiento de preocupación... las cosas estaban pasando de castaño a oscuro entre ellos dos y no le apetecía en absoluto, que nuevamente Anna terminara siendo el objeto por el cual, toda la rivalidad reservada hacia su hermano gemelo, saliera a flote, justo ahora.

Y fue fácil suponer que lo que la puso así, fue hablar conmigo. Error, hermano; ella ya estaba alterada, cuando fui a verla.

Le interrumpió Hao, antes de que él alcanzara siquiera a poner en orden sus pensamientos. Yoh lo miró entonces directamente a los ojos, y se limitó a decirle con total seriedad en su voz, muy diferente al tono antes utilizado, para luego darle la espalda y empezar su camino hacia la puerta.

No la molestes, Hao. Anna ya tiene suficientes problemas, como para que encima, tú le des otro.

Tan rápido te vas... Pensé que tal vez querías darme otro golpe.

Le dijo Hao, en un tono tranquilo y frío, al ver como éste se disponía a salir del lugar sin añadir ni una sola palabra más, a ese helado dialogo entre hermanos. Yoh se volvió al escuchar esas palabras de boca de su hermano, sabía perfectamente que Hao, no iba a dejar aquello así nada más y no se equivocó.

Me lo debías... ah, por cierto, Len se va a tomar unas pequeñas vacaciones.

Le informó tranquilamente.

Ah si?

Exclamó el otro, arqueando una ceja, en respuesta a la noticia que tan amablemente le había dado su hermano menor.

Sí, y yo lo reemplazaré.

No me digas... Tú, que sorpresa.

Agregó Hao con el mismo tono irónico usado anteriormente, pero al parecer sin intenciones de mortificarse por esos detalles.

Sólo te lo digo, para que te vayas haciendo a la idea de verme aquí, todos los días.

Le espetó crudamente Yoh, ahora era él quien le dejaba claro el desafío escondido en sus palabras.

Veo que las cosas están cambiando.

Afirmó el pelilargo sin inmutarse ante la actitud del otro.

Sí y van a cambiar, mucho más... Así que vete acostumbrando, hermano.

Le volvió a restregar el muchacho castaño que se hallaba de pie frente a él, con un aire de superioridad que su hermano nunca antes había notado en él.

Ya lo veremos, hermanito.

Rezó el joven sentado tras el escritorio al volver a ocuparse del portátil frente a él, luego de que su hermano gemelo, hubiera salido de escena sin más despedidas que un portazo.


Una chica pelirroja, cuyos ojos juguetones, parecían haberse apagado sin razón momentáneamente, gracias a la pequeña pero relevante discusión sostenida con el hombre a quien albergaba en su modesto departamento, se dirigió con paso vacilante hasta el lugar donde su mente le gritaba que se encontraba la persona, a quien le debía las dudas suscitadas repentinamente en su interior. La puerta se encontraba cerrada, pero ella podía darse una idea de lo que sucedía adentro de la habitación sin tener la necesidad de abrirla; Matilda resistió como pudo la tentación de entrar, el único ocupante de ésta, muy seguramente aun rabiaba y ella no se sentía en condiciones de tratar de convencerlo, para que no cometiera una imprudencia... en su estado... apretó los labios tanto que estos se volvieron lívidos, no entendía, no... no podía entender¿Por qué le debía importar lo que le sucediera a él, era obvio que su "visitante inesperado", no tenía intenciones de seguir soportando su presencia, aunque a ella le debiera el estar vivo, se lo había recalcado en la cocina... "Pero aun así... aun así no puedo dejar de pensar en lo que pueda ocurrirte¿Por qué?... esto no está bien... yo no debo, Cielo santo... ni te conozco", se reprendió a sí misma y cerró sus puños para convencerse de que lo mejor para todos era dejarle al destino trabajar tranquilamente y respetar la decisión de Horokeu, que al parecer no tenía reparo alguno en irse de allí lo antes posible y de hecho era el único de los dos que pensaba con claridad; se obligó nuevamente a alejarse de la puerta que daba a la habitación del departamento, para dar la vuelta y recoger sus pasos hasta la salita de estar, más justo en ese momento la puerta se abrió, cediéndole el paso a un muchacho alto y fornido, de ojos negros con mirada profunda y penetrante, que en ese momento parecía no estar fija en nada sólido. Ambos guardaron silencio por varios minutos, hasta que Matilda habló, sabiendo que no se había equivocado cuando adivinó las intenciones del ainu, que le miraba sin mirarla realmente.

Entonces... esta es la despedida.

Dijo pensando que tal vez el muchacho no quisiera responder, por lo que se sorprendió al escucharlo decir con voz firme.

Al parecer...

Las palabras de él, expresaban abiertamente su resolución, sin embargo no parecía notar la reacción que se desató en el interior de la mujer que tenía al frente y que por un momento logró reflejarse en sus facciones, se tornó más seria de lo que en el poco tiempo que compartieron le había visto.

Un encuentro con ella y huyes.

Murmuró Matty dejando de mirarlo, para darse vuelta y echar a andar hacia donde había tenido intenciones de ir, antes de que el apareciera en el umbral.

No se trata de eso. Ya te he dado muchas molestias...

Le aclaró el muchacho, siguiéndola de cerca, tanto que estuvo a punto de tropezar con ella, cuando Matty se detuvo en seco y lo encaró, tomándolo totalmente por sorpresa.

No recuerdo haberte dicho eso... mucho menos haberte echado.

Dijo ella, controlándose para no mostrar sus emociones.

Un buen huésped sabe cuando se está convirtiendo en una carga.

Afirmó él en un tono tranquilo y bajo, dando un paso atrás, pues habían quedado peligrosamente cerca y podía esta vez, percatarse de lo verdaderamente hermosa y atrayente que le resultaba Matty, más ahora... que por alguna razón parecía molesta, lo cual era sumamente extraño, pues él hubiese jurado que ella era incapaz de enojarse por algo.

Yo acepté cuidarte, yo quise hacerlo. Nadie me obligó... jamás te convertirías en una carga para mí.

Volvió a hablar ella, con total seguridad sin dejar de mirarle. Horo se pasó una mano por los despeinados cabellos con gesto impaciente, antes de elevar un poco más el tono de su voz, para que sonara lo bastante convincente, no quería ofenderla más, pero debía dejarle claro que su decisión no tenía vuelta de hoja.

Matilda, por favor!... Admite que lo único que buscabas al traer a Anna hasta aquí, era deshacerte de mí, de una forma elegante, por supuesto. No te culpo... me he comportado como un déspota contigo, te trato pésimo... te he gritado y hasta insultado.

Estabas herido, te sentías mal... Que la mujer que ames, se case con otro, no debe ser fácil de superar.

Le replicó ella de forma algo acelerada, su comportamiento actual le sorprendía incluso a ella misma. Debía dejar de intentar convencerlo, él tenía razón, ella fue con Anna porque las acciones de él, ya estaban empezando a afectarle su buen juicio, Horokeu Usui la estaba transformando en una persona normal, en una mujer que se dejaba amedrentar por tonterías, esa no era ella... así como ésta tampoco, la que ahora intentaba convencerlo de que se quedara a su lado. Se odió por portarse como una tonta, hasta él se daba cuenta de su cambio.

No trates de justificar mi comportamiento, ese no es tu estilo. Pero dime algo...

Horokeu dijo, confirmando las sospechas de la pelirroja, incluso él notaba que se estaba comportando extraño.

¿Qué?

Preguntó ella con desgano.

¿Cómo supiste de Anna¿Cómo la encontraste?

Le interrogó el muchacho de ojos oscuros, a su vez. Ella se vio forzada a ahogar una risita sarcástica dedicada a si misma, "Otra vez tú, Annita"... pensó antes de responder.

Tengo buenos contactos, fue fácil... con un nombre y una foto, todo es posible.

Dijo amargamente, dándose la vuelta para proseguir con su camino hacia el salón.

Si tú lo dices.

Escuchó decir a su espalda, Horo Horo la seguía casi sin darse cuenta.

¿No me crees?

Acertó a preguntar, sin detenerse a mirarlo y desviando sus pasos a la cocina con prontitud, al cambiar de parecer de un momento a otro.

No. Eres intrigante...

Matty lo escuchó detenerse y sintió su mirada clavada en ella, que se hallaba de espaldas a él. No quería verlo marchar y sabía que debido a la determinación de la que hacia gala ese hombre, no habría nada que ella pudiera hacer para que cambiara de decisión. Sin embargo y a sabiendas de que nada ganaría más que seguirse probando que se estaba volviendo idiota, en gran parte, gracias a su presencia, no pudo resistir el volverse para verlo, aunque esa fuera la última vez que pudiera hacerlo.

¿No te gustaría descifrarme?

