ENTERRANDO EL PASADO

By DARLA ASAKURA


CAPITULO XVIII

SIN SENTIMIENTOS DE POR MEDIO

Una mujer rubia, delgada y con aspecto cansado, aunque muy bien arreglada, salía de la habitación que compartiera con su esposo. Su vida había tenido un cambio increíble, hasta para ella, que conocía perfectamente las verdaderas razones que le habían llevado hasta ese punto. Todo por el peso que tenía su palabra, al haberla entregado, para dar garantía de que cumpliría con una promesa. Sus padres siempre le hicieron valorar aquel gesto, el hecho de empeñar su palabra, en señal de cumplimiento, y también, como la mejor forma de sellar un compromiso, en este caso, una promesa. Le había dado su palabra a Yohmei Asakura de ayudar a su familia, a salir adelante... y la cumpliría.

Alzó la vista, un poco confundida, pero luego decidió seguir su camino, hasta el comedor, pues se había quedado cual estatua, con la mirada fija en la entrada de una de las habitaciones contiguas, así que, miró hacia el pasillo y vio que un hombre alto se acercaba con paso dudoso, parecía perdido y Anna, lo encontró extrañamente familiar, aunque no era ninguno de los miembros de la eminente familia Asakura.

Buenas...

Saludó la joven, saliendo al encuentro del desconocido, quien la miró desconcertado, parecía como si le hubieran pescado robando u algo así.

Ah... Buenas

Correspondió él, al saludo de la mujer, cuando se hubo repuesto de la impresión, que al parecer le causó, encontrarse con alguien a quien no esperaba.

¿Puedo ayudarle en algo?

Le preguntó Anna al hombre, que se veía pálido y turbado.

Pues... verá...

Dudó el individuo en cuestión, al comenzar a hablar, pero se vio interrumpido por la voz de Kanna, quién sonaba preocupada.

Doctor... ¿Qué hace aquí tan temprano¿sucedió algo con la señora Keiko?

Murmuró inquieta la chica de cabellos azules, que le contemplada extrañada por su presencia.

Nada, realmente... Jun... digo, la señorita Tao, me pidió que viniera a verla hoy.

Habló pausadamente el hombre, corrigiéndose por momentos, frente a la chica recién llegada y a Anna, quién no dejaba de observarle, con cierto escepticismo, bastante notorio.

Pasa algo con Jun?

Interrogó la mujer rubia al hombre, que pareció inquietarse aun más, con la pregunta formulada por la chica.

No, nada de que preocuparse... ella quería hablar sobre algunas mejorías que ha estado notando en el comportamiento de su tía.

Respondió él, esta vez, con mayor seguridad, que la anterior.

No sabe cuanto me alegra escuchar eso... Se nota que es usted, un médico excelente. Mire que venir hasta aquí tan temprano...

No tardó en relajarse Anna, con el único propósito, de que el supuesto doctor, también lo hiciera y así, poder analizarlo a sus anchas, pues ya lo había reconocido; aquel era el mismo hombre, con quien vio entrar a Jun Tao en la casa, la noche anterior.

Para un buen médico, la salud de sus pacientes está por encima de cualquier cosa...

Respondió éste, con falso orgullo.

Lo comprendo. Kanna ... serías tan amable de prepararle una taza de café al doctor.

Ordenó Anna, a la chica, que se mantenía en silencio, ajena a la conversación que sostenía la heredera universal de la fortuna Asakura, con el "Doctor", después de tranquilizarse al saber, que nada grave estaba ocurriendo.

Enseguida, señora Anna.

Accedió de inmediato, la joven mujer y desapareció de escena, antes de que Ryu, pudiera chistar.

No es necesario que se tome esa molestia, señora... yo ya iba de salida.

Exclamó el hombre, volviendo a ponerse súbitamente nervioso.

Pero si no es ninguna molestia... usted vino hasta aquí, para chequear el estado de mi suegra.

La verdad, esa era una mentira y ella lo sabía, pues estaba segura, de que aquel hombre, había pasado la noche en la mansión, muy seguramente haciéndole "compañía" a la "adorable" Jun Tao; pero sentía una curiosidad inmensa, a causa de que ese mismo hombre, fuese precisamente el "médico", que diagnosticara la crisis nerviosa que sufría su querida suegra y de la cual, no se recuperaba todavía. Sería posible, acaso, que ella hubiera tenido algo de razón, cuando pensó que la enfermedad de Keiko Asakura, no era más que una farsa, realizada únicamente con el fin de presionar a Yoh, para que aceptara su conveniente unión.

Hago eso por todos mis pacientes... y la verdad, es que tengo una cita dentro de veinte minutos...

Lo único que le preocupaba realmente a Ryu, era que Jun se apareciera de un momento a otro y lo encontrara enzarzado en una conversación, con aquella mujer, a quien identificaba como la nueva dueña de Asakura & Asoc., por lo que la chica de cabellos verdes, le había comentado, anteriormente.

Sí, claro... lo entiendo. No le quito más su tiempo entonces, pero me gustaría poder localizarlo, en el caso de mi suegra, llegara a sufrir una recaída.

Insistió Anna, mirándolo con tranquilidad, como si de veras no sospechara absolutamente nada.

Siempre puede pedirle a Ju... a la señorita Tao, que lo haga... ella tiene mi tarjeta. Encantado de conocerla, señora...

Dudó él, un minuto, por lo que ella le sonrió amablemente, tendiéndole una mano.

Anna... Anna Asakura. ¿y usted es…?

Preguntó la muchacha, después de presentarse.

Lo siento... mi nombre es Ryu Hiranizagua, para servirla. Con su permiso...

Se presentó el hombre alto, estrechando la delicado mano de la mujer y despidiéndose enseguida, con una inclinación de la cabeza.

Que tenga un buen día, Doctor...

Le deseó la mujer, al despedirse, sin quitarle la vista de encima, mientras el hombre se alejaba.

Anna¿aun estás ahí, quisiera...

Se interrumpió Yoh, al seguir la mirada de su esposa y encontrarse con la lejana figura de un hombre, a quien no logró reconocer.

¿Quién era?

Quiso saber, el joven moreno, mirándola fijamente.

Eso exactamente, es lo que voy a averiguar...

Respondió la chica rubia, en voz baja. Anna se volteó para enfrentar a su apuesto esposo, que tenía el cabello castaño totalmente revuelto y sólo vestía los pantalones negros del pijama.

Oye... ¿podemos hablar?

Le invitó el muchacho castaño, algo perturbado, por la extraña inspección, de la que era objeto, por parte de la rubia de ojos negros.

¿Es sobre lo que sucedió anoche?

Respondió ella a su interrogante, con otra pregunta.

Sí, mira... yo no quise...

Comenzó él, pasándose una mano por entre los desordenados cabellos, pero Anna le detuvo antes que terminara la frase, con un gesto de la mano, que pretendía desechar el asunto.

Olvídalo¿quieres?... no tiene importancia.

