ENTERRANDO EL PASADO
By DARLA ASAKURA
CAPITULO XXI
UNA MIRADA HACIA ATRÁS
Una joven menuda de hermosos cabellos escarlatas bajó apresurada las grandes escaleras que llevaban a la segunda planta de aquella gran mansión, cruzó rápidamente el recibidor y se encontró con una mujer seria, que le saludó de una forma bastante formal.
Señorita Matilda, su taxi ya llegó. – le informó Kanna, ama de llaves de la mansión.
Muchas gracias, Kanna. – respondió amablemente Matty.
¿Vas a salir? – la voz del Usui, le detuvo por instante, en el que ella vaciló frente a la puerta principal.
Así es, debo hablar con Chuck. – se encargó de hacerle saber, con total resolución en la voz. No permitiría que volvieran a tomar decisiones por ella.
Te acompaño. – soltó él, saliendo tras ella antes que pudiera impedírselo.
No. – exclamó de forma seca, sin siquiera voltear a verlo mientras se acercaba al taxi parqueado frente a la casa.
Es peligroso que salgas sola. – murmuró él, restándole importancia a los deseos de Matilda.
Lo siento, Horokeu… pero no estoy acostumbrada a tener guardaespaldas. – dijo ella sin reparos, rodeando el auto para abrir la puerta.
Me tiene sin cuidado, yo voy. – expresó él en voz alta su decisión, abriendo la puerta del taxi y entrando de inmediato al automotor.
Matilda Matisse maldijo en voz baja, aferrando con fuerza la manija de la puerta que aun mantenía entreabierta y miró al cielo suspirando, antes de rendirse y entrar también.
¿Sabes que eres un fastidio? – le espetó, dejando claro su reciente mal humor.
Sí, y si mal no recuerdo yo pensaba lo mismo de ti, así que estamos a mano. – le comunicó el alto chico de cabellos azules y ojos oscuros, regalándole una sonrisita burlona, que molestó más a la muchacha pelirroja.
¿Por qué insistes en poner distancia entre nosotros? – se animó a preguntarle luego de que ésta se encargara de darle las indicaciones al chofer del taxi.
Porque ya no estoy tan "desorientada" y las cosas que han sucedido últimamente me han hecho entender que tú y yo vamos en direcciones contrarias. – declaró ella sin darle más vueltas a aquel asunto, de igual forma algo le decía que si no le respondía, Horokeu no le dejaría en paz durante todo el viaje.
¿Es por Anna?...- el chico formuló la pregunta con cautela, mirando a la mujer que seguía callada de reojo.
Ya te dije lo que pienso, Matty. – indicó él con un tono demasiado tranquilo.
Matty se volteó para encararlo, ya estaba cansada de que Hao y él se inmiscuyeran en su vida. Además porque siempre asumía que todo tenía que ver con Anna, es que para él todo tenía que girar en torno a ella.
Te equivocas, ella no tiene nada que ver. Es por mí, y por ti…- intentó aclarar ella, para ver si de una buena vez, lograba hacerle comprender.
¿Vas a volver con lo mismo? – le cortó de tajo Horo, devolviéndole la mirada con igual intensidad.
Si lo hago es porque no has querido entender que te quiero en perfecto estado de salud y lejos de mí, ¿por qué es tan difícil de entender eso? – musitó ella con un tono de voz bastante normal, Horo se relajó.
¿Te gustaría que volviera a Italia? – le preguntó calmado, pero sin quitarle los ojos de encima a la chica.
Tal como están las cosas, pienso que es lo mejor que podrías hacer. – concordó ella, al parecer había logrado que el chico del norte finalmente entendiera.
Pues no, no pienso hacerlo hasta que tenga la certeza que estarás bien. – resolvió el muchacho, mirándola de una forma que ella catalogó de desconcertante, al tiempo que sus labios se curvaban en una dulce sonrisa.
Ya te dije que no te necesito. – replicó ella ácidamente, clavando su mirada al frente para dejar de mirarlo.
Por favor, no me tomes como excusa para quedarte más tiempo en Japón. – le pidió la chica, en voz muy baja, pues no quería llamar más la atención del hombre moreno que manejaba el auto y quien los observaba atentamente por el espejo retrovisor.
Si piensas que eres una excusa, entonces no hay nada más que hablar. Es obvio que no te voy a convencer, pero de igual forma me quedaré. – le aseguró el muchacho con el que compartía la parte trasera de aquel taxi.
Eres más terco que una mula. – declaró la muchacha, dejando ver un poco del enojo que el comportamiento protector de Horo para con ella, le había hecho acumular.
-SK-
¿Es cierto que mañana te vas a Italia? – la pregunta de su esposo al entrar a su oficina, hizo posible que Anna saliera de su trance. Segundos atrás había estado muy metida en sus pensamientos, planeando la mejor forma de hacerle saber a Pilika lo que Liserg significaba en su vida, la importancia que había tenido para ella en el pasado.
¿Cómo lo supiste? – fue lo único que se le ocurrió para responder.
Tu secretaria salió un momento, así que yo tomé la llamada de la aerolínea para confirmar tu vuelo. – comentó él, caminando hasta quedar frente a frente con ella.
Se los iba a comunicar a todos, durante la cena de hoy. – exclamó Anna, clavando en él sus maravillosos ojos negros.
¿Cuánto tiempo estarás fuera? – preguntó el chico con un tono de voz bastante serio, manteniéndose aun de pie frente al escritorio de ella.
No lo sé, Yoh. Lo más seguro es que sea solo por el fin de semana. – musitó ella con una tranquilidad que distaba de poseer. Yoh pareció relajarse lo suficiente como para sentarse, Anna seguía observándolo, había algo en la actitud de su esposo que estaba pasando por alto, pero no tenía idea de que era.
¿Puedo preguntar a qué vas? – murmuró el castaño.
Tengo negocios pendientes, y un pequeño asuntito que debo resolver. – le dijo Anna, no queriendo ahondar en detalles, no estaba segura que sincerarse con Yoh respecto a lo que sucedía con Pilika y su adorado novio, que algún día fue también el suyo, fuese buena idea. De hecho algo le decía que no debía hacerlo, no por el momento.
Espero que te vaya bien entonces. – Le dijo el chico con total sinceridad.
Yo también, ¿nos vamos? – le convidó ella, poniéndose en pie después de recoger su bolso de mano.
Después de ti. – dijo el moreno, imitándola, antes de escoltarla hacia la puerta.
Al llegar a la casa, Kanna salió a su encuentro como era lo habitual, saludándoles con una sonrisa formal.
Buenas. – exclamó Anna, correspondiéndole el gesto al ama de llaves.
Adelante. – musitó Yoh, sosteniendo la puerta para que la rubia pasara al interior de la gran casa que habitaban.
¿Está lista la cena? – preguntó la dueña del imperio Asakura, a la mujer de cabello azul.
Sí, ya todos están en el comedor. El señor Hao llegó hace un rato. – respondió la aludida de inmediato, Anna e Yoh intercambiaron una mirada de complicidad.
Que conveniente. – declaró el castaño, cuando se dirigía en compañía de su esposa hacia el comedor, luego de entregarle a Kanna el portafolio de Anna para que lo llevara al estudio.
Ni mandado a hacer. – respondió a su vez, la hermosa rubia de ojos negros, cuya cabeza estaba todavía puesta en los problemas a los que se enfrentaría apenas pisara suelo italiano.
Buenas noches. – saludó Yoh apenas hubo entrado al comedor, fijando la vista en el lugar que ocupaba su hermano mayor en la mesa.
Hao que bueno verte aquí. – Comunicó Anna con afecto notorio, que todos quisieron convenientemente dejar pasar.
Me tomé el atrevimiento de venir sin avisar, quería ver a mamá. – explicó su presencia, el moreno sentado a la mesa.
Espero no incomodar. – agregó de inmediato, clavando sus hermosos ojos castaños en su hermano menor.
Por favor, hermano. Estás en tu casa. – respondió Yoh, sin querer discernir mucho sobre el significado oculto en aquellas palabras.
Gracias Yoh. – murmuró su gemelo, de forma un poco áspera.
Me alegro de encontrarlos a todos reunidos, porque debo comunicarles unas cuantas decisiones a las que he llegado. – dijo Anna sin querer prolongar más la conversación que tenía pendiente con el resto de la familia que ahora lideraba.
¿De qué se trata? – expresó Jun su curiosidad en voz alta.
Estamos para escucharte. – la secundó Keiko, ganándose la atención de todos por un instante.
Horokeu se levantó enseguida como si las palabras de la señora Asakura, hubieran activado un secreto gatillo en su mente, Matty le imitó en el acto sin pensarlo dos veces, clavando sus hermosos ojos violetas en la rubia que les miraba extrañada.
Creo que Matty y yo mejor nos retiramos, no somos parte de esta familia y esto parece ser algo privado. – Horo habló por los dos, tomando a la chica de la mano para guiarla hacia la puerta que daba al salón de estar.
No, Horo, Matilda… quédense por favor. Me gustaría que estuvieran presentes. – dijo Anna, deteniendo el avance de su amigo y la pelirroja.
De acuerdo, Anna. – aceptó Horo sin más, a lo que Matty lo miró de una manera que dejaba claro su desacuerdo, aun así volvió a su lugar en la mesa.
Yoh ya lo sabe. – comenzó Anna cuando estuvo segura que tenía la atención de todos en la estancia.
Por supuesto. – Todas las miradas cayeron en Hao sin excepción, al escucharle emitir esas dos palabras.
Digo… es tu esposo, ¿no? – aseveró con aires de inocencia, que aun cuando él no era Yoh representaba muy bien.
Viajo mañana a Italia. – Comentó Anna de manera casi casual, acabando de una vez con la tensión acumulada.
¿Pasa algo?, ¿Pilika…? – la reacción del Usui no se hizo esperar.
Pilika está bien, por lo menos eso creo. – declaró Anna inmediatamente, para apaciguar a su amigo del norte, quien la miraba como si no le creyera por completo.
Sin embargo, quiero asegurarme que todo marche correctamente. – le aseguró la rubia, para ver si con esa explicación lograba tranquilizarlo.
La visita de Marion te dejó con dudas... – fue más una aseveración que una pregunta, Anna dejó de mirarlo y clavó su mirada en Hao quien no le quitaba la vista de encima, por lo que se arrepintió enseguida, volviendo a mirar a Horo-Horo.
Yo no dudo de las capacidades de tu hermana para manejar los negocios, pero a veces los deseos del corazón te nublan la razón. – le indicó ella, no muy segura de si el chico de Hokkaido le creería o no.
Y como tú todavía tienes cosas que hacer aquí, tendré que ir yo… - acabó de resolver sus dudas finalmente la rubia, lo supo cuando lo vio relajarse un poco.
Vete tranquila, sobreviviremos sin ti. – espetó Hao bruscamente.
Lo sé, Hao. – murmuró Anna, con los dientes apretados. Le costaba creer que alguien como Hao se dejara vencer tan fácilmente por los celos.
Serán si acaso un par de días, pero quiero que sepan que las cosas aquí cambiarán de forma radical a mi regreso. – dijo ella lenta y claramente para que no les quedara ninguna duda de que así sería.
¿Qué quieres decir? – preguntó el castaño de cabello largo, sin dejar de observarla.
Quiero decir que cada uno de los miembros de esta familia, deberá actuar como tal y comenzar a apersonarse del patrimonio que logró reunir Yohmei en vida. – aclaró Anna su posición, ganándose una inquietante mirada por parte de Horo y Matty, quienes no parecían entender nada en lo absoluto, pero fue Yoh el primero en salir del shock general que sus palabras causaron.
¿De qué estás hablando exactamente?, ¿acaso no lo estamos haciendo ya? – preguntó el moreno, que todavía se hallaba de pie a su lado y a quienes las palabras de ella tomaron por sorpresa.
No estoy hablando solamente de Len, de Hao y de ti, Yoh. – aseveró la rubia con voz natural, mirándole.
¿Ah no? – musitó Hao, dirigiéndole su más especulativa mirada.
Lo que pertenece a los Asakura, debe ser manejado por los Asakura, y eso incluye a Tamao, a Jun y por supuesto a usted, señora Keiko. – dejó claro la chica, centrándose en su suegra por un momento.
Insinúas que nosotras debemos ponernos a trabajar. – dijo Keiko Asakura de una manera mecánica.
No lo estoy insinuando, lo estoy diciendo.- concluyó su nuera, demostrando con su actitud que aquella era una decisión tomada con mucha antelación.
Anna sabía de sobra que su suegrita no estaría para nada de acuerdo con lo que ella proponía, pero también sabía que no podría negarse, no cuando de ella dependía que Yoh se enterara o no, de la forma tan vil en que conspiró junto a Jun para obligarlo a que consintiera en esa unión desafortunada. Ni Jun ni ella, podrían negarse.
Eso es una tontería, mi madre no tendrá que mover un solo dedo mientras me tenga a mí.- no tardó en explotar el mayor de los gemelos Asakura.
Además nunca lo ha hecho, no sabría por dónde empezar.- lo secundó de inmediato Yoh.