Le retó ella, como si no conociera la respuesta de antemano.

No, prefiero que confíen en mí.

Dijo él, claramente, sin dejar espacio a una nueva provocación por parte de la pelirroja.

Entiendo. Estás decidido a irte.

Aquello no fue una pregunta, ella sabía de sobra que debía dejarlo ir, entonces... ¿Por qué no podía simplemente guardar silencio?

Así es... Ni siquiera he hablado con mi hermana, debe de estar preocupada, y Anna, ya debe haberla llamado.

Concordó él con la joven.

¿por qué no te quedas?... Por lo menos, hasta que sanes totalmente; si quieres, puedes llamar a tu hermana desde aquí.

Insistió la muchacha pelirroja, sin saber porqué le fastidiaba escuchar tantas veces el nombre de la Kyouyamma. Se notaba que Horokeu no tenía espacio para nadie más en su cabeza, todo daba vueltas alrededor de la rubia de ojos negros.

No puedo, lo lamento.

Se negó él a aceptar esa oferta, Matty suspiró resignada.

¿Te volveré a ver?

Interrogó ella, quedamente, como si el preocuparse por él le estuviera prohibido.

Con suerte, no... No pienso regresar a Japón, después de esto. Este país solo me trae problemas y malos recuerdos.

Exclamó el muchacho de cabellos celestes, en un tono seco y áspero. Cada vez que tenía noticias de Japón, eran malas; nunca nada relacionado con ese país, era para bien en su vida y sinceramente ya estaba por creer que al salir de allí, cuando era más joven, se había llevado consigo una especie de maldición, que lo perseguiría hasta la muerte y de la que no podía deshacerse nunca.

Cuídate.

Susurró ella, pues al fin su sentido común le había ganado la batalla al impulso de mantener al joven allí, aunque fuera contra su voluntad. La chica volvió a darle la espalda y por un momento no pudo moverse, como si hubiese un imán bajo sus pies; Horokeu se quedó un momento más allí, de pie, observándola... lo que le dijo a Anna era cierto, nunca antes había conocido a una persona que se le asemejara a la misteriosa Matilda Matisse, ella definitivamente merecía el calificativo de "fuera de serie", el muchacho de orbes oscuras, levantó una mano, con intención de despedirse de ella, le debía mucho, sobre todo porque se había comportado de manera insoportable todo el tiempo en que la mujer sólo le había dado un refugio para pasar su mal rato, pero cuando estaba a punto de tocarla se arrepintió y cerró la mano con fuerza, para dejar caer el brazo a lo largo de su cuerpo, dar media vuelta y salir de ahí deprisa, despidiéndose con una especie de gruñido.

Lo haré... Adiós Matilda.

La chica cerró los ojos de manera instintiva al escucharlo, más luego recordó algo y echó a correr en la misma dirección por la que había salido el joven, llegó al saloncito de estar y esculcó en uno de los cajones rápidamente, en el que encontró una billetera negra, a cuyo contenido echó una ojeada, antes de cerrarla y salir hasta el pasillo, por donde vio al muchacho alejarse ya.

Espera, Horokeu...

El grito de la pelirroja, detuvo al joven de Hokkaido cuando este se disponía a bajar los escalones que llevaban fuera del edificio.

Si?

Dijo él, volviéndose para mirarla acercarse.

Necesitarás esto. Ten.

Habló la chica en tono normal, como si él sólo fuera a comprar víveres a la esquina y hubiera olvidado la lista del mercado. Por un instante se sintió decepcionado, como si esperara que ella hiciera un último intento por no dejarlo ir, esto sólo duró un instante, antes de que comprobara cual era el objeto que le tendía Matty.

Por poco y lo olvido.

Exclamó él, desconcertado ante un descuido de tal magnitud, él no solía olvidarse de las cosas que consideraba importantes, acaso cabía la posibilidad de que de forma inconsciente por supuesto, buscara una excusa para regresar a casa de Matilda.

Todo está completo, no he tocado nada.

Declaró Matty, cuando él tomaba la billetera y la abría en su presencia, por lo que ella pensó que tal vez aun desconfiaba de ella. Bueno después de todo, así era él, huraño y desconfiado.

Porqué será que lo dudo. Si alguna vez, vas a Roma... búscame.

Dijo Horo Horo en un tono casual, casi risueño, al entregarle a la pelirroja algo que parecía ser un papel, Matty lo miró a él dubitativamente un instante, antes de bajar la vista para contemplar aquello que él le entregaba, era una fotografía suya, era extraño ella revisó antes la billetera del muchacho de cabellos azules, varias veces, por cierto, pero no recordaba esa foto, en la que él se encontraba sonriendo. Nunca antes le había visto una sonrisa y pudo analizar el efecto que ésta ejercía en él, dándole una calidez impresionante a sus facciones y mostrándolo más accesible... "debieron ser buenos tiempos...", pensó, dejando escapar una sonrisa traviesa.

Dicen por ahí, que con un nombre y una foto, todo es posible.

Murmuró él, quedamente, al ver la reacción de la chica cuando descubrió lo que le había dado.

No te vuelvas a meter en problemas, ya no estaré para rescatarte.

Dijo al levantar la vista para observarlo, así que después de todo si prestaba atención a lo que ella le decía.

Gracias a Dios... de esa forma, no tendré que soportarte más.

Le espetó él con tono de burla, pero sus palabras fueron interpretadas por ella, de manera diferente.

Lamento haber sido latosa.

Murmuró Matty, entre dientes, mirando hacia otro lado y dejando de sonreír. Él la observó detenidamente y luego se acercó a la chica, ladeó la cabeza un poco sin atreverse a tocarla, para ver su rostro y darle a entender que lo que había dicho era un comentario sin importancia.

Era una broma, no fue tan malo.

Le dijo con voz baja y tan dulce, que a la mujer se le erizaron los vellos de la nuca, debido a la cercanía del ainu. Matilda observó los labios varoniles como hipnotizada, estaban muy cerca de los suyos, puesto que él se había inclinado para observar el rostro que la joven insistía en esconder, entonces se regañó mentalmente por lo que había hecho y haciendo total uso de su férrea fuerza de voluntad levantó la mirada y se encontró con una expresión de desconcierto y confusión en el semblante de aquel joven.

Eh... pues, yo solo...

Murmuró él, sin saber realmente que decía... después de haberse quedado tan rígido como un trozo de madera, a causa de las dudas sin sentido que lo asaltaron al tenerla tan, pero tan cerca.

Hasta siempre, Horo.

Agregó ella, facilitándole el trabajo al verlo quedarse sin palabras. Dio media vuelta y recorrió el pequeño trayecto hasta su departamento, al que entró sin vacilar. Horo la observó, mientras se alejaba y al verla desaparecer tras la puerta, él también prosiguió su camino.

Adiós.

Musitó el fuerte muchacho, al tiempo que bajaba las escaleras que daban a la salida.


¿qué hacen?

Una voz femenina, que más parecía un susurro, interrogó a un hombre joven, que acababa de bajar un par de binoculares.

Al parecer se despiden...

Le respondió éste, alejándose de la ventana para acercarse a la muchacha, que había aparecido de la nada.

¿Ya averiguaste algo de él?

Interrogó nuevamente la voz dulzona y ausente de la mujer joven, sentada en un pequeño sillón, bajo la oscuridad que reinaba en aquel lugar.

Su nombre es Horokeu Usui, es un empresario bastante éxitoso. Es japonés, pero hace un buen tiempo no vive aquí... de hecho está residenciado en Roma, Italia.

Resumió él, llegando ya donde se encontraba la joven. Ella lo observó un instante, antes de añadir.

Qué interesante. ¿algo más?

Hoy en la mañana, salió temprano, sola... y regresó acompañada de una mujer, elegante y guapa. Estuvieron discutiendo... aparentemente por él.

Declaró el joven con voz helada, haciendo una mueca que parecía ser de desprecio, pero que no fue totalmente apreciada debido a la poca luz que había allí.

Las cosas están mejorando... es hora de que te devoren el alma, honey.

Dijo ella, levantándose del sillón maltrecho que ocupaba, para dirigirse hacia la ventana y descorrer un poco las persianas sucias que evitaban la entrada de los rayos solares.

Déborah... ¿en realidad crees, que podamos usarlo?

Preguntó con cierto dejo de desdén, el hombre que ocupaba ahora el mismo sillón que antes había utilizado ella.

Sólo hay una forma de averiguarlo.

Contestó la chica, dejando de verlo, para dedicarse entonces a mirar un poco a través de la ventana cerrada.


Una chica joven de hermosos y largos cabellos azules, vestida con total sobriedad, salió al encuentro de la rubia de ojos negros, que acababa de llegar a su nuevo hogar.

