ENTERRANDO EL PASADO

By: Darla Asakura


CAPITULO XXII

"UN PASADO EN COMÚN (1a Parte)"

La pelirroja dio vuelta a la derecha tranquilamente, al parecer no llevaba ningún afán, ¡qué raro! pensó el muchacho de cabellos azules quien la seguía a la distancia y de la forma más cautelosa que le era posible, debido a su gran tamaño podía ser bastante torpe en esto de perseguir a alguien, sin embargo se apresuró, pues notó como la chica en cuestión se decidía por doblar otra esquina; Horokeu Usui la imitó y se dio de frente con un callejón oscuro, muy parecido a aquel donde fue rescatado por ella la primera vez que la vio, el muchacho se adentró unos cuantos pasos al no encontrar ni rastros de la joven, al parecer nuevamente la había perdido.

- ¿Por cuánto tiempo pretendes seguirme? – la voz de Matty se hizo escuchar a sus espaldas, el chico suspiró resignado.

- Contaba con ser lo suficientemente bueno para que no lo notaras. – respondió él con voz tranquila antes de encararla completamente.

- Vuelve al apartamento. - recitó ella con voz que demostraba su hastío.

- No lo haré. – terció él con firmeza.

- Odio esto, OK. Lo odio. – comenzó a decir la chica mientras caminaba de un lado a otro, demostrando su frustración.

- ¿Qué es exactamente lo que odias? – se atrevió a preguntar el chico de Hokkaido.

- Que me sigas a todos lados, que no pueda recibir visitas o hacer llamadas telefónicas sin tu supervisión, o la de Hao. – Empezó a enumerar ella, deteniéndose justo frente a él.

- No puedo ni respirar sola, en todo momento siento que me asfixian… ¿no lo entiendes? – reclamó sin vacilar.

- No me dejan vivir. - terminó cansinamente, provocando que el chico esbozara una sonrisita sardónica, que acabó de hacerle perder la paciencia.

- ¿De qué demonios te estás riendo? – Espetó ella con rudeza, tal vez demasiada.

- De ti. – contestó a su pregunta Horo con suma simpleza.

- Eres un… descarado. – exclamó la chica, quien en ese momento luchaba por no perder realmente todo su autocontrol.

- ¿Estoy hablando en chino o es que hay alguna maldita cámara escondida en algún lado? – terció ella con total fastidio y con un ápice de la ira que ya la inundaba asomándose un poco en su voz.

- No, entiendo perfectamente lo que dices, por lo tanto, la teoría de que hablas en otro idioma está totalmente descartada. – se encargó de hacerle ver Horo, la mandíbula de Matilda estuvo a punto de desencajarse por el desparpajo con el que le había respondido el hombre que tenía al frente, y que al parecer intentaba hacerse el gracioso.

- Y lo de la cámara… No, no lo creo. – afirmó el manteniendo esa sonrisita tan molesta en sus labios.

- ¿Podrías recordarme desde cuando la vida… "mi vida", se convirtió en un chiste para ti?, es que lo he olvidado. – Terció ella con evidente mal humor.

- Creo que eso fue… Hmmm, veamos…- comenzó él a sopesar con fingida inocencia. Matty estaba fúrica.

- Desde que te convertiste en una amargada. – soltó él sin más.

- Yo no soy una amargada. – prácticamente gritó ella.

- Tu tono te contradice. – la tranquilidad en la voz de Horokeu solo hacía que ella se molestara más y más.

- Mira, esto se acabó. – finalmente concluyó la pelirroja dando un paso hacia él de forma algo peligrosa.

- Quiero que captes algo en esa cabeza dura que tienes…- prosiguió la chica, no gritaba, pero su tono de voz se volvió ronco y algo gutural.

- Estoy harta de ti. – dijo ferozmente, sosteniéndole la mirada.

- No sabes cuanto me arrepiento de haber intervenido aquel día…- le soltó con acidez.

- Jamás pensé que diría esto, pero tenías razón. Debí dejar que te mataran, así por lo menos no tendría que soportarte ni un segundo más…- el muchacho dejó de sonreír, las palabras salían de la boca femenina, pero en ellas él logró percibir algo más, allí escondido había algo más y Horokeu necesitaba saber que era, ¿por qué Matilda quería lastimarlo?

- Matty, no lo hagas. – pronunció él dulcemente, y entonces ella ya no pudo soportarlo.

- ¿Qué no haga qué?... Me he cansado de decirte que tú no cabes en mi vida y que quiero que desaparezcas. – le gritó fastidiada ya.

- ¿Qué esperas?, o te largas Horokeu Usui o te juro por Dios, que soy capaz de romperte el cuello ahora mismo. – amenazó ella, dando otro paso en su dirección.

- Vamos, no es para tanto…- murmuró él, acercándose a ella tratando de calmarla un poco.

- No estoy bromeando, sabes bien que puedo hacerlo. – aseveró la chica, con un brillito extraño pendiendo en sus ojos violetas.

- Ya lárgate y déjame en paz. - le ordenó finalmente, al ver como él continuaba en su intento de acercarse a ella.

- ¡VETE! - les espetó está vez con fuerza, dejándole ver que no estaba jugando.

Horokeu Usui tuvo que detenerse, sus ojos negros se posaron por un milisegundo en la figura menuda de la mujer frente a él, solo una vez la vio tan dispuesta a todo, sabía que hablaba en serio y sintió alojarse en su pecho una tristeza profunda porque supo que ella había decidido enfrentar sola lo que viniera, que quería arrancarlo de su vida como si se tratara de una mala hierba que crece en un campo de flores. Echó a andar y pasó de largo a su lado, y mientras caminaba sintió como le pesaba el no poder tomarla entre sus brazos y protegerla para siempre, ¿acaso era amor aquello que sentía?...

Matilda entrecerró los ojos y suspiró profundamente antes de darse la vuelta para seguir su camino, el bar de Chuck estaba apenas a una calle de aquel lugar; sin embargo, apenas salió del callejón se encontró con su amigo moreno apoyado en una pared cercana, mirando al cielo despejado. La chica volvió a suspirar, ¿no debía sorprenderse o sí?, últimamente a todos se les había dado por intentar protegerle.

- Fuiste un poco dura, ¿no lo crees? – le soltó el chico apenas ella estuvo a su lado.

- No. Le dije lo que necesitaba escuchar. – respondió ella mientras ambos caminaban en dirección al bar.

- Oh, ¿de veras?... – exclamó el chico tranquilamente, logrando atraer la mirada de la pelirroja.

- No será tan simple. – declaró él, mientras se encargaba de abrir la puerta del bar. Matty lo observó pelear con las llaves del local.

- Si hubieses visto como te cuidaba cuando te hallabas inconsciente, no pensarías igual. – prosiguió él, cuando ambos estuvieron ya adentro.

La chica siguió su camino hasta la barra y ocupó un banco, volvió a suspirar. Chocolove se acercó a ella.

