ENTERRANDO EL PASADO
By DARLA ASAKURA
CAPITULO XIX
UNA PRUEBA DE FUEGO
Las sórdidas paredes blancas de aquel lugar, sin adornos ni retratos, ni nada en particular, eran demasiado imponentes incluso para ese pequeño grupo de hombres, sus miradas no denotaban mucho… no había miedo, ni dolor, pero la desesperación era visible y la incertidumbre era su factor común.
El chico de cabellos azules y ojos oscuros no dejaba de seguir con la mirada los movimientos que hicieran los otros dos que le acompañaban, mientras la mujer vestida de blanco a su lado, le atendía con esmero y trataba de curar las leves heridas que él mostraba. A Horokeu no le importó esto, ni siquiera se preocupó en colaborarle a la dama, solamente se dejaba hacer con el único interés de que finalmente le dejarán en paz y quizá le informaran algún detalle, sobre el estado de ella.
¿Por qué no me dijiste sobre esto?- se le escuchó decir al castaño, con molestia creciente en la voz.
El comentario no iba dirigido hacia él, sino hacia el otro joven de aspecto folclórico, quien fuera el último integrante de ese extraño trío. Los grandes ojos del muchacho moreno, que a primera vista pareciera amable, cálido y jovial, expresaron el fastidio causado, por el comentario del castaño de cabellos largos.
¿De que hablas, Asakura?... mejor mantente fuera.- dijo o más bien gruñó el hombre, pero sus palabras no tuvieron el efecto deseado en Hao.
Vaya¿y crees que lo haré... porque un supuesto cantinero de pacotilla, me lo diga?- le espetó Asakura, con un dejo de sarcasmo al mencionar la profesión del muchacho frente a él.
En primera no soy un cantinero de pacotilla…- Rezó Chocolove, con firmeza.
Hao enarcó las cejas en un gesto de burla y sonrió levemente, ante las palabras del moreno, para luego interrumpirlo abruptamente.
Créeme, eso lo tengo bien claro.- Aseveró.
No voy a darte explicaciones.- le increpó Choco tras una breve pausa.
Lo que tu hagas me tiene sin cuidado¿Qué le sucedió a Matty?- volvió a atacar Hao, esperando que el cantinero se decidiera por fin a contarle lo ocurrido.
Él no sabía mucho, pero ese día cuando habló con ella por teléfono le dejó un poco preocupado, y sí, tenía que reconocerlo… algo molesto, puesto que la chica le había colgado antes de que él terminara de hablar. Todo el día se la pasó de un humor espantoso y no pudo concentrarse en absolutamente nada referente al trabajo… pero no todo era culpa de Matilda, no. Anna también era culpable, ella y su actitud esquiva… ella y su hermano; por eso Hao tenía que saber… porque Anna le estaba trastornando, Hao tenía que saber que era lo que unía a esa fría rubia, con su abuelo Yohmei.
Eso no es de tu incumbencia.- La expresión severa de Chocolove, no cambió en nada al responderle, y eso fue más de lo que el castaño pudo soportar.
Pues si él está aquí, yo también puedo estarlo y con más derecho aun.- Exclamó alzando la voz, mientras señalaba a Horo-Horo, quien los miraba como ausente.
El chico no quería estar aquí, y de hecho ya la agencia se está encargando de ese asunto.- contestó el aludido, sin levantar la voz. Maldiciendo el momento en el que fue tan descuidado, como para permitir que Hao Asakura le siguiera, tras su cita.
Eso es lo que yo digo¿por qué la agencia?... Matty se deshizo de ellos hace tiempo.- le recordó Hao.
Chocolove ahogó un suspiro y le miró, de una forma que dejaba ver perfectamente su cansancio. Seguía sin entender como las cosas habían llegado a ese punto, aun desconocían el estado en el que se encontraba Matty, quien había salido herida al salir en rescate del muchacho del vídeo… el moreno dejó de mirar al fúrico castaño que tenía enfrente y posó su vista por una milésima de segundo, en el otro de cabellos azules, a quien le atendían las heridas unos pasos más allá.
Parece que sabes mucho, pero te apuesto a que no tienes ni idea sobre el motivo…- comenzó a responder, pero no terminó porque Hao no se lo permitió.
No necesito saberlo.- le aseguró con un gruñido el castaño.
Chocolove rodó los ojos, y observó como el doctor se acercaba al lugar.
Doctor¿cómo está?- saltó Hao de inmediato, apenas notó la presencia del médico.
Aun no ha vuelto en sí, pero ya se encuentra estable. Por cierto… ¿Quién de ustedes se encargará de ella?- les interrogó, con voz impasible.
Yo.- habló Horo por primera vez, desde que llegaron a aquel lugar que se asemejaba a una sala de hospital, poniéndose en pie y sorprendiendo a todos.
Yo me haré cargo de ella, doctor. tú no estás en condiciones para hacerte cargo de ella, Horokeu.- expuso Choco tras reponerse de la sorpresa, que la resolución y firmeza de la voz autoritaria de Horokeu Usui, le causara.
No, nada de eso… Matty no está segura con ninguno de ustedes, y ni creas que la dejaré en manos de la agencia.- Replicó Hao, cruzándose de brazos… y dejando clara su posición.
Tanto Horo como Chocolove le miraron. El primero desafiante y el otro algo inquieto, puesto que las cosas allí, se estaban complicando demasiado para su gusto… ¡Idiota!, se regañó a sí mismo el moreno… no debió dejarla ir sin compañía.
Señor Asakura.- una voz llenó la estancia, haciendo que todos volcaran la atención en su dueño. Un hombre alto, fornido y de cabello largo, con rasgos étnicos, apareció de la nada.
¿Quién es usted?- Preguntó el aludido, mirándolo de arriba a abajo.
Puede llamarme Silver… soy el jefe de Matilda.- concluyó el recién llegado, con una voz llena de tranquilidad.
Ah, usted es entonces el culpable de que esté sucediendo todo esto. ¿Creí que Matty ya no tenía nada que ver con la agencia?- aseveró Hao, sin amedrentarse en lo absoluto, al conocer su identidad.
Lo sucedido es lamentable, pero debemos dejarle claro que esto nada tiene que ver con usted y que deberá mantenerse al margen de esta situación irregular.- Declaró Silver, de manera muy formal.
Hao lo miró con odio, mientras que el resto de las personas presentes solo guardaron silencio ante la delicada situación, Horo seguía en pie, dificultándole las cosas sin querer, a la enfermera que le atendía y a la que no le prestaba ni pizca de atención.
Déjeme preguntarle algo… ¿en serio cree que me voy a tragar toda esa basura?, yo de aquí no me muevo, además por lo menos yo estoy al tanto de todo… lo que sinceramente no se puede decir de él.- Hao perdió la poca paciencia que le quedaba, y terminó por resentir incluso la presencia del muchacho de cabellos azules, a quien también hacía responsable de todo lo que ocurría.
¿Podrías dejar de hablar sobre mi, como si no estuviera presente?- Replicó el ainu de cabellos azules, apartándose de la enfermera bruscamente para enfrentar a Hao.
Hao Asakura dejó de mirar al indio, para encarar al Usui, cuyos ojos negros refulgían de la ira.
¿Podría quedarse quieto, señor Usui?- pidió la mujer, a la que el muchacho dirigió por ultima vez su mirada oscura, para luego ignorar por completo.
¿De él nos encargaremos luego?- dijo el hombre mayor, mirando de reojo al muchacho de Hokkaido.
Horo se percató del disimulado escrutinio del hombre que se hacía llamar Silver, el cual, cabe agregar, no le causó mucha confianza.
Usted tampoco me cae muy bien¿y que pretende hacer con toda la información que tengo¿acaso borrar mi memoria?- Le interrogó él, dejándole claro que no tenía ninguna duda sobre los alcances de toda persona relacionada con la mentada agencia, a la que había pertenecido Matilda y de la que Hao no dejaba de hablar.
No seria mala idea, por lo menos así dejarías de meter en problemas a Matty.- Declaró el castaño, con voz helada.
A Hao Asakura le gustaba tener el control de la situación, y no podía ocultar el hecho de que no le gustaba ni poquito que Horokeu Usui tuviera algo que ver con la chica pelirroja. Para él simplemente Horo era una carga, alguien que no supo sobrellevar el peligro y por eso mismo, lo hizo responsable de lo que sucedía con Matty.
No te pregunté a ti, Asakura.- Horokeu utilizó toda la fuerza que pudo en aquella oración, para dejarle claro a Hao, que el sentimiento era mutuo.
Señor Usui podría sentarse para terminar con sus heridas.- Rogó la enfermera, que se hallaba a su lado. Horo por supuesto, hizo caso omiso de esto.
Mire señor Usui, tenemos la situación controlada en este momento y le prometemos…- Se decidió a responderle, Silver.
¿me prometen¿con que van a salir ahora?- Protestó el ainu, la dureza en su voz se hizo notar, al tiempo que salió a relucir en sus ojos, aquel brillo peligroso que a Matty tanto le gustaba ver.
A mi también me gustaría saberlo. ¿y bien?- Le urgió Hao, pues el hombre no mostraba indicios de querer empezar.
¿quisieran dejarlo hablar?- Intervino entonces Choco que se había mantenido en silencio, para tratar de tranquilizar a esos dos.
Gracias.- El indio agradeció al muchacho por su intervención, para luego dirigirse a Horokeu Usui.
Bueno Señor Usui, usted aquí es la persona que menos implicada está en lo sucedido.- Resolvió y esta vez, fue el turno de Chocolove para replicar.
¿Menos implicada?... Por Dios Santo Silver!... al chico lo secuestraron para llegar a Matty, obviamente saben que pueden volver a utilizarlo.- Expuso el moreno, su creciente preocupación.
Lo sabemos, Chuck… por eso mismo creemos de vital importancia, mantenerlo a salvo, por lo que le proporcionaremos los medios seguros para que pueda volver a Roma, junto a su hermana.- Se dedicó a explicar el otro, a lo que Horo abrió desmesuradamente los ojos, mientras que Hao soltaba una risita.
¡Caramba, ya te investigaron y todo, azulito!- Le hizo ver al muchacho de cabellos azules, a sabiendas de que lo mismo estaba pasando ahora por la cabeza de éste.
No me llames azulito.- Le reprochó el aludido a Hao, quien sonrió de forma sardónica, ante la actitud del ainu.
Con todo respeto señor… Silver, no tengo pensado volver a Italia sin asegurarme de que Matilda estará bien, le debo la vida.- Comentó el chico de Hokkaido con total resolución.
Flash Back
Horokeu Usui no reconocía en lo absoluto, el lugar en el que se hallaba, ni tampoco conocía los motivos por los cuales, se encontraba allí. La desesperación en su interior iba en aumento, había sido engañado por la chiquilla de cabello castaño y largo, a la que creyó erróneamente una criatura de inocente y que en ese preciso momento posaba en él su mirada.
El muchacho de orbes oscuros, la observó acercarse al lugar donde él estaba atado, con andar tranquilo.
Tómalo con calma, pronto estarás reunido con tu amada.- Le dijo cuando estuvo lo bastante cerca. Al parecer trataba de calmarlo, claro que su voz llena de dulzura, ahora causaba el efecto contrario en él.
Ya déjalo, Deborah. ¿Qué importa si el pobre chico se hace en los pantalones, pensando en una muerte cercana?- Hasta los oídos del ainu, llegó la voz agria del hombre que siempre acompañaba a la castaña, del cual, él creyó defenderla algunas horas más temprano.
Pues no sé, es que creo que no me cae tan mal… pobrecito, sólo quería ayudar a una chica en peligro.- Musitó tristemente la mujer, mirando a uno y a otro, de forma intermitente.
Le advertí que no debía confiar en ti.- Expuso el otro, y su rostro mostró una mueca cruel, que parecía traducir una sonrisa.
Oh sí, lo recuerdo bien... ¿tú lo recuerdas, Horo?- le preguntó, prácticamente en un susurro, luego de acercarse un poco más al chico que seguía atado a aquella vieja silla.
Voy a dar una ronda, ya vuelvo.- le informó el hombre, tras menear la cabeza negativamente, debido a la conducta de la extraña chica.
Como desees cariño. Te espero…- Le respondió ella, con una amplia sonrisa dibujada en sus labios.
¿Me prometes no gritar… si te quito la mordaza?- Preguntó, una vez estuvieron solos. Horo se negó a responder.
Igual nadie podrá oírte, ya nadie viene por aquí.- Insistió la mujer castaña, poniéndose en cuclillas, para llegar a su nivel.
Esta vez el muchacho afirmó con la cabeza, puesto que para él primaba saber la razón por la que se hallaba en esa situación, ya que solo sabía con certeza que Matilda tenía que ver con aquello, y eso no era mucho.
Buen chico.- musitó la joven, con su voz de terciopelo.
La tal Déborah se dedicó a quitarle la mordaza, y a mirarlo con ternura.
¿Por qué haces esto?- Le espetó él, apenas se hubo liberado de la mordaza.
