Henry Ackerman
15 años.
No sabía cómo había llegado a esa situación. El solo terminaba de regar algunos vegetales del huerto que estaba ubicado en el patio trasero cuando escuchó un estruendo proveniente del salón principal junto un grito agudo. Soltó la regadera y corrió hacia dentro del antiguo palacio donde vivía.
Encontró a sus hermanas de diez y trece años arrinconadas temblando del miedo mientras un hombre de aspecto desconocido se dirigía hacia ellas. Se acercó rápidamente al intruso y lo empujó. Aquel hombre sonrió mostrando sus amarillentos dientes. Henry lo observó con asco y recelo.
—Por fin los encontré —comentó el sujeto desde el suelo, el empujón de Henry había sido tan fuerte que lo hizo tambalear y posteriormente caer—… titanes humanos.
Henry frunció el ceño confundido, ¿titanes? Según lo que sus padres le habían contado, estos habían desaparecido luego de una gran guerra donde habían participaron. El extraño aprovechó el desconcierto del joven para estirar su pierna y golpear su espinilla.
Henry llevó por impulso sus manos a la zona lastimada. Cuando se encorvó el hombre se levantó rápidamente y clavó su codo en su espalda provocando que cayera al piso. Ambas niñas quienes se encontraban abrazadas la una a la otra, gritaron al ver como ese hombre sacaba una gran jeringa de su bolsillo.
Henry se removió tratando de escapar pero aquel sujeto tenía su pie fuertemente afirmado sobre su espalda.
—Mi experimento por fin estará completo —una sonrisa burlona adornaba su rostro cada vez que el chico se movía exasperadamente buscando una salida—. Tranquilo niño no dolerá. Creo.
Hanae en su estado de ansiedad y desespero, tomó un pequeño cuadro que estaba a su lado y lo arrojó a la cabeza del intruso antes de que introdujera la jeringa en el brazo de su hermano. El hombre volteó molesto paralizando a la pequeña. Al remover su pie, Henry se levantó del suelo al instante y agarró el cuello de su camisa por la parte de atrás para después chocar su cuerpo contra la pared.
A pesar de su edad demasiado adulta, aquel sujeto tenía mucha fuerza. Golpeó con su codo el abdomen de Henry haciéndolo retroceder. Luego lo tomó de los hombros y lo arrojó hacia la dura pared de concreto. Henry jadeo del dolor al recibir otro golpe en su abdomen. Al ver las heridas de su hermano, Nao comenzó a llorar. Hanae trataba de tranquilizarla como podía.
—Si no te quedas quieto por las buenas —pateó el costado del cuerpo de Henry haciendo que sus piernas temblaban y cayera sentado al suelo—, lo harás por las malas. A menos que quieras que tus hermanas estén en tu lugar.
—Ni se te ocurra tocarlas —logró decir entre sus dolorosos jadeos.
"A buena hora se fueron los guardias" pensó molesto.
—Que tierno —su tono sarcástico lo molestó aún más—. Esto hubiera sido más fácil si no te hubieras entrometido.
Henry se levantó del suelo tan rápido como pudo y le propinó un puñetazo en su nariz. Al hacerlo trastabillar se acercó logrando proponerle varios más. Agradeció internamente las clases de defensa personal que su padre le había estado propiciando. El desconocido sujeto, cansado del inquieto comportamiento del muchacho, lo agarró fuertemente del cuello e hizo que retrocederá y bruscamente estrellara su cuerpo con la dura pared de concreto.
—¡Hermano! —exclamó Hanae asustada tratando de ir a su auxilió.
—Ni se te ocurra acercarte —mascullo—. Toma a Nao y escóndete. Yo me encargaré de él.
—Pero…
—¡Ahora!
La niña cerró sus ojos frustrada al no poder ayudarlo y tomó fuertemente la mano de su hermana menor jaloneándola hacia las escaleras.
"Mamá, papá, por favor, regresen pronto" rogó escondida dentro del armario de su habitación.
