Disclaimer: Sword Art Online (SAO) es propiedad de Reki Kawahara y sus asociados. Esta obra fue hecha sin fines de lucro.

Este fic pertenece al evento #MeriiKuriSAOmasu20 que organizó SAO_Fickers.

¡Gracias por hacerlo!

Frase: Navidad Virtual.

MERRY XMAS!

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Across glass

Los copos de nieve caían sobre sus negros mechones, los cascabeles dorados en las astas de los renos tintineaban sin parar acentuando los movimientos bruscos de los imponentes animales.

Si Kirito alzaba la vista podía ver las luces polares dando uno de los mejores espectáculos, uno que ni las grandes computadoras emuladoras de RATH podría lograr.

La nieve le cubría hasta las rodillas, pero el peculiar traje verde con rayas rojas que usaba evitaba que el frío le calcinara piel. Trató de caminar hasta la casita de madera que había unos metros a lo lejos, pero el pesado manto blanco se lo impidió. ¿Qué tan profunda y densa debería estar la nieve si no podía sacar sus pies?

Haciendo uso de toda su fuerza, forzó sus músculos a salir y cuando el ardor típico comenzaba a aparecer su pie derecho fue liberado. La curiosa bota verde y puntiaguda que usaba estaba espolvoreada de fina nieve que humedecía el calzado.

Con una extremidad fuera le fue más sencillo sacar la otra y cuando sus dos pies estaban libres Kirito notó con extrañeza que todo le parecía extrañamente grande. Los pinos, los renos en un establo y hasta un trineo tradicional que había por ahí.

Un copo de nieve le cayó directo en la nariz haciéndolo estornudar al instante, su cabeza se movió y con ella un sonido metálico vino. Con extrañeza se palmeó la cabeza notando al instante un pequeño gorro con un cascabel en la punta.

"¿Qué diablos?"

Él nunca se vestía tan navideño. A su novia le gustaba disfrazarlo de todo lo posible así que mansamente aceptaba usar cosas extrañas, pero un cascabel en la cabeza era demasiado para él. Además, la navidad no le gustaba porque había mucha gente.

Decidió caminar hasta la cabaña que humeaba por la chimenea y se dio cuenta que en realidad la casa estaba más lejos de lo calculado. Se giró para ver la distancia recorrida, pero lo que aseguraba ser al menos diez metros no eran más que dos y tanto, las pequeñas huellas en la nieve eran testigo.

"¿pequeñas?"

Observo sus pies y repentinamente se sintió enano. Fue cuando se dio cuenta que en realidad era un enano, que veía todo tan grande porque él era muy pequeño.

Asustado tocó sus orejas notando lo puntiagudas que eran y con un brinco comenzó a correr hasta la casita.

¿Dónde estaba? ¿Dónde estaban sus amigos? ¿Dónde estaba Asuna?

Más importante aún, ¿por qué era un enano?... no, era un duende, uno navideño, pero ¿por qué?

Con la desesperada carrera y sus cortas piernas, le tomó un puñado de minutos llegar hasta la gran puerta de madera oscura para comenzar a tocarla desesperado.

—¡Voooy! — una voz nasal respondió a sus toques desesperados. —Hoho, ¡pero si es Kii-boy! Date prisa o te quedaras sin ponche de navidad. —otro duende vestido de rojo y verde, con el cabello amarillo y bigotes pintados en la cara le sonrió con suficiencia.

—¿Argo? ¿Qué ha...

Sus preguntas fueron interrumpidas por un jalón brusco que lo hizo entrar de lleno a la casa.

—¡Entra rápido! Hace fríoooo. —la jocosa voz canturreó mientras frotaba sus antebrazos.

Coloridas guirnaldas y luces decoraban todo el lugar. Una enorme mesa rectangular rebosaba de comida, junto había una enorme chimenea de ladrillos y frente a ella un sillón de una plaza igual de grande a su ver.

Muchos duendes vestidos igual que él estaban sentados alrededor del sillón, al parecer alguien importante se sentaba ahí.

—Ven, ella estará feliz de verte.