No lo entenderías…- terció la chica.
¿Quién eres tú¿qué quieres de mi?- Volvió a preguntar el chico de Hokkaido, esperando que la chica se decidiera a contestar alguno de sus interrogantes.
De ti, nada… pero espero que valgas lo suficiente para que cierta pelirroja que conoces, haga acto de presencia, dentro de… aproximadamente 10 minutos.- Se encargó de hacerle ver, la muchacha… confirmando la hora en su reloj de pulsera, con una normalidad que a él le intrigaba.
¿Para qué?… ¿qué piensas hacer cuando venga?- Se apresuró a preguntar el chico, realmente preocupado.
Horokeu podía esperar cualquier cosa de esa mujer y su acompañante, así que comenzaba a temer por lo que pudiera ocurrirle a la pelirroja, si decidía que él valía tanto, como para dejarse llevar por las exigencias de esos dos.
Estás haciendo demasiadas preguntas¿tanto te preocupa tu noviecita?- preguntó la castaña con interés.
Ella no es mi novia, casi ni la conozco… así que estás perdiendo el tiempo, es muy probable que ni siquiera aparezca.- Declaró Horo-Horo y rezó con todas sus fuerzas, porque esto fuese así.
Sí ese es el caso, te pido disculpas por adelantado.- expuso ella, sin cambiar en nada su expresión dulce, mientras esbozaba una sonrisa que al chico le inquietó.
¿Por qué?- Preguntó él, en algo parecido a un susurro.
Porque morirás esta noche, cariño.- casi declamó ella, colocándole la mordaza nuevamente, tras ponerse en pie.
Fin Flash Back
Oye Horokeu, creo que deberías meditarlo con calma… tú no estás relacionado directamente con la agencia y podría resultar muy peligroso que siguieras en Japón.- Le sugirió el negro, después de alejarlo un poco del grupo, pero no lo suficiente como para impedir que los otros escucharan.
No tengo nada que meditar, no la voy a dejar a su suerte.- Sostuvo su posición el ainu.
No te preocupes por ella, yo la cuidaré… pues no creo que deba dejarla en manos de estos mequetrefes.- Le aseguró Hao, al unirse a la conversación que Chocolove sostuviera aparte con Horo.
Más respeto, señor Asakura. Nuestro trabajo es algo sumamente serio y si le hemos permitido estar aquí…- Lo enfrentó Silver, provocando una reacción agresiva en el mayor de los gemelos Asakura.
Sí me han permitido estar aquí, es porque no tienen derecho a impedirlo, como tampoco tienen derecho a impedir que Matty quede bajo mi protección.- Le restregó Hao, sin ningún tacto al jefe de Matilda.
Pero eso tampoco pasará, porque si alguien tiene derecho a cuidar de Matty, ese soy yo.- Declaró con firmeza el Usui.
¿no me digas, y eso por qué?- le interrogó Hao, luego de levantar una ceja inquisidoramente.
Porque soy su novio. – Espetó sin más el muchacho, dejándolos a todos perplejos.
-SK-
Len Tao posó su mirada verde ambarina en la bocina, tal vez con la esperanza de haber escuchado mal a su interlocutora.
Que… ¿qué tan lejos puede llegar mi hermana, cuando desea algo?- Repitió las palabras que la rubia y nueva integrante de la familia Asakura, dijera unos segundos antes.
Eso mismo.- ratificó la mujer.
¿Estamos hablando de algo en especial?- se animó a preguntar el heredero de la dinastía Tao.
No… solo quiero saber con que me toca lidiar.- la voz de Anna sonaba de lo más normal, sin embargo este pequeño detalle, era lo que más preocupaba al muchacho.
¿Ha hecho alguna cosa que deba saber?- Volvió a insistir Len.
No. Len… aun no, pero respóndeme… ¿qué tan lejos puede llegar?- reformuló la pregunta la voz de la mujer, que se encontraba del otro lado de la línea.
El chino de los ojos gateados se lo pensó por un minuto, si Anna decía que no pasaba nada, debía ser que no pasaba nada… pero de todos modos, dudó. Su hermana era muy difícil de llevar, incluso a él muchas veces acababa haciéndole perder la paciencia, aun así le debía una respuesta a la rubia de ojos negros.
Muy lejos. Jun es mi hermana y la quiero, pero desde pequeña ha sido bastante caprichosa… además es una gran estratega, sabe perfectamente como utilizar cada una de las piezas que se le permita mover, durante el juego.- acabó Len, con un tono que no daba cabida a dudas por parte de la rubia.
Supongo que sabes a lo que me refiero.- Declaró el chino, haciendo énfasis en la última parte, reforzando una idea que empezaba a formarse en la mente de Anna.
Me puedo dar una idea…- Del otro lado de la línea, la rubia sonrió satisfecha… sabía que no se equivocaba, si alguien podía decirle a ciencia cierta de lo que era capaz Jun Tao, ese era su hermanito menor.
¿Puedo hacerte otra pregunta?- musitó suavemente la chica.
Adelante.- concedió él.
¿qué clase de amigos frecuenta, Jun?- Preguntó ella, segura de que obtendría una buena respuesta.
Pues… chicas del tipo de Jeanne…- respondió él, dubitativamente.
¿Quieres decir "sin cerebro"?- Soltó Anna, sin piedad alguna, para la ex prometida de su esposo, por lo que el muchacho de ojos verdes no pudo evitar sonreír.
No exactamente, pero de eso también hay… lo que quiero decir es, chicas con mucho dinero, de cierto nivel social… y fácilmente manejables. El juego que le gusta jugar a mi hermana, tiene como piezas fundamentales, las vidas de las personas a su alrededor.- Acabó el chico, exhalando un suspiro.
Lo que decía no era más que la verdad, él sabía perfectamente como le gustaba a su hermana inmiscuirse en las vidas ajenas, influir en las decisiones que otros tomaban y dejándolos creer que eran ellos los que llegaban solitos a éstas. Gozaba haciendo esto último.
Vaya… pues¿cómo le haces para controlarla, Len?- Preguntó Anna, con suma curiosidad… ella creyó que estaba en lo cierto en cuanto a Jun, pero Len le demostraba que la idea vaga que se había formado sobre la personalidad de su hermana mayor, se le había quedado en pañales ante la realidad.
No lo hago… supongo que ella sabe hasta donde puede llegar.- Expuso el muchacho, con cierta sutileza.
¿y en cuanto a hombres?... sé que está comprometida, pero acaso no tiene amigos.- Le expresó Anna, el asunto que le interesaba más acerca de Jun Tao.
El muchacho se percató de la actitud de Anna ante ese tema en especial, pero resolvió dedicarse a responderle a la mujer.
Pues… ummm, veamos… Jun se mueve en el mundo del entretenimiento, la mayoría de sus "amigos" son actores o modelos…- La voz de Tao dejaba entrever cierta aprehensión, hacia las renombradas amistades de su caprichosa hermana.
¿Tienes algo contra sus "amigos"?- Preguntó la rubia, haciendo énfasis en la última palabra a propósito.
Más bien contra ella y su comportamiento… mi hermana se ha dedicado a tener amoríos a diestra y siniestra, sin molestarse siquiera en ocultarlos.- le informó Len, acomodándose un poco más sobre la cama doble en la que se hallaba recostado.
Pero… Jun está comprometida¿por qué haría algo como eso?- el tono de voz de Anna, mostraba el asombro que las palabras de Len le causaban.
Precisamente por eso, porque está comprometida no casada. Es su forma, muy particular de vengarse de Lee, de hacerle ver… que ella no depende de su amor.- Se encargó él, de disipar sus dudas.
Anna guardó silencio por un minuto, que utilizó para procesar toda la información que el chino le proporcionó, acerca de Jun.
Extraña manera de demostrar amor.- Dijo cuando finalmente se decidió a hablar.
Lee tampoco es un santo… él se cobra las ofensas retrasando cada vez más el matrimonio, no porque no la quiera, sino porque sabe que ella no podrá tocar un solo centavo del fideicomiso que mi padre puso a su nombre, si no está casada con él antes.- Acabó de ponerla al tanto de la situación Len, con voz modulada.
Caray… ¡Qué complicado!- soltó la chica, ya sin reparo alguno.
Eso sí… ¿necesitas saber algo más?- concordó con ella el muchacho, antes de ponerse a su disposición.
Sí¿cómo la están pasando Tamao y tú, por allá?- Preguntó Anna con una picardía bastante evidente en su melodiosa voz.
Muy bien… creo que no podrá quejarse.- Repuso el chino, sonriendo con suficiencia.
¿Quién podría?, me la saludas, un beso.- se despidió la chica, aguantando la risa…
Len era chico magnifico, sabía que podía contar con él para lo que fuera y eso le renovaba las fuerzas para seguir con toda esa locura.
Adiós Anna.- se despidió también él, justo en el momento en que su adorada mujercita salía de la ducha, forrada en una gran toalla blanca que contrastaba con el níveo color de su piel.
¿Hablabas con Anna?- Solicitó una respuesta la chica de cabello rosa, al verlo colgar el teléfono de la habitación que ambos compartieran.
Sí, te mandó saludos.- Len Tao respondió.
Ummm¿y eso?- Preguntó ella otra vez, bastante intrigada por la llamada de su antigua rival de amores.
Al parecer está interesada en mi hermanita y sus alcances.- acabó su explicación él, clavando su mirada gatuna en la mujer que luciera el título de su esposa.
Era tan hermosa, por Dios santo… ¿cómo se había podido contener por tanto tiempo?, si cada vez que la veía quería saltarle encima y arrancarle la ropa.
¿Sucedió algo?... ¿tenemos que regresar?- musitó ella, algo preocupada... llegando hasta donde él se encontraba.
No, por ahora… Anna dice que todo está bien y nos prohíbe volver, por el momento.- le calmó Len enseguida, terminando la oración con un pequeño y fugaz beso en los labios.
Pueeees… en ese caso…- susurró Tamao con un tono sensual, que últimamente utilizaba de forma muy frecuente, cuando se hallaban a solas, separándose instantáneamente de su Len, poniéndose lejos de su alcance adrede.
La chica de largos cabellos rosas le miró con un brillo que él reconoció de inmediato, antes de dejar caer la toalla… Len no se perdió ni un detalle de los movimientos de su esposa, pero quedó mudo ante aquel espectáculo, siempre ocurría así. Devoró la silueta del cuerpo desnudo de Tamao y luego clavó su verde mirada en la de ella, antes de saltar de la cama donde se encontraba y llegar al lugar donde su mujer le esperaba sonriéndole cándidamente, como si fuese una niña inocente. Len Tao la rodeó, tal como lo hace un depredador con su presa, sin quitarle la vista de encima ni un instante, antes de atraerla a su cuerpo y envolverla en un posesivo abrazo, que hizo a la chica sonreír aún más.
-SK-
Deberán tener paciencia con ella, al principio estará bastante confundida…- El hombre habló con cautela, sabía de sobra que aquellos hombres que escuchaban su diagnostico, no confiaban en él y sólo esperaban que se les diera la oportunidad de demostrárselo.
¿qué significa eso, exactamente?- corroboró sus sospechas con esta pregunta, Horokeu Usui, como siempre fijando su desafiante mirada en su interlocutor.
Sí¿qué quiere decir "confundida" en su lenguaje?- Atizó más el fuego, Hao.
Aquel hombre con bata se sintió blanco de las gélidas miradas del Asakura y el ainu, rehuyendo un poco de éstas, posó su vista en Chocolove, con la esperanza de que este último dijera algo a su favor, o por lo menos, intentara calmar a sus acompañantes. Pero no fue así, de hecho el apuesto negro solo se dedicaba a guardar silencio y a escuchar con atención todas y cada una de las palabras antes dichas por él.
Pues… probablemente pierda temporalmente algunos datos de su pasado, podría quizá confundir fechas o eventos. En pocas palabras, estará algo… desorientada… pero no es nada grave, no se preocupen.- se concentró en explicarles a los presentes, lo más claramente que pudo, aunque su tono mostraba duda. Sabía que nada ganaba con callar, le sacarían las palabras si era necesario.
¿no es nada grave?... pues ¿Qué es grave para ustedes?- Se hizo escuchar algo exaltado, el castaño.
Cálmate Hao.- dijo el moreno, con voz normal.
Al parecer Chocolove solo intervenía, cuando lo creía estrictamente necesario, era obvio que no se hallaba a gusto en esa situación, el hombre de cabellos negros y ojos azules, que llevaba la bata y el gafete que le identificaba como el médico, lo miró… de cierto modo, él lo entendía.
¿qué me calme¿es que no escuchaste?... Matilda no sabrá quien es… se perderá en el tiempo.- le respondió Hao, más alterado aún.
La preocupación de Hao contagió de inmediato a Horo Horo y a Choco, quien miró al doctor como esperando que comprobara la teoría de Hao. El hombre de ojos azules, se vio en la obligación entonces de hablar, para aclarar las dudas sobre el asunto.