- Era prácticamente imposible apartarlo de tu lado. – comentó con tranquilidad, Matty se encogió de hombros.

- Pues no me importa. Horo-Horo me tiene cansada ya. – terció cansinamente.

- Me siento prisionera en mi propia vida. Me tiene harta, aburrida…- dijo, Chocolove la miró de reojo, sabía que mentía.

- Debía entenderlo, y si no era por las buenas, tenía que ser por las malas. – concluyó finalmente la chica, levantándose para ir en busca de un par de cervezas.

- Si mal no recuerdo. Hao también te tiene harta, cansada y aburrida…- sentenció el moreno con suma tranquilidad.

- Pero a él no le gritaste, todo lo contrario… Le diste las gracias, él mismo me lo contó. - puntualizó el chico.

- Así que me pregunto yo… ¿cuál es la gran diferencia que existe entre Hao Asakura y Horokeu Usui?, ¿Por qué uno recibe besos y abrazos, mientras que el otro solo gritos y amenazas? – preguntó él cuando ya recibía la cerveza de parte de la pelirroja.

Matilda se rindió, finalmente si su amigo quería la verdad, buscaría la manera de obtenerla, y en realidad no se hallaba de ánimos para estar jugando al gato y al ratón, así que simplemente se dejaría atrapar.

- La diferencia es que… yo no vivo con Hao, vivo con Horo. No es Hao al que tengo que soportar todos los días… Hao no es quien me despierta con el aroma del café recién hecho todas las mañanas, para luego toparme con un desayuno delicioso en la bandeja que siempre suele colocar en mi mesita de noche, Hao no es el que ordena todo entonando alguna extraña canción que desconozco, no es Hao el que me deja la ropa limpia y doblada sobre la cama, luego de batallar conmigo para que entre a la ducha.- comenzó ella tras apoyar su espalda contra la barra, y siguió, y siguió… finalmente no podía pensar en alguien más confiable que Chuck.

- No es él quien sale a comprar víveres todos los días y además regresa con la rosa blanca que encuentro sobre mi almohada cada noche, antes de acostarme… la cual, por cierto, no sé donde rayos esconde hasta entonces. - Suspiró profundamente antes de proseguir, sintió la garganta seca y tuvo que tomar un sorbo de cerveza.

- No es Hao, el que cuando creer que estoy dormida me acaricia el cabello y me cubre con las cobijas, para que no me dé frío… No es Hao, No es Hao, Chuck. - exclamó ella con un hilito de voz, y clavados los ojos en su amigo que sólo la observaba guardando el más celoso de los silencios.

- Hao no ha hecho absolutamente nada para que yo me enamore de él…- terminó ella, sintiendo como de repente se le nublaba la vista a causa de las lágrimas que ya se agolpaban tras sus ojos, razón por la cual, los entrecerró un momento.

- Y yo que pensé que se volvía más fácil la cosa, cuando podías reconocer los síntomas...- se atrevió a pronunciar finalmente el moreno antes de darle un trago a su cerveza.

- Lo amo… Amo a Horokeu más de lo que he amado a nadie en mi vida… Lo amo tanto, que preferiría morir mil veces, antes de dejar que alguien toque otra vez, alguno de los cabellos azules que tiene en su hermosa cabeza… - exclamó ella evidentemente cansada de luchar contra sus sentimientos.

- ¿Eso responde a tu pregunta? - interrogó con simpleza a su interlocutor, luego de terminar su cerveza y colocarla en la barra.

- Ay Matty… Siempre es bueno que lo admitas, pero… ¿realmente acabas de descubrirlo? - le instó a responder él, clavando en ella su mirada.

- ¿Qué quieres decir con eso? - interrogó de vuelta la chica, mirándolo fijamente.

- Cuando vi tu reacción al reconocer a Horo en la grabación, no me quedó duda de que era alguien importante para ti… pero cuando te vi darlo todo por él, por liberarlo. Entonces supe que lo amabas. - le soltó sin más el cantinero, si ella había decidido sincerarse, él tampoco se andaría con rodeos.

El moreno se levantó, recogió la botella del mesón y fue a ocupar su lugar detrás de la barra.

- Pues… felicidades me conoces mejor que yo. Aunque eso me hace una masoquista, en aquellos días Horokeu no podía tratarme peor. – recordó ella y una sonrisita triste se formó en sus labios.

- ¿Y?... tú tienes la habilidad para ver el corazón de las personas, omites todo lo demás. Y nunca te has equivocado en tus juicios, él no es la excepción. – le recordó su amigo.

- No, no lo es… espero que tengas ya argumentos suficientes para entender mi actitud. No quiero que se arriesgue más por mí, ya ha hecho bastante. - dijo ella con acritud y volvió a suspirar.

- Lo entiendo, pero aún así… si él te ama…- comenzó a decir él, más la chica lo interrumpió de inmediato.

- No lo hace. - Inquirió.

- Ok, entonces no es tan inteligente como creí, y… ¿qué esperas?, ¡enamóralo! - sugirió él con demasiada osadía, tanta que la hizo sonreír.

- Hay alguien más… él la adora, lo he visto sufrir por ella, desde que lo conocí…- le explicó brevemente. Chuck pareció en verdad sorprendido, pero solo fue un instante.

- Pues ahí tienes, si lo hace sufrir es que no se merece su amor. – concluyó de lo más tranquilo, mientras ponía un poco de orden en aquel lugar.

- Olvídalo. Yo no seré quien juzgue eso. - dijo ella completamente decidida, él prefirió no insistir entonces.

- Muy bien… ¿Qué planes tienes para él? - finalmente le preguntó.

- Voy a mantenerlo alejado de mí el tiempo que sea necesario para arreglar todo este embrollo de Milly, no quiero que salga herido… él no se irá de Japón, si aun piensa que corro "peligro". - le comentó ella, con total resolución.

- Me parece razonable, aunque estúpido. - dijo él.

- Lo que pretendes es renunciar a él, sin siquiera haber luchado. Además, a mi parecer… él ya siente algo por ti, Matilda. - volvió a tratar de hacerle ver lo que era apenas obvio, no había que ser un experto en el tema para darse cuenta de qué Horokeu Usui estaba muy interesado en su amiga.

- Claro que siente algo por mí… agradecimiento, ¿le salvé la vida, recuerdas - le replicó ella con demasiada seguridad, Chocolove puso los ojos en blanco.

- Todo lo que Horokeu hace por mí, lo hace por mera gratitud… lo sé, y sin embargo muchas veces como tú, cierro los ojos y me permito soñar con que la única razón que existe para su comportamiento es el amor…- dictaminó ella en voz baja y triste, el chico la escuchó, nunca pensó verla rendirse tan fácilmente ante una situación, ese no era su estilo… ella era una guerrera.

- ¿Y sabes que es a lo que realmente le temo, Chuck? - su voz atrajo nuevamente su mirada.