Buenas tardes, señora. ¿quiere almorzar?

Preguntó Kanna, a su nueva patrona.

No, gracias Kanna... lo que menos tengo es hambre.

Agradeció ella el gesto a la ama de llaves, una de las pocas personas en esa casa, que no se comportaba como si su presencia allí, estuviera de más.

¿y el señor Yoh¿no viene con usted?

Le interrogó la mujer, tranquilamente. Anna se preguntó si de verdad ella no estaba enterada de las irregularidades de su matrimonio, pero le respondió con naturalidad.

No, supongo que sigue en la oficina. ¿y estas maletas?

Hizo la pregunta al percatarse de un par de maletas, colocadas una al lado de la otra, cerca de la puerta.

Son nuestras, Anna.

Dijo Tamao, con voz soñadora, que hizo que la rubia le mirara con interés. La chica en cuestión se veía radiante, esbozaba una sonrisa y vestía unos pantalones blancos de gasa, y una blusa color azul celeste de tela suave y tirantes, con zapatos bajos y un hermoso sombrero blanco con un gran lazo azul, que le daba un toque elegante a su atuendo bastante casual, se veía resplandeciente debido a la gran sonrisa que le iluminaba... Anna detuvo su inspección, al encontrar al lado de la pelirosada a quien sin duda, era elcausante del gigantesco cambio que tuvo lugar en la muchacha. Lenvestía igual de informal que su esposa, llevaba unos pantalones negros y una camiseta verde oliva, que resaltaba aun más la majestuosidad de sus ojos ambarinos, mostrándose ante el mundo como el perfecto modelo del adonis; hacían realmente una bella pareja.

Se tomaron las cosas en serio, ah?

Acertó a decir la rubia, entornando sus preciosos ojos de ébano.

¿no era esa la idea?

Exclamó el joven Tao, con aires de inocencia.

Pues sí.

Estuvo de acuerdo ella, pasando la mirada de uno de los miembros de la pareja al otro.

Permiso.

Murmuró el ama de llaves de la familia Asakura, desapareciendo al instante. A Anna se le dibujó una sonrisa triste, pues estaba segura, de que aquella escena, que tanto ella como Kanna acababan de presenciar, donde Len y Tamao aparecían de la mano, si no era nada común en esa casa.

Adelante.

Alcanzó a decir la rubia, antes de verla desaparecer.

Anna... ¿te sucede algo?

La percepción de la señora Tao estaba en su mejor momento, se dio cuenta de que la rubia frente a ellos parecía preocupada o más bien abatida, por algo u alguien. Al notarlo Anna se apresuró a responder.

No es nada, sólo... hoy no ha sido el mejor de mis días. Y no fue por Yoh.

Terminó la oración de manera concluyente. Tamao y Len sonrieron por lo bajo.

Nadie dijo algo sobre él.

Murmuró Tamao, con voz dulce.

Pero lo estaban pensando.

Afirmó Anna con total seguridad.

Si necesitas ayuda, aun podemos posponer el viaje¿verdad, Amor?

Se ofreció Len, después de consultar a su esposa con la mirada.

No... eso si que no. Ustedes se van y punto, yo tengo todo bajo control.

No tardó en replicar la rubia al ofrecimiento hecho por el muchacho de los ojos verdes.

Len tiene razón, Anna... si tú quieres...

Trató de convencerla también Tamao, que cada vez le caí mejor a la rubia, de hecho se estaba encariñando bastante con la linda y dulce chica.

Quiero que se vayan y disfruten por una vez... vamos diviértanse.

Les dijo ella, dejando claro que no la iban a convencer.

No es sólo la oficina, también está la casa... Jun a veces se desboca, ya sabes, por lo de Lee.

Le aclaró Len Tao.

Pues si Jun se desboca, me tocará hacerla entrar en razón.

Dijo Anna sin cambiar su posición, ante la feliz pareja.

Vaya... al parecer suelen tener muchas conversaciones, sobre personas que no se hallan presentes.

La voz de Jun Tao, llegó a ellos de forma abrupta.

Hermana...

Comenzó él, pues no le gustó para nada el tono utilizado por Jun.

Lo que haga yo con mi vida, es problema mío. No tuyo, ni de tu adorada esposa, mucho menos de ella.

Dijo ella con voz supremamente helada y firme.

Jun, no fue eso...

Volvió a intentar darle una explicación, su hermano. Más la chica hizo caso omiso de sus palabras.

No, sé que no lo fue.

Dijo, mirándolos a todos, como tratando de decidir a quién matar primero, para luego dar media vuelta e irse, de la misma forma en que había llegado.

Lo lamento Anna, creo que te complicamos las cosas...

Murmuró Tamao, en un hilillo de voz.

Sabes qué, Tamao?... no te preocupes, la entiendo, debe ser horrible sentir que te controlan. Es gracioso, es la segunda persona que me grita que no me meta en su vida, hoy. Adiós chicos, diviértanse.

Le cortó la rubia, después de ahogar un suspiro. Volvió a verlos, se veían tan bien juntos, que hasta llegaba a sentir un poquitín de celos, debido a su situación tan peculiar y a la posición en que ahora se hallaba. Claro también ayudaba el hecho de que su mejor amigo, la hubiera mandado a la fregada sin ninguna clase de miramientos.

Cuídate Annita.

Dijo Tamao, cuyos ojos denotaban algo de turbación por lo que le escuchó decir a la rubia. Len también se despidió con un gesto de su mano libre y después de verla salir, se dedicó a observar a la dueña de su corazón.

Me preocupa dejarla sola...

Le comentó Tamao, al quedarse sola con su esposo, ahí en el vestíbulo.

Le has tomado mucho aprecio, en muy poco tiempo¿no?

Aseguró Len.

Digamos que le debo una... una bien grande.

Dijo la mujer de ojos soñadores como respuesta, pensando en que si Anna le hubiera contado a su esposo, que se conocían gracias a que ella había ido a ver a Liserg hace cinco años, nada de lo que había vivido en esas ultimas y maravillosas horas, hubiese sucedido y que muy seguramente el divorcio seria un hecho. Se estremeció de solo pensarlo, Len se dio cuenta y la abrazó.

A mi también me agrada. Es digno de admiración lo que hace, porque nadie necesita adueñarse de los problemas de los demás.

Le dijo él contra su cabello, cuando la chica le rodeó también con sus brazos.

Como siempre tienes la razón, amor.

Murmuró quedamente la chica de cabellos rosados, dándole gracias a Dios porque Len ni siquiera sospechaba, cual era la deuda que ella tenía para con Anna. Él sonrió y se separó un poco de ella para darle un dulce beso en los labios, antes de soltarle por completo y dirigirse al lugar donde le esperaba su equipaje.

Vamos.

Dijo y caminó llevando las maletas hacia el exterior de la mansión, donde los esperaba el auto, seguido de su bella esposa e ignorando que eran observados desde una de las ventanas, por un par de familiares ojos verdes.


Horokeu Usui iba pensando en las consecuencias que aquel viaje trajo consigo, nunca debió ir a Japón, para que le había servido, únicamente para verse humillado por la mujer que amaba, para darse cuenta que su destino no estaba a su lado y que nunca lo estuvo, sólo él pensó así; Anna jamás contempló aquella remota posibilidad, pero no había dudado en volver a su país natal tras ella, sólo para ver como un individuo, cuya existencia no había conocido, hasta ese día, le robaba todos sus sueños y luego, siguiendo un patrón ordenado de errores, no buscó otra solución al problema más que el alcohol, que le dio paso a otra decisión errada, la de aceptar una muerte que no llegó a probar, puesto que fue rescatado de su gran metida de pata, por una frágil y hermosa pelirroja, que terminó siendo muchísimo más fuerte que él y que ahora acababa de dejar atrás, para retomar las riendas de su vida. Sus pensamientos lo traicionaron al recordar el rostro de Matilda, momentos antes, cuando la sintió vulnerable, por primera vez desde que la conoció; no pudo evitar recordar lo que estuvo a punto de hacer... en ese momento le vinieron unas ganas inmensas de tomarla en sus brazos para ponerla a salvo, e incluso se vio a sí mismo deseando que ella nuevamente le dijera que podía quedarse a su lado. Debía estar perdiendo la poca cordura que aun le quedaba.

Suéltame, ya te dije que me dejes en paz...

Y yo te dije que vienes conmigo.

Los gritos provenientes de una de las callejuelas cercanas, sacaron completamente al ainu de sus pensamientos.

No... ya no quiero verte más, déjame tranquila.

Insistía una voz femenina, pero ahora sólo era un susurro, apenas audible.

Debiste pensar en eso, antes.

Le respondió su agresor cruelmente.

Dame eso... necesito...

