—¡Cuídate mucho, cariño! —exclama Mikasa, entrecerrando la puerta.
—¡Si, mamá! —alcanza a escuchar a Henry antes de ingresar al auto de Eren.
Le permitió pasar la noche en casa de Nolan en recompensa de sus buenas notas. La madre de Christian horas atrás le informó que su hijo también iría. Los tres amigos disfrutarían de una divertida noche entre video juegos y comida al parecer.
Nao tampoco se encontraba en casa, ella estaba en casa de su abuela Kuchel y no volvería hasta el día siguiente que Kenny la trajera. Hanae, al contrario, se quedó en casa al sentirse un poco enferma.
Mikasa terminó de cerrar la puerta y se encaminó a la sala para toparse con un concentrado Levi viendo televisión y a una tierna Hanae dormida en sus brazos. Al parecer el medicamento le causo sueño.
Sonríe al verla, su hija era bastante similar a su padre.
Se acercó para tomarla y subirla a su habitación pero la mano de su esposo la detuvo.
—Yo lo hago —le dice—, ¿dijiste que querías tomar un baño, no? Ve.
Mikasa asiente sin rechistar y se dirige al baño. Hacia poco que llegó del trabajo y en todo el camino a casa, lo único que deseaba era meterse en su gran tina llena de agua caliente y espuma.
Levi recuesta a Hanae cuidadosamente en su cama, le da un leve beso en su nariz y acaria su cabello. Antes de irse, tocó su frente y no pudo evitar soltar un suspiró lleno de alivio al percibir que le fiebre bajó gradualmente.
Caminó a su cuarto y al entrar, se topó con una sorpresa, una gran sorpresa.
Mikasa se encontraba agachada en ropa interior buscando lo que parecía ser su pijama en uno de los cajones bajos del clóset. Su trasero totalmente levantado, le brindaba una gran vista.
"Menuda tentación" piensa.
Lentamente, se acercó a ella, luego de asegurar la puerta, y la abrazó por la espalda en el instante en que se levantó.
—Me asustaste, tonto —dijo ella en tono bromista. Levantó sus cejas sorprendida al sentir como las manos traviesas de Levi apretaban sus pechos desnudos y su boca repartía besos tímidos en su cuello—. Levi, no es el momento —advierte—. Hana está en casa.
—Será rápido. Además, está profundamente dormida. No hay de que preocuparse.
Ella trató de alejarse, pero las calidas sensaciones que recorrían por su cuerpo se sentían excelente, y ni de que hablar del duro miembro que se apretaba en su trasero.
Él la giró para estar frente a frente. Cuando Mikasa pretendía mantener un poco de cordura y alejarlo, su lengua apoderándose de su boca la destruyó por completo.
Levi abandonó sus suaves pechos y ubicó sus manos en sus muslos. Mikasa al sentir las palmaditas supo a que se refería. Se aferró más a él y rodeó sus piernas en su cintura.
Todo lo que debía hacer, era ser precavida.
La mañana siguiente en lo que terminaba de colocar el desayuno sobre la mesa, su hija apareció corriendo con una radiante sonrisa en su rostro.
—Buenos días, mami.
—Bueno días, Hana banana —le corresponde su saludo con su característico tono martenal—. Veo que amaneciste mejor.
La pequeña asintió efusivamente mientras tomaba asiento en su silla preferida del comedor.
—Síp, pero la medicina era muy fea, mamá No la quiero tomar otra vez —dijo realizando una mueca de asco.
—Bueno, esa medicina fea sanó a mi pequeña —Mikasa le revolvió el cabello haciéndola sonreír—. Ahora, tienes que comer todo para que no vuelvas a enfermar, ¿entendido paciente Hana?
—Sí, enfermera mamá.
Mikasa sonrió y se sentó frente a ella para degustar su comida.
—¿Y papi? —curioseó Hanae tomando un sorbo de su jugo.
—Está terminado de prepararse para ir al trabajo, bajara pronto.
La niña vuelve a asentir y come parte de su tortilla de huevo antes de volver a hablar.
—¿Tuviste un sueño feo, mami?
—¿Por qué me preguntas eso, Hana? —preguntó confusa con su ceño fruncido.
—Te escuché llamar muchas veces el nombre de papá y... —la fuerte e inesperada tos de su madre la interrumpió —¿Estás bien?
—S-Sí, estoy bien —respondió intentando calmar su exaltación— Sí, mi amor, tuve un sueño muy feo porque comí un dulce después de la hora de dormir —mintió—. Tuve que llamar a papá para que me calmara con un fuerte abrazo.
Hanae sonrió complacida con su respuesta y volvió a llenar su boca de desayuno.
Mikasa soltó una bocanada de aire y masajeó sus sienes. Definitivamente no volvería a cometer esa locura con su esposo.
Trataría de no dejarse llevar por la lujuria de ahora en adelante.
¡Nueva actualización!
Esta vez no tarde mil años en actualizar, jaja.
Espero que el capitulo haya sido de su agrado y lo hayan disfrutando. Si es asi, pueden dejar un review.
Bueno, sin más, nos vemos pronto.
Las quiere.
Val.