Pues yo no estoy de acuerdo contigo en eso Yoh, tu madre y tu prima poseen un gran potencial que merece ser explotado.- exclamó Anna escondiendo en su voz normal una nota de ironía y la latente amenaza quedó colgada sobre las cabezas de la chica de cabellos verdes y la hermosa mujer mayor, cuyos ojos se agrandaron al escuchar sus palabras.
¿No lo crees así, Jun?- formuló la pregunta con un solo propósito, obtener el resultado que ella deseaba.
Pues por mí no hay problema, pero no creo que Len me lo permita… claro que si lo convences, cuenta conmigo.- Jun era una estratega, así que supo reconocer que no tenía escapatoria, aun cuando esa decisión no iba en contra de sus deseos y estaba segura que de cierta manera, Anna lo sabía.
Pero Jun, tu eres una Tao y las mujeres…- comenzó Keiko, pero sus palabras se apagaron al ver el semblante de sus nuera, que le fulminaba con sus ojos negros.
Sí, lo sabemos. Las mujeres de la familia Tao no trabajan, pero las Asakura si lo harán. – ordenó Anna con un tono de voz que no daba lugar a discusión alguna.
Me hubiera gustado que Len y Tamao estuvieran presentes, así se los hubiera hecho saber personalmente.- terminó de manera tajante.
Bien, pues si ya lo has decidido, quienes somos nosotros para oponernos a que hagas lo que quieras con nuestras vidas. Fue un placer verlos, adiós mamá, cuídate.- declaró Hao con suma hostilidad, regalándole a su mamá un beso en la mejilla y poniéndose en pie de inmediato, para iniciar su camino hacia la salida.
Por lo menos espero contar contigo para que ayudes a Yoh, a mantener las cosas en su lugar durante mi ausencia.- la rubia no estaba dispuesta a ceder, por lo que no mostraría gesto alguno de debilidad que pudieran utilizar luego en su contra, no podía relajarse si tenía pleno conocimiento de que no podía fiarse de nadie, aun.
Me quedaré el fin de semana, ¿contenta?- soltó el muchacho con aspereza, deteniéndose a contestar.
No, pero gracias.- dijo la rubia de ojos negros, utilizando el mismo tono que él.
Matty necesito hablar contigo… a solas.- le pidió Hao a la pelirroja, todavía con la mirada clavada en su cuñada, quien se había convertido en su dulce tormento.
¿Puede esperar a mañana?- preguntó la chica, a quien la pregunta del moreno sobresaltó un poco, se sentía fuera de lugar en esa casa, en esa habitación, en esa familia.
Por supuesto, no hay prisa. – terció éste, mirando ahora a Horo con algo parecido al odio reflejado en sus ojos castaños, antes de salir de comedor cruzándose con Kanna.
Señor Hao… ¿no se queda a cenar?- preguntó la mujer al notar como el chico iba de salida.
Gracias Kanna, pero se me quitó el apetito de golpe. – contestó el chico amablemente.
Nos vemos mañana. – agregó saliendo con dirección a la puerta principal.
-SK-
Anna e Yoh subieron a la habitación que compartían, luego de esa pequeña pero contundente conversación, en la que la chica rubia de ojos negros expuso tranquilamente la última decisión tomada respecto al futuro de su nueva familia.
Sigo sin pensar que sea buena idea Anna, no va a resultar.- le dijo el chico moreno a su esposa, apenas estuvieron solos.
Yo pienso todo lo contrario y te lo voy a demostrar. – respondió ella sin dudas, sentándose sobre la cama.
Bueno, si insistes… tú eres quien manda.- declaró él con un tono de sumisión que a su esposa le extrañó sobremanera, Yoh no era como Hao, pero tampoco tenía nada de sumiso.
¿No estás molesto?- inquirió ella, analizando la postura de él.
¿Por qué habría de estarlo?- preguntó el chico moreno a su vez y clavó sus ojos en los negros de ella.
Anna… ya me acostumbré a la idea de que si tú dices salten, nuestra respuesta debe ser: ¿qué tan alto?- declaró el castaño con convicción, mientras se tiraba de espaldas en la cama, a un lado de ella.
Te puedo asegurar que para todo existe una explicación, pero...- comenzó ella, girándose un poco para observarlo mejor.
Sí, lo sé… la sabré a su debido tiempo.- terminó él la oración de ella, dedicándole una sonrisa dulce.
De todas formas la idea de que mamá trabaje, hasta me asusta.- insistió el muchacho, colocándose las manos cruzadas bajo la nuca y clavando la mirada en el techo.
¿Y eso por qué?- quiso saber Anna.
Pues porque no sabe hacer nada, es solo una advertencia; será a ti a quien le toque asumir las consecuencias de esta decisión.- declaró su esposo, está vez utilizando un tono bastante serio.
Anna lo miró entre extrañada y divertida, exigiendo una explicación al comentario que el chico hiciera.
Mi madre nunca ha tomado una escoba en sus manos, ni para levantarla del suelo. – pronunció solemnemente cada una de sus palabras el moreno, provocando un par de risitas por parte de su acompañante.
Tranquilo Yoh, las funciones que tengo pensadas para que desempeñe tu madre, en nada tienen que ver con escobas.- le confesó ella, aun divertida.
Estoy segura que lo hará tan bien, que le terminará gustando.- dijo está vez con mucha seguridad.
Si tú lo dices.- terció el moreno, ya restándole importancia al asunto.
¿Viste la cara de Jun?, se nota que la idea la emociona bastante, aunque lo intentó disimular.- musitó la rubia en un tono muy bajo, y el chico notó algo de emoción en su voz.
Len tendrá que entender que hay tradiciones que es mejor dejar atrás. – rezó ella con tal resolución, que su esposo no pudo más que admirar.
Eso será difícil, pero si hay alguien que puede lograrlo, esa eres tú, Annita.- declaró él. No era mentira, el chico realmente creía a Anna capaz de lograr cualquier cosa.
Dos golpes en la puerta de la habitación alertaron a ambos, la rubia giró mecánicamente la cabeza hacia el lugar, levantándose luego para ir a atender al extraño visitante, ante la mirada expectante de su marido ya que nadie osaba nunca buscarlos allí, era como si de verdad fueran una pareja de recién casados común y silvestre.
¿Sí?, Horo…- recitó Anna en tono dubitativo, al descubrir a su mejor amigo del otro lado de la puerta, con una expresión que delataba lo mal que le hacía el encontrarse allí.
Lamento molestar, ¿podrías entregarle esto a mi hermana de mi parte?- musitó el ainu quedamente, entregándole a la chica un sobre blanco.
Por supuesto que sí.- siseó Anna tratando de aparentar tranquilidad, pues Horo le había recordado su viaje y la misión casi imposible que debía llevar a cabo, pero era lo mejor, intentó convencerse mentalmente.
Muchas gracias Anna, que descanses...- se despidió velozmente él y sin esperar respuesta alguna se alejó por el pasillo de inmediato.
¿tu amigo?- preguntó Yoh, a quien Anna encontró saliendo del baño.
Sí, quiere que haga de mensajera.- le dijo, mostrándole el sobre que acababa de entregarle Horo.
¿Cómo va tu relación con él?- preguntó el castaño, bastante interesado en conocer la respuesta.
Pues, ahí vamos.- comentó la rubia de ojos negros, con algo de pesadumbre.
¿Aceptas una invitación a dormir?- le propuso el moreno, mientras se colocaba la camisa de la pijama.
¿Solo a dormir?- inquirió ella en un tono de voz insinuante.
Despertarías muy cansada si hacemos algo más, hasta podrías perder el avión.- se regodeó Yoh, tomándola de la cintura para darle un casto besito en los labios.
Ególatra.- afirmó ella en voz alta, para luego esbozar una media sonrisa algo pícara, mientras seguía los movimientos del moreno, quien se dirigía a la cama.
-SK-
Anna Kyouyamma miró una vez más el enorme y lujoso edificio que tenía frente a ella, sabía de sobra lo tenía que hacer, lo había decidido y ella nunca se echaba atrás ante una decisión tomada, pero aun así, aun a sabiendas que era lo mejor, que su amiga debía saber los detalles de su pasado, un pasado que incluía a su actual novio… aun así Anna dudaba. Dudaba porque si Pilika realmente amaba a Liserg entonces su verdad le dolería, dudaba porque no se creía totalmente capaz de herirla, pero no podía dejar que fuese él quien la hiriera.
Hora de enfrentar la verdad.- se dijo a sí misma la rubia, luego de emitir un profundo suspiro y de armarse nuevamente de su valor característico.
Anna… ¿qué haces aquí?- preguntó muy sorprendida la muchacha de largos cabellos azules, al abrir y encontrarse con una Anna que parecía muy seria.
Hola Pilika, ¿puedo pasar?- preguntó la otra enseguida.
Claro, por supuesto… adelante.- declaró la Usui, haciéndose a un lado para dejarle y pasar.
¿Y ese milagro?, pensé que no te vería en mucho tiempo.- dijo la muchacha de Hokkaido después de saludar a su amiga con un beso en la mejilla y un abrazo algo efusivo.
Cosas de la vida, quise saber cómo estabas. Sé que te preocupé la última vez que hablamos. – señaló la rubia, siguiendo a su amiga hacia la sala.
Sí, así es… pero no debiste molestarte, yo estoy muy bien. Horo me dejó un mensaje y escuchar su voz fue un alivio, me siento muchísimo mejor ahora.- le confesó la Usui con una voz que dejaba ver lo feliz que se sentía, después de ofrecerle a la rubia un extremo del sofá.
Me doy cuenta. Sabes… Mary estuvo en Japón.- comentó Anna con suavidad, no debía apresurar las cosas, tal vez lo mejor era cuestionar a Pilika sobre el asunto antes de abordarlo por completo.
¿De verdad?, no lo sabía. ¿Cuándo?- preguntó interesada.
La semana pasada.- le informó la chica.
No tenía idea, supe que salía de viaje... me encontré con su "novio", pero no sabía que iría al Japón.- dijo la muchacha al escuchar el comentario de quien era su socia y mejor amiga.
¿Quieres cenar?- ofreció dirigiéndose hacia la cocina.
No Pili, ya lo he hecho, gracias. – negó la rubia enseguida.
¿Un café entonces? – preguntó de nueva cuenta Pilika, disponiéndose ya a prepararlo.
Está bien. – aceptó Anna, a quien no le apetecía nada en ese momento, pero sin querer hacer participe a su mejor amiga del nudo que tenía en el estómago.
Y, ¿cómo te está yendo con tu nueva vida?, ¿has visto a mi hermano?- le asaltó con preguntas la chica de ojos celestes, desde la cocina.
Sí, lo he visto… últimamente casi todos los días. – contestó Anna.
Ten, ¿cómo es eso?- volvió a arremeter contra ella Pilika, luego de entregarle la taza de café caliente.
Anna se limitó a contarle con todos los pelos y señales lo ocurrido con Horo-Horo, Hao y Matty, sin dejar de pensar en lo mucho que se iba acercando la hora en que tendría que hacer, lo que fue a hacer a Roma.
Así que todo eso sucedió, ¿y cómo es que tu cuñado conoce a mi hermano?- preguntó realmente interesada la otra chica, a quien no le cabía en la cabeza todo lo que su amiga le había contado un instante atrás.
Imagino que por medio de su novia. – casi gruñó Anna, haciendo que Pilika sonriera al notar la desaprobación reflejada en el rostro de la rubia.
Me muero de ganas por conocer a esa chica, quiero ver que tan "especial" es.- soltó la Usui demostrando el verdadero interés que tenía por aquella extraña situación en la que se veía involucrado su hermano, meditó un segundo recordando sus palabras en la grabación.
Pilika, Marion nos dijo que estabas saliendo con alguien, ¿es cierto?- preguntó la chica de una vez por todas, no podía seguir dándole más rodeos al asunto, ella había viajado para poner al tanto a su amiga sobre la identidad de Liserg, aunque creyó haberle contado algo en el pasado, pero ya no estaba segura de nada.
Sí, así es. Pero yo no se lo dije a Mary, no sé cómo pudo enterarse.- admitió Pilika, a quien el comentario por parte de Anna le había tomado totalmente con la guardia baja.
Ya la conoces, ella tiene ese don.- terció la rubia sin más.
Sí.- concordó la Usui.
¿Y… cómo te va con él?- Anna de verdad tenía que hacer un gran esfuerzo para interrogar a su amiga, y más aun sabiendo que no debía dejar notar su creciente interés por conocer el estado actual de la relación que ésta llevaba con su ex prometido.
¿Estás enamorada?- se obligó a sí misma a preguntar, casi ahogándose con la última palabra.
¿Enamorada?, no… que va.- negó Pilika, a lo que Anna suspiró con un alivio que no le demoró ni un segundo.