Comenzó a hablar más entrecortadamente la mujer, como si se le complicara unir las palabras. Horo Horo ya llegaba cerca al callejón, de donde provenían las voces.

¿Qué, ah?... re...pi... te... me

Se burlaba el hombre, imitando a la chica que seguía insistiendo cada vez más débilmente.

Por... fa... vor, yo...

Se escuchó una carcajada llenar el lugar, justo cuando el muchacho de cabellos azules se asomaba a éste.

No te entiendo¿Qué dijiste?... ¿necesitas algo?

Volvió a hablar otra vez la voz masculina, con sarcasmo endurecido. Al fin Horo distinguió a las personas, aun antes de que la chica, sumamente afligida, le rogara que le entregara un objeto que aquel cruel hombre, sostenía como péndulo, muy por encima de su cabeza.

Dame... damelo, por... fa...

Suplicó ella, tratando en vano de alcanzarlo.

¿Qué sucede aquí?

Preguntó con voz firme y controlada, el muchacho del norte, al entrar completamente en la escena, pues no podía permitirse ignorar aquello, sin intentar ayudar a la muchacha. Después de todo, si Matty no hubiese hecho lo mismo con él, ahora mismo no estaría para contarlo.

Aquí no pasa nada, lárgate.

Le advirtió "cortésmente", el hombre que se dedicaba a torturar a la indefensa muchacha, después de dirigirle una mirada asesina, llena de asombro.

Mi... mi... bolso.

Señaló ella como pudo, el objeto que antes él no había podido reconocer.

Creo que eso no le pertenece, devuélvalo.

Exclamó Horokeu, acercándose aun más.

¿Y si no quiero?

Repuso el otro, sin darle un mínimo de importancia a sus palabras.

No ve que está mal...

Trató de hacerle recapacitar el chico de ojos oscuros.

Esa perra merece morirse... no deberías confiar en ella.

Añadió éste, mirándola con una expresión mezcla de desprecio y odio.

Dame... necesito...

Gimió otra vez la muchacha, aferrándose como pudo a la chaqueta que utilizaba el individuo en cuestión, que se tomó un momento para dedicarle una desagradable sonrisa llena de satisfacción, ante el estado de la chica.

Esta es la ultima vez que se lo repito, deme eso.

Volvió a intervenir el chico de los cabellos celestes, ahora lo suficientemente cerca de los dos, como para tomar cartas en el asunto.

No. Vas a tener que arrebatármelo.

Le espetó el otro fuertemente, dejando de mirar a la mujer, para dedicarle a él toda su atención.

Eso no es problema...

Dijo Horo, arremetiendo contra él con gran fuerza; de un solo golpe lo noqueó rápidamente, ante la estupefacta mirada de la chica castaña que no podía creerlo, pero que tampoco tuvo mucho tiempo para asimilar lo sucedido, porqueseguía sintiéndose mal, tanto que se dejó caer al suelo.

Señorita... ¿se encuentra bien?

Interrogó Horo, al verla desplomarse, mientras respiraba con dificultad.

No... necesito el... mi... inhalador, en el bolso.

Indicó ella, entrecortadamente, por la falta de aire.

Esto... tome.

Dijo él, al encontrar el pequeño aparatito, después de encargarse de rebuscar en el bolso, que el hombre a quien había golpeado, dejó caer a sus pies. Ella tomó rápidamente lo que él le tendía y se lo llevó a la boca.

Gracias... muchas gracias.

Murmuró ella, recuperando el aliento, que segundos antes le faltaba casi por completo.

¿ya se siente mejor?

Preguntó el chico amablemente.

Si... si, gracias. De verdad, no sé que hubiera sucedido, si usted... gracias.

Insistió ella, tomándole las manos con dulzura.

Déjeme ayudarla a levantarse. ¿Es asmática?

Dijo el muchacho del norte, cuando se disponía a ayudarle, para que pudiese ponerse en pie. La chica le miró y asintió despacio, después de fijar su vista un momento en el hombre inconsciente que yacía tirado a unos cuantos pasos de donde ellos se hallaban.

Sí, siempre llevo uno conmigo. ¿cree que deberíamos dejarlo allí?

Creo que el fresco le hará bien, ayuda a despejar la mente. ¿Seguro está bien, si desea puedo acompañarla.

Respondió Horo a la muchacha a quien ahora apreciaba mucho mejor, era de estatura media, bastante delgada, morena y llevaba el cabello castaño en una larga trenza. Su rostro, ahora tranquilo, mostraba candor y despertaba ternura, y daba la impresión de ser bastante frágil.

Vivo aquí cerca, ya hizo mucho por mí, no quiero quitarle más su tiempo.

Murmuró ella, dejando de mirar al hombre tirado a sus pies.

Pues... no tengo prisa. Quince minutos más, quince minutos menos... da igual.

Exclamó el muchacho sin más, ella aceptó su compañía con una sonrisa que hacía que dejara de parecer enferma, pues daba vida a sus facciones.

No pensé que todavía existieran caballeros en esta época.

Le dijo a él, mientras salían de aquella callejuela.

Creo que tengo complejo de héroe...

Repuso él, sonriéndole de forma encantadora, ella también sonrió, le miro una vez más y luego volvió a hablar con una vocecita de niña pequeña, sumamente dulce.

¿En serio, todos deberían tenerlo entonces, sería un mundo mejor.

Él la observó un momento, analizando cada detalle, parecía una chica inocente, así que no podía entender como pudo ese tipo, haberse ensañado contra esa preciosa criatura. No tenía idea de por qué, pero esa muchacha le traía recuerdos de su pasado, sus gestos, sus ademanes sinceros y traviesos, le hacían evocar a su hermanita en sus mejores días de adolescente.

Aquí es...

Afirmó ella, al llegar a la entrada de un viejo edificio de departamentos, muy parecido a todos los que se encontraban en la zona, incluido ese que él había decidido abandonar hacía sólo un par de horas atrás.

¿estará bien?

Se escuchó a sí mismo preguntar, sin poder evitarlo.

Eso creo. Él no es tan tonto, como para regresar, por lo menos no hoy.

Respondió ella, mirándolo directamente a los ojos, lo cual lo hizo sentirse incómodo.

En ese caso...

Empezó a despedirse él, tranquilamente, pero la voz de ella lo interrumpió de repente.

Oiga... ¿por qué no sube y se toma un té conmigo?

Yo no tomo té...

Fue lo único que atinó a decir él, ante la repentina invitación extendida por la joven, que lo miraba intensamente; ella bajó los ojos una milésima de segundo, antes de insistir otra vez.

Un café entonces... por favor, me gustaría agradecerle de alguna forma. Me defendió y ni siquiera me conoce.

Horo pensó en volver a negarse, pero ya no pudo al ver el ruego en el rostro de la chica, pues no quiso ser grosero.

No es nada... pero... un café estará bien, gracias.

Aceptó tímidamente el muchacho de hermosos ojos oscuros. La joven pareció animarse y de inmediato apareció una gran sonrisa en su rostro.

Vamos, suba.

Susurró ella, entrando ya al edificio, al que le dirigió una nueva mirada, antes de seguirla a su interior.


Una glamorosa muchacha alta y delgada, entró a un hermoso departamento ubicado en el centro de la hermosa ciudad de Roma, Italia, con ademanes que dejaban ver la furia que le consumía. Sus cabellos dorados y lacios, eran llevados en un corte irregular, muy moderno, enmarcándole el bello rostro aguileño y revelando el buen uso que la chica le daba a sus conocimientos en cuanto a moda; y para completar el cuadro de perfección que mostraba aquella joven, brillaban los fascinantes ojos de un color verde electrizante, de los cuales era dueña.

¿Por qué tan enojada?

Interrogó el hombre que se encontraba sentado con las largas piernas cruzadas, en el sofá del recibidor, sin siquiera levantar la cabeza de un gran paquete de hojas empastadas, las cuales al parecer leía.

No me salen las cosas como quiero... Pilika no quiso recibirme, y ni siquiera se tomó el trabajo de buscar una buena excusa. Odio que me hagan eso...

Respondió la chica, descalzándose y dejando a un lado el portafolios negro que traía consigo, antes de ir a sentarse al otro extremo del inmenso sofá de color blanco marfil, que reinaba en el salón. Él hombre levantó la vista entonces, dejando ver un rostro apuesto de rasgos fuertes bien definidos, y pudo observar a la hermosa rubia acariciar a un gran gato negro afelpado, que al verla llegar se había lanzado sobre su regazo y ahora no paraba de ronronear, en la esquina opuesta del sofá que ambos ocupaban.

Nena... no dejes que eso te ponga de malas, no creo que existan muchas personas capaces de sacarte el cuerpo.

Se obligó a decir él, dejando el voluminoso paquete, sobre una de las mesitas de té.

