Prólogo.
La verdad desconozco la razón por la que estoy aquí. Todos los presentes me miran con odio y algunos indiferentes. Mi presencia les da igual, pero la mirada cargada de los hermanos Uchiha me cala hasta los huesos. Hay algo en sus ojos que te hacen bajar la mirada y esconderte bajo tierra. Al menos es la opinión de los que conocemos a los hermanos de cerca.
Todos fuimos llamados y ahora compadecemos ante la viuda Uchiha, Y al decir todos, me refiero a su familia y yo, que no tengo nada que ver aquí. Mi jefe de toda la vida murió hace una semana y su abogado me hizo venir a esta reunión. Y la verdad lo consideró una pérdida de tiempo, no tengo nada que hacer aquí, además de soportar las penetrantes miradas de ellos tres.
Toda la noche estuve con los nervios de punta, mordiéndome las uñas. Un mal qué, pero trabajo para dejarlo. Antes de salir de casa mi madre me repitió una y mil veces que no tengo nada de qué avergonzarme. Y tiene razón, siempre actúe de manera correcta y con mucho respeto.
— Bueno podemos empezar — habló el Uchiha menor, Sasuke. Siempre con la cara llena de amargura y con el semblante de pocos amigos.
— Tranquilo Sasuke — Shisui el mayor de los tres. Siempre tan Pacífico y amable. Al menos eso es lo que deja ver.
— Bueno como saben, yo soy el abogado encargado del testamento del señor Uchiha. Ha pasado una semana de su muerte y tal como él lo solicitó, una semana después debo leer su testamento.
La viuda se me muy relajada, tranquila y a pesar de estar vestida de negro guardando luto a su esposo, ella no demuestra tristeza, y tampoco se nota que haya llorado. Posee los mismos ojos característicos de los Uchiha, pero ella no se me tan mala como sus nietos.
Itachi, Shisui y Sasuke lucen impecables tal como se espera de un Uchiha. Claro que no son los únicos aquí, también están las nietas del difunto y su hijo mayor y su esposa Mikoto, una señora con porte y elegancia.
Ponemos nuestra atención hacia el abogado que abre la carpeta que contiene el testamento. Lo repasa con rapidez y después nos mira a todos.
— Señor abogado, ya sabemos el sermón de iniciación. ¿Podría resumir? — expone la viuda con toda la tranquilidad del mundo — sin preámbulos abogado, sin preámbulos.
— Como ordene señora. Yo, Madara Uchiha, consciente de lo que habló y deseo, dejó todos mis vienes a la única persona que conozco que es razonable y sensata. Se maneja con prudencia y rectitud, sé que mi fortuna será próspera en sus manos. Nombró como heredera universal a mi amiga y Secretaría, Sakura Haruno — termina de leer.
—¡¿Que?! — Fugaku se levanta de su silla con rapidez —¿Como que a ella? ¿Qué está pasando?
Quede en shock, mi habla se fue y estoy temblando por las miradas de odio que recibo. No todos son crueles y fríos, las dos nietas del señor Uchiha bajan la cabeza y es como si supieran que esto iba a pasar.
— ¡¿Esta tipa?!— grita Sasuke — ¿Ella es la heredera? ¿Por qué?
Grita tan fuerte que fácilmente puede reventar mis oídos. Lo tengo a mi lado y de pie. Yo me mantengo sentada tratando de comprender todo lo que está pasando.
— Debe de haber un error— digo entre la ira que desbordan la mayoría.
— Ninguno señorita, usted es la dueña de todos los bienes del señor Uchiha. Claro que dejó pautas si es que ustedes quieren recuperar su herencia.
— ¿Cuales? — pregunto Itachi.
— Sus tres nietos varones y la heredera deben de convivir juntos, tres años.
—¡¿Que?! — gritamos unánimes Shisui y yo.
—No sólo eso — continúa el abogado — deben vivir juntos esos tres años. Cuando la heredera considere que están listos para regresar la fortuna, entonces el segundo testamento será leído.
— Por favor, esta mujerzuela engatuso al abuelo por su dinero.
Pocas veces he perdido la paciencia, pero Sasuke me saca de mis casillas. Aun así, guardo silencio y me aferró a la mesa para no ponerme de pie y golpearlo.