Enamoradísima es que estoy. – soltó la chica con alegría, se le veía verdaderamente emocionada… y entonces Anna la reconoció, se vio a ella misma reflejada en su amiga, aquel aura de felicidad que irradiaba, esa eterna sonrisa… sabía que era él, ella también lo amó alguna vez, también a ella le había hecho sentir que era capaz de caminar sobre el agua, que podía ser ama y señora de todos los elementos de la madre naturaleza, así se sentía el amar… y amarlo a él era tan fácil.
Ay Anna, si lo conocieras. Es una persona maravillosa, no sé cómo empezar a describirlo.- comenzó a decir la chica del norte de Japón, haciendo pagar a la rubia una penitencia auto impuesta al saber que tendría que escucharla.
Solo hazlo.- terció con voz fría, pero Pilika estaba tan ensimismada pensando en su novio, que pasó por alto aquel cambio en la voz de su amiga.
Su nombre es Liserg Diethel y es inglés. Mi hermano tenía que atender sus inversiones aquí en Italia, pero tú sabes… dejó todo tirado y pues, a mí me tocó hacerme cargo.- explicó la muchacha de cabellos azules, encogiéndose de hombros al recordar las razones que tuvo su hermano mayor para correr al Japón.
Es alto, muy guapo, todo un caballero… me brindó su apoyo cuando más lo necesitaba, por lo que le estaré eternamente agradecida. – decía ella con ensoñación, y Anna solo encontraba verdad en sus palabras, pues así era Liserg… él siempre fue así.
Además es muy dulce, inteligente y tan generoso… ah, y tiene un olfato para los negocios envidiable.- terminó la chica suspirando de amor, clavando sus ojos repentinamente en la figura de su amiga, quien no parecía siquiera estar respirando y que permanecía con los ojos fijos en el liquido humeante de la taza que momentos antes ella le entregara y que no había acercado a sus labios ni una sola vez.
Parece… perfecto.- Anna se obligó a hablar, al sentir la mirada de Pilika sobre ella.
Para mí lo es, Annita. Tiene todo lo que puedo pedir en un hombre, y tiene unos ojos… una manera de mirarte… - exclamó ella, volviendo a emitir un suspiro al evocar aquel par de ojos del color de las esmeraldas.
Y… ¿te quiere?- Dudó Anna al hacer esta pregunta.
Sí, amiga… me quiere. Me lo ha dicho, me lo ha demostrado.- afirmó con seguridad la chica originaria de Hokkaido.
Espera a que lo conozcas, Anna… es que debes conocerlo, te encantará.- transmitió el mensaje con suma emoción, claro que le encantaría, Liserg era como un príncipe que se había escapado de un cuento de hadas.
Ya lo conozco, Pili.- declaró Anna con franqueza, llevándose por primera vez la taza de café a los labios.
¿Qué?, ¿cómo?, ¿dónde?- soltó Pilika los interrogantes, uno tras otro.
Terminé mis estudios en Londres, ¿recuerdas?- atinó a decir Anna, quien aun no estaba segura de cómo abordar el tema de Liserg.
Ay sí, que tonta. Lo había olvidado. – rió por lo bajito, Pilika.
¿Y cómo fue que lo conociste? – preguntó la muchacha, repantigándose aun más en el cómodo sofá, de tal manera que quedó frente a la rubia.
Accidentalmente en un café. Nos dieron las órdenes invertidas. – susurró Anna, tomando otro trago del líquido caliente, pues sentía la garganta seca.
Y tienes razón… él es encantador.- no mentía, si algo debía reconocer era que Liserg tenía miles de cualidades, de no ser así, tal vez ella nunca se hubiese fijado en él…
Tanto, que me enamoré enloquecidamente de él.- dijo la chica y se sorprendió a sí misma, por no sentir dolor alguno al ahondar en sus recuerdos.
¿Qué quieres decir?- fue lo único coherente que pudo decir Pilika, con los ojos abiertos de par en par y con voz alarmada.
Tú… tú solo… tú solo te has enamorado una vez y…- tartamudeó sin poder creer realmente el lugar a donde le llevaban sus propias palabras.
Sí, y todo terminó en un desastre tan grande, que no encontré otra solución, más que dejar Inglaterra y radicarme definitivamente aquí, en Italia. – terció Anna hablando tan lentamente como le fue posible, dejando de una buena vez la bendita taza de café sobre la mesita más cercana.
Me estás diciendo… que, que Liserg es... él.- no era una pregunta, Pilika sabía que eso era lo que Anna había querido decir y sin embargo, rogaba interiormente por una negación por parte de la rubia.
Sí, así es. – afirmó Anna, acrecentando la tensión que de un momento a otro se hizo más que evidente entre las dos.
Es que no puede ser. – señaló la peliazul espantada, levantándose de un brinco del sofá, como si hubiese sido impulsada por un resorte invisible.
Tú dijiste que te mintió, que te engañó…- declaró fervientemente la muchacha, dejando claro su estado de negación.
Anna la miró sin molestarse en protegerse con su máscara, sabía que le iba a hacer daño a su amiga, sabía que ya lo estaba haciendo, pero ahora sí ya no había vuelta de hoja, debía terminar con lo que había empezado.
Solo fingió estar enamorado de ti, ¿no fue eso lo que dijiste?- musitó la chica con una voz que amenazaba con quebrarse en cualquier momento.
Liserg es incapaz de hacer eso, Anna.- dijo ella con total resolución, por lo que la aludida se obligó a intervenir, había guardado silencio por demasiado tiempo ya.
Pues lo hizo, a mí también me dijo que me quería Pilika… y yo le creí. – espetó la rubia crudamente, haciendo el mejor uso que pudo de su seguridad característica.
Creí en él ciegamente.- agregó al ver que su amiga no parecía escucharla del todo.
No. Me niego a creer esto.-declaró la chica de forma acelerada, sentía las palabras salir una detrás de otra, atropellándose, casi atascándose en su garganta.
Aquello no podía estar sucediéndole a ella, no a ella… debía existir una explicación, es que simplemente no podía creerlo.
¿Piensas que te estoy mintiendo? – preguntó Anna, y su voz sonó acerada.
Pilika eres mi amiga. Tu felicidad es importante para mí, por eso debía decírtelo.- aclaró Anna, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que las palabras salieran exactamente en ese orden.
Tenías que saberlo. – sostuvo la mujer de ojos negros, tras ponerse en pie para acercarse a su amiga, quien de inmediato dio dos pasos hacia atrás alejándose de ella de forma inconsciente.
¿Por qué?, ¿crees que el amor que me tiene también es mentira? – atacó la Usui hablando con suma claridad.
¿Es eso? – le apremió por una respuesta, con un tono muy diferente al dulce que solía utilizar cuando hablaba con Anna.
No lo sé. – resolvió la duda de su amiga, sin querer hacer juicios innecesarios.
Pero de lo que sí estoy segura es que debes tener cuidado… no quiero que te lastime de la misma forma que a mí. – se apresuró en hacerle ver lo que sentía.
¿Crees que soy menos mujer que tú?, Anna… de verdad piensas que Liserg no pudo enamorarse sinceramente de mí, ¿soy tan poca cosa? – Pilika escupió cada palabra con sumo desprecio y casi al borde de la histeria.
Tonta. – gruñó la rubia, cruzándole el rostro a su amiga de una bofetada, que dejó a Pilika totalmente shockeada… para acto seguido envolverla en un abrazo protector, que hizo que la muchacha de ojos y cabellos celestes rompiera en llanto.
Cualquier hombre puede enamorarse de ti.- musitó quedamente Anna a su oído, mientras le acariciaba el cabello, dejándola desahogarse.
Yo lo quiero, Anna. – le oyó decir repentinamente, en un hilito de voz.
Lo sé, pero solo quiero que lo pienses mejor, antes de involucrarte seriamente con él. – declaró la rubia con voz arrulladora, sosteniendo a la chica aun entre sus brazos, mientras ésta sollozaba tristemente.
¿Por qué tenías que decirme esto?, yo era feliz. – dijo Pilika con voz muy triste, deshaciendo el abrazo y dejándose caer en el sillón más cercano, al tiempo que intentaba en vano controlar el llanto.
Lo siento Pilika, pero no podría vivir sabiendo que por mi culpa, por guardar silencio, a mi mejor amiga su hermoso paraíso acabó transformándosele en un tortuoso infierno. – admitió Anna clavando su negra mirada en la silueta de la chica a quien nunca había visto tan triste, se sentía pésima por haber sido ella precisamente la causante de su dolor, pero si hubiera dejado las cosas como estaban y Liserg la hería… ella no se lo perdonaría jamás.
Vete por favor Anna, necesito estar sola. – le imploró la chica, sin mirarla siquiera.
Está bien Pilika, lo entiendo. – susurró la rubia, tomando su bolso, sin dejar de mirarla.
Te llamaré mañana, ¿estarás bien?- preguntó Anna Asakura, aun hablando en susurros.
Tranquila Anna, no me voy a suicidar…- le aseguró amargamente la chica, alzando la cabeza para clavar en ella su azul mirada, ahora totalmente apagada y empañada a causa de las lágrimas, que aun rodaban por sus mejillas.
Adiós. – se despidió Anna, sin atreverse a acercarse a ella. Le veía tan frágil que casi no podía soportarlo, nunca antes le vio así.
Anna apenas pudo pegar el ojo en toda la noche, renunció a la idea de dormir y mejor se dedicó a contemplar aquel cielo cargado de estrellas, lo que restaba de tiempo antes de que el sol cruzara el horizonte.
Buenos días, Shalona.- saludó amablemente al llegar a la oficina, no estaba de más pasarse por ahí mientras se encontrara en Roma.
Señora Anna, esta sí que es una sorpresa. Bienvenida.- le correspondió su asistente de la misma forma y con una amplia sonrisa, adornando su rostro.
Gracias… - concedió la chica, siguiendo hasta su oficina.
¿Cuándo llegó?- se atrevió a preguntar Shalona.
Anoche, vine a dar una vuelta para ver cómo va todo por aquí. – comentó Anna por toda respuesta, ocupando su lugar tras el escritorio.
Por aquí todo está muy bien, aunque extrañándolos un poco a usted y al señor Horo. – respondió la aludida con cierta alegría.
Me lo imagino, entonces no se ha presentado ningún problema. – la rubia dijo aquello, examinando a su asistente con tranquilidad.
Para nada, la señorita Pilika es muy eficiente. – declaró Shalona con fervor.
Me alegra escucharlo. Bueno pues a trabajar, ¿podrías pedirle a Lilly un resumen de las últimas transacciones y los proyectos de inversión que tenemos pendientes?- empezó a poner manos a la obra Anna de inmediato, ella estaba segura de que Pilika había hecho un gran trabajo, las preguntas eran una mera formalidad.
Por supuesto señora Anna, de inmediato.- respondió la otra rubia, dando media vuelta para dirigirse hacia la salida.
Y Shalona…- le llamó Anna, en tono dubitativo.
¿Sí?- Preguntó la asistente, girando sobre sus talones para dedicarle toda su atención.
Averigua si Pilika viene a trabajar hoy, si se ha puesto en contacto con Lilly. – le pidió la rubia de ojos negros, queriendo asegurarse del estado de su amiga.
Enseguida.- asintió la otra, antes de salir de la oficina.
-SK-
La rubia lo observó acercarse lentamente hasta llegar a la mesa en la que no tenía ni un minuto de haberse instalado, aquel restaurante era exactamente tal y como lo esperaba, él si que tenía buen gusto. Sonrió para sí misma antes de pronunciar palabra, luego que el muchacho en cuestión tomará asiento frente a ella.
Gracias por aceptar mi invitación. No podía hablar bien contigo con el abuelo presente. – comenzó ella sin disimular el alivio que sentía al poder desahogarse a sus anchas con él, como siempre.
No tienes nada que agradecer, Bella. Pero dime que es lo que te preocupa tanto.- exclamó con voz modulada el joven alto, con cabellos negros que caían graciosamente a lado y lado de su apuesto rostro, sonriéndole dulcemente.
Cuando me enteré que mi abuelito se dispuso a volver a Inglaterra, no me agradó la idea. Él ya es muy mayor.- la chica fue directo al grano, como solía hacerlo.
Luciano es un roble, Mary… es un hombre de hierro.- declaró el moreno, clavando su negra mirada en la verde de ella, haciendo que la chica bufara de disgusto al encontrar en los ojos de su interlocutor un brillito de diversión.
De todas formas, en Sicilia estaba mucho más cerca, podía ir los fines de semana o cuando quisiera, pero...- meneó la cabeza un poco para tratar de disipar la creciente molestia que los arrebatos de su abuelo solían causarle.
Tranquila Bella, tampoco está tan lejos y yo vendré a verlo cada vez que pueda.- habló tranquilamente el muchacho que le acompañaba.
Marion lo miró de una forma que incomodaría a cualquiera, pero no a él. Su sonrisa se ensanchó y entonces la mirada de ella cambió, volviéndose casi suplicante.
Pero Ashil, es la única familia que me queda.- siseó "La sirena", sin dejar de mirarlo.
¿Y yo que soy?, ¿una mancha en la pared?- preguntó el moreno algo ofendido con el último comentario que su hermosa acompañante hiciera.