¿Querrás decir muchos hombres?... a propósito¿Por qué estás aun aquí, no se suponía que ibas a regresar al lado de tu princesa imperial china.

Le recordó ella con gesto tranquilo, dejando atrás enseguida el mal humor, al decir aquellas palabras, mientras esbozaba una pequeña sonrisa traviesa, al ver como él fruncía el entrecejo.

No me gusta esa manera de expresarte...

Le comunicó él, con voz firme, que dejaba entrever su molestia ante aquel último comentario de la chica de cortos cabellos rubios.

Porque es tu prometida.

Insinuó ella, sabiendo que ese era un tema que a él, no le gustaba tratar.

Sí, y porque ya lo sabías, nunca te lo oculté...

La miró él, contemplando la expresión divertida de la muchacha, que seguía en su tarea de dedicarle caricias a su gato.

Cómo si pudieras.

Exclamó ella, tomando a su mascota y colocándola en el piso alfombrado.

No te preocupes, lo de Jun es... un compromiso adquirido hace mucho tiempo, es más... hace siglos que ni le veo un cabello.

Declaró él como si eso no fuera nada del otro mundo, la mujer rubia lo miró analizando su semblante... al hablar de su prometida, todo en él cambiaba, quizá otro no podía verlo con facilidad, pues Lee era un actor genial y lo que más había ensayado era la forma de esconder sus emociones o disfrazarlas cuando quisiera, pero ella si podía ver... y estaba segura de que su renombrado "compromiso adquirido", era más que eso, podía adivinar todo el amor que le guardaba a su joya imperial, que por cierto, poseía una belleza deslumbrante.

Bah... ¿de verdad crees que me importa?

Recitó ella, con suma normalidad en su voz.

Qué.. no?

Titubeó él, quien fue tomado por sorpresa por aquella confesión, hecha por parte de la rubia de ojos claros.

Eres muy dulce, Lee... hace mucho tiempo asumí mi papel dentro de la vida que llevo; una mujer como yo, no espera que un hombre venga a proponerle matrimonio.

Dijo ella, acomodando tranquilamente, los cojines que tenía a su lado, como si nada de lo dicho le importara realmente.

¿por qué lo dices?

Murmuró él, después de parpadear un par de veces.

No es que me importe lo que piensen los demás... pero no hay que ser adivino para saber que lo que le espera a alguien como yo, en un tipo de relación formal... es vivir sin libertad. Si me caso, yo misma me tiro la soga al cuello.

Terminó de explicarle a Lee, dedicándole una de sus muy estudiadas miradas. Él sonrió abiertamente y pareció meditar algo un segundo, antes de decidirse a hablar.

Creí que nada intimidaba a la inigualable Marion Phauna, y resulta que me equivoque... le tiene fobia al matrimonio.

Expuso él su último descubrimiento, sonriéndole coquetamente a la chica de ojos verdes. Ella le correspondió la sonrisa, antes de dedicarse a crear una réplica, para la anterior observación de Lee.

No es fobia... lo que pasa es que sé que no estoy hecha para eso. No me gusta que me den ordenes... por lo que no creo que pudiera vivir teniendo que dar explicaciones a cada rato, sobre cada paso que doy... y con mi fama, aunque no moviera un dedo, mi marido de seguro tendría que soportar continuas quejas y chismes sobre mi comportamiento inadecuado ... y además yo sinceramente, debo reconocer que soy supremamente egoísta.

Concluyó la chica, arrancándole una risa al muchacho que le miraba embelesado.

Yo me casaría contigo por lo mismo, pero...

Comenzó a decir él, algo divertido con la situación, pero pareció recordar algo y se obligó a callar.

Tienes un compromiso adquirido... y ni te esfuerces, la respuesta no sería afirmativa, de todos modos.

Le ayudó ella, pues sabía de sobra que él no se permitiría hablar en voz alta sobre los sentimientos que le unían a Jun Tao. Lee la observó sólo un instante, antes de añadir.

Eres demasiado imponente... Ven aquí.

Lee Bruce Long se acercó al otro extremo del sofá donde estaba la chica, que cariñosamente estrechó en sus brazos, antes de perderse en el exquisito aroma que despedía su cabello y bajar los labios para atrapar los suyos, en un beso que le devolvió la tranquilidad, como lo había hecho ya tantas veces en el pasado... tantas que estaba por creer, que aquello que decían de ella era cierto, que era una sirena que le mantenía bajo un encanto, y que sólo lo dejaría ir, cuando se hartara de jugar con él.


Hola...

La voz de Jun Tao, se escuchó en la soledad de aquel lugar. Se aproximó para abrirle la puerta trasera a su visitante especial, quién entró sin hacerse esperar; era alto y parecía nervioso.

Me llamaste y aquí estoy. Jun...

La llamó el hombre quedamente, mirando a todos los lados, cuando la mujer pensaba en seguir con rumbo hacia las escaleras de la Mansión Asakura.

¿Qué?

Contestó ella, mirándole de reojo, al detenerse un momento, justo al doblar la esquina que le llevaba a uno de los pasillos cercanos a la cocina.

No crees que nos estamos exponiendo mucho, recuerda que ya vine aquí... y podrían reconocerme.

Le soltó de pronto, mirando hacia todos los lados, con cierto temor.

No seas tonto. Tamao se fue de viaje con mi hermano... andan de reconcilie, no creo que se acuerden de nada más...

Le refutó rápidamente la mujer de cabellos verdes.

Y tu tía?

Murmuró él, entre dientes.

Por favor... mi tía, generalmente no sabe ni donde está parada, menos ahora... ven¿O es que no quieres estar conmigo?

Preguntó Jun, con el rostro inescrutable y de forma bastante seria.

Pero que dices, colibrí... mataría por ti.

Se apresuró el hombre a decir, antes de seguirla, sin poner ningún tipo de objeción.

Por lo menos... con eso se le bajará el mal humor.

Se dijo a sí misma Anna, después de haber observado aquella escena, sin querer, cuando se disponía a ir a la cocina, por algo que pudiera ayudarle a calmar los nervios, porque ese día no pudo haber sido menos tranquilo. Vio alejarse a Jun y a su "amigo", por las escaleras que llevaban a la segunda planta y emitió un suspiro de alivio de que no le descubrieran, porque lo que menos se le antojaba era sumirse en una batalla con la cuñadita de Tamao... además se le complicarían las cosas aun más, si Jun pensaba que ella se encargaba de espiar todo lo que hacía.

Anna qué haces ahí?

Una voz detrás suyo, le dejó petrificada, más de igual forma se dio vuelta lentamente y se relajó un poco cuando se encontró con los castaños ojos de su esposo.

Me asustaste Yoh...

Le reclamó, al comenzar a caminar con rumbo a la cocina.

¿Por qué?

Preguntó él, al echar a caminar a su lado.

No esperaba verte , es todo...

Afirmó ella, sin dejar lugar a dudas por parte por parte de su castaño esposo.

Vine por un vaso de leche... llegué a la habitación y no te vi, creí que te hallaría dormida.

Le comentó él, al entrar a la amplia cocina, tras ella, quién ya se dedica a buscar en el refrigerador.

Pues... yo también vine por algo, una taza de chocolate caliente, para poder dormir bien...¿quieres?

Ofreció la muchacha, que ya llevaba un pijama y estaba con los pies descalzos, al sacar un cartón de leche y mientras se detenía a buscar en una de las alacenas la cocoa, que estaba segura de que debía estar allí, porque no estaba en la nevera.

¿por qué no?... Anna...

Yoh.

Se escucharon tratando de hablar al tiempo, por lo que se miraron y luego sonrieron.

Tu primero...

Cedió ella.

No¿querías decirme algo?

Agregó Yoh, aguardando la respuesta de la chica que intentaba alcanzar una cacerola, sin lograrlo, pues estaba guardada en un lugar bastante lejano, por encima de su cabeza. Se acercó a ella y la tomó con facilidad, puesto que él le superaba en altura.

Sí... yo, bueno... sólo quería saber como te fue hoy, con lo de Len... digo el trabajo y eso.

Encontró las palabras correctas, al tiempo que recibía el recipiente de manos del muchacho.

Pues... por eso llegué tarde.

Estuviste en la oficina, hasta ahora?

Dijo Anna, demostrando lo mucho que la habían impresionado sus palabras, al derramar algo de leche fuera.

Pues sí... trataba de ponerme al día, por lo menos intentaba conocer bien, la forma como trabaja mi primo. Al principio no sabía por donde comenzar, pero luego... hasta ya encontré la manera de seguir su ritmo.

Explicó su acompañante, acercándose a ella, para limpiar el charquito de leche, que había quedado cerca de la estufa empotrada.

Tan rápido... me impresionas. Hasta a mí, me costó trabajo aprender todos los procesos...