Era jaloneado por la que antaño conoció como la rata hasta el tumulto de enanitos. Todos murmuraban y bebían de unas pequeñas tacitas marrones, pero eso dejo de importarle cuando una persona mucho más grande que él lo llamo con dulce voz.

—¡Kirito-kun ya llegaste! Que alegría —una brillante sonrisa acompañaba la voz de Asuna, que, usando un vestido de tubo al estilo santa, botas largas y un gorro a juego con el personaje estaba sentada en el gran sillón antes mencionado. —Ven, siéntate en mis piernas. —ella palmeó sus muslos mientras asentía con la cabeza.

Kirito estaba un poco ido, pasmado. Como no se movía los demás duendes comenzaron a empujarlo hasta que quedo parado frente a las largas piernas enfundadas en cuero rojo. Seguía con la mente perdida observando a su novia. Asuna siempre le había parecido una gran mujer, pero ahora literalmente era una gran, GRAN mujer y él era muy chiquito.

No supo que le picó, pero antes de darse cuenta sus brazos se habían elevado hacia arriba en una inequívoca señal de que lo cargara. Sin rechistar la pelirroja lo hizo, soltando risas de por medio. La sensación de los finos dedos de Asuna rodeando su mini torso le dieron cosquillas y cuando fue sentado en las blancas piernas descubiertas pudo notar como su cabeza quedaba a la misma altura a los generosos pechos de ella.

Con pena agachó la cara, Asuna le quitó el gorrito y acariciando su cabello sonreía mientras tarareaba una conocida canción navideña.

Oh, the weather outside is frightful — la dulce voz de Asuna acompañado de los murmullos de los duendes llenaban la habitación de paz. —But the fire is so delightful.

Estaba seguro de haber escuchado esa canción, pero no recordaba el nombre. Comenzaba a darle sueño y las caricias en su cabeza no ayudaban.

And since we've got no place to go — la castaña cesó sus caricias para tomarlo del torso y alzarlo frente a ella. Se sentía como un muñeco de trapo en sus manos. — Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow! — ella movía su cabeza y lo sacudía según el ritmo de la canción.

Una sonrisa estaba en la cara de Kirito, oír la melodiosa voz de su novia siempre lo ponía de muy buen humor. Ella dejó de cantar y lo bajó de nuevo a sus piernas, se quedó de pie observando embobado los ojos color caramelo que tanto amaba. Se sentía como en un sueño.

—Es hora de despertar Kirito-kun. —el dedo índice de Asuna le tocó la nariz suavemente.

Y todo se esfumó.

Oh, it doesn't show signs of stopping

And I've brought some corn for popping.

Esa canción... ¿no era la qué Asuna santa le cantó?

¿Asuna santa? Ah sí, su sueño.

The lights are turned way down low

Con pereza fue despertando, alejando su mejilla babeada de la cómoda almohada de su cama. El sol prístino de diciembre iluminaba su cuarto y con eso le decía que la mañana del día previo a la navidad había comenzado.

Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!

La canción sonaba con todo volumen por todos los rincones de la casa. Estaba seguro que más de un vecino se quejaría por el ruido. Al parecer su madre estaba sacándole el máximo provecho al nuevo equipo de sonido que recién había comprado y que mejor manera que con las típicas canciones navideñas.

Ahora que ya sabía de donde había salido tan característica canción y el cómo se había colado en su sueño, este se aclaraba... en parte.

La razón de por qué se había convertido en un duende navideño y porque Asuna era un santa gigante aún le era desconocida.

O tal vez si... es que Asuna y él no habían tenido ningún contacto real desde hace siete días, ocho horas y veinte minutos aproximadamente. No es como si llevara la cuenta exacta, pero de verdad extrañaba los cálidos abrazos de su novia cuando las brisas le helaban los huesos y desde que las autoridades alertaron sobre un posible rebrote de tan temido virus, por la seguridad de ambos se habían limitado a tener citas solo en el mundo virtual.

—Onii-chan —suaves toques resonaron en su habitación —¿Estás despierto ya?

—Si, voy enseguida Sugu.