Ash, sabes a lo que me refiero.- dijo la chica con voz dulce, mientras una de sus manos alcanzaba una de las varoniles, para asegurarse de que él entendía sus palabras.
Ok, haré todo lo que esté a mi alcance, sé que entre los dos podremos convencerle de volver a Sicilia.- aseguró el joven, acariciando levemente los nudillos de la delicada mano femenina.
¿Es una promesa?- exigió Mary, con la alegría bailando en lo más profundo de sus pupilas.
Pero claro, ahora dime… hay algo más, ¿no es así?- señaló él con premura, haciéndole una señal con su mano libre a uno de los camareros para que se acercara.
Sí, cásate conmigo.- soltó la rubia de forma repentina, provocando una mirada de total incredulidad en el muchacho.
¿Qué?- preguntó rápidamente, al tiempo que detuvo al camarero, quien ya se disponía a servir el vino, pero que se retiró de inmediato dejando la botella sobre la mesa.
Mi vida es un asco.- casi escupió Mary, entrecerrando los ojos de modo que él pudiera ver su fastidio.
Mi abuelo insiste en que me case, quiere que encuentre al hombre perfecto… que me quiera, que me proteja, que me acepte tal como soy… en fin.- terminó de enumerar la muchacha con desdén.
¿Y el problema es..?- se aventuró el chico, que retomó la tarea que el camarero había dejado a medias.
¿Cómo que cual es el problema?- preguntó la muchacha, claramente indignada.
Ash ese hombre no existe, además yo no quiero casarme y tener bebés. – musitó ella quedamente, como si decir o pensar siquiera en aquello fuese un crimen, causando la risa del muchacho.
¿Por qué no?- volvió a preguntar, regalándole de paso la copa del fino vino con el que le agasajaba esa noche.
Porque eso implicaría enamorarme primero y tengo miedo, yo no quiero acabar como mamá.- le aclaró ella pronunciando cada palabra con mucha lentitud.
La sonrisa amable de él no se hizo esperar, mucho menos sus palabras y aunque Mary sabía de sobra lo que le iba a decir antes de que abriera la boca, no pudo evitar chasquear la lengua mostrando su fastidio y provocando nuevamente la diversión del pelinegro.
No tienes por qué. Ustedes son personas muy diferentes, según me contaron.- afirmó él, dejándola sin argumentos para rebatir.
Y de todas formas, no todos los matrimonios terminan en tragedia. Mira a mis papás, ellos son muy felices todavía. –le recordó el muchacho, para atajar cualquier tipo de protesta que ella pudiera elaborar.
Tus padres son toda una excepción.- declaró ella arrastrando las palabras, para llevarse por primera vez la copa de vino a sus labios.
Ashil me siento sola, las únicas personas a las que les importo están a kilómetros de distancia. Tú y tus padres en España y mi abuelo y Arcadia, aquí en Inglaterra.- confesó Mary luego de tomar un gran sorbo de vino, él la miró extrañado.
Y yo que pensaba que te sentías sumamente satisfecha con tu vida. Eres hermosa, brillante, tienes dinero…- comenzó el chico de cabello y ojos negros a enumerar las miles de cualidades que poseía la muchacha que tenía frente a él, a quien consideraba como a una hermana.
¿Lo ves?, nadie compra la felicidad.- espetó ella con algo de acidez, que Ashil no dejó pasar desapercibida.
¿Por qué no te pasas una temporada con nosotros en Mallorca?, te encantará.- le propuso entonces, tal vez así la rubia recobraría su chispeante energía, además tanto a él como a sus padres les fascinaba la idea de tenerla de huésped.
Gracias, pero tengo pendiente la reinauguración del hotel en Japón… tuve que salir corriendo de allí, para venir a atender la ultima locura del abuelo.- dijo la chica con un notorio cansancio en su voz.
No todo es trabajo en esta vida, Marion. – expuso Ash como si no le cupiera en la cabeza, que de verdad su "hermanita" viviera solo para trabajar. Mary se limitó a rodar los ojos.
No temas al amor. Podría jurar que hay alguien allá fuera esperando por ti, pero debes darle la oportunidad de encontrarte.- le señaló el chico con mucha seguridad, Mary lo miró y no pudo evitar sonreír, él de verdad creía aquello... ojalá ella también pudiera hacerlo.
Si no fuera porque te veo como a una hermanita menor, me casaría contigo sin pensarlo. – comentó Ashil, con toda la dulzura que fue capaz de reunir en esas palabras.
¡Ay Ash, me hacías tanta falta! – musitó la chica suavemente, realmente emocionada.
Y tú a mí, florecita. – correspondió él, acariciando una de sus mejillas.
Hey, ¿sabes que estaba pensando?...- comentó la chica de cabellos rubios y cortos de repente.
Que deberíamos ser socios.- le soltó sin esperar a que Ash pudiera mediar palabra.
¿Cómo?- preguntó el chico algo sorprendido, dejando de acariciarle el rostro.
Sí, no deberías quedarte solo en occidente. ¿no te gustaría abrir una sucursal del restaurante en Japón?- le dijo Mary al muchacho, haciendo que su semblante tranquilo pasara a uno dubitativo.
¿Tú crees? – preguntó él, considerando la opción que su "hermanita" le mostraba. No era tan mala idea.
Por supuesto, un D'amaretto es precisamente lo que le hace falta a "El Márquese".- casi canturreó ella, las chispas de sus ojos verdes se encendieron nuevamente y él supo que por lo menos aquella posibilidad había logrado devolverle su buen ánimo.
Jamás se me cruzó esa idea por la cabeza, debo admitirlo. – susurró el joven de cabellos negros, que aun no se decidía a nada. Ashil D'amaretto era del tipo de persona que se tomaba su tiempo para pensar las cosas, a lo que interiormente le atribuía la mayoría de sus éxitos.
Pues piénsalo, ¿sí?- comentó Mary, como si no le embargara realmente la emoción de pensar en hacer negocios con Ash.
Así me harás compañía y ganarás muchísimo más dinero del que ya ganas ahora. – agregó, guiñándole un ojo.
El dinero es lo que menos me interesa, lo sabes bien.- le dejó claro el chico, robándole con ese comentario una sonrisa a la rubia.
Sí, a ti lo que te gusta es explorar… entonces te encantará Japón, la cultura es bastante interesante, y te encuentras con cada personita…- aceptó las palabras de él, pues ella sabía a la perfección que aquello era cierto, a Ash no le interesaba el dinero, no era para nada ambicioso… a él lo movían otro tipo de cosas. Hizo una mueca al recordar su última y corta visita al Japón, sus ojos volvieron a chispear al recordar que aun tenía que cobrarle su ofensa, a cierto moreno de cabellos largos.
Lo pensaré, ¿está bien? – musitó brevemente el aludido, mientras veía de reojo a un camarero que se acercaba lentamente a la mesa que ocupaban.
Ok, pero no me decepciones. – agregó ella, chasqueando la lengua algo fastidiada al darse cuenta de que Ash no le daría gusto así nada más.
El camarero, un rubio de ojos azules que parecía alarmado llegó a la mesa y se acercó a su jefe, para decirle algunas palabras al oído que hicieron que éste se levantara casi de inmediato, por lo que los ojos verdes de la chica se clavaron en la alta figura de su "hermano".
Me disculpas un segundo, no sé qué pasa ahora…- le dijo con voz suave, antes de disponerse a seguir al rubio.
Y prueba esto.- exigió, dándole un bocado del postre que había ordenado le sirvieran a su acompañante y que le había quitado al camarero de las manos, para ponerlo frente a ella.
Delicioso. – musitó la chica, luego de probar el dulce manjar.
Ya regreso, come.- ordenó él, antes de entregarle la cuchara a la joven y bella mujer.
Marion lo observó alejarse con dirección al lugar donde supuso quedaba la cocina, y en el recorrido su mirada se cruzó con otra verde bastante familiar; lo que eran las casualidades, el hombre de las pesadillas de Anna Kyouyamma, el único por el que la había visto temblar, acababa de entrar al elegante restaurante de su hermano y ahora se disponía a acercarse a su mesa.
Hola, ¿cómo estás?- saludó amablemente el gallardo inglés.
Hola – correspondió ella al saludo, regalándole además una sonrisa.
Tal vez no me recuerdes, soy Liserg Diethel. Nos conocimos…- comenzó el muchacho de cabello y ojos verde esmeraldas.
Sé quién eres… el "amigo" de Pilika. – le interrumpió Mary al instante.
Así es, te vi y… quise pasar a saludarte. – explicó el amable chico, mientras la mujer analizaba su semblante.
Muy amable, siéntate.- le invitó ella, señalando una de las sillas de la mesa.
¿No se molestará tu acompañante? – preguntó Liserg, enarcando una ceja debido a la invitación repentina de la chica, pues a él no se le ocurrió que ella llegara a ofrecerle asiento.
Mi hermano es todo, menos celoso. Adelante.- le explicó ella, por lo que el chico aceptó sin chistar.
¿Vienes seguido?- preguntó la joven, paseando su mirada momentáneamente por el gran salón.
¿Al restaurante?... sí, la comida es muy buena, el chef es excelente. – afirmó enseguida, cuando comprendió la pregunta de la chica.
Me alegra escuchar eso. – anunció ella, con mucho orgullo.
¿Y qué te trae por Londres?, ¿placer o negocios? – la pregunta de Liserg le tomó un poco con la guardia baja, aun estaba pensando que tan exitoso podía llegar a ser su hermano si se tomara un poco más en serio su profesión y sus negocios.
Ninguna de las dos, vine a visitar a mi familia. – resolvió ella sin más.
La familia es importante. – concluyó el chico con decisión.
Sí, así es. Hay que mantenerse unidos… ¿y cómo van las cosas con Pilika? – le dio la razón antes de descargarle una pregunta directa, para que no tuviera tiempo de prepararse.
¿Por qué preguntas eso? – preguntó él a su vez, algo extrañado.
Sólo un ciego no vería, que existe algo más que una simple amistad entre ustedes. – terminó de aclarar Mary.
Liserg Diethel le miró de forma enigmática, esa chica rubia que tenía frente a él era demasiado rápida y acertada en sus conjeturas. Ahora entendía porqué Pilika le tenía en tan alta estima.
Pues entonces para qué negarlo. – declaró él con sorna, esbozando una dulce sonrisa.
Sólo te diré que vamos avanzando en la dirección correcta. – terminó el muchacho ensimismado en el recuerdo de su amada ainu.
¿Y cómo está ella?, ¿la has visto últimamente?...- Mary parecía sorprendida, cosa que a él le llamó la atención.
Lo que sucede es que estaba en un viaje de negocios y tuve que hacer escala aquí.- aclaró la rubia, al darse cuenta de que Liserg la miraba con algo de desconfianza.
Llevo un buen tiempo sin verla. – terminó la chica, haciendo que la expresión de Liserg se suavizara un poco.
No la he visto, tuve que regresar hace algunos días, pero hablo con ella casi a diario. – comentó en tono jovial el inglés.
Hasta ayer en la tarde, estaba muy bien. – concluyó tranquilamente.
Marion Phauna intentó relajarse, quería saber porque Pilika seguía "tan" bien… la última vez que habló con Anna, ella no dio indicios sobre lo que pretendía hacer con todo ese asunto LisergxPilika, y aun cuando la rubia de ojos negros no le dijo ni un solo detalle sobre quien era él realmente, "La Sirena" no pensó que de verdad la otra se quedaría de brazos cruzados. Ella conocía a Anna, era muy raro verla actuar de esa manera.
La semana pasada estuve en Japón y me encontré con su hermano. – tanteó el terreno, quería saber hasta dónde le dejaría llegar Liserg.
¿Con Horokeu?- preguntó éste, a su vez.
Sí, me lo encontré hospedado en la casa de una amiga…- comentó como si cualquier cosa, la muchacha rubia de ojos verdes.
Anna Kyouyamma. – terminó suavemente y sin perderse ni un detalle del desconcierto que revelaban los ojos de Liserg, ni la palidez de su rostro.
¿Dijiste Kyouyamma? – preguntó el muchacho inglés, casi atragantándose con aquel apellido.
Sí, Anna Kyouyamma. Es bastante reconocida en el mercado bursátil de Roma, ¿no has oído hablar de ella? – preguntó maliciosamente Mary, pero aparentando la más pura inocencia.
No, no realmente. – negó firmemente Liserg, al tiempo que apretaba los puños con fuerza, gesto que no pasó desapercibido ante los analíticos ojos verdes de su interlocutora.
Qué raro, hubiera jurado que Pilika te había hablado sobre ella, ya que no solo es la cofundadora de INVERTIMOS, si no que es su mejor amiga. – exclamó la muchacha con soltura, tratando de ver más allá de la sola apariencia lejana del inglés.
No, no me ha contado nada sobre ella. – casi gruñó Liserg, cuyos ojos parecían haberse oscurecido de repente.
¿Te sientes bien? – preguntó con verdadera preocupación, al notar aquel cambio nada sutil en el rostro del chico.
Sip, no es nada.- susurró el joven, intentando que su voz sonara normal en vano.
