ENTERRANDO EL PASADO

By DARLA ASAKURA


NOTA IMPORTANTE:

MIS MAS SENTIDAS DISCULPAS, NO SE IMAGINAN DESDE CUANDO TENGO LISTO ESTE CAPITULO, PERO LA PAGINA NO ME PERMITIA SUBIR NINGUN DOCUMENTO, POR ENDE TANTO ESTE COMO MIS DEMÁS FICS HABIAN QUEDADO VARADOS A LA MITAD DEL CAPITULO. MIL PERDONES... Y BUENO SI AUN LO SIGUEN Y LO ESTABAN ESPERANDO, AQUI ESTÁ EL CAPITULO 20... Y MUY PRONTO TENDRAN EL SIGUIENTE AHORA QUE HIZO LAS PASES CONMIGO.

UN BESO, SE LES QUIERE...

DARLA ASAKURA


CAPITULO XX

ENCANTO DE SIRENA

La hermosa mujer rubia dirigía furtivas miradas a su alrededor, a las que la otra mujer, quien hiciera de su guía dentro de aquella bella e inmensa mansión perteneciente a la renombrada familia Asakura hacía caso omiso. Sin embargo, no pudo hacer lo mismo con sus palabras.

- ¿Qué fue todo eso?- preguntó de forma demasiado acertada Marion "La Sirena".

- Por favor Sirena, no hagas preguntas.- fue la respuesta de Anna, después de ahogar un suspiro al imaginarse la impresión que pudo haberse llevado su acompañante, al ir a buscarla y encontrarse con un Horokeu medio ahogado, entre sus brazos.

- Es que cualquier cosa me esperé, menos que intentaras ahogar a Horo.- comentó Mary, confirmando las sospechas de la rubia de ojos negros, que aquella noche era su anfitriona.

- No lo intenté ahogar, fue un accidente.- espetó la de los bellos ojos negros, con firmeza.

- Y a todas éstas, ¿tú qué haces aquí?- no tardó en arremeter contra su visitante, apenas ésta hubo cruzado el umbral de la puerta que conducía al interior del estudio, cerrando tras sí.

- Bonito recibimiento el tuyo, luego de dejar de vernos por tanto tiempo.- musitó la preciosa rubia de ojos verdes, que se hallaba enfundada en un elegante vestido rojo.

- ¿Así eres con todos?, no me explico como fue que te casaste…- volvió a hablar, esta vez dejando entrever una nota de burla en su voz, al clavar sus enigmáticos y brillantes ojos en la nueva dueña de Asakura & Asoc.

- Mary, no pongas a prueba mi paciencia.- le pidió Anna, y su voz sonó algo áspera. La otra chica sonrió entonces, sin dejar de mirarla ni por un segundo.

- Tranquila Anna, no he venido hasta Japón solo para espiarte.- le comunicó sin más y sin borrar aquella perturbadora sonrisa de su rostro.

- Tenía que atender unas negociaciones, tu sabes… una chica debe ampliar sus horizontes.- le hizo ver Mary tranquilamente, pero con cierta picardía que la otra rubia supo reconocer de inmediato, de sobra sabía que su acompañante era una brillante mujer de negocios.

- Me imagino que sí, pero como es que diste conmigo.- formuló finalmente la pregunta que le daba vueltas en la cabeza, desde el momento en que la vio aparecer en compañía de Jun.

- Pues... verás, voy a serte sincera.- habló Mary con voz normal, antes de sentarse en el sofá negro que allí se hallaba.

- Adelante.- le instó a hablar Anna, mientras se mantenía de pie apoyada en el escritorio que se encontraba en el centro de la lujosa habitación.

- Estaba en un cóctel sumamente aburridor, lleno de viejos verdes, feos y libidinosos, que no hacían más que mirarme el trasero con ojos de lobo hambriento.- comenzó la rubia de ojos verdes, provocando un gesto de desdén e ironía en Anna, quien le miraba con sus gemas negras encendidas a causa de todo lo que le había tocado vivir esa noche.

- Eso no es nada que tú no puedas manejar, Marion.- reconoció en voz alta la rubia de ojos negros, pues si de algo estaba segura era de la audacia de la mujer que seguía sentada en aquel sofá.

- Bueno sí… lo importante es lo siguiente; da la casualidad de que escuché un pequeño rumor, sobre una vampiresa que de la nada apareció para adueñarse de Asakura & Asoc. tras la muerte del señor Yohmei Asakura y de su rápida unión matrimonial con uno de los nietos de éste. Até cabos y aquí estoy.- terminó de explicarle a Anna con tranquilidad.

- ¿Vampiresa, ah?- repitió más para si, que para la otra, Anna. Se sorprendió de lo rápido que se convirtió en una "vampiresa"; arribista, imaginó que ese era el verdadero significado de esa palabra.

- Pues sí, bienvenida al club.- dijo Mary, encogiéndose de hombros, al tratar de quitarle importancia a aquel asunto.

- Vaya…- expresó su turbación Anna, en un susurro.

- ¿Preocupada por Horokeu?- no tardó en preguntarle Marion, puesto que ella conocía bastante a Anna y sabía que debía existir algo que le impidiera el análisis de esta situación en forma profunda, además parecía distraída.

- No.- negó enseguida la otra.

- ¿Ah no?, bueno es que es extraño.- musitó la chica de los flameantes y vivaces ojos verdes, en forma dubitativa.

- ¿Qué es lo extraño?- preguntó a su vez Anna, a lo que Mary le miró como si no creyera lo que acababa de escuchar.

- Que no me hayas preguntado, como supe precisamente que tú eras esa chica ni como di con la dirección.- le contestó, con un tono de voz que mostraba claramente lo mucho que le inquietaba este tipo de comportamiento, precisamente en Anna.

- Conociéndote, habrás utilizado alguno de tus métodos.- dedujo Anna, sin prestarle demasiada atención al comentario realizado anteriormente por Marion.

- Te equivocas, no tuve la necesidad de hacerlo… ya lo sabía.- declaró la hermosa muchacha, con los vivaces ojos aun más brillantes debido al desconcierto que se había reflejado momentáneamente en las pupilas negras de la otra rubia.

- No que te habías casado con uno de los nietos de Asakura, aunque eso explicaría la desesperación del muñecote de Horo, al ir a pedirme información sobre esta interesante familia… pero si la dirección de tu nuevo hogar.- resolvió de inmediato, las dudas que asaltaron la mente de la otra.

- Así que fuiste tú, quien le dio la dirección a Horo-Horo.- espetó firmemente Anna, al percatarse de lo que había dejado pasar, con razón Mary la miraba como si la desconociera. Era cierto, su mente realmente no se hallaba en esa habitación, sino con el chico del norte, al que estuvo a punto de ocasionarle la muerte, minutos antes.

- ¿Te metí en problemas, ah?- preguntó Marion, conociendo de antemano la respuesta.

- No en los suficientes, créeme.- le aseguró la otra rubia, que parecía salir de su repentino letargo.

- ¿Qué esperaba mi muñeco, al venir a buscarte?- volvió a arremeter la elegante e inesperada visitante.

- Impedir mi boda con Yoh.- terció Anna, con voz fría.

- Lo que al parecer, no logró.- rezó entonces con suma seguridad la rubia vestida de rojo.

- No, no lo logró.- declaró Anna, concediéndole a la otra chica la razón.

- Hacerte desistir es casi imposible, ¿cierto Anna?- musitó brevemente Marion Phauna, sin dejar de observar a su interlocutora.

- Hmm.- refunfuñó Anna, dejando de mirarla para posar sus ojos en la puerta.

- ¿Y qué papel juega la pelirroja, en todo esto?- volvió a sorprender Marion a su anfitriona, quien de inmediato clavó los ojos oscuros en la figura femenina sentada en el negro sofá.

- Eso tendrás que preguntárselo a él.- le recalcó Anna, haciendo énfasis en cada una de sus palabras.

- Ya. Es una lástima Anna, a ti no te gusta la competencia y con Matilda aquí, vas a tener mucha.- comentó de manera casual, la rubia de ojos verdes.

- Así que después de todo, ustedes dos si se conocen.- se atrevió a afirmar Anna, a lo que Mary respondió con una bella sonrisa, antes de dedicarse a explicar.

- Verás…- comenzó la mujer, pero fue interrumpida prácticamente enseguida por el ruido de la puerta del estudio al abrirse.

- Bueno, aquí estoy. ¿Querías hablar conmigo?- soltó de sopetón Horokeu, apenas hubo entrado a aquel recinto, creyendo al parecer que Anna se hallaba sola.

- Las dos queremos, querido. ¿Te sientes mejor, muñeco?- habló Marion, haciéndose notar por el muchacho, quien de inmediato clavó en ella sus ojos oscuros.

- Sí, gracias Mary.- contestó tranquilamente la pregunta de la chica.

- Ven, siéntate.- le invitó Mary, levantándose de su lugar para dirigirse hasta él y guiarlo hasta el sofá que antes ocupara, tomándolo de la mano.

- ¿Dónde está Matilda?- habló por primera vez Anna, desde la llegada de Horo-Horo a la estancia que minutos antes solo Marion y ella compartían.

- Cambiándose de ropa.- musitó con voz normal el muchacho fornido, a quien la rubia de ojos verdes aun le sostenía una mano.

- Lamento lo ocurrido.- se disculpó la chica, tratando de suavizar un poco el tono áspero que le provocaba ese gesto de Mary para con Horo.

Marion "La sirena", sonrió de manera pícara antes de ponerse en pie y caminar hasta llegar al lado de la otra rubia, sin dejar de mirarla ni un segundo. Era tan observadora como Anna, por lo que no pasó desapercibido ante sus preciosos ojos la molestia que empezaba ésta a sentir por el simple hecho, de haber tomado al apuesto muchacho de la mano y que éste no manifestara ningún tipo de rechazo hacia ella.

- Olvídalo Anna, sé que no fue a propósito. Jamás intentarías matarme.- murmuró él, algo cansado ya.

- Al menos tiene eso claro.- exclamó Mary, en voz lo suficientemente audible como para que las palabras llegarán claras a los oídos de la otra rubia, quien trató de ignorar el comentario.

- ¿Seguro que estás bien?- volvió a preguntarle al ainu de cabellos azules.

- Sí, fue solo el susto. Lo que no entiendo es que haces tú aquí, Marion.- contestó a la pregunta de Anna, para luego dirigirse a la otra mujer.

- Anna preguntó lo mismo, solo quise pasar a verla. No esperaba hallarte aquí, pero me alegro…- respondió la chica con naturalidad, apartándose un poco del lugar donde se encontraba la rubia de ojos negros.

- No solo por verte, precioso. Si no porque me gustaría aprovechar que están juntos, para hablar sobre un temita que les concierne a ambos.- terminó de decirles Mary, llegando junto a uno de los grandes ventanales que poseía esa habitación.

- ¿De qué se trata, Sirena?- preguntó Horo con voz seria, pues algo en la actitud de la chica, en la forma en que pronunció aquellas últimas palabras, no le gustó para nada.

- De Pilika.- espetó ella, atrayendo por completo la atención de la rubia.

- ¿Qué sucede con Pilika?- preguntó Anna de forma acelerada.

- Bueno, estoy preocupada por ella.- declaró Mary mirándolos a ambos alternadamente.

- ¿Sucedió algo que debamos saber?- no tardó demasiado en preguntar Horo.

- Parece que anda de novia.- afirmó la rubia de cabellos cortos.

- Mi hermanita ha tenido novios antes, ¿cuál es el problema con éste?- preguntó con un tono de voz más tranquilo el muchacho de cabellos azules.

- Su nombre es Liserg Diethel.- comentó Marion de forma casual. Anna no podía creer lo que había escuchado, no de ninguna manera… debió haber oído mal.

- ¿Liserg Diethel?- repitió Horo, mirando a Anna y luego a Mary con creciente interés.

- El inglés al que atendiste antes de venirte corriendo a Japón, para impedir que Anna se casara.- declaró Marion con una frescura que hizo que Horo frunciera el ceño, no le gustaba que le recordaran sus escasos ratos de debilidad, sobretodo teniendo en cuenta que Anna era la culpable de la mayoría de sus arrebatos.

- Lo recuerdo. Un chico amable, atento, rico y con bastante olfato para los negocios.- terció el muchacho de oscuros y misteriosos ojos, pues ese era el verdadero tema de aquella conversación y porque así también podía dejar de lado el asuntito de la boda de Anna.

- Exacto, demasiado perfecto.- rezó la muchacha de cabellos cortos y rubios, mirándole fijamente.

- Me temo que no comprendo.- atinó a decir Horokeu, quien daba muestras de estar verdaderamente confundido. No parecía haber nada malo en el chico inglés.

- No me sorprende, ¿y a ti?- demandó la atención de Anna, más ésta parecía encontrarse en otro lugar bastante lejano.

- Anna…- le llamó suavemente Mary, sin saber porque la rubia se encontraba tan rara.

- Liserg… No puede ser, no ahora.- decía para sí misma, la rubia de ojos negros, quien ante los ojos de sus acompañantes se veía más pálida de lo normal. Nadie escuchó sus palabras, pero no era necesario hacerlo, para saber que algo estaba fuera de lo normal en su actitud.

- Anna, Anna… ¿te sientes bien?- preguntó Horo y no pudo evitar que el tono de preocupación se notara en su voz.

- Estás fría y temblando.- dijo Marion al tomarle las manos, luego de llegar rápidamente a su lado.