Se desperezó cual felino, sintiendo el crujido de sus huesos que le sacaron más de un quejido.

—Date prisa, tenemos que comprar el Christmas cake antes de que se agoten...

La voz de su hermana se fue difuminando conforme se alejaba de la entrada de su habitación.

A Kazuto le gustaba el Christmas cake, pero le gustaba más el que preparaba Asuna.

¿Qué estaría haciendo ahora? Probablemente preparando su propio Christmas cake. Y para no quedarse con la duda prefirió tomar su teléfono y hacerla una llamada de buenos días. Con su excelente capacidad de hacer más de una cosa a la vez comenzó también a cambiarse para salir a la jungla de asfalto. Ya habría tiempo para una ducha después.

Buenos días Kirito-kun— una voz alegre lo recibió desde el otro lado de la línea.

—Buenos días Asuna —se había quedado quieto con una camiseta en la mano, su cerebro se había quedado en suspensión cuando la imagen de su novia lo invadió.

¿Sucede algo? —el sonido de utensilios chocando acompañaron la pregunta. —¿Estás bien?

—Si, si. Solo me preguntaba que hacía la sub comandante a tempranas horas de la víspera navideña.

Oh, err... —carraspeó. — Estoy haciendo galletas para mi hermano. Quiere darle una sorpresa a su novia, pero tiene muy pocas habilidades culinarias. — la nota tensa en su voz pasó desapercibida por el pelinegro.

—¿Es así? Bueno, tampoco veo a Kouichirou cocinando algo fuera de un MMO. —se río.

—Ya lo conoces. Por otro lado, asumo que apenas estás despertando.

Kazuto podía imaginar perfectamente la cara de regaño de su novia.

—Pues sí, desperté hace un par de minutos... quiso mencionar su curioso sueño, pero era un tema de conversación que prefería tocar en persona con una buena hamburguesa de pollo de por medio.

—Deberías levantarte más temprano Kirito-kun, el descanso de invierno terminara pronto y tendrás problemas para llegar temprano a clases. —habló ella con un tono mandón y sabiondo.

—No creo que regresemos a las aulas pronto —un suspiro escapó del otro lado de la línea. —Así que no habrá problema, no por ahora.

—Supongo que si...

Mientras él terminaba de ajustar el cierre de su chaqueta, Asuna se sumió en un mutismo triste que, aunque no la tuviera de frente, podía detectarlo.

Al contrario de él, que había pasado la mayor parte de su vida encerrado en su mundo como un buen jugador promedio de videojuegos, Asuna era una jovencita que necesitaba salir de su jaula de oro de vez en cuando para no terminar con algún problema mental.

El aislamiento social que había provocado la actual pandemia por la que atravesaba todo el globo terráqueo tenía a todos sus amigos en un estado melancólico. Todos extrañaban las salidas al Dicey café o las reuniones en los parques de la ciudad y aunque él podía sobrellevar la situación, el hecho de ver reducidas considerablemente las citas, quedadas de estudio y sesiones de mimos intensas con su linda novia si hacían fisuras en su capacidad de tolerar la situación.

Sugu y yo iremos a buscar un Christmas cake, me iré en un par de minutos.

—Mou, es una lástima que Suguha-chan no pueda probar mi tarta de navidad — se lamentó —cuídate mucho Kirito-kun, no olvides llevar todo lo necesario.

—Lo haré, no te preocupes Asuna. Debo irme ya o mi madre vendrá a sacarme a golpes.

Trató de sonar lo más calmado posible, pero a él también le daba miedo la gravedad de la situación.

—Está bien. Dale mis saludos a Midori-san... —la voz de la castaña disminuía conforme alejaba el celular — ¡Oh cierto! Feliz Navidad Kirito-kun, te quiero.

Sus mejillas tomaron un leve color rojo. No importa cuantos años cargaran de relación, seguía siendo muy tímido a veces.

—Y-yo también te quiero Asuna. — colgó rápidamente.

Golpeó suavemente sus mejillas y pasando sus dedos por los largos mechones de cabello hizo el intento de peinarse. Cuando logró un resultado meramente decente, decidió salir de su habitación para encontrarse con su hermana apoyada en la pared con una sonrisa divertida.