Anna habló atropelladamente, elogiándolo de tal forma, que Yoh se sintió algo cohibido, por sus palabras.

Pues, lo que pasa es que Len es muy ordenado y además tiene una muy buena secretaria, es bastante eficaz, me ayudó mucho.

Se apuró a decir él, tratando de hacerle ver, que no todo el crédito era suyo.

Me alegra...

Repuso sinceramente la rubia, al tiempo que colocaba varias cucharadas de cocoa y otras tantas del azúcar, que ya el otro, ponía a su disposición, dentro de la cacerola.

La mía parece querer hipnotizarte a punta de sonrisas deslumbrantes, parece la marquesina de un teatro de Broadway... siempre temo quedar ciega cuando la miro directamente.

Agregó ella con una sonrisa burlona, mientras le daba a probar el espumoso chocolate a Yoh, acercándole un poco a la boca con una cuchara. El muchacho de ojos y cabellos castaños se relamió y le hizo a la chica un gesto de total aceptación con la mano, antes de soltar una risita pícara, por el comentario de la rubia.

Jeje, pobre Annita... toma, te regalo mis gafas oscuras, sería un desperdicio que perdieras la función de tus preciosos ojitos.

Dijo, haciéndole un pequeño puchero al entregarle unos lentes oscuros, muy bonitos, que sacó del bolsillo de su chaqueta.

¿me quedan bien?

Preguntó ella al colocárselos, y menear de un lado a otro la cabeza, moviendo también la cascada de cabellos rubios, para después desplazarse un poco más lejos de él, pero sin salir de su campo visual... adoptando un pose de modelo, inclinándose un poco, hacia la derecha y colocándose una mano en la cintura y la otra sobre la frente como queriendo protegerse del sol, provocando una pequeña carcajada por parte de su esposo.

Yo diría que excelente...

Por segunda vez en la noche, una voz a sus espaldas le tomó por sorpresa, haciendo que volteara rápidamente, después de quitarse los anteojos.

Hola hermano.

Murmuró Yoh, ahogando una risita traviesa... Anna lo miró a él entonces, con gestos de reproche, para luego seguir hasta donde le esperaba el chocolate, al lado de su moreno y apuesto esposo, tratando de no mirar a Hao en todo el tiempo que le llevó recorrer ese corto trayecto.

Hao... no me digas¿tú también tienes insomnio?

Dijo ella tratando de normalizar el tono de su voz, al servir el líquido caliente en dos tazas.

No... vi las luces y pensé que era Tamao.

Contestó el moreno con rostro y actitudes severas, sin moverse de su lugar frente a la puerta.

Pues no, sólo somos nosotros.

Replicó Yoh, conteniéndose para no reírse, debido a que se podía dar una idea de lo que estaba pasando por la cabeza de su hermano mayor.

Puedo verlo... ¿interrumpí algo?

Preguntó con cara de pocos amigos, que ya no lograba disimular.

No... Yoh y yo, ya nos vamos a la cama. ¿no Yoh?

Contestó ella, adelantándose para entregarle a Yoh, una de las tazas que sostenía.

Claro... después de ti. Por cierto... pierdes tu tiempo buscando a Tamao, ella y Len se fueron a celebrar su amor.

Habló Yoh con una tranquilidad que hizo que a su hermano se le inflara una venita en la sien, lo que el otro, convenientemente decidió ignorar.

¿cómo te enteraste?

Preguntó Anna, dedicándole una mirada inquisitiva.

Pues yo lo convencí, ya sabes lo terco que es mi primo... y después me llamó Tam, para despedirse, desde el aeropuerto...

Volvió a hacer uso de su tranquilidad oscura el moreno, sobretodo al dirigirse luego a su hermano, que aun se mantenía con un semblante austero.

Bien por ellos¿No lo crees Hao?

Ya lo creo.

Respondió él secamente, dejando de mirarle, para observar a la muchacha que ya se preparaba para dejar la cocina, pasando a su lado.

Hasta mañana...

Anna se despidió de Hao, sin mirarlo y con un breve murmullo.

Hasta mañana, Anna.

Alcanzó a decir él, con la mirada ahora fija en su hermano que le sonreía con una mezcla indefinida de emociones y un brillo burlón bailando en sus ojos cafés.

Con tu permiso, hermano.

Susurró Yoh disimulando mal, una mueca de placer, al hacer aquello.

Adelante, Yoh...

Le dijo Hao, antes de apartarse para dejarle pasar, en un tono supremamente helado y seco, que sólo consiguió que la sonrisa irónica de su hermano se ensanchara aun más.


En un bar de ambiente clandestino ubicado en los suburbios de Izumo, en el mismo donde la noche anterior se había ido a esconder de su realidad el joven empresario Hao Asakura, un cantinero se encargaba de mezclar algunas bebidas, de espaldas a la barra. Cuando hubo terminado, se dio vuelta para entregárselas al mesero que ya llegaba en su busca y una sonrisa se le formó en los labios, al encontrarse con el rostro conocido de una hermosa chica pelirroja, con ojos juguetones.

Hello Chucky.

Saludó Matty.

Good evening, my dear… ¿Y ese milagro?

Le respondió el muchacho, esbozando una encantadora sonrisa, cuando el mesero se alejó con las bebidas.

Verás , muñequito de chocolate… necesito un trago, y tu ayuda.

Le dijo ella, mirándolo como si él tuviese la respuesta a todos sus problemas.

¿un trago?... ¿comienzo a preocuparme ahora o más tarde?

Murmuró él con frescura, mientras buscaba algunas botellas bajo la barra.

Y por qué ibas a tener que preocuparte?... un trago no mata a nadie.

Afirmó Matilda con inocencia fingida.

Eso dijo también tu novio, pero en palabras más crudas...

Espetó él, dándole la espalda por un momento.

Ah sí¿Qué dijo?... y ¿cual de todos mis novios estuvo aquí?

Preguntó ella, levantando una ceja, demostrando así, su interés creciente.

Ten... hace rato que no hacía uno de estos.

Dijo el moreno, al entregarle una copa que contenía un liquido rosado semitransparente.

Ginebra, tónico mineral... tequila, toronja, lima y limón.

Exclamó ella, después de dar un sorbo al contenido.

Mucho limón...

Expuso el joven, mirándola con picardía.

Delicioso, como siempre.

Dijo ella y le agradeció con un beso en la mejilla.

Un margarita citric Express, only for you, Sweetheart.

Susurró el muchacho, correspondiéndole el gesto a la muchacha, con un guiño.

¿quién era?

Volvió a hablar ella, luego de beber otro poco.

Alto, atlético, moreno, cabello largo y castaño. Uno de los dueños de...

Asakura & Asoc. Bonita sorpresa.

Murmuró ella, cambiando su expresión soñadora por una analítica, que no pasó desapercibida para el hombre tras la barra.

Para ti, seguro... ¿Escuché mal o me tienes un trabajito?

Interrumpió el chico abruptamente sus pensamientos y deducciones.

Pues sí... necesito información.

Explicó ella, dejando la copa en la barra, para meter la mano en uno de sus bolsillos.

¿Sobre?

Interrogó él, mientras colocaba otro par de bebidas en una bandeja que le entregaba a uno de los meseros.

Ella...

Musitó la muchacha lacónicamente, poniendo sobre la barra, una fotografía en la que se veía a una chica rubia y se podía leer claramente el nombre de Anna Kyouyamma.

Kyouyamma, ah?... sígueme tesoro. Luigi, cúbreme.

Ordenó él después de tomar la foto, a un muchacho con el rostro cubierto de pecas, quien se hallaba atendiendo a un señor ya mayor, que no le quitaba la vista de encima a la pelirroja sentada en la barra.

De inmediato, jefe.

Respondió el otro y se pasó del otro lado de la barra, siguiendo a la pelirroja que ya se perdía tras una puerta disimulada en los trasfondos de la pared ubicada, justo detrás de cantina.


Aun sigues sin poder dormir?

La voz de Yoh Asakura le comprobó a su esposa, que él al igual que ella, también se hallaba despierto.

Me descubriste. ¿cómo le haces, si ni me he movido y además está oscuro...

Preguntó ella, sin hacer aspavientos de aquello, pero esperando su respuesta.

Bueno, no se escuchan tus ronquidos...

Contestó él, haciendo que la chica frunciera el entrecejo y se preparara una réplica inmediata, para debatir sobre aquella acusación.

¿De qué hablas, yo no ronco.

Dijo ella en voz queda, pero muy firme.

Sí, como no...

Habló Yoh con sarcasmo en la voz.

No mientas Yoh, yo duermo como un angelito... no hago ninguna clase de ruido.

Susurró ella, poniendo cara de niña buena, aun a sabiendas que él no podía verla.