- Le temo a empezar a creer que ese sueño se hará realidad. - musitó quedamente la chica.

Chocolove se preparó para contraatacar, no le parecía para nada justa la situación que atravesaba su amiga, pero peor aún, no lograba asimilar esa actitud de derrota que demostraba, sin embargo, en ese momento el teléfono del lugar empezó a repicar.

- Disculpa…- dijo el moreno dirigiéndose a atender la llamada.

- Parece que no tendrás que esperar mucho tiempo para arreglar el problemita que representa la hermana de Boris. – Declaró él, regresando apenas un par de minutos después de estar al teléfono.

- ¿Por qué? - preguntó ella.

- Era Silver, tiene a la chica. - exclamó él, mientras terminaba de colocarse el abrigo para salir de inmediato en compañía de la pelirroja, quién se colocó en pie como activada por un resorte imaginario.


Los pasos de Liserg Diethel resonaban por el pasillo dejando ver su total intranquilidad antes de divisar finalmente a la mujer sentada frente al escritorio, debía ser ella su secretaria y, por tanto, la fuente de información que necesitaba para hallarla al fin después de tanto tiempo.

- Buenas tardes, la señora Anna Kyouy... Asakura, por favor. – se corrigió al instante el hermoso hombre, y pronunció aquel nombre que ahora le sabía a hiel.

- La señora Asakura se encuentra en una junta, si gusta esperarla. – le invitó la amable mujer, regalándole una gran sonrisa.

- No lo creo. - Liserg bufó, no esperaría por ella un segundo más.

- ¿Hacia allá queda la sala de juntas? - señaló un lugar cercano, y supo que estaba en lo cierto por la manera en que el semblante de la mujer mutó a uno de preocupación.

- Espere señor, no puede seguir. – instó la secretaria de Anna, pero él hizo caso completamente omiso a su comentario, de hecho, ya no la escuchaba mientras se dirigía presuroso hacia aquel salón de conferencias.

- Un momento por favor. - insistía la chica, corriendo tras él.

Mientras tanto adentro la voz de la hermosa rubia de ojos negros se hacía escuchar, liderando la reunión más importante que tal vez tendría aquella empresa desde la muerte de Yohmei Asakura, sin siquiera imaginar el huracán que estaba a punto de desatarse.

- Ayer recibí los últimos informes de ventas de nuestras sucursales del extranjero. - empezó ella con voz tranquila, pero autoritaria como siempre.

- Dejé una copia de ellos frente a cada uno de ustedes, para que puedan constatar lo bien que marchan éstas… sin embargo, allí también podrán encontrar el nuevo plan que se llevará a cabo para maximizar las ganancias. - apostilló con voz normal.

- ¿De qué estás hablando?, ¿no acabas de decir que las cosas marchan bien? - Le interrogó Hao, mirándole de forma inquisitiva desde el otro lado de la gran mesa en la que de forma excepcional se hallaba la familia Asakura reunida, casi en su totalidad, pues tal como ella se lo había propuesto ahora todos estaban inmiscuidos en los negocios familiares.

- Sí, eso dije… le pedí a nuestro jefe del área financiera un informe comparativo entre este año y el anterior… puedes verlo tú mismo. - exclamó esta vez Anna sin levantar la voz en lo absoluto, tal era su seguridad.

- Lo veo, por eso pregunto… las ventas están bien. - dictaminó Hao Asakura nuevamente.

- Podrían estar mejor. - soltó ella sin más.

- Esta medida es totalmente innecesaria, díselo, Len. – buscó apoyo entonces el mayor de los gemelos, al ver que sus palabras no le bastaban a la rubia.

Len lo miró, luego a ella y suspiró… ya que entendió que definitivamente sí tendría que intervenir. Últimamente las cosas entre Anna y Hao estaban siempre demasiado tensas, todo lo contrario que sucedía entre ella e Yoh, con quien adivinaba, se llevaba de maravilla.

- Anna, con todo respeto… el año aún no acaba. Implementar un nuevo plan a estas alturas podría resultar demasiado riesgoso. – declaró él con tranquilidad, mirándola sin saber exactamente que deseaba lograr con esa intervención, pues cuando la rubia se proponía algo era casi imposible que no lo consiguiera, y al final de cuentas ella era la cabeza de la familia ahora.

- Tranquilo Len, Yoh y yo analizamos los riesgos y te puedo asegurar…- comenzó la hermosa mujer a explicar, pero se vio interrumpida por el sonido de la puerta al abrirse de sopetón.

- Anna Kyouyamma… Oh, perdón… ¿es Asakura ahora, cierto? - la amargura en la voz de Liserg Diethel era palpable, y solo podía mirar al blanco de su ira creciente, a quien había localizado inmediatamente irrumpió en la habitación.

- Liserg - Era una afirmación, pero sonó inquietante como si ella no quisiera creer lo que veían sus ojos. Anna se había levantado de golpe y no parecía siquiera notarlo, lo hizo apenas escuchó su nombre en boca de él.

- Así es, cariño… ¡Liserg! - espetó él con una ironía muy marcada en su timbre de voz.

- Señora… lo lamento, intenté detenerlo…- comenzó a explicar la pobre secretaria cuando por fin alcanzó al muchacho en la puerta.

- ¿Qué es lo que está sucediendo? – preguntó totalmente extrañado Hao Asakura, mirando a Anna, quien no despegaba la mirada del recién llegado.

- ¿Qué haces tú aquí? – fue Len quien intervino ahora tras ponerse en pie, dirigiéndose únicamente al inglés de cabellos verdes y atrayendo así su mirada.

- Pero si es Len Tao…- terció este apenas lo reconoció.

- Asakura… ahora lo recuerdo, tu familia. - pareció entenderlo todo el joven que aun mantenía la puerta entreabierta.

- ¿Sorprendido Tao?... Yo lo estoy aún más. - acabó de recitar con algo de sorna en la voz.

- ¿Quiere que llame a seguridad? - la pregunta de su secretaria devolvió lentamente a Anna a la realidad, atrayendo la mirada de todos los presentes hacía ella.

- ¡Anna! - le llamó Yoh, pero ella no pareció escucharlo, parecía como si viera a un fantasma, cosa que le preocupó aun más al castaño de cabellos cortos.

- No. No pasa nada… puedes retirarte. - ordenó la joven rubia a su secretaria, quien inclinó la cabeza en señal de obediencia y se retiró de inmediato, cerrando la puerta tras de sí.

- ¿De dónde se conocen esos dos? – la pregunta de Jun a su hermano e hizo nacer en él nuevamente la necesidad de dirigirse a su ex mejor amigo.

- Has perdido completamente el tino, Liserg… entras casi a la fuerza, sin anunciarte…- relató el chino de ojos verdes sin dejar de mirarlo, y sin demostrar un atisbo de emoción alguna en su voz.