Sigues siendo muy torpe ¿verdad Onii-chan? —lo miró con burla.

Él tosió un poco y se calzó una mascarilla negra, caminando hacia la salida de la casa con su hermana riendo detrás.

.o.o.O.0.O.o.o.

Jingle bell, jingle bell, jingle bell rock

Jingle bells swing and jingle bells ring

El olor a pollo frito inundaba toda la casa. Las luces que su madre había colgado en las paredes le daban un toque mágico a la casa y el árbol cargado de esferas navideñas generaba destellos que a cualquiera deslumbraría.

Snowin' and blowin' up bushels off un

Now the jingle hop has begun

Las canciones navideñas americanas no habían parado de sonar en todo el tiempo que les tomó a su familia preparar la tan afamada cena de navidad. Eran alrededor de las ocho de la noche cuando su padre llegó de trabajar y cuando al fin toda la familia estaba junta, su madre no desaprovecho el momento para tomar fotos de recuerdo a sus adorables hijos vestidos con esos suéteres exagerados.

Jingle bell, jingle bell, jingle bell rock

Jingle bells chime in jingle bell time

Suguha parecía estar más contenta que nunca por su suéter verde con pequeñas hadas navideñas y no paraba de alabar la gran elección de su madre. Él por otro lado no podía sentir otra emoción que no fuera de circunstancia.

Dncin' and prancin' in jingle bell square

In the frosty air

El suéter café con un duende navideño enorme estampado en el centro de la prenda le traía recuerdos de su extraño sueño y aun no sabía cómo sentirse al respecto.

What a bright time, it's the right time

To rock the night away

Su hermana le tomó una foto que decidió enviarle por mensaje a Asuna, recibiendo un par de burlas al principio, pero que terminaron con los cumplidos que necesitaba para poder quitar su cara tiesa por el resto de la noche.

Jingle bell time is a swell time

To go glidin' in a one horse sleigh...

Cerca de las ocho de la noche de la víspera, cuando toda su familia sentada en la sala platicaba de las experiencias pasadas de los más mayores en sus navidades, su celular vibró un par de veces alertándolo de la llegada de mensajes.

"¿Podemos hablar un momento? Espero no interrumpir nada importante.

Asuna."

Con extrañeza se disculpó con el resto de su familia para retirarse a la cocina y hablar en privado con su novia. Si sus cálculos no fallaban, en ese momento Asuna debería estar cenando con su familia.

Cuando marcó al celular de ella y tomó la llamada casi de inmediato supo que sus cálculos estaban errados.

—Asuna, ¿sucede algo? —quizás el tono medio alterado que usó no fue el adecuado porque la persona del otro lado de la línea permaneció callada por unos segundos.

—Buenas noches Kirito-kun, espero no interrumpir. —la voz suavecita de su novia le preocupó, a Asuna le encantaba la navidad y en las vísperas siempre estaba muy alegre.

No pasa nada, pero dime ¿pasó algo?

Muchos decían que cuando a la pelirroja le sucedía algo, Kazuto perdía un poco, solo un poco, los estribos. Pero él no tenía idea de lo que hablaban.

No sucede nada... grave —ella suspiró.

Kazuto sabía que su temperamental novia tenía un debate interno sobre si contarle o no, probablemente porque no quería preocuparlo de más.

—¿Quieres contarme? —se apoyó contra la barra de la cocina mientras apretaba con más fuerza de la necesaria el aparato en sus manos.

Papá no llegará a casa hoy, al parecer el chofer contrajo el virus y ambos deben estar aislados. —dijo con tono triste.

Él más que nadie conocía los miedos que esa fuerte chica escondía, sabía que su familia a pesar de tener sus roces era uno de los aspectos más importantes de su vida. Ni mencionar que era más unida con su padre que con el resto de su familia y la amenaza sobre su progenitor seguramente la tenían tremendamente angustiada.

—¿Tú madre pudo regresar de Kioto? —preguntó con cautela.