Yo no he dicho eso, señor Asakura. Lo que dije fue que AL PRINCIPIO estará confundida… al principio, no para siempre.- dijo el médico, esta vez con más seguridad que la anterior.
¿Entonces se recuperará del todo?- Le interrogó, el chico de Hokkaido, sin levantar la voz.
Por supuesto, Scarlet estará pronto de vuelta.- Le comunicó el aludido.
Más le vale.- Susurró Hao, mirándole fijamente.
El hombre tragó saliva con un poco de dificultad, antes de dirigirse a Chocolove.
Chuck… - Le llamó aparte.
Por el bien de "nuestra chica", intenta que esos dos no la enreden más…- Sugirió apenas llegaron a un rincón algo apartado.
No tienes ni que decírmelo, doc.- Concordó el muchacho de grandes ojos oscuros, que contrastaban con el color de su piel.
Hao Asakura observó como esos dos hablaban, y decidió sacarle provecho al máximo, al hecho de que lo dejaran a solas con el ainu de cabellos azul celeste.
¿es cierto, que eres su novio?- Le soltó de repente, tal vez pensando que podía tomarlo fuera de base.
Sí.- le confirmó Horo, sosteniendo su fría mirada.
Desde que lo vio por primera vez esa noche, le desagradó su presencia, además lo reconoció enseguida, supo que no era otro sino el nuevo cuñadito de la rubia que a él le robaba el sueño. Anna… sería que toda su vida giraba en torno a ella, o que realmente salió de ese país con una maldición.
¿y desde cuando la conoces?- Volvió a cargar contra él, Hao.
A Horokeu le disgustaba el extraño interés que demostraba el chico castaño, para con la pelirroja, y eso era porque no sabía absolutamente nada sobre el tipo de relación que unía a esos dos. Aun así, decidió que era peor no responder.
Eso no debería importarte, Asakura.- Gruñó, mientras lo fulminaba con la mirada.
Pero me importa… tú no quieres a Matty, estás enamorado de Anna.- resolvió Hao, sin más, al tiempo que le devolvía la misma mirada al ainu…
Horokeu estaba supremamente sorprendido con ese último comentario, por parte de Hao. El castaño no había mostrado indicio alguno de reconocerle, en toda la noche.
¿de dónde sacas eso?- Espetó con furor el muchacho.
verás… acabo de recordar donde te había visto antes, fue en la boda de mi hermano. Trataste de impedir que Anna se casara con Yoh.- Aseveró el castaño, con gestos que denotaban cierto cansancio, aunque un poco de sarcasmo también estaba latente en su voz.
Mis motivos…- comenzó a decir, el peliazulado, pero se vio interrumpido por Hao.
Deja que me encargue yo de Matty.- Pidió con total tranquilidad, como si luego de lo que le había comentado, Horo no pudiera poner ninguna traba a su petición.
NO- Negó rotundamente el otro.
Tú ni la quieres, ni te importa.- Le recalcó Hao, quien al parecer había llegado solo a aquella conclusión.
Los ojos del ainu se oscurecieron más, y apretó un puño fuertemente para controlar la ira que iba en incremento ya.
Te equivocas, y solo te diré eso.- Midió Horo las palabras con sumo cuidado.
Estará mejor conmigo.- Le hizo ver el castaño, sin amedrentarse ante la actitud arisca del chico de Hokkaido.
No voy a discutir esto.- Soltó rudamente el ainu, apretando la mandíbula.
Basta ustedes dos.- Dijo Chocolove, quien ya llegaba después de su breve charla con el médico.
¿Tú no creerás lo que dijo?, eso de que es el novio de Matty.- Interrogó Hao al recién llegado, tratando de adivinar su respuesta.
Choco los miró a uno y a otro alternadamente, la verdad es que los gustos de Matty en cuanto a hombres eran muy variados, pero ese muchacho de orbes oscuras y cabellos azules que tenía al frente, parecía ser muy importante para la chica, de una manera u otra… no podía negar que cabía la posibilidad de que Horokeu Usui si fuera el actual novio de Matilda. Cerró los ojos una milésima de segundo y recordó la reacción de la chica al ver el vídeo, sin embargo era mejor mantenerse neutral, así que optó por no responder la pregunta formulada por el castaño de cabellos largos, quien ahora le miraba expectante.
Aquí lo importante es mantenerla a salvo y al parecer, tocará hacerlo entre los tres, ya que nadie confía en nadie. Así que… ideemos un plan.- Fue la respuesta del cantinero y ex agente secreto, dirigiéndose a ambos hombres, con voz normal.
-SK-
Unos suaves golpes sonaron en la puerta de la oficina, de la nueva directora de Asakura & Asoc. Anna levantó la mirada de los papeles, que en ese preciso instante examinaba junto a Yoh y la dirigió hasta el lugar donde ésta se entreabría dejando ver la figura esbelta de su cuñadito, quien lucía un poco desaliñado, cosa extraña en él.
Anna…- reclamó su total atención, Hao Asakura, mesándose el cabello en un gesto cansado.
Hao…- le saludo ella, dedicándole una sonrisa.
Con el permiso de tu señor esposo, me gustaría poder hablar contigo…- habló esta vez con resolución, Hao Asakura.
¿ocurre algo?- Preguntó la chica, quien lo observó extrañada… parecía cansado¿acaso no había dormido la noche anterior?
¿quieren que los deje solos?- Les interrogó Yoh, quien se fijo más que en el aspecto de su hermano mayor, en que éste no había pasado de la puerta que mantenía entreabierta.
No es necesario, Yoh… no tardaré mucho, y prefiero que estés presente, para evitar malos entendidos, tú sabes.- Exclamó fríamente y con una nota de sarcasmo, Hao, dejando de mirar a su cuñada para dirigir la vista a su hermano.
¿de qué has venido a hablar?- Se animó a preguntar Anna, pues no quería que esos dos continuaran en la misma tónica, ella sabía que parecían estar esperando el momento indicado para atacarse mutuamente y no pensaba darles la oportunidad.
Necesito tu permiso para alojar en la casa, a unos amigos míos.- Estableció el castaño pelilargo el motivo de su temprana visita.
Tanto misterio para eso. También es tu casa, puedes llevar a quien gustes, Hao.- Musitó la chica suavemente, luego de ampliar su sonrisa.
Eres muy amable, pero es tu casa y no quiero incomodar… solo serán unos días, cuando más una semana.- Aclaró el muchacho, sin moverse ni un milímetro de su posición inicial.
Ya te dijo que sí, no hay ningún problema… hermanito.- Intervino Yoh con una sincera sonrisa, que Hao no correspondió.
Gracias.- Dijo el mayor de los gemelos, en un tono un tanto agrio, para luego salir sin más de la oficina de Anna, cerrando tras sí.
¿está raro, no?- Le preguntó de forma cómplice Anna a su esposo, luego de observar atentamente como su apuesto cuñado salía de allí.
Más bien, yo diría que está celoso.- Le respondió Yoh de igual forma, mirando a la chica, como queriendo adivinar que opinaba sobre esa posibilidad.
No lo creo.- Replicó Anna, rápidamente, dejando de mirar a la puerta, por la que momentos antes había desaparecido Hao.
Yo sí.- Declaró su esposo con determinación, atrayendo la mirada de Anna, quien luego la clavó en los papeles sobre el escritorio.
¿en qué estábamos?- Le interrogó la rubia, fingiendo despiste y cambiando el tema a propósito.
Este es el diseño que más me gustó…- Dijo el castaño, volviendo su interés a los planos que tenía frente a él, siguiéndole la corriente a Anna.
-SK-
Un muchacho de cabellos castaños, largos y un poco revueltos, que llevaba la ropa algo ajada, entró en la blanca habitación donde dos hombres jóvenes, muy distintos físicamente uno del otro se hallaban esperándole.
Está todo listo, podemos irnos cuando queramos.- Comunicó Hao, dejándose caer en un amplio sillón de cuero también blanco al lado del hombre negro, quien dirigió a él su mirada.
Gracias Hao.- Susurró el hombre a su lado.
No hay de qué… Matilda lo vale.- Terminó él, observando a la chica pelirroja que se hallaba en una cama sencilla que ocupaba el centro de la habitación.
Sigo pensando que no es muy buena idea, ella y Anna no… ponerlas juntas, es como activar una bomba de tiempo.- La voz de Horo, quien se encontraba en una silla cercana a la cama que ocupaba la pelirroja, se elevó entonces y un dejo de preocupación se coló entre sus palabras.
Pero si ni se conocen¿como puedes asegurarlo?…- Habló más para sí, que para los demás Chocolove.
El silencio reinó por unos minutos, entre los tres hombres. Hao y Choco intercambiaron miradas llenas de duda y luego miraron al ainu de igual forma.
Horokeu… ¿se conocen?- Preguntó Hao, él jamás creyó que Matilda se dejara conocer realmente por Anna, ese no era su estilo y por eso, formuló aquella pregunta.
No exactamente.- Respondió el aludido, volviendo su oscura mirada a la muchacha menuda que se mantenía inconsciente.
Bueno… no tenemos de otra, es un hecho. Matilda y supongo que también tú, se quedarán en mi casa hasta que se calmen las cosas y atrapen a esa chica loca… ya Anna dio su aprobación.- Murmuró Hao, dando esto por hecho, al tiempo que estiraba un poco más las largas piernas, luego de mirar de reojo las atenciones del chico del norte para con Matty.
Aun podemos ir al apartamento, yo la cuidaré.- Exclamó el peliazul, mientras se encargaba de retirar los mechones pelirrojos que caían sobre el rostro de la muchacha, sin mirar para nada a los otros dos.
¿es que no lo entiendes?... allí la buscarán primero.- Le saltó Hao, de inmediato. Irguiéndose totalmente en el sillón que ocupara con Chocolove.
Hao tiene razón.- Le concedió el cantinero.
¿qué dice el doctor?- Preguntó el moreno de ojos castaños, luego de que con este comentario Chocolove apoyara otra vez su idea, como la mejor opción existente para proteger a Matty.
Que esperemos a mañana, lo mejor es que pase esta noche en observación… vayan a descansar, yo puedo quedarme con ella.- Les sugirió amablemente Choco, después de contestar a la pregunta del mayor de los Asakura.
Ni hablar, de aquí no me muevo.- Le hizo saber Horokeu, con total resolución, luego de tomar una de las manos de Matilda entre las suyas.
Ni yo.- Dijo firmemente Hao.
-SK-
Hao Asakura aparcó como nunca frente a la Mansión, esta vez tenía una razón poderosa, llevaba con él a sus invitados. Lo más importante era la comodidad de Matilda, luego de descansar un rato bajaría a guardar el auto en el garaje, como Dios manda.
Se dedicó a salir del auto para ayudar a Matty, pero ya Horo se encargaba de eso, lo miró con un poco de desdén, pues aun no se tragaba completa esa tontería de que el muchacho de cabellos azules era el novio de la pelirroja, que en el pasado fuera su novia, pero éste se había dedicado a atender a la chica de una forma tan entregada que las dudas que cualquier persona normal pudieran tener sobre aquella relación, quedarían totalmente despejadas… las de cualquiera, pero no las de él.
Buenos días, Kanna. ¿Podrías llevar a mis invitados a una de las habitaciones que tenemos dispuestas para huéspedes?, por favor.- Saludó al ama de llaves, en cuanto abrió la puerta y esta salió a recibirlo.
Hao dirigió una última y evaluadora mirada a la pareja. Matty le miró intrigada, era obvio que no entendía que hacía allí, por lo que el muchacho de cabellos largos le dedicó una sonrisa tranquilizadora, que ella débilmente devolvió antes de seguir el camino indicado por el ama de llaves de los Asakura.
Como no, señor. Por aquí, por favor…- Asintió Kanna y de inmediato comenzó a guiar a la pareja hacia las escaleras.
Horokeu le miró como siempre, con desconfianza y luego dirigió su mirada hacia el hombre joven y moreno, amigo de Matty, quien los observaba en silencio como de costumbre.
Y¿Kanna?- Le llamó repentinamente Hao, por lo que la aludida volteó a verlo.
Ordena que se les prepare un buen desayuno, y por favor, encargate personalmente de que no les falte nada.- Ordenó Hao, con voz firme, a lo que la chica asintió, para luego marcharse llevándose consigo a Horokeu y a una Matilda más tranquila de lo normal.
Gracias, Hao. Me encargaré de lo demás.- Habló por primera vez, desde su llegada a la casa, el hombre moreno, ofreciéndole una mano que el otro enseguida estrechó.
Confío en que así sea, estaremos en contacto.- Le respondió Hao Asakura, con voz firme.
Chocolove, inició su marcha hacia la puerta, encontrándose a su paso con Jun Tao que le observó, algo intrigada desde el pie de las escaleras.
Con permiso, señorita…- Le saludo el muchacho con una leve inclinación de cabeza, antes de desaparecer de su vista.
¿Quiénes eran?- Le preguntó Jun a Hao, luego de que el otro saliera de la casa, llegando a donde él se encontraba con paso lento.