- Está muy pálida, ¿Qué le pasa?- volvió a preguntar Horo, visiblemente afectado. Anna no era muy consciente de lo ocurría, solo podía pensar en Liserg y en todo lo que sucedió entre ellos; su pasado al parecer no estaba tan muerto como ella creía, había regresado…

- No pasa nada grave. De seguro es solo un bajón de azúcar, demasiadas emociones para una noche… - dijo la chica vestida de rojo, quien contestó a la pregunta formulada por el ainu.

- Busca un poco de agua, yo me quedo con ella- pidió la chica, orden a la que Horo se resistió un poco.

- Pero…- dudó el muchacho de cabellos celestes.

- Horo rápido...- demandó con suma autoridad en su bella voz, la italiana.

A su regreso Horo trajo consigo más que un simple vaso de agua, Yoh, Jun y Keiko también le acompañaban, puesto que le habían casi acorralado al verlo tan preocupado y terminó confesándoles el estado de Anna.

- ¿Te sientes mejor?, ¿quieres que llame a un médico?- le preguntó Mary, con voz firme luego de darle el agua a la rubia de ojos negros, quien en aquel momento se hallaba sentada en el sobrio sofá negro del estudio.

- Ella tiene razón, mejor llamo a Fausto.- dijo Yoh, para acto seguido acercarse al teléfono que se hallaba sobre el escritorio.

- No Yoh, por favor no.- murmuró Anna, levantándose a su vez. El chico la miró aun con el auricular en la mano, todavía sin marcar.

- No fue nada, solo un bajón de azúcar, ¿cierto Mary?- recurrió entonces a la rubia, que aun se hallaba a su lado.

- Muy cierto. Demasiadas emociones… ¿Cuántas veces te he dicho que dejes de ser tan cascarrabias?- comentó Marion, de forma burlona pero sin que un extraña mirada dejara de reflejarse en sus verdes ojos.

- Hmmm, millones, ¿no es así, "Muñeco"?- musitó Anna con ironía, mirando tanto a Mary como a Horo, quien parecía algo apenado.

- Solo necesito recostarme un rato.- sentenció la chica y esto fue lo único que necesitó saber su esposo, para colgar el teléfono y llegar a donde ella se encontraba.

- Yo te llevo.- dijo resueltamente el moreno, haciendo que todos los que allí se encontraban clavaran en él sus miradas.

- No es necesario, Yoh.- trató la rubia de disuadirlo.

- Yo creo que sí lo es, me quedaré más tranquilo.- soltó sin reparos, para luego tomarla del brazo y guiarle fuera de aquella estancia.

- Gracias.- aceptó finalmente la muchacha de ojos negros, saliendo de allí en su compañía.

Al pasar por el vestíbulo se encontró con una pareja a la que catalogó como extraña, ahí estaban Hao y Matilda… bueno no debía ser extraño verlos juntos, después de todos eran "amigos", lo raro era que parecían estar algo distantes el uno del otro.

- ¿Te vas de viaje?- le preguntó al muchacho moreno de cabellos largos, que luciera el título de su cuñado, al notar bastante turbada el equipaje a su lado.

- Algo así.- afirmó el aludido, con voz fría y forzada.

Horo y Matilda se quedarán, ¿por qué tendrías que irte tú?- le hizo ver Anna, sin quitarle la vista de encima. Hao la miró y luego a su hermano, sin poder evitar la amargura que el trato tan familiar entre esos dos le provocaba.

- Te agradezco infinitamente que hayas cedido a hospedarlos en TU casa, pero no hay nada que puedas hacer por mí.- soltó con aspereza, haciendo énfasis en la palabra "tu".

- Por lo menos, puedes prometerme que no te irás hasta volver a hablar conmigo.- volvió a hablar Anna, sabiendo que en gran parte ella era la culpable de la actual actitud de Hao.

- Estaré aquí para cuando vuelvas.- afirmó el muchacho de cabellos largos y castaños, clavando los ojos en su hermano menor, quien prefirió callar.-

- Te lo agradezco.- dijo la chica rubia.

- Ven Anna, vamos.- le instó a subir por las escaleras su moreno esposo.

- ¿Estará bien?- preguntó débilmente Matty, quien hasta ese momento guardara un sepulcral silencio.

- No hay mejor medicina que el amor.- contestó a su pregunta Horokeu, encogiéndose de hombros, se notaba que aun no se acostumbraba a la idea de ver a Anna casada y "enamorada", como ella dijo estar.

- Vaya nochecita.- dijo Jun quien había aparecido junto a su tía, tras Anna.

- Bien, creo que yo me voy. Espero que te encuentres mejor para mañana.- declaró la muchacha de ojos verdes centelleantes, haciendo ademanes de despedirse, luego de ver como Anna era guiada hacia las escaleras por su esposo y de recorrer la amplia habitación en un muy disimulado escrutinio.

- No. Mary por favor, quédate.- casi rogó Anna, quien al escuchar a "La Sirena", se dio vuelta para enfrentarla.

- Es suficiente por una noche, Anna.- terció sabiamente la hermosa mujer vestida de rojo.

- Solo me recostaré un rato. Tenemos que hablar.- ordenó la autoritaria mujer, que seguía asida del brazo de su esposo.

- Volveré mañana y hablaremos, lo prometo. Además estaré en Japón como por una semana.- no tardó en comunicarle a la heredera universal de Yohmei Asakura, Marion Phauna.

- No puede esperar a mañana.- le dejó en claro Anna, al clavar sus penetrantes ojos del color del ébano en los verdes de ella.

- Solo descansaré un rato, por favor… quédate a cenar.- suavizó un poco más el tono utilizado, al extenderle la invitación.

- A Horokeu podría hacerle falta la compañía.- declaró súbitamente, al observar como la otra rubia aun dudaba.

- ¿De veras?- dijo socarronamente Mary, con una sonrisa maliciosa en los labios al mirar a Horo Horo.

- Está bien Anna, como gustes.- aceptó, volviéndose a verla.

- Kanna…- llamó Anna al ama de llaves, quien acudió enseguida.

- Yo me encargo, señora.- dispuso la mujer de cabellos azules, sin esperar siquiera a que se le indicara que hacer.

Anna dirigió a esta una mirada de agradecimiento, para después proseguir su camino escaleras arriba junto a su flamante esposo, que la trataba como si no existiera nada más delicado en el mundo, lo cual secretamente a ella le agradó.

- Supongo que nos veremos en la cena. Hasta luego, voy a arreglarme un poco.- exclamó Jun apenas la pareja se hubo perdido de vista.

- ¿Vienes tía?- convidó a Keiko, quien tenía la mirada clavada en su hijo mayor y en su equipaje, por el que parecía algo preocupada.

- Sip… Espero que Anna esté bien.- respondió como pudo, apenas con un hilito de voz.

- Lo estará, ella es fuerte. Más que cualquiera de nosotros.- musitó Hao con voz normal.

- Hao…- le llamó quedamente la señora Keiko.

- Estaré afuera por un rato.- comentó el mayor de los hermanos Asakura, quien aun observaba las escaleras por donde minutos atrás se perdían las siluetas de su hermano y su hermosa y problemática cuñada.

- Hijo…- volvió a intentar hablarle su madre, pero él ya salía con dirección a la puerta principal de la mansión.

Déjalo tía, así estará tranquilo.- le detuvo Jun, colocándole una mano sobre uno de sus hombros, haciendo que los ojos de Keiko se volvieran hacia ella.

- Les pido mil disculpas, ustedes son nuestros invitados, pero me temo que tendremos que dejarlos solos por un momento.- comunicó la señora Asakura, dirigiéndose a Horokeu, Matilda y Marion.

- No se preocupe, señora.- murmuró en voz baja la rubia, dedicándole una hermosa sonrisa de pura comprensión.

- Adelante, señora Keiko.- declaró con voz dulce la pelirroja de ojos violetas.

- Permiso.- asintió Keiko, para luego dirigirse en compañía de su sobrina a la segunda planta.

- ¿Sabes Muñeco?- habló la rubia, atrayendo la atención del hombre a su lado.

- Creo que no debí venir, solo les molesté con mis tonterías.- terció algo afectada por el resultado que tuvo su visita.

- Vamos Sirenita, no seas tan dura contigo misma, las cosas aquí ya estaban mal.- se encargó de hacerle saber el muchacho del norte, atrayéndola a su cuerpo luego de pasar un fuerte brazo por sus desnudos hombros, en actitud consoladora.

- Aun así, tal vez el chico si sea perfecto después de todo.- volvió a hablar Mary, con un poco menos de fuerza en su voz.

- Nadie lo es.- Matty los sorprendió con aquel acertado y simple comentario, Horo y Mary la miraron un instante, pero la chica en cuestión no dio muestras de volver a tomar la palabra.

- Matty tiene razón, Marion. Yo confío en ti y valoro mucho tus impresiones.- afirmó el ainu, quitándole el brazo de encima a la rubia solo para darle suavemente la vuelta y hacer así, que quedara frente a frente con él.

- Hagamos algo… voy a llamar a mi hermanita, me aseguraré de que está bien. ¿sí?- concluyó que era lo mejor, tomando el mentón de la hermosa rubia de manera delicada para levantar un poco su rostro, pues aun cuando ella no lo diría nunca sabía que encontraba preocupada, tanto por Pilika como por Anna.

- Gracias.- musitó levemente la chica.

- ¿No es un amor?- volvió a hablar casi de inmediato, pero esta vez dirigiéndose a Matilda, quien volvía a envolverse en un silencio total.

- Quédate tranquila, Pilika sabe cuidarse, yo le enseñé a hacerlo.- habló él con calma, volviendo a atraer la mirada de la rubia hacia su persona.

- Yo no estoy preocupada por ella, solo creí necesario que supieran lo que pasaba.- declaró muy rápidamente Marion Phauna.

- Mary, nadie se traga eso. Además tal vez no lo sepas, pero ellas también te quieren y se preocupan por ti, aunque no lo digan en voz alta.- le aclaró entonces el muchacho alto y fornido, sin poder evitar que una sonrisa se formara en sus labios.

Él estaba completamente seguro de lo que decía, pero es que esas tres hermosas mujeres eran muy tercas, cada una a su muy "especial" manera por supuesto, sin embargo a él le había tocado aprender a interpretarlas bien.

- Ahora vuelvo.- Le dijo más a Matty que a Marion, pues la actitud de la pelirroja no le convencía del todo, estaba sumamente callada.

Horokeu Usui dejó aquella estancia y las dos mujeres que en su compañía estaban se hallaron sumidas en sus propios pensamientos, compartiendo un silencio algo intranquilo, que no demoró demasiado.

- De entre todos los lugares del mundo, jamás me imaginé encontrarte precisamente aquí.- la voz de Marion Phauna llenó aquel lugar, al tiempo que tomaba asiento en un hermoso sillón y clavaba sus brillantes ojos en la pelirroja.

- Es una gran sorpresa.- terminó de decir, sin dejar de mirarla, analizando cada pequeño detalle de su persona.

- Y yo no pensé que te acordarías de mí, Marion.- soltó la otra de igual manera, manteniéndose aun de pie, pero un poco alejada del lugar que había ocupado la rubia de cabellos cortos.

- Pero que dices Matilda, si tú eres de las inolvidables.- declaró la otra con malicia, para sonreír luego.

- Tú sigues siendo tan hermosa como lo recuerdo, quizá más.- musitó la muchacha que ahora vestía unos jeans gastados y una blusa negra de tirantes, bastante sencilla cabe resaltar.

- Lo sé, gracias.- aceptó la otra el cumplido con tal seguridad, que Matilda no pudo hacer otra cosa que sonreír, al parecer Marion no había cambiado en lo absoluto.

- Más tú como siempre, tienes una tremenda suerte… te me volviste a adelantar.- espetó la rubia, con su resolución de siempre.

- ¿Adelantarme?, ¿en qué?- preguntó Matty, demostrando su extrañeza ante aquel comentario hecho por la rubia de ojos verdes.

- Siempre me dije que si algún día decidía tener una relación seria con alguien, ese alguien sería Horo. Pero…- le aclaró Mary "La Sirena", sin ninguna clase de aspavientos, ella no era del tipo de persona que da rodeos.

- Déjame adivinar… Él estaba enamorado de Anna.- resolvió tranquilamente Matty, pero no sin rodar los ojos, que más podía ser…

- Así es, y ahora estás tú…- aseguró la otra, ganándose una mirada de desdén por parte de su interlocutora.

- Te equivocas Marion, sigue siendo solo Anna.- afirmó la pelirroja con voz firme pero algo fría, lo que no pasó desapercibido por la observadora rubia.

- ¿Me estás diciendo que entre él y tú, no hay nada?- preguntó ciertamente anonadada la chica, sin moverse de su lugar y sin quitarle la vista de encima a su ex compañera de colegio.

- Eso es lo que digo.- aseveró con fuerza la otra, clavando en ella sus ojos violetas, los cuales no parecían ser los mismos de antes, aquella noche parecía estar dejando huella en todos los presentes.

- Oh, pues ella cree todo lo contrario… y que va en serio.- se decidió aclararle a Matty, la posición que asumiera Anna, al tiempo que indagaba en los sentimientos de la bella pelirroja hacia el chico de Hokkaido.

- No. Ni siquiera estoy interesada en él, así que tienes el camino libre por si quieres intentar.- le dijo Matty con total resolución, sin embargo había algo en su mirada que no dejaba que Marion creyera todo lo que ella le decía, al parecer esa chica si sentía cosas por Horo y podía adivinar que eran bastante fuertes, por lo que decidió tratar de averiguarlo de una forma muy sutil.