- No es muy digno de ti. - resolvió finalmente.

- Qué bien me conoces, Len… supongo que igual de bien a como conoces a tu esposa. - declaró Liserg, y una extraña sonrisa se formó en sus labios.

- ¿Qué haces aquí? - Anna se apresuró a intervenir pues conocía a Liserg, y algo le decía que estaba a punto de decir algo que comprometería a Tamao.

- Necesito hablar contigo. - espetó crudamente el peliverde, olvidándose de Len Tao y centrando toda su frustración en Anna, a quien culpaba de todo su sufrimiento.

- ¿No podías esperar?, ¿por lo menos a que acabara la junta? – le preguntó ella, recuperando su tono glacial característico.

- Ya esperé demasiado por ti. - casi escupió las palabras él.

- Siento haber tenido que interrumpir tu "importante" reunión familiar, pero tenía la ligera impresión de que si permitía que me anunciaran… te disolverías en el aire, igual que lo hiciste hace algunos años ya. – declaró él con una voz llena de sarcasmo, sin apartar la vista de ella.

- Yo no tengo nada que decir. - quiso ella dar por terminada aquella conversación, algo que obviamente Liserg no iba a permitirle.

- Pues yo sí, y quieras o no, me escucharás… - dijo él con voz mordaz.

- Puede ser a solas o frente a todos ellos… a mí eso no me importa, ¿y a ti? - le amenazó él, Anna lo miró con odio.

- Anna… - la voz de Yoh, quien la asió del brazo con suavidad reclamando su atención le llegó directamente al cerebro.

Anna Asakura no entendía en qué momento todo aquello se salió de control, jamás siquiera contempló la posibilidad de ver otra vez a Liserg, ni mucho menos en esas circunstancias. Posó sus ojos negros en los castaños y extremadamente cálidos que poseía su esposo, la preocupación en ellos era algo que definitivamente no podía pasar por alto.

- Si no quieres ir con él, no lo hagas. - musitó suave pero claramente Yoh, y esto fue más de lo que aquella autoritaria rubia pudo soportar, ella no quería ser causante de más revuelo en la vida de aquel tranquilo joven, no era justo; así que terminaría con ese asunto de Liserg ahora, para entonces proseguir con el cumplimiento de esa bendita promesa que en vida le hizo a Yohmei de una vez por todas, y tal como se lo había propuesto, protegería a Yoh Asakura costara lo que costara.

- Miren nada más, tú debes ser su maridito… yo de ti me cuidaría. - comenzó Liserg, esta vez dirigiéndose al castaño que aun mantenía a la rubia cerca suyo.

- No vaya a ser que mientras duermas, coloque una víbora venenosa entre las sábanas. - terminó maliciosamente sin apartar la vista del gesto protector del castaño para con la rubia.

- Te lo agradezco Yoh, pero cuando el pasado te alcanza… no queda de otra, más que hacerle frente. – le dijo con dulzura a su esposo, mientras deshacía suavemente su agarre y se encaminaba hacia la puerta donde el otro le esperaba.

- Salgamos de esto, ¿quieres? – espetó con acritud.

- Después de usted… señora. – exclamó Liserg apartándose tras abrir la puerta, y así, cederle el paso a la mujer por la que había viajado a Japón, con el rastro de una sonrisa oscura bailándole en los labios al saberse vencedor.

No habían dado más de dos pasos fuera de la estancia cuando una Tamao llegó algo azorada, preocupada y jadeante, al parecer llegaba tarde a la reunión. Los ojos de la rubia se abrieron como platos, no se acordaba de ella en lo absoluto, dirigió su vista al hombre que le seguía casi por inercia.

- Anna… lamento el retraso, pero aun no me acostumbro a …- comenzó a disculparse cuando notó su presencia la chica de cabellos rosas, y de repente sus ojos se cruzaron con los de alguien completamente inesperado.

- ¡Liserg! - el mundo se le vio encima a la chica, ¿qué hacía él allí?, ¿Por qué justo ahora?

- Tammy… veo que cumpliste tu palabra. Dijiste que intentarías formar un hogar con Len…- La voz de él no tenía emoción alguna, parecía hastiado de todo eso.

- Hace 5 años, cuando fuiste a verme… yo también pensaba hacer lo mismo. Pero como ya sabrás, mi prometida decidió cancelar el compromiso de manera unilateral…- recitó él tranquilamente sin preocuparse por bajar la voz. Anna entrecerró los ojos, aquello se estaba convirtiendo en una verdadera pesadilla.

- Anna, ¿de qué se trata todo esto? – Tamao no sabía ni qué decir ni qué pensar, y acudió a la otra en busca de respuestas, pero no las halló.

- Es por aquí. - instó a Liserg a seguirla, la rubia de ojos negros. Debía alejarlo de allí, rápidamente.

- ¿Alguien podría explicarme que fue lo que ocurrió? - adentro preguntó Keiko, mirando a sus hijos de hito en hito en busca de respuestas.

- ¿Qué se trae Liserg Diethel con Anna?, Len…- Escuchó decir a su cuñada tras de ella, Tamao, quien se había quedado observando a la pareja alejarse sin entender nada de lo que ocurría allí.

- Tamao…- la dureza en la voz de su esposo la tomó completamente desprevenida, por lo que le miró de inmediato, reconociendo algo en su mirada que hace mucho no veía, desprecio.

- Tú y yo tenemos que hablar. - prácticamente ordenó él, y ella entonces se temió lo peor.


Anna entró a su oficina seguida de cerca por Liserg y se dio la vuelta para enfrentarlo, luego de que el ruido de la puerta al cerrarse le indicara que estaban solos.

- ¿Y bien? – siseó ella, denotando el fastidio que en ese momento sentía.

- Te lo haré fácil, Anna. Voy a contarte una historia y al final se tú solo tendrás que responder una pregunta. – la voz de Liserg cambió, su tono era extraño, un poco lúgubre, a decir verdad, ella se obligó a inspeccionar su semblante, parecía abatido, algo en su interior se conmovió, después de todo, ella jamás pudo odiarlo… ¿cómo?... después de todo, ella lo había amado con total sinceridad.

Nuevamente le invadieron aquellas dudas que Tamao había traído consigo después de esa primera conversación a solas, cuando la visitó en el hotel rogándole que cambiara su decisión de casarse con Yoh. ¿Por qué Liserg no buscó a Tamao?, ¿Por qué parecía como si la hubiese buscado durante mucho tiempo?, ¿acaso ella se había equivocado?

- ¿Viniste hasta aquí e interrumpiste una reunión sumamente importante únicamente para contarme una historia? – se obligó a preguntar, su tono era neutral o por lo menos esa era su intención.

- No voy a discutir contigo mis propósitos hasta que me escuches, y no lo haré, más que nada porque recuerdo a la perfección que siempre termino perdiendo. – fue la respuesta que ella recibió del inglés, quien cada vez lucía más calmado.