Mira, eh… ya llegó la persona que esperaba, fue un placer volver a verte Marion. – se excusó él, antes de ponerse en pie.
Hasta otra ocasión. – se despidió formalmente, antes de alejarse.
Igualmente que estés muy bien. – declaró de forma casi mecánica Mary, pues sentía mucha más curiosidad después de ver en Liserg una reacción parecida a la de Anna.
¿Quién era? – preguntó Ashil al llegar, a tiempo para ver al muchacho inglés salir al encuentro con una mujer que vestía de forma impecable.
Tengo el presentimiento que pronto lo sabré. – rezó la chica rubia, siguiendo la mirada de su hermano hasta el otro lado del salón, donde Liserg y su acompañante ya eran acomodados en una mesa por parte de uno de los eficientes camareros.
Estaba riquísimo el Mousse, mis felicitaciones al chef. – exclamó repentinamente la de los ojos verdes, haciendo que la oscura mirada de Ash se centrara totalmente en ella.
Se las haré llegar sin falta, ¿nos vamos? – preguntó el interpelado, llegando a su lado para retirarle la silla.
Seguro, ¿son galletas?- preguntó ella en voz baja, mirando el recipiente que su "hermano" sostenía.
Las preferidas de Arcadia, nuez y chocolate. – declaró el joven, sacando una para entregársela a Mary.
Te has propuesto engordarnos, ¿cierto?- ella lo miró con exasperación al responder, haciendo que una risita se le escapara al muchacho, antes de pasarle un brazo alrededor de los hombros femeninos. Ambos salieron del establecimiento sin percatarse de que eran observados atentamente, por unos ojos verdes como las esmeraldas.
Liserg... entonces, ¿quedamos así?- la voz dulce de su acompañante, le hizo volver a mirarla.
Perdón, ¿qué me decías Meenie? – preguntó, hallando inadecuadas sus palabras. Se estaba comportando como un mal educado, ella estaba allí porque él se lo había pedido.
Te decía que estoy de acuerdo, yo manejaré tus negocios el tiempo que creas necesario. – volvió a repetir la hermosa chica, joven aun, quien le miraba emocionada. Se había percatado del meticuloso escrutinio al que su amigo había sometido a esa exuberante rubia, parecía estar interesado en ella y eso le agradaba, él siempre había estado muy solo.
¿Estarás fuera? – se atrevió a preguntar.
¿Cómo? – se escuchó preguntar y maldijo internamente a Anna Kyouyamma, ya que aun después de tanto tiempo todavía conseguía desestabilizarlo.
Pero qué te pasa, estás como en las nubes… De verdad que necesitas un sabático, con urgencia. – declaró dulcemente Meenie.
Eh, sí gracias. Lo sé. Por eso tomé esta decisión, he estado muy recargado de trabajo últimamente. – comentó vagamente él.
"Bah… trabajo, eso era lo que menos le importaba ahora", de verdad el chico quería convencerse de que no tenía sentido preocuparse por su "ex novia, casi esposa"… pero no podía entender porque el mundo tenía que ser un lugar tan cruel y despiadado. Volver a encontrarse con Anna Kyouyamma, ostentando ésta el título de mejor amiga de su novia, no podía traer nada bueno… nada bueno.
Tú lo qué en realidad necesitas es una novia. – declaró su acompañante con fervor, elevando una plegaria al cielo para ver si le escuchaba. Nada le daría más gusto que ver a Liserg de novio.
Ya estoy trabajando en eso, Meenie. – soltó Liserg de sopetón, haciendo que la chica casi saltara de la emoción.
Qué alegría, creí que ibas a volverte uno de esos solterones empedernidos y gruñones.- espetó la muchacha casi al borde de la euforia, ganándose una merecida mirada reprobatoria por parte de él.
Eres muy joven Liss, disfruta la vida. – dijo en su defensa, mientras le revolvía el verde cabello en un gesto cariñoso, como si él fuese un niño pequeño que se niega a jugar con los demás en el parque.
Eso intento.- murmuró él, pasándose una mano por el cabello algo apenado.
-SK-
Pilika, si estás allí responde. –se escuchó la voz de Liserg, desde la contestadora automática.
La muchacha de ojos celestes, alzó la vista mirando tristemente el aparato desde el que le había llegado el sonido de la voz de su novio, Pilika sabía de sobra que debía aclarar las cosas con él. No tenía dudas sobre las intenciones que había abrigado su amiga para ponerle en claro su identidad, por lo que se había obligado a tomar una decisión: acabar definitivamente con la relación que apenas empezaba entre ella y el inglés.
Bueno imagino que eso quiere decir que no estás. Ayer también te llamé y tampoco te encontré en casa; deberías cargar el celular o regresarme la llamada, en fin…- oyó a su novio suspirar profundamente.
Cada día que pasa te extraño más, así que no te sorprendas si me aparezco por allá sin avisar. Un beso, ah sí… se me olvidaba, me encontré con tu amiga Marion, sabe de lo nuestro. Nos vemos, mi amor.-escuchó atentamente cada una de sus palabras, atesorándolas en el fondo de su corazón.
Sí, la decisión estaba tomada, terminaría con Liserg… pero eso no significaba que lo amara menos o que no estuviese consciente, de que nunca más volvería a escuchar palabras de amor de su parte. Pilika se levantó del sofá donde se encontraba aovillada y se dirigió hasta la máquina para borrar el último mensaje de su amado, tal y como lo había hecho el día anterior, para luego salir con del gran apartamento en el que vivía.
Pili…- susurró Anna al abrir la puerta y encontrarse a su amiga.
Hola Anna. – saludó ella, con algo de desgano.
Anna se hizo a un lado para dejarle pasar, no pudo evitar sentirse triste y con algo de culpa ante la imagen que le mostraba Pilika, se le veía abatida, casi desecha… ella, cuya alegría era contagiosa, que vivía bromeando y siempre le miraba el lado bueno a la vida. Se maldijo mentalmente, arrepintiéndose de haber abierto la boca… tal vez, solo tal vez, hubiese sido mejor guardar silencio.
No sabía si llamarte o no, ¿Cómo te sientes?- preguntó la rubia porque el silencio se estaba prolongando demasiado.
¿Yo?... bien.- murmuró quedamente, la chica de largos cabellos azules.
¿Te ofrezco algo?, ¿un café?- le preguntó, luego de que su amiga se instalara en un cómodo sillón de la sala de estar.
¿No tienes chocolate?- preguntó Pilika, en tono sugerente.
Eh, sí… por supuesto.- exclamó Anna, enarcando una ceja antes de seguir hasta la cocina.
No quiero que te preocupes por mí, ¿vale?- soltó Pilika en voz alta, cuando Anna se hallaba en la otra habitación.
Nadie agregó nada más, aun cuando Anna había escuchado perfectamente el comentario de su amiga. Cinco minutos después Anna volvía a la sala con dos tazas de chocolate recién hecho.
Tienes demasiado ya, con esa familia.- agregó la chica de cabello azul, al tiempo que recibía la taza de manos de su amiga.
Pero tú eres mi amiga. – señaló Anna, como si la otra hubiese pasado por alto aquel detalle, mientras se sentada frente a ella.
Lamento haberte… prácticamente corrido de la casa, esa noche. – se disculpó Pilika, haciendo sentir a Anna más culpable sin querer.
Necesitaba pensar.- dijo en su defensa, encogiéndose de hombros.
En Liserg y en todo lo que me contaste. – terminó luego de una breve pausa, que a Anna le pareció interminable.
Lo sé, esas cosas hay que meditarlas con calma.- concedió la otra, con la mayor tranquilidad que le fue posible aparentar, llevándose la taza a los labios.
Aun cuando tú no sueles hacerlo.- acertó a decir Pilika, dejando a su amiga inmóvil momentáneamente.
Siempre tomas decisiones muy aceleradas y te aferras a ellas… ¿no cabe la posibilidad que te hayas equivocado?- expuso la chica de manera ferviente, Anna la miró con una tristeza infinita reflejada en sus perlas negras.
¿Con él?, no Pilika. – respondió con firmeza.
Yo lo vi besándose con su ex novia, Tamao. El mismo día en que debíamos casarnos. – indicó la rubia en voz muy baja.
¡Dios!, ya no sé qué pensar, ni qué hacer. – gimió la muchacha al colocar la taza humeante en la mesita de centro, dejando ver a Anna lo mucho que sufría con aquella situación.
Debes hacer lo que creas correcto, tú siempre has sido emocionalmente más inteligente que yo.- dijo Anna con voz dulce, levantándose para llegar a su lado.
Decidas lo que decidas, tendrás mi apoyo Pilika.- le susurró al abrazarla, de una forma protectora. Pilika más que una amiga, era casi una hermana para Anna.
A propósito…- dijo Anna, separándose de Pilika, recordando que había olvidado entregarle el mensaje de Horo.
Tu hermano te envió esto. – dijo, tendiéndole un sobre blanco que había sacado de su bolso de mano.
Así que vuelve a dar señales de vida.- apuntó la otra chica, esbozando una extraña sonrisita triste, para luego guardar el sobre en su bolso.
Supe que fuiste a la empresa, ¿encontraste todo en orden?- preguntó repentinamente la ainu, tomando desprevenida a la otra.
¿No eres tú quien la administra, acaso?- respondió Anna con otra pregunta.
En algo me tenía que ir bien.- dijo la otra con desgano, encogiéndose de hombros.
Pilika yo…- comenzó Anna sin saber cómo continuar la frase.
Lo superaré Anna, sé que lo haré.- declaró la chica de ojos celestes, interrumpiéndola de inmediato.
¿Tú lo hiciste, no?- de nuevo volvió a sorprender a su amiga, con esa pregunta.
Regreso mañana, pero si necesitas que me quede más tiempo…- habló la rubia, quien al no saber que responder prefirió cambiar de tema.
Voy a estar bien, Anna… Soy una chica grande, puedo lidiar con mis problemas.- insistió Pilika, forzando una sonrisa que pretendía ser dulce.
No tengo la menor duda de eso.- le aseguró la mujer de ojos negros.
Qué tengas un buen viaje, Annita.- se despidió la muchacha, acercándose para besarle una mejilla.
Dile a mi hermano que lo amo.- le encomendó, mientras se dirigía a la puerta.
Lo haré. Pili…- le llamó, reteniéndole un minuto cuando la chica originaria del norte de Japón ya pretendía salir de su apartamento.
Si la situación, se vuelve… "inmanejable", solo olvídate de lo que dije y sigue con tu vida, por favor.- prácticamente rogó Anna, quien realmente se sentía incapaz de seguir observando aquella tristeza que se reflejaba en los ojos claros de su mejor amiga.
Tú sabes que eso me sería imposible, aunque no deja de ser un buen consejo, Anna.- murmuró Pilika en un hilito de voz, mirando a su amiga con pesadumbre.
-SK-
Yoh Asakura salía del baño de su habitación, secándose los cortos cabellos castaños con una toalla cuando la voz de su esposa, le hizo percatarse de su presencia. Anna finalmente había regresado a Japón.
Hola… - le saludó la rubia, al tiempo que buscaba en el gran armario ropa limpia para cambiarse.
Buenos días, ¿cuándo volviste?- contestó él amablemente, dejando de secarse el cabello y clavando sus ojos castaños en la delicada silueta de ella.
En la madrugada, no quise despertarte…- se limitó a contestar ella, sacando unos pantalones negros y una blusa cruzada de color amatista.
¿Cómo te fue?- preguntó interesado el castaño, sin dejar de mirarla.
Pues… hice lo que fui a hacer. – dijo ella, sin rastro de su acostumbrada frialdad cruzándose con su esposo camino al baño.
Bien, eso me gusta.- aceptó la respuesta de ella, de buena gana.
Len volvió de su "luna de miel".- le informó el moreno, mientras él también se acercaba a buscar algo de ropa.
¿Cuándo?- preguntó Anna desde el baño, recordando que aun estaba el asunto aquel del trabajo que quería encomendarles a las mujeres de "su" familia.
El sábado.- respondió Yoh.
Pero no se supone que tomaría unas largas vacaciones.- declaró la muchacha con voz normal, saliendo ya vestida con el nuevo atuendo y sentándose frente al tocador para arreglarse el cabello.
Pues sí, pero así es él… no le gusta estar sin hacer nada.- salió el chico en defensa de su primo.
Anna...- llamó su atención, cuando ella sacaba su pequeño neceser de maquillaje de su equipaje.
¿Sí?- le interrogó ella quedamente, deteniéndose un minuto a observarlo. Sin poder evitar sonreír ante la expresión de alivio que reflejaba el rostro d Yoh.
Tengo que decirte esto.- dijo el apuesto moreno llegando hasta la muchacha, para quitarle el neceser y tomarle ambas manos.
¿Qué cosa?- dijo Anna algo confundida por el arrebato de su esposo.
Gracias a Dios que volviste.- casi gritó el muchacho, exhalando un profundo suspiro mientras estrechaba a la hermosa rubia en sus brazos.