Henry trataba de liberarse del hombre, pero era imposible. Se desesperó aumentó al sentir que el aire en sus pulmones comenzaba a faltar.
—¿Qué es lo que quieres?
—Sangre —respondió—, sangre Ackerman.
Henry se enfureció al ver que el hombre no iba a decir más. Con las poca fuerza que le quedaba, estampó su puño en el pecho ajeno, logrando alejarlo nuevamente. Separándose de la pared, inhaló y exhaló rápidamente tratando de recuperar aire. Con su paciencia al limite, el hombre golpeó fuertemente a Henry en el rostro ocasionando que cayera y su cabeza golpeara violentamente el suelo.
—Las niñas me causarán menos problemas que tú.
Fue lo último que dijo antes de dirigirse a las escaleras. Henry aún en el suelo, trataba de recuperar fuerzas. Apretó fuertemente sus párpados para evitar desmayarse. Tenía que levantarse, sus hermanas estaban en peligro. Había prometido cuidarlas con su vida. Que sin importar lo que pasara las mantendrían a salvo.
Se arrastró por el suelo y escaleras tratando de llegar a la habitación donde se encontraban. Al llegar sus ojos se estrecharon al ver como aquel hombre, de espaldas, tenía agarrada fuertemente del brazo a Hanae y de la cintura a Nao tratando de acercar la jeringa a cualquier parte de su cuerpo. Sus hermanas gritaban y pataleaban tratando de separarse de él.
"Basta" pensó mientras una extraña fuerza se apoderaba de su cuerpo.
"Detente" una especie de corto en su cerebro hizo que su vista se cegara.
"Ellas son mi familia" Se levantó del suelo.
"No son personas que deberías tocar" Sigilosamente se acercó al escritorio de Hanae y tomó unas tijeras.
No supo cuándo o cómo había obtenido tanta velocidad, pero en un abrir y cerrar de ojos ya había traspasado la espalda del hombre con el filo de las tijeras.
Nao gritó al ver sangre salir de la boca las desconocido . Observo a su hermano y un escalofrío recorrió por su espalda al notar su mirada. Ya no era calidad. Era más tenebrosa, más fría.
El agarre se aflojó y tanto ella como Hanae gatearon hacia una de las esquinas del cuarto. Se abrazo fuertemente a su hermana mayor buscando protección. Hanae la acogió protectoramente mientras sorprendida, veía como su hermano seguía apuñalado salvajemente al extraño intruso.
—Henry —musito para si misma.
(…)
Al entrar a la casa y ver el desorden, todos los sentidos de Mikasa se pusieron alerta. Llamó los nombres de sus hijos repetidas veces sin respuesta alguna. Levi los buscó en el patio trasero y en la cocina con el mismo resultado.
Ambos subieron rápidamente las escaleras al escuchar como un objeto caía al piso. La puerta de la habitación de Hanae estaba abierta donde se escuchaban fuertes sollozos y lamentos. Entraron y no pudieron creer lo que veían.
—No —jadeó Mikasa atónita.
Había un cuerpo sin vida en el suelo, su hijo mayor cubierto de sangre llorando de rodillas con tijeras en mano y sus hijas en un rincón asustadas.
Mikasa se acercó lentamente a Henry y cayó de rodillas frente a él.
—Yo no hice nada malo, ¿verdad, mamá? —dijo al sentir la presencia de su progenitora.
Mikasa posó sus dedos en el mentón de su hijo haciendo que levantara su mirada.
—Yo solo quería protegerlas.
La joven mujer lo atrajo delicadamente a su cuerpo cuando él rompió en llanto. Acarició suavemente su cabello y murmuraba frases tratando de tranquilizarlo. "Esta bien, ya pasó"
Dirigió su mirada hacia su esposo quien también abrazaba a sus hijas tratando de ocultar la vista del cuerpo ensangrentado, a pesar de que ellas habían visto como el hombre había terminado así.