- Parece que ya no estás tan alterado. Está bien… escucharé lo que tengas que decir. – acabó aceptando ella, sentándose en un sofá color turquesa que tenía en su renovada oficina, pero sin apartar la mirada de su interlocutor.

- ¿Y responderás con total sinceridad a mi pregunta? - insistió él.

- Sí, adelante… puedes comenzar ya. – señaló ella, ofreciéndole el uso de la palabra.

- Promete que responderás sin chistar. – inquirió él, Anna suspiró antes de responder.

- Ya dije que lo haría, ¿no?... ¿para qué quieres que lo prometa? – le interrogó ella, aun sin comprender.

- Porque… tú nunca rompes una promesa. - soltó entonces él, haciendo alusión a lo mucho que la conocía.

- Lo prometo, contestaré la pregunta sin importar cual sea. – se rindió ella, señalándole un sillón donde tomar asiento.

- Bien. - dijo Liserg, aceptando sentarse, pues esto le daría un poco de estabilidad, y en esos momentos realmente la necesitaba.

"Anna" pensó Liserg mientras clavaba en ella su esmeralda mirada, "¿cuántas veces pensé en este encuentro?, ¿Por qué decidiste abandonarme?, ¿realmente nunca me amaste, cierto?... tomó una bocanada de aire entonces para obligarse a sí mismo a continuar con esa conversación que había esperado por más de 5 años.

- Esta la historia de un chico común y corriente, que se acababa de despertar abruptamente de un sueño en el que la chica a la que siempre deseó estar, le fue arrebatada por aquel que consideraba su mejor amigo. Casi un hermano…- comenzó él, Anna bufó.

- Muchos estarían en desacuerdo con esa versión de los hechos. - respondió ella a su inquisitiva mirada.

- Claro y tú seguramente has tenido información de primera mano, pero siempre existen por lo menos dos versiones para una historia, al menos eso es lo que dicen. – dijo él, recordando las palabras que Marion antes le dijere.

- Y, de todas formas, esta historia no es acerca de ellos, es sobre mí… te ruego que no me interrumpas. – le ordenó él, ella sonrió, Liserg no había cambiado mucho, era terco cuando creía tener la razón, tanto o más que ella misma.

- Está bien, pero por favor acaba con esto rápido. - dictaminó ella, mientras cruzaba las piernas, acomodándose en aquel sofá con tranquilidad.

- Como quieras, Anna. – concedió él.

- Una noche ese chico se cansó de vagar sin rumbo, como generalmente hacía… y entró a una cafetería, donde por cosas del destino y un pobre aprendiz de camarero conoció a la más hermosa e imponente rubia que pudo imaginar; la química fue instantánea y un par de meses después, él se hallaba completamente enamorado de aquella muchacha… - le escuchó decir ella, la chica entornó los ojos… nunca pensó tener que evocar aquella divertida escena otra vez.

- Es que ella era tan… única. – declaró él, mirándola directamente a los ojos, ella no se inmutó.

- Él realmente estaba asombrado con su propia capacidad de amar, pues creyó que tras el golpe que le produjo su primer amor al casarse con otro, así sin más, sin atreverse siquiera a luchar… Jamás volvería a enamorarse. – siguió narrando él, recordando cuanto amó a aquella mujer rubia que en ese instante le miraba como si no pudiese creer ninguna de sus palabras, ¿qué era exactamente lo que le pasaba por la dorada cabeza?

- Porque esa chica, Anna… se llamaba así, bueno pues le había traído de vuelta a la vida, y para él, nuevamente todo tuvo sentido, por ella… y fue entonces que supo que debía tenerla a su lado, por siempre. - continúo él, viendo como el semblante de la chica por un milisegundo pareció desencajarse.

- Muy bonito Liserg, porque no nos saltamos la parte aburrida de la historia y vamos directamente a la acción… - declaró ella, desafiante. Él la miró sin comprender.

- Por qué no me cuentas la parte en la que su exnovia, su "primer amor", una mujer casada por cierto… apareció de nuevo en su vida y qué fue lo que hizo para que todo ese "inmenso amor" que él supuestamente sentía por su, ahora, prometida, terminara en una alcantarilla. – terminó ella la historia por él, con voz cargada de escepticismo.

- ¿Alcantarilla?, mi amor fue verdadero Anna, jamás te mentí. – exclamó él, dejando ver el asombro que las anteriores declaraciones de ella le causaran.

- Sí, claro. – expresó ella con sarcasmo marcado.

- Es la verdad, nunca lo hice y tampoco lo hago ahora. - terció él con firmeza. Anna le miró con reticencia.

- Entonces me negarás que te citaste con Tamao, la mañana del día que elegimos para casarnos. – le retó ella, él se sorprendió en demasía.

- ¿Cómo es que sabes eso? – le interrogó de inmediato, dejando ver un poco su exasperación al colocarse en pie.


Una temerosa Tamao había seguido a Len hasta su oficina, no tenía sentido esperar, puesto que la llegada intempestiva de Liserg Diethel había colocado todo de cabeza. Ella miró a Len fijarse en el ventanal que dejaba ver el cielo, dándole la espalda a propósito, lo cual le daba muy mala espina sin saber exactamente por qué.

- ¿De qué querías hablar conmigo, Len? - preguntó ella con cautela, pues ya no aguantaba más.

- ¿Qué hace Liserg Diethel aquí? – Respondió él con otra pregunta.

- No lo sé… A mí me sorprendió tanto como a ti. – dijo ella de verdad intranquila, parecía como si el hielo en su voz fuese capaz de lastimarle la piel.

- Eh… ¿por qué no le preguntas a Anna? – le sugirió ella, en realidad muy nerviosa, como para que no se notara en su voz.

- Fue a ella a quien vino a buscar, ¿no? – insistió ella, al ver el mutismo en que se había envuelto el muchacho, quien hasta aquel momento evitaba mirarla.

- Te lo estoy preguntando a ti… - espetó con rudeza Len, mirándola fijamente al girar la cabeza.

Tamao dio un paso hacia atrás, presa del pánico. Los ojos de Len refulgían, sus destellos dorados ahora eran chispas y ella tenía miedo, mucho miedo.

- Pero… es que no lo sé, hace mucho tiempo que no lo veo. – contestó con voz baja, apartando su mirada de la de su esposo, y abrazándose a si misma para evitar temblar ante su presencia.

- Sí, como cinco años, ¿no es así? – le concedió él con ironía, enfrentándola totalmente, ella palideció.

- No… no sé de lo que hablas. – se apresuró a contestar, pues sabía que, si no lo hacía, lo que vendría sería mucho peor.

- Mira Tamao, ¡mírame! – le ordenó él, acortando la distancia entre ellos.

- ¿Parezco estúpido?, no te creas ni por un segundo que por regalarme unas cuantas noches en tu compañía he perdido mi capacidad de raciocinio. – exclamó él, bastante alterado.