- A lo mejor se me antoja sentar cabeza, lo tendré en mente.- pronunció cada palabra con seguridad, dejándole ver a Matty su gran interés por Horo y se dio por bien servida al encontrar cierto brillo en los ojos violeta de su acompañante, algo que disipaba cualquier duda.

- ¿Me disculpas un minuto?- le pidió "amablemente" la pelirroja, al seguir con la mirada al mayor de los gemelos Asakura, quien atravesaba la estancia en aquel momento para dirigirse hacia el jardín trasero.

- Hao…- le escuchó llamarlo por su nombre, al salir tras él, sin esperar respuesta.

- SK-

El moreno de ojos castaños y cabellos largos se detuvo de forma casi automática, al escuchar que le llamaban por su nombre. Al voltearse se encontró con la bella muchacha pelirroja de profundos ojos violetas, mirándole de una manera que no pudo o no quiso entender.

- Ah, eres tú. Anna dice que piensan quedarse, ¿es cierto?- preguntó con cierto desgano, que no se molestó para nada en ocultar.

- Pues sí, así es… Horo cree que es lo mejor para mí.- respondió Matty con tranquilidad, cosa que molestó más a Hao.

- Ah, ¿Horo lo cree?- declaró dejando que la ironía marcada en la frase, hiciera su trabajo.

- ¿Te molesta que nos quedemos, Hao?- le interrogó resueltamente la mujer de los cabellos rojos, sin permitir que aquella posibilidad la intranquilizara.

- Por supuesto que no, ¿de dónde sacas eso?- contestó el pelilargo, al tiempo que reiniciaba su camino.

- No pareces muy animado con la idea.- musitó ella brevemente, a manera de explicación.

- En primera, la idea fue mía no de Horo…- aclaró él con firmeza, para luego detener su marcha sin previo aviso y enfrentarse a la chica.

- Y lo que sucede es que me he dado cuenta que ese chico influye mucho en tus decisiones. Sé que es tu novio, pero yo también lo fui… ¿Y jamás te sometiste a mi voluntad o sí?- le increpó Hao con más rudeza de la que esperaba, aquella situación entre su ex novia y el chico de los cabellos azules, que al parecer también estaba enredado con Anna nunca le gustó y ese no era ningún misterio.

- Eso no es lo que te molesta, no es una razón de suficiente peso como para que decidas escapar…- soltó de manera aun más inesperada Matilda, Hao se mofó de ella de inmediato, aun cuando sabía que ella tenía la razón.

- ¿Escapar?, por favor Matty, hasta suena ridículo.- declaró el chico castaño con sorna, tratando de dejar claro que a él nada le sucedía y que eso no era más que una tonta suposición por parte de la chica de los ojos color violeta.

- Pues sonará muy ridículo, pero es la verdad. Aquí todo es sobre Anna y es de ella de quién te escapas.- aseveró Matty con tal seguridad, que los ojos castaños del muchacho frente a ella brillaron con una intensidad nunca antes vista.

- Vale Matty, no voy a ponerme a discutir tonterías porque es obvio que estás un poco "desorientada".- se dedicó él a sacarle el cuerpo a aquella conversación, que no quería llevar a cabo y que ya se tornaba peligrosa.

- "Desorientada", ¿yo?... tal vez. Pero tú Haito, tú si que perdiste la brújula.- se encargó de hacerle ver ella, quien ya no estaba tan perdida como él creía, parecía que aquel chapuzón había tenido su lado bueno después de todo.

- Te perdiste en un Triángulo de las Bermudas, llamado Anna Kyouyamma y ahora no sabes hacia donde dirigirte.- inquirió la muchacha con total seriedad, clavando en él sus hermosos ojos.

- Basta Matilda, eres mi novia en tiempo pasado y como tal, te aprecio y te quiero, pero no por eso voy a darte la razón cuando no la tienes.- espetó él de con brusquedad, pues se sintió acorralado y no encontró otra salida más que hacerse el ofendido.

- Sí, soy tu novia en tiempo pasado y como tal, te conozco.- afirmó ella con total firmeza y seguridad.

- Lo que tú no soportas, es el hecho de no ser el único hombre en la vida de la mujer que te interesa.- sentenció de nueva cuenta, sin darle tiempo a refutar nada de lo que decía.

- Y en este caso es mucho peor, pues ni siquiera sabes el lugar que ocupas en la vida de Anna.- terminó de hablar, sin despegar ni un instante sus ojos de los de él.

Hao Asaura solo callaba, no sabía, ni siquiera tenía idea de como podía cambiar la conclusión a la que la chica había llegado hace mucho. No podía pensar con claridad y jamás admitiría que cabía la posibilidad de que Anna pudiese ser la causante de su actual estado de incertidumbre e inseguridad.

- Tú mismo te estás poniendo trabas para conquistarla, tu estúpido ego y tu inmenso orgullo no te permiten hacerlo como es debido y si sigues así, jamás la alcanzarás.- volvió a arremeter Matty y entonces él estalló, era obvio que eso no era verdad… no podía ser verdad.

- Matilda…- susurró amenazante el moreno, pero ella no se detuvo en su psicoanálisis.

- Te estás obsesionando, Hao… y eso nunca es bueno.- terminó por decirle y el chico tuvo que controlarse para no gritar de frustración, ¡Rayos!, ¿Por qué demonios le gustaban tanto las sabelotodo?.

- ¿Algo más?- terció el joven empresario, con los dientes apretados debido a la ira que le provocaba cada uno de los comentarios realizados por su ex novia.

- Sí, olvídate de ella. Anna no es para ti.- sentenció Matilda con suma autoridad, a la que él reaccionó mal.

Hao decidió que ya había escuchado suficiente, así que no vaciló en largarse y dejar a Matty sola, sin pronunciar una sola silaba más. Se dirigió hacia el interior de la casa, más al levantar la vista hacia el umbral se encontró con unos ojos intensamente verdes, que no perdían detalle de su persona.

- ¿Se le perdió algo, señorita?- preguntó con sequedad, apenas hubo llegado hasta donde la rubia elegantemente vestida se encontraba.

- No, eh… yo solo…- balbuceó la aludida, sin saber realmente que responder.

- Marion.- se escuchó una voz masculina que la llamaba desde el interior de la casa y la chica dejó de observar al fuerte muchacho moreno que un segundo atrás demandaba una respuesta, para volverse a mirar a Horo, quien llegaba junto a ambos en aquel preciso instante.

- ¿Si?- contestó mecánicamente Mary.

- No encontré a Pilika en casa, ¿sucede algo, Hao?- se detuvo a preguntarle al mayor de los Asakura, al percatarse de su presencia y de la extraña mirada que tenía, demasiado sombría.

- No.- contestó el otro fríamente, para luego entrar a la casa pasando de largo al lado del chico de Hokkaido, con maneras muy bruscas que demostraban su molestia creciente.

- ¿Qué ocurre con ese chico?- musitó quedamente Marion "La Sirena", luego de ver a Hao desaparecer de su campo de visión.

- No lo sé, no lo conozco mucho.- recitó Horokeu cansinamente, haciendo que la chica se percatara de la extraña y mutua aversión que al parecer existía entre esos dos, por lo que pasó enseguida hacia el otro tema que le interesaba.

- ¿Qué vas a hacer con lo de Pili?- preguntó consciente de que ese tema era mucho más importante en ese momento.

- Por el momento, le dejé un mensaje en la máquina contestadora.- comentó Horo con voz normal, y Mary notó claramente que ella ya no era la dueña absoluta de su atención.

- ¿Qué hacías fuera?- escuchó que le preguntaba a alguien tras ella, y entonces la chica recordó que Matty había seguido a Hao hasta allí algún tiempo atrás.

- Tomaba el fresco.- comentó la pelirroja de forma bastante casual. Marion sabía que esa era una verdad a medias, pero imaginó rápidamente el porqué la chica prefería omitir ciertos detalles de su salida, como por ejemplo que había ido tras Hao.

- Señores… la cena está lista.- les comunicó la eficiente ama de llaves, sacándolos a todos de sus propias cavilaciones e impidiendo que Horo pudiera hacer cualquier tipo de reproche a la pelirroja de ojos violetas.

- Muchas gracias, enseguida vamos.- le respondió Horo, al tiempo que esbozaba una sonrisa amable a la mujer.

- Bueno señoritas, permítanme escoltarlas al comedor.- se ofreció el muchacho de ojos oscuros, tendiéndole a cada una de ellas un brazo para que pudieran apoyarse.

- Como siempre un caballero…- dijo Marion con voz perfectamente modulada, sin dejar de pensar en los tantos misterios y enredos que mantenían unidos a los habitantes de esa hermosa mansión.

- Sí, de eso no hay duda.- concordó Matty, con el último comentario realizado por la bella rubia de ojos verdes.

- SK-

Una vez estuvieron todos presentes en el comedor, Kanna se dispuso a ordenar que sirvieran la comida, porque ni Yoh ni Anna al parecer pretendían bajar; así que la cena transcurrió con exagerada calma y tranquilidad, algo que últimamente no ocurría en esa casa, en la que alguien siempre tenía algo de que hablar.

- Al parecer, Anna aun no se siente bien.- comentó con suavidad Jun, recordándoles a todos la ausencia de la rubia.

- A lo mejor.- comentó como si nada Hao, pero sus ojos castaños se posaron entonces en el lugar que debía ser ocupado por su hermano menor, cosa que no pasó desapercibida para ninguna de las personas con las que compartía la cena esa noche.

- ¿Estás muy callada, Matilda querida?- declaró entonces la señora Keiko, mirando a la chica fijamente.

- ¿Eh?, lo siento no me di cuenta.- contestó la pelirroja, quien se hallaba perdida en sus pensamientos minutos antes.

- No es nada.- comunicó Jun por su tía, sin saber que pensar de la actitud de los presentes, quienes parecían tener cosas más importantes en las que pensar.

- ¿Así que también eres amiga de Anna, Marion?- la pregunta de la madre de Hao e Yoh tomó completamente por sorpresa a la muchacha rubia, quien en silencio se había dedicado a analizar las diferentes personalidades y actitudes que mostraban las personas que le acompañaban.

- Amigas…- repitió casi sin darse cuenta, sonrió al caer en cuenta de que toda la atención se centraba en ella.

- Digamos que soy de su confianza, ¿no lo crees así, Muñeco?- se obligó a contestar de la mejor forma posible, para lo cual requirió el apoyo de Horokeu.

- Sí, eso creo. De su entera confianza.- afirmó el muchacho fornido, quien a su lado sonrió, luego de tomarle la mano en un gesto de total complicidad que a Matty le llamó la atención, quizá más de lo debido.

- ¿Usted es la madre del esposo de Anna, cierto?- fue el turno de Marion para preguntar.

- Así es, linda.- respondió Keiko con voz dulzona, a leguas se podía notar que la muchacha rubia le había caído en gracia a la mujer mayor.

- Lo supuse. Es un muchacho muy bien parecido, la belleza debía salir de algún lado.- dijo la bella chica y su comentario no cayó en saco roto, pues la suegra de Anna parecía realmente complacida, y es que Marion era realmente encantadora, cuando quería.

- Me halagas querida, ya no soy lo que era antes. Tú si que eres preciosa, ¿no te parece, Hao?- rezó la mujer, pidiendo la opinión de su hijo sobre la belleza que poseía la rubia que compartía el café con ellos.

- Sip… es bonita.- respondió él con fastidio notorio, ante la pregunta hecha por su madre. Marion lo observó y decidió que había llegado el momento de irse.

- Bueno, muchas gracias por la cena. Estuvo delicioso, pero me temo que llegó el momento de retirarme.- les comunicó al resto de los comensales, sonriendo jovialmente, antes de ponerse en pie.

- Pensé que esperarías a Anna, ¿no fue eso lo que dijiste?- le preguntó Horokeu, poniéndose de pie enseguida.

- Si Anna no bajó a cenar, probablemente ya no baje. Es más… Espero que no lo haga, merece descansar, ¿no lo crees?- le dijo Marion al chico, dedicándole una mirada que muchos de los presentes no supieron interpretar.

- Eh, sí claro, pero creí que era importante lo que debían hablar.- habló el chico, dudando un poco esta vez, al tiempo que se rascaba la nuca en un visible gesto nervioso.

- Muñeco, en esta vida hay tiempo para todo.- aseguró la hermosa mujer rubia, vestida de rojo.

- Realmente fue un verdadero placer conocerlos.- dijo dirigiéndose entonces al resto de los presentes.

- No has cambiado nada, Matilda.- le dijo entonces a la pelirroja, quien le sonrió tímidamente.

- Tú tampoco, Marion.- respondió la otra, con un hilito de voz.

- ¿Cuándo nos visitas de nuevo?- le preguntó Jun, mientras caminaban hacia el recibidor.

- Cuando menos te lo esperes, Jun.- declaró la rubia, preguntándose si se le quitarían las ganas de verla si supiera que Lee compartía su departamento en Italia.

- Me encantará volver a verlas.- musitó con voz más suave, reparando en la figura de Matilda que seguía en el umbral de la puerta que conducía al comedor, sin realizar ademán alguno de acompañar al grupo.

- A nosotras igual. Ojalá y siempre contáramos con compañía tan grata, como la que nos brindan ustedes tres.- comentó la señora Asakura con total convicción.

- Gracias, con su permiso.- se terminó de despedir Mary, para seguir únicamente acompañada de Horo, quien se disponía a guiarla hacia la salida de aquella mansión.

