—Bien Hanna, ya puedes bajarte.
La niña obedeció y con cuidado, descendió de la espalda de su padre. Luego de eso, Nao se acercó corriendo entusiasmada exclamando repetidas veces "Ahora sigo yo" "yo". Levi dejo caer más su espalda para que su pequeña hija pudiera subir.
Algunas veces, cuando el tiempo lo permitía, solía hacer unos minutos de ejercicio antes de ir a trabajar. Esa mañana se había despertado más temprano de lo usual y decidió aprovechar. En el momento de las flexiones, les ofrecía a sus hijas subirse sobre él para tener más peso, ellas aceptaban rápidamente debido a que sentían que estaban en un sube y baja.
El sonido de una bocina se hizo presente llamando la atención de todos.
—Hanae, Henry, ya llegó el bus escolar —anunció Mikasa desde la cocina.
Los recién nombrados se levantaron rápidamente del sofá tomando sus mochilas. Se acercaron a su papá y se despidieron con un abrazo para después ir hacia su madre y repetir la acción.
Cuando Mikasa abrió la puerta para que los niños salieran, se encontró con su madre. Después de un cálido buenos días, Mikasa bajó a Nao de la espalda de Levi para entregársela a su madre. Debido a que una de las maestras enfermó, Nao no podría ir a la guardería. Por ende, pasaría el día con sus abuelos hasta que Mikasa saliera del trabajo.
Le dio un besito en la frente a su hija, se despidió de su madre y cerró la puerta.
—¿Podrías reemplazar a Nao? —le preguntó Levi antes de que pudiera regresar a la cocina— Me faltaban cinco para terminar.
—¿Seguro? No quiero romperte la espalda —bromeó.
Él hizo un ademán para que se subiera y ella, encogiendo sus hombros, obedeció.
Mala idea, o eso pensaba Levi. Mikasa estaba abrazada a su espalda con las piernas enrolladas en su cintura. Al llevar un pijama tan corto podía sentir sus gruesos muslos y al no llevar sostén, percibía como sus pechos se presionaban a él. Sin olvidar mencionar que el cálido beso que dio en su hombro, no ayudaba mucho.
"Maldita sea, ha pasado mucho tiempo" mascullo para si, internamente.
Cuando por fin terminó, se dejó caer al piso después de que Mikasa se bajara y se arrodillara a su lado. Eso había sido más difícil de lo que creyó.
—¿Qué sucede? ¿Ya la edad te está pasando factura? —cuestionó jocosa.
—Créeme que no.
Acto seguido, se colocó boca arriba y dirigió su mano a la cintura de Mikasa. Lentamente, la atrajo hacia él hasta ubicarla sobre su regazo.
—¿Sabes? —continuó— Solo estamos tú y yo ahora.
Mikasa se sonrojó al sentir como su mano se colaba por debajo de su blusa.
—Levi, debemos ir a trabajar —dijo deteniendo su mano que subía cada vez más—. Tenemos que salir a eso de las nueve y debo ducharme máximo a las ocho.
Levi giró su vista al reloj de pared. Eran las siete y media: Ya habían desayunado, por ende solo les quedaría bañarse, vestirse e irse.
—Si hay tiempo —aseguró, llevando sus manos al trasero de su esposa. Esta pegó un saltito por el repentino agarre—, si supieras todo lo que puedo hacer en media hora.
Con un poco de esfuerzo, se levantó del suelo con Mikasa en brazos. Ella trataba de liberarse de su agarre, removiéndose y recordando que llegarían tarde, Levi solo la ignoraba.
Al llegar a la habitación, la arrojo sobre la cama y se ubicó sobre ella, llenando su cuello de besos y mordidas.
Mikasa seguía sacudiéndose, pero esta vez era por las cálidas corrientes que recorrían todo su cuerpo gracias a las caricias y besos de su esposo. No recordaba cuando fue la última vez que estuvo así con Levi. A pesar de ello, su mirada seguía clavada en el reloj que se encontraba sobre el tocador junto a su cama; siete y treinta y cinco.
—Deja de mirar esa cosa —la voz de Levi sonó autoritaria.
Mikasa soltó un jadeo cuando su blusa desapareció bruscamente. Gimió al sentir los labios de Levi sobre sus pechos.
—Extrañaba estar así contigo, Mikasa —musito entre besos—. No sabes cuanto.
Al escuchar esas palabras, Mikasa cerró sus ojos dejándose llevar por aquellas sensaciones que solo Levi lograba en ella. Si, también había extrañado tener un momento íntimo con él. Entre el trabajo, los niños y demás responsabilidades, era demasiado difícil que pudieran tener un momento a solas.
Colocó sus manos sobre las mejillas ajenas y atrajo su rostro hacia sus labios. Una de sus manos bajo para acariciar los abdominales de su pareja, sonrió en sus adentros al notar como su cuerpo se estremecía.
Levi cortó el beso y descendió por el cuerpo de su mujer dejando un sendero de besos hasta llegar a aquella zona especial. Con sus dientes, fue bajando el ligero short hasta removerlo. Mikasa mordió sus labios en el momento en que Levi empezó a repartir besos en la parte interna de sus muslos. Un fuerte jadeo se escapó cuando aquel botón era acariciado por sus maravillosos dedos.
Mikasa creyó estar en las nubes en el instante en que reparó que Levi estaba dentro de ella.
"A la mierda la hora" pensó. No estaba en sus cinco sentidos, no cuando las caderas de Levi se movían contra las suyas.
Después de que llegaron a la cúspide del placer, Levi giró hacia el reloj; ocho en punto.
—Te dije que habría tiempo —recordó con una sonrisa ladina.
Mikasa solamente rodó sus ojos divertida para luego propinarle besos por todo el rostro y levantarse para encaminarse a la ducha.
Creo que no se veían venir eso, yo tampoco.
No sé si parezca, pero es mi primer lemon (o lime idk) y espero que haya salido bien.
Nos vemos pronto en una próxima actualización.
Las quiere
Val.
