El sonido de un objeto caer al suelo y un fuerte estornudo la hizo despertar.

Abrió lentamente sus ojos acostumbrándose a la ligera luz que iluminaba la habitación. Giró hacia el pequeño tocador que tenía junto su cama y vio la hora; tres de la mañana.

Removió la sábana que cubría su cuerpo del frío y se colocó sus pantuflas dirigiéndose al escritorio que se encontraba en la esquina de la habitación. Su esposo se encontraba ahí sentado en la computadora portátil, trabajando.

Se ubicó detrás de él y colocó su mentón sobre su cabeza y sus manos en los hombros.

—Lamento haberte despertado —musito al sentir su presencia.

Ella agitó su cabeza restandole importancia.

—Deberías estar descansando, Levi.

—Tengo que trabajar —acarició levemente la palida mano de su acompañante, ella las sintió más calidas de lo usual.

—Entiendo pero...— giró la silla haciendo que quedaran uno frente al otro. Al hacerlo frunció un poco su ceño— Levi, tienes la nariz un poco roja —acercó su mano a su mejilla y frente—. Parece que tienes algo de fiebre. No puedes seguir trabajando así.

—Necesito terminar.

—No así. Ven —le tomó la mano haciéndolo levantar y dirigiendolo hacia la cama. Él simplemente soltó un suspiro y se dejó llevar, le dolía un poco el cuerpo.

Ya sentado en el borde de la cama, Mikasa buscó el termómetro que tenía dentro de un pequeño botiquín en uno de las gavetas y lo colocó bajo el brazo de Levi. Después del característico sonido, 39C fue el resultado.

—Tengo frío —anunció.

—Con esta temperatura no me sorprende. Esta mañana llovió, ¿te calló agua encima? —preguntó ayudandolo a recostarse en la cama, luego se encaminó al clóset a buscar una sabana más gruesa.

—Si, olvidé el paraguas. Comenzó a llover cuando bajé del auto.

—Ya veo, y el hecho de que hayas estado en aire acondicionado todo el día y no estés durmiendo bien tampoco ayuda. Te traeré algo de tomar, ya vuelvo.

Al amanecer, Mikasa llamó a Sasha notoficandole que Levi había agarrado un pequeño resfriado y le preguntó si podría cubrir su turno de hoy. Después de un par de bromas de su amiga diciendo que su esposo tenía la fortuna de tener "una sexi enfermera que podría curar desde sus enfermedades hasta sus deseos más impuros" aceptó. El turno que tenía aquel dia no era muy fuerte.

Luego de eso, sirvió el desayuno a sus hijos cuando ya estaban ubicados en la mesa. Le dio desayuno a Nao quien era la menor, degusto el suyo y colocó un poco en una bandeja junto unas medicinas.

— ¿Papá no desayunara con nosotros, mamá? —preguntó curioso Henry. Mikasa negó.

—Esta enfermo así que mejor se lo llevaré a la cama —tomó la bandeja en sus manos y se dirigió a la escalera—. Coman todo ¿esta bien?.

Hanae y Henry asintieron mientras que Nao jugaba con la decoración de la mesa.

—La temperatura ha bajado —comentó Mikasa viendo el termómetro, 37C.—. Te dije que la ducha ayudaría.

—Si, pero el frío que siento ahora no me ayuda —gruñó.

— ¿Quieres un poco de té? —agarró la bandeja con el desayuno ya terminado, él asintió—. Ya vuelvo.

Al salir de la habitación se topó con Hanae.

— ¿Puedo ayudar a cuidar a papá? —Mikasa le dedicó una dulce sonrisa mientras asentía.

—Entra y cuídalo mientras regreso ¿si?

La pequeña asintió y entró a la habitación.

— Buenos días, papá —saludó dirigiéndose a la cama donde se encontraba su progenitor— ¿Estás muy enfermo?

Él negó.

—Ya estoy mejor, pequeña. Solo tengo algo de frío es todo.

Ella asintió. Seguido, colocó una cara pensativa, ¿Que podría hacer para que su padre no tuviera tanto frío?

"Ya se"

Se dirigió a la parte inferior de la cama, subió y gateó hasta quedar junto a Levi, quien se encontraba sentado apoyando su espalda en el umbral de la cama. A continuación, lo rodeó con sus pequeños brazo apoyándose en su pecho. Él la miró confundido.

— ¿A que se debe esto, Hana?

La pequeña alzó su cabecita para ver su rostro.

—Papá tiene frío, así que yo lo abrazare para que este cálido.

Levi le dedicó una mirada llena de ternura mientras le devolvía el abrazo.


Editado: 04/06/20