Amigos… ¿y Anna?- Le preguntó el castaño, cortándola, cuando llegaban al comedor.
Salió muy temprano.- Le comunicó la chica, entrando junto a su primo al lugar.
Fue a ver a Fausto…- La voz de Yoh, los sorprendió a ambos, pero no hicieron ningún comentario al respecto, mientras se dedicaban a ocupar sus respectivos lugares en la mesa, que ya ocupa el otro castaño.
¿está enferma o algo?- Le interrogó Hao, sirviéndose una taza de café.
No, que yo sepa… Ayer te desapareciste todo el día, y al parecer tampoco dormiste aquí¿algún problema?- Yoh lo miraba de reojo, su hermano tenía la misma ropa que llevaba el día anterior cuando fue a hablar con Anna, para expresarle su deseo de alojar algunos amigos en la casa.
Ninguno… me fui de farra.- Soltó Hao, con acidez, sorbiendo un trago de café.
¿con la parejita de recién casados, que trajiste a casa?, me crucé con ellos en el camino.- La pregunta de Jun, tomó por sorpresa a Hao, quien no pudo ocultar su molestia, al escuchar la suposición errónea a la que había llegado su prima.
Estuve con ellos, sí… pero NO están casados.- Recalcó Hao, haciendo especial énfasis en la partícula negativa que contenía su oración.
Pues lo parecían.- declaró inocentemente Jun, mientras ponía mermelada de fresa y queso crema en una tostada.
Me voy a dar una ducha.- Espetó bruscamente el pelilargo, colocando la taza en su lugar, con el contenido casi intacto; para ponerse de pie en el acto y salir enseguida de la habitación, bajo la atónita mirada de su hermano menor y de su prima.
¿por qué se molestó?- Acertó a preguntarle Jun a Yoh.
No lo sé.- Contestó el otro, también extrañado por la actitud que asumiera su hermano ante un comentario tan inocente como el que había hecho su prima.
Me voy a la oficina, cuida a mamá.- Dijo Yoh, tras tomarse el ultimo sorbo de su zumo de naranja.
Vete tranquilo.- Le dijo Jun, captando la mirada de su primo, quien ahora se despedía de ella, dándole un beso en la mejilla.
Adiós primito.- Agregó Jun, al verlo dirigirse hacia la puerta, aun intrigada por la respuesta de Hao a su último comentario.
-SK-
Una hermosa rubia de ojos color ébano se encontraba sentada frente al escritorio de Fausto VIII, había llegado casi una hora antes de lo acordado, pues la información que el hombre, quien era reconocido en el mundo de la medicina por ser un gran cirujano e investigador tenía para darle era de vital importancia para sus planes futuros con la familia Asakura; ella parecía pensativa y su bello rostro no demostraba ni un ápice, la profundidad de las conclusiones a las que había llegado, luego de que el hombre le diera a conocer aquel dato.
Entonces nadie lo conoce¿no se le hace extraño?- murmuró la muchacha, clavando en él su oscura mirada.
Mucho… ¿de dónde salió ese médico?- Le preguntó Fausto con voz tranquila, muy al tanto de la aprehensión de la chica.
Jun Tao.- Afirmó secamente, ella sin apartar la vista del rubio.
¿Sospechas algo…?- murmuró Fausto, sosteniendo la negra mirada de Anna.
Así es. Doctor Fausto¿podría acompañarme?... quiero que constaté el estado de mi suegra.- Dijo la chica y él adivinó el resto.
Fausto VIII apenas sonrió, pero la tranquilidad de su semblante se perdió, dejando espacio para la duda y el interés que poco a poco fue apareciendo en su rostro. Sabía que Yohmei tenía sus motivos para escoger a Anna, pero nunca pensó realmente que la chica fuese capaz de analizar cada pequeño aspecto de las personalidades complejas de aquellos que conformaban su familia… Anna analizó la situación, dedujo lo que ocurría, y al parecer ya había dado con el culpable… solamente quedaba por saber, que correctivos tomaría la chica rubia, que tenía enfrente.
Pues… creo que no tengo citas en la mañana. Le preguntaré a Eliza.- Musitó el doctor, poniéndose en pie.
Bien pueda.- Concedió Anna, mirándole de reojo al salir, antes de volver a enfrascarse en el tren de sus pensamientos.
Minutos después, Anna se hallaba en la casa de la que ahora fuera dueña, esperando que el doctor Fausto bajara de realizarle el chequeo que había solicitado para su suegra, en su cabeza no dejaban de surgir ideas nuevas, como por ejemplo que para que su dichoso matrimonio se cumpliera, no solo debían presionar a Yoh, sino también liberarlo de una fuerte influencia en su vida… la influencia que ejercía Jeanne Oyamada. Ahora tenía la completa seguridad de que Jun tenía que haber planeado lo de la enfermedad de Keiko, con el médico sin registro… Fausto solo comprobaría que una vez más, la elegante rubia tenía razón, pero todavía quedaba pendiente el asunto de Jeanne… fue muy conveniente que aquella chica tonta decidiera dejar a Yoh, cuando la familia más lo necesitaba.
¿Y bien?- Preguntó la chica, dejando sus cavilaciones a un lado, al ver aparecer al doctor por la escalera, al pie de la cual, se encontraba ella esperándolo.
La señora Keiko no tiene nada malo. Salvo su renuencia a querer salir de la habitación, se encuentra en perfecto estado de salud.- Confirmó el doctor las sospechas de Anna, apenas hubo llegado junto a ella.
Tal como me lo imaginaba¿cómo reaccionó cuando le comunicó lo del chequeo?- Dijo la chica, con una cara que dejaba claramente ver su decepción. Puesto que una parte de ella esperaba estar equivocada.
Pareció ponerse nerviosa con la idea, pero no hizo nada por impedirlo.- Le respondió.
Fausto, miró como la chica volvía a colocarse su máscara sin emoción, y él que creyó que la noticia le alegraría… ella no lo reconocería jamás, pero más humana y sensible que muchos de los habitantes, de esa gran mansión.
Muchas gracias, doctor Fausto.- Declaró la joven mujer, de verdad agradecida, al acompañarlo a la puerta.
¿qué vas a hacer, Anna?- Preguntó el médico de cabecera de los Asakura, antes de marcharse.
Voy a enfrentarla… quiero que me confirme que fue Jun, la que planeó todo esto.- Le confesó Anna, Fausto se había convertido al igual que Marco en gente de su entera confianza.
No me sorprendería en lo absoluto.- Comentó el rubio, con firmeza en la voz.
Que esté bien, Fausto.- Lo despidió Anna, con gentileza.
Hasta pronto Anna, veré si puedo conseguir más información acerca del tal… Ryu Hiranizagua, aun cuando dudo que ese sea su verdadero nombre.- Demostró su incredulidad sobre la identidad de aquel hombre, el doctor Fausto.
Yo también lo dudo, de igual forma se lo agradeceré… aunque Marco está haciendo lo propio en su área.- le informó la chica, regalándole una sonrisa.
Entonces tendrá resultados más pronto de lo que espera, se lo aseguro.- terminó el doctor, para luego marcharse.
Anna lo observó irse por un instante, antes de cerrar la puerta y comenzar a dirigirse hacia la habitación que ocupara su querida suegrita. En el camino a ésta se encontró con el ama de llaves, a quien detuvo un minuto.
Kanna¿le avisas a la señorita Jun, que la espero en la habitación de la señora Keiko?- le pidió al ama de llaves, con tranquilidad.
De inmediato, señora.- contestó la mujer, a quien la chica que aquel día vestía una blusa amplia y larga de color violeta y una falda negra corta y algo ajustada, ya comenzaba a tomarle cariño.
Anna sacudió su cabello rubio, antes de acomodarlo en una larga coleta baja a medio lado que caía por el hombro que mantenía al descubierto, un poco antes de llegar a la recamara de Keiko. La chica exhaló un profundo suspiro, antes de girar la manija de la puerta, sin siquiera molestarse en pedir autorización.
¿Se lo dirás a Yoh?- Preguntó Keiko, apenas escuchó el sonido de la puerta al abrirse.
La mujer parecía esperar el verla llegar, desde que Fausto salió de allí luego del chequeo general a la que la sometiera. Estaba cabizbaja, sentada sobre la elegante cama, con la vista clavada en piso del lugar pero se mantenía de espaldas a Anna, quien se había recostado en la puerta.
¿Debo hacerlo¿Cuándo le propuso Jun, engañarlo?- Preguntó Anna con un sarcasmo apenas latente.
¿quién ha dicho algo sobre ella?- Respondió con otra pregunta la morena, levantando la vista y dándose vuelta para encara finalmente a su nuera.
Por favor, señora Keiko…- musitó la rubia, con sumo cansancio, a la mujer solo le quedó admitirlo.
Jun… solo quería lo mejor para la familia, y yo… yo sólo quiero que mis hijos estén bien.- espetó la mujer con voz triste y muy baja.
Anna se apartó de la puerta y se le plantó delante a la mujer, observándola… era seguro que Keiko había sido manipulada, su desesperación le confirmaba su teoría. Jun era la autora intelectual de toda esa farsa.
Yo no voy a poner en entredicho el amor que siente por sus hijos, pero… pudo encontrar otra forma de convencerle que casarse conmigo, era la mejor opción.- Soltó Anna sin miramientos, ella sabía que Yoh cedería, pero no creyó que el pobre chico llegara a ser victima de su propia madre, aquello era demasiado.
¿Por qué con él, Anna?... Yoh es más sensible, piensa con el corazón, siempre ha sido así.- Trató de hacerle entender la mujer, con lágrimas amenazando con salir de sus ojos.
Hao era la mejor elección.- concluyó Keiko, esquivando la fría mirada de la rubia, quien no parecía conmoverse con nada.
Créame que mi elección no fue un capricho, tengo razones para todo lo que hago… quizá algún día, puedan conocerlas.- dijo la chica, con voz firme, dejando de observar a Keiko por un instante.
¡Por favor, Anna!... por favor¡no le digas nada a Yoh!- le rogó entonces la señora, abalanzándose sobre la chica para tomarle las manos, sin poder retener el llanto por más tiempo.
Anna quedó pasmada, pues ese gesto de parte de una mujer tan orgullosa como parecía serlo Keiko Asakura, le impresionó sobremanera. Posó sus hermosos ojos negros sobre ella, y se dio cuenta de que aquella mujer era capaz de dar la vida por sus hijos, enseguida sintió ganas de tranquilizarla, pero antes de que pudiera hablar la puerta de la habitación se abrió dejando ver a Jun Tao, que hacía por fin su aparición.
Permiso… ¿Qué sucede?- Preguntó al ver la escena que se llevaba a cabo dentro de la habitación de su tía.
Adelante Jun.- le invitó a pasar Anna, luego de que Keiko le soltara y tomará asiento nuevamente en la cama.
Kanna dijo que querías hablar conmigo.- Respondió la muchacha de cabellos verdes y ojos azules, que le miraba intrigada.
Así es…- afirmó Anna.
¿de que se trata¿te pasa algo, tía?- Le preguntó a Anna, pero como no obtuvo una respuesta inmediata por parte de la rubia, se dirigió a su tía, que ya se secaba las lágrimas que insistían en salir de sus ojos.
Anna lo sabe todo.- Se escuchó decir a Keiko Asakura, entre lágrimas.
¿De qué hablas?- Alcanzó a murmurar Jun, como si ignoraba realmente a lo que se refería su tía.
Tu tía está hablando de que ya sé como conspiraron para presionar a Yoh… de cómo la convenciste para que se fingiera enferma y así poder empujarlo al matrimonio que nos fue impuesto… Tu tía está hablando de que ya sé, que todo fue tu idea, Jun.- Tomó Anna el mando de la situación, demostrándole a la chica que estaba informada de todo, con voz monótona.
¿mi idea?, es una acusación muy seria, Anna… ¿tienes como probarla?- Trató Jun de sortear aquello, tal y como ella sabía.
Vamos Jun, no insultes mi inteligencia… sé que tú eres muy audaz y muy osada, así como también sé que fue tu idea.- declaró con toda la frialdad de la que era capaz la chica rubia de ojos negros, indicando a la otra una silla cercana a la cama, para que tomara asiento.
¿y?, si así fuera, deberías estar agradecida, en vez de molesta.- Terció Jun con desdén, luego de obedecer a la muchacha que de pie, parecía aun más imponente.
Yoh nunca hubiera dado su brazo a torcer, sin mi intervención.- Agregó la mayor de los Tao, luego de que tras sus últimas palabras Anna guardara silencio y solo se dedicara a observar como si ella fuese apenas una chiquilla traviesa, a la que habían sorprendido comiendo más dulces de lo acordado.
Anna sabía que Jun posiblemente tenía razón, pero encontró demasiado arrogante su actitud¿acaso no se daba cuenta de la magnitud de las cosas que hacía?... no, muy seguramente no se daba cuenta de ello, hizo un esfuerzo por no sonreír y la miró con cierta lástima.