— Esa condición es estúpida. Es una mujer pobre y necesitada de dinero, jamás nos regresara la herencia — continúa ofendiendo — todos sabemos que se pudren en la pobreza— mi paciencia llegó a tope — su madre...
Antes de que siga hablando idioteces, jalo la corbata que usa y la estiró hacia abajo con toda la fuerza que poseo. Su rostro golpea la mesa y ahí mismo se mantiene mientras presiono su nuca para que no se pueda mover. El golpe lo deja inmóvil y parpadea rápido para recuperarse.
Todos al momento del estruendo se levantan de su silla y se quedan inmóvil.
— ¿Sabes algo niño rico? Pensaba rechazar la herencia y no tomar ningún peso. Pero debes saber que a mí me respetas y por esa razón me quedo con todo lo que el señor Uchiha me dejo — lo liberó y se incorpora rápido. Su nariz y labio sangran un poco.
Su mirada de odio deja de importarme, tiene que saber que no debe meterse conmigo.
La adrenalina recorre cada parte de mi cuerpo. El sudor corre por la comisura de mi rostro. Nada lindo ver a una mujer sudar y rápido limpio mi rostro sin estropear mi maquillaje. Estoy en terreno desconocido y no sé qué esperar de todos ellos.
Me siento mal por la señora Uchiha, la viuda de mi jefe no tiene la culpa de que su nieto sea un estúpido. Mi corazón se arruga por ella, pero no pueden disculparme por algo que yo no pedí.
El señor Madara jamás menciono algo como esto. No consulto mi opinión y porque de ser así nunca habría aceptado tal cosa.
—Disculpen —tomo mi bolso y sin decir nada más camino rumbo a la salida.
El silencio es muy incómodo, pero no miro atrás. Las miradas de ellos calan en mi espalda, pero digna salgo de esa casa.
Mi jefe me hizo una jugada que jamás espere, no son miles los que ahora están en mi poder, son millones la fortuna que posee esta familia. Entiendo que estén tan molestos conmigo.
Pero no entiendo la actitud de Sasuke, tal vez esta tan enojado conmigo por lo que paso hace 10 años.
El olor del pan caliente es delicioso, la panadería se impregna del olor espectacular de la harina siendo ordenada. Desde el mostrador observo a mi madre y hermana sacar la bandeja del horno llena de pan.
La campañilla que cuelga sobre la puerta hace el ruido de siempre, anuncia todos los días desde hace 20 años que un cliente ha llegado... bueno y también cobradores.
—¿Qué tal te va Sakura? Qué raro verte aquí por la mañana.
—Si bueno, renuncie a mi puesto de secretaria desde hace tres días —sí, exacto. Tres días han pasado desde que supe que millones están en mis manos.
Al final resulte ser una cobarde y rechace la herencia rotundamente, deje mi cargo en la empresa Uchiha y ahora ayudo a mi madre en la panadería.
—¿Por qué? —mi amiga se sorprende. Ella cree que tengo tanta suerte por trabajar con hombres guapos.
—Es muy largo de explicar y ahora no tengo tiempo —la verdad es que no quiero hablar del tema. Ni siquiera mi madre sabe lo que paso —¿porque no nos vemos en casa por la noche?
—Esta bien. Por ahora dame tres donas rellenas de chocolate y dos rellenas de cajeta.
—Claro.
Sostengo una bandeja y unas pinzas para tomar el pan, me encamino a la vitrina donde se encuentran.
Veo perfectamente hacia la calle, todas las personas tienen algo que hacer y muchas de ellas no hacen lo que les gusta. Me deprime estar detrás del mostrador todo el día, no estoy obligada hacerlo, pero me aburro estar de floja en casa.
Le dedique cinco años de mi vida a esa empresa, mi rutina se resumía en responder llamadas y anotar en esa perfecta agenda de piel todos y cada uno de los pendientes de mi jefe. Su muerte me tomo por sorpresa porque siempre fue un hombre sano, incluso quedo con un viaje pendiente el cual ya no podrá realizar por obvias razones.