- Yo… yo no creo eso. Len, ¿cómo podría? – musitó ella como pudo. No, no quería volver a lo mismo de antes; no cuando finalmente las cosas marchaban tan bien entre los dos.

- Bien, porque ese cuentito de ser dominado… de que me manejen como a un títere, no va conmigo. – se encargó de hacerle saber con voz helada, mientras intentaba por todos los medios el controlarse.

- Así que ahora responde: ¿dónde le viste?, ¿cómo fue que te las arreglaste para que yo no sospechara nada?... ¿ah?... ¡HABLA! – le exigió él, levantando la voz.

- Len… Len, mi amor ya cálmate, por favor. – corrió ella hacia él, tratando de suavizar la situación, no podía dejar que todo acabara así.

- No me llames así de nuevo, ¿acaso piensas negarme que te estuviste viendo con él a mis espaldas?, ¿vas a hacerlo? - él ni siquiera permitió que su esposa alcanzara a tocarlo, ella había estado engañándolo todo ese tiempo, desde hace cinco años… No, no podía permitirlo, así como tampoco podía seguir allí escuchando sus mentiras.

- Está bien, lo vi… pero las cosas no son como piensas. Len, déjame explicarte. – las palabras de Tamao llegaron directamente a su cerebro, justo en el momento en que alcanzaba el picaporte.

- Lo sabía. – alcanzó a escucharle decir Tamao, antes de verle abrir la puerta de aquella oficina y salir sin más.

- Len, Len… ¿a dónde vas, Len? – Los ojos de ella se anegaron de lágrimas al ver como su esposo se alejaba, pero éstas no fueron impedimento para que ella tratara de alcanzarlo.


Anna se colocó en pie para enfrentar a un pálido Liserg, a quién le sostuvo la mirada, desafiante.

- ¿Qué importa cómo?, lo importante es que lo sé… ¿no que me amabas mucho? – se mofó ella de él y su supuesto amor.

- Entonces, ¿por qué me engañaste así? – le preguntó un poco descolocada.

- Yo no te engañé… Te iba a contar todo, pero después. – reunió valor para para contestarle, Liserg.

- Oh, Dios, ¿cómo no se me ocurrió? – el sarcasmo en su voz se hizo latente, mientras rodaba los ojos.

- Deja el sarcasmo a un lado, ¿quieres? – le pidió él, sosteniendo su mirada fría.

- Iba a esperar hasta que estuviésemos casados, precisamente porque te conozco y sabía que reaccionarías como lo hiciste… o peor. – le explicó él, quien al parecer había concluido que esa era la razón del por qué la rubia lo había dejado en el altar.

- Sabía que tal vez ni siquiera me dejarías terminar de explicarte, cuando ya estarías cancelando la boda. – terminó de decir él, enfático.

- Yo no soy tan irracional. – se defendió ella, provocando una risita mordaz en su acompañante, quien al parecer la conocía más que ella misma.

- No Anna, si es que tu lógica es innegable… por eso es por lo que en todas y cada una de las discusiones que hemos sostenido, tú terminas ganando. – aceptó él, encogiéndose de hombros.

- Nunca lo he olvidado. - aseveró ella.

- Pero también debes saber de sobra que muchas de esas veces yo tenía la razón. – sentenció él, convencido de estar en lo correcto. Ella calló en señal de aceptación.

- Tu problema Anna, es que te apresuras en la toma de decisiones, sobre todo en la que tienen que ver con el corazón. – El enojo inicial de Liserg, el que lo había invadido al saberla causante de su separación con Pilika, además de causarle tanto dolor en el pasado cuando desapareció el mismo día de su boda, ese enojo dio paso a la frustración.

- Tu único problema es que siempre crees estar en lo correcto. – concluyó él.

- Pero si acabas de admitir que te viste con ella, te vi besándola por amor a Dios. – le soltó ella atropelladamente, cansada ya de contenerse.

- Ese beso no significó nada para mí… fue solo una forma de decir adiós. – le aclaró él con voz normal.

- ¿Por eso me dejaste?... porque pensabas que te iba a dejar plantada y preferiste hacerlo tú primero. – inquirió él, quería realmente escuchar de boca lo que había sucedido aquel día.

- No, pensé que seguías enamorado de ella y sabía perfectamente que aun así te casarías conmigo. – fue la respuesta de ella, trató de calmarse pues habían pospuesto demasiado tiempo aquella charla.

- Creí que, si desaparecía de tu vida, entonces estarías en libertad para poder ser feliz con la mujer a quien realmente amabas. – dijo ella, ya era hora de aclarar todo, finalmente no tenía nada que perder.

- Pero yo te amaba a ti, creí que te lo había demostrado con creces. – la firmeza de su tono de voz no dejaba lugar a dudas.

Anna clavó en él sus ojos negros, leyendo sus gestos, tratando de convencerse de que realmente decía la verdad, y lo hizo… En Liserg no existía hipocresía, ni falsedad… si acaso un poco de frustración, pero ella solía causar ese efecto, sobre todo en los hombres como él.

- ¿Ves lo que te digo?, tomas decisiones con demasiada rapidez… incluso aquellas decisiones que no son solo tuyas. – negó él con la cabeza, su voz ahora era dulce.

- Es que tú eras demasiado bueno, sabía que nunca me herirías. – dijo ella dubitativamente, ya no sabía que pensar.

- Claro y como yo nunca lo hice, entonces decidiste hacerlo tú por mi… casi volviéndome loco de paso, al creer que nuevamente la mujer que amaba me había dejado tirado. – le confesó él, sin dejar de mirarla.

- Esa nunca fue mi intención. – Anna se sonrojó un poco, a causa de la vergüenza que las palabras de Liserg le habían provocado.

- Pero ese fue el resultado de tu decisión, linda. – le recordó él, mientras se acercaba a ella, mirándola tiernamente. Al parecer no había cambiado tanto como él creía, seguía siendo la misma Anna de la que un día se enamoró.

- Debes comenzar a entender que a veces las personas si saben lo que hacen, y que también mereces ser muy feliz, porque pareciera como si lo evitaras adrede. – aconsejó él con dulzura.

- Aunque esto último, finalmente lo entendiste. – declaró, mientras le sonreía de una forma tranquilizadora.

- ¿Por qué dices eso? – le interrogó ella, mirándole dubitativamente.

- ¿Te casaste, no es así? – le devolvió él un interrogante, como toda respuesta.

- Ah, eso. – fue lo único que pudo decir ella, la situación con Yoh parecía querer salirse de sus manos.

En parte, la culpa era suya, cada vez que pensaba en él, notaba como una gran calidez se alojaba en su corazón, mucho se temía que el afecto que empezó a sentir por él estaba en proceso de transformarse en otra cosa, y no estaba segura de como detenerlo.