Tal vez, pero a mi no me afectaba directamente esa decisión.- Se encargó de hacerle saber con sorna.
Yo soy rica, Jun. No me hace falta el dinero.- le dijo sin nada de sutilezas, a una mujer que era capaz de cualquier cosa para obtener lo que quería, no le iba a ir tocando con los pétalos de una rosa, así que le dio por donde sabía que le dolía.
Bien, ya lo sabes todo… ¿qué piensas hacer ahora¿nos delatarás a mí tía y a mí?- Le interrogó la mujer de cabellos verdes y ojos azules, cruzando las piernas como si nada estuviese ocurriendo.
Keiko Asakura la miró como si no la reconociera, sin dejar de llorar… ¿cómo era posible que a Jun nada le afectara?, en cambio Anna, supo exactamente a lo que jugaba la peliverde, ella quería fingir desinterés, para no exponerse más ante Anna… la rubia sonrió sabía que la hermana de Len estaba molesta porque ahora la tenía en sus manos, se supo ganadora, por lo que esbozó una hermosa sonrisa y miró a las dos mujeres frente a ella.
Eso dependerá enteramente de ustedes dos.- les comunicó Anna, sin dejar de mirarlas fríamente.
¿qué quieres decir?- se apresuró a preguntar Keiko, secándose un poco más las lágrimas.
Anna la miró y decidió tomarse su tiempo para hablar.
Que tenemos dos opciones… la primera, es contarle todo a Yoh, tratan de explicarse… de redimirse, él se enfurece con ustedes y le cuenta todo a Len, quien también se enfurece y acaban siendo repudiadas por sus seres queridos y… además en la mísera calle, porque lo segundo que hará Yoh, luego de contarle a Len, es pedirme el divorcio…- terminó ella, tal y como empezó con mucha calma, algo de sarcasmo y muy pero muy lentamente, la idea era de que se dieran cuenta las repercusiones que podían traer consigo sus acciones pasadas.
Y adiós herencia.- Agregó ella, luego de hacer una breve pausa, algo dramática, pero necesaria.
Como ven, todos pierden… - Volvió a hablar, pues el silencio de las otras dos, la alentó a seguir.
Excepto tú.- Dijo con aspereza, Jun Tao.
Exacto.- Aceptó la chica con vehemencia, volviendo a esbozar una extraña sonrisa, nada tranquilizadora.
¿Cuál es la otra opción?- Preguntó entonces, su suegra con voz apagada.
la otra opción es la siguiente…- Comenzó la chica, después de borrar su sonrisa, muy seriamente y clavando sus ojos negros principalmente en Jun, quien tampoco apartaba la vista de la silueta de la rubia.
La señora Keiko mejora "milagrosamente" y tanto ella como tú, se vuelven mis aliadas… - propuso Anna, sin miramientos.
Las dos mujeres quedaron perplejas por un minuto, pero Anna pudo ver un asomo de sonrisa en el rostro de Jun Tao, no se había equivocado con ella en lo absoluto, la chica no tenía un pelo de tonta… Anna la vio cambiar una mirada con su tía, antes de que ambas volvieran a tenerla a ella como el foco de su atención. Fue en ese momento, en el que la rubia se preparó para describirles de lo que eso de ser "sus aliadas", se trataba.
Les explico… estarán dispuestas a ayudarme en lo que necesite, para cumplir la voluntad del señor Yohmei… pero pueden estar tranquilas, no les pediré que finjan enfermedades inexistentes o que se casen… o puede que sí.- Anna torció un sonrisa, al ver la mueca que hacían una y otra cuando a propósito mencionó la de la enfermedad y la boda, hizo una pausa y prosiguió casi enseguida.
Lo importante aquí será, que ni Yoh ni Len, ni nadie más en esta casa se enterará de la trampa que le tendieron a mi pobre maridito… evitando así mucho dolor y por supuesto, asegurando que la herencia del señor Asakura, se quede con su familia… donde debe estar.- Anna acompañaba sus palabras con ciertos gestos, que no dejaban mucho a la imaginación, sobre lo que podía pasar de no aceptar sus términos.
Sin embargo la chica, jamás pensó en decirle la verdad a Yoh y a Len, eso no era lo que tenía en mente Yohmei cuando la dejó al frente de su familia, no había ido hasta Japón a destruir a los Asakura… pero ellas no lo sabían.
Yo votaría por esta¿cuál prefieren?- Añadió la muchacha, mientras analizaba los semblantes de las mujeres que le acompañaban.
La segunda.- dijeron las dos, al unísono.
No esperaba menos, de ustedes dos.- Les reconoció la mujer rubia y joven a ambas, antes de dirigirse a la puerta para salir de aquella habitación.
-SK-
Anna llegaba a la oficina que antes fuera la de Len, pero que en esos momentos era ocupada por su esposo, de lejos lo vio y decidió pasar por él, para irse a la casa… debía aprovechar que la suerte estaba de su lado, por lo menos con respecto a su relación con Yoh puesto que ésta no podía estar mejor.
Hola… nos vamos.- Le saludó con una sonrisa, que él devolvió al instante.
Claro, espérame un minuto.- Murmuró el chico con la voz dulce, que ella había comenzado a apreciar… entre ellos dos habían ocurrido muchas cosas.
Ruki, guarda esto, por favor.- se dirigió a su secretaria el castaño, entregándole una carpeta.
Como no, señor Yoh.- fue la respuesta de ella, tomando la carpeta que él le tendía.
Muchas gracias. Que pases buena noche.- se despidió el muchacho con una sonrisa, para luego tomar su saco y su portafolio.
Igualmente, señor.- dijo la chica, para luego verlo desaparecer en compañía de su rubia esposa.
Pensé que no venías a trabajar hoy. Le pregunté a tu secretaria temprano, y me dijo que no habías llamado ni nada.- dijo el muchacho mientras tomaban el ascensor.
Vine solo en la tarde, tuve que arreglar algunos asuntitos que tenía pendientes por ahí, luego de ver a Fausto.- le comunicó Anna, pensando en como reaccionaría Yoh si supiera la clase de asuntito que había estado atendiendo.
Hao me preguntó si estabas enferma y no supe que decirle; hoy tampoco vino a trabajar.- exclamó el chico, sin darle mucha importancia al último detalle.
Supongo que se quedó dándole la bienvenida a sus amigos¿los conoces?- Preguntó la muchacha, al salir del ascensor, sin ocultar el interés que tenía por conocer a las personas a quien Hao había invitado a quedarse en la casa.
No tuve la oportunidad de verlos… pero al parecer se trata de una parejita de enamorados.- musitó Yoh, recordando el comentario de Jun en la mañana y la reacción de su hermano mayor ante éste.
¿en serio?- preguntó la chica, cuando ya ambos se encontraban en el auto del castaño.
Eso dijo Jun que parecían y a Hao por lo visto, no le hizo mucha gracia el comentario.- Comentó el chico, entre risas, la actitud de su hermano le hacía gracias, casi nunca se comportaba así… y es que Hao parecía celoso, por lo menos eso dedujo él.
Bueno, ya sabremos que tanta razón tenía tu prima, cuando los conozcamos durante la cena.- Anna lo miró, no entendía porque ese asunto le divertía tanto a su esposo, así solo dijo aquello y luego se centró en observarlo manejar ávidamente.
-SK-
La cena estará servida dentro de un rato¿Dónde está Matty?- Le espetó Hao Asakura, ya recuperando su apariencia normal al chico del norte, quien fue el que le abrió la puerta de la habitación e hizo una mueca de fastidio al encontrarse con el castaño.
Bañándose… ¿era necesario que vinieras a avisar tú, personalmente?- Soltó bruscamente Horokeu, cuando vio que no tenía intenciones de irse.
Quería ver como estaba, no confío en ti.- declaró ácidamente Hao, regalándole una mirada cargada de desprecio, aun seguía pensando que él no tenía nada que ver con Matilda, y le molestaba que se tomara ciertas atribuciones, como eso de quedarse en una misma habitación junto a ella.
Eso lo sé, de sobra.- terció el otro, cruzándose de brazos.
Espero verles abajo, no nos priven de su presencia, de nuevo. No es de buena educación.- Recalcó el pelilargo con voz venenosa.
Allí estaremos.- Horo entendió lo que el castaño quiso hacerle ver, le dirigió una mirada asesina y se acercó a cerrar la puerta, que el otro ya había abierto para salir del lugar.
Bien.- gruñó Hao, saliendo sin añadir más. Horokeu cerró la puerta de inmediato, apenas éste hubo cruzado el umbral.
¿Era Hao?- preguntó una chica, y Horo puso observar como se asomaba una cabeza pelirroja, por la puerta entreabierta del baño.
Sí.- Contestó el muchacho de malagana.
Quiero verlo…- Dijo Matilda, saliendo completamente del baño…
Horo la observó un segundo y frunció el ceño después, Matty ni se preocupaba en usar el albornoz, salió tranquilamente en ropa interior, una demasiado llamativa… pero es que casi todo la que tenía era del tipo deportivo, con pantaloncitos cortos de colores llamativos o simplemente era demasiado sexy, ella al parecer no tenía ni una pizca de recato, y no le importaba que él la viera semidesnuda… bueno se suponía que eran novios, pero tampoco le importaba que la viera Hao, pues fue a él a quien salió a buscar después de todo.
Vístete primero.- ordenó él, de forma algo ruda… apartando la mirada del hermoso y bien formado cuerpo del que era dueña la pelirroja, y en el que sin pensarlo mucho había clavado sus ojos oscuros, tras fruncir un poco más el entrecejo.
Eres realmente encantadora, Matilda.- Decía Jun Tao, colocando la taza de café en su sitio y tomando una galletita.
Muchas gracias, Jun. Tú no te quedas atrás…- Le agradeció el cumplido Matty, con uno igual, para luego posar su picara mirada en el único hombre de la familia que se hallaba presente.
Hubiera sido maravilloso tenerte como nuera… pero ya le ganaron a mi hijo.- Declaró la mujer mayor con una hermosa sonrisa, clavando sus ojos en el bien parecido y joven hombre sentado al lado de la pelirroja.
¿de veras¿quién?- Interrogó Matty a la señora Asakura, visiblemente confundida, pero luciendo una sonrisa.
¿no es graciosa?- Musitó suavemente Horo, levantando el rostro de Matty por el mentón, para luego depositar un dulce y fugaz beso en los labios femeninos.
Sí, mucho.- Gruñó Hao, al ser espectador de aquello, dirigiendo una gélida mirada al ainu, quien ahora tomaba a Matilda posesivamente de la mano, despertando el interés de las mujeres presentes, quienes miraron al uno y al otro extrañadas.
La puerta principal de la mansión Asakura se abrió y por ella entraron, Yoh y Anna quienes venían hablando, al parecer de cosas del trabajo.
Buenas Kanna.- saludaron ambos a la peliazulada, que ya se acercaba a tomar el portafolio de mano de Yoh.
Buenas señores…- Saludó la aludida cordialmente.
¿y el resto de la familia?- Preguntó Anna, pues casi siempre hallaba a Jun en el salón de estar, o pegada al teléfono, pero esa noche no había ni rastro de ella, ni tampoco de Keiko y Hao.
En el comedor, con los invitados del señor Hao.- respondió quedamente el ama de llaves.
Gracias.- dijo la chica, Kanna desapareció al instante.
Apenas se hubo apagado la voz de la rubia, del comedor emergieron unas voces que ellos reconocieron como las de Jun y Keiko, seguida de un coro de risas.
Al parecer se divierten¿nos unimos?- le invitó el menor de los Asakura, quien se contagió con el ambiente festivo que provenía del comedor.
Vayamos…- Anna aceptó en parte porque le dio gusto ver a Yoh tan animado y en parte porque ya quería conocer a los dichosos amigos de Hao.
¡Buenas familia!- gritó Yoh, nada más llegar a la estancia, haciendo que la atención de todos se volcara en su llegada.
Yoh…- susurró su madre algo nerviosa por su presencia, luego de que se había visto descubierta esa mañana por Anna.
Buenas…- Saludaron educadamente los demás.
Eres la chica de las naranjas.- Dijo Yoh con alegría, al fijar su vista en la pelirroja, aun cuando esa noche ella se veía realmente diferente.
Hola.- saludó ella, con una sonrisa.
¿qué hace ella aquí?... ¿Horo-Horo?- Anna se había quedado muda y el saludo de Buenas noches murió en sus labios, en cuanto la vio y fue peor cuando lo vio a él.
La muchacha rubia de cabellos largos y ojos negros palideció, Horokeu miró a Matty, quien no dio muestras de reconocer a Anna y luego a la rubia, sin decir ni una sola palabra al escucharla nombrarlo con incredulidad como si no pudiese creer lo que veía. Los demás también guardaron silencio ante la actitud de la recién llegada, su rostro dejó de mostrar asombro para quedar por completo sin emoción y eso, no era una buena señal viniendo de ella.
Buenas noches, Anna.- Rompió el silencio Horo Horo, sosteniendo la helada mirada de la rubia, la cual tenía clavada en él.