Ambos sabían lo que había ocurrido sin siquiera haber estado ahí. Ambos sabían que tarde o temprano iba a ocurrir pero intentaban evitarlo. Pero fue inevitable, ya Henry había despertado su poder Ackerman.
(…)
Días después del suceso, describieron la identidad del sujeto. Su nombre eran Xeo ling, un extranjero proveniente de otro tipo de raza oriental que anteriormente vivía en Hizuru. Al entrar en su residencia, esta estaba llena de notas y líquidos desconocidos. Según le informaron a Mikasa, el hombre estaba obsesionado con el casi extinto clan Ackerman y decidió crear una manera de que estos pudieran obtener forma titánica. Queriendo hacer posible lo imposible.
Desde ese momento, Mikasa aumentó la seguridad de su hogar.
Nao Ackerman
12 años
—Uno, dos, golpe. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, derecha. Bien, eso fue todo por hoy.
Nao suspiró exhausta a la vez que hacia una reverencia a su superior. El maestro Fuji enseñaba artes marciales en el palacio principal de Hizuru. Un día por curiosidad vio una clase que el impartía y preguntó si podía intentarlo. El aceptó con gusto. Era un hombre ya entrado de edad, afectuoso y generoso. Quien con toda su paciencia y cariño, le enseñaba a la pequeña Nao y a varios chicos más, todos sus conocimientos y experiencia.
Todos los días, a la misma hora ella se dirigía hacia él. Algunas veces después de un largo día de entrenamiento, él, muy amable, le ofrecía té. Y esta era una de esas.
—Tus habilidades han mejorado mucho, Nao —comentó mientras vertía el cálido líquido en dos tazas—. Al igual que yo, tus padres se han de sentir orgullosos.
Ella sonrió agradecida al tiempo que sus mejillas adquirían un tono rojizo.
—Es un honor, gran maestro.
—Es por eso que, te quiero entregar esto.
El hombre se dirigió a una esquina del gran salón tomando una funda.
—Es la katana que usaba cuando era joven. Veo un gran potencial en ti, pequeña Nao. Uno mayor al de cualquier estudiante que haya tenido. Quiero que la recibas.
Nao trató de negarse al ser un objeto tan importante, pero él insistió y no tuvo otra opción más que aceptar.
—Mañana encontrémonos en la pradera donde solíamos practicar antes. Te enseñaré algunas técnicas con ella.
Ella asintió emocionada y tomó su bebida.
—¿Cómo está su alteza Mikasa?
—Gran maestro, ya le he dicho que a mamá no le gusta que la llamen así —dijo con una sonrisa ladina—. Y mucho menos de parte de usted que ya es parte de nuestra familia.
—Lo se, pero es inevitable. Desde que la señorita Mikasa vino aquí, todo empezó a ir por el camino correcto —tomó un sorbo de té—. Es una gran mujer.
Nao asintió de acuerdo mientras colocaba la taza vacía sobre la mesa.
—Algún día, me gustaría ser tan fuerte como mamá. Ella es tenaz y hermosa, es una motivación para mi. Quiero ser como ella y proteger a las personas que quiero, especialmente a usted gran maestro.
El hombre sonrió con ternura.
—Lo lograrás, pequeña Nao. Por supuesto que sí.
Minutos después, Nao se levantó y se despidió de él. Ya era su hora de regresar.
—Gran maestro, ¿puedo preguntarle algo? —cuestionó antes de salir.
—Claro.
—Hace unos años mi hermano mayor, Henry, actúo raro. Alguien entró a la casa y peleó con él hasta dejarlo muy adolorido. Pero, luego de unos minutos derrotó a ese hombre. El dice que sintió una especie de energía recorrer por su cuerpo al vernos a mi y a mi hermana en peligro. Le tratamos de preguntar a nuestros padres pero se rehúsan a contestar, ¿qué cree que pueda ser?