- ¿Y… en qué te irás?, si quieres puedo acompañarte.- sugirió él, en un tono que a ella le pareció de hermano protector.

- No te preocupes por mí Muñeco, desde hace mucho tiempo que me cuido solita…- le comunicó con normalidad.

- Llamaré a la agencia de taxis.- agregó al ver que el muchacho de ojos oscuros, no parecía muy tranquilo con aquella respuesta.

- Si quiere yo puedo llevarla, imagino que va hacia el centro. Esa es mi ruta.- la voz de Hao Asakura, sorprendió a más de uno en aquella habitación, pues había aparecido de la nada y llevaba consigo una maleta.

- Si no es molestia, no tengo problema.- contestó rápidamente Mary, al notar que el muchacho castaño esperaba una respuesta.

- Te lo agradezco, Hao.- le dijo Horo, al ver como el muchacho ya los alcanzaba en la puerta principal.

- Yo me encargo, tú cuida a Matty.- rezó fríamente el otro.

- Hasta mañana, mamá. Jun…- el castaño se dirigió entonces, a las dos mujeres que aun se encontraban en el recibidor.

- Entonces, ¿de verdad te vas?- preguntó su mamá en un tono de voz lastimero, casi inaudible.

- Así es, madre.- respondió el muchacho, con resolución.

- Pero Hao…- quiso ella hacer algo, decir cualquier cosa para que ese terco que tenía por hijo, desistiera de esa locura. Tal vez si era cierto que ella sentía algún tipo de favoritismo por Yoh, y es que él siempre fue el más apegado a ella, pero eso no quería decir, que no amara también a Hao.

- Sabes de sobra que no discuto mis decisiones, así que ni lo intentes…- le aclaró él, deteniendo todos los vanos intentos que sabía vendrían por parte de su madre, para que él no abandonara aquella casa.

- Después de usted, señorita.- se dirigió entonces a Marion, indicándole la puerta que Horokeu ya había abierto.

-SK-

Una hermosa mujer de cabellos rubios, lacios y largos, que se esparcían graciosamente encima de la almohada en la que descansaba su cabeza, comenzó a abrir los ojos poco a poco, solo para encontrarse con los castaños y dulces del muchacho, quien desde hace poco y quizá en contra de su voluntad ostentaba el título de su esposo.

- ¿Te sientes mejor?- preguntó el moreno, mirándole con ternura y algo de preocupación.

- Si, gracias.- respondió ella a su pregunta, tratando que su voz sonara lo más normal posible a los oídos de Yoh.

- ¿Te quedaste todo el tiempo, cuidándome?- preguntó ella, al percatarse de que él parecía cumplir la tarea de un vigilia, sentado en esa silla cercana a la cama.

- Sí, velando el sueño de la bella durmiente…- musitó él, quedamente y esbozando una pequeña sonrisa traviesa, que hizo que la chica se apenara.

- No tenías que hacerlo, Yoh.- declaró ella, tratando de modular su voz lo mayor posible, había tenido las emociones muy a flor de piel, primero lo de Horo, Matty y Hao… y luego estaba la visita de Marion y todo ese asunto de Liserg, que de solo pensarlo, le ponía los nervios de punta. Lo menos que quería era preocupar a aquel castaño de ojos tiernos, aunque a decir verdad el encontrarlo allí, al pie de su cama… velando su sueño, había resultado ser para ella una sorpresa bastante agradable.

- Me gustó, parecías un ángel dormido.- afirmó él, haciendo que la sangre se agolpara en las mejillas de la fría rubia sin que pudiera hacer nada para evitarlo.

- Eh… ¿qué horas son?- preguntó Anna repentinamente, más que nada porque Yoh tenía clavada la mirada en ella y ya debía haber notado su sonrojo e incomodidad.

- Las 9:20 PM.- dijo el muchacho, luego de dejar de verla para consultar su reloj de pulsera por un breve instante.

- Ya debieron cenar, ¿cierto?- le comentó ella, muy segura de la respuesta que le daría, al tiempo que quiso incorporarse.

- Quédate en cama, Anna.- prácticamente rogó él, tomando una de las manos de la rubia entre las suyas de manera protectora.

- No puedo… le dije a Mary que me esperara.- comunicó la rubia de ojos negros, los que no revelaban su frialdad característica al clavarlos ella, en el muchacho que tenía en frente.

- Ella se fue.- declaró su compañero, a lo que la muchacha quedó un poco perpleja.

- Dijiste que no habías bajado.- expuso su esposa, mirándole con severidad fingida, mientras retiraba la mano que él aun retenía entre las suyas.

- Y no lo hice, pero me asomé al balcón.- dijo él con total frescura, Anna pareció no entender lo que él había querido decirle con aquella última oración.

- Hao la recogió en su coche, imagino que la dejará en su hotel.- se encargó de aclarar las dudas, que su último comentario habían creado en la mente de la rubia.

- Ahh.- musitó ella quedamente, al entender lo que él quiso decirle.

- Te trajo malas noticias, ¿no?- preguntó él, Anna se incorporó un poco en la cama, pero dejó de lado la idea de levantarse completamente.

- Realmente no sé como interpretar la noticia que me dio.- dijo ella sinceramente, pues era cierto, no tenía ni idea de cómo reaccionar ante lo que sucedía entre su mejor amiga y el chico que una vez lo fue todo en su vida.

- Ya veo.- musitó Yoh en un hilito de voz, sin dejar de mirarla.

- Lo que dijiste… ¿quiere decir que Hao si se fue de esta casa?- comentó Anna, pasando al otro tema que se le hacía por demás preocupante. No tenía ni idea como ayudar a una persona como él, sabía que su abuelo consideraba a Hao como una persona apegada a su trabajo, muy ambiciosa y algo narcisista… el problema es que a ella Hao le gustaba tal cual era, ¿qué podría cambiarle?, bueno tal vez el hecho de querer dominarla y someterla a su yugo a como diera lugar…

- Sí, así es.- dijo su esposo, confirmando con esto sus sospechas. Al parecer la situación con su sexy cuñadito se le estaba complicando demasiado, ella nunca creyó posible que éste terminaría marchándose de la casa.

- Fue por mí, por lo que le dije allá abajo.- se escuchó a sí misma decir, y es que no halló otra explicación a la resolución tomada por Hao.

- No. Fue por mí, por lo que yo no le dije.- declaró Yoh entonces, tomándole totalmente por sorpresa.

- No entiendo, ¿discutieron?- murmuró Anna, fijando toda su atención en el moreno.

- Ojalá fuese tan simple como eso.- la rubia le escuchó decir a su apuesto esposo, quien parecía estar bastante triste de un momento a otro.

- ¿Qué quieres decir?- preguntó Anna y esta vez su voz sonó algo ronca, debido a la ansiedad que le provocaba esa actitud en su adorable maridito.

- Me pidió que le negara que entre tú y yo ha pasado algo.- soltó él, sin darle más vueltas a aquel asunto. Anna se quedó como de piedra por un segundo, antes de hallar palabras para responder.

- Diablos Yoh, ¿no podías mentir?-declaró, pues le parecía increíble que por culpa de él se hubiese armado un lío de tal magnitud.

- Me pidió que lo jurara por las memorias de mi abuelo y mi padre, yo no pude Anna…- se explicó él, terminando casi en un susurro.

- No tengo la sangre tan fría, lamento si te compliqué la vida.- agregó el muchacho de ojos castaños y ella supo que hablaba con sinceridad, más aun cuando lo vio levantarse y dirigirse hacia el balcón desde donde solía observar las estrellas.

- Hey, discúlpame. Yo tampoco tengo la sangre tan fría como creía, sino nada hubiese ocurrido esta noche.- dijo ella, dejando la cama para alcanzar a su esposo en el balcón.

Yoh le miró y se dio cuenta de que la chica parecía realmente interesada en lo que él sentía, eso le causó algo de gracia, pues el castaño hubiera jurado que a esa chica no le importaba en lo absoluto lo que sucediera con él, pero ahora al estar frente a frente con ella y al perderse momentáneamente en el negro de esos majestuosos ojos, supo que se había equivocado, a Anna si le importaba lo que él sentía y mucho.

- ¿Estás bien?- le interrogó ella, confirmando su conclusión personal sobre aquella intrigante mujer que tenía en frente. El muchacho castaño sonrió dulcemente de manera automática.

- Yo debería ser quien hiciera esa pregunta.- dijo, para luego dejarse caer en un sillón bastante confortable, desde donde se dedicaba horas enteras a contemplar el cielo estrellado, para esta vez contemplarla solo a ella.

- Yo estoy bien, tú te encargaste de eso. Por cierto, no te he agradecido como se debe…- Anna acompañó su aseveración con una sonrisa, mientras se acercaba lentamente a su esposo, quien no se movió de su lugar.

Yoh tampoco se movió cuando la rubia llegó hasta donde él se hallaba, ni cuando se puso en cuclillas delante de él y comenzó a acortar la poca distancia existente entre los dos. La hermosa rubia saboreó muy despacio los labios del moreno, acomodándose como pudo en su regazo, para luego al separarse de él y con la misma lentitud saborear los propios, sin despegar ni una milésima de segundo su intensa mirada de la del chico.

- Mmmm, así que esta es tu forma especial de dar las gracias.- declaró el castaño, en un tono de voz muy bajo y seductor, aun sin moverse de su sitio.

- Solo contigo, puedes sentirte afortunado.- declaró ella con algo de cinismo.

- Oh, así me siento.- respondió de igual forma Yoh Asakura, ganándose un nuevo asalto a su boca por parte de la rubia, quien esta vez lo embriagó con su pasión desbordante.

- Anna…-replicó el castaño, al tiempo que se alejaba un poco de ella.

- ¿Ocurre algo?- preguntó la muchacha, puesto que a él se le veía algo mortificado.

- No creo que sea buena idea seguir…- contestó él, rascándose la nuca en un gesto de notorio nerviosismo e indecisión.

- Yoh pensé que ya todo estaba claro.- habló la chica alejándose, un poco desconcertada por la actitud esquiva del castaño, pues ella sabía que aquel beso le había gustado, ya que lo sintió corresponderle de igual forma.

- Lo único que de verdad tengo claro, es que mi hermano se está enamorando de ti y yo no quiero hacerle daño.- espetó claramente el chico, mirándola directamente a los ojos.

- Eres muy dulce.- exclamó Anna acercándose lo suficiente para volver a besarlo.

- Anna, es en serio. Hao es mi hermano…- dijo de nuevo el muchacho, apartándose otra vez de la chica, a quien sabía capaz de desestabilizarle.

- Lo sé, pero a ti no fue al único a quien le dejé las cosas claras, Yoh.- espetó ella con voz normal.

- Hao no puede estar enamorado de mí.- terció la chica, sin dejar de mirarle.

- ¿Por qué lo dices, así… tan segura?- preguntó el muchacho, quien parecía no entender del todo las palabras de la mujer.

- Porque él sabe que no debe enamorarse, sabe de sobra que yo no le correspondería, jamás me permitiría hacerlo.- soltó ella sin reparo alguno, como cada vez que hablaba con Yoh, y es que a él le tenía mucha confianza; una confianza casi prohibida, para cualquiera que se encontrara en sus mismas y extrañas condiciones.

- ¿Y eso, por qué?- volvió a arremeter contra ella su esposo, con otra de sus preguntas claves.

- Más que nada, porque no sabría como lidiar con ello.- le confesó ella, con total seriedad.

- ¿Alguna vez me dirás, que fue lo que sucedió?- le preguntó el castaño, pues por ese extraño minuto de silencio que ella guardó, totalmente absorta en sus pensamientos, allí sentada a sus pies, le dio la impresión de ser hasta vulnerable.

- Cuando las heridas empiecen a sanar, tal vez puedas llegar a entenderme.- respondió ella, y por un instante Yoh casi no reconoció su voz.

- ¿Así de recientes son?- preguntó el chico, bastante preocupado por lo que ocurría con la chica.

- ¿Quién dice que hablo de mí?- declaró la rubia de ojos negros, mirándolo de una forma que a Yoh le llegó al alma. ¿Realmente lo que él sentía era tan importante para Anna?...

El castaño no pudo evitarlo y decididamente se inclinó de manera tal que sus labios alcanzaran los de la rubia, para besarla con suma dulzura, mientras la alzaba en brazos para llevarla hasta la amplía cama matrimonial que desde hace algún tiempo compartían.

- SK-

Los dos ocupantes de aquel auto negro último modelo no habían pronunciado palabra alguna desde que se dispusieron a dejar la mansión de los Asakura; Hao parecía verdaderamente concentrado al manejar el automotor, aunque solo fuera en su exterior, pero Mary podía adivinar que llegar al centro de la ciudad, era lo que menos le interesaba a ese apuesto y misterioso muchacho de cabellos y ojos castaños.

- ¿Siempre eres así de callado?- preguntó la chica, esperando que así por lo menos tuviera un indicio sobre si la conclusión a la que había llegado previamente era realmente la verdadera.

- ¿Le molesta el silencio?- declaró el chico fríamente, tratando de ocultar la nota de amargura que toda la situación con Anna e Yoh le producía.

- Depende de que tanto quiera disfrutar de la compañía.- respondió ella, con voz dulce y sumamente inalterable. Hao la miró de reojo, debido al comentario de la hermosa rubia.

- Como al parecer eres una mujer muy directa, yo también lo seré.- exclamó el castaño con voz algo monótona, como si aquella conversación la hubiese tenido mil veces ya el pasado, luego de ahogar un suspiro.