La señora Yuuki había viajado de emergencia a aquel lugar para atender un asunto familiar, pero se le había hecho casi imposible regresar debido a los estrictos controles de seguridad.

No, dijo que probablemente regresaría en dos días... mi hermano se fue hace un par de horas también. Cuando le avise lo de papá intento regresar, pero las calles ya estaban cerradas.

Los toques de queda en las calles de todo Japón era una de las tantas medidas de aislamiento que el gobierno había impuesto por seguridad.

Ahora entendía todo. A ella no le gustaba pasar navidad sola pues le traía muchos malos recuerdos.

—Entiendo... ¿Quieres que vaya para allá y...

¡NO! —gritó, haciendo que un respingo escapara de los hombros del pelinegro. —Por supuesto que no Kirito-kun, es demasiado peligroso. Además, tienes que estar con tú familia. No te preocupes por mí, solo quería llamarte para deserte feliz navidad e irme a dormir. —Kazuto sonrió con pena y ella tomó aire. —¡Feliz navidad Kirito-kun! Nos vemos mañana en ALO, ¡Bye!...

—Espera, espera Asuna —dijo rápidamente ante la inminente despedida de la pelirroja.

¿hmm? ¿Qué sucede? —por el tono que usó pudo imaginarse perfectamente como ella ladeaba la cabeza y fruncía los labios. Casi le sangra la nariz. Sacudió su cabeza y ante el leve movimiento su cerebro hizo click por el nacimiento de una idea.

—Tú eres mi familia, por tanto, también debo pasar la navidad contigo. —escuchó balbuceos sorprendidos del otro lado de la línea mas no se detuvo a procesarlos. —Espérame cinco minutos ¿sí? Te llamaré de regreso, no te duermas.

E-está bien, pero ¿qué es lo que...

—Lo sabrás pronto, nos vemos en cinco minutos.

Sin dejar espacio a replicas colgó la llamada. Giró su cuerpo encontrando a su madre que tomaba una charola llena de pequeños bocadillos.

—¿Hablabas con Asuna-chan? —preguntó la mujer con una dulce sonrisa.

—Así es mamá. De hecho, ella nos acompañara en la cena de navidad, ¿no hay problema?

La mujer ladeó la cabeza con duda mientras terminaba de acomodar la comida en la charola.

—Por supuesto que no, me alegra que Asuna-chan nos acompañe, pero ¿Cómo?

—Ya lo verás. —sonrió.

Con eso ultimo salió del área de la cocina con pasos apresurados hasta llegar a su habitación. Ahí tomó su tablet, agradeciéndole a todas las deidades por encontrarla con la batería llena y colocándola en el soporte correspondiente, comenzó a marcar al dispositivo de la pelirroja, enlazándose ambos en una video llamada.

¿Kirito-kun? —la dulce voz de Asuna resonó por toda la habitación. Usaba una camisa blanca con lacitos, su cabello estaba atado en una trenza desordenada y se veía un poco más pálida de lo normal, pero en ese momento a Kazuto le pareció ver al ser más hermoso que hubo visto jamás.

—Hola de nuevo. ¿Tienes comida en casa? — preguntó, saliendo de su habitación con el aparato a la altura de su cara.

Si, hay un par de platillos que preparé con Sada en la tarde. —el rostro de Asuna lucia triste y trataba de disimularlo con una mascara neutral.

—Bien entonces, ve por una porción porque cenaras conmigo y mi familia.

¿Qué?

El rostro de muñeca de Asuna varió entre la confusión, el nerviosismo y la ternura.

—Así como lo escuchas. El mundo ha ido cambiando y en esta situación actual, innovar es progresar. —terminó su explicación con una mueca noble, poniendo la mano en su pecho para remarcar el gran aporte que le hacía a la sociedad.

Entiendo tu punto, pero no es muy... ¿fuera de lugar? Es decir, la Navidad es un momento que debes compartir con tus seres queridos, con el calor del momento y las alegrías que conlleva. —dijo la castaña con nerviosismo, enredando sus dedos al no poder contener muy bien sus emociones. —No sé Kirito-kun. Aprecio el gesto, pero no me gustaría incomodar.