Anna no pudo más que asombrarse por la actitud y el inesperado gesto cariñoso por parte de Yoh, aunque no podía negar que le agradaba mucho estar entre sus fuertes brazos y que no tenía ni idea de a qué se debía aquello, así que simplemente se dejó llevar y no protestó ni hizo nada en absoluto que le diera a entender a su esposo que quería ser liberada. Sin embargo el menor de los Asakura cayó en cuenta solo y sin la ayuda de nadie de lo raro que era el que estuviera abrazando a Anna, pues era cierto que ellos se llevaban mejor y que trataban de ser amables el uno con el otro e incluso alguna que otra vez llegaban a disfrutar "mucho" de las bondades de estar casados, pero lo que estaba haciendo fue un impulso y lo que estaba sintiendo en ese momento, con un simple abrazo… aquello no estaba nada bien.
¿Y eso?, ¿no me dirás que me extrañaste?- se atrevió a preguntar la rubia de ojos negros, cuando finalmente él la soltó, tratando de disimular un poco el rubor que se extendía por sus mejillas.
Bueno, es que Hao me estaba por volver loco. – terció Yoh como si con eso lo explicara todo.
Ah… me imaginé que era algo así.- musitó la chica, sin saber por qué debía sentirse algo decepcionada con la corta explicación de él.
¿Hablarás con Len sobre lo del trabajo para mamá, Jun y Tamao?- preguntó Yoh, al tiempo que se colocaba la camisa azul que combinaba perfectamente con sus pantalones oscuros.
¿Qué?, ¿no lo han hecho aun?- declaró Anna, girando la cabeza de manera automática para mirarlo.
Pues Annita, tienes que entender… ese es un monstruo que tú creaste y que es a ti a quien le toca enfrentar. – resolvió el muchacho con sencillez, pasándose nerviosamente una mano por el cabello.
Me doy cuenta. Estoy sola en esto.- exclamó ella, volviéndose al espejo para terminar de maquillarse.
Yoh sonrió ante las palabras de la rubia y luego de colocarse los zapatos rápidamente, llegó hasta ella y le depositó un dulce beso en la mejilla antes de encaminarse a la puerta, gesto que desarmó por completo a la mujer.
-SK-
Los fantásticos ojos verdes de Len estaban fijos en la silueta esbelta de la rubia de ojos negros que se hallaba con él en aquel estudio, sinceramente no sabía que pensar, pues jamás creyó posible que a la mujer frente a él se le pudiera ocurrir una idea como esa.
¿Entonces?- preguntó Anna, muy interesada en lo que el chino pudiera responderle.
¿Entonces qué?- preguntó a su vez él, manteniéndose firme en su asiento.
¿Qué opinas?- inquirió ella con algo de ansiedad, que se reflejaba notablemente en su tono de voz.
No pensé que fuese un asunto de opinión.- declaró el muchacho, con voz sumamente tranquila.
No lo es, Len. Sin embargo, en esta casa… de entre todas las opiniones, la tuya es la que más valoro.- la chica no mentía, de verdad le importaba lo que pudiera pensar Len Tao.
Anna tenía el presentimiento que si había alguien con el que podía contar y sincerarse, ese era él… después de todo, tal y como lo había imaginado, tenían almas afines. De eso ya estaba completamente segura.
Gracias por el voto de confianza, Anna. – correspondió él a sus palabras con una sonrisa sincera.
Pues, si ya has hablado con ellas y te dijeron que sí. No moveré un solo dedo para impedir que se cumpla con tu voluntad.- dijo Len, sin moverse aun de su sitio.
Eres un gran apoyo, Len. Sabía que no me había equivocado en la primera impresión que tuve de ti.- declaró firmemente Anna, mirándolo directamente a los ojos.
¿Y cuál fue esa impresión?- preguntó él, bastante intrigado.
Que eras una persona completamente de fiar.- musitó suavemente ella, sin dejar de mirarlo.
Me siento honrado, al saber que eso es lo que piensas de mí.- declaró el chino de ojos verdes, devolviéndole la mirada.
Y.. ¿ya has pensado qué tipo de trabajo realizarán?- preguntó el menor de los Tao, volviendo al tema inicial.
Sí, quiero a Jun e Relaciones exteriores, a Tamao en manejo de personal…- Anna iba a continuar, pero Len la interrumpió.
¿Recursos humanos?- preguntó.
Anna se limitó a asentir con la cabeza y los ojos de Len le mostraron su aprobación
¿Y a mi tía?- volvió a demostrar su interés el muchacho.
Organización y realización de eventos.- afirmó la mujer rubia, con una media sonrisa.
¿Promocionales?- la voz de Len se elevó nuevamente.
De todo tipo.- respondió ella con firmeza.
Interesante elección. Se nota que lo pensaste bien.- concluyó el primo de su esposo y su elogio no cayó en saco roto.
¿Tú crees?- preguntó Anna con algo de reticencia.
Ay Anna, a mí jamás se me hubiera ocurrido.- aceptó él con total sinceridad.
La nueva dueña de Asakura & asoc. no pudo evitar sonreír ante la respuesta del apuesto hombre frente a ella, le proporcionaba gran satisfacción contar con la aprobación de Len en todo eso, y más aún, el hecho de que parecía estar muy complacido con sus acertadas elecciones. Definitivamente toparse con alguien como Len Tao, era una de las mejores cosas que le había pasado al volver a Japón.
¿Qué tal si vamos a desayunar?- le invitó ella.
Por mí, está bien.- aceptó el chico su invitación, levantándose finalmente del lugar que ocupaba para salir con Anna en dirección al comedor.
Los demás miembros de la familia ya se encontraban allí, Tamao la saludó de manera afectuosa y Anna no tenía dudas de a quien le debía tanta felicidad, en ese instante no pudo evitar pensar en Pilika y de inmediato recorrió la mesa en busca de su hermano mayor.
¿Qué quieres decir con que se fueron?- le preguntó la rubia a Jun, quien fue la encargada de hacerle saber el por qué de la ausencia de su amigo y de la pelirroja, cuando al no encontrarlos, Anna preguntó por ellos.
Se marcharon. Ayer…- fue Yoh quien respondió.
De hecho estaban demorando.- agregó Jun, haciendo que todas las miradas cayeran sobre ella.
¿Por qué lo dices Jun?- demandó Anna una respuesta de la hermosa mujer de cabellos verdes.
Porque es verdad. Matty me comentó poco después de que te fuiste, que quería salir de aquí.- repuso Jun Tao con voz normal.
¿Ah sí?- inquirió Anna, instándola a continuar.
Si. Pero dijo que ni Hao, ni Horo, querían que eso sucediera. ¿Por qué sería?- preguntó como si aquello se tratara de un gran misterio sin resolver, por parte de toda la humanidad.
Hum… ni idea, eso tendrás que preguntárselo a ella, o a Horo o a Hao.- exclamó la muchacha de cabellos dorados con resolución, a ella también le molestaba aquella situación.
A Anna ya no le extrañaba nada de lo que sucedía, no después de saber que su mejor amiga había terminado enamorada del hombre por el que ella y Tamao habían rivalizado en el pasado. Después de eso, cualquier cosa podría llegar a suceder por más extraña o absurda que pareciera.
Bien, si ellos decidieron irse, debió ser por algo.- comentó Len tratando de dejar zanjada la conversación, algo le decía que a la chica rubia no le hacía gracia hablar sobre aquello.
Muy cierto, más no dejo de preguntarme si la actitud de Hao influyó de alguna manera en esa decisión…- expresó la mayor de los Tao, su inquietud.
¿Lo dices por algo en especial?- preguntó esta vez Tamao, a quien ya le había picado la curiosidad.
La chica de cabellos rosas había conocido a la singular pareja por muy poco tiempo, pero con eso le había bastado para hacerse una idea de lo especiales que al parecer eran esos dos. Además su interés se incrementó cuando recordó de donde se le hacía familiar el joven fornido, que no se le despegaba a la pelirroja ni a sol ni a sombra. Y ahora Jun dejaba claro que Hao también tenía que ver, en todo aquel enredo.
Es que es curioso, desde el primer momento me pareció que se encontraba celoso de Horokeu…- declaró la chica en voz clara y resuelta, atrayendo la atención nuevamente de todos los ocupantes de la mesa.
Reaccionaba extraño ante la sola idea de que existiera algo entre ellos, ¿no es así, Yoh?- terminó Jun, recurriendo entonces al apoyo de su primo, quien no tuvo de otra más que intervenir.
Ehh, sip. Yo también lo creo.- declaró el moreno con firmeza, por lo que los ojos de Anna se posaron en los suyos de inmediato.
Además el sentimiento era mutuo, pues Horokeu demostraba la misma clase de actitud hacia él. Matty al principio no se daba ni por enterada, pero después…- todos los presentes guardaban silencio concentrados en las palabras de la hermosa mujer, quien se vio interrumpida en sus públicas cavilaciones por la voz de su hermano menor.
Creo que es suficiente hermana, ya deja de inventar historias…- solicitó Len, al notar el giro inesperado que le había dado Jun a una simple pregunta por parte de Anna.
No… déjala hablar, Len.- pidió la rubia a su vez, volviendo a atraer la atención hacia la mayor de los Tao.
Es que después de "esa" noche, creo que comenzó a ver las cosas con claridad… supongo que conllevó a que concluyera que… era mejor marcharse. – terminó Jun, clavando sus hermosos ojos azules en Anna, de quien esperaba algún tipo de reacción que le permitiera comprobar una que otra teoría sobre la relación entre ella y Hao, o en entre ella y Horokeu.
Ya veo. Hao y Horo son bastante posesivos… creo que cualquier mujer en la misma posición de Matilda, hubiera optado por separarlos.- determinó la muchacha rubia con convicción, con su tranquilidad fría característica, ya que no se permitía parecer nuevamente vulnerable.
En fin, pasando a otro asunto.-dijo Anna con el fin de alejarse de aquel espinoso tema.
Len ya me dio su aprobación para que comiencen a desempeñar sus labores en la empresa.- declaró cuando hubo obtenido la atención de los presentes.
¿De veras?- exclamó Yoh, interrogando a su primo con la mirada.
¿No hay problema, hermanito?- preguntó casi al tiempo Jun, clavando sus ojos azules en Len.
No, ninguno.- afirmó Len, dándole aun más crédito a las palabras de la rubia de ojos negros.
¿De qué labores están hablando?- preguntó Tamao, que no entendía de que hablaban los demás.
Anna quiere que trabajemos.- escupió las palabras con algo de rudeza la señora Keiko.
¿Fuera?- volvió a arremeter Tamao de manera acelerada, aunque está vez se dirigió a Anna.
En Asakura & Asoc.- le confirmó la bella rubia de ojos negros.
¿Yo también?- se señaló a sí misma, sin poder contener la emoción.
Si, Tamao.- volvió a asentir Anna, a quien la reacción de la chica de ojos rosa le había mejorado un poco el ánimo.
¿Y haciendo qué?- preguntó la otra, verdaderamente ansiosa.
De eso se enterarán esta tarde. Quiero que se presenten a eso de las 2:30 p.m, ¿les parece?- les citó Anna, regalándole una hermosa sonrisa de complicidad a su esposo, quien le respondió de igual forma, cosa que no pasó desapercibida ante los ojos de Len.
Perfecto.-
Está bien.-
Como digas.-
Respondieron las tres mujeres al mismo tiempo, casi a coro, lo que hizo que la nueva cabeza de la familia, sonriera más ampliamente.
Bueno, entonces hasta la tarde. ¿nos vamos?- la invitación no la hizo a nadie en especial, pero sus ojos no perdieron de vista a su esposo. Len curvó sus labios en una sonrisa casi imperceptible.
Después de usted, señora Asakura- musitó suavemente el moreno cediéndole el paso, luego de depositar un dulce beso en una de las mejillas de su madre.
Cuídate amor.- declaró el chico de ojos gateados, después de darle un corto beso en los labios a su esposa, quien se puso colorada.
¿Qué raro que Len no haya puesto trabas?- se dirigió Tamao a Jun, apenas los otros desaparecieron de la estancia.
¿Por qué te sorprendes?, él y Anna se llevan muy bien.- murmuró esta última, sirviéndose otro poco de jugo de naranja, ante la asombrada mirada de su tía, quien seguía extrañándose con la forma de actuar de su sobrina, cuyos ojos habían adquirido un peculiar brillo.
Así parece.- musitó quedamente Tamao, mirando hacia una de las ventanas entretenida en sus pensamientos.
-SK-
La puerta del apartamento se abrió para dejar entrar a una hermosa joven, con cabellos cortos y rubios, quien era dueña de unos inquietantes ojos verdes. Marion Phauna dejó caer la maleta en la entrada, girándose para volver a cerrar la puerta cuando unos brazos morenos la envolvieron en un fuerte abrazo.
Demoraste mucho esta vez. Te extrañé.- le susurró al oído Lee.
Si, el abuelo y sus temas. Aunque hice hasta lo imposible para que se devolviera a Sicilia, no lo logré.- le dijo la chica, deshaciendo lentamente el abrazo del famoso actor, para llegar hasta el sofá y dejarse caer pesadamente en él.