- No estoy interesado, gracias.- siseó con voz gélida y ronca. Marion le miró y esbozó una extraña sonrisita.

- Perdón, me temo que me perdí.- le hizo saber a Hao la chica, sin dejar de mirarlo.

- Vaya, al ser amiga de Anna creí que serías inteligente. Tú sabes por eso de "dime con quien andas…"- murmuró el muchacho de cabellos largos sin absolutamente nada de tacto, más la melodiosa risa de su acompañante no le dejó terminar su frase.

- ¿Dije algo gracioso?- cambió su anterior oración, por aquella pregunta.

- Te recomiendo que cambies de táctica, esa ya está muy trillada. ¿crees que así, me tendrás en la cama para la media noche?- comentó la rubia de los fantásticos ojos verdes con total descaro, luego de que dejara de reír.

- Wow, imagino que toda esa confianza debe ser fruto del conjunto de fina lencería que usas esta noche.- espetó Hao con premura, sin rendirse ante la acusación de esa mujer.

- ¿Adivino?... ¿Victoria Secret´s?- terminó el chico si un ápice de vergüenza al realizar ese comentario.

- Lamento decepcionarte cariño, pero no llevo ropa interior.- le comunicó tranquilamente Mary, sorprendiéndolo por la facilidad con la que podía hablar de aquellos íntimos detalles con un desconocido, por lo que se ganó una mirada de total desconfianza y extrañeza por parte de él.

- Pica, además así se facilita mi trabajo.- continúo Mary "La Sirena", sonriéndole sensualmente y dejándole momentáneamente sin palabras.

- Ah… Eso lo explica todo, quieres hacer la cuota del día a mis costillas.- soltó Hao con desdén, la chica lo miró sin dejar de analizar su semblante ni un segundo.

- ¿Cuánto por la noche?- le interrogó él, en tono seco y amargo, como si de verdad ya nada en el mundo pudiera llegar a sorprenderlo, aunque la actitud de aquella muchacha lo hacía bastante bien.

- No tienes suficiente en los bolsillos, para pagar ni por los cinco minutos que llevamos hablando.- terció la muchacha, volviendo a sonreír mientras se acomodaba en el asiento del copiloto.

- No estés tan segura, ¿tienes cambio para un dólar?- volvió a atacar él, quitando una mano del volante para luego tenderle el billete verde que había sacado de uno de sus bolsillos, ya que finalmente había encontrado con quien desquitar toda la frustración y la rabia que sentía en aquel momento.

- Nunca le digo que no, a un dólar.- dijo Mary, tomando el billete que él le tendía y guardándolo de inmediato.

- 19 más de esos y tienes para el taxi.- Hao escondió su sorpresa tras aquella frase, sin saber porqué le seguía el juego a la rubia sentada a su lado.

- Gracias, aunque como no sé contar…- musitó quedamente Marion, encogiéndose de hombros.

- Me lo temía.- se limitó a contestar fríamente Hao, cansado ya.

- Sabes… Eres demasiado guapo, para que seas tan amargado.- compartió con Hao sus pensamientos la mujer.

- No insistas, no voy a amenizar tu fiesterita privada.- le aclaró él, son total soltura y firmeza, haciendo que la muchacha de ojos erráticos, le mirara de una forma que no supo como interpretar hasta que volvió a escuchar su bella voz.

- Oh, así que de verdad piensas que estoy flirteando contigo…- Mary pareció entenderlo todo, repentinamente.

- Era en serio lo que me decías entonces… ¿tratabas de ofenderme?- preguntó, frunciendo un poco el ceño, pero sin dejar de hacerlo blanco de su profunda y enigmática mirada.

- Solo no quiero hacerte perder el tiempo. Las mujeres como tú no me interesan.- afirmó el castaño, hablándole lenta y enfáticamente. Mary volvió a sonreír de una forma casi hipnotizante, que a Hao le molestó sobremanera.

- Aplícate el cuento, corazón. Aquí el único que ha estado perdiendo el tiempo, eres tú.- musitó con voz modulada y dulce, como si fuera la de una niña pequeña.

- ¿No me digas?- exclamó él, clavando sus castaños ojos en el rostro de la chica, mientras que esta parecía completamente desinteresada en seguir con aquella conversación.

- No has debido poner tus lindos ojitos en Anna, una mujer como ella te queda grande.- soltó sin ninguna clase de reparos Mary, pues ella era una persona acostumbrada a llamar las cosas por su nombre y no tenía porque hacer una excepción con alguien que se había comportado con ella de una forma tan grosera.

- Cierra la boca.- casi gritó él, apretando las manos que mantenía sobre el volante.

- Ya Matilda te lo dijo, deberías hacerle caso.- declaró con voz normal, pero no sin dejar de sorprenderse de la manera en que aquél chico había perdido los estribos por un comentario tan simple como ese.

- El escuchar las conversaciones ajenas debe ser normal para las mujeres de tu categoría, así que para que reclamar…- quiso atacarla él, para desquitarse por la forma en que Mary había dado con su talón de Aquiles.

- Piensa lo que quieras, pero acepta mi consejo. Por tu bien, hazle caso a Matty.- se limitó a decirle ella, ignorando por completo la furia y el veneno que claramente contenía la aseveración de Hao.

- No recuerdo haberte pedido consejo, ni a Matty. Así que ambas pueden guardárselos.- siseó amargamente el moreno de ojos castaños.

- Yo solo quería evitarte una pena…- murmuró brevemente la mujer, con mucha sinceridad, por extraño que parezca.

- Por supuesto, si tienes toda la pinta de ser una buena samaritana, ¿cómo no me di cuenta antes?- declaró el chico moreno con sarcasmo marcado.

- Es en serio. Te confesaré algo…- dijo Mary, volviéndose para observar el perfil del apuesto castaño.

- Desde que te vi esta noche sentí una fuerte atracción hacia ti, no sé por qué…- expresó ella con una resolución envidiable, se notaba que no era del tipo de personas que se guardan las cosas o que temen expresar abiertamente lo que sienten.

- Tal vez, porque soy sencillamente irresistible.- rezó con convicción y algo de arrogancia el mayor de los hermanos Asakura.

- Tal vez, pero más bien creo que fue ese algo indefinido que hallé en tus ojos…- le concedió ella algo de razón, pero sin desistir de su intención de revelarle la impresión que el chico Asakura le había causado.

- No lo entendí entonces, pero ahora lo hago… es ella, es Anna.- musitó Mary suavemente, y el corazón de Hao comenzó a palpitar con fuerza sin que pudiera evitarlo.

- Es algo que no puedo explicar. Siento cierta debilidad por los hombres que osan fijarse en ella.- continúo la chica, llevándose una mano a la mandíbula como si todavía meditara sobre ese asunto.

- Me causan curiosidad.- resolvió finalmente que esa era la causa de la extraña atracción que sentía hacia Horo, e incluso hacia el muchacho que justo en ese momento conducía a su lado.

- ¿Ah si?- Hao alzó una ceja algo intrigado, pero aun visiblemente molesto por los comentarios de la rubia.

- Sip, de hecho si no me hubiese enterado que estabas interesado en ella, muy seguramente a estas alturas ya estaría jugueteando contigo.- confesó la muchacha con malicia y un brillo travieso apareció en sus fascinantes ojos verdes.

- ¿Así que ella te intimida, después de todo?- le interrogó él, con voz firme.

- No, en lo absoluto. No le tengo miedo ni a Anna ni a la competencia, lo que pasa es que…- Marion Phauna guardó un minuto de silencio, mientras clavaba en el muchacho castaño sus bellos e intrigantes ojos verdes, sometiéndolo a un escrutinio que le incomodó mucho.

- A los hombres que como tú están enamorados de Anna, les espera tanto dolor… que se ganan mi respeto.- terció ella de una forma tan fría y que a él le pareció tan cargada de maldad, que le hizo detener la marcha del auto enseguida casi por inercia.

- Se acabó, te bajas aquí.- dijo él, en un tono de voz tan sombrío que asustó a Mary.

- ¿Qué?- alcanzó a preguntar ella, más por no creer lo que había escuchado que por no haberlo entendido.

- Lo que oíste, abajo.- ordenó el chico, sin dudar en hacerle ver sus deseos.

- No hablas en serio.- recitó la muchacha italiana, tratando de convencerse de que eso no estaba pasando, mientras clavaba en los fríos y castaños ojos de Hao su desafiante mirada.

- A ver… estoy esperando.- volvió a insistir él, mirándola con tenacidad.

- De ningún modo me voy a bajar aquí, estamos en medio de la nada. Me rehúso.- exclamó ella fieramente, cruzándose de brazos.

- Está bien, entonces te ayudaré.- le aseguró Hao Asakura con convicción, mientras que se desabrochaba el cinturón de seguridad y bajaba del auto, para rodearlo luego, y abrir la puerta del copiloto sin más, haciendo que la mujer le dirigiera una mirada furiosa que él sencillamente ignoró olímpicamente.

- No te atrevas… ¿qué haces?- le gritó Mary, cuando el muchacho se inclinó y desabrochó el cinturón que protegía la integridad física de la hermosa chica, para agarrarla por la muñeca y tratar de hacerla salir del auto.

- No. Suéltame.- dijo la chica, al tiempo que peleaba desaforadamente por mantenerse en el interior del auto negro, del que Hao Asakura intentaba sacarla.

- Quieta…- siseó él, cuando a la fuerza la arrancaba del lugar al que ella se aferraba por todos los medios posibles, sin éxito por cierto.

- Bájame, estás de manicomio.- gritaba ella, oponiéndose a permanecer más en los brazos del moreno que la había sacado ya cargada de su auto.

- Te digo que me bajes, maldito cavernícola.- no paraba de gritarle, tratando de golpearlo con una fuerza que no poseía.

- ¡Auch!- soltó un gritito de dolor y sorpresa, cuando Hao le tiró sobre unos arbustos que se hallaban al costado de la carretera.

- Así está mejor.- dijo el muchacho castaño con malicia, sacudiéndose las manos y dirigiéndose de inmediato hacia el auto.

- ¡Hao, hey!... ni se te ocurra dejarme aquí.- gritó Marion con la poca voz que le quedaba, debido a la falta de aliento por la anterior lucha.

- Adiós "Sirena".- declaró el con un tonito mezcla de desdén y burla, mirándola por encima del hombro sin dejar de caminar.

- No, espera… ¿Qué se supone que haré para llegar al hotel?- le preguntó la hermosa rubia, tratando de incorporarse lo más rápido posible. Hao se detuvo en seco y se dio la vuelta para enfrentarla.

- Tienes bonitas piernas, úsalas.- declaró descaradamente, mientras recorría las esbeltas piernas con sus ojos castaños, para luego darse vuelta y proseguir su camino.

- Te juro que te ganarás mi respeto.- agregó sonriendo maléficamente, antes de abordar el vehículo.

- Maldito pedazo de…. ¡arrrght!- le gritó Mary "La Sirena" enfurecida, arrojándole uno de sus finos zapatos de tacón alto, cuando el auto empezó a alejarse tras haber sido puesto en marcha por Hao.

-SK-

Pilika metió lentamente la llave en la cerradura y abrió la puerta de igual forma, por lo menos eso fue lo que pensó el hombre a su lado; Liserg no podía negar que le gustaba mucho el que ella pareciera no querer dejarlo ir todavía. La vio juguetear por un minuto con el juego de llaves, sin guardarlo aun en el bolso de mano que llevaba esa noche.

- Gracias, de veras necesitaba distraerme.- le dijo ella con una dulzura que a él le conmovió.

- Yo encantado te distraeré todo lo que quieras, me gusta verte sonreír.- declaró él con igual dulzura, para luego acariciarle una mejilla, que de inmediato se tornó de color escarlata.

- Y también cuando te sonrojas.- musitó él quedamente, inclinándose un poco para alcanzar sus labios y besarle con suavidad y delicadeza; beso que por supuesto ella aceptó y correspondió de igual manera.

- Pasa, te invito un café.- le ofreció ella luego de que se separaran y él obedeció sin chistar.

- Vaya…- musitó la chica en voz lo suficientemente audible, como para que Liserg la escuchara.

- ¿Qué sucede?- preguntó él.

- Tiene un mensaje nuevo.- comentó Pilika imitando la voz de la maquina automática antes de presionar el botón que le permitiría reproducir el mensaje en cuestión, haciendo que Liserg esbozara una pequeña sonrisa.

- Pili…- se escuchó una voz masculina, que ella de inmediato reconoció como la de su hermano mayor, por lo que casi se rompe el cuello al voltear enseguida hacia la máquina.

- Soy yo Horo, quise asegurarme que estuvieras bien. De verdad siento haberme desaparecido tanto tiempo, me han sucedido muchas cosas…- la voz del mensaje confirmó que justamente, se trataba de su hermano mayor. Pilika se acercó hasta la mesa donde reposaba aquel aparato y clavó en él su azul mirada.

- Sé que no debí irme de la forma en que lo hice, corriendo tras Anna; solo quiero que sepas que estoy bien y que trataré de volver a casa en cuanto me sea posible y también, que confió en ti.- continuaba hablando su hermano y ella se mortificó pensando en que si no hubiera salido aquella noche, muy seguramente hubiera hablado directamente con él.

- Nunca te hubiera dejado sola, si no estuviera seguro de que sabrías como defenderte… Te quiero hermanita.- terminó finalmente y ella quiso asegurarse de que no había más, sin siquiera notar que Liserg ya estaba a su lado hacía un buen rato.