—Haz dicho demasiados 'peros' en un momento. —rodó los ojos. —Asuna mi familia te adora, te quieren más de lo que de seguro me quieren a mí. Eres uno de los seres queridos más importantes que tengo y aunque no podamos compartir físicamente el calor del momento lo haremos de manera virtual, pero sin el full dive. —tildó con la cabeza.

Si, pero...

—Sin peros. Además, ya se lo comenté a mamá y se emociono mucho, no quieres entristecer a tú futura madre en una fecha tan especial como esta, ¿verdad?

Con una ceja alzada y una sonrisa de triunfo, Kazuto observó como la paleta de colores rojos teñían las mejillas de la chica. Ella terminó cediendo y avergonzada hasta morir fue testigo de como la familia del chico le daba la bienvenida a través del cristal a la cena navideña.

—Asuna-chan, dime ¿Qué has cocinado? —la señora Midori sonreía alegre. Para nadie era un secreto de la devoción que la mujer le tenía a esa chiquilla, no solo por su indudable belleza y frescura, también la educación, inteligencia y madurez que mostraba.

Nada hacía más feliz a Midori que ver a su pequeño Kazuto tan enamorado y que sus sentimientos fueran retribuidos tan genuinamente.

Hace mucho tiempo que no probaba un pavo navideño, así que decidí hacerlo hoy.

La tablet por la que Asuna se comunicaba estaba ubicada sobre la mesa del comedor, en su propio espacio correspondiente como si de un invitado físico se tratara.

—Oh eso es increíble querida, no sabía que tus habilidades en la cocina fueran tan buenas. —la mujer sorbió un poco de su té con leche.

No, no, para nada. Aún me queda muchísimo que aprender. Estoy segura que hay miles de platillo que ni en mis mejores sueños podría cocinar —un sonrojo cubrió las mejillas de Asuna mientras hablaba en tono nervioso.

—¿Cómo el 'Pato a la naranja'? —dijo el padre de Kazuto, el señor Minekata, llevándose un bocado de pollo frito a la boca, sonriéndole con diversión a la jovencita de cabello pelirrojo.

—Cariño, siempre deseas comer eso. Quizás deberías cambiar de comida favorita. —negó con la cabeza. —Tranquila Asuna-chan, cuando todo esto pase cocinaremos juntas un gran pato al horno.

Definitivamente hay que hacerlo —la enorme sonrisa que decoró el rostro de Asuna les llenó a todos los presentes el corazón de una sensación tibia.

—¡Si! Y luego Asuna-san y yo haremos galletas.

¡Por supuesto Suguha-chan! Sé que las galletas de mantequillas son tus favoritas. —la pelirroja le guiño un ojo cómplice a la chica de pelo corto, en respuesta dio palmadas de emoción.

Kazuto observaba todo el cómodo intercambio en silencio. Sentía que podía acostumbrarse sin ningún problema a esa sensación de paz que le provocaba tener a su familia y a su persona especial conviviendo. Asuna por naturaleza generaba calidez y confianza, bastaban un par de minutos cerca de ella para que cualquier problema se disipara.

Le alegraba grandemente que la sombra de tristeza que habían opacado los ambarinos ojos de su novia ya no se encontrara, sonreía y reía cómodamente entre ellos a pesar de estar a un par de kilómetros de distancia y atreves de un cristal cibernético.

Siguió comiendo felizmente su plato de pollo con las conversaciones alegres de fondo. Esa cena resultó ser una de las mejores que había tenido en su corta vida, a pesar de las circunstancias.

Cuando la comida hubo desaparecido de los platos de todos, Asuna, Suguha y Kazuto retiraron los platos de la mesa para comenzar a asearlos. El ambiente cómodo que se gestó entre los jóvenes mientras los dos hermanos y la pelirroja lavaban las vajillas en sus respectivas casas fue cómodo, refrescante. Platicando sobre la siguiente misión que podrían realizar en grupo, de la celebración navideña en el mundo virtual y de muchas cosas más.

—¡Es hora del Christmas Cake! —exclamó la muchacha de pelo corto mientras corría a la cocina por la famosa tarta navideña.

