Era veinticuatro de diciembre y toda la familia Ackerman se encontraba reunida. Ese dia, tenían como tradición reunirse en casa de algún miembro de la familia y celebrar las vísperas de navidad con una cena, musica y una que otra botella de alcohol. Este año fue el turno de la madre de Levi, Kuchel, recibir a todos en su hogar.

Mikasa y su madre ayudaron en la cena, mientras que los varones ayudaban a colocar la mesa y organizar todo.

Ya en la noche, los tres Ackermans más pequeños se encontraban en la sala jugando con su tío Kenny (mientras esperaban emocionados las doce para abrir sus regalos que se encontraban debajo del arbol de la abuela) y su padre quien no le quitaba la mirada de encima a su tío, previniendo que no hiciera algún movimiento brusco y accidentalmente lastimara a alguno de sus hijos.

En la cocina, se encontraban Mikasa y Kuchel sirviendo los platos mientras que Shiori,la madre de Mikasa, servia las bebidas en el comedor.

— ¿Tienes algo preparado para el cumpleaños de Levi, Mikasa? —preguntó Kuchel terminando de servir ensalada.

—Tengo pensado hacer una barbacoa en la tarde, invitarlos a ustedes y a algunos de sus compañeros de trabajo.

—Oh, buen detalle ¿todo está preparado ya?

—Si, sera algo sencillo. Usted sabe que a él no le gusta el ruido.

—Si, mi hijo es todo un caso. ¿cómo es que te casaste con ese pequeño hombre amargado?

Ambas rieron ante la broma. Mientras, en la sala, Levi sintió una comezón en su nariz, lo que provocó que soltara un fuerte estornudo.

—Salud —dijo inocente Nao.

—Gracias, pequeña. ¿Acaso hay polvo por aquí?

—No, tu mamá yo limpiamos todo antes de que llegaras. No queríamos que empezaras a soltar tonterias de que la casa estaba sucia y de más —Levi lo miró mal—. Seguro Kuchel esta hablando mal de ti con tu mujer alla adentro. ¿Crees que te esten dejando en ridículo? —espetó soltando una risotada.

Levi dirigio disimuladamente su mirada a la puerta de la cocina. ¿De que estarán hablando ese par?.

De vuelta en la cocina, suegra y nuera hablaban del futuro cumpleaños entre demás cosas como el trabajo de Mikasa y los niños.

—Y dime, Mikasa —musito Kuchel— ¿Le preparaste algún regalo?

—Oh, si. Le compré una camisa que le gustaba hace mucho y un reloj.

—Bien. Aunque, ¿No crees que podrias adjuntarle algo más a ese regalo?

Mikasa enarcó sus cejas confundida.

—Mikasa, hace cuanto Levi y tú no... Ya sabes —intentó realizar una demostración con sus manos dando a entender a que se refería. Mikasa se sonrojó.

—S-señorita kuchel —balbuceo tímida.

—Cariño, te apenes. Aqui solo nos encontramos tú y yo —trató de tranquilizarla—, nadie nos oirá.

—Bueno... hace un tiempo que nosotros no... usted sabe a lo que me refiero —sus mejillas se colocaban aún más rojas con cada palabra. Nunca pensó hablar ese tipo de temas con su suegra—. Suele venir cansado del trabajo al igual que yo, ademas de que los niños requieren de mucho nuestra atención.

— ¿Pero el no trabajó hoy, cierto? — Mikasa asintió— ¿Tampoco trabajara mañana por ser su cumpleaños verdad? —esta vez negó—. Creo que te puedo ayudar con eso.

— ¿A que se refie...?

—Mejor llevemos la comida ya a la mesa, todos deben estar hambrientos. —y sin más, salió de la cocina dejando atrás a una Mikasa confundida.

Antes de empezar a comer, la madre de Mikasa hizo una pequeña oración agradeciendo los alimentos y el que todos estuvieran ahí reunidos. Ya terminada, comenzaron a comer. La comida constaba de pavo con papás, ensalada de frutas, vino (jugo para los niños), pan con mantequilla y de postre, un pastel casero que preparó Mikasa junto a su padre.

Después de degustar sus alimentos, se dirigieron al patio trasero, donde contaron anécdotas acompañados de unas latas de cerveza que habia comprado Kenny con anterioridad. Unas eran divertidas, otras de infancia e incluso una que otra historia vergonzosa salió a la luz provocando risas nerviosas en Mikasa y miradas asesinas de Levi.

El tiempo pasó rapido y sin darse cuenta, ya era medianoche lo que significaba; Navidad y el cumpleaños del hombre más limpio de la familia.