- ¿Cómo te sientes ahora?- preguntó el muchacho inglés, rodeándola con un brazo por encima de los hombros.

- Muy bien. Por un momento realmente pensé que se había olvidado de mí.- musitó ella quedamente, haciendo un esfuerzo sobrehumano por retener las lágrimas que ya anegaban sus ojos.

- Nadie podría olvidarse de ti.- declaró Liserg con total convicción, depositando un beso en su cabeza y haciendo que una sonrisita, así como también un pequeño rubor aparecieran en el hermoso rostro de la chica de Hokkaido.

- Voy por tu café.- espetó ella rápidamente y se apartó de él, para dirigirse hacia la cocina.

- Pili…- el chico le llamó con suavidad.

- ¿Si?- respondió ella, desde donde preparaba el café.

- Esa Anna de la que hablaba tu hermano, ¿quién es?- no vaciló en interrogarle esta vez el muchacho de los ojos esmeraldas, ya que no podía dejar de sentir que le revolvían el estómago con una batidora cada vez que escuchaba ese nombre.

- Mi mejor amiga y socia cofundadora de la empresa.- le informó la Usui con calma.

- Se fue a casar al Japón y como mi hermano está loco por ella, se fue detrás.- terminó de explicarle al llegar junto a él y tenderle la taza del caliente líquido.

- Ah, ya veo.- musitó él con simpleza, tratando de sacarse de la cabeza la idea de que esa Anna y su Anna tuvieran algo que ver, sabía que se hallaba algo paranoico desde que esa chica había desaparecido de su vida, así nada más sin mediar palabra.

- Muy rico. Eh… ¿Pilika?- le llamó nuevamente la atención de la muchacha, que se encontraba disfrutando también del café recién hecho.

- ¿Sí?- contestó ella, concediéndole toda su atención.

- Debo regresar a Londres.- le comunicó sin más, el corazón de Pilika se encogió al escucharle, pero intentó disimularlo.

- Claro, allí es donde vives.- comentó ella, de manera demasiado casual, mientras se dejaba caer en un sillón cercano al teléfono.

- No quiero dejarte sola.- explicó él, dejando la taza en una mesita cercana y clavando sus encantadores ojos verde esmeralda en ella.

- Y yo no quiero que te vayas, pero ya has retrasado demasiado tu regreso por mi culpa.- musitó ella en un tono de voz bajo pero firme.

- Te has portado conmigo como nadie lo había hecho antes, eres demasiado especial para mí Liserg.- no tardó en hacerle saber y le dedicó una sonrisa triste, que hizo que el chico se acercara a ella de inmediato.

- Jamás había conocido a alguien como tú y te voy a extrañar muchísimo.- terminó por confesarle ella, y aquellas palabras a Liserg le supieron a gloria.

- Pilika, volveré.- le aseguró el muchacho inglés, con gran resolución llegando a su lado.

- Te estaré esperando.- dijo ella dejando la taza de café a un lado, levantándose a su vez solo para, solo para ser envuelta en un abrazo por parte de Liserg Diethel.

- Eso espero, porque creo…- comenzó el muchacho, hablándole muy quedo al oído.

- No. Tengo la certeza de que me estoy enamorando de ti.- terminó de decirle, haciendo que el cuerpo de la chica a quien abrazaba temblara ligeramente, por la emoción que le embargó al escuchar aquella declaración de amor.

- ¿Qué?- fue lo único coherente capaz de decir Pilika Usui, separándose del chico de cabellos y ojos verdes.

- ¿Pensaste que era un juego?, ¿qué quería divertirme antes de volver a mi ciudad natal?- le preguntó él con un tono de broma, que ella no pareció notar.

- No, pero es que…- comenzó a explicarse la bella muchacha, pero se vio interrumpida por él nuevamente.

- Siento decirte, que esto es en serio.- le aclaró él, encantado por la forma en que su confesión había cambiado la actitud de la chica que tenía al frente.

- Las cosas que dices, las cosas que haces… todo me gusta de ti.- le explicó en voz baja y dulce, y es que no podía dirigirse a ella más que con ternura… Pilika eso le inspiraba.

- Liserg…- pronunció su nombre, sin saber que más decir, pues aun no podía creer del todo que aquello le sucediera a ella… ¿acaso podría ser más afortunada?

- Me gustaste desde el primer momento que te vi, desesperada, buscando aquella agenda en la oficina de tu hermano.- le dijo él tranquilamente y ella lo miró boquiabierta.

- ¿Noooo?, ¿con todo y colitas?- le interrogó entre risas.

- Especialmente con las colitas. De hecho, creo que eso fue lo que me conquistó.- él le contestó de la misma forma, con una hermosa sonrisa adornándole el rostro, haciéndolo más guapo aun frente a ella.

- Tu también me encantas, nadie me había hecho sentir tan especial.- admitió ella en voz alta, algo que ya había admitido su corazón hace mucho, volviendo a acercarse a él para rodearlo con sus brazos por la cintura.

- Me cuesta creerlo.- le dijo él, mientras correspondía a su abrazo.

- Es la verdad. Por eso quiero que vayamos despacio, ¿si?- le pidió ella, levantando el rostro que había escondido en su pecho para mirarle directamente a los verdes ojos.

- No me crees, ¿verdad?- preguntó él y un dejo de tristeza se hizo evidente en su varonil voz.

- No es eso Liserg. Yo solo quiero que nos tomemos todo el tiempo del mundo para disfrutar de lo que sentimos, que aprendamos más el uno del otro.- trató de disipar todas las dudas que pudieran haberse suscitado en su interior.

- Yo no soy toda dulzura, tengo mis ratos malos.- le dijo ella, con voz realmente seria al tiempo que se alejaba de él, deshaciendo el anterior e íntimo abrazo.

- ¿Ah si?- preguntó el apuesto y amble muchacho inglés, arqueando una de sus cejas.

- Hey, estoy hablando en serio aquí.- espetó ella, fingiendo estar ofendida pero celebrando interiormente el buen humor de su interlocutor.

- No quiero ilusionarme en vano, demos un paso a la vez… Así nadie saldrá herido, ¿no lo crees?- esta vez no hubo rastro alguno de broma, más bien quería hacerle entender al muchacho frente a ella las razones por las cuales pensaba que aquello era lo mejor.

- Eres demasiado lógica y fría, pero tendrás todo lo que quieras, bonita. Lo que tú quieras.- recalcó él, mirándola con todo el amor que era capaz de sentir, reflejado en el verde esmeralda de sus pupilas.

- Lo único que quiero es a ti.- dijo ella entonces con dulzura.

- A mí ya me tienes, pequeña.- declaró el muchacho, obsequiándole una bella sonrisa para luego tomar una de las delicadas y femeninas manos entre las suyas, y acariciarle con fervor antes de depositar en ella un dulce beso, que logró nuevamente que la sangre de Pilika Usui se agolpara en sus mejillas.

- Creo que llegó la hora de irme.- comunicó lo más serenamente posible el chico inglés.

- No, ya… tan rápido. ¿no puedes quedarte ni un ratito más?- pidió ella, en un susurro triste.

- No, Pili. Mi vuelo sale mañana a primera hora… así que creo, que dejaré que me extrañes.- comentó él, deseando con toda el alma que ocurriera así, ella quería ir despacio… esta bien, irían despacio, pero realmente esperaba que aquel tiempo que estarían el uno sin el otro después de compartir tantas cosas juntos, sirviera para que ella despejará cualquier duda o temor que pudiera albergar su corazón.

- Ya lo estoy haciendo.- declaró la chica de cabellos azul sin hacerse esperar, acompañándole a la puerta.

- Regresaré, promete que me esperarás.- prácticamente rogó, levantando el rostro de su amada con una gentil mano, antes de clavar sus maravillosos ojos verdes en los azul celestes de ella.

- Aquí estaré, lo juro.- declaró la ainu con firmeza y seguridad, haciendo que él le regalara otro dulce beso en los labios, gesto que ella aprovechó para rodear su cuello con los brazos atrayéndolo y así poder profundizar el beso aun más.

- SK-

El hombre alto, de ojos y cabellos negros alzó la vista solo para ver aparecer ante sus ojos la esbelta silueta de la mujer a quien había estado esperando alrededor de unos diez minutos, desde el momento en el que se había retirado para advertir a la mayor de los hermanos Tao sobre su presencia en esa casa.

- La señorita Jun dice que no podrá atenderlo, así que creo que lo mejor es que se vaya.- espetó con firmeza y sin ningún tipo de miramientos hacia él, la hermosa ama de llaves alemana de los Asakura.

- ¿Así que eso dice, eh?- declaró él hombre, sonriendo tristemente para casi de inmediato ponerse de pie, dejando la taza que un minuto antes llevara a su boca.

- Quizá sea mejor que no vuelva, no parece tener mucho interés en usted "Doctor".- volvió a hablar la mujer, haciendo especial énfasis en la ultima palabra que pronunciara.

- Lo sé… Gracias por el café, y por el consejo Kanna.- comunicó el joven, regalándole una inclinación con la cabeza, solo para demostrar el gran respeto que le inspiraba aquella mujer, que estaba completamente al tanto de las andanzas de Jun y del tipo de relación que mantenía con él, desde hacía un largo tiempo ya. Ryu la miró por última vez, antes de abandonar aquella gran mansión por la puerta trasera y dirigirse hacia su auto.

Una hermosa mujer rubia de fulminantes ojos verdes caminaba visiblemente fastidiada y descolocada a lo largo de una oscura y vacía carretera, le era increíble creer que llevaba más de veinte minutos en esas y por allí no pasaba ni siquiera una rosa del desierto, ahogó un suspiro de frustración y desentendimiento, pensando en que karma era el que pagaba, ¿qué era eso tan malo que podía haber hecho en su vida pasada, para que ahora tuviera que pasar por todo aquello?, Mary volvió a suspirar mirando al cielo, creyendo que empezaba a desvariar al pensar en esa posibilidad. ¿Por qué demonios simplemente no se quedó callada?, Nooo, tenía que abrir la boca y provocar a ese odioso y malvado hombre de forma tal, que terminara dejándola ahí, botada en medio de la nada… Sus preciosos ojos se posaron con desprecio entonces en el teléfono celular que llevaba en una de sus manos, el que estaba como muerto.

- ¡Rayos!, ¿de qué me sirve tener este aparato?, si se queda sin señal cuando más lo necesito.- gritó encolerizada, para luego lanzar el aparato con toda la fuerza de la que fue capaz, dándose este contra el asfalto de la carretera y rompiéndose en mil pedazos.

- Ya estoy cansada de caminar, ¡ouch!- gimió la muchacha, puesto que el tacón de su zapato derecho terminó cediendo debido a la larga caminata, haciéndole casi caer en ese preciso instante y maltratarse un poco el tobillo.

- ¿Se encuentra bien, señorita?... – Marion levantó la cabeza sobresaltada al escuchar aquella voz, tan embebida había estado en sus pensamientos que no había notado aquel auto al acercarse.

- ¿Necesita ayuda?- volvió a hacerse escuchar el hombre que conducía aquella cafetera a la que Mary dudaba en llamar "auto".

- Hola... gracias a Dios. Dígame una cosa señor, ¿por aquí no pasan taxis?- se dirigió a él con mucha amabilidad la mujer, mirándole con algo de inquietud e impaciencia.

- A esta hora y por esta vía, lo dudo mucho… ¿viene de una fiesta?, ¿está perdida?- dejó entrever Ryu su curiosidad, pues era algo poco común ver a mujeres de su condición caminando a solas por un camino que llevaba a los suburbios.

- Podría decirse, tuve un pequeño "percance" y terminé en mitad de la carretera, sola…- aclaró la mujer con una nota de sarcasmo muy bien escondida en su voz dulce.

- Me he cansado de esperar un taxi, un autobús, lo que sea…- aseveró la muchacha, mirando de un lado a otro la exageradamente vacía carretera.

- Pero esto parece un desierto.- concluyó con simpleza, volviendo a ahogar un suspiro que indicaba el fastidio y la indignación que sentía.

- Es un sector muy alejado, es cierto. Si quiere la puedo llevar.- le ofreció Ryu, sonriéndole amablemente, Mary le miró perpleja, mientras comenzaba a cotejar las posibilidad. Él iba solo, pero aun así ella no era reconocida por abordar autos con desconocidos.

- Pues no sé, ya me ha pasado antes…- exclamó la mujer rubia con total cansancio, evidente en la voz. De solo recordar en que precisamente por aceptar un favor como ese, había terminado vagando sola por aquella desierta carretera, exponiéndose a cualquier tipo de peligro, debido a que al señor Hao Asakura no pareció gustarle en lo absoluto, que ella compartiera con él una verdad que acababa de descubrir.

- Tome.- le escuchó decir al hombre nuevamente, antes de que ella pudiera cortar el hilo de sus anteriores pensamientos.

- ¿Qué es esto?- preguntó de manera automática, al observar extrañada el objeto que el hombre en cuestión le tendía.

- Las llaves del auto, ¿sabe manejar?- fue la pregunta que él hizo y de repente todo estuvo bastante claro para Mary.

La chica manejaba con gran habilidad, Ryu como se había presentado un minuto atrás el hombre que le había sacado de todo esa embarazoso embrollo en el que Hao y su mal carácter le habían metido, le había indicado aun más amablemente si se podía, el camino que debía llevar para llegar hasta el centro de aquella ciudad que Mary todavía no conocía muy bien.