La paga la usaba para ayudar en las mejoras de la panadería, para los artículos que hicieran falta y para pagar una deuda que no me pertenece, pero que perjudica a mi madre. La panadería da lo justo para comer. Ahora me preocupa el dinero, nos hará mucha falta.
La campañilla suena de nuevo y eso me obliga a regresar al mostrador con el pedido de Ino ya listo.
—Señora Uchiha —susurro cuando me sonríe —bienvenida.
—Me gustaría hablar contigo, si eso es posible —mira las pinzas que aun sostengo.
—Me encantaría, pero...
—Ve hija —mi madre interfiere —yo me quedo con Ino a terminar su pedido —. Palmea mi espalda y me presiona.
Mi madre me entrega sin el mayor problema. ¿Qué tal si viene a matarme?
—Sígame.
Salgo del mostrador y la guio a la parte de arriba, subimos las escaleras y al Sígame llegar ala parte de arriba no encontramos en la sala.
Le ofrezco sentarse y acepta con mucha tranquilidad.
—La escucho.
—Querida no me iré por las ramas. Odio los preámbulos. Te pido que cumplas con la ultima voluntad de mi esposo —remuevo mi cuerpo sobre el sofá.
Me incomoda demasiado que ella personalmente me diga esto. Todos me odian y por mi bien no aceptare nada. Lo dejé claro la última vez que la vi. ¿Por qué insiste?
—Se lo dije hace tres días. No quiero convivir con sus nietos por tres años.
—La última vez que hablamos no te dije que hay una razón muy poderosa por la que dejamos todo en tu mano. Yo estuve de acuerdo en todo, pero porque temo que mi hijo haga mal uso de todo el dinero. Por favor Sakura, he dejado a la casa principal para que mis nietos y tu puedan vivir ahí. Ellos ya están instalados en esa casa desde anoche.
Hay cosas sucias y torcidas detrás de todo esto, no lo dice abiertamente, pero con esas simples palabras lo dejan claro. Ella al igual que el señor Madara temían a algo. Algo que esta fuera de su control.
Ella siempre me causo mucha ternura, es una anciana elegante ¿, inteligente, pero sobre todo eso, siempre me recordó a mi abuela que murió hace diez años.
Exhalo y me pongo de pie, me siento muy confundida y no deseo que ellos pierdan su dinero. Me muevo de un lado a otro por toda la sala.
—Hay mas clausulas que el abogado te hará saber en cuanto aceptes —insiste. Se pone de pie y toma sus cosas —mi esposo confiaba ciegamente en ti, no te imaginas el afecto que tenia por su secretaria. Y no era un sentimiento morboso como cree Sasuke, era como de padre e hija.
No me di cuenta en qué momento apareció mi madre, pero su silueta recargada en la puerta me hace descubrirla. Ella mantiene una seriedad pacífica, me arrepiento de no haber confiado en ella.
—Esta bien —accedo —me mudare esta noche —sonríe con mucha alegría.
—Gracias querida. Viviré enteramente agradecida contigo. Ahora tengo que irme, les avisare a mis nietos tu decisión.
Como un cohete, sale de la casa después de despedirse de mi madre. Suspiro ya cansado de todo y eso que aun no comienza.
Mi madre camina con pasos lentos, con los brazos sobre su pecho y su mirada fría y seria.
—¿Ese hombre te hizo su heredera?
—Si mamá. Supongo que escuchaste todo lo que la señora Uchiha dijo, así que no hay mucho que explicar. Solo quiero dejar algo en claro, no fui su amante.
—No necesitas decírmelo. Yo te conozco hija y a pesar de todo tu tienes principios. Por algo él te confió sus bienes. ¿Cumplirás con su última voluntad?
—Me veo obligada. es como dices, me él confió en mí, me siento comprometida mamá, el señor Uchiha siempre fue un gran jefe.
Ese sentimiento se había arraigado en mi corazón desde que confió en mi para el puesto de secretaria, ahora mas que nunca esa espina cala en mi alma. No solo por la buena persona que fue, si no por su esposa que confía en mí. El problema con su hijo parece afectarle tanto, vi la angustia en sus ojos.
—Lo harás bien y eres muy fuerte.
—Gracias mamá. Iré a empacar.