No era la primera vez que esa pregunta llegaba a sus oídos, incluso Henry se lo había preguntado cuando tuvo la oportunidad. Sabia la respuesta, pero no era su deber decírselas. El había visto a Henry pelear y sus habilidades lo dejaron boquiabierto. Sabia que había despertado el famoso poder que característico de los Ackerman, al fin y al cabo él había convivido con ellos antes de la persecución por parte de la realeza. Habló con Mikasa al respecto, pero ella le aseguró que pronto hablaría con ellos. Pero por lo que podía notar, aún no lo hacía. No la culpaba, sus hijos eran jóvenes y seria demasiado que procesar. Sabia que el momento llegaría , aunque tarde, porque en su interior tenía el presentimiento que lo haría después de que todos sus hijos lograran el despertar.
—No —respondió luego de unos largos segundos—, no lo sé. Me disculpo.
—No se preocupe. Gracias aún así —después de eso, se fue.
(…)
Mientras se dirigía al lugar asignado el día anterior con su discípula, Fuji sintió una presencia extraña a sus espaldas. Parecía que alguien lo seguía. Con el rabillo de su ojo derecho miró a la persona tras suyo. Esta tenía un aspecto sospechoso, caminaba con los brazos cruzados, sus manos escondidas en las mangas de su Kimono y su mirada gacha.
Al llegar a la falda de la pradera, se giró para confrontar a aquella persona.
—Revela tu identidad y deja el misterio atrás, por favor.
El anciano frunció el ceño al ver el rostro de aquel sujeto.
—¿Me recuerdas?
Luego de pensar unos minutos, respondió:
—Oh, eres el único dijo de mi antiguo estudiante Hirishima Yairo. Hirishima Katsumoto. Hace muchos años que no te había visto, haz crecido bien, muchacho.
El joven no respondió. Fuji incomodo por su silencio prosiguió:
—¿Se te ofrece algo?
Silencio.
—Si no tienes ninguna inquietud, seguiré mi camino. Una estudiante especial está esperándome en la cima de esa colin…
Un dolor punzante en su muslo lo hizo callar. Abrió sus ojos sorprendido al ver como el chico frente a él sostenía un cuchillo manchado de su sangre.
—Katsumoto —jadeó— ¿por qué…?
—Venganza —dijo antes de mover el cuchillo en dirección a su brazo, para mala suerte del muchacho, logro esquivarlo—. Vengar la muerte de mi padre, la muerte que tu causante.
Fuji esquivaba los ataques de su contrincante mientras su mano estaba sobre su muslo tratando de parar inútilmente el sangrado.
—Katsumoto, estás entendiendo mal. Déjame explicarte.
—¡Callate! —gritó.
Cada vez más se le hacía difícil evadir los ataques debido a su edad. Tiempo después cayó al suelo luego de tropezar con una roca. Su atacante aprovecho para enterrar el cuchillo en su hombro.
—Katsumoto, la muerte de tu padre fue una muerte justa —jadeó de dolor al sentir como el cuchillo atravesaba esta vez su brazo—. Le hizo mucho daño al pueblo.
—¡Mentira! El era bueno. Solo quería paz en nuestro país, ¡¿Por qué lo mataste?!
—¿Exterminar un linaje ligado al nuestro es la manera de conseguir paz? Tú padre asesinó a muchas personas inocentes por sus ideales retorcidos. ¿Crees que fue fácil para mí matar a mi propio estudiante?
A la vez que los ojos del joven se llenaron de lagrimas, fuji siguió hablando:
—Yo no quería hacerlo, incluso dudé dudé mucho. Pero no había otra forma de detenerlo. Era mejor que yo me deshiciera de él antes de que el rey lo masacrara frente a toda la ciudad. Se que lo admirabas, Katsumoto. Pero su error era incorregible.
Fuji levantó su brazo tomando suavemente la mano del hijo de su ex estudiante.
—Olvidemos este desastre, Katsumoto.
Luego de vacilar unos segundos, Katsumoto soltó bruscamente su mano. Alzó el cuchillo y lo condujo directo al pecho de Fuji.
—Hirishima —musito.
—Aún así mi padre no volverá y yo seguiré viviendo siendo el hazme reír de todos al no tener familia. Seguiré la voluntad de mi padre y tú no intervendrás.