- Y puedo preguntar de donde venía, es que… antes de que usted apareciera, no se veía ni una sola alma.- preguntó casualmente la muchacha, más que nada para hacer algo de conversación, los silencios prolongados definitivamente no eran lo suyo.

- De ver a una amiga, aunque realmente no la vi.- musitó el hombre quedamente, con la vista perdida en el camino.

- Por su cara, puedo adivinar que no era simplemente una amiga.- aseveró la mujer, puesto que esa cara de funeral ya la había visto antes.

- Pues… es que yo creí que era algo más, pero ya ve.- no se inmutó al contarle el hombre, aun cuando tampoco cambió su semblante triste.

Mary lo miró atentamente por el rabillo del ojo, a decir verdad el hombre parecía realmente decepcionado.

- Hay que besar muchos sapos, antes de dar con el príncipe azul. Princesa en su caso…- declaró con sorna, haciendo que Ryu la mirara por reflejo.

- Si, pero es que Jun… en realidad parecía ser mi princesa.- declaró él, suspirando profundamente.

- ¿Jun Tao?- repitió la mujer rubia, clavando en él sus ojos verdes que ahora brillaban intensamente. Así que la señorita Tao no era una santa después de todo, no podía dejar de sorprenderse ante ese hecho. ¿Qué tipo de relación llevaba entonces con Lee?

- ¿La conoce?- preguntó él a su vez, a lo que lo que Mary asintió levemente.

- Algo así. Pensé que se hallaba comprometida…- intentó caminar sobre ese terreno, después de todo Ryu ya se hallaba decepcionado por la situación con Jun, no tendría importancia alguna el indagar un poquito más en ese asunto.

- Lo está, pero es complicado… él da la impresión de no quererla y yo supuse que podría…- comenzó él pero se interrumpió enseguida, clavando sus ojos de nuevo en el camino.

- Soy tan idiota.- aseguró el hombre de cabello negro y Mary lo miró con algo de pena, algo le decía que ella solo había jugado con él, pero siempre limpio.

- Todos nos equivocamos, Ryu… ya llegará la correcta.- le aseguró, antes de comenzar a ver luces e internarse en la jungla de asfalto llamada "civilización".

- Muchísimas gracias, de no ser por usted no quiero ni pensar que podría haber pasado…- le dijo Mary al bajarse del auto diez minutos después frente al hotel en que se hallaba hospedada, sonriéndole de verdad agradecida.

- Fue un placer ayudarle, cuídese Marion.- le pidió el muchacho, correspondiendo a su sonrisa al despedirse de ella.

- Lo haré, adiós.- se terminó de despedir la chica, haciéndole una señal con la mano en la que llevaba chal y zapatos, antes de dirigirse a la suntuosa entrada de tan elegante hotel.

- Al fin llegué… me lo tengo merecido por confiada.- se dijo a si misma, a manera de regaño, mientras atravesaba el lobby totalmente iluminado y se dirigía hacia la recepción.

- Señorita Marion, hasta que aparece.- una hermosa muchacha morena de ojos rasgados le salió al paso de inmediato, se le veía algo preocupada, aunque al imaginarse el estado lamentable en el que seguramente se encontraba, Mary no dudaba del por qué.

- Han preguntado tres veces por usted en la última hora.- musitó la chica siguiéndola hacia los ascensores, que estaban a un costado de la recepción. Mary le miró extrañada.

- ¿Quién?- preguntó sin dudar, justo en el momento que se escuchaba a un teléfono repicar.

- Ahí está otra vez.- dijo la chica que le acompañaba, señalando el ruidoso aparato que su compañera en la recepción del hotel ya contestaba.

- Aló… eh, si…- habló dubitativamente la muchacha, que había levantado el auricular… Mary le hizo una seña con la que le preguntó si era para ella, por lo que la chica asintió y entonces la rubia le dio a entender que indagara sobre la identidad de la persona que llamaba, sin mediar palabra.

- Digo, un momento… Perdón, ¿cómo dijo que se llamaba?- le escuchó decir a la recepcionista.

- Asakura Hao…- repitió el nombre en voz alta la mujer, para que Marion que ya se hallaba frente a ella pudiera escuchar sin ningún problema.

La ira comenzó a formarse de nuevo en el interior de la hermosa rubia de ojos verdes, con la sola mención de su nombre, por lo que le dio a entender a la muchacha con gestos y palabras que no llegaron a ser pronunciadas, que no la pasara al teléfono.

- No señor, la señorita Phauna aun no aparece.- respondió la chica con firmeza, luego de que entendiera lo que quería la mujer frente a ella.

- Como no señor, a sus ordenes.- terminó de decir la recepcionista, indicando el fin de la llamada antes de colgar el teléfono.

- ¿Cuántas veces dijiste que ha llamado?- le interrogó entonces, la mujer vestida de rojo.

- Con esta van 4 veces, eh… esta vez sonaba algo preocupado.- agregó la muchacha, luego de que su compañera tomara su lugar también tras la recepción.

- ¿De verdad?, pues me alegra.- espetó la mujer con algo de dureza, haciendo que su melodiosa voz sonara algo ronca.

- Muchas gracias. Si vuelve a llamar, tú sigue negándome.- ordenó la chica y sin más, se alejó lentamente hacia los ascensores.

- Como usted desee, señorita.- se sintió en la obligación de responder la otra.

- Hasta mañana.- se despidió Mary regalándoles una sonrisa, antes de cerrar el ascensor en el que ya se había adentrado.

-SK-

Anna descansaba acomodada entre los brazos de su apuesto y moreno esposo, no podía negar que era allí donde mejor se encontraba, luego de que aceptara viajar a Japón y hacer todo lo que había prometido hacer a Yohmei. Aun cuando al principio Yoh y ella se llevaban de la patada, aun cuando su rechazo hacia ella no podía ser más evidente y aun cuando ella sabía que había sido orillado a casarse en contra de su voluntad, en ese momento no se cambiaba por nadie, era en aquellos momentos que vivía con él… cuando hablaban y se sinceraban o cuando simplemente se dejaban llevar por sus impulsos y bajas pasiones en los que mejor se sentía. Él era lo único que necesitaba para olvidarse del mundo, de esa casa y de la multitud de problemas que amenazaban por acabar con su férrea voluntad, con su orgullo, con ella.

- Yoh… no te llegas ni a imaginar todo el bien que me haces…- declaró sin saber porque lo hacía.

- Debo empezar a cuidarme, si no quiero enredarme la vida. Te estás convirtiendo en algo así, como mi dosis personal.- continuó la rubia, ahogando una risita al pensar que le estaba comparando con una droga. Pero es que en el fondo ella sabía, conocía a la perfección lo peligrosa que podía llegar a ser ese tipo de situación.

- Aquello que necesito para sentirme en paz, tranquila…- musitó lo último en un hilito de voz, ¿realmente ese chico era tan importante en su vida?, ¿de verdad sentía todo lo que le estaba diciendo?, ¿y si se equivocaba?, ¿y si él llegaba a pensar que ella podría llegar a sentir algo más hacia él?... ¡Diablos!, ¿acaso estaba perdiendo la razón?

- ¿Yoh?, ¿Yoh, me estás escuchando?- preguntó con cautela, dándose vuelta y levantando la cabeza para mirar el rostro de su esposo, que yacía rendido mientras le abrazaba por la espalda.

- Mejor… ya comenzaba a decir puras estupideces.- reconoció en voz alta la rubia, luego de constatar el estado de su moreno esposo, para luego acomodarse y permitirse disfrutar del roce de su piel desnuda contra la suya, allí encerrada entre aquellos fuertes brazos.

-SK-

- ¿Señora Anna?- Anna levantó la mirada negra de los documentos que releía, al escuchar la ya familiar voz de su secretaria en Asakura & Asoc.

- Dime…- le instó a hablar la rubia.

- La buscan… Adelante señorita Phauna.- indicó la mujer, quien esperaba con la puerta entreabierta, cediéndole el paso a una hermosa y deslumbrante rubia de ojos verdes, vestida sobriamente con un pantalón negro con delgadas rayas blancas verticales y de talle alto que le quedaba a la perfección, camisa blanca mangas largas y un chaleco a juego.

- Gracias.- dijo la recién llegada, dirigiéndose a la secretaria quien se encargaba ya de cerrar la puerta.

- Llevo 3 días esperando tu visita.- fue la bienvenida que le dio la otra rubia, indicándole una de las sillas frente al escritorio.

- Se nota, tu secretaria me hizo pasar de inmediato apenas le di mi nombre.- respondió tranquilamente Marion, tomando asiento frente a ella.

- He intentado localizarte, te he llamado al hotel pero nunca estás y el celular aparece como desconectado.- le informó Anna con voz gélida, que en ella sonaba bastante normal.

- ¿De quien te escondes?- preguntó entonces, pero el interrogante quedó en el aire en el momento que la puerta de la oficina se escuchó abrirse.

- Anna… disculpa, no sabía que estabas ocupada.- la voz de Hao Asakura llenó el lugar, por lo que la rubia de ojos negros volcó en él toda su atención, interrogándolo con la mirada.

- Len está al teléfono, pregunta por ti.- explicó el castaño, el motivo por el cual se atrevió a irrumpir de aquella forma en la oficina de su bella cuñada.

- ¿Dónde?- preguntó la chica, bastante interesada en hablar con el chino.

- En mi oficina.- dijo Hao, clavando por un segundo los ojos en la otra mujer que se hallaba sumida en total silencio y con la mirada puesta exclusivamente en Anna.

- Permíteme un minuto, Sirena.- solicitó la de los ojos negros, disponiéndose a salir del lugar.

- Adelante.- fue la respuesta que le dio la otra rubia, sin parecer inmutarse ante la presencia del mayor de los Asakura.

Anna salió por la puerta de la oficina que Hao aun mantenía entreabierta y se dispuso a dirigirse a la oficina de éste para atender la llamada de Len, dejando solos a Hao y a Mary, momento que el primero aprovechó para acercarse a la chica, quien seguía allí sentada como si no se percatara de su presencia.

- Así que, estás viva después de todo.- casi le ronroneó el joven al oído, al acercarse por detrás.

- Mejor suerte para la próxima.- comentó esta, con total desinterés, inalterable, mirando siempre al frente.

- En el hotel dicen que ya no te tienen registrada como huésped.- le comunicó Hao de la misma forma en que lo había hecho antes.

- Entonces, así debe ser.- sentenció Marion, sin gastarse en él ni una sola de sus miradas, antes de que ambos cayeran en un silencio pesado, que duró alrededor de cinco largos minutos y que él se encargó de romper.

- Vaya economía de palabras. Supongo que ya se te quitaron las ganas de disfrutar de mi compañía, ¿no es así, Sirenita?- comentó él con aires de inocencia, que ella jamás creería, para apoyarse en una esquina del escritorio logrando así, clavar en ella su castaña y burlona mirada.

- ¿Tienes más billetes de un dólar en los bolsillos?, creo que me faltan 19 para el taxi.- exclamó Mary "La Sirena" con acidez extrema, mirándole por primera vez desde que entrara a la habitación, en una clara expresión de desafío.

- Eres buena, pero yo soy mejor.- le aclaró el inquietante muchacho moreno y guapo, peligrosamente cerca al rostro de la chica, cuyo semblante era inmutable.

- Hao… gracias, ¿algo más?- declaró Anna, al entrar ruidosamente a la oficina donde su cuñado se había quedado para hacerle compañía a su visitante mientras ella regresaba.

- No, está todo bien.- resolvió el interrogante de la rubia de ojos negros, que acaba de llegar.

- Hasta luego señorita Phauna, espero que nos honre nuevamente con su visita.- se despidió el muchacho, desempeñando supremamente bien su papel de caballero.

- Muy amable de su parte, señor Asakura… pero dejo Japón esta misma noche.- comentó de manera casual Marion, sin dejar nada en evidencia.

- No puede ser. Espero que por lo menos se haya llevado una buena impresión de nuestro país.- le hizo saber con tal cinismo Hao, que Mary no pudo más que dirigirle una de sus más bellas y calculadas sonrisas para corresponder a ese gesto "tan" gentil de su parte.

- La mejor, no lo dude. Me saluda a su madre y a su prima, por favor.- pidió la chica con tranquilidad forzada, pues pensaba que ese tipo era de lo peor, pero sabía que no debía darle el gusto de verla retorcerse de la rabia por su culpa.

- Como guste, señorita.- acabó él con suma amabilidad, que a Anna le parecía exagerada.

- Permiso Anna.- dijo y se dirigió a la puerta, por la que salió rápidamente.

- ¿Por qué te vas tan rápido?, dijiste que te ibas a quedar mínimo una semana.- le recordó Anna, recorriendo el camino que le llevaba hasta su escritorio, quedándose de pie tras él, mirando fijamente a Mary, quien parecía más seria que de costumbre.

- Mis problemas son los que menos te importan, Anna. No nos hagamos las tontas.- la sorprendió Marion con aquella aseveración.

- Uy… ¿por qué tan ruda de pronto?- se limitó a preguntarle, ¿acaso Hao le había hecho pasar un mal rato?, porque la actitud de ambos al despedirse, le había resultado algo curiosa.

- Dijiste que querías hablar.- sentenció la otra rubia, que seguía sentada y le devolvía ahora la mirada a Anna.

- Y así es…- comenzó a decir la nueva dueña de Asakura & Asoc., pero se vio interrumpida.

¿Qué te parece si comienzo yo?…- solicitó, sin darle espacio a responder.