Vamos Mary, algunas veces se gana y otras se pierde, tu sabes que es así.- respondió él al comentario que hiciera la muchacha italiana, siguiéndola con la mirada.
Eso dices tú, porque no perdiste dos semanas tratando de convencerlo. – declaró Mary con visible cansancio.
¿Sí que es terco el señor, ah?- preguntó él, llegando hasta donde se encontraba ella.
Muchísimo.- murmuró la rubia, tras entrecerrar los ojos y recostar la dorada cabeza en el respaldo del mueble.
Pero lo importante es que estas aquí, ¿no?- sugirió Lee, sentándose a su lado y acariciándole de forma distraída el cabello.
Si.- afirmó ella, poniéndose en pie de inmediato.
¿Sucede algo de lo que deba enterarme?- formuló el hombre alto y bien parecido, al ver la reacción evasiva de la chica. Desde que llegó algo pareció no encajar, sin embargo creyó que eran suposiciones suyas, ahora estaba seguro.
Conocí a Jun.- declaró en voz alta y clara "La Sirena".
¿Qué?- Lee parecía dispuesto a no creer lo que había escuchado.
A Jun Tao, a tu bellísima muñeca imperial china.- corroboró la muchacha, con algo de impaciencia.
¿Cuándo?- esa única palabra por parte de Lee, pareció muy brusca.
Antes de irme a Londres estuve en Japón.- le contó ella, sin dejar de mirarlo, por lo que pudo notar el cambio que se presentó en su semblante.
Lee, ¿no crees que tal vez debas…?- comenzó ella, pero se interrumpió a la mitad de la frase al ver como el hombre se levantaba con dirección a la habitación.
Recogeré mis cosas y me iré.- le comunicó él, al alejarse.
Espera Lee...- Mary lo siguió enseguida.
Te conozco Marion, quieres utilizar la excusa de Jun para desecharme.- afirmó Lee, apenas se dio cuenta de que ella le seguía.
No dejaré que lo hagas, prefiero irme por mi propio pie.- terminó de decirle, mientras comenzaba a hacer el equipaje con una velocidad que cualquier piloto de carreras de la formula 1 envidiaría.
Es que no lo entiendo, tú la amas… ¿Por qué no vuelves a su lado?- exclamó ella, algo confundida, mientras se apoyaba en el marco de la puerta abierta.
No lo entenderías, ni aunque te lo explicara durante todo el día.- respondió el hombre en vos baja.
¿Y qué es lo que tengo que entender?, se supone que todo lo demás sobra cuando hay amor…- comentó ella con una seguridad tal, que consiguió ponerle los nervios de punta a Lee.
Tú no sabes nada acerca del amor, así que por favor Mary… no te la vengas a dar de erudito en ese tema. – se volteó para enfrentarla cara a cara.
Hey, no me trates así. Sé que no tengo casi experiencia en ese campo pero…- se quejó la chica, despegándose de la puerta para entrar a la habitación.
¿Casi?, ¿es una broma?... vamos Marion. Tu jamás te has enamorado, ¿Qué experiencia puedes tener?- le hizo ver él, de forma cortante
El amor es solo una palabra para ti.- le dijo en voz exageradamente alta, al parecer se estaba saliendo de sus cabales, así que apuró en cerrar la maleta y pasar de largo a su lado.
Lee, no te vayas de esta forma; escúchame…- dijo ella, alcanzándolo casi en la puerta de salida.
¿Qué?- se volvió a mirarla y se arrepintió enseguida, él de verdad le tenía cariño a aquella chica.
Yo solo quería ayudar.- susurró Mary, sintiéndose como una idiota.
Ya ayudaste suficiente.- le informó el apuesto actor, girándose para volver a encaminarse hacia la puerta.
Pero…- susurró la rubia de centelleantes ojos verdes, asiéndolo por el brazo un instante.
Solo te pedí una cosa, solamente una pequeñez… que no abordaras el tema de Jun, que jamás te acercaras a ella.- declaró con ferocidad sin voltearse a verla, Jun Tao era una parte de su vida, él la amaba profundamente pero no por eso iba a entregarle su dignidad y arriesgarse a ser otro más de sus caprichos.
Pero es que no pude evitarlo, fue una casualidad.- trató de explicar sus actos la hermosa rubia de cabellos cortos.
Contigo nada se da por casualidad.- acabó él, al llegar a la puerta.
Lee no seas infantil, no fue mi culpa… se que odias los hoteles, quédate aquí el tiempo que lo necesites para eso son los amigos.- trató de convencerlo ella, porque realmente había aprendido a conocer y a apreciar a ese chico, precisamente porque no era como los demás y por eso mismo, ella sabía que aquel comentario fue en vano, Lee nunca aceptaría quedarse, ya no.
Adiós, Mary.- se despidió con una nota de dulzura en el tono de su voz, antes de cerrar tras él.
Marion se recostó de espaldas a la puerta cerrada, luego de que su amigo se marchara, ahogó un débil suspiro, mientras trataba de ignorar la solitaria lágrima que rodaba por una de sus mejillas y el inmenso vacío que comenzaba a formarse en su interior a causa de su soledad.
Estarás contenta ahora, Anna… pero yo, acabo de quedarme completamente sola.- exclamó la chica burlándose de sí misma, dejándose caer lentamente para terminar sentada en la fina y fría losa del suelo de su apartamento, escondiendo su rostro entre sus manos justo a un lado de su equipaje.
-SK-
Señorita Marion…- exclamó su secretaria, cuyos ojos expresaban sorpresa al ver llegar a su jefa de un momento a otro por el pasillo.
Buenos días, Micaela.- le saludó Mary, cuando la mujer llegó a su encuentro.
¿Qué tenemos para hoy?- preguntó con un tono algo monótono, por lo que la otra pudo notar que parecía desanimada, a su jefa le encantaba trabajar.
No hay nada programado, no sabía que volvía.- declaró y sonó más a una queja, por lo que Mary reprimió una sonrisita; su secretaria y asistente era muy eficiente, siempre se mantenía en contacto con ella cuando se hallaba fuera, sin embargo está vez hizo una excepción.
Llegué hace dos días, solo que… no tenia ánimos para venir a trabajar, asumí que todo marcharía bien en mi ausencia.- dijo, al sentir que le debía una explicación, ya que ese comportamiento no era común en ella.
Si, así es… el señor Veccino y los demás ejecutivos se encargaron de eso, pero si hay algo que debe ver…- le dijo lo último, en cierto tono de complicidad que intrigó a la rubia.
Marion la siguió hasta una sala de espera que se hallaba justo del otro lado del pasillo, bastante interesada en que era lo que tenía que enseñarle su secretaria y se quedó de una pieza cuando comprobó de que se trataba.
Ese joven insiste en verla, ayer también vino…- declaró la mujer con sorna y expresión cansada.
¿Le dijiste que estaba de viaje?- preguntó "La Sirena" , pues no entendía a que se debía la presencia de su extraño visitante.
Por supuesto, pero no me cree… y dice que la vendrá a buscar las veces que sean necesarias, hasta que lo atienda.- le comunicó la otra con firmeza, a leguas se notaba que no estaba muy de acuerdo con la altanera actitud de aquel misterioso joven.
Muchas gracias Micaela, ya me encargo yo.- le dijo la chica en un susurro, para empezar a caminar hacia donde el chico se encontraba.
¿Me esperabas?- le interrogó con naturalidad.
Si, no podías atenderme porque supuestamente estabas de viaje.- respondió el muchacho, clavando sus ojos verde esmeralda en la figura de la rubia frente a él.
No supuestamente, lo estaba… nos encontramos en Londres, ¿lo olvidas?- le replicó con algo de desdén, si él no estaba de ánimos ella menos.
Quiero saber que le sucede a Pilika.- contraatacó él, sin inmutarse por el tono utilizado por la rubia.
¿Por qué no se lo preguntas a ella?- respondió la hermosa mujer de forma tajante, con claras intenciones de marcharse.
Si ella estuviera dispuesta a decírmelo, ¿crees que estaría aquí?- casi gritó él, poniéndose en pie de un salto y atrayendo nuevamente la atención de la rubia, quien lo miraba ahora extrañada.
Ven, vayamos a mi oficina.- ordenó y el chico inglés le siguió de inmediato.
Micaela, que nadie nos interrumpa por favor. Has de cuenta que no he vuelto…- se dirigió a su secretaria, en el momento en que se detenía para abrir la puerta de su gran oficina.
Como quiera, señorita.- alcanzó a responder, antes de que Marion entrara a su oficina seguida de cerca por aquel muchacho.
Siéntate.- indicó "La Sirena" cuando al fin estuvieron solos.
Ten, tómate esto… creo que te hace falta.- dijo en voz baja, ofreciéndole un vaso de whisky que acababa de servir y que Liserg no dudó en tomar.
Ahora sí, dime… ¿Por qué exactamente estas aquí, Liserg?- le preguntó sin quitarle los analíticos ojos de encima.
Estoy aquí, porque eres la única amiga de Pilika que conozco.- resolvió él su duda, manteniéndose de pie e inquieto, según ella pudo notar.
¿La única?, ¿estás seguro?- preguntó la muchacha con cierta ironía, que él notó de inmediato.
¿A qué viene esa pregunta?- exclamó el chico de ojos verdes.
Tú conoces a Anna.- sentenció la otra y lo vio guardar silencio por un minuto, que se le hizo eterno.
Si, lamentablemente… pero, ¿eso qué importancia tiene?- declaró él, encogiéndose de hombros. Ya sospechaba que esa chica algo sabía.
No sé qué tiene que ver eso, con el hecho de que Pilika no quiera volverme a ver…- se explicó y el dolor se intensificó en su interior, por lo que tomó un gran sorbo del vaso que sostenía en una de sus manos.
¿Eso te dijo?- preguntó ella algo extrañada por la actitud de Pilika, ella nunca creyó que simplemente se iba a deshacer de él, así sin más.
Si. Como no contestaba ninguna de mis llamadas fui a verla y entonces… me dijo que no quería tener nada que ver conmigo, que por favor me mantuviera alejado de ella.- declaró él con una mezcla de tristeza y amargura en la voz.
Incluso colocó mis inversiones en manos de otra persona.- agregó con algo de rudeza.
¿Solo eso?, ¿no dijo nada mas?- le interrogó la chica suavizando un poco su voz, sabía que no lo había recibido de la mejor forma y ahora se sentía algo culpable, pues era obvio que él estaba sufriendo mucho.
No, por más que le insistí en que me explicara que había hecho mal, ella se negó a responder… y ahora no me deja acercarme.- dijo él con su marcado acento británico, para luego vaciar el vaso de un solo trago.
Es por eso que estoy aquí, pensé que quizá tu sabrías algo.- se dirigió a ella, está vez con voz casi suplicante.
Pues ya ves que no, pero podemos intentar averiguarlo.- exclamó ella, acercándose a su escritorio para presionar el botón del intercomunicador.
Micaela, podrías comunicarme con la señorita Pilika Usui, en Invertimos. Por favor…- ordenó a su secretaria, en voz normal, sin revelar ni un poco del inmenso interés que aquella situación le causaba, pues estaba a punto de confirmar si como sospechaba la repentina ruptura de Pilika con Liserg se debía a la intervención de Anna.
De inmediato señorita Phauna.- contestó la voz de su secretaria.
¿vas a hablar con ella?- preguntó su acompañante en un murmullo, con los ojos como platos.
Por lo menos, voy a tratar.- respondió la chica con tranquilidad.
Dime…- contestó a la llamada de su asistente al escuchar el timbre, casi de inmediato.
Su llamada está lista, por la línea uno…- le informó Micaela.
Gracias.- murmuró Mary, antes de escucharle cerrar.
Te recomiendo que te quedes muy calladito, así que si te dan ganas de hablar… muérdete la lengua.- le advirtió la rubia a Liserg, quien la miró anonadado, antes de asentir.
Hola Pilika, ¿Cómo estás?- saludó Marion, después de poner el altavoz.
Ah… eres tú. Yo estoy bien.- dijo Pilika, cuya voz se escuchó apagada.
Quería decirte que vi a tu hermano cuando fui al Japón. Lo encontré muy bien, así que no tienes de que preocuparte.- informó la rubia, sin perder de vista a Liserg, esperando que realmente pudiera contenerse, solo así podrían dar con la verdad que él tanto quería escuchar.
Lo sé, Anna me lo contó. También me dijo que Horo y su novia estaban quedándose una temporada en su casa.- comunicó Pilika sin cambiar nada su tono de voz, cosa que a Mary le preocupó, al parecer no solo Liserg estaba sufriendo.
Ah, así que has hablado con Anna.- fue más una afirmación que una pregunta.
¿Cuándo te llamo?- indagó la rubia, muy al pendiente de la respuesta de Pilika.
No, no me llamo. Anna vino… estuvo aquí cuando todavía estabas de viaje.- respondió Pilika, realmente sin ánimos.