Acaso te escuchas mientras duermes?

Repuso el otro.

Obviamente no.

Entonces... ¿Cómo es que estás tan segura?

Volvió a insistir él, haciéndola titubear.

Pues... porque...

Acéptalo, está vez te gané.

Añadió él, esbozando una sonrisa triunfante, que hasta Anna distinguió en la oscuridad.

Está bien... me ganaste. Me alegra que por lo menos mi esposo sea inteligente.

Exclamó la chica rubia, después de emitir un suspiro de resignación, que le arrancó una risita al moreno a su lado.

Claro... por eso me escogiste a mí.

Murmuró él, en tono bastante jovial, ahogando otra risita, lo que trajo como consecuencia un almohadazo por parte de su dorada esposa.

Yoh...¿crees que Hao...?.¿Qué él...?

Comenzó luego Anna, después de un minuto de total silencio.

Piense que hay algo más entre tú y yo¿algo más que una relación donde nos acribillamos a cada rato?

Terminó de hacer los interrogantes que ella dejó a medias, con grandes muestras de cinismo en su voz.

No exactamente... digo, no es que me importe, pero quizá haya que aclararle...

Volvió a empezar la rubia de ojos negros, pero esta vez se vio interrumpida por la voz helada de su marido.

Yo no tengo que aclararle nada... y en respuesta a tu pregunta... No, no creo que mi hermano piense nada de eso, después de todo si las cosas entre nosotros transcurrieran de la forma normal, si sucediera aquello que suele suceder normalmente entre un par de recién casados, él no hubiera tenido oportunidad alguna de tenerte en sus brazos...

Ella entrecerró los ojos un momento, pues el muchacho le había sorprendido sobremanera con aquel comentario. Si que se tenía en alta estima...

Pero es que, abajo en la cocina... me pareció que él... se puso algo raro. No me malinterpretes, es sólo que... no quiero que sigan teniendo problemas por mi causa.

Deja que yo me preocupe por eso... tampoco soy un gatito indefenso, ya deberías saberlo.

La voz de Yoh se volvió ronca, era evidente que no le gustaba que ella, o alguien más, pudiera llegar a pensar, que no podía defenderse ante alguien como Hao.

No quise... Yoh yo...

Trató ella de disculparse por el malentendido.

Olvídalo... pero puedes estar tranquila, tengo la plena seguridad de que mi hermano sabe que no te he puesto un solo dedo encima...

Habló de nuevo el moreno, pero esta vez, su voz sonaba serena, por lo que Anna supo que nada ganaba con preocuparse, porque él ya lo había olvidado.

Todavía.

Murmuró la última palabra, en un gruñido inaudible, del que Anna no se percató.

Creo... que eso no es del todo cierto.

Se escuchó decir a la rubia, haciendo que el muchacho se ruborizara un poco, antes de retirar la mano que había ido a posar sobre uno de los muslos de la mujer.

Jiji... fue sin querer. Anna, desde que te encontré en la cocina, pareces algo tensa... puedo preguntar que te pasa?

Terminó de disculparse él, para darle un giro completo a su pequeña conversación, con la pregunta formulada.

No es nada... es que... no es nada.

Habló titubeante la muchacha, a la que se le adivinaba melancolía en la voz.

Es por él... cierto?

Él?

Repitió ella, mirando por primera vez, a otro lado que no fuera el techo.

Hoto... el muchacho de la boda.

Explicó él suavemente, pues la muchacha aun guardaba silencio.

Es Horo... y bueno, sí... en parte es por él. Es bastante difícil hablar sobre eso...

Exclamó Anna, a quien le había hecho gracia, el cambio de nombre que le hizo Yoh a Horo.

No tienes que contarme si no quieres... sólo era curiosidad, es que quería saber el motivo por el cual estás tan intranquila.

Dijo él, colocándose los brazos cruzados, detrás de la cabeza.

Es muy extraño conocer a alguien como tú...

Murmuró ella, convenciéndose de eso... Yoh era impredecible, pero aquello lo convertía en una persona muy interesante.

¿cómo?

Preguntó medio ausente el muchacho castaño.

Pues es que el domingo me insultaste sin razón, ayer me insultaste... con razón, pero hoy... eres diferente... sumamente complejo.

Concluyó la chica, con un dejo de inquietud asomándose en su voz.

Bueno... el ser humano es complejo, no?

Rezó él, quitándole importancia al asunto.

Sí... aun así, nunca había conocido a alguien como tú.

Le aseguró la rubia, mirándolo de reojo. Podía ver lo relajado que estaba en ese momento, al analizar el tranquilo sube y baja de su pecho.

Anna... ayer, cuando fui a la oficina... yo quería disculparme contigo. He estado comportándome de una forma que ni yo mismo comprendo, lo siento.

Terminó él, con voz queda, en un pequeño susurro, volviéndose hacia donde ella se encontraba.

No debes disculparte... no te conozco mucho, pero me parece que eres desastrosamente transparente... por eso actúas así.

Declaró ella, con total convicción.

¿desastrosamente?

Repitió el muchacho castaño, sin entender el significado de aquella palabra utilizada por la mujer con quien compartía la cama. Ella comprendió su confusión, por lo que se dedicó a explicarle de forma resuelta.

Sí... dejas salir todo lo que sientes, a veces de forma bastante desbocada, no te mides... pero eres muy transparente, actúas de acuerdo a como te sientes, es todo.

Vaya... podrías convertirte en mi psicóloga personal a largo plazo.

Exclamó entonces él, de forma muy burlona, haciendo que Anna se desviviera en risas.

Jaja... no había pensado en eso.

Murmuró volviendo su mirada de nuevo al techo, después de analizar la rara idea, que acababa de ocurrírsele a su esposo.

Ya no te sientes tan mal?

Preguntó el muchacho, con una media sonrisa en los labios.

No, ya no... ¿y tú¿cómo estás?

¿Por qué preguntas eso?

La pregunta sobre su estado perturbó al moreno, acaso ella también opinaba que su vida estaba hecha un lío, que en lo personal se había convertido en el modelo mundial del fracaso y en el ejemplo viviente sobre cómo el amor puede destruir a una persona.

No lo sé... es que, Yoh... yo nunca quise hacerte daño. No es mi deseo que sufras y sin embargo, Jeanne...

Dijo ella y lo sintió tensarse a su lado, por lo que se calló al instante.

No lo hagas. No estoy listo para hablar de ella.

Agregó Yoh, de un momento a otro, pues su primera oración fue demasiada brusca y tajante.

Discúlpame...

Murmuró ella, algo apenada, pues ya había olvidado lo duro que era sufrir una decepción amorosa.

No es tu culpa... quizá algún día, cuando ya no duela tanto.

Dijo él, dolorosa y lentamente, haciendo sentir culpable a la chica sin querer.

Lo entiendo.

Aseguró ella, recobrando su antigua seguridad, dando por terminada esa incomoda y breve charla sobre los sentimientos del muchacho, a quién se le habían oscurecido las pupilas¿cuanto seguía doliéndole Jeanne?... un silencio sepulcral se alzó entre los dos, después de que ella hablara y para romperlo, a Anna sólo se le ocurrió preguntar...

¿Cómo crees que la estén pasando Len y Tamao?

Pues... de maravilla.

Exclamó él, con voz pícara, al imaginarse a la feliz pareja, que debían estar bien calientitos él uno junto al otro, en esos precisos momentos.

Me gustaría ser ella.

Exclamó repentinamente Anna, captando la atención de su esposo, que la miraba con genuino interés.

No me mires así.

Murmuró la rubia, ruborizándose por completo.

¿Qué no te mire cómo?

Repitió el muchacho castaño.

Así.

Afirmó ella, irguiéndose para encender una lámpara cercana a él y observarle con intensidad.

Es que... bueno, debes comprender, lo mucho que me sorprende esa confesión.

Murmuró él, atragantándose con unas risitas de burla, y con los ojos castaños, brillándole con cierta malicia.

¿qué te estás imaginando?

Interrogó ella, apuntándole con el índice hacia la cabeza, con gesto acusador y el ceño fruncido.

Oye... tú fuiste quien dijo que te gustaría ser ella, y pues... ella está con Len, y en este preciso momento... dejémoslo en que, sinceramente dudo que estén rezando.

Aclaró amablemente sus dudas el chico a su lado, manteniendo el destello de malicia en la mirada, que tenía clavada en Anna.

No quise decir... sólo es que. No estoy interesada en Len.

Aseveró ella con frío control, cruzando los brazos sobre el pecho y volviendo a tomar su lugar en la cama. Yoh siguió callado, y al saber que seguía observándola, ella lo miró y encontró la misma mirada en sus ojos.

Es cierto.

Aseguró ella, de forma brusca y tajante.