(…)
Nao exhaló impaciente mientras balanceaba sus pies. Había pasado un largo tiempo desde que había llegado y no había ninguna señal de su maestro. Algo que le pareció sumamente extraño al él ser una persona fiel seguidora de la puntualidad. Se estremeció al pensar que algo le podía haber pasado.
Bajo de un salto de la gran roca donde estaba sentada y caminó rápidamente hacia la entrada de la pradera.
Ahogó un grito al ver como un chico (un poco mayor que ella) a pocos metros, repartía salvajes cuchilladas en el cuerpo de su maestro. Sus manos comenzaron a sudar y sus ojos picaban por culpa de lagrimas que amenazaban con salir.
"Gran maestro" sin previo aviso, su mano se dirigió a la Katana que tenía ajustada en su cintura. Una sensación extraña recorrio sus venas y su vista nublo. Desvaino la Katana y sus pies se movieron rápidamente hacia el inicio de la pradera.
Katsumoto cuando sintió la presencia de la niña, ya era demasiado tarde. La Katana había cortado su cuerpo por la mitad.
Después de ver el cuerpo caer al suelo con un ruido sordo, Nao con fuertes sollozos, giró su cabeza hacia el cuerpo sin vida de Fuji.
"Perdóneme, perdóneme gran maestro. Dije que iba a protegerlo y falle"
Dejó caer la Katana al piso cuando un dolor se apoderó de su cabeza. Poco a poco el dolor fue aumentando. Su cuerpo dejó de responder mientras todo a su alrededor se volvía negro.
(…)
Mikasa se sobresaltó cuando la puerta de su oficina se abrió abruptamente.
—Princesa Mikasa —pronuncio uno de sus más fieles servidores tratando de recuperar el aliento.
—Yuudai, ya te he dicho que solo me llames por mi nombre —aunque ya llevaba años en Hizuru, aún no se acostumbraba a que la trataran como parte de la realiza— ¿Qué sucede?
—Su, Nao, hija, suelo. —balbuceó sin sentidos tratando de recuperar la compostura.
—¿Qué le sucedió a Nao? —preguntó abruptamente mientras se levantaba de su escritorio—. Habla ya.
Cuando Yuudai habló, Mikasa salió corriendo de la habitación.(…)
Después de brindarles una reverencia de agradecimiento a sus servidores por haber traído a su hija a su casa, dirigió su vista al sofá donde se encontraba acostada sin despertar aun. Levi, sentado de cuclillas, acariciaba suavemente su flequillo. Se colocó junto a él y tomó la mano de su pequeña.
—Lo más seguro es que haya sufrido un desmayo por la conmoción —comentó Levi—, despertará pronto seguramente —suspiró—. De los tres creía que Nao nunca despertaría. Era la más dulce.
Mikasa sintió su estómago removerse al escuchar la palabra "era" sabia que después de ese acontecimiento, la actitud de su hija cambiara por completo justo como le había pasado a Henry. Ya no sería la dulce y sonriente Nao, a partir de ese momento sería una niña más fría y estoica.
—Mikasa, pienso que deberíamos…
—No —lo interrumpió—, no aún.
—Mikasa…
—En otro momento les hablaremos al respecto, solo que… aún no.
Levi solo suspiró y siguió acariciando el cabello de su hija.
Hanae Ackerman
15 años
Ella caminaba por el misma camino todos los días después de acompañar un rato a su madre en el trabajo. Su cabello se movía al son del viento y sus hermosos ojos azules brillaban. El, por su parte, siempre se escondía detrás del mismo árbol para verla. Esperaba y esperaba, no importa si eran horas o minutos, siempre estaba dispuesto a verla.
Su problema, el chico que iba a su lado. Había observado que él había notado su presencia varias veces, arruinando sus planes. Nunca pudo acercarse a la hermosa Hanae por su culpa.
Ese día, otra vez lo había atrapado.