¿Cómo me hago a la idea que pasare tres años lejos de mi familia? Claro que vendré de visita y seguiré al pendiente de ellas y de la panadería, pero me angustia mi madre, es una persona mayor y no puedo partirme en dos para cumplirle a todos.
Gracias señor Uchiha por confiar en mí. Pero también tengo que reprocharle que me ha complicado más la vida.
El taxi me deja frente a la casa que una vez fue de mi jefe. El enorme portón se abre de par en par y me dejan pasar sabiendo quien soy a que he venido. Paso caminando el precioso jardín.
Me detengo a medio andar y levanto la cara hacia las recamaras que se encuentran en la parte de arriba. Las ventanas me dan señal de que las luces están apagadas a excepción de una.
Siento algo raro en mi estomago con el solo hecho de pensar que ellos tres están ahí adentro. Estoy segura de que esta locura no va a funcionar. Tengo miedo que todo termine en lo legar y me acusen de cosas indebidas.
Estoy sola contra ellos tres.
—No seas cobarde —me lo digo a mi misma. Agarro valor de continúo caminado.
Entre mas me acerco a la puerta puedo apreciar que esta ligeramente abierta. Entro sin el mayor problema, pero no sin antes asegurarme que nadie está esperándome con un bate en las manos para deshacerse de mí.
El recibidor esta en completa oscuridad.
—No va a venir —escucho decir. Es la voz de Itachi.
—Lo hará —alguien responde.
—Claro que lo hará, porque es una jodida oportunista —Sasuke deja escuchar su desprecio hacia mí.
—No —Shisui responde —ella vendrá, pero no por las razones que expones Sasuke, sino por que es una mujer valiente que no le teme a nada. Este reto es pan comido para ella.
Lentamente estoy llegando al área donde las voces se escuchan. Me asomo antes de que me vean y los tres están sentados en las escaleras tan quitados de la pena.
Itachi lee un libro, Shisui bebe una bebida energética y Sasuke mira su móvil sin despegar sus ojos de la pantalla.
Me aferro a las palabras que dijo Shisui hace un momento y salgo para encontrarme con ellos. Soy valiente. Lo repito una y otra vez.
Shisui es el primero en verme y se levanta de su descanso, amablemente me sonríe. Golpea Itachi con el pie y él hace la misma acción que su hermano mayor. Y después el arrogante y frío de Sasuke.
—¿Qué hacen aquí? —pregunte mirando a los tres. No me refería a su presencia, si no al echo de que pareciera que me están esperando.
—Esperándote —Itachi responde.
—Estamos en la mejor disposición de cooperar y salir de esto lo más rápido posible —Shisui es amable y cordial.
—Que bueno porque yo tampoco estoy muy cómoda con esto. Yo jamás he viví...
—Jamás has vivido con hombres. ¿Qué? ¿Acaso nos tienes miedo? —Sasuke no se cansa de joder.
Dejo caer mis maletas y sonrió con burla por las estupideces que dice mi ex mejor amigo. Poso las manos en mi cintura y camino pesando en mi mejor ofensa.
—Que buena broma Sasuke. ¿Por qué debería de temerles a tres hombrecitos?
—La perra que me cogí hoy no dijo lo mismo —dice orgulloso. Bastardo. Sus dos hermanos ríen por sus palabras tan vulgares.
—Tuvo misericordia eso es todo. No se confundan —digo firme —yo no voy hacer flexible con ustedes. Deben demostrarme que son dignos de la fortuna de su abuelo. Y déjame decirte Sasuke que tu maldita actitud complica todo.
Levanto mis maletas y avanzo segura de todo lo que soy ahora y de lo que puedo hacer. Subo las escaleras y paso por en medio de ellos tres, pero antes de desaparecer por el largo pasillo qué me lleva a mi habitación me detengo y los miro.
—Sakura...
—Shisui.
—Solo para que quede claro que no somos unos hombrecitos imbéciles.
Los tres bajan sus pantalones y su ropa interior queda en sus rodillas. Mi mano cubre mi boca y me quedo estática ante tres hombres sin pantalones y con el miembro al aire.
Desde este momento, supe que mi estadía en esta casa será mas que complicada.