- ¿Quién es Liserg Diethel?- preguntó de una forma tan directa Mary, que Anna por poco queda sin habla y es que nunca pensó que en realidad la chica de ojos verdes sospechara que ella lo conocía.

- El novio de Pilika, según me dijiste.- contestó Anna, poniendo especial cuidado en que su voz sonara igual que siempre.

- ¿No me piensas contar, cierto?- preguntó "La Sirena" mirándole directamente a los ojos, con claro desafío.

- No tengo nada que contar.- contestó la chica con resolución y seguridad, como siempre. Sin embargo Mary no le creyó en lo absoluto y Anna se dio cuenta por lo que cambió el tema instantáneamente.

- Además el tema del que quiero que hablemos, no tiene nada que ver con Pilika ni con su "novio".- le comunicó con frialdad, a lo que Mary parpadeó fingiendo perplejidad.

- ¿Ah no?... ¿de qué quiere hablar la princesa?- preguntó con sarcasmo marcado, que Anna optó por ignorar.

- La princesa quiere hablar sobre tu nuevo galán.- declaró Anna sin más, Mary no demostró sorpresa alguna, lo que de cierta manera le preocupó.

- Tengo entendido que estás saliendo con un actor de cine, bastante famoso, llamado…- su explicación se quedó inconclusa, ya que Mary volvió a interrumpirla.

- Lee Bruce Long.- pronunció agriamente el nombre del hombre con el que salía, según Anna.

- Exacto. Mary… ¿sabes que está comprometido hace varios años ya?- Anna se limitó a comentarle, con la fría tranquilidad de la que hacía gala.

- Sí, con Jun Tao.- musitó Marion y Anna no pudo hacer otra cosa diferente a sorprenderse.

- ¿Crees que eres la única mujer con cerebro que existe, Anna?, yo sé bien con quien me meto.- terció Mary con voz glacial, sin dejar de mirarla.

- Bien, como ya lo sabías, no me andaré con rodeos.- declaró rápidamente la rubia de ojos negros, recuperándose lo más pronto posible del asombro que le había causado escuchar lo del compromiso entre el tal Lee Bruce Long y Jun, de boca de Mary.

- Quiero que lo dejes libre, para que se case con Jun.- expresó Anna sus deseos ante la otra chica, quien enseguida sonrió amargamente.

- Ay Anna, si yo no lo tengo amarrado.- aclaró la italiana, poniéndose en pie de inmediato.

- ¿Por qué todos ustedes tienen la errada idea, de que yo encadeno hombres a los barrotes de mi cama?- preguntó con sorna, apartándose un poco del lugar donde antes había permanecido sentada.

- Te lo estoy pidiendo como un favor personal, Mary.- se volvió a escuchar la voz de Anna llenar la estancia, a la que le precedieron unos cuantos minutos de silencio, antes de que la otra rubia volviera a hacer uso de la palabra.

- Lee volverá con Jun cuando lo crea conveniente, y lo hará estando yo o no, en escena.- sentenció ella con una seguridad envidiable, una seguridad que Anna no tenía con respecto a ese asunto.

- ¿Sabes por qué, Anna?... porque la ama.- recitó cansinamente ella, volviendo a clavar sus maravillosos ojos en su interlocutora.

- ¿Estás segura de eso?- preguntó la dueña de la oficina, pues ella si dudaba… no conocía a Lee Bruce Long.

- Completamente.- le increpó Marion Phauna.

- Por otro lado… tú no me tienes confianza, y aun así te atreves a pedirme "favores personales".- dijo ella, asegurándose de hacerle ver la ironía.

- De grande quiero ser como tú, Annita.- expuso la chica en un tono que Anna comprendió, pero que no le gustó para nada.

- Liserg Diethel es una persona de mi pasado. De un pasado que quiero enterrar, y del que no estoy dispuesta a hablar…- le informó Anna logrando que la voz no se le quebrara al pronunciar el nombre del inglés.

- Ni contigo, ni con Horo, ni con nadie.- terminó de decirle Anna, encarándola al llegar junto a ella, sosteniendo la verde y extraña mirada de la que era dueña Marion.

- De acuerdo no me digas nada a mí, pero por la forma como te vi temblar con la sola mención de su nombre, creo que por lo menos deberías hablar con Pilika.- le aconsejó la muchacha con severidad, totalmente consciente de que Anna no le había pedido consejo alguno.

- Píensalo Anna, solo con ella.- volvió a insistir la joven, antes de abandonar aquella estancia dejando atrás a una pensativa mujer, que solo permanecía serena en apariencia.

-SK-

Esa misma tarde, luego de la visita de Marion y casi a punto de terminar la jornada laboral, Anna llegó por sí misma a una conclusión, tal vez había llegado la hora de enfrentar a los fantasmas de su pasado.

- Aquí están los documentos que le envía el jefe de recursos humanos.- dijo su secretaria, tendiéndole una gran carpeta gris.

- Gracias…- musitó Anna con lentitud.

- Con su permiso, señora…- se despidió su secretaria.

- Este…- Anna dudó sobre exactamente que debía decirle.

- Dígame.- pidió la mujer, girándose a verla.

- ¿Conoces el número de alguna aerolínea?- se obligó a sí misma a hablar, observando como la mujer le dedicaba una sonrisa.

- Por supuesto, la que utiliza siempre la empresa.- comunicó con calma.

- Necesito que me reserves un tiquete, para el viernes de la próxima semana.- ordenó Anna con mayor resolución en su voz esta vez.

- Muy bien, señora. ¿Cuál es el destino?- preguntó la secretaria, anotando la información en una pequeña libreta.

- Roma, Italia.- la voz de Anna no reflejaba en lo absoluto todo el revuelo que se había armado en su interior, ante el inminente enfrentamiento con su pasado y la conversación futura que había decidido tener con su mejor amiga.

Mary tenía razón, por lo menos debía hablar con Pilika.


Notas de la Autora

Hola a todos, ¡sí, volví a aparecer con otra actualización jejeje!

Bueno en primer lugar, este año he tenido muchísimos inconvenientes y pues no había podido subir este capitulo, a pesar de tenerlo casi listo hace mucho tiempo, espero que les guste.

Respondo reviews cap 18:

Kamimura: Bueno me alegra de que ordenaras tus prioridades nena, y me alegra que te haya gustado el fic y este capitulo. También tengo tiempo sin verte, desde el día de la broma de la boda, jajaja! (solo así aparecen, caray). Un beso, yo también te extraño.

Ire yamichii: sí, tarde muchísimo y bueno tampoco hubo RenxTamao pero ya habrá más de esa parejita que tanto te gusta, tranquila, lo prometo. Jajaja, a mí tampoco me convence para nada esa conversación, pero bueno ahí vamos poco a poco… por ahora no hay bebé, pero después quien sabe.

Minamo:jajaja, exacto… demasiado sexo, te entiendo, pero te doy un consejo, cuando no puedas leer algo así, copialo y cambia el formato, resulta más fácil. Y yo sigo, yo sigo…

Priss: Bueno, eso realmente sucede, ellos se atraen mucho y en este capitulo queda claro, y sí yo te entiendo… es difícil decidir la pareja, o más bien fue difícil porque ya está más que decidida. Bueno… gracias por todo, ja ne!

*PiPOcHi*: eh… sí, Yoh algo siente por Anna, ¡lo lamento!, chao.

. · ! * ] : Gracias por leer, de veras… y pues estoy de acuerdo sus vidas son bien enredadas, y aquí está la actualización.

Cheza A-Sakura: Muy fuerte eso que hiciste de leerlo en un día, yo escribo mucho, jajaja. De igual forma te agradezco el interés.

. · ! ] *: Lo siento de verdad, te juro que lo intento… pero es que no puedo cumplir con lo de la rapidez en las actualizaciones, y pues lo hago únicamente cuando dispongo de tiempo. Has leído otros fics míos, ¿cuáles?

Kaon-Sama: no creo que leas esto Joanna, no sé nada de ti hace años… pero bueno igual responderé a tu review, pues sip, lo acepto escribo muxo, y también acepto que me demoro con las actualizaciones y también sé que odias el YohxAnna, pero bueno ni modo, tenía que hacerlo o me linchaban… jajaja, con lo del apellido "falso" de Ryu, debo decir que no sé… escribí lo primero que se pasó por la mente, de todas formas era falso. Jajaja…. Tranquila, no hay bebés a la vista por ahora.

Yo: Diossssss, so sorry!

Makka'z: sip, tienes razón…. Bueno aquí está la actualización, si aun la quieres.

G K Evans: En lo de Erick y lo del muñeco no puedo estar más de acuerdo, yo siempre te dije que el muñequito oriental tenía que salir de escena, Erick es divino, súper buena gente… pero sé que tienes los ojos puesto en otra personita, en fin… tú no me puedes decir nada, tú tampoco actualizas y además ni me dejas reviews… pero espero que leas esto, por lo menos… adiós hija mía.

Camilein: Yo diría que más… ToT.

Annita-fic: Si, yo amo la vida… por eso acá están las actualizaciones, aunque tardara… no sé que decir, por supuesto que los reviews motivan, dejen más… jejeje! Continua tu fic, piensa que siempre harás feliz por lo menos a alguien con él… un beso!

Lia Felton: Oh, así me siento… me alegra que te guste el fic y pues bueno, acá esta la actualización. Gracias por todo!

Grimi: A lo mejor te cumplo los tres deseos… un beso.

Respondo reviews cap 19:

Ire yamichii: Gracias por los buenos deseos, haré lo mejor que pueda para complacer los deseos de los seguidores de este fic tan especial, bueno me alegra que te gustara la corta aparición de tu pareja favorita y pues ya habrá más, de nuevo te lo prometo.

Ichi: Oh, yo también lo pensé así… espero poder seguir llenando las expectativas, en fin… Gracias por leer y pues Hanna… oh, que gran misterio!

Monkey D. Nami: Oh, muchísimas gracias el honor me lo hacen ustedes a mí, al leer mis historias y dejar un review… de veras gracias. Realmente una gran hazaña que casi siempre tengo que hacer yo, cada vez que me propongo actualizar para no omitir ningún detalle que pueda se relevante en la historia y casi termino con dolor de cabeza, te admiro… jejeje. Besos para ti también, mil gracias…

Anna Asakura: Bueno, acepto que Anna si es algo cruel con mi Haito, yo también amo el HaoxAnna y me encanta la relación de Hao y Matty, solo como amigos. Gracias por el review.

Itako no Nardi: Ummm gracias por perdonarme, a mi también me gusta como escribes... eres buena. No tendrás que imaginarte un final, te lo prometo… al menos si Dios me lo permite lo terminaré. Bueno, no puedo dar detalles del por qué… más adelante lo sabrán, lo prometo. PD: creo que prometo demasiado, jejeje… cuídate.

Makka'z: Creo que no fue tu primer review, y me alegro de que te haya gustado el capitulo anterior. Si merece continuación el fic, lo sé… y la tendrá, lo acabaré…es lo justo, con ustedes y conmigo, porque si no me quedaré frustrada. ¡Uy si, supe chiquitos, mis capítulos!… tengo que alargarlos más. Entre más exigentes se me pongan mejor… eso me sirve para mejorar mi escritura, gracias por el apoyo.

Mesic: bueno la verdad es que esta gente tiene una vida bastante agitada y enredada, son demasiados líos amorosos y de todo tipo. Anna está llena de problemas, pero algunos también se los busca ella solita. Ella tiene candidatos de sobra, pero se encargó de irlos alejando poco a poco y pues ahora le toca lidiar con las consecuencias. Ella sigue siendo Anna Kyouyamma, la misma mujer autoritaria y fría, la que se hace respetar y manda… solo que bueno, ella también es humana y como tal, a veces le toca sufrir un poquito, no?

LOVEHAO: Gracias, me imagino la perdida que te diste, más con eso de que entras a la pagina de vez en cuando… pero de verdad me alegra que te haya gustado el capitulo, amiga. Horo es divino, aunque no creo que sea para ella…. En fin, muchísimas gracias por todos tus buenos deseos y espero que tu también estés cosechando grandes éxitos en tu vida, lupita. Un beso.

Annita-fic: uu… lo siento, no quise demorarme tanto, pero no pude hacerlo antes… de igual forma aquí está la actualización.

Annasak2: No sabes lo mucho que me alegra que te guste el fic, me fascina cuando la gente me hace saber eso, porque precisamente es lo que me permite no dejar de continuar ninguna de mis historias, odio dejar las cosas inconclusas… muchas gracias, tu también cuídate.

Viulda: Bueno Nataly la verdad es que tienes razón, Anna aquí es una mujer muy liberada, decidida e inteligente… es diferente de la Anna de otros fics, pero es así como necesitaba que fuera, pues de Yoh también me gustó el cambio que le hice, los personajes han pasado por muchas cosas que justifican sus cambios de ánimo y hasta alguna que otra variación en sus personalidades. Ah… esta vez no sé que decir ante tu petición, mejor veamos lo que pasa y me dices que te parece. Ok, nos estamos leyendo… un beso.

Me gustaría agradecer a todos los que todavía siguen al pendiente de este fic, de veras es importante para mi que lo lean y que me dejen un review con su opinión de vez en cuando, de igual forma si han perdido el interés en el fic, pues no les culpo… aun así lo seguiré.

Alguien una vez me dijo en un review lo siguiente: "Mientras hagas feliz a una sola persona con tus escritos, vale la pena continuarlos", yo estoy completamente de acuerdo, muchísimas gracias por todo.

Darla Asakura