Los niños, quienes jugaban apartados de la conversación de los mayores, al ver la hora corrieron emocionados hacia sus familiares gritando feliz navidad y preguntando si ya podían abrir los regalos. Mikasa asintió pero antes de eso, los niños se abalanzaron sobre su padre deseandole feliz cumpleaños. Este sonrió y les dio un fuerte abrazo agradeciendoles.

Luego de separarse de sus hijos, su madre lo atrajo en un cálido abrazo junto un beso en la mejilla y una felicitación. Su suegra al igual que su madre le felicitó y le brindó un corto abrazo. Su suegro le dio unas palmadas en la espalda junto a una felicitación y su tio después de hacerle una pequeña broma, lo abrazó junto unas palmadas en la espalda. En cambio, Mikasa esperó que todos terminaran y fueran con los niños hacia el arbol para luego acercarse y darle un beso en los labios junto un profundo abrazo.

—Felices treinta y seis, amor —murmuró con sus brazos alrededor del cuello de su esposo a la vez que este tenia las manos en su cintura. Usualmente no se decían ese tipo de apodos. Sin embargo, en situaciones como estas, salían naturalmente.

—Gracias —respondió para después acercarse a sus labios y brindarle un corto beso.

Ya todos reunidos bajo el arbol y sentandos en el piso sobre cojines, repartieron y abrireron los regalos. Los niños fueron los más beneficiados al recibir muchos juguetes que los hicieron saltar de la felicidad. Los adultos no quedaron atrás, al igual que los niños recibieron obsequios la diferencia es que tenían accesorios y ropa.

Media hora después, los niños se quedaron dormidos en el amplio sofa de la abuela. Abrir tantos envoltorios y bolsas los dejo cansados. Mikasa estaba apunto de tomar a Hanae en brazos cuando la mano de Kuchel la detuvo.

—Deja que duerman aquí —dijo sin más— Kenny y yo los llevaremos al cuarto que tenemos para ellos y mañana pueden venir temprano a recogerlos y llevarse este monton de regalos.

—Señorita Kuchel, no es necesa...

—Además —interrumpió— Tienes algo pendiente con... —añadio señalando a su hijo junto un pequeño guiño.

Al llegar a casa, Mikasa se dirigió rápidamente a la habitación que compartía con Levi. Sacó de su escondite el regalo que tenia preparado para él y lo dejo encima de la cama, para que cuando entrase, lo notara. Luego, se dirigió al closet y del fondo de un cajón donde guardaba su ropa interior, sacó un conjunto de lencería rojo. Lo había comprado para esa ocasión, pero descartó la idea al recordar que no podía hacer ese tipo de actos con sus hijos en casa. Ahora que estos estaban en casa de su abuela, decidió aprovechar la oportunidad que le habían dado. Era algo atrevido, pero aceptó al fin y al cabo.

Se dirigió al baño junto a la habitación y se dispuso a colocarse la lencería. Consistía en; Un brasier junto una pantis de encaje y una corta falda traslucida que no cubría mucho, dejando parte de sus glúteos al aire.

Arregló un poco su cabello y colocó un lazo en él. Suspiró y se preparó para salir. Se sentía nerviosa.

Levi acababa de entrar a la habitación cuando vio una caja sobre la cama. Se acercó para observarla detalladamente, encontrando una tarjeta pegada a ella que decía:

" De: Mikasa

Para: El mejor enano del mundo, Levi ".

En sus labios se formó una pequeña sonrisa por la imprudencia de su esposa. Esa mujer no tenia arreglo. Lo abrió y ahí se encontaba la camisa que hace mucho tiempo había querido comprar y un reloj. Al escuchar el sonido de la puerta abrirse, se giró para agradecer, mas al ver a Mikasa quedó boquiabierto.

—Feliz navi-cumpleaños —dijo acercándose a él con sus manos en la cintura con una sonrisa entre tímida y coqueta.

Levi la observaba sin palabras. A pesar de pasar por tres embarazos, Mikasa tenían un cuerpo que le quitaba el aliento a cualquiera. Siempre fue una mujer atlética así que después de tener a su último hijo volvió al gimnasio para recuperar su figura, y lo logró.

Al notar que su esposo seguía en shock, Mikasa se sentó sobre sus piernas, rodeó su cuello con sus brazos y juntó sus labios con los suyos. Levi reaccionó y logró seguirle el ritmo. Poco poco iba recostandose sobre la cama quedando bajo su cuerpo. La ropa fue desapareciendo y las caricias y los besos se volvían más apasionados.

Sin duda, fue una larga noche.


Editado: 04/06/20