Un momento¿se conocen?- atinó a preguntar Jun, observando lo tenso que se había vuelto el ambiente de pronto.
Así que era esto lo que planeabas.- musitó Anna quedamente, dejando de ver a Horo e intentando matar a Hao con la mirada.
¿y ahora de que hablan?- Preguntó Keiko, quien sentía que se había perdido de algo.
De nada importante, mamá.- Le tranquilizó Yoh, quien llegó hasta donde ella se encontraba y le dio un beso en la frente, seguido por Horokeu, quien le miró con odio.
Yoh, Anna… ellos son Horokeu y Matilda, unos amigos míos.- decidió presentarlos Hao, como si en el mundo de Dios…
¿amigos tuyos?- Repitió Yoh, sin saber que más decir, de pie al lado de su madre… no podía dejar de mirar a Anna, él reconoció también al chico que ahora su hermano presentaba como su amigo, y no auguraba nada bueno de todo aquello.
Sí. Aunque a Horokeu¿ya lo conocías¿no… Anna?- Tuvo el valor de preguntarle Hao a la muchacha, quien se negó a responder y luego de regalarle a la pelirroja una nueva mirada de desprecio, se dio vuelta para salir de la habitación.
Hao, acompáñame.- Siseó la mujer, saliendo ya del comedor.
Cuando una mujer llama, hay que escucharla… con su permiso.- dijo el muchacho, despidiéndose con una sonrisa de una bastante confundida Matilda.
Anna no lo miró ni una vez, mientras caminaban hacia el estudio y entraban en él, pero apenas se cerró la puerta, la chica rubia no vaciló en enfrentarlo.
¿qué están haciendo ellos aquí?- le soltó agriamente, visiblemente molesta.
Te dije ayer…- comenzó a decir el muchacho, quien sabía que Anna podría molestarse un poco, pero no tanto… los ojos de la chica hablaban por ella, estaba enfurecida.
Sé lo que me dijiste ayer, pero sigo esperando una respuesta… hoy.- casi gritó la rubia, sin dejar de intentar matarlo con la mirada, como esperando que en realidad ocurriera.
Son mis amigos.- Fue la respuesta de Hao.
Anna lo miró con odio, que no pensó ni en ocultar… como podía decir aquello¿amigo… él, de Horo?, por favor.
No me hagas reír… ¿Cuándo conociste a Horo?- dijo ella con suma ironía.
Esta bien, ella es mi amiga… y él es su novio, así que…- quiso explicar el castaño, pero el grito de ella no le dejó continuar.
¿qué?- le cortó Anna.
Pensé que estaba bien, que no te molestaría ver una cara conocida…- dijo el chico, dejándose caer en un sofá negro que allí se encontraba.
Primero que nada: él no es su novio… y segundo: admite que hiciste esto adrede, Hao.- Le acusó Anna, con una voz que no parecía pertenecerle.
Él es quien dice que es su novio, no yo… y no admitiré nada.- Contestó él a su acusación con voz cansada.
Sabías que conocía a Horo. Lo viste aquí, en la boda.- Le atacó ella, parqueándosele al frente.
Sí, pero no pensé que eso fuera un problema.- se limitó a decir él, recorriendo el cuerpo de la muchacha desde los pies hasta la dorada cabeza.
¡Já!... Yoh tenía razón, estabas muy tranquilo, tenías que estar planeando algo… ¿cómo no lo sospeché?- expuso ella, caminando hacia el otro lado de la habitación casi temblando de la ira.
¿Yoh dijo eso?- Repitió él, levantándose d golpe.
Sí, pero eso no viene al caso.- le sacó a relucir el otro tema enseguida.
¡Sácalos de aquí!- le ordenó fuertemente.
No. Son mis invitados… Te pregunté y me dijiste que podía invitar, a quien quisiera…- le hizo ver su error, el castaño.
Porque jamás se me ocurrió, que podría tratarse precisamente de ellos… o la respuesta hubiese sido muy diferente.- Se le enfrentó la rubia, sin darle tiempo a terminar la oración.
No me interesa, ya dijiste que sí.- Volvió a repetir él, con firmeza.
Pues ahora digo que NO. Esta es mi casa… y digo que no, los quiero fuera… sobre todo a ella. – acabó Anna su discurso, temblando de rabia, mientras apretaba las manos tanto, que los nudillos comenzaron a adoptar un color blancuzco.
Sácalos de acá.- Reafirmó la orden, antes dada al castaño, pero extrañamente éste sonrió sardónicamente.
Así que es eso… la que realmente te molesta es ella. Ya decía yo.- Le dio a conocer la conclusión a la que había llegado.
No… no es eso, es que… es que… no puedes venir a imponerme su presencia, solo…- Anna se sintió acorralada, de cierta manera aquella era la principal razón… aunque ni ella misma había entendido lo que sintió cuando lo vio ahí, tomándole la mano… no entendía lo que le pasaba a Horo y eso le molestaba.
Solo porque estés celoso.- terminó de decir Anna, con una cólera inmensa.
¿celoso… yo?- Hao resintió herido en su orgullo, cuando escuchó eso por parte de Anna, pues ¿quién se creía que era, esa mujer?... ni por el chiras iba a reconocer, que la manera de ser de ella para con su hermano, le causaba cierta envidia.
¡Sí, tú!... te enfadaste porque salí tras Yoh, luego de lo que pasó en la oficina, porque lo escogí a él y no a ti. Por eso.- Le indicó ella, elevando nuevamente la voz más de lo normal.
¿Síii?, Fíjate que creo que te equivocas, Annita… ¡Aquí la única celosa eres tú!- Le hizo ver el otro, con una mezcla de sarcasmo, ironía y desdén, que al parecer solo él era capaz de realizar.
¡Ay, pero por favor… Hao¿por qué iba a estar celosa yo de ti?- Habló la chica, burlonamente… haciendo una mueca de hastío.
Eso es ridículo, por Dios.- Agregó completamente seguro de lo que decía, bueno al menos eso parecía.
¿Ridículo?, Ridícula es esta escena que estás armando, solo porque invité a unos amigos a la casa, y eso que pedí tu permiso de antemano.- Le atacó Hao, sin ofenderse con la actitud de Anna, pues dedujo que ese era su objetivo… mostrarle que él no significaba nada en su vida, que jamás lo haría… como le había recalcado aquella vez, que también discutieron en la oficina.
y sí estás celosa… pero tienes razón en una cosa, no es por mí. Sin embargo… creo saber lo que motivó tus celos.- Le dijo, él también tenía un as bajo la manga, si era así como ella quería jugar.
¿ah sí?, pues no pierdas tiempo, y házmelo saber… - Dijo ella en un tonito más de burla, que de enojo, con los ojos más brillantes que de costumbre, clavados en el castaño de cabellos largos.
Estás celosa, porque tu… ¡Horito lindo!, finalmente halló alguien con quien reemplazarte, luego de que eligieras a mi hermano.- Le obedeció Hao, y disfruto cada palabra.
Eso… no es…- Ella no sabía que más decir, ni como defenderse y él se dio cuenta.
Mírate Anna, estás hecha una furia… estás totalmente descolocada y eso es justamente, porque hierves de los celos.- le restregó él duramente, a la mujer rubia que tenía enfrente.
-SK-
En el comedor solo se podían observar una constante en los distintos rostros de los presentes, todos parecían confundidos y en el caso de Horokeu Usui, se notaba aun más la incomodidad. Yoh todavía se encontraba de pie, al lado de su madre, cuando hasta sus oídos llegaron las voces alteradas de Anna y Hao.
Sabía que nada bueno saldría de esto.- Expuso Horokeu en voz alta, sus pensamientos, lo que alertó al Asakura.
Oye Horo… no entiendo nada¿tú la conoces?- Musitó con inocencia Matty, observando a su acompañante de reojo.
Sí, y tú también cariño.- Le respondió el muchacho, correspondiendo la dulzura e ingenuidad de la voz de la chica, con una triste sonrisa, que no duró mucho en su rostro.
Vamos, tenemos que irnos.- Declaró Horo, poniéndose en pie de inmediato, seguido por la pelirroja, que a cada minuto parecía confundirse más.
Fue un placer… señora Keiko, Jun…- Se despidió la chica, de forma bastante educada.
Esperen, no se vayan. Todo esto, no es más que un malentendido…- Les intentó detener Yoh, cuando ellos emprendían la marcha.
No lo creo, Asakura… la actitud de Anna habla por sí misma.- Le cortó secamente, el ainu de los cabellos celestes.
No creo que eso sea así, Anna no…- le defendió sin pensar, el chico castaño.
Horokeu Usui, detuvo el paso y se volteó a enfrentar al que identificaba perfectamente como el esposo de Anna, la persona por quien más aversión sentía en el mundo, el hombre que le había robado la oportunidad de conquistarla, de ser feliz.
Escucha, sé que eres su esposo, pero yo la conozco mejor que tú…- espetó el muchacho alto y fornido, mirando al otro con desprecio, creando un ambiente demasiado tenso para las mujeres en cuya compañía se encontraban.
¿de dónde se conocen Anna y tú, Horo?- Se decidió a formular la pregunta, que le daba vueltas en la cabeza, Jun Tao.
Somos socios… vamos, con permiso.- Respondió el aludido, remplazando su anterior tono agrio por uno más amable, para luego tomar de la mano a Matilda y obligarla a salir del comedor junto a él.
Por lo menos, déjame despedirme de Hao…- le pidió Matty, en voz queda, al verse remolcada por el aguerrido joven.
No hay tiempo.- Aseveró éste, guiándola hacia las escaleras.
Pero…- Dudó ella al pie de las escaleras, más él empezó a ascender y ella corrió a alcanzarlo.
Keiko y su sobrina, se quedaron como lelas después de haber observado todo lo ocurrido, no lograban asimilar que Anna y Horokeu se conocieran de antes, bueno las dos pensaban que eso era muy posible… pero y por qué la rubia, reaccionó de esa forma tan descortés. Solo les quedaba una persona allí, a quien podían acudir para aclarar sus dudas, Yoh.
El castaño adivinó lo que tenían en mente, tanto su prima como su madre, las que clavaron en él sus miradas, luego de ver desaparecer a la singular pareja, que era la verdadera responsable de todo aquel jaleo, así que decidió escurrirse con la excusa de averiguar con certeza lo que sucedía, sin más despedidas que una inclinación de cabeza salió de la estancia, dejando a las mujeres solas y se encaminó al estudio, de donde provenían las voces de Anna y Hao, que subían y bajaban de nivel, sin previo aviso.
Podrían dejar de gritar…- solicitó al entrar al lugar, sorprendiendo a su hermano y a su esposa sumidos totalmente en su discusión.
No te metas en esto, Yoh.- Respondieron de forma agresiva y a una voz, ambos jóvenes.
Da igual lo que se digan, tu "amigo" ya tomó una decisión, él y la chica se van.- Les informó con esa tranquilidad, tan característica suya.
Anna y Hao le miraron extrañados, pero fue él quien habló.
¿qué?- Fue lo único que pudo decir, el chico de cabellos largos.
¿por qué no los detuviste?- Volvió a atacar a Yoh, su gemelo.
Traté… pero él es más terco que ustedes dos.- Terció el otro castaño, clavando sus ojos castaños en la rubia, que unos pasos más allá guardaba un silencio sepulcral.
¿Qué estaría pasando por la mente de Anna¿por qué esa reacción?, se preguntaba Yoh. Hacía unos pocos días, hubiese vendido su alma al diablo, con tal de saber el paradero de su amigo, el que significaba para ella tanto, que consideraba el hombre más importante en toda su vida, entonces por qué ahora que lo tenía allí mismo, bajo su techo, resentía de su presencia. Simplemente no la entendía, esa mujer encerraba demasiados misterios…
Yoh dejó de pensar en eso, al ver como su hermano se dirigía hacia la salida, seguramente para intentar convencer a sus amigos, que se quedaran en la casa.
Déjalos Hao…- la voz de Anna, llevaba una advertencia implícita.
No.- Dijo él, y salió de allí enseguida, sin detenerse ni a mirarlos.
Anna suspiró al ver desaparecer al castaño y fue cuando clavó sus perlas negras en Yoh, quien le observaba sin decir palabra.
Si tienes algo que decir… hazlo.- Ordenó la muchacha.
¿Por qué te portas así, Anna?, No lo comprendo… hace poco estabas desesperada por encontrarlo, pensé que lo querías…- dijo el chico, guardando las manos dentro de los bolsillos del pantalón de corte clásico que esa noche utilizaba, restándole importancia a sus apreciaciones.
y lo quiero, Yoh.- Le confirmó ella, con voz trémula.
¿entonces?- la voz del chico, sonaba inalterable y a mujer se lo agradecía. Ese chico poseía el don de calmarle los nervios, y debía reconocerlo, siempre se sentía mejor cuando se desahogaba con él.
