Por más que se removiera sobre su cama, la pequeña Nao no lograba conciliar el sueño. No importaba cuántas veces lo intentara, sus ojos no lograban cerrarse.
Dirigió sus ojitos a la ventana de su habitación, aún todo permanecía oscuro por lo que supuso que era muy tarde. Con cuidado, se bajó de su cama con su osito favorito en brazos y salió.
En situaciones como esa necesitaba a papá.
Si bien su madre era quien trabajaba en el hospital, papá Levi era el único que sabía cómo curar sus "noches sin sueños" tal como las habían apodado.
Abrió suavemente la puerta de la habitación de sus progenitores y se extrañó un poco al notar sólo a su madre acostada.
Suponia que estaba durmiendo y que por ende no debía despertarla. Cuando se giró para devolverse, un par de piernas bloquearon su camino.
—¿Nao? ¿Qué haces despierta a esta hora? —Levi acababa de regresar de la cocina. Una sed nocturna lo había atacado minutos atrás.
La niña no dijo nada, simplemente hizo un puchero y alzó sus bracitos hacia él, insitando a que la cargara. Levi no lo dudó ni un instante, entendía perfectamente lo que le sucedía a su hija.
Ya en sus brazos, Nao apoyó su cabeza sobre el hombro de su padre.
—Vamos a tu cuarto para no despertar a mamá —musitó en su oído. Ella asintió.
Ubicados allí, Levi tomó asiento sobre la mecedora que estaba en una de las esquinas e inició un leve tarareo. Uno que relajaba tanto a Nao que la hacía caer en un sueño profundo.
—Desecha tus preocupaciones, mi amor. Que el mañana vendra con un nuevo día. Aférrate a mi, no tienes nada que temer.
Era una canción que solía cantarle Kuchel de niño cada que presentaba una situación como esa. Nunca llegó a pensar que con Nao funcionaria también.
Al día siguiente del primer episodio de Nao, le hizo prometer que sería un secreto entre ellos dos y que por ende, mamá Mikasa no debía saberlo.
Ella podía ser muy bromista si se lo proponía.
Recuerda la carita de Confunción de Nao, pero suspiró relajado al ver como aceptaba y unía su pulgar con el suyo.
—Mi niña, tu futuro será brillante. Por la sangre de tu padre en tus venas. En los tiempos difíciles, rezaré para que —un pequeño ronquido lo interrumpió. Sonrió levemente—... Estés bien.
Levantándose con precaución para evitar despertarla, se encaminó hacia la cama y al llegar, la posó ahí suavemente. Acarició su cabello en lo que velaba su sueño y antes de volver a su cuarto, le dio un cálido beso en su frente.
—¿Cuando pretendías contarme eso? — Mikasa lo sorprendió a mitad del corredor de brazos cruzados y con una sonrisa divertida—. Ahora se como controlas los insomnios de Nao.
—¿Cómo...? —inquirió señalándose a él y la dirección de la habitación de la menor de sus hijos, paulatinamente.
—Te oí hablar —Se acercó más a él y rodeó su cuello con sus brazos—. Aunque ya estaba medio despierta porque no estabas a mi lado.
Levi suspiró y frunció su ceño.
—Ni se te ocurra hacer un comentario de esto —masculló.
—¿Por qué? ¿Avergonzado?
—Para nada.
—Entonces déjame decirte que eso fue muy adorable.
Levi se liberó de su agarre, soltó su típico "Tch" y caminó a su habitación. Nunca levantó su mirada del piso, ocultando así el leve rubor de sus mejillas.
"Si lo estas" Pensó amortiguando una risita.
Cuando estuvo acostada a su lado lo abrazó por la espada y murmuró.
—Tampoco puedo dormir, ¿Podrías cantarme esa canción también?
—Basta.
Mikasa sonrió y se acurrucó mucho más a él.
(*)
Ha pasado mucho tiempo desde que actualice esta historia.
No sé si aún hay lectores acá, pero aún así espero que les haya gustado.
las quiere.
val.