—Hiro, ¿ocurre algo? —La dulce voz de Hanae le hizo desviar su mirada.
—No, nada.
Le regaló una dulce sonrisa para tranquilizarla.
—No tienes que acompañarme siempre, ¿sabes? —comentó la chica luego de un tiempo.
—Es peligroso que camines sola, hay muchas personas extrañas por aquí —pronunció en tono severo mientras miraba disimuladamente al lugar donde había visto a aquel sujeto.
—A veces sueles ser peor que mi hermano. —bromeó.
Una roca en el camino hizo que Hanae se tropezara pero gracias a los reflejos de Hiro, no cayó.
—Gracias —balbuceó mientras se sonrojaba.
—¿Estas bien? —su tono denotaba preocupación y sus manos seguían sobre su cintura.
—Si.
Hiro pudo sentir un aura pensada a sus espaldas. Sabia que el sujeto seguía ahí, y sabia que los había visto como también sabía que estaba enojado.
(…)
Al día siguiente, se sorprendió al ver caminar al chico solo sin ella a su lado.
Hiro se detuvo a mitad del camino y suspiró.
—Se que estas ahí, sal —Musito seriamente.
Lentamente el hombre fue saliendo de su escondite y se ubicó frente suyo. En eso, Hiro habló.
—Hablaré in rodeos, ¿podrías dejar a Hanae en paz?—frunció el ceño al escuchar al hombre soltar una risa socarrona—. No encuentro lo divertido.
—Tú, tú eres divertido—volvió a reír— ¿Qué te hace creer, mocoso, que yo me apartaría de mi hermosa Hanae?
—¿Mi? —articulo incrédulo.
La risa burlona de aquel sujeto lo irritaba.
—¿Qué pretendes con ella,maldito pervertido? Hanae es una niña.
—Si, es una niña. Muy hermosa por cierto. Ese largo cabello, esos ojos y su cuerpo tan…
Un golpe en el rostro por parte de Hiro no le permitió continuar.
—Te hice una pregunta, más te vale responderla.
—Ah, ya veo —musito el hombre mientras acariciaba su mandíbula tratando de amortiguar el dolor—. Hanae te gusta.
Hiro no respondió simplemente rodo sus ojos. Pero el ligero rubor de sus mejillas lo delató.
—Supongo que tengo razón —dijo el hombre mientras se levantaba—. Pero, solo hay un dueño para Hanae y ese soy yo, Morishiba Iwao.
Hiro fue rápido y desenvaino su Katana cuando vio al tipo acercarse a eél on el propósito de lastimarlo con la suya.
—¿Dueño? —repitió sarcástico el joven—. Hanae no es un animal como para tener un dueño.
—Ya te dije que no te entrometas.
Hiro tragó saliva al notar el cambio en la mirada de aquel sujeto. Esta no expresaba nada, era escéptica. Mas el extraño brillo que tenía confirmo su teoría. Ese hombre estaba loco, no, obsesionado por Hanae.
El sonido que inundaba el lugar era el choque de sus armas. El tal Iwao era ágil para su edad, sus movimientos eran rápidos y parecía no estar cansado. Al contrario de Hiro quien ya sentía los estragos de la pelea.
El chico observó que alguien se iba a cercando, trató de decirle que no se acercase, que podía ser peligroso. Al notar la distracción del muchacho, Iwao aprovechó para dar su golpe final.
(…)
Hanae quedó paralizada en su lugar. Su canasta llena de frutas cayó al suelo y sus manos comenzaron a temblar.
"¿Por qué?" pensaba.
¿Por qué la cabeza de Hiro estaba en el suelo, alejada de su cuerpo?
Iwao al sentir una presencia se giró a la defensiva pero al ver quién era su semblante suavizó.
—Hana —murmuró con una sonrisa.
La chica no respondió, estaba ensimismada viendo el lugar cubierto de sangre.
—No sabes cuanto había esperado por este momento —señaló el cuerpo de Hiro antes de continuar—. Ahora ya no hay ningún obstáculo entre nosotros. Podre estar a tu lado.
