Hanae tomó asiento en el suelo con lágrimas brotaban en sus ojos, se sentía tan asustada.

Estaba de compras en el supermercado con su padre. Levi empujaba el carrito y ella estaba sentada dentro. Se fastidió unos minutos después y Levi la colocó en el piso. Mientras Levi miraba un cargador para su computadora, la pequeña niña se alejó y distrajo viendo unos ositos de peluche en el pasillo de Juguetería que estaba justo al lado. Cuando decidió volver con su papá el ya no estaba ahí.

Sus sollozos se detuvieron al notar que alguien se agachaba a su lado.

—Oye, niña.

Ella no alzó la mirada.

—Oye, te estoy hablando a ti, ¿por qué lloras?.

—Mamá y papá no me dejan hablar con personas que no conozco —murmuró bajito, para suerte del hombre, logró escucharla.

—Ya lo hiciste.

Hanae resoplo al notarlo.

—No te haré nada, vamos.

Aunque dudosa al principio, la niña poco a poco fue levantando su mirada. El hombre que junto a ella se aunque debía tener sus años vividos debido a las arrugas en sus ojo, estaba bien conservado.

—¿Por qué llorabas?

Hanae no respondió.

—Eres una niña difícil, eso está bien. Pero si no me dices que te pasa no te podré ayudar.

—No se donde esta mi papá —su suave voz se escuchaba rota—. Quería ver los juguetes pero cuando volteé el ya no estaba.

El hombre notó que la niña estaba a punto de romper en llanto. No era la persona más inteligente del mundo pero sabia que dejar a una niña tan pequeña sola podría ser peligroso. No tenía mucha prisa, al fin y al cabo no tenía a nadie que esperara por él. Decidió que sentarse junto a ella mientras su progenitor aparecía era lo mejor.

—¿Quieres que te acompañe a buscarlo? –ella negó— ¿por qué?

—Mi papá dice que si me pierdo, debo quedarme en el mismo lugar porque así será más fácil encontrarme.

—¿Y si no te encuentra?

La niña se asustó.

—Si lo hará, papá vendrá por mi. No diga esas cosas feas, señor. ¿Dejaría a su hijo solo?

El hombre no respondió. Se formó un silencio y Hanae limpio las pocas lágrimas ubicadas en sus mejillas con el dorso de sus manos.

—Tus ojos —comentó luego de unos pocos minutos —... se parecen a los de un niño que conocí hace mucho tiempo.

La pequeña giró curiosa hacia a él.

—La forma y su color son iguales, incluso te pareces un poco a él.

—¿Como se llamaba? —sintió interés por el tema. Su ceño se frunció cuando aquel sujeto volvió a permanecer en silencio.

—Incluso tienes los mismos gestos que él —dijo mientras soltaba una risa socarrona— ¿cómo te llamas niña?

Ahora fue turno de Hanae quedar en silencio.

—Ya veo que no me lo vas a decir —ella negó nuevamente—. Eres una niña muy inteligente.

Hanae le sonrió levemente por el cumplido y él le correspondió.

—¡Hana!

Ella giró su cabecita al lado izquierdo del pasillo encontrándose a su papá mirando de un lado a otro buscándola. Se levantó rápidamente del suelo y corrió hacia él con sus brazos extendidos a la vez que lo llamaba. Levi suspiró aliviado al escuchar su voz y se agachó para recibirla en sus brazos.

Hanae rodeó sus brazos en su cuello cuando la alzó, Levi le dio un pequeño beso en la frente para luego abrazarla fuertemente.

—Mi pequeña, me asustaste.

—Lo siento —murmuró triste sobre su hombro.

—Que esto no vuelva a pasar ¿está bien? —Aunque su tono era autoritario no era brusco. Hanae asintió y se separó— ¿tuviste miedo?

—Solo un poquito porque sabia que papá vendría a buscarme.

Levi sonrió.

—Bien, ya te encontré a ti, ahora debemos encontrar el carrito. Por el susto no se donde lo dejé.

Hanae asintió y cuándo estuvo en el piso, se aseguró de agarrar fuertemente la mano de su padre.

Volteó para despedirse de aquel hombre que la acompañó mas se sorprendió al ver que no estaba.

"Se fue" —pensó.

—¿Crees que mami se asuste cuando le cuente que me perdí?

Levi se tensó al imaginar a Mikasa acercándose lentamente a él para una larga charla, acompañada de "Esa" mirada característica cuando se enojaba, mientras golpeaba una y otra vez el cucharón contra su mano derecha

—Será mejor si esto se convierte en nuestro pequeño secreto, Hana —comentó—. Te prometo que si no le dices a mamá, te compraré las galletas que tanto te gustan.

Hanae asintió sin pensarlo dos veces y arrastro a su padre al pasillo de dulces ignorando completamente que primero debían buscar el carrito.

Cuando estuvo seguro que padre e hija se habían alejado lo suficiente, el hombre salió del pasillo donde se escondía.

—Un gusto haberte conocido, pequeña Hanae —murmuró para así mismo con una ligera sonrisa mientras veía a la niña.

"Creciste bien, Levi. Gracias por no haber seguido un mal camino como yo"

Acomodo su chaqueta, tomo sus cosas y salió de la tienda.