Puntualizó la chica, observando el torso desnudo del muchacho, con interés mal disimulado.

Pero sí es importante... yo... yo...

Volvió a intentar el muchacho hablar, pero ahora era él quien no podía continuar con la frase, las palabras se negaban a salir en el orden en el que el joven pretendía decirlas.

Tranquilo Yoh. No pasa nada, en serio. Trata de no pensar en eso... no te mortifiques.

Le dijo la chica con amabilidad, al notar el gran esfuerzo que se obligaba a hacer, el muchacho castaño, para poder hablar. Yoh la miró dubitativamente, como si no pudiese creer, que ella no se sintiera extraña luego de todo lo que habían compartido la noche anterior.

Más bien... termina de arreglarte para ir a la oficina... te espero abajo.

Terminó de decir ella, obligándose a no seguir mirando el escultural cuerpo de su marido y a dirigirle una sonrisa cálida.

De acuerdo.

Aceptó el muchacho, sintiéndose agradecido, por el hecho de que Anna dejara de mirarlo, de una forma tan minuciosa, que parecía querer grabar cada pequeño detalle de su cuerpo, en su mente.


En la oficina de Hao Asakura, el teléfono comenzó a repicar, apenas cuando el muchacho se disponía a entrar en esta. El joven pelilargo se extrañó de que alguien pudiera simplemente adivinar su hora de llegada, y fue motivado por este interés que descolgó el auricular rápidamente, al entrar en la habitación. De inmediato, una voz femenina sumamente familiar, llegó hasta sus oídos.

Aló... Hao?

La voz de Matty, sonaba fría e impersonal, lo que inquietó al moreno, por lo que sintió la necesidad de comprobar la identidad de su interlocutora.

¿Matty?

Tengo la información que necesitabas...

Fue la respuesta recibida por parte de la muchacha, demasiado cortante para su gusto, así que el muchacho frunció el entrecejo de manera inconsciente.

¿Segura?

Preguntó él.

¿Te he fallado alguna vez?

Interrogó a su vez, la muchacha, anticipando la respuesta del moreno.

No...

Hoy a las 8 p.m, en el lugar de siempre.

Lo cortó ella, antes de que él terminara de responderle. Hao arqueó una ceja, ante la extraña actitud helada de su ex novia, pero aun así sólo se dedicó a preguntar sobre su encuentro.

¿Por qué hasta las 8, puedo ir inmediatamente.

NO.

Puntualizó ella, de forma muy brusca.

Necesito investigar algo más...

Aclaró la chica, pues se arrepintió casi enseguida de la crudeza, con la que le había respondido.

Está bien, como gustes. Pero...

Intentó retomar la palabra, el castaño, mas un sonido seco al otro lado de la línea le detuvo automáticamente.

¿Matty?

La llamó por su nombre, pero nadie contestó... entonces tuvo la seguridad. Matilda le había cerrado el teléfono, sin esperar respuesta alguna, por parte suya. Hao frunció aun más el entrecejo antes de colocar el auricular en su lugar y emitir un largo suspiro de resignación.


Una mujer de cabellos largos y dorados, se hallaba sumida en sus pensamientos, que le hacían revivir una y otra vez, el extraño encuentro que sostuvo la noche anterior, con su magnifico esposo. Está bien, las cosas nunca salen como se les planea, y al parecer su vida, no era la excepción, como siempre creyó... pues después del desastre amoroso que había atravesado años atrás, y que muchas veces, volvía a su mente con tal intensidad, que le parecía estar viviéndolo nuevamente, se había dedicado a pelear en contra de cualquier evento que pudiera llegar a hacerle perder el control, y precisamente eso, era lo que había sucedido la noche anterior. Había perdido el control.

¿Se puede?

Preguntó una voz masculina del otro lado de la puerta, después de que tocara brevemente.

Adelante.

Se obligó a decir la rubia y fingió estar leyendo un reporte que hacía más de una hora, le había entregado su secretaria y al que no había siquiera echado una mirada, hasta ese momento, por lo que desconocía su contenido.

Necesito que firmes esto.

Le dijo su esposo, entrando a la oficina y acercándose a donde ella se encontraba.

¿Qué es?

Preguntó inocentemente la chica, tomando lo que él le tendía y pretendiendo estar interesada.

La autorización que preparó Len, para la ampliación de la sucursal de Kyoto.

Murmuró el joven, observando la seguridad de Anna, como si no le cupiera en la cabeza su actitud, pues aun después de la maravillosa y gratificante noche que habían compartido, ella seguía igual de fría y arrogante... no parecía la misma mujer que él había tenido en sus brazos y no podía disimular, lo mucho que eso le inquietaba.

O.k. ten.

Le ofreció nuevamente el papel, después de estampar su firma en él, sin siquiera detenerse a leer lo que había autorizado.

¿Necesitas otra cosa?

Se vio en la necesidad de preguntar la rubia, puesto que ya le había devuelto el documento al moreno, y él seguía allí, de pie, mirándola de forma extraña.

No.

Negó el muchacho sin más, pero sin quitarle los castaños ojos de encima a su esposa.

¿Entonces?

Murmuró la chica, al sentirse incomoda bajo la mirada atenta de Yoh Asakura.

Sólo te observaba. Realmente piensas dejar las cosas así¿cierto?

Se animó finalmente a exponer sus pensamientos el muchacho castaño, ante su rubia esposa.

¿Así como?

Preguntó de vuelta Anna, como si no entendiera para nada, de lo que él le hablaba.

Como si no hubiera sucedido nada, entre los dos.

Se explicó el muchacho, usando un tono tan normal como el que usaba ella.

Está bien. Quieres hablar?... Hablemos.

Le invitó la chica de cabellos dorados, con naturalidad.

Muy bien.

Dijo él, sosteniéndole la fría mirada a la rubia.

Muy bien. Siéntate.

Replicó ella en el mismo tono casual, indicándole una silla, para que tomara asiento. Yoh se sentó frente a ella, y ambos se dedicaron a mirarse como si aquella fuese la primera vez que se encontraran solos en una habitación, por lo que, repentinamente se hallaron sumidos en un pesado silencio que ninguno de los dos, se atrevía a romper.

Lo ves... No hay mucho de que hablar.

Declaró Anna, con la firme intención de terminar con todo aquello, pues ya no podía aparentar tranquilidad, siendo presa de la mirada de Yoh, por mucho más tiempo.

Anna... Anoche tú y yo... lo que pasó... no debió suceder. Estuvo mal.

Habló el muchacho entonces, pues no estaba dispuesto a irse sin aclarar las cosas.

A mi me parece que estuvo muy bien. Tenias razón...

Musitó ella, quedamente, pero dejando entrever cierta picardía en su voz.

¿En qué?

Atinó a preguntar el castaño, que se hallaba un poco confundido, al percibir "ese algo extraño" en la voz de su esposa.

En que eres fabuloso.