No lo sé… No sé que me pasa, no soporto verlo junto a ella.- exclamó la muchacha y se sentó pesadamente, en el sofá que antes ocupara Hao, cubriéndose la cara con las manos por un instante.
Anna se sentía mal, sabía que había perdido su autocontrol, hace mucho… desde que entró al comedor y lo vio allí con ella, tomándole de la mano. Diablos, como podía dejar que aquello la afectara tanto… Yoh la observó, parecía derrotada, una mujer como Anna nunca se perdonaba reaccionar como un ser humano, dejarse llevar por sus emociones, y eso era lo que estaba ocurriendo.
No haré ninguna clase de comentario, acerca de lo que creo que eso significa; pero Anna…- Se obligó a decirle el muchacho, obteniendo la atención inmediata de la rubia, quien se dedicó a mirarlo.
¿Qué?- Preguntó.
Pienso que si tu amigo, aceptó la invitación de Hao, aun sabiendo que podrías molestarte… tal vez de verdad, necesita quedarse aquí.- Yoh expresó en voz alta su observación, sentándose al lado de la rubia de ojos negros, quien cambió de posición para mirarlo de frente.
¿tú crees?- Anna solicitó su opinión de nuevo.
Sí, me dio la impresión de ser orgulloso en extremo.- le dijo Yoh, sosteniendo su mirada suplicante.
Lo es.- dijo ella, con voz cansina.
Tienes razón, voy a hablar con él… pero entre más lejos esté de la mujercita esa, mejor.- Estuvo de acuerdo con él, la muchacha, levantándose.
¿qué te hizo ella?- Preguntó el castaño, volviendo a atraer su atención.
A mí no me hizo nada… pero a él, no sé que le pudo haber hecho. Si lo conocieras… él es tan…- Quiso darse a entender Anna, pero desistió en el acto.
No tiene caso, no lo entenderías.- Exclamó la chica, siguiendo su camino hasta la puerta.
Pruébame.- La voz de Yoh, le frenó cuando hubo alcanzado esta.
Anna se dio vuelta y le observó, no se había movido del lugar que ocupaba en el sofá, no supo porque pero las palabras comenzaron a salir solas… ¿tanta confianza le inspiraba Yoh Asakura?
Horo-Horo es un hombre de principios, él… además es muy desconfiado, le cuesta trabajo abrirse con la gente. Es peor con los desconocidos… él simplemente no se da.- le dio a conocer Anna, con voz sombría.
¿y el problema es…?- le incitó a continuar él.
Ella, el problema es ella. Lo tiene como hechizado… de un momento se desaparece, sin decirle nada a nadie… angustiando a su hermana… a mí.- Declaró ella, volviendo a elevar el volumen de su voz. Hablar sobre Matilda Matisse, le enervaba.
Anna…- escuchó su nombre de boca de Yoh, la rubia.
Casi me volví loca, Yoh… pensando que algo malo podía haberle ocurrido, porque él no es así… él no es así.- repetía la muchacha, era obvio que si se había preocupado por él. Yoh también lo sabía… había sido testigo de la llamada que le hiciera Pilika, la hermana de éste.
Y no, resulta que no… que él está feliz de la vida, revolcándose con esa pequeña zorrita pelirroja, a la que apenas conoció ayer.- Anna se permitió desahogarse, dejó salir todo lo que pensaba y tenía atravesado entre pecho y espalda, quería gritar, aunque desconocía que ya lo estaba haciendo.
¿te parece justo?- le preguntó a él, al aire, a todos… Yoh la miró, pero antes de que pudiera decir nada, una voz tras la rubia los alertó de la presencia de alguien más en la habitación.
No, no lo es…- La voz de Matty sonaba llena de determinación.
¿qué…?- comenzó la rubia al darse cuenta de lo que consideraba una intromisión… Matty no tenía ningún derecho a estar allí.
Buscaba a Hao para despedirme, no fue mi intención molestarte… ni a ti, ni a nadie, pero puedes estar tranquila, me iré.- No tardó en comunicarle la hermosa pelirroja, que aquella noche se veía realmente encantadora, pues llevaba un sencillo vestido blanco de tirantes, que le llegaba hasta la altura de las rodillas y se pegaba a cada curva de su cuerpo como si de una segunda piel se tratara.
Anna quedó muda al igual que Yoh, quien jamás previno aquel enfrentamiento, la pequeña pelirroja aprovechó aquello y continuó con voz que sonaba a los oídos del castaño algo triste.
Lamento lo de Horokeu… pero que una cosa te quede clara, no soy una vagabunda, ni mucho menos una prostituta.- Terminó la muchacha, abriendo la puerta y sin esperar respuesta alguna se marchó tan rápido como había llegado.
Yoh que se había levantado del sofá, justo en el momento en que se dio cuenta de la presencia de Matilda en la estancia, se acercó a la puerta pasando al lado de la rubia, que había quedado inmóvil, con la mirada fija en la silueta de la chica que se alejaba.
¿Matty?- Le llamó Hao, al notar como la joven mujer pasaba de largo a su lado, pero ella no respondió.
¡Matty, espera!- Le gritó Horokeu que yacía muy cerca al estudio, esperándola con una maleta, al ver como la chica seguía su camino sin determinarlo ni a él ni a Hao, a quien antes buscaba.
Las miradas de ambos hombres se clavaron en el umbral de la puerta, más específicamente en Yoh Asakura, quien observaba desde allí la escena. Hao y Horokeu apenas intercambiaron una dubitativa mirada, antes de que el primero decidiera acercarse a su gemelo para averiguar lo que ocurría y de que el segundo echara casi a corres detrás de la pelirroja muchacha.
¿Dónde estabas?- Se le adelantó al preguntar, Yoh a su hermano.
Arriba, buscándolos… ¿qué pasó?- preguntó, con algo de temor poco notorio en su firme voz.
Anna…- dudó Yoh, sin saber como debía comenzar.
Hao creyó entenderlo todo, y se abrió paso al estudio donde todavía se hallaba la rubia, por la puerta que su hermano mantenía abierta. La chica no se había movido de su lugar, y tampoco lo hizo al ver aparecer a su cuñado, quien se quedó callado al entrar.
Ella entró en el momento menos indicado, Anna…- volvió a intentar darle una explicación, el otro castaño, entrando tras su hermano a la estancia en la que se hallaba su esposa.
¿qué le dijiste?- Hao no esperó más por una respuesta, de sobra sabía que cualquier cosa que le pasará a Matty, debía ser culpa de Anna y sus celos.
Solo dije lo que pensaba.- Rezó la muchacha, dándole la espalda.
Yoh se pasó una mano por el rostro, en un genuino gesto de desesperación y cansancio. Esa noche no podía llegar a buen término.
Matty es una gran amiga mía, es una persona a la que quiero y a la que estimo… si la trae aquí, fue porque necesitaba un lugar donde quedarse, no para someterla a humillaciones y a malos tratos…- habló él, con una voz que dejaba ver la tristeza y decepción que en aquel momento sentía. Anna se estremeció, ella no deseaba que él la viera de esa forma, que le perdiera el respeto…. Pues aunque no lo reconociera a viva voz, también le importaba lo que Hao pensara de ella, y mucho.
Pensé que eras del tipo de personas, que saben como comportarse frente a cualquier situación. Te desconozco, Anna.- Continúo el chico, moviendo lacónicamente la cabeza, antes de salir sin mirar a Yoh y por supuesto, sin esperar a escuchar ni una sola palabra por parte de la rubia de ojos negros.
Nunca me conociste en primer lugar.- murmuró la mujer joven, entre dientes, al escuchar la puerta cerrarse.
El otro castaño alcanzó a escuchar las palabras de la rubia, pero sin hacer sentir más su presencia, abandonó el estudio, después de que lo hiciera su hermano mayor.
-SK-
Matilda ya se halaba en el patio trasero de la mansión, cuando Horo se atravesó rápidamente en su camino, la chica pelirroja lo retó un segundo con la mirada y luego intentó reanudar éste evitando al ainu.
Hey, hey, hey… ¿para donde vas?- Le preguntó el chico del norte, volviendo a impedirle el paso.
Me voy.- soltó ella ácidamente.
¿sin mí?- dijo Horo, en un tono casi infantil.
Esa es la idea.- Afirmó ella, secamente y reinició la marcha enseguida.
El ainu se sorprendió ante esa respuesta, pero no se dio por vencido, le tomó del brazo impidiendo que continuara.
Espera, espera, Matty… ¿por qué?- Interrogó a la pelirroja nuevamente, cuando estuvo seguro de que ella no podría seguir caminando.
Porque sí. Porque puedo.- Le espetó ella, al tiempo que se soltaba.
Esa no es una respuesta muy convincente.- Declaró el muchacho de orbes oscuros, mirándola fijamente, luego de cruzarse de brazos.
Lo es para mí.- murmuró la mujer joven, sosteniendo la mirada oscura sin cambiar para nada su expresión ausente.
Matilda… ¿qué ocurre¿Anna te dijo algo?- Dijo dubitativo, rogó porque no fuera así, conocía a Anna, sabía cuan cruel podía ser cuando se ofuscaba, aunque eso casi nunca ocurría, pues ella poseía un autocontrol sumamente férreo.
Sí… Me acabo de enterar que soy la mujerzuela con la que te revolcabas, mientras la matabas a ella y a tu hermana, del susto.- Dijo ella, casi con asco.
Eso no es verdad.- Expuso él, automáticamente.
Sé que no es verdad, pero eso no evita que me sienta mal.- Matilda habló con un tono de voz tranquilo, pero él sintió que algo estaba mal, ella estaba muy seria y eso era raro.
No sé que le pasa a Anna, ella no suele hacer cosas como esta…- Defendió a la rubia frente a Matilda, y ni siquiera se dio cuenta. Lo decía porque era lo que sentía, se sentía mal de hallarse en esa situación nunca antes vivida; Matty sonrió débilmente.
Yo sé lo que le pasa, no quiere que te ocurra nada. ¿Y sabes por qué me siento mal?... porque sé que en parte tiene razón. Puede sucederte cualquier cosa, si sigues a mi lado… y eso es lo que menos quiero, Horo.- Soltó ya sin reparos, Matty, estaba triste y se notaba.
Horokeu no sabía que hacer, Matilda había adquirido cierta importancia en su vida, jamás como Anna… Anna era la mujer de su vida, la amaba, pero no podía evitar sentirse fatal ante el último comentario de la pelirroja, daría cualquier cosa porque se le enfrentara como antes, por devolverle esa sonrisa burlona de siempre.
Pero si no me va a pasar nada, estás exagerando.- Dijo él, acercándose mas a la chica de cabellos cortos y encendidos, que ahora mecía el viento.
No, no estoy exagerando… tú no puedes estar involucrado con alguien como yo, eres ajeno a mi mundo.- musitó ella suavemente, y se dio vuelta para dejar de mirarlo y clavar su vista en las aguas tranquilas de la piscina que reinaba en el centro del lugar.
Matty…- Susurró él, tomando los hombros de la chica.
La pelirroja se alejó de él, como si el contacto le doliera.
No, Matty nada… no tienes por qué hacer esto, no eres nada mío. No tienes ninguna clase de obligación conmigo y no se te ocurra repetir esa mentira, de que eres mi novio.- lo enfrentó con firmeza, clavando los ojos en los oscuros masculinos, pero manteniendo una distancia prudencial entre los dos.
Pero es que… ¿cómo sabes que es mentira?- preguntó, pues la mirada segura de ella, evitó que continuara con esa mentira.
Lo sé, lo veo en tus ojos, tú no me quieres… pero a ella…- Exclamó la muchacha, en voz baja y muy lento.
Tú solo estás conmigo por una razón, porque sientes que me debes algo…- le recitó ella, como si fuese una especie de profetisa, sin dejar de mirarlo a los ojos.
No es solo eso, Matty por favor…- Trató de hacer que le escuchara, Horo, pero ella ya no lo permitió.
Ya no me debes nada, Horokeu. En lo que a mí respecta, tu deuda, cualquiera que sea, está saldada.- Lo absolvió ella de cualquier deuda.
Horo Horo sintió como si le vertieran un cubo de agua helada encima, no se sentía preparado para aceptar aquello, él no quería dejarla, no de esa forma… le debía mucho. No supo como, pero acabó con la poca distancia que Matty había puesto entre ellos dos, y la tomó en brazos.
NO, ya me has cuidado suficiente.- gritó ella, y trató de soltarse pero no pudo, dos lágrimas amargas rodaron por su rostro, sin que pudiera retenerlas.
-SK-
Yoh encontró a su hermano sentado en el vestíbulo, lo había seguido, pues supo reconocer cuan afectado e impotente se sentía con todo lo que se había desatado esa noche, y eso que ésta apenas comenzaba, miró su reloj de pulsera… solo eran las 7:36 y ni siquiera habían cenado. Miró a su gemelo, y recordó que el odiaba sentir fuera de lugar y quizás eso era lo que comenzaba a sentir, por eso quiso acompañarlo. Además Anna necesitaba estar sola.
Creía que intentarías detenerlos.- Dijo el castaño de cabellos cortos.