¿No me digas?- murmuró Marion, comprobando todas sus sospechas. Sí, era la intervención de Anna la que había causado aquello. Suspiró, no podía negar que ella también era responsable de forma indirecta, solo que no pensó realmente que la situación pasara a mayores, esos chicos parecían destruidos.
Pues sí, vino para cerciorarse que todo marchara sobre ruedas… ya que "alguien" le insinuó que estaba perdiendo mi objetividad para los negocios.- comunicó Pilika, en un tono que le dejó claro, que tenía total conocimiento de que ella era ese alguien.
Lo siento, Pili. Pero es que… creí que así Horo volvería mas rápido. Sé que lo necesitabas...- mintió ella, sin pensarlo dos veces.
Escúchame bien "Sirena", porque no quiero que esto vuelva a repetirse. Mi vida privada, me pertenece solo a mí.- recalcó la ainu en voz seria y firme.
No dejo que nadie opine, ni tome opiniones respecto a ella… y tú no eres la excepción, ¿está claro?- dijo Pilika con resolución, estableciendo los límites con claridad.
¿Y Anna si lo es?- soltó la chica rubia de sopetón, promoviendo el que Pilika guardara un incómodo silencio.
¿De qué hablas?- replicó la muchacha, en cuanto pudo hablar.
¿Terminaste con Liserg porque ella te lo pidió?- le interrogó la rubia, volviendo a clavar en el inglés que parecía estar en otro mundo su verde mirada.
¿Cómo es que…?- comenzó Pilika en tono dubitativo, pero Mary le cortó de inmediato.
Sé lo que ocurrió entre Anna y él.- musitó quedamente, haciendo volver a Liserg a la realidad.
¿Ella te lo contó?- la pregunta de Pilika no se hizo esperar.
En Japón, cuando mencioné su nombre.- confesó la interpelada.
Entonces debes entender por qué lo necesito fuera de mi vida.- expuso la pequeña ainu, como si con eso lo dijera todo.
Pilika te estás apresurando.- le dijo la rubia con total convicción.
Estás dejando que lo que ella te contó nuble tu razón, ¡tu lógica!- exclamó, sabiendo que tal vez así pudiera hacerla reaccionar. Se notaba que entre ella y Liserg existía un lazo muy fuerte y que al romperlo se estaban haciendo muchísimo daño a propósito.
No es así, Marion. Terminar fue mi decisión, no de Anna… ni de nadie más, fue mía.- declaró Pilika, impidiendo que Mary asumiera que era Anna quien tomaba sus decisiones.
Muy bien, pero dime algo…- solicitó la chica.
¿Qué?- interrogó Pilika, con voz cansada.
¿Ya hablaste con él…?- murmuró Mary, por lo que Liserg se acercó a ella de forma inconsciente.
¿Para qué?, ¿acaso piensas que Anna me mentiría?- preguntó Pilika a su vez, casi retándola a decir que sí.
No. Pero siempre existen por lo menos dos versiones para una historia.- trató de explicarle Marion Phauna, que sentía que debía hacer algo, no resistía ver a la gente sufrir, menos si era gente que apreciaba.
No quiero, no puedo verlo Mary… me duele.- confesó la otra, con la voz a punto de quebrársele.
Si le hizo eso a Anna, a Anna… quien sabe que podría hacerme a mi.- concluyó la Usui. Mary vio como Liserg apretaba los puños con fuerza al escuchar esas palabras, por lo que le dirigió una mirada alarmada.
Pilika, habla con él.- pidió ella con un hilito de voz, parecía que la chica al otro lado de la línea rompería en llanto en cualquier momento.
No Marion, Anna me dijo todo lo que debía saber… y te ruego por lo que más quieras que no intervengas en mi vida nuevamente. Adiós.- dijo la chica manteniéndose firme en su decisión, antes de colgar.
Ya la escuchaste.- le comentó quedamente, al chico que parecía no dar crédito a sus oídos.
¡Diablos!...-gruñó él, alejándose hasta el fondo de la habitación.
¿Por qué Anna me hace esto a mi?... no tiene sentido.- expresó su frustración, dejando cada vez más intrigada a Mary, quien optó por guardar silencio, mirándolo con cautela.
Ya destruyó mi vida una vez, no permitiré que lo haga de nuevo.- dijo de repente, abalanzándose hacia la puerta.
¡Liserg!... ¿A dónde crees que vas?- le gritó ella, haciendo que el chico se detuviera en el acto.
¿A dónde va a ser?... a hablar con Pilika.- repuso él, como si la pregunta de la chica estuviera de más.
¿Y crees que va a escuchar lo que tengas que decir?, ¿así porque si?- musitó ella suavemente, llegando hasta donde él se encontraba.
No me interesa, la obligaré si es necesario… pero tendrá que hacerlo.- replicó él dispuesto a marcharse.
Tranquilízate, hey… cálmate un poco, no puedes irte así.- le detuvo la chica, interponiéndose entre él y la puerta.
¡Yo la amo!, no puedo perderla y sé que ella me quiere a mí…- le gritó Liserg a la chica, quien le miraba profundamente apenada por ver todo aquel sufrimiento.
¿Te lo ha dicho?- preguntó casi sin darse cuenta.
¿Cómo?- preguntó el chico inglés a su vez, sin entender realmente a que se refería.
¿Si te ha dicho que te ama?- volvió a interrogarlo ella, sin moverse de su sitio.
No con palabras, eso se siente…- respondió Liserg al darse cuenta del verdadero interés que sentía la chica por conocer la respuesta.
No sé que pudo haberle dicho Anna, para que concluyera que olvidarse de mí era lo mejor.- expresó su inquietud en voz cada vez más baja.
¿Cuál es tu verdad, Liserg?- Mary suspiró antes de realizar aquella pregunta.
¿Qué te dijo Anna a ti, Marion?- preguntó él, haciéndola blanco de su mirada profunda.
Nada.- aceptó ella.
Pero… le dijiste a Pilika…- comenzó el muchacho, bastante confundido.
Mentí.- confesó con naturalidad, por lo que él suspiró intentando calmarse.
¿Por dónde quieres que comience?… ¿por la parte en la que me convenció que me amaba con toda el alma o por la parte en que me abandonó?- declaró con amargura casi palpable.
¿Anna hizo eso?- preguntó Mary, realmente sorprendida.
Si. Cuando conocí a Anna me acababa de enfrentar a un desastre amoroso, aun no me acostumbraba a la soledad, y bueno… ella le dio luz a mi vida.- comenzó a contarle, dejando claro con cada una de sus palabras que no mentía.
Me devolvió las ganas de seguir adelante, todo lo hacía en función de ella… nos íbamos a casar.- musitó en un hilo de voz, al tiempo que una sonrisita sardónica se formó en sus labios. Mary no pudo evitar su asombro al escuchar esto.
¿Tú y Anna?- se escuchó decir.
Si, Anna y yo… Ella nunca apareció, y yo me quedé como un tarado, allí… esperándola, por…- dijo él con gravedad, haciendo luego una pausa.
No sé cuánto tiempo.- terminó lentamente.
Cuando finalmente caí en cuenta de lo que realmente sucedía, la busqué desesperadamente… pero no pude hallarla.- continúo el inglés, a quien tal vez ya no le dolía tanto lo sucedido con Anna, pero seguía arrepentido de haberse comportado como un idiota.
Ni a ella, ni a nada que pudiera explicarme su ausencia.- concluyó la historia, algo apesadumbrado.
Jamás volví a saber de ella, hasta aquel día en el restaurante… cuando tu mencionaste su nombre.- le confesó el joven.
No lo puedo creer, ¿Por qué Anna haría algo como eso?- Mary estaba atónita, no podía creer que la Anna que ella conocía hubiese hecho algo como aquello.
No lo sé, y sinceramente ya no me importa. Lo único que quiero es recuperar a Pilika… y lo haré.- declaró firmemente su decisión de hacerle ver a Pilika la realidad.
Liserg, ella no te va a escuchar.- se atrevió a decirle Mary.
Tendrá que hacerlo.- dictaminó él, esquivándola para llegar hasta la puerta.
Tal vez yo no sepa nada del amor, pero sé mucho sobre la amistad… no importa lo que tú le digas a Pilika, ella seguirá creyéndole a Anna.- sentenció solemnemente, haciendo que nuevamente la mirada de él se posara en su persona, cuando ya había alcanzado la perilla de la puerta.
Las conozco desde hace algún tiempo y sé que así será, son como hermanas.- comentó con voz firme, para tratar de hacerlo desistir, ella sabía que no lograría nada.
¿Y entonces que propones?, ¿Qué me quede de brazos cruzados?... ¿Qué deje que Pilika piense lo peor de mi?- espetó él con una voz que no parecía ser suya.
No. Creo que si debes hablar… pero con Anna.- declaró ella, provocando que él la mirara como si hubiese perdido la razón.
Estás loca.- rezó el muchacho de orbes esmeraldas, antes de girar la perilla de la puerta con claras intenciones de salir.
Escúchame… ella es la única capaz de convencer a Pilika, de que está cometiendo un error.- se aseguró de hacerle entender, frenando su avance al colocar una de sus manos sobre la de él.
Pero… si fue ella la que la puso en mi contra. Nunca hará eso por mí…- acertó a decirle él, sin creer que una mujer tan inteligente como al parecer lo era Mary le propusiera aquello.
Claro que si lo hará. Cuando la encares, y puedas saber que fue lo que en realidad pasó con ustedes dos.- trató de que él comprendiera sus palabras.
Pero si está muy claro para mí. Me dejó plantado en el altar, ¿no te lo acabo de decir?- repuso el chico con suma frialdad.
Las mujeres como Anna, tienen siempre una razón para todo lo que hacen.- intervino a favor de la otra rubia, sin siquiera saber por qué.
No existe una razón válida para lo que me hizo, Marion.- siseó él, mientras volvía a apretar con fuerza la perilla para abrir la puerta.
Eso es precisamente lo que no sabes. Cabe la posibilidad de que lo sucedido entre ella y tú, no sea más que una gran y tonta confusión.- dijo ella, confiando en su interior en que así hubiesen sucedido las cosas, se negaba a creer que Anna pudiera llegar a ser tan vil.
Yo no lo creo.- se limitó a decir él.
¿Qué tienes que perder?...- le provocó ella, retirando su mano de la suya.
¿Y si tengo razón?, ¿no habrán sufrido ustedes bastante ya?... ¿acaso Pilika también tendrá que pagar?- Liserg le miró directamente a los ojos y ella le sostuvo firmemente la mirada.
¿Por qué dejar que ella también lidie con las penas, que dejó el pasado que Anna y tú tienen en común, Liserg?- solicitó una respuesta que sabía nunca llegaría.
Habla con Anna, aclaren todo y has a Pilika feliz.- casi rogó la hermosa rubia, haciendo que el chico suspirara.
Está bien, tu ganas… intentaré dar con ella.- aceptó finalmente, dándose por vencido… al parecer, cuando esa chica quería algo terminaba consiguiéndolo.
No necesitas intentarlo…- dijo, sorprendiéndolo una vez más.
Mary se alejó de él y llegó hasta su escritorio donde encontró una pequeña agenda negra, la que abrió para consultar algo que luego escribió en un papel. Liserg la vio regresar junto a él, sin saber que pensar.
Toma, esta su dirección en Japón.- le dijo la chica, entregándole el papel.
Y aquí, es donde trabaja.- dijo señalándole un nombre en el papel.
Muy bien está decidido, aclararé todo lo que tenga que aclarar con Kyouyamma Anna.- le informó Liserg, guardando el papel en uno de sus bolsillos.
Es Asakura.- la voz de Mary le tomó desprevenido, por lo que la miró.
¿Asakura?- interrogó, intrigado.
Asakura Anna, se casó hace poco.- explicó la mujer, sin saber cómo se lo tomaría aquel muchacho.
Ah, no me digas…- murmuró, mostrándose algo pensativo.
Espero que todo te salga bien.- se despidió ella, al ver como Liserg pretendía irse ya.
Yo también lo espero.- declaró él de igual forma.
¿Marion?- le llamó Liserg deteniéndose un minuto en la puerta, cuando ya la chica se volvía hacia su escritorio.
Dime…- le dijo, instándolo a que continuara.
Eres muy buena amiga, Pilika tiene mucha suerte.- declaró el apuesto muchacho, regalándole una sonrisa sincera y llena de dulzura, que conmovió a la hermosa rubia, cuyos centellearon en respuesta al inesperado comentario del inglés.
Si que la tiene.- declaró ella en respuesta a sus palabras, devolviéndole la sonrisa.
Agradezco a todo el que lee este fic, lamento muchísimo haber demorado tanto en actualizar, de ahora en adelante tal vez lo haga más rápido, y de veras siento no poder responder a su reviews en este momento, sin embargo a todos los que quieran agregarme en el MSN, les dejo mi correo que es: dilemmadarla
Pdta. Es de Hotmail, ya saben… si me dejan sus correos con mucho gusto les responderé sus reviews y hasta quizá les dejé un adelanto del próximo capitulo, para que se aseguren de que realmente tengo pensado continuar el fic.
Besos.
Darla Asakura.