Ahora la mirada de Hanae estaba en el cesto que antes estaba lleno de frutas frescas. Su cuerpo aun no dejaba de temblar y su vista comenzaba a opacarse.
El hombre se iba acercando a ella con pasos cortos. Su mano estaba extendida esperando ser tomada.
—Deshacerme de él era la única manera de poder acercarme a ti. Ahora, tú y yo podemos ser felices junt…
Un fuerte golpe en el estómago cortó sus palabras. Fue tanta la fuerza, que provocó que un poco de sangre saliera de su boca. Intento volver a hablar sin embargo, recibió otro fuerte golpe, esta vez en su rostro. Uno tras otro.
Hanae no estaba pensando en esos instantes, simplemente se dejó llevar por esa extraño sentimiento que se había apoderado de su cuerpo. Ese día planeaba decirle sus sentimientos a Hiro y pasar un rato agradable con él frente al lago.
Cuando su ira se disipó, cayó al suelo. Miró fríamente el destrozado cuerpo del hombre para luego romper en llanto al ver el de Hiro.
La actitud de Mikasa había estado diferente los últimos días y Levi lo notó. Cada vez que quería preguntar al respecto ella simplemente desviaba el tema o se marchaba sin decir nada.
Un día, detuvo el papeleo que estaba llenando debido a un fuerte estruendo que provenía de la cocina. Se levantó rápidamente y se dirigió ahí. Al parecer Mikasa había dejado caer la tetera llena de agua caliente de la estufa. Por suerte, no se había hecho daño.
—Lo siento —murmuró suavemente Mikasa—, estaba distraída…
—Suficiente.
Sin decir más, Levi la agarró del brazo y la llevó a rastras a su habitación. Cerró la puerta con llave y tomó asiento sobre su cama dejando a Mikasa de pie frente suyo.
—¿Qué es lo que te pasa últimamente? Y quiero la verdad, Mikasa —su mirada era tan intimidante como su voz, ambos exigían una respuesta.
Mikasa bajó su mirada mientras jugaba con sus dedos.
—Perdóname si te hice preocupar es solo que —boto una gran cantidad de aire antes de continuar—… estoy asustada.
Al ver la mirada confusa de Levi, continuó:
—Siento miedo por los niños. Todos al parecer lograron despertarar el poder y era algo que quería evitar a todos costa. Quería que tuvieran una vida normal y tranquila pero no pude lograrlo. Siento que no pude protegerlos como esperaba. Quiero explicarles al respecto pero temo como lo vayan a tomar.
Levi suspiró cansado y extendió su mano tomando la de su esposa. Esta era una de esas pocas veces donde Mikasa sacaba a la luz su lado más vulnerable y lleno de preocupaciones. Solía ser bastante sensible al respecto y él siempre trataba de escoger las palabras correctas para evitar lastimarla.
La atrajo hacia él y la sentó sobre sus piernas. Delicadamente levantó su mentón para que pudiera verlo a los ojos.
—No hables como si tuvieras que cargar con esta situación tu sola. No olvides que ahora somos una familia. Hablaremos los dos con ellos más tarde y trataremos de explicarles todo lo que sabemos. Ellos entenderán son inteligentes, después de todo son mis hijos ¿no? —Mikasa dejó escapar una suave risa desganada mientras Levi colocaba sus manos sobre sus mejillas y juntaba sus frentes—. Sin olvidar que, al contrario de nosotros, ellos no están solos. Siempre vamos a permanecer junto a ellos sin importar que.
Ella asintió aún frotando su frente con la suya. Levi se acercó y cortó la pequeña distancia que había entre ellos propiciándole un corto beso de piquito. Mikasa lo abrazó vigorosamente ocultando su rostro en su cuello.
Tenia razón, sus hijos no iban a estar solos. Los tenían a ellos, vivos, brindándoles todo lo que no tuvieron en el pasado y eso era más que suficiente.
Fue algo diferente, pero espero que les haya gustado.