¿por qué habría de dudarlo?

Le contestó él, sin dejar el sarcasmo a un lado.

No preferiría estar con él... tú, no tienes nada que envidiarle a Len... lo sabes, eres guapo, inteligente, dulce... deja de mirarme así.

Insistió ella, sintiéndose muy extraña al ser el objeto de su atención, por lo visto había hablado de más.

Es que me sorprende que pienses eso de mí... en fin, cuando dijiste que te gustaría ser ella¿a que te referías?

Habló él, con voz suave, antes de dibujar en su rostro una cándida sonrisa y volverse esperando atento por su respuesta. Ella lo miró otra vez, antes de comenzar a explicarse.

Pues... a que ella debe sentirse la mujer más deseada y afortunada del mundo, a poder experimentar una vez más la rara sensación, de que jamás podrías llegar a ser más feliz ... y a...

A no tener el más mínimo deseo de cambiar tu lugar con nadie, por más rico, poderoso o importante que éste sea...

Terminó él por ella.

¿Anna¿estás bien?

Preguntó porque ella parecía sumida en sus pensamientos, como si se hubiera perdido en la mitad de sus palabras, con la mirada ausente fija en el techo de la habitación.

Sí... sólo que, nunca pensé que extrañaría tanto sentirme de esa forma. Amada...

Yoh se acercó a ella lentamente y casi de manera inconsciente, sus labios hicieron callar a la muchacha rubia, tendida a su lado, quién le miró a los ojos antes de comenzar a corresponder aquel dulce beso del castaño. Ella suspiró cuando el bajó su boca a su cuello, recorriéndolo con suma lentitud, deteniéndose un instante para susurrarle al oído.

Sé a lo que te refieres... Yo también lo extraño.


NOTAS DE LA AUTORA

Bueno ahora sí, me excedí muchísimo con este capitulo, pero era que no quería frenar mi inspiración, y lamento no haberles escrito antes, aunque me parece que esta vez si demoré menos que la anterior. Fue todo un reto, escribir esto, pero que les puedo decir no pude aguantar la mano y seguía escribiendo y escribiendo... espero que les guste, porque me salieron como 38 paginas en Word y eso ya es decir.

De mí les diré que estoy terminando ya mi trabajo de grado y con suerte espero poder graduarme para Julio, sé que las cosas tendrán un buen fin, jaja...

Ahora, me gustaría pedirles que tengan un poco de paciencia, sé que muchos esperan la actualización de "El amor se refleja en los ojos", pero estoy teniendo problemas con ese fic, no sé... no hallo la manera de darle la vuelta, por eso no he escrito... lo último que se me ocurrió fue que Hao y Tamao se agarraran por las greñas, bueno... nada literal, sólo una discusión para que se acerquen un poco más a sus verdaderas parejas, aunque les recalco que no hay nada entre ellos, lo que ocurre es que ella ayudó a Hao en el pasado (cosa que nadie sabe) y pues, él le debe la vida y por eso digamos que le tiene un cariño bastante especial... en fin¿qué les gustaría que pasara, denme opiniones... lo único que sé es que algún día el diario de la rubia, llegara a manos del gran Hao Asakura... ah, por cierto para el próximo cap. Estarán en Ozore... los cuatro solitos. De entrada me encantaría leer sus ideas al respecto. Muchas gracias por leer... y por supuesto por dejarme sus invaluables reviews. Los quiere, Irina... o como todos ya me conocen, Darla Asakura "La reina del drama".

Dejemos toda la retórica para después y vamos directo a las respuestas de los reviews:

Kaxakapa: No sé que decirte... de verdad intento no demorarme, pero está difícil. De todos modos gracias por leer y por el review. Espero que te guste. Cuídate.

Akima-Dehmel: Bueno Akia o Akima, muchas gracias. Me alegra que te halla gustado el ultimo capitulo y espero que éste también sea de tu agrado. No te preocupes, no eres la única que quiere un YohxAnna y la verdad es que la trama se da bastante para esa pareja, muchos la piden, pero bueno... ya veremos que sucede más adelante. Gracias por tus buenos deseos y pues, espero no haber demorado tanto esta vez. Tú también cuídate mucho, y sigue leyendo que esto se pone bueno.

LOVEHAO: Pues muchas gracias por decirme eso, y sé que a más de una le gusto la parte que insinuaba un acercamiento entre el ainu y la rubia. Por otra parte, no quiero verte sufrir, así que intentaré acelerar el proceso de creación de capítulos, y espero que haya valido nuevamente la espera, Lupe. Te quiero mucho, gracias por considerarme una buena escritora, seguiré adelante. Hasta la próxima, cuídate.

Minamo: estoy de acuerdo contigo, esos dos están sufriendo bastante, pobrecitos... pero prometo recompensarlos, así como a mis lectores, comenzaré a pensar como hacerlo... Claro que lo continuaré, muchas gracias por seguir mi fic, cuídate... Sayonara.

Ire yamichii: Es extraño que Len sea romántico?... sí, cierto. Pero es que está enamorado y es correspondido, así que no puede evitarlo. Se ven tan lindos... bueno, yo me los imagino así... Creo que la intriga puede llegar a matarnos, jaja... Yo si sé con quién queda Anna, ustedes no.. pero estoy segura que les encantará la pareja que sea. Bueno muchas gracias por leer y por escribirme, espero que te guste el capitulo. Déjame un review... Ja ne.

Hanna Asakura : Muchísimas gracias… en serio es tu fic favorito?... Genial, y gracias por considerarte seguidora de mis fics, bueno... yo apenas estoy comenzando con esto de escribir fics, pero como escritora de cosas raras soy experta... otra vez gracias. ¿cómo así que tuviste que buscar un diccionario?... jeje. No te olvides de mandarme un review, cuídate mucho, sayonara...

Priss: Bueno Priss... solo estarán peleados momentáneamente, don´t worry... tú siempre encuentras la forma de darle el lado a Anna, tienes que reconocer que a veces ella también puede meter las patas y se excede en ciertas cosas... pero ya se contentarán esos dos y Anna estará tranquila... lo del lemmon, quién sabe... pero por lo menos si hubo beso. Cuídate mucho nena, y ya vi que subiste una nueva historia, aun no la leo, pero lo haré y te prometo un review. Gracias por seguir esta historia, un beso.

Kamimura: Hermanita preciosa!... ¿cómo vas, yo aquí luchando con la vida, para seguirle adelante. Sí sé que eres vaga... ehhhh, bueno aquí está el otro cap. Salúdame a tus hermanas, hace un buen... que ni les veo un cabello. Que cosas... cuídate y dile a Abby que le mando un besote. Xiao.

PiPOcHI: Con qué no lo leíste desde el principio... niña mala, eso no se hace!... espero que la pareja se defina en los próximos capítulos y que la elección les guste, mientras tanto lee este capitulo y dime que opinas. Muchas gracias, cuídate y Ja ne.

Antiki : Pues no es mi intención que se pierda la emoción, es lo que menos quiero pero no se puede actualizar tan rápido como se quiere. Yo sigo escribiendo y espero que les guste a las personas que siguen leyendo, pero si no lo hacen más, ya se me sale de las manos, porque yo no puedo obligar a las personas a que me esperen, eso les toca decidirlo a ustedes los lectores, aun así sigo tratando de hacerlo lo más rápido posible... Tienes mucha razón en lo de que Yoh ya sufrió mucho por lo de Jeanne, pero lo que pasa es que no puedo evitarlo, mi fuerte es el drama... siempre sufren en mis fics los personajes, Anna también ha sufrido y Hao ya comenzó a sufrir... Muchas gracias por tus comentarios, son muy objetivos y los tendré muy en cuenta. Cuídate y ten por seguro que seguiré escribiendo lo mejor que pueda... Ja ne.

ANNA KYOUYAMA A. : No entiendo porque se sorprende todo el mundo, jeje… bueno te comprendo, ya perdiste la cuenta de las hermanas que tienes?… muchísimas gracias por leer el fic y pues ahí nos vemos en el msn, espero que pronto. Espero tu review, no?... cuídate mucho, un beso.

Otra vez gracias a todo el que lee este y mis demás fics, ya llevo como siete... cinco de Shaman King, y creo que dos de Harry Potter... también por eso me demoro, ya me metí en el cuento de ese otro genero, así que para los fanáticos de la obra de J.K. Rowling.. les aconsejo que se den una pasadita por allí, están bien buenos la mayoría de los fics, les puedo recomendar dos por el momento, para que empiecen..

NOCHE DE COPAS por Ly Malfoy

DEVUÉLVEME LA VIDA por Lady Lathenia

Son increíbles, bueno... para aquellos a quienes les guste el DracoxHermione.

Hasta la próxima actualización.