- Él parece estar muy enamorado. – las palabras de Liserg le sorprendieron sobremanera, y él lo notó.

- ¿Eso crees? – preguntó ella en voz baja.

- Desde luego… lo sé por la manera como te miraba. Ese chico haría cualquier cosa por protegerte, Anna. – reveló él, ella pareció escandalizada por alguna razón.

- Entonces… - dijo él, clavando su mirada en el ventanal, dándole tiempo a ella para que recompusiera su semblante, pues al parecer la había pillado por sorpresa al abordar el tema de su actual matrimonio.

- ¿Qué fue exactamente lo que pasó ese día entre tú y Tamao? – solicitó ella una aclaración de su parte.

- El día antes de la boda me llamó al apartamento, tú estabas ahí…- comenzó él y volvió a mirarla.

- Lo sé, tomé el otro teléfono, es que parecías muy nervioso… así me enteré y decidí seguirte. – le explicó ella entonces, encogiéndose de hombros. Él suspiró…

- Bueno, me citó el día siguiente como bien sabrás. – terció el inglés.

- La sentía muy preocupada, algo ansiosa… dudé, pero de todas maneras fui. – dijo él, esa fue una mala idea desde el comienzo, asistir a aquella cita.

- ¿Y qué pasó?, ¿por qué la besaste? – preguntó ella con voz tranquila. Liserg se estrujó las manos ansiosamente antes de responder.

- Me dijo que me amaba y yo le respondí que me iba a casar contigo. Que no era el momento para decir esas cosas, que te amaba a ti. – resolvió él imitando la tranquilidad de la rubia, siendo completamente honesto.

- Y ella me dijo que solo quería despedirse, con lágrimas en los ojos me confesó que esperaba un hijo de Len, y que estaba decidida a formar una familia a su lado y a amarlo. – continúo entonces él.

- Y lo ama, lo ama mucho… pero creo que perdió el bebé, no tienen hijos. – comunicó Anna, quien volvió a tomar asiento, un poco más relajada ya. Liserg pareció sorprendido.

- Es una lástima. – dijo finalmente, y sonó sincero.

- Verla así me conmovió tanto. Sabía que me amaba y cuando supe lo del niño, me impactó mucho… así que no se me ocurrió otra cosa, fue un impulso. – declaró él, dejándose caer en el sillón frente a ella.

- Bonita forma de decir adiós. – se burló ella, él vaciló antes de volver a hablar.

- Tamao fue la primera mujer en mi vida, con ella aprendí lo que es el amor… hubieras hecho lo mismo en mi lugar. – le aseguró él, ella sonrió dulcemente.

- Muy seguramente, sin embargo, jamás me pasó por la cabeza esta explicación para todo aquello. Ahora todo está más que claro, lo lamento Liserg. – se disculpó ella sinceramente, no sabía por qué siempre era tan impulsiva; debía empezar a trabajar ese aspecto de su vida, estaba causando demasiados estragos ya.

- De verdad lo siento mucho, pero me alegro de que hayas viajado hasta aquí, solo para decirme esto… y que también sepas mis razones, aunque sean estúpidas e ilógicas. – terminó de decirle, y era así, se hallaba muy agradecida y sentía liviano el corazón.

- Yo también me alegro de que todo este aclarado al fin. Mary tenía razón… - dijo él, colocándose sobre sus pies tras suspirar aliviado.

- ¿Mary? – repitió Anna sin entender, colocándose de pie ella también al notar las intenciones del chico de marcharse.

- "La Sirena", tu amiga… Ella fue la que me convenció de hacerlo y me dijo donde hallarte. – le explicó Liserg, ocasionándole a Anna una gran sorpresa.

Anna siempre se asombraba de lo que Marion Phauna era capaz de hacer, si bien era cierto, no compartía su forma de hacer las cosas, últimamente se sentía más y más complacida de conocerla, y de que atribuyera el titulo de su amiga, desde el primer momento en que la vio. Sobre todo, estaba agradecida de su intervención en todo este asunto de Liserg y Pilika.

- Pensé que había sido Pilika. – le comentó a Liserg, quien ya se disponía a abrir la puerta de aquel lugar.

- ¿Pilika?, si ella es aun más radical que tú. No deja que le vea ni un solo cabello… - bufó él en respuesta.

- ¿Esa es Tamao? – preguntó de inmediato, puesto que, al abrir finalmente la puerta, lo primero que vio fue el cabello rosa de su exnovia ondearse frente a él, quien cual ráfaga cruzaba aquel vestíbulo.

- Espera aquí. – fue la respuesta que obtuvo de Anna, al constatar que efectivamente era la chica de cabello rosa quien corría apresurada en dirección al ascensor.


Len Tao continúo se camino hacia el ascensor con una decisión tomada, ignorar los ruegos de la mujer que le seguía, ya que distanciarse era lo único cuerdo que podía hacer en ese preciso momento, así que solo se detuvo a llamar al aparato.

- Len escúchame, por favor… - dijo ella apenas lo hubo alcanzado.

- Yo puedo explicarte, déjame hacerlo por lo que más quieras. – trató de convencerlo Tamao, su voz era casi una súplica.

- ¿Qué me vas a explicar ahora, Tam?, ¿qué jamás pensaste en escapar con él?… - le interrogó él, muy seguro de las respuestas a sus interrogantes. Él sabía lo enamorada que Tamao estaba de Liserg, siempre lo supo.

- ¿Me vas a decir que nunca me engañaste, ni me mentiste? – escupió como pudo las palabras él, más que nada, por miedo a ahogarse con ellas.

Tamao no sabía que decir, y él tampoco le daba tiempo de pensar en una respuesta válida.

- No, espera. Seguramente dirás que siempre has estado enamorada de mí… - se mofó él, su mirada solo mostraba desconfianza… desconfianza y dolor.

- Tal vez no siempre, pero lo estoy ahora. Te amo con toda el alma, Len Tao. – afirmó ella con total convicción. Una sonrisa triste se dibujó en los labios del joven de ojos gatunos.

- Lástima que ya no pueda darme el lujo de creerte. – exclamó él con tristeza evidente en la voz, en el preciso momento en que el ascensor abría sus puertas frente a él, y sin dudar en abordarlo.

- ¿Sabes?, solo tengo una pequeña duda… - dijo él deteniendo un instante el aparato, y su mirada cambió a una llena de oscuridad.

- Ese niño, el que perdiste… ¿era suyo o era mío, Tamao? - le interrogó con crueldad, acertándole un golpe casi mortal a la joven mujer, quien quedó paralizada mientras las puertas se cerraban y el ascensor comenzaba a descender.

Las lágrimas que anteriormente amenazaban con salir de sus hermosos ojos ahora recorrían sin permiso sus mejillas, Tamao se sintió desfallecer, y realmente creyó que se desmayaría pues sus piernas le fallaron.