¿para qué?, no serviría de nada, cuando esa chica toma una decisión, no hay poder humano que le haga cambiar de parecer.- le señaló Hao, quien parecía conocer bastante a Matilda. ¿sería por eso que se le hacía familiar, el rostro de la muchacha?
Y tenías razón, él es más testarudo que yo.- Terminó resignado.
Entonces… ¿te quedarás con los brazos cruzados?- Preguntó su hermano, observándolo con interés creciente.
No, si voy a hacer algo. Me voy de la casa.- Hizo publica, la decisión a la que había llegado al salir del estudio.
¿cómo¿Por qué?- Yoh se alteró, Hao adoraba esa casa, pues aunque poseía un apartamento propio, casi nunca lo utilizaba. Siempre decía, que no había nada como el calor del hogar, y que el hogar precisamente lo componían sus familiares y seres queridos… su apartamento se le hacía muy solitario y vacío.
¿cómo que por qué?, se acabó mi independencia aquí, y yo no sé vivir así… ni siquiera puedo decidir a que amigos traer o no traer, a la que creía que era mi casa.- Le recordó con amargura, mirándolo de reojo.
No te precipites, Hao. Ella no hace esto por ti, ni para tenerte doblegado.- declaró Yoh.
Entonces¿por qué lo hace?- Le preguntó el otro, pero su interrogante se quedó en el aire.
Dímelo Yoh… porque ella jamás me lo dirá; no confía en mí… pero en ti sí¿cierto?- Expuso Hao, arrinconándolo con sus palabras.
Yoh no sabía que decirle… tal vez era cierto, quizá Anna confiaba un poco en él, pues terminaba revelándole cosas que él no tenía por qué saber, mientras que a su hermano parecía dejarlo fuera. Con lo que estuvo a punto de suceder entre ellos dos en la oficina, Hao debía sentirse algo frustrado, al ser tratado de esa forma por parte de Anna.
Hao yo…- Dudó él, sin saber como continuar la oración.
No puedo seguir así, tengo que saberlo…- Musitó quedamente el pelilargo, con la mandíbula apretada, al tiempo que se ponía de pie, de un brinco.
¿Entre ella y tú… ustedes dos han tenido que ver?- Soltó de sopetón, sorprendiendo a Yoh, quien jamás se imagino ser interrogado sobre aquel aspecto.
¿qué?- la palabra escapó de su boca, debido al asombro.
Júramelo Yoh… Júrame que no existe nada entre ustedes, que nunca lo ha habido. Júrame por la memoria de nuestro padre, de nuestro abuelo… que entre Anna y tú no hay nada.- Lo acosó Hao, llegando junto a él.
Yoh sabía que tenía que mentir y podía hacerlo, pero jurar por dos personas que en vida fueron para él tan importantes, eso no podía hacerlo.
Eso es…- comenzó el chico, alejándose un poco de su hermano.
¡Júramelo Yoh!- Gritó Hao y la desesperación que vio en sus ojos, le hizo bajar la vista.
No puedo.- susurró el joven, sin mirarlo.
Hao cerró los ojos castaños y suspiró profundamente al escuchar la respuesta de su hermano, creyó que oiría cualquier otra cosa, pero aquello era básicamente una respuesta afirmativa. ¿A qué hora ocurrió todo eso¿en qué momento se vio enredado por una mujer como Anna?
Len tenía razón, él no quería que Yoh también se fijara en ella, y mucho menos deseaba que ella pudiera mirar a su hermano menor, como otra algo más que a una imposición. ¿Cómo su matrimonio acordado, había comenzado a transformarse en algo más?... no tenía las respuestas a esa preguntas y seguía preguntándose que hacía él parado allí, esperando que éstas le cayeran del cielo, si sabía perfectamente lo que tenía que hacer.
¿A dónde vas?, Hao…- Le preguntó Yoh, en un grito… cuando lo vio alejarse, saliendo tras él.
¿Pero que está pasando en esta casa?- preguntó Keiko al ver como sus hijos, subían las escaleras con tanta rapidez que ni siquiera notaron que ella y Jun llegaban.
No tengo ni la más mínima idea, tía… pero me muero por saber.- Reconoció Jun Tao, la que esa noche parecía estar divirtiéndose de lo lindo.
Keiko iba a reprocharle, pues se encontraba escandalizada con la fresca actitud de su sobrina mayor, cuando el timbre de la puerta principal comenzó a repicar.
¿es la puerta?- Preguntó, algo insegura. La mujer joven que le acompañaba, no contestó sino que comenzó a caminar en dirección de ésta.
Jun¿vas a atender tú?- Preguntó su tía, extrañada.
¿por qué no?- le respondió la chica, sin detenerse.
Al abrir la puerta la mayor de los hermanos Tao, se encontró con una rubia despampanante de ojos verdes brillantes, enfundada en un vestido corto, ajustado, color rojo encendido, rematado en encaje del mismo color. La chica en cuestión llevaba los hombros, llevaba sobre los hombros que el elegante vestido dejaba al descubierto, un bello chal dorado tejido y le sonreía desde el umbral.
Buenas noches.- saludó de forma educada, Jun Tao.
Muy buenas noches… ¿la señora Anna se encuentra?- correspondió la rubia al saludo, par después preguntar por la nueva dueña de los Asakura.
Adelante por favor, yo la llevaré con Anna.- le hizo pasar una sonriente Jun.
Marion Phauna le siguió, pensando en las ironías de la vida, mira que abrirle la puerta precisamente la prometida de Lee.
Y esto cada vez se pone más interesante.- le susurró Jun a su tía, cuando pasó a su lado, luego de que la rubia saludara a la señora de manera formal, a la que Keiko correspondió igual.
-SK-
La pelirroja cerró los ojos para contener las nuevas lágrimas que amenazaban con salir de éstos, pero desistió pronto de los esfuerzos por liberarse del fuerte abrazo en el que la tenía presa aquel hombre. No sabía porque lloraba, no se acordaba con certeza del lugar ni de la situación en que lo había conocido, pero si sabía con seguridad que ella no era una cualquiera, y él le había dado la impresión de ser todo un caballero, entonces ¿por qué¿por qué Anna había dicho eso de ella?
No. Está bien, al principio era porque me sentía en deuda contigo, lo acepto… pero ya no. Ahora es diferente…- le informó Horo, aflojando un poco el abrazo, al sentir como ella paraba de luchar por soltarse.
¿Qué es diferente ahora?... No sé que pretendes con hacerle creer a todo el mundo que eres mi novio, pero es obvio que a mí, nunca me engañaste.- Le reclamó ella, con una nota de amargura en la voz.
Es difícil engañar a una experta.- declaró él, ya dejándola ir.
tú lo has dicho.- sostuvo la pelirroja.
Yo no quiero estar contigo, porque te deba algo Matilda… sino porque de verdad lo deseo. Quiero estar a tu lado, quiero cuidarte…- expuso él, con total sinceridad, y al ver que ella pretendía chistar agregó…
Aun cuando no lo necesites, es lo que deseo hacer.-
Matty lo observó durante un rato que a él le pareció eterno, y cuando por fin se dispuso a hablar, él comprendió que volvería a intentar hacerlo desistir.
Pero…- esa fue la única palabra que la chica alcanzó a pronunciar, antes que él le callara dulcemente.
Shhh… permíteme hacerlo, Matty… Déjame estar junto a ti, porque es aquí donde quiero estar.- Dijo él, y ella sintió una opresión en el pecho, porque esas palabras de parte de ese misterioso chico, le impresionaban tanto… no hallaba una razón.
Horo…- Su nombre… nada más alió de su boca.
Él volvió a acortar la distancia entre ellos, casi por instinto le tomó ambas manos, ella lo observaba maravillada. Horokeu se llevó las manos de ella a la boca y las besó dulcemente, sin dejar de mirarla a los ojos.
Quizá no pueda amarte como a ella, aunque lo intentara… pero te equivocaste al decir que no te quería… porque si siento algo por ti.- esas palabras desarmaron totalmente a la chica, quien se sintió incapaz de mantenerse en pie por más tiempo, Horo Horo se dio cuenta y de inmediato la atrajo hacia sí, sosteniéndola contra su propio cuerpo.
Matilda era tan hermosa, ahora lo apreciaba con facilidad… se merecía ser amada, si solo él pudiera amarla… si la amara a ella en vez de a Anna.
No sé que es… pero lo siento.- Dijo más para si mismo, que para ella.
Horokeu Usui fue acercando poco a poco su rostro al de la muchacha, quien estaba estupefacta, sus labios… nunca antes estos le provocaron algún tipo de emoción, sin embargo allí, ahora lo único que quería era besarlos, deleitarse con su sabor… ella no sabía que pensar, y sin embargo no se detuvo ni siquiera al ver la duda, el miedo en los soñadores ojos de Matty, pero si lo hizo al escucharla pronunciar débilmente un nombre.
¡Anna!- se le escapó a ella, al ver a la rubia allí, de pie, observándoles.
Horo la separó de su cuerpo rápidamente y se dio media vuelta para encontrar a una rubia, que parecía estar más fría y lejana que de costumbre.
Yo… solo vine a pedirles disculpas, a los dos. Jamás debí decir lo que dije de ti, Matilda… de verdad, lo siento.- se obligó a hablar la heredera universal de Yohmei Asakura.
No te preocupes…- soltó Matty, quien estaba visiblemente apenada con la escena, que acababan de interpretar para Anna en exclusiva.
Espero que puedas perdonar mi imprudencia, y sería para mí un placer que se quedaran. Esta es su casa, así que… considérenlo, por favor.- Terminó la rubia de cabellos largos, en un murmullo casi inaudible.
Gracias.- Contestó de nuevo la pelirroja, puesto que el ainu se hallaba como ido debido a la impresión que se llevó al percatarse de la presencia de Anna, en ese lugar.
Anna Kyouyamma, ahora Asakura… miró a Horo por última vea, antes de tratar de irse de allí, entonces ¿Hao tenía razón¿si eran novios después de todo?... la chica dorada se sintió estúpida por todo el drama que había armado esa noche, dio gracias al cielo por haberse dado cuenta a tiempo de lo que debía hacer, pero no agradecía en lo absoluto haberse topado con la parejita en pleno romance. Horokeu cayó en cuenta de que la chica, ya se iba y quiso detenerla¿para qué?, no tenía idea.
Anna, yo solo quiero…- habló el ainu, pero ella le cortó de una.
No, Horo…- musitó quedamente, antes de fijar momentáneamente la vista en Matilda, quien se abrazaba a sí misma.
Déjame explicarte esto, lo que viste…- Comenzó él.
Tú no tienes que darme explicaciones.- Lo frenó en su intento, la rubia, dando la vuelta para recoger sus pasos e intentar salir por donde había venido.
¡Demonios, Anna!- gritó él, agarrándola del brazo para detener su marcha.
¡Dije que no!- gritó ella a su vea, soltándose de golpe, haciendo que el chico trastrabillara al no esperarse esa reacción de su parte y fuera a caer de cabeza en la piscina.
Horo-Horo.- Gritó ella, corriendo hasta la orilla.
¿Horo…¿estás bien?- preguntaba Anna, agachada y con la oscura mirada clavada en el agua semi iluminada por los reflejos de la luna.
¿qué le pasa¿está jugando?- Preguntó Matty, llegando junto a la otra chica, quien se temía lo peor.
No sabe nadar.- musitó la rubia, con desesperación, sin perder la esperanza de verlo emerger.
¿qué?- Matilda la observó una milésima de segundo, en la que comprobó que Anna no bromeaba, para un instante después lanzarse a la piscina al mejor estilo de Bay Watch.
Anna le vio hacer aquello sin moverse, sus piernas parecían de gelatina pues no dejaban de temblar, agazapada allí, observó como la pelirroja traía consigo a un Horokeu que tiritaba del frío.
Ayúdame a sacarlo.- se escuchó decir a Matty, y la movilidad de sus miembros regresó a ella.
Anna apoyó un brazo del mojado chico, sobre sus hombros para halarlo hacia arriba, en esfuerzo conjunto con la Matilda que aun se encontraba dentro del agua.
Lo siento, Horo… yo no quería…- le susurraba Anna, con las lágrimas saliendo a borbotones de sus ojos, arrullándolo contra su pecho.
Ya, tranquilo… respira.- Le ordenó la pelirroja, tras salir de la piscina, viendo como el muchacho a quien Anna mantenía abrazado contra sí, volvía a tomar conciencia de todo aquello que lo rodeaba.
¿me perdí la fiesta?- escucharon que alguien decía a sus espaldas.
¿Mary?- La pregunta que la pelirroja formuló al alzar la vista del cuerpo de Horo al de la recién llegada, retumbó en las mentes, de todos los presentes en el lugar de los hechos, incluyendo en la de Marion Phauna.
Nota de la Autora:
Sé que no tengo perdón, pero igual no pierdo la esperanza de obtenerlo.
¡Feliz Navidad a todos!
Los quiere,
Darla Asakura