La familia Kirigaya y Asuna, la tablet, estaban sentados en la sala con tazas de café platicando de trivialidades.

También iré por mi porción, vuelvo enseguida. Con permiso. —Asuna sonrió y se retiró de la escena para bajar a su cocina por el postre navideño.

Kazuto bebía tranquilamente de su taza de café cuando un llamado de su padre sacó su mente de las cavilaciones de que sabor tendría la tarta navideña de Asuna.

—¿Por qué Asuna-san está sola?

Aunque el señor Minekata fuera más reservado en cuanto a las opiniones de las personas, también tenía un aprecio secreto a esa muchachita que tanto bien le había hecho a su hijo adoptivo. Y el hecho de que algo malo pudiera estarle sucediendo le generaba cierta preocupación.

—Es una larga historia, te la contaré más tarde. — el pelinegro más joven hizo una mueca y dejó la taza en una mesita. La preocupación en la mirada de su padre le dio cierta ternura. —No te preocupes, ella está bien.

Midori colocó una mano conciliadora en la de su marido, regalándole una sonrisa cariñosa.

—Me alegra mucho que hayas traído a Asuna-chan, aunque sea de esta forma. —una risita escapó de los labios de la mujer.

En ese momento su hermana entró con el pastel glaseado de fresas y vainilla

—A mí también me alegra mucho Onii-chan, deberías dejarnos convivir más con ella. Es muy egoísta de tu parte no compartirla.

—Hmph... —Kazuto resopló, centrando su atención en la muchacha que regresaba a escena con una rebanada de tarta.

—Asuna-san ¿crees que un poco de Christmas cake logre endulzar al amargado de mi hijo? —preguntó su padre.

No creo que haga milagros...

Todos, menos Kazuto, rieron con ganas por el gracioso momento.

Luego de compartir anécdotas mientras comían el postre, Kazuto decidió salir al patio de la casa con la tablet bien agarrada entre sus brazos. Toda su familia quería que ella se quedara platicando pues Asuna era una excelente escucha y narradora, pero él no iba a permitirse ser tan bondadoso y compartir a su reina por tanto tiempo.

Kirito-kun eres un maleducado —dijo ella en reproche al ser prácticamente arrancada de la sala de estar donde la mamá de Kazuto le narraba anécdotas de como él se metía en un sinfín de problemas de niño.

—Hmph...—volvió a resoplar mientras se sentaba en el final del piso de madera, colocando a Asuna a su costado.

Y un amargado también, ¿quieres que consiga unos fantasmas para que se te quite? —bromeó mientras observaba los finos copos de nieve que caían en el patio.

—Antes de que pudieras siquiera presentármelos ellos ya te habrían dado el susto de tu vida. —una sonrisa socarrona asomo por un costado de la cámara.

¡Kirito-kun baka! —el ceño de Asuna se frunció al verse atrapada en su propia broma.

Kazuto tuvo unas inmensas ganas de abrazar y besar a esa temperamental chica, le quemó en lo más hondo de su alma no poder hacer.

—En verdad es una hermosa noche... —el de pelo negro suspiro, haciendo que una nube se formara en su rostro.

Escuchó movimiento del otro lado de la llamada y pudo ver como Asuna caminaba hasta su ventana, abriéndola y sentándose en su cama para observar también los copos caer.

Si, lo es.

La sonrisa tranquila que se quedó en los labios de cereza de la pelirroja hizo que el frío que comenzaba a sentir se alejara completamente.

—Asuna... —ella giró su vista hasta él —observa el cielo.

¿Qué hay con el?

—No importa donde estemos, cuán lejos o si estamos en un mundo distinto, este es el mismo cielo para nosotros. Es nuestro cielo.

A pesar del sonrojo notorio en sus mejillas, Kazuto sonrió con adoración hacia el pequeño ángel que a través del cristal lo veía con amor.

Tienes razón, es nuestro cielo.

Ambos se miraron fijamente, un hormigueo recorría los estómagos de ambos. El querer con toda el alma tocarse, abrazarse y besarse, pero la dolorosa realización de que no se podía les dejaba un desaire en el corazón.

