—Treinta y ocho, treinta y nueve, cuarenta, cuarenta y uno...

Era sábado y Levi Ackerman no tenía que trabajar. Decidió que era buena idea retomar su rutina de ejercicio aprovechando su día libre. Así que; Se levantó temprano, hizo desayuno, se colocó ropa cómoda y se dirigió al patio trasero para comenzar.

A eso de las ocho y media se sentó en el pasto para descansar un poco. Mientras retomaba energía, escuchó el típico bullicio que se solía formar en la casa todos los dias. Lo que significa una cosa: Los niños se habían despertado. Después de ese pequeño descanso, decidió retomar donde había quedado. Tenía como meta hacer cincuenta flexiones para luego estirar y terminar.

Dentro de la casa, Mikasa terminaba de preparar un batido —sorpresa— de frutas para su él. Ya listo, se dirigió a la puerta corrediza que daba al patio trasero. Antes de abrirla, se dio cuenta que Nao estaba a su lado.

— ¿Quieres acompañarme a llevarle esto a papá? —preguntó con su característico tono maternal. La pequeña niña asintió—. Bien, vamos.

Ya afuera, mientras se acercaban más a él, Mikasa podía escuchar la cuenta que llevaba. "Cuarenta y seis, cuarenta y siete..." . Se quedó a la mitad del camino viendo la espalda de su pareja y como sus musculos de brazos y espalda se marcaban al subir y bajar. A pesar de la edad, él seguía bien dotado. Algunas veces llegaba a creer que cada día se colocaba más apuesto, aunque él creyese lo contrario. Se quedó vagando en sus pensamientos unos segundos. Reaccionó al ver a su pequeña hija corriendo hacia Levi.

Nao en su inocencia, al ver a su padre en esa postura recordó las veces en que jugaban. Creyó que esa era una de aquellas ocasiones, asi que se dirigió corriendo hacia él.

— ¡Papá, caballito! — Exclamó emocionaba saltando sobre su espalda. Al sentir el peso de manera repentina, los brazos de Levi fallaron provocando que cayera de estomago al suelo junto un pequeño "Ay".

—Nao, ¿Qué haces? — Preguntó un poco frustrado al no poder completar las dos flexiones que le faltaban.

—Jugar caballito.

—No, no es hora de jugar. Levantate — Habló suavemente. Después de que Nao se levantó, él se reincorporó y se sentó estirando sus piernas—. Estaba haciendo ejercicio —prosiguió tomando a la pequeña de la mano y sentandola en sus muslos—. Jugaremos en otro momento.

Mikasa, por su parte, al ver la escena no pudo evitar reir.

— ¿Estas bien? —se dirigió hacia Levi jocosamente mientras le ofrecía el batido.

—Si. Nao está comiendo demasiado bien, casi me rompe la columna —bromeó provocando que Mikasa volviera a reír—. Gracias —se refirió a la bebida.

—Eso te pasa por no despertarme, hubiéramos entrenado juntos.

—Pensé en hacerlo pero te veías cansada. Anoche llegaste tarde del trabajo —Mikasa tomó asiento a su lado mientras murmuraba un "cierto"— ¿Se presentó alguna emergencia?

—Llegó un paciente a último minuto, así que me ofrecí a ayudar por falta de personal. Por suerte Jean estaba ahí y pudo traerme... — Se detuvo al escuchar el gruñido que soltó su pareja—. No,no me digas que aún sientes celos de Jean, Levi.

—Por supuesto que no —dijo abruptamente—. Tan solo pienso que pudiste haberme llamado.

—Él se ofreció, además era tarde y debías cuidar a los niños ¿recuerdas?

—Tsk, aún así —musito.

Mikasa suspiró mientras una ligera sonrisa aparecía en sus labios. Era evidente de que estaba celoso pero por mero orgullo él no lo iba a aceptar. Eso le hacía más gracia. Años atrás, Jean tenía sentimientos por ella, pero al ya estar en una relación con Levi, lo rechazó. Él lo aceptó y con el tiempo esos sentimientos fueron desapareciendo. El problema era que Levi no lograba entenderlo del todo.

—Mañana Sasha y él vendrán —comentó Mikasa rompiendo el silencio. Levi volteó a verla mientras Nao se entretenía jugando con sus dedos—. Hace mucho que no tenemos una conversación banal y que no ven a los niños, quieren pasar tiempo con ellos.

—De la loca glotona lo creo, pero no del otro —Mikasa lo fulminó con la mirada—. No me mires así, ese tipo sabe que no me agrada su presencia y quiere fastidiarme al venir a mi hogar.

Mikasa solo bufó, ese hombre ya no tenía arreglo. Se quedaron un rato en silencio sintiendo la suave brisa. Levi fue quién lo rompió.

—Nao, cuando ese tipo rubio con barba llegue a la casa mañana deberías jugar al caballito con él. Al fin y al cabo, le queda muy bien ese papel con esa cara que tiene —la niña asintió inocentemente. Mikasa solo atinó a suspirar cansina.

Si, definitivamente su marido no tenía arreglo.


Editado: 04/06/20