Declaró sin más, la hermosa mujer frente a él, ante su pregunta.

Anna...

Trató de hacerle ver, que no se sentía orgulloso de lo ocurrido el día, en que se jactó de una forma bastante inusual en él, de lo buen amante que era.

Vamos Yoh. No es para tanto... fue sólo sexo, no?

Le incitó ella a que le respondiera la pregunta, luciendo en su rostro una sonrisa, esforzándose para que le saliera lo más natural posible. Porque simplemente ella no quería, que eso pasará a mayores, o si?... acaso alguna parte de ella, esperaba que él le dijera que no... que lo sucedido entre los dos, no fue simplemente sexo, pero eso no podía ser... primero, porque ella no podía permitirse sentir algo por él, ni por nadie... eso estaba fuera de discusión y... segundo, porque Yoh, estaba total y completamente enamorado de Jeanne, todavía... le dolía y ella lo sabía perfectamente, así que todo estaba bien, más que bien, excelente.

Sí. Quiero decir... No.

La contradicción del muchacho, le hizo enarcar una ceja a la rubia.

No?

Interrogó al chico, dudosa de la respuesta que éste le diera.

Bueno es que... no quiero que pienses... que te sientas utilizada.

Terminó de decir Yoh, mirándola visiblemente apenado.

No me siento así.

Le aseguró la muchacha tranquilamente, y era verdad, a pesar de que sabía que él no la amaba, la idea de que la hubiese estado utilizando, jamás había cruzado por su dorada cabeza.

Ah no?

Se extrañó un poco, el muchacho castaño.

No. ¿por qué debería sentirme de esa forma?

Le llegó el turno a Anna, para preguntarle a él.

Pues... porque no te amo. Lo lamento.

Se obligó Yoh, a contestarle, con lo que sólo llegó a confundirse ante la respuesta recibida por parte de la rubia, ante su confesión.

Y¿eso debería sorprenderme?

¿qué?

Se oyó a sí mismo, el moreno, hablar. Ante la confusión que reflejaba el semblante de su esposo, Anna no pudo más que sonreír.

Yoh... lo de ayer, fue bonito y también de cierto modo, especial. Pero está muy claro, que no fue un acto de amor. Ni por tu parte... ni por la mía. Si eso era todo lo que te preocupaba... puedes estar tranquilo.

Afirmó ella, de forma segura y tranquila, como siempre le había escuchado hablar, bueno... casi siempre. Él la miró, analizando sus gestos, su mirada imperturbable y la admiración que había comenzado a sentir por ella, creció inmensamente. Definitivamente, Anna... era algo especial.

¿Cómo puedes ser tan fría?

Acabó por preguntarle, sin quitarle la vista de encima.

¿Perdón... fría?

Repuso la otra, extrañada ante la pregunta que acababa de formular, su apuesto esposo.

Sí, fría. No lo digo para ofenderte. Más bien es un poco de envidia lo que siento.

Sintió la necesidad de explicarse, Yoh.

Por qué envidia?

Inquirió ella, interesada en lo que él pudiera responderle.

Porque soy incapaz de desligarme de mis sentimientos, así nada más. Y tú lo haces ver, tan fácil.

Pronunció la ultima frase, con cierto sobrecogimiento, pero con un tono de voz, bastante natural en él.

No es fácil... pero tampoco imposible. Yo he tenido más práctica... vamos Yoh, no me mires así.

Terminó de explicarse la muchacha tras el escritorio, pues notó que él, la miraba de una forma especial, con una mezcla de escepticismo e intriga.

Eres única, Anna.

Le soltó él, sin más... con una calma inquietante, que ya se había llegado a convertir en una de sus características más particulares.

¿Eso es un cumplido... o?

Preguntó la chica, con tono dubitativo.

Pero claro que sí lo es... ¿qué más podría ser?

Dijo él, relajándose un poco, ante la oscura mirada de su esposa.

Ahora que dejamos atrás tus dudas sobre mis expectativas, después de lo ocurrido. Debo darte el crédito que mereces y reconocer que sí eres un gran amante.

Declaró Anna, con total desenhibimiento, haciendo que una sonrisa traviesa, se dibujara en los labios de su esposo, aquella encantadora sonrisa, que recién le había descubierto el día anterior.

Gracias... y yo debo reconocer, que no eres un iceberg...

Aceptó él, aquel cumplido, más tranquilo, debido a la actitud que adoptara la rubia.

¿Ni una bruja frígida?

Preguntó ella, como esperando una buena calificación, por parte de él.

Para nada.

Murmuró Yoh, con total convencimiento.

Y frustrada sexualmente?

Él pareció estar pensando un rato, para luego responder en el mismo tono anterior.

No podrías estar más lejos de estarlo...

El semblante se le iluminó, ante aquel comentario, momentáneamente; aunque él no dejó de notarlo, por lo que su sonrisa se hizo aun más evidente.

Lo sé. Debemos ver lo que pasó... objetivamente.

Resolvió ella, sin dejar de mirarlo.

Así es... sólo era cuestión de tiempo, para que algo así ocurriera. Yo soy un hombre, tú... una mujer, somos jóvenes, compartimos la misma cama y tenemos hormonas en funcionamiento.

Demostró Yoh su acuerdo, manteniendo su semblante calmado y sereno, dejando atrás toda la confusión e incertidumbre, que llegó a sentir, antes de que por fin, Anna juzgara necesario, hablar sobre lo ocurrido.

Estás aprendiendo.

Dijo la mujer, sintiéndose fascinada por la facilidad con la que el joven moreno, se adaptaba a los cambios.

Pues sí...

Aseveró el muchacho, al tiempo que se ponía de pie.

Me voy, tengo que enviar esto a Kyoto. Me alegra haber aclarado todo este asunto...

Murmuró el chico, mientras se acercaba a la puerta de la oficina, para salir.

Y me alegra aún más, que no te preocupe en absoluto, la posibilidad de quedar embarazada. Hasta luego...

Dijo a manera de despedida y salió, dejando dentro, una chica, a quién sus palabras acababan de paralizar.

¿Embarazada?

La palabra salió de boca de la rubia, en un tono bajo y dificultoso, como si le costara trabajo nada más, el pronunciarla.


Una muchacha de apariencia delicada, entreabrió con seguridad, la puerta que daba a una oficina bellamente amoblada, y para llamar la atención de su única ocupante, quien se hallaba inmersa en la lectura de unos documentos, tocó levemente con los nudillos.

¿Cómo está todo?

Preguntó cordialmente, una vez obtuvo la atención deseada por parte de la mujer rubia, cuyos ojos profundamente verdes le examinaron brevemente antes de volver a los documentos que tenía en las manos.

Todo muy bien.

Fue la corta respuesta, por parte de la rubia de ojos claros. La mujer de cabellos azul cielo, que ese día llevaba recogidos en una coleta alta, no esperó invitación alguna y entró a la oficina, cerrando la puerta.

Me dijeron que habías ido a buscarme ayer...