- ¡Tamao!, ¿Tamao?... ¿qué sucedió?, ¿estás bien? – dijo a rubia, quien la sostuvo justo a tiempo.

- ¡Ay, Anna!, Len me va a dejar… Me va a dejar, Anna. – repetía Tamao, realmente desesperada.

- ¿Por qué dices eso?, ¿qué pasó? – preguntó la otra enseguida.

- Sabe que fui a ver a Liserg… y ahora piensa lo peor de mí, él jamás perdonará un engaño… lo sé. – recitaba Tamao, realmente convencida de aquello.

- ¿Pero tú no lo engañaste o sí? – volvió a decirle Anna, de verdad preocupada.

- Claro que no, pero él cree que sí. – recalcó Tamao, fuera de sí.

- Ven, vamos a mi oficina. - le instó Anna, sosteniéndola aún.

- ¿Por qué tenía que enterarse ahora?, ¿por qué justo ahora? - seguía repitiendo la llorosa chica.

Anna miró a la chica a su lado, no sabía exactamente que decir para hacerle sentir mejor, la verdad todo estaba sucediendo demasiado rápido aquel día.

- ¿Tamao?, ¿Por qué llora? – la voz de Yoh, hizo que ambas detuvieran sus pasos antes de entrar en la oficina de la rubia, donde él ya se encontraba.

- ¡Yoh! – al verlo Tamao prácticamente se abalanzó sobre su pecho, aun llorando.

- ¿Qué sucede?... dime que está pasando, Anna. – preguntó Yoh muy preocupado, mientras rodeaba a Tamao en un abrazo protector.

- Tuvo una discusión con Len, ¿Qué haces tú aquí? – soltó ella, pues lo último que imagino es que lo encontraría en su oficina.

- Este… yo… pues... – Yoh se sonrojó furiosamente, mientras buscaba infructuosamente una respuesta adecuada a ese interrogante.

- Quiso venir a asegurarse que todo estaba bien. – respondió por él, el muchacho inglés, que no quiso irse sin saber que estaba ocurriendo allí.

- Tam… siéntate, toma… sécate esas lágrimas. – la hizo sentar y de inmediato empezó a enjugar sus lágrimas, apartando la mirada de la de su esposa quien parecía confundida.

- Verás cómo se arreglan las cosas con Len, ya no llores más. – dijo con suma dulzura Yoh Asakura, arrodillado frente a ella.

- Es que tú no entiendes, Yoh. Len no me va a perdonar… - La desesperación de Tamao era evidente.

- Me odia, me aborrece. – insistía en decir la bella mujer, aferrando el pañuelo que antes él le entregó.

- Por supuesto que no, él te ama…- dijo él de forma suave, pero con tal firmeza, que ella levantó la mirada de su regazo para mirarlo.

- Pero… es que tenía esa mirada en sus ojos. Yo conozco esa mirada Yoh, la conozco muy bien. – declaró ella, sin apartar la mirada del castaño.

- Ya Tamao, cálmate… Yoh tiene razón. – dijo Anna, acercándose a la pareja.

- Len te ama, todo va a estar bien. – trató de convencerla Anna.

- ¿Fue por mí, cierto? – la pregunta de Liserg fue más una afirmación.

- Con lo que le dijiste a Tamao, Len sospechó que ustedes se habían visto antes. – le aclaró Anna.

- Y ella terminó por confesarle que fue a buscarte el día de nuestra boda… - terminó de decir ella.

- Y como tú, supongo que sacó conclusiones apresuradas y erróneas. – Liserg pasó una mano por sus cabellos, un gesto que denotaba cansancio.

- Sí, imagino que así fue. – aceptó la rubia sin más.

- Creo que es mejor que me vaya, he hecho demasiados estragos por hoy. – soltó él, cansado.

Yoh paseó su mirada por el rostro de ambos, sin duda habían sido una pareja singular, moría por saber más sobre lo que había sucedido entre ellos. Se puso en pie, cuando notó que el inglés pretendía acercarse a Tamao.

- Tammy, de veras lo siento… - le dijo Liserg dulcemente.

- Al venir aquí nunca pensé que complicaría las cosas entre tú y Len. – continúo él, ella lo miró un instante.

- Ni siquiera recordaba que él era pariente de los Asakura. – le aclaró, ella asintió levemente.

- Lo sé, Liserg. – afirmó ella, ya más calmada.

Liserg tomó su mano y depositó en ella un beso, en señal de respeto y como despedida.

- Cuida de Anna, no dejes que vuelva a equivocarse. – le pidió entonces a Yoh, quien asintió, en señal de aceptación.

- Liserg…- le llamó la mujer de ojos negros, cuando vio que él se dio la vuelta.

- ¿Sí? - le interrogó él entonces.

- La pregunta… Aun no me la has hecho. – le recordó ella.

- Ya no tiene sentido. – él sonrió tristemente.

- ¿Cuál era? – insistió ella.

- Quería preguntarte porque me odiabas tanto como para poner a Pilika en mi contra…- declaró él y luego, suspiró profundamente.

- Solo que ahora sé que jamás me odiaste. - afirmó finalmente.

- Realmente la amas, ¿no es así? – preguntó ella, pero la pregunta no necesitaba una respuesta, verlo era más que suficiente… y se alegraba por ambos.

- Hablaré con Pilika, le aclararé las cosas, pero si le haces daño… - la amenaza estaba de más, ella lo sabía.

- Esa ni siquiera es una posibilidad… jamás pensé que la vida me daría una nueva oportunidad para amar… - musitó él firmemente.

- Bien, porque Pilika es como una hermana para mí. – replicó ella, robándole una sonrisa.

- Agradezco que puedas interceder a mi favor. – exclamó el hermoso joven inglés, con el brillo de la esperanza bailando en el esmeralda de sus ojos.

- Yo lo arruiné, ¿cierto?... Pues yo lo arreglaré. – dijo la rubia con total seguridad.

- Lo sé…- murmuró él, completamente seguro de que así sería.

- Tammy… de verdad lo lamento mucho, pero si Len te ama la mitad de lo que yo te amé, no permitirá que la sombra de un pasado los separe… Has sufrido tanto, mereces ser todo el amor que ese tonto pueda ofrecer. – sintió la necesidad de decirle a la hermosa mujer de cabellos rosas, cuyos ojos aun brillaban debido a las tantas lágrimas derramadas, y fue muy honesto pues en verdad lo sentía, después de todo… y aunque le pesara aceptarlo, Len era un gran hombre, incluso mejor que él.

- Gracias Liserg… - respondió Tamao, casi sin voz.

- Adiós Anna, gracias por permitirme aclarar todo… y sé feliz, por favor. – prácticamente le rogó el inglés, antes de dirigirse definitivamente a la puerta.

- Lo intentaré… Liserg.- dijo ella, más para sí misma que en respuesta a él.


Notas de la Autora:

Hola, hola… ¡Volví!

Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento al infinito…

No me maten, por favor