—Oigan tortolos —su hermana interrumpió el momento con una sonrisa calmada. Si su hermano pasaba más tiempo viendo la pantalla tan fijamente le haría un agujero al cristal. —¿Ya vieron sobre ustedes?

Kazuto alzó la vista y río con ironía.

¿Qué? ¿Qué hay? —Asuna movía curiosa su cabeza.

El pelinegro tomó la tablet para dirigir la cámara hacia el techo donde un inocente ramillete de muérdago colgaba.

Ah... bueno... —ella se apenó, por la connotación del ramillete y por lo deseosa que se sentía de realizar lo que dictaba dicha tradición.

—Hmmm... —gimió pensativo, sintiendo la mirada divertida de su hermana y la huidiza de su novia. —¿Barra kiss?*

Su hermana y Asuna se quedaron serias por unos segundos para después explotar en carcajadas que hicieron sonrojar al chico.

—¿Fue lo mejor que se te pudo ocurrir? De verdad Onii-chan, eres un caso... —la de pelo corto se alejó de ahí con una mano en su estómago tratando de retener las risitas.

Asuna seguía riendo a carcajada limpia, incluso un par de lágrimas habían perlado sus pestañas.

—Hmph... —Kazuto resopló por tercera vez, sintiendo que de verdad se estaba convirtiendo en un amargado por tanto resoplido.

.o.o.O.0.O.o.o.

¡Feliz navidad!

¡Feliz navidad mamá, papá!

¡Feliz Navidad Midori-san, Minekata-san!

—¡Feliz navidad querida!

—Feliz navidad Asuna-san.

—¡Feliz Navidad Asuna-san!

¡Feliz navidad Suguha-chan!

Todos los presentes – y no presentes, al menos no físicamente – alzaron sus copas de cristal con distintas bebidas para simbolizar el brindis de navidad. Los fuegos artificiales explotaban por todos los lugares, risas y música se escuchaban en todo Japón. La gente celebraba la llegada de la navidad con toda la alegría que sus corazones podían desbordar.

La felicidad que rodeaba a toda la ciudad, a todo el mundo era única y es que sin importar que situación atravesara el mundo, la alegría que alguien siente al estar rodeado de personas especiales era altamente contagiosa que lograba llevar esperanza a cada rincón del planeta.

Sugu corría de un lado a otro en el patio de la casa con una pequeña estrellita de pólvora. La felicidad de sus padres, de su hermana y la de su novia fueron el mejor regalo que Kazuto pudo recibir, de eso estaba seguro.

Kirito-kun...—lo llamó— Gracias.

La sonrisa húmeda y los ojos brillantes de Asuna le recordaron el inmenso amor que sentía por esa criatura.

—No hay de que, subcomandante.

Ella sonrío y alzó su mano izquierda, ahí donde la luna arrancó un pequeño destello a la prueba de su más grande promesa, pegándola a la pantalla dándole a entender un único mensaje.

Él también alzó su mano, colocándola en la pantalla al igual que ella.

Estaban unidos a pesar de la distancia, a pesar de las circunstancias, estaban juntos por hoy y para siempre, aunque fuera a través de un cristal.

.

.

.

...

Christmas Cake

Según san Google y un par de animes, en Japón es una tradición comer un pastel de fresas y nata, es hasta una broma sobre solteras o algo así. Mu raro.

– En Japón es muy común que coman KFC para navidad, ¿por qué? No tengo idea

Barra kiss

Es un chiste... ¿gamer? ¿de roleplay? Significa el comando de acción que debes hacer en muchos RPG para hacer un emote de beso o besar a otro jugador. Este Kirito gamer que nunca se baña XD

...

Meri kurisumasu!

Mis niños separados por el bicho malvado, ni modo, el subconsciente de Kirito tenía que comenzar a delirar XD

Kuronojinsei.

...

Canciones usadas:

Let It Snow! Let It Snow! Let It Snow!– Dean Martin

Jingle Bell Rock– Bobby Helms

...

#MeriiKuriSAOmasu20

#SAOFickers

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