Comentó con aire casual, al acercarse al escritorio, ordenado impecablemente. La chica tras él, rebuscó en uno de los cajones de éste, y sacó una carpeta blanca, que al parecer contenía algún tipo de documentación importante.

Sí, pero no te preocupes... no tenías que adelantar tu viaje de regreso, sólo para venir a ver que ocurría conmigo.

Le comunicó la rubia de cabellos cortos, sin mirarla siquiera, mientras se disponía a clasificar los papeles que anteriormente había leído.

Eres tan considerada, Pilika...

Declaró con cierta nota de sarcasmo, latente en su melodiosa voz, antes de ponerse de pie, para dirigirse con los papeles ya clasificados, hacia un archivero negro de metal, que reposaba en una esquina de la iluminada habitación.

Mary...

Comenzó Pilika, pero la otra no le dejó continuar.

Tranquila, no importa.

Dijo Mary, volviendo a ocupar su lugar detrás del escritorio, e indicándole una de las sillas frente a éste a la otra joven, para que tomara asiento.

Sólo quería entregarle a tu amiga, una información que me pareció importante para sus inversiones en la bolsa, pero ya que no estaba... pensé que tal vez tú...

Terminó de explicar su visita la chica, al tiempo que colocaba la carpeta blanca, que antes la vio sacar del cajón, frente a ella.

Gracias.

Se limitó a decir la chica de cabellos azules, sintiéndose algo culpable, por haberse negado a recibirla el día anterior.

No es nada. Mis clientes son primero... pero eso es, después de mis amigos y de mi persona, por supuesto.

Habló la rubia, prácticamente sin emoción, mientras echaba una última ojeada a una carpeta en la que tenía otra serie de documentos.

No quise molestarte, Mary... es que, no he tenido una buena semana.

Intentó disculparse la muchacha, con la carpeta en sus manos, levantándose del lugar que ocupaba, con intenciones claras de despedirse.

Comprendo. Dale mis saludos a tu hermanote... a propósito¿cuándo vuelve de Japón?

Pilika estaba dispuesta a asentir, cuando reparó en el detalle contenido en la pregunta formulada por la hermosa rubia, que en ese preciso instante, guardaba la carpeta cuyo contenido había revisado anteriormente en un elegante portafolios negro azabache.

Cómo sabes..., tú le diste la dirección.

Concluyó la chica, al observar la sonrisa que se dibujaba en el agraciado rostro de la rubia, al cerrar el portafolios.

Los amigos están primero, te lo acabo de decir.

Dijo la rubia, como si fuese algo sobrentendido ya. Pilika dudó un momento, sobre si su hermano le habría confiado el porqué necesitaba aquella información, más luego se percató que Horo muy pocas veces confiaba en otras personas, por mucho que necesitara lo que ellas pudieran ofrecerle a cambio.

Podrías compartir conmigo también, ese dato?

Preguntó la muchacha con delicadeza, para no demostrar las ganas que tenía de saber el paradero actual de Anna.

Nada más es pedirlo.

Exclamó la mujer, para luego dirigirse a su computadora, por cuyo teclado sus finos dedos volaron hábilmente, con la vista fija en la pantalla de ésta, hasta que se escuchó el sonido de la impresora.

Yoh Asakura... uno de los legítimos propietarios de Asakura & Asoc. Sede principal: Izumo, Japón. Toma...

Dijo ella, luego de pasar la vista por el papel recién impreso, tendiéndoselo.

Ahh... espera.

Soltó Marion de repente, alejando el papel del alcance de la peliazulada.

¿Qué pasa?

Preguntó la otra, de forma inmediata.

Primero deberás contestar una pequeña pregunta, que me ha estado dando vueltas en la cabeza.

Dijo Mary, al encaminarse a su escritorio, para recoger su portafolios.

¿Cuál?

Murmuró Pilika, dedicándole una mirada bastante significativa.

¿Qué es ese algo tan importante, que fue a hacer el buenote de tu hermano en Japón y para que necesitaba la dirección de los Asakura?

Interrogó la rubia de ojos verdes, al salir de su oficina, seguida de la otra muchacha de cerca.

No me vas a creer... pero no tengo idea. Es más, para eso es que quiero la dirección, aunque supongo que debe ser algo referente a los negocios.

Trató de sonar convincente Pilika, ante los ojos de la rubia, que la observaban de una forma bastante analítica. "La audacia y Marion, prácticamente son una sola", recordó la chica de largos cabellos azules, las palabras de Anna, al sentirse algo incomoda, por volver a mentirle abiertamente.

Está bien, no me lo cuentes... pero hazte un favor. Toma unas clases.

Le dijo la rubia, tranquilamente, al darse la vuelta para proseguir su camino.

Para?

Preguntó Pilika, medio confundida debido a la sugerencia hecha por Mary.

Para mentir, querida. Por lo desesperado que se veía el muñecote de Horo, es obvio que es algo relacionado con Anna.

Concluyó Mary, deteniéndose al instante, pues su secretaria le salía ya, al paso.

Señorita Phauna...

Llamó de inmediato ésta, a su jefa.

Sí, lo sé... me esperan en la sala de juntas. Gracias Micaela.

Terminó la chica de los electrizantes ojos verdes, amablemente, por ella. Y entonces, escuchó una voz proveniente de la salita de espera, justo a sus espaldas, que le hizo volverse.

Ya nos vamos, Pili?

Preguntó Liserg Diesel, quien evidentemente, había ido hasta allí, con la única intención de acompañar a la muchacha, que se estaba adueñando poco a poco de su corazón. Cuando Marion "La sirena" volteó, lo encontró al lado de ésta, mirándola con cierto grado de ensoñación, que solo pudo comparar con la que se observa en un amante o enamorado, cuando está cerca a la mujer que le ha robado la cordura.

Bonito espécimen... estás mejorando.

Murmuró gentilmente, con cierta picardía, que Pilika notó enseguida, por lo que se sonrojó sin poder evitarlo, haciendo que una sonrisa traviesa apareciera en los labios de la otra muchacha, mostrándola aun más hermosa, de lo que ya era.

Toma, Pilika... encuentra a Horokeu y para la próxima, me gustaría que me tuvieses al menos un poquito de confianza.

Dijo, entregándole finalmente el papel con la dirección, a la muchacha que aun estaba un poco ruborizada.

Uno nunca sabe, en cuanto te pueden ayudar los demás... ¿no lo crees, guapo, cuídense.

Acabó de hablar la mujer rubia, después de que Pilika tomara el papel de sus manos; Marion dirigió a Liserg una nueva mirada evaluadora y le guiñó un ojo a la chica de cabellos azules, en señal de aprobación, antes de proseguir su camino, para desaparecer pronto por el pasillo, al doblar hacia la izquierda, haciendo que todos los hombres fijaran su vista en ella, al verla pasar.

¿Quién era ella?

Se dignó a preguntar el muchacho de cabellos verdes, al observar a la chica que se hallaba a su lado, fruncir el entrecejo.

Mary Phauna... mejor conocida, como "La sirena".

Respondió la chica, con sorna.

¿La sirena?

Repitió él, como si no entendiera, el porqué de ese apodo.

Sí, así le llaman... y acabas de ser testigo, de cómo despliega su encanto.

Declaró ella, acompañada de un suspiro, que demostraba claramente su resignación, ante aquella situación. Lo más seguro era que Liserg se olvidara de su interés en ella, luego de tener la oportunidad de conocer a una mujer como Marion Phauna. Mas la mirada perpleja de éste, le hizo reconsiderar aquella conclusión, rápidamente.

¿No me digas que eres inmune?

Interrogó al chico, en cuya compañía, caminaba hacia la salida; con mucho más interés, del que demostrara.

No lo creo. Pero me temo que contigo a mi lado, "su encanto" no surte el efecto deseado.

Le comunicó el joven inglés, con ternura, viendo fascinado, como el color volvía a las mejillas de la muchacha, al escuchar sus sinceras palabras.


Anna Asakura, se hallaba pensando todavía, en el comentario que hiciera su esposo, antes de salir de su oficina. Habían hecho el amor... "tenido sexo, Anna... sólo fue sexo, recuérdalo" se corrigió y reprendió a sí misma, por haberse siquiera permitido en pensar en esas palabras... "Hacer el amor"... "Amor", ese era algo que definitivamente no tenía planeado para su futuro... sin embargo, tampoco había llegado a contemplar el hecho de poder llegar a sostener algún tipo de relaciones con su "marido", y ahí estaba: cuestionándose sobre la posibilidad, de haber quedado en estado de embarazo, tras la noche de pasión y deleite, a la que se había entregado a voluntad, el día anterior, en brazos de su moreno esposo.

¿Embarazada?... no, no pude quedar embarazada... ¿o sí?

Se interrogó en voz alta, la rubia de cabellos largos y ojos profundamente negros, mostrando un nada despreciable grado de incertidumbre, que no era común, notar en su voz, generalmente segura y fría.

Flash Back

Los labios del moreno se deslizaron lentamente por el cuello de la muchacha rubia, tendida sobre la cama, quien en ese mismo momento soltó un leve suspiro, antes de entrecerrar los ojos momentáneamente, como queriendo recordar en que lugar se hallaba y con quien. Anna caviló un poco más, entre la fantasía en la que un minuto antes, al escuchar las palabras de su esposo, se sumió. Se miró a sí misma, transportada a su propio pasado... el pasado aquel, donde disfrutó el amar y el ser amada libremente, pero gracias a Dios, los besos y las caricias expertas del muchacho que se hallaba sobre ella, le ayudaron a volver a la realidad a tiempo, es más... le hacían disfrutarla. Yoh metió lentamente las manos dentro de la camisa del pijama de la chica, rozando con la yema de los dedos y una suavidad arrolladora lugares demasiado sensibles en su espalda, haciendo que la rubia emitiera una serie de gemidos excitantes. Las manos de Anna no pudieron soportar la tentación de hacerse cargo de la situación y tuvo que ponerlas en acción. Primero se encargó de aferrarse a los hombros de Yoh, haciéndolo cambiar de posición de improvisto, aunque no quería... no deseaba para nada, alejar las manos del moreno de su espalda, pues sus caricias habían comenzado un incendio, que sinceramente no quería apagar. El moreno levantó el rostro para encontrarse con una clara mirada de deseo, reflejada en el de su rubia esposa, quién bajó las manos hasta su torneado torso, aun oculto por la camisa del pijama negro que usaba el muchacho y le empujó sin previo aviso, haciendo que cayera de espaldas sobre las ya, desordenadas sábanas blancas; Yoh retuvo una risita traviesa, pero no logró que sus labios dejaran de mostrar una pequeña sonrisita incitadora, ante la anterior acción, llevada a cabo por la rubia de ojos negros y posó las grandes y firmes manos masculinas, sobre cada uno de los muslos de Anna, por encima del pantalón del pijama azul cielo que usara esta, ella sonrió a su vez, al sentir las caricias ascendentes que le dedicaba su esposo, y ver como sus manos, se dieron un paseo desde sus muslos hasta llegar a posarse en su cintura, sin dejar de lado la oportunidad de tocar con pericia, todas y cada una de las partes, que se les cruzaba en el camino. La chica se inclinó hacia él, para besarlo con pasión, embriagándolo con la dulzura de sus labios y la lucha incansable en la que se sumieron sus lenguas, cuando ella penetró con la suya la cavidad bucal del muchacho que de inmediato se le unió, pero justo cuando se hallaba más concentrado en juguetear con la lengua de Anna, demostrándole todo lo que podía hacer con ella, la chica retiró la boca, para dedicarse a lamer el lóbulo de la oreja derecha del muchacho, que entonces entrecerró los ojos, disfrutando a sus anchas de la caricia que le dedicaba la mujer que le tenía aprisionado entre sus piernas, arrodillada, así como estaba en la cama, por encima del cuerpo del moreno; Anna continuó acariciándolo, mientras bajaba la boca de la oreja al cuello de Yoh, y lo siguiente que éste sintió fueron las finas manos de ella, apoderarse de su camisa, marcando un camino candente y desabotonando uno a uno los botones de esta, con una delicadeza sólo comparable con la rapidez con que lo hacía; la chica bajó entonces los labios hasta el pecho de su marido, besando cada centímetro de su piel desnuda, apartando al tiempo la tela, que antes lo cubría. Un grito ronco salió repentinamente, de la boca del castaño de cabellos cortos, la chica rubia acababa de morder con cierta rudeza uno de los pezones masculinos, provocándolo. Anna se echó a reír con malicia, al incorporarse, para uno a uno desabotonar los botones de su camisa, con una sensualidad extrema, ante la mirada extasiada de su esposo, cuyos ojos se oscurecieron al posarse en los perfectos senos de la rubia, coronados por una aureola rosada, donde se alzaban erguidos dos pequeños pezones, a causa de la excitación que ya recorría su cuerpo. Yoh se levantó de inmediato y atrajo prontamente a la rubia hacia su cuerpo, para poder saciarse de aquello que ella le incitaba a tomar. Aun sosteniendo a la chica, se apoderó de uno de sus pezones, lo lamió primero, haciendo que la rubia echara la cabeza hacia atrás, entregándose totalmente al disfrute de la sensación que le provocaba la boca de su moreno esposo sobre uno de sus senos, la leve caricia de la boca del castaño se volvió aun más intensa, cuando éste comenzó a succionar el pequeño pezón rosado, primero con lentitud y luego con pasión desbordante, hizo lo mismo con el otro, tomándose todo el tiempo del mundo en entregarse más y más a aquella deliciosa tarea. Por la mente de Anna, no pasaba ninguna idea, se hallaba totalmente en blanco, ni siquiera pensaba en lo que estaba haciendo y en que nunca se propuso que entre ella y su esposo pasara algo así, sintió a Yoh, tomarla por la cintura sin parar de besar sus pechos y recostarla de espaldas sobre la amplia cama matrimonial, para después dedicarse a marcar un camino con su lengua desde en medio de sus dos pechos hasta su ombligo, donde saboreó a su gusto el sabor de la piel encendida de la mujer dorada, que había flexionado las piernas, entre las que, él aun se mantenía atrapado; no podía evitarlo, simplemente esa prisión le encantaba. Anna respiraba ya agitadamente y eventualmente emitía uno que otro gemido de pasión, que sólo conseguía aumentar más el tamaño del deseo del chico, que se hacía cada vez más visible, en su miembro, aun por encima del pijama. Las manos de Yoh que habían estado activas proporcionando una serie de caricias excesivamente eróticas en los senos de la mujer, cuyos ojos se mantenían entrecerrados, masajeándolos en círculo, apretujándolos y haciendo presión con los pulgares en los pezones, viajaron entonces hasta las caderas de la mujer, apoderándose de la faja elástica del pantalón del pijama, que usaba aun la muchacha, para despojarla de él, bajándolo lentamente, a lo que ella, respondió levantando las caderas. Ante la total visión de aquellas pálidas piernas desnudas, él no pudo hacer más que acariciarlas, pasando su dedo índice a lo largo del muslo hasta llegar a uno de los tobillos, desde donde se dedicó a dar pequeños besitos, al tiempo que nuevamente subía, ensanchando una sonrisa traviesa al escuchar el suspiro ahogado de la chica, cuando hubo comprobado el estado de humedad de su sexo, con una de sus manos, al acariciarlo, sobre la suave tela de las pequeñas bragas blancas que ella usaba. Anna lo sorprendió una vez más, al erguirse sin aviso por encima de él, quitándole sin apremio la parte de arriba del pijama, que antes cubría el moreno torso y bajando luego una de sus manos, hasta la entrepierna de él, para hacerle notar al chico, que ella no era la única que se encontraba a punto de estallar, ante sus sentidos y cuerpos insatisfechos. Él entendió perfectamente el mensaje, tanto que le permitió a la chica, despojarle también de la parte de debajo de la prenda que usaba para dormir. Ambos volvieron a reiterar el deseo y la lujuria que les invadía, dando grandes muestras de estos, en todas y cada una de sus caricias audaces y de los gritos únicamente ahogados por la boca del otro, no podían pensar en nada más, que brindarle placer a su compañero y en satisfacer la urgencia cada vez más presente, de poseer al otro por completo. Ni siquiera se asombraron cuando se encontraron desnudos por completo, frente a la mirada de su recién descubierto amante, únicamente procedieron a entrelazar sus piernas, y abrazarse con ternura... se fundieron uno en el otro, en un abrazo mucho más fuerte que el anterior, en el mismo instante en que Yoh se abriera paso, entre los pliegues más íntimos de la rubia de oscuras pupilas, para hallar el centro húmedo del deseo femenino, haciéndola gritar entre jadeos, al sentir como sus paredes vaginales se ensanchaban para recibir al huésped temporal de ésta. El muchacho moreno la acercó aun más a su cuerpo para tomar el lugar, que tan amablemente Anna le estaba ofreciendo en su interior, proporcionándole así a ambos algo de sosiego, al calmar un poco el fuego que internamente les consumía, sólo para intensificarlo aun más, con cada embestida que el moreno le daba, en el frenesí desesperado que afianzó con su unión, creando un mar de una dicha inmensa, que no parecía tener fin; cargas eléctricas recorrían cada rincón de sus cuerpos y terminaban en pequeñas estallidos, que hacían acto de presencia en sus cerebros, logrando que chispas de colores se formaran en estos y viajarán directamente a sus ojos, al prácticamente delirar debido al intenso placer, que únicamente aquel tipo de contacto, les podía proporcionar.

Fin Flash Back

Las perlas negras que la chica tenía por ojos, se encendieron con un fuego abrasador, al recordar los detalles más candentes de la noche anterior, y de repente tuvo un pequeño ataque de recato, a causa de la culpabilidad que acosaba su mente, al reconocer lo descuidados y egoístas que habían sido Yoh y ella, al entregarse de ese modo, a tan bajas pasiones; más casi de inmediato éste fue remplazado con un aire pícaro que se reflejó en su rostro, al comprender las razones que tuvo su moreno esposo, para mostrarse tan inseguro y nervioso, aquella mañana.

Bueno... supongo que sí cabe esa posibilidad.

Terminó por aceptar, de forma calculada, la mujer de cabellos dorados, sin borrar del todo, una nube de preocupación que pasaba por sus ojos, justo en aquel momento, oscureciéndoles más de la cuenta.

Aló... ¿cómo está Eliza¿se encuentra el Doctor Fausto?

Exclamó la rubia, al escuchar como del otro lado de la línea, la voz amable de una mujer, le contestaba; minutos después de que se decidiera, por fin en llamar al Doctor de cabecera de los Asakura... al fin y al cabo, mucho antes de que las declaraciones tan acertadas de su esposo, le suscitaran dudas sobre las consecuencias que podrían acarrearles a ambos, "esa entrega", aun sin sentimientos de por medio; ella, ya había pensado en pedir la colaboración del buen doctor, para que la ayudara a sobrellevar ciertos "problemitas caseros", recién descubiertos.


Una mujer joven, de aspecto casual y despreocupado, miraba un punto distante, más allá del hombre negro y atractivo, que se hallaba también en aquella habitación, y que la observaba con interés genuino debido a su anormal silencio y al aire pensativo y ausente que mantenía, desde que había entrado al bar, aquel día.

¿Cómo vas con eso?

Preguntó la chica al verlo acercarse, con unos papeles en la mano.

Bien... creo que tengo todo.

Contestó él, sentándose frente a ella y entregándole los papeles que había traído consigo.

¿Todo?

Preguntó ella, abandonando su aire ausente e interesándose aun más, al tiempo que alzaba una ceja, para darle un efecto diferente a su interrogante.

Todo es todo...

Reclamó él, ante la falta de confianza de la muchacha, fingiendo estar dolido, al llevarse la mano al corazón.

¿Incluyendo el tipo de relación que mantenía con Yohmei Asakura y la razón del porqué le dejó todo lo que en vida le pertenecía?

Se limitó a acosarlo con preguntas Matilda, haciendo caso omiso al gesto del chico, frente a ella.

Tengo una posible teoría sobre eso... ¿quieres escucharla?

Le invitó Chocolove, acercándose a ella, como si quisiera contarle un secreto.

Para eso estoy aquí, chocolatito...

Comentó ella, adoptando su tranquilidad cotidiana y guiñándole un ojo, en señal de complicidad.

¿Jefe?

Llamó la atención de ambos, la voz del muchacho pecoso, a quién anteriormente Chocolove había llamado como Luigi.

¿sí?

Preguntó el aludido, mirando al recién llegado.

Trajeron esto, hace un rato...

Afirmó el joven, con un tono normal, enseñándole a su jefe un pequeño paquete, cuyo contenido no podía adivinarse a simple vista.

Decían que era para usted, pero creo que se equivocaron, porque aquí dice que es para un tal "Scarlet FIRE"... y sinceramente¿quién puede llamarse así?

Los ojos de Chocolove y Matty, se cruzaron momentáneamente al escuchar las palabras del muchacho, que se encogió de hombros, completamente seguro de que aquella entrega era una equivocación.

Gracias, Luigi... déjamelo. Veré que hacer con él.

Agregó el dueño y barman del lugar, tomando el paquete de manos de su empleado, quién se marchó de inmediato.

¿Quién sabe que todavía nos mantenemos en contacto?

Le interrogó abruptamente la pelirroja, apenas calculó que el chico no podía escuchar la conversación que sostuvieran, con los ojos fijos en el paquete.

Nadie.

Aseguró el muchacho perplejo aun.

Alguien debe saber... un paquete no se manda solo.

Murmuró la chica, tomando el paquete y comenzando a abrirlo.

¿Lo abrirás?

Preguntó lo obvio, el chico, pues eso le parecía sumamente imprudente.

Sí es de los nuestros, no pondrán nada peligroso... no sería bueno para la agencia, llamar la atención de esa manera.

Intentó tranquilizarlo Matty, mirándolo de reojo, pero sin soltar el pequeño paquete, para nada.

Y si no es de los nuestros?

Preguntó Chocolove, sabiendo que la respuesta de la chica pelirroja, no sería nada satisfactoria, y no se equivocó.

Hay que aprender a tomar riesgos.

Declaró fervientemente la mujer, antes de terminar de hacer lo que había comenzado; Cuando el paquete en cuestión fue abierto, solo reveló un cosa en el fondo, algo que parecía de color negro y que Matilda sacó enseguida, deteniéndose un minuto para inspeccionar bien el interior, asegurándose de no pasar nada por alto.

Un videocasete?

Dijo el hombre, observando el objeto que la chica sostenía, como si no fuese nada del otro mundo.

¿Dónde podemos verlo?

Le preguntó Matty, con un desinterés, que él interpretó como una mala señal.

Por aquí...

Le guió Choco, al tiempo que su cerebro no dejaba de procesar todo lo anteriormente sucedido. Entraron a un cuarto, lleno de cámaras y cintas de video, almacenadas en las paredes repletas de estantes, era como estar en una cabina de vigilancia, había una pared entera llena de monitores, que revelaban distintos ángulos y puntos del bar y al fondo en un rincón se hallaba un televisor conectado a lo que parecía ser una especie de vídeo casetera, así, como también una pequeña cámara de vídeo, colocada en una especie de trípode. Él tomó el casete de manos de la muchacha y lo introdujo en el aparato, para poder observar su contenido; Matilda acercó una silla al televisor y se sentó, esperando que Chocolove reprodujera la cinta. Una imagen borrosa al principio, se fue aclarando poco a poco, para mostrar luego, el agraciado rostro de una mujer joven, con cabello lacio y castaño que llevaba suelto, y unos ojos grandes, que denotaban una inocencia casi infantil.

Hola FIRE...

Saludó la muchacha de la grabación, con la voz más dulce que el chico había escuchado jamás. Chocolove, se tomó un instante para analizar el semblante de la joven a su lado, parecía absorta en la pantalla y en la chica que aparecía en ella.

¿Cómo te ha tratado la vida, mejor que a mí, estoy segura... ¿me recuerdas?... no lo creo, pero apuesto a que a él, sí... saluda Horokeu, cariño!...

Dijo de repente sorprendiendo a Matty, cuando al apartarse de la cámara, apareció la imagen de un muchacho de cabellos revueltos y azules, con apariencia de llevar horas sin dormir y una palidez extrema, que le hizo dar un vuelco a su corazón. Más no demostró ni un ápice de la preocupación que comenzó a formarse en su interior. Los ojos del joven cantinero pasaron de la imagen en pantalla a Matty, rápidamente, al ver aquello.

Tendrás que perdonarlo... es que, es un poco tímido ante las cámaras, pero él... no tiene opción. Tú sí!... puedes salvarlo o no... es tu decisión.

Espetó la chica de la grabación, sin ninguna emoción en su rostro, y con una voz, que parecía no pertenecerle. Hizo una breve pausa, para darle a su mensaje un toque de absurda inocencia, al acercarse a Horo y acariciarle tiernamente el cabello con ambas manos, apartando los mechones que caían sobre su rostro, con suma tranquilidad, para luego mirar nuevamente a la cámara y continuar con su monologo.

"Búscame en el sitio, dónde ya no se escuchan sus risas", tienes hasta las 8:30 PM... sería una lástima que algo más, le ocurriera a tu nuevo noviecito.

Dijo y susurró algo inaudible al oído del muchacho que abrió sus ojos, más de lo normal, mientras la chica castaña le acariciaba gentilmente una mejilla.

FIRE... FIRE... Butterfly!

Se le escuchó decir, a manera de despedida, sonriendo antes de sentarse sobre las piernas del chico, que yacía atado a la silla, acercando peligrosamente su rostro al suyo, para darle un dulce beso, muy cerca de los labios, sobre los que una tira negra firmemente atada le impedía mover.

¿Qué fue eso?…

Le preguntó Choco, a la chica que todavía tenía los ojos fijos en la pantalla, que de un momento a otro se había vuelto negra.

Es la hermana de Boris. Cree que soy la culpable de lo que pasó...

Le explicó Matty, al tiempo que se ponía de pie, con el firme propósito de salir del lugar donde se encontraba.

No pensarás ir sola, la chica está loca. Faltan apenas como dos horas para que se cumpla el plazo...

Dijo mirando su reloj de pulsera, el moreno.

Y ¿qué es eso de "Búscame donde ya no se escuchan sus risas"?

Le interrogó al ver, que ella no parecía dispuesta a escucharlo, por lo que concluyó que ese chico de cabellos azules, que aparecía en compañía de "la loca" en la extraña grabación, de verdad era importante para la chica de rojos cabellos.

La vieja feria... en las afueras de la ciudad. A Boris le encantaba...

Murmuró ella, con voz triste.

Iré contigo.

Se ofreció el joven, tenía un mal presentimiento de todo eso.

No. No expondré a nadie más... yo puedo sola, sólo es una niña confundida.

Lo detuvo Matty inmediatamente, con voz tranquila, que no engañó al muchacho que le acompañaba. No debía permitir que nadie más interfiriera en eso, tenía que convencer a la chica de que ella no era culpable, de lo sucedido... Además estaba Horo... no podía creer que existiera alguien con tan mala suerte, como él... pero debía reconocer que de la situación, en la que ahora se había visto involucrado el muchacho de cabellos azules, si se sentía la única culpable.

¿Quién es el chico?

La pregunta de Chocolove, la hizo voltear a mirarlo, para luego responder con un hilito de voz.

Alguien a quien nunca debí conocer...

Él la miró detenidamente, no podía dejarse engañar por su aparente tranquilidad, lo de Boris nunca fue fácil de aceptar para ella... y ahora para colmo de males, aparecía su hermana para revolverlo todo. Además por más que intentara verla como "la chica confundida" que Matty aseguraba que era, él no lo lograba.

¿Segura que no quieres ayuda?

Volvió a ofrecerse el muchacho.

Sí... pero, quizá si hay algo que puedes hacer por mí.

Declaró la chica con resolución.

¿Qué?

Dijo el joven negro, con cierto desgano, pues no se sentiría tranquilo hasta verla de regreso y en una pieza.

Entrégale esto a Hao.

Le dijo, entregándole los papeles que revisaban antes de la llegada de Luigi, con el extraño paquete.

¿A Hao Asakura?

Preguntó el chico, levantando una ceja, con escepticismo demasiado notorio. Matty sabía que se encontraba decepcionado, pues esperaba que le encargara hacer cualquier otra cosa.

Al mismo. Lo encontrarás en el parque central, en una de las bancas situadas frente al lago. Me espera a las 8:00 PM.

Terminó de explicarse ella, sin darle tiempo a réplica alguna.

Insisto en que no deberías ir sola... no me gusta la actitud de esa "niña confundida", sólo espero que no se parezca demasiado al hermano.

Debatió él, de nuevo, pues de veras sentía que algo no saldría como Matty esperaba; era raro, pues el chico le confiaría su vida a aquella joven pelirroja sin chistar, debido a la confianza extrema que le tenía a las dotes de espía que ella poseía y sin embargo, sentía la necesidad de seguir insistiendo en acompañarla, está vez.

De ella me encargo yo... Promete que no me seguirás...

Le pidió ella, dedicándole una mirada penetrante y que no dejaba lugar a desobediencia alguna.

Pero Matilda...

Trató de persuadirla el chico, en vano, porque ella volvió a cortarlo de manera decidida.

"Promételo Choco".

Está bien, no te seguiré... lo prometo, pero llévate esto...

Accedió por fin, el moreno, buscando en un cajón y ofreciéndole a la chica una hermosa 9 mm, plateada.

No la necesito.

Se negó a recibirla la chica.

Llévatela...

Insistió el muchacho con el brazo extendido aun.

Está bien.

Aceptó resignada, Matilda, tomando el arma y las municiones que el chico le tendía, pues sabía de sobra, que si no lo hacía, era bastante probable que él no le dejará salir de allí, nunca.

Suerte...

Se le escuchó decir al muchacho, que le miraba con reprobación.

Esa tampoco la necesito. Hasta pronto.

Le recalcó la joven, dedicándole una sonrisa, luego de cargar el arma y colocársela en el cinto, sacándose un poco la camiseta para que no se notara mucho. Hizo un ademán con la mano, para despedirse del chico y salió con paso seguro del lugar. Chocolove se quedó un minuto pensativo, después de verla marcharse, pero luego volvió al cajón de donde había sacado el arma, para esta vez, extraer de su interior un teléfono celular.

Prometí no seguirte y no lo haré... pero, "seguro mató a confianza", así que...

Expresó el muchacho sus pensamientos, antes de dedicarse a remarcar el último al que se había comunicado desde aquel móvil.

Aló... es Chuck, comunícame con el "Gran jefe".


Nota de la Autora:

Bueno, yo siempre atrasada, espero y me perdonen, pero es que lo de mi trabajo de grado me tiene bastante ocupada, así que prácticamente es un milagro que pueda dedicarme a hacer un nuevo capitulo y más que lo pueda subir. Pero ahí voy, para que luego no digan que no las quiero, por cierto... a ver que opinan de este capitulo, en especial.

Bueno, ahora sí... a los reviews. Cualquier comentario que tengan será bien recibido, como siempre, ya lo saben...

Ire Yamichii: Me alegra mucho que sigas fiel... jeje, la verdad es que si me gusta la pareja YohxAnna, pero más que todo en este fic, porque el chico aquí, ha ido madurando poco a poco, y pues por eso se van dando las cosas. Con lo de LenxTamao, te diré... o más bien te adelanto, que si tendrán problemas, y trataré de poner algo de ellos en el próximo cap. En fin, me alegra mucho que le sigas leyendo, gracias, por todo. Muchos besos.

Kamimura: hermanita linda... ya no he podido hablar más contigo, pero quien sabe, uno de estos días... de verdad te emociono, genial... i miss you, darling... un poco de english, para rematar. Jiji... sigo esperando tu mail. ToT mala... de verdad que no se me ocurre nada para el otro fic. Help me please! I love you so much. Ándate con cuidado… besos.

Minamo: Ya sabía que tu ibas a ser de las primeras en querer matarme, por el capitulo anterior... sí, sé que lo dejé en lo mejor. Pero si me matas, como le continuo... luego no podrás dormir, por el sentimiento de culpa que te invadirá... además quedarás con la incertidumbre, pues no sabrás como termina. Jeje... si, 38, la inspiración, tu sabes. Bueno espero que te guste este cap. Gracias por el review.

Sakura Waters: Prometo que lo seguiré y por supuesto que habrá más de Len y Tamao. Muchas gracias por el review. Cuídate.

PiPOcHI: Creo que si fue demasiado rápido para mi gusto, pero ya se lo merecían y se las debía no?... en fin, le dí una buena explicación, o por lo menos eso creo. Muchísimas gracias por leer este fic... y espero tu review. Cuídate.

Priss: Bueno, ahora sí, creo que ya tienes lo que querías. Jeje... fue rápido, ese no es mi estilo, pero bueno... ya todos querían algo, además creo que no me salió tan bien, como esperaba, pero que puedo hacer... tuve que forzarme a hacerlo, sólo espero que el Flash Back sea de tu agrado, tu sabes que mi fuerte es el misterio... jiji. Muchas gracias, por seguir leyendo. Cuídese muchísimo y besos.

Hanna Asakura: pues... Gracias por leer, y esperar, porque estoy actualizando bien lento, tengo buenas razones. Jeje... me gustaría que me hicieras saber cuales son esas palabras, sólo por curiosidad, además si no entiendes yo te explico, no hay problema. De lo otro. Sí... me encanta el HaoxAnna, pues es mi pareja favorita, pero para este fic en especial, la otra no está tan mal... y también te digo que ya escogí a la pareja principal, uf! Hace rato... aunque muchas veces dudé, pero ya está decidido... muy pronto la sabrán. Bye, muchos besos... y sigue leyendo.

Bueno, a todos los que leen... muchísimas gracias, por ser tan buenos... jaja. Sayonara, y hasta la próxima actualización. Los quiere...

